Jugar con el pasado es una constante en el jazz. El músico es técnica y personalidad, y toda personalidad se forma, entre otras cosas, a raíz de las influencias. Sobre esta base, el guitarrista Dani Pérez ha compuesto una serie de experimentos basados en temas, armonías y esquemas que le han influido. El resultado es Contrafacts, un disco donde juega a reconocerse, buscando una complejidad rica en recursos que lo hacen muy interesante.
Dani Pérez construye estos contrafacts con un sonido personal donde subyacen estas influencias. Desde el inicio, con ese "Clouds" inspirado en "Stella By Starlight", comienza con un chorus muy monkiano, uno se da cuenta de que aquí se derrocha creatividad. "Glucossa" es una bossa, más concretamente "Blue Bossa" (Kenny Dorham, popularizado por primera vez por Joe Henderson), armonizado en modo mayor y donde los solistas (todos) juegan con medias frases e improvisaciones que dan una gran sensación de complicidad. Y así en general, material para escuchar, descubrir, sorprenderse y aplaudir.
Los solistas (porque es un disco compuesto para solistas) son Benet Palet a la trompeta, David Mengual al bajo y David Xirgu a la batería, un supergrupo donde la experiencia se puede escuchar. En dos temas ("Mate" y "Wine") aparece Txema Riera tocando el Fender Rhodes.
Por destacar, destacaría dos temas. El primero es "Leaves", donde, como apunta Josep Mestres en los créditos del disco, sobre la base rítmica de "Poinciana" (tema estrella de Ahmad Jamal, que fue compuesto por Nat Simon basándose en un tema folk cubano llamado "La Flor del Árbol"), Dani Pérez versiona a su manera la melodía de "Autumn Leaves". El otro tema es "Mate", título que bromea con el de "Tea For Two", en el que está inspirado, y donde aparece Txema Riera al Rhodes con una sutileza brillante, onírica, para aportar una capa más de profundidad al álbum.
Con un estilo en la guitarra sutil, pasando como un camaleón de solista a acompañante, lo que más nos gusta de la forma de tocar de Dani Pérez es que siempre tiene una buena réplica para el solista que en ese momento está llevando la melodía. Su manera de dialogar con el resto de los instrumentos deleita. Y no necesita fuegos artificiales para ello. Su mejor solo del disco lo deja para el final, en "Wine" (contrafact de "Days of Wine and Roses" (Henry Mancini), donde se expresa de una manera muy personal y sin prisas, redondeando un disco lleno de creatividad.
Apenas una treintena de personas en el patio de butacas. Noche lluviosa. Gran Teatro de Huelva. La pianista Atsuko Shimada es una delicia para los oídos. Se expresa de una manera delicada y con un ritmo particular. Su juego es mensaje y pausa: ataca una serie de notas con una expresividad urgente y después espera. Parece buscar la siguiente frase. Y lo hace con una delicadeza fabulosa. Por momentos, abusa de las notas altas, como hacía Errol Garner, pero no en esta versión de "Second Impression" de Eric Alexander. El saxo alto del granadino Antonio González protagoniza un solo enorme. Los espectadores que están sentados en la fila de delante se miran cuando González estira y repite unas notas altas inesperadas. Es expresivo y versátil. Parece que gusta. Oye ese piano, qué fluidez. Es el momento del algecireño José Luis Gómez. Atsuko observa la intervención del batería moviendo la cabeza y esperando el momento de volver al chorus. Se ha quedado detrás en la descripción el contrabajista Rafa Sibajas, que tendrá varios solos durante el concierto, con un sonido muy particular y expresivo.
El concierto comenzó media hora antes con "Vera's Waltz", una delicada balada ternaria compuesta por Shimada donde ya se podía apreciar la mano derecha de la pianista, para después dar paso a una manifestación más rítmica del potencial del cuarteto con una versión de "Isotope" de Joe Henderson, consolidando así al saxo alto Antonio González como colíder del grupo. La versión de González es menos monkiana que el original y la de Shimada es más limpia, más calmada que la del McCoy Tyner que grabó este tema con Henderson en el 64. A partir de ahí, el concierto fluye a dos tiempos, con baladas de una belleza inquietante y temas bop de ritmo contenido, elegante. El cuarteto funciona con fluidez y se intuye que llevan tiempo tocando juntos, por lo que resulta extraño verles con partituras delante. Incluso los solos se suceden con naturalidad.
Hay también un par de temas en los que el cuarteto se queda en trío de piano. En esos momentos, la pianista se muestra más rítmica, más salvaje, el ritmo fluye más acelerado sin la lírica del saxo y el bebop recorre las ochenta y ocho teclas de una manera frenética, con repeticiones y sorpresas pero, como he dicho, de una manera frenética.
A la pianista japonesa afincada en Cádiz Atsuko Shimada la disfruté por primera vez en 2016 como acompañante en la formación del vibrafonista Javier Navas. Ya entonces me sorprendió su estilo brillante y su manera peculiar de atacar las frases. Tiene un toque bop que va más allá de Wynton Kelly, y algo de Herbie Hancock en las baladas, por intentar compararla con algunos de mis preferidos. Lo sugieren su versión de "My Ideal" o los arreglos que presenta para "Girl's Day". Tanto en la lírica de sus composiciones originales como en su manera de tocar, con esa poética suya que juega con el ritmo y las pausas, Atsuko Shimada se muestra como una jazzista original y recomendable, aspectos que debería plasmar en un disco ya.
Ya en su primer álbum (The Joy), el guitarrista Valentín Caamaño demostró no sólo un patente amor por la tradición sino un gran respeto. Bebop y hardbop daban solidez a su jazz. Su segundo álbum, Green With Envy (Free Code, 2017), es un sentido homenaje a Grant Green, desde la portada, con ese filtro verde que recuerda al álbum Green Street (Blue Note, 1961), hasta el profundo trabajo de investigación que hay detrás de la grabación.
Grant Green (1935-1979) fue un guitarrista que pasó por el bop, el soul jazz, el jazz funk... y terminó su carrera profundamente influenciado por el blues. En su estilo de tocar domina la técnica llamada single line (una nota, una cuerda), que le hace sonar sencillo y directo, con escaso uso de cromatismos, articulando de manera clara y brillante cada nota, como dice Caamaño en el libreto del disco, "como si fuera la última nota que va a tocar en su vida".
En su homenaje, Caamaño reproduce la técnica de Green y su sentido del blues con fidelidad, y lo hace también a trío, una arriesgada fórmula para los guitarristas, que sólo se sostienen con bajo y batería, aún a riesgo de caer en el silencio. Caamaño resuelve el problema llevando el peso de los temas y dotándolos, en su mayoría, de gran intensidad rítmica, algunos a tempo que debe dejar sin respiración a los músicos (como "Jean De Fleur" o el solo de contrabajo de "Oleo"),
El álbum comienza con "Matador", quizás el tema más cool de los elegidos de Green, un tema donde los músicos ya se presentan con sus solos (Juyma Estévez, al contrabajo, toma el relevo de Caamaño con un solo ágil y divertido, que es casi de guitarra, para que después Andrés Rivas, a la batería, desarrolle su solo con un brillante juego de llamada y respuesta) y termina con un tema de blues, un sonido al que Green se dedicó al final de su carrera y por el que suele ser más reconocible (al menos para este que escribe). El tema se llama "Blues for Lou", dedicado naturalemente a Lou Donaldson, el amigo que le presentó a Alfred Lion y lo introdujo en Blue Note.
Sólo la mitad del repertorio del disco esta escrita por Grant Green. El resto de los temas pertenecen a (¡sí!) saxofonistas, algo que ya apreciamos en el disco anterior de Valentín Caamaño, cuando hablamos de la dificultad de transportar las partituras de saxo a las seis cuerdas, una predilección que en este homenaje cobra especial significado porque Green solía dejar patente que sus principales influencias no eran otros guitarristas sino (principalmente) saxofonistas. Charlie Parker, Sonny Rollins y Joe Henderson estaban en la lista y de estos dos últimos hay versiones en este álbum que tenemos en las manos.
Entre lo poco que hemos encontrado en Youtube sobre este trío, está este video (grabado en directo y con no muy buen sonido) donde se puede escuchar el "Ain't Necessarily So" de Gershwin a la manera en que lo tocó Grant Green. Déjense arrastrar por la intensidad del trío:
La pregunta era insistente. Nelson Project. ¿Qué tiene este grupo del que todo el mundo habla? En 2006 habían grabado un curioso proyecto basado en The Blues and The Abstract Truth de Oliver Nelson tras ganar la la II edición de JazzMontjuïc. Lo titularon Full Nelson (New Mood, 2006) haciendo un juego de palabras con el título de Miles Davis. Ahora se inspiran en Joe Henderson para grabar su segundo álbum, Mode Joe. Como nos alegramos de que sigan apareciendo en el panorama ibérico combos de jazz que superen el cuarteto (seguimos celebrando el último disco de Marcos Pin) y que, además, miren a los clásicos con respeto (y capacidad), nos rendimos ante Nelson Project.
Si tuviéramos que buscar un adjetivo para clasificar este álbum, éste sería "profundo" porque Nelson Project excarba en el estilo de Henderson desde todos los ángulos, interpretativamente y en los arreglos, que han sido realizados por músicos solventes y diversos, a razón de uno distinto por cada tema, lo que aporta un punto de vista diferente en cada corte. Esto, sumado al estilo de Joe Henderson, heredero de Sonny Rollins (en su capacidad para los fraseos, su gusto por el blues y los cambios armónicos...) y herededo también del bebop, supone meterse de cabeza en un universo que intenta caber en un solo disco. Hay que escucharlo muchas veces para apreciar tal amalgama pero el resultado es, si no apabullante, sí enciclopédico. Vale la pena.
Lo paradójico es que algunos de estos temas, los más cercanos al bop, tienen una sonoridad cercana a los arreglos de Gil Evans para Miles Davis, aunque achaco este efecto más a la formación (cercana al noneto de Birth of the Cool) que a un enlace inconsciente con los primeros discos de Joe Henderson en Blue Note, pocos años después. Quizás sea sólo una apreciación sentimental. No incidiremos por si Joe nos observa...
De los músicos destacaríamos a Enric Peinado, compositor del primer tema (el único original del disco) y un guitarrista que aquí tiene algunas lúcidas intervenciones, muy cercanas a Kenny Burrell. Destacar también el trabajo de los saxos y, cómo no, el tenor. A Albert Cirera lo descubrimos en aquel fabuloso ejercicio de hardbop titulado Pin.Cirera.Legido.Martínez (Free Code, 2007), que aún hoy escuchamos a menudo. No continuamos. Todas las piezas del grupo encajan perfectamente y no deberíamos haber destacado ninguna individualidad. Quizás su mayor baza (aparte de los arreglos) sea el conjunto.
El disco está en formato físico y para descargar en bandcamp, pero esperamos verlos pronto en directo.
Los músicos: Albert Cirera, saxo tenor Pablo Arias, saxo alto Noé Escolà, saxo barítono Roc Albero, trompeta Enric Peinado, guitarra Federico Mazzanti, piano Manuel Krapovickas, contrabajo Pep Mula, batería Enlace a los discos del grupo: http://nelsonproject.bandcamp.com/album/mode-joe-vol-2
Sí, puede que la entrada anterior, sin música, quedara como un mapa sin ilustraciones. Para compensar, he traído hasta aquí algunos fragmentos de la obra de Henderson con los que ilustrar la trama de la obra. Por favor, pulsad el play de la Introducción:
Y ahí va la historia.....
ACTO I escena 1
Catfish Row es un barrio pobre de Charleston, habitado por gente pobre, conocido allí como el Gullah de los negros. Al caer la tarde, los vecinos salen a sus porches. Jasbo toca el piano. Algunas parejas bailan. Clara canta a su bebé una nana llamada Summertime:
Algunos hombres juegan a un juego miserable. Porgy, un mendigo, tira de su carrito. Los hombres se ríen de él por mostrarse dulce con Bess, la novia de Crown, el matón del barrio, pero Porgy responde que a él no le ablandan las mujeres porque cuando Dios creó a los mendigos lo hizo para que él estuviera solo.
Llegan Crown y Bess. Crown está borracho. Se pelea con uno de los hombres, matándolo con un gancho de los que se usan para coger los sacos de algodón. Crown huye. Se oyen las sirenas de la policía. Bess llama a varias puertas pidiendo refugio. Sólo un hombre le ofrece entrar a cambio de marcharse con él a Nueva York. Bess rehúsa. Porgy le abre la puerta de su casucha mientras la mujer del hombre muerto, Serena, le llora.
ACTO I escena 2
La policía irrumpe en el velatorio del asesinado. Buscan al asesino. Acusan a Peter, el vendedor de miel y se lo llevan como testigo material. Serena, afligida, canta My man's gone now:
ACTO II escena 1
Un mes más tarde, al comienzo de la época de los tornados.Porgy es feliz porque Bess vive con él. Por primera vez en su desgraciada vida, se siente feliz. Canta I got plenty o'nuttin:
Un falso abogado visita a Porgy. Le quiere hacer pagar el divorcio entre Bess y Crown. Bess asegura que nunca se casó con Crown, pero Porgy paga de todas formas. Otra visita: un antiguo patrón de Peter se ofrece a pagar su fianza. Mientras el hombre habla, un buitre sobrevuela el lugar. Mala señal, explica Porgy.
La gente de Catfish Row prepara un picnic religioso en la Isla Kitiwah. Porgy y Bess irán juntos. Felices, se cantan el uno al otro lo que sienten en Bess, you is my woman now:
Bess manifiesta su temor a que en la Isla de Kitiwah esté escondido el asesino Crown, pero todos la animan a ir de todas formas. El día promete fiesta y un paréntesis entre las preocupaciones.
ACTO II escena 2
En la Isla de Kitiwah, todos cantan y bailan. El traficante amigo de Crown dice a la multitud que lo que leen en la biblia no es necesariamente como está escrito (It ain't necessarily so):
A punto de embarcar de vuelta, Bess se queda sola un instante y Crown aprovecha para obligarla a ir con él. La esconde entre los matorrales y el barco zarpa sin ella.
ACTO II escena 3
Una semana más tarde, el marido de Clara sale a pescar. Bess ha regresado, pero está enferma y delira. Serena reza por ella. Por fin, Bess confiesa a Porgy que fue atacada por Crown. Porgy es tajante: Cuando Crown aparezca, será asunto mío (When Crown comes, that's my business).
El viejo Peter sale de la cárcel y los vecinos le cantan Here comes the honeyman. Porgy entra en escena feliz, cantando I loves you, Porgy justo cuando el viento anuncia la llegada del primer huracán:
ACTO II escena 4
La tormenta se cierne sobre Catfish Row. Los habitantes del barrio se reúnen atemorizados en la casucha de Serena, cantando y rezando. En lo más álgido de la tormenta, Crown aparece, interrumpiendo los cánticos con una canción obscena. A través de la ventana, Clara ve el barco de su marido destrozado por la tormenta. Sale al exterior y Crown la sigue.
ACTO III escena 1
Por la tarde, la tormenta ha pasado. Clara ha muerto, al igual que su marido y otros pescadores. Bess canta una nana al bebé de Clara. Las mujeres lloran. Mientras, Crown, buscando a Bess, trata de entrar en la casa de Porgy, pero el mendigo lo está esperando. Tras la pelea, arroja el cuerpo del matón en medio de la calle.
ACTO III escena 2
A la mañana siguiente, se presenta la policía, pero nadie en Catfish Row quiere hablar. Sabiendo que Porgy conocía a Crown, le piden que identifique el cuerpo, pero Porgy es demasiado supersticioso y tienen que obligarlo a ir. El traficante convence a Bess de que Porgy acabará en la cárcel o de que será colgado. Le ofrece su "polvo feliz" y le canta en There's a boat dat's leavin' soon for New York la buena vida que podrían llevar juntos:
Bess huye a la habitación de Porgy. El traficante le echa la bolsa de droga por la ventana y, finalmente, ella se rinde, sale y lo toma del brazo.
ACTO III escena 3
Días después, la policía devuelve a Porgy al barrio tras detenerlo por negarse a identificar a Crown. Animado, llama a Bess (Oh, Bess, where's my Bess?):
Todos dudan si comunicarle a Porgy que Bess se ha ido, creyendo que nunca la volverá a ver. Porgy pregunta en qué dirección está Nueva York y afirma que se dirige allí en su busca. Montado en su carrito, Porgy sale del barrio.
Puede que esta grabación no sea la más brillante ni la más original ni la más profunda adaptación de la obra de los Gershwin, pero no deja de ser una joya.
Grabado los días 25-28 de mayo de 1997 en los estudios Avatar de Nueva York, este disco pertenece a esa serie de tributos (a Billy Strayhorn, Jobim, Miles Davis...) que Henderson hizo para Verve cuando reapareció triunfalmente en los 90. Es un disco compacto y uniforme que aúna el estilo de Joe Henderson, fluido, perfeccionista y sin estridencias, con los de músicos experimentados como Dave Holland, Stefon Harris (qué abanico de colores en su vibráfono, qué sutil), John Scofield (un delicado toque de blues) o Tommy Flanagan, dibujando una visión brillante y casi aséptica del clásico que escribieron los Gershwin con DuBose Heyward basándose en una obra de teatro que anteriormente fue una novela del mismo Heyward. Quizás sea esta asepsia lo único que, en última instancia, pueda defraudar del disco. Se echa de menos una interpretación más libre, más ruda (como la que hizo Ella Fitzgerald con Satchmo) o una reinterpretación más inspirada y original (Miles Davis y Gil Evans en 1959), pero lo de Henderson es otra cosa. Es capaz de sacar partido con sus arreglos a toda esa tristeza bellísima que hay en estas composiciones (no están todas las de la ópera), más en su estilo de los 90 que en el de los 60 (salvo, quizás, My man's gone now), pero siempre con esa elegancia que da valor a sus discos y que convierte en un placer poner cualquiera de ellos.
El CD, muy cuidado a pesar de ser una reedición, contiene una sinopsis de la trama de la obra, que no fue aceptada por los americanos como opera hasta 1976. Entre el personal, dos cantantes pop más o menos cercanos al jazz: Sting (siempre acompañándose de buenos sidemen y volviendo una y otra vez a los standards) y Chaka Khan (por su potencial y su timbre debería intentar más acercamientos al jazz). A pesar de lo insólito de estas elecciones, ambos cantantes cumplen bien con su cometido: Chaka profundiza en su acento R&B conforme se desarrolla Summertime (el tema fue nominado en 1998 al Grammy a la mejor interpretación femenina de R&B) y Sting entona ese aire gospel original de It ain't necessarily so con su particular voz, haciéndolo casi memorable. El director musical es Bob Belden.
El personal de la grabación:
Joe Henderson, saxo tenor
Conrad Herwig, trombón
John Scofield, guitarra eléctrica
Stefon Harris, vibráfono
Tommy Flanagan, piano
Dave Holland, bajo
Jack Dejohnette, percusión
Chaka Khan, voz
Sting, voz
Joe Henderson en el Festival de Jazz de Vitoria (1994)Fotografía de Jose M. Horna