Grabado en Brooklyn, el nuevo disco de Sebastián Chames muestra esa serenidad del artista que ha alcanzado la excelencia y sigue su camino sin prisas. Con cinco temas originales de Chames, dos versiones ("Laura" y "Every Time We Say Goodbye") y tres composiciones escritas por sus sidemen: Steve Nelson (vibráfono), Greg Tardy (saxo tenor) y Curtis Lundy (contrabajo), su flamante Reminiscing the Unknown Masters rinde homenaje a los olvidados y a los ignorados del jazz con una elocuente dedicatoria en el libreto del disco:
Those who really master the music and are not necessarily so well known to big audiences, and that makes their music more personal, more profound. You may know some, I know others...
Sebastián Chames no es un maestro desconocido. De origen argentino, tras su paso por Nueva York (donde suele grabar y donde se formó con genios como Fred Hersch, Rodney Kendrick, Bruce Barth, Aaron Goldberg...), lleva años afincado en Madrid, donde fue responsable durante cierto tiempo de las jams de La Fídula y ahora de las del Bogui Jazz. Pianista de digitación elegante y llena de recursos, Sebastián Chames mira a la tradición con oído analítico y sensibilidad moderna. Si en su anterior Pick Up The Phone (Youkali, 2015) nos impresionó su interpretación personal del bebop en el siglo XXI, en su nuevo álbum nos demuestra que se puede sonar a Modern Jazz Quartet o a McCoy Tyner (ambos en según qué momento) y sonar moderno y personal al mismo tiempo.
Fotografía de Anna Yatskevich
Los diez temas del álbum, interpretados en distintos formatos (quinteto, cuarteto de piano y vibráfono, cuarteto de saxo, trío de piano) tienen en común una sobriedad rítmica que resulta estimulante, sin artificios, resultando un jazz intemporal, moderno pero con un oído puesto en el hardbop y en el camino que lo separa de su nacimiento hasta hoy. Hay que destacar la compenetración de los músicos (en todas sus formaciones) del disco pero, sobre todo, el duelo rítmico y estilístico entre piano y vibráfono, entre Chames y Steve Nelson, un músico enorme que aparece en nueve álbumes de Dave Holland y que ha trabajado también con pianistas como Cyrus Chesnut, Mulgrew Miller, Kenny Barron... además de contar en su haber con una decena de discos como líder.
Lo mejor del álbum, sin duda, es la abundancia de solos y puedo asegurar que pararse a escuchar un solo de Chames (o de Nelson o de Tardy o de Lundy...) en este disco es detenerse en un momento sin tiempo ni lugar donde el jazz es puro, accesible y, por encima de todo, gratificante. Recomendable cien por cien.
La línea de bajo inicial marca la filosofía del disco: el bajo manda con liderazgo, permitiéndose ser elemento melódico en algunos momentos y, en otros, sostén exhuberantemente rítmico (incluso en las baladas). Esta semana llega Combinations, donde Gerald L. Cannon, el que fuera bajista y director musical del trío de McCoyTyner y sidemen de tantos grandes (Elvin Jones, Roy Hargrove, Lovano, Martino...; la lista sería interminable) regresa como líder en un álbum pletórico de momentos enormes, en el que aparecen, en distintas combinaciones, los saxofonistas Gary Bartz,
Sherman Irby y Steve Slagle, los trompetistas Jeremy
Pelt y Duane Eubanks, los pianistas Kenny Barron y
Rick Germanson, el guitarista Russell Malone y los percusionistas Willie Jones III y Will
Calhoun.
Esa improvisación de bajo de la que hablábamos es la intro a "Every Main Is A King", una composición de Slide Hampton que suena aquí trepidante, muy hardbop, con un dúo espectacular: Jeremy Pelt y Gary Bartz, tanto en los solos como en cada chorus. El frenético ritmo de este tema sirve de ejemplo para citar la habilidad con que Cannon consigue una perfecta cohesión entre la sección rítmica y los solistas, algo que puede sonar lógico pero que no es tan habitual en el jazz actual.
A partir de ahí, el disco se desarrolla en distintas combinaciones, aunque me quedaría con el quinteto formado por el trío de Cannon (Germanson al piano y Jones III a la batería) con Jeremy Pelt y Gary Bartz como frontline en el blues "One For Amos", compuesto por Sam Jones.
De todas estas combinaciones, muchas son baladas o tiempos medios, algunas de ellas compuestas por el propio contrabajista, como "Amanda's Bossa" o "A Thought". una delicada bossa en la que toma el papel protagonista el saxo de Sherman Irby con la omnipresencia de Kenny Barron. Pero, si uno sigue la línea del contrabajo en "A Thought" puede constatar la personalidad con que Cannon sostiene el tema, con elegancia, con una melodía propia, casi cantando. Al fin y al cabo, él es el compositor.
Más allá de las baladas, Cannon se muestra un compositor arriesgado y versátil. "Columbus Circle Stop" es un tema de ritmo roto, con unos vientos que suenan el algunos momentos onomatopéyicos, intentando aquello que ya hizo Mingus en "A Foggy Day" o Gershwin en su "Rhapsody In Blue", interpretar con instrumentos el caos y las prisas de la gran ciudad. El resultado es desconcertante en un disco tan (por momentos) tradicionalista pero a la segunda escucha toma sentido y el experimento resulta plausible, como otra composición de Cannon, "Gary's Tune", donde muestra sus actitudes miméticas para componer al estilo de Gary Bartz y para Gary Bartz.
Todo el disco suena fresco y sofisticado al mismo tiempo, homogéneo a pesar de las distintas formaciones que se van sucediendo, combinaciones que dan título al álbum, cambios, sorpresas y mucho de aquello que Nat Hentoff llamaba "conversational jazz". Cannon demuestra que los instrumentos pueden interactuar sin moldes. No hace falta ponerse frente a frente uno a uno como hizo Christian McBride en su Conversations with Christian (Mack Avenue, 2013) sino que basta con poner en marcha la filosofía de Marsalis de que el jazz es el arte de escuchar a los demás para saber qué tocar cuando llega tu turno. Especialmente remarcable es el diálogo entre el contrabajista y la guitarra de Russell Malone en "How Great Thou Art", un blues que proviene de la música de iglesia y que suena como si lo acabara de componer.
La excepción que confirma la regla es la brillante y delicada coda del álbum, en la que Gerald Cannon nos ofrece una versión a contrabajo solo del clásico de Jimmy Van Heusen y Eddie DeLange "Darn That Dream". Cinco minutos indescriptibles.
SEBASTIÁN CHAMES, Pick Up The Phone (Youkali, 2015)
Hacía tiempo que necesitaba un disco así, con un sonido hardbop limpio y un ritmo persuasivo que me devolviera la fe en que se sigue haciendo buen jazz. Sebastián Chames, pianista argentino que se formó en clásica en España y en jazz en Nueva York (con maestros como Fred Hersch, Barry Harris, Rodney Kendrick...), nos propone en su tercer álbum un jazz imaginativo, contagioso, muy neoyorquino, moderno pero fuertemente anclado en la tradición.
Chames es un líder de mente sana y comparte protagonismo con los instrumentos de viento, por lo que un oyente despistado podría no darse cuenta de que estamos ante el disco de un pianista sino en el de un quinteto; eso sí, un quinteto muy bien ajustado y donde todos sus elementos, especialemente en las homofonías propias del hardbop, funcionan como piezas de precisa relojería. Quizás el disco contenga momentos en que tanta eficacia y tanta compenetración transmita una sensación más mecánica que emocional, pero no deja de ser un efecto del virtuosismo de los músicos y de su homogeneidad.
Cuenta en el quinteto con Jeremy Pelt (colorido, elocuente, cinco veces trompetista del año en Downbeat), el tenor Greg Hardy (muy buen sideman, atemporal), y una efectiva sección rítmica que da solidez a los temas: el contrabajista Gerarld Cannon y el baterista Willie Jones III (Cedar Walton Quintet).
Con músicos con este sentido del ritmo, el álbum fluye por sí solo a través de ocho composiciones originales de Chames y un estándar, partituras que buscan nuevos caminos a través del hardbop. Por destacar alguna, el tema 1 ("Pianist At The Park"), que abandera el disco y que contiene unos buenos solos (piano y trompeta, con una gran intervención de Jeremy Pelt) y una deliciosa y sutil coda que avisa: éste no es un disco de estridencias ni fuegos artificiales sino una propuesta elegante y honrada; "Nice Bop", de inspiración monkiana y un desarrollo interesante y gozoso de escuchar, o el tema que cierra el álbum (la canción sueca "Dear Old Stockholm", que Miles y Coltrane convirtieron en un estándar de jazz) tocado aquí a formato de trío y donde por fin podemos notar la solidez y personalidad de este pianista argentino cuando tiene que llevar todo el peso del tema. Siempre he dicho que el trío de piano es la formación ideal de jazz (como el quinteto lo es del hardbop).