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HAPPY BIRTHDAY, SONNY

El colosal 7 de septiembre

A las viejas glorias sólo se las suele recordar cuando fallecen. En ese momento, a todo el mundo le gustaba aquel músico o tenía en su casa discos (que hace años que no pone) del mismo. Esto debería estar prohibido. En Londres hay, incluso, una normativa que prohibe levantar momumentos a cualquier personalidad antes de que hayan pasado 20 años de su fallecimiento. Pero cuando alguna de esas "viejas glorias" lleva iluminando el mundo que nos ha tocado escuchar desde su primera actuación en 1947, merece la pena celebrar cada uno de sus cumpleaños. Sonny Rollins alcanza hoy la cifra de 93 veranos. Nosotros tuvimos la suerte de escucharlo en vivo en Sevilla cuando contaba ya con 77 y podemos decir que fue un encuentro realmente memorable.

No queremos hacer una reseña demasiado amplia porque el tecleo nos impide escuchar la música y hay ocasiones en que merece la pena dejarse hipnotizar. Sonny Rollins nació, para nosotros, en la gloriosa época del bebop, creció con el hardbop, hasta convertirse en la principal influencia (Trane aparte) de los saxofonistas tenores de las seis décadas posteriores. Comenzó trabajando con Bud Powell, Fats Navarro, Tad Dameron, Miles Davis... Una gran escuela. En 1962, tras un misterioso retiro voluntario, regresó con el gran The Bridge (Bluebird, 1962). 

Pero, ¿es realmente necesario hacer una semblanza de Sonny Rollins para apreciarlo?

Si tuviéramos que elegir un disco suyo para llevarnos a una isla desierta, un solo disco, seguramente haríamos trampas y comprimiríamos en mp3 algunos de sus álbumes para que cupieran en un solo disco, y con la misma seguridad podríamos afirmar que ese CD incluiría el glorioso Saxophone Colossus (Prestige, 1956), el magnífico Tenor Madness (que grabó el mismo año con Coltrane) y la deliciosa banda sonora de Alfie (Impulse, 1966), la cual, sin ser una obra maestra, tiene la capacidad de seducirnos y tenernos tarareando durante días.

Hoy es 7 de septiembre, es su cumpleaños y toca escuchar algún disco de Rollins por si, en alguna de sus improvisaciones, como a él le gusta hacer, introduce alguna frase de "Happy Birthday". Si no cae, al menos conformémonos con este contundente vídeo.




* Foto de John Abbott.

17 DE JULIO

Billie's Blues

Billie es una niña. Pequeña y negra, vive apartada de su madre, prestada a más de una 'abuela' que no consigue darle el cariño necesario. Crecerá buscando este amor en las personas menos adecuadas, pero aún no lo sabe. El destino tiene caminos misteriosos. Detenida por colarse en el cine, es recluida a los 10 años en una institución religiosa. La repetición diaria de las oraciones en voz alta le proporcionará una dicción clara y consonante que pasará a la posteridad. 

La niña Billie es violada por primera vez a los 11 años por el proxeneta de su madre. A raíz de esta desgracia ocurren, para fortuna (disculpen la amarga paradoja) de los aficionados al jazz, dos hechos determinantes. El primero es una rara  infelicidad que vivirá en la voz de Billie hasta el final de sus días como parte de su belleza personal. La segunda es que Billie vuelve a vivir con su madre, haciendo la compra para el burdel donde ésta trabaja, un lugar que posee un gramófono en el que la niña escuchará por primera vez el "West End Blues" de Louis Armstrong, del que aprenderá el scat, convenciéndose de que la voz humana es un instrumento musical.

Billie es una niña adulta incapaz de razonar. No ha tenido madre ni padre. Necesita cariño y convive o se acuesta con hombres que cada vez le duran menos: los pianistas Teddy Wilson y Bobby Tucker, el trompetista Joe Guy, el bajista John Simmons... y una larga lista. Sólo el tenor Lester Young la comprendió y la trató bien. Adaptó su forma de tocar en cada canción, con ese sonido que parecía un alto, convirtiéndose en el complemento ideal a la voz de Billie, espejando en su obstinato los cambios rítmicos de ella. Fue el único hombre que no le pegó ni se aprovechó de ella, quizás por esto no continuó con él.

Billie camina en las sombras desde hace tiempo. Ha olvidado todas las sustancias que ha tomado y el alcohol sustituye a la costumbre de comer. La vergüenza de no tenerse en pie delante de un micrófono no es nada comparable con el hecho de que la policía te detenga estando en coma. No hay salida hacia la luz. Billie camina, descalza como una niña, hacia un lugar sin retorno que está en nuestras discotecas y en nuestros corazones.


*



BILLIE HOLIDAY murió un 17 de julio, como Coltrane. Fue en el año mágico de 1959. Sin formación musical ni técnica vocal, con una pobre escala que se movía apenas en un par de octavas, su voz tenía la textura oscura de todos los hechos trágicos sufridos en su vida: sonaba a blues sin cantar blues (más 'triste' cuanto más  up-tempo) y, a la vez, vocalizaba un erotismo sutil e inclasificable (más sexy cuanto más triste). Musicalmente, Billie es un misterio sin resolver. Escribió muy pocos temas en su carrera. Uno de ellos es "Billie's Blues", escrito un rato antes de su grabación, el 10 de julio de 1936 en una sesión organizada por de Irving Mills para el sello Vocalion con Artie Shaw (clarinete), Bunny Berigan (trompeta), Joe Bushkin (piano), Dick McDonough (guitarra), Pete Peterson (bajo) y Cozy Cole (batería), :


I love my man
I'm a liar if I say I don't


I love my man
I'm a liar if I say I don't


But I'll quit my man
I'm a liar if I say I won't
I've been your slave baby
Ever since I've been your babe
I've been your slave
Ever since I've been your babe
But before I be your dog
I'll see you in your grave


My man wouldn't give me no breakfast
Wouldn't give me no dinner
Squacked about my supper
Then he put me outdoors
Heaven erred to late
A matchbox on my clothes
I didn't have so many
But I had a long long ways to go


I ain't good looking
And my hair ain't curls 
I ain't good looking
And my hair ain't curls


But my mother she give me something
It's going to carry me through this world
Some man like me 'cuz I'm happy
Some 'cuz I'm snappy
Some call me honey
Others think I've got money
Some say Billie
Baby you're built for speed
Now if you put that altogether
Makes me everything a good man needs


In memoriam Billie Holiday (1915-1959)
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* Fotografía de Carl van Vechten (1949).

BIRD

Sombra y luz, un fantasma

Hoy es 29 de agosto. Si Charlie 'Bird' Parker viviera cumpliría 89 años, una edad a la que algunos jazzmen se han acercado (Hank Jones nació dos años antes y sigue tocando) a pesar de que existe una maldición en el jazz que hace morir jóvenes a (casi) todos los genios.

Pero no nos pongamos luctuosos.

Bird era un hombre incómodo, inconformista, innovador, imprevisible, impuntual y a veces inconsciente. Era divino y, por encima de todo, humano. Todo esto aparece en la cinta de Clint Eastwood Bird (1988) con la que el director demostró que se puede hacer un biopic sin caer en el panegírico. Bird, sin ser una biografía exhaustiva (se centra en los últimos momentos de su vida) del músico, construye una exégesis acerca de lo humano dentro del artista donde los errores, como en la vida misma, pesan más a la postre que los aciertos.

Creo que esta noche volveré a visionar la película. Me sentaré en el sofá y miraré la televisión, reiré cuando Parker ría y me rendiré a la evidencia de que ha muerto cuando la escena muera con él. Cuesta entender que un genio así no siga en pie. Por fortuna, en los años que vivió, para ganarse la vida tenía que estar siempre en el estudio y no son pocos los discos que nos legó.

En la foto, Charlie 'Bird' Parker esperando. Quizás no llegara tarde siempre, a fin de cuentas.

JAZZ AT MASSEY HALL

 El punto culminante

15 de mayo de 1953. Hace 55 años. Toronto, Canadá. La New Jazz Society, una asociación de aficionados, ha organizado un concierto en el Massey Hall. Tocarán Bud Powell, Mingus y Max Roach, a los que se unirán más tarde en formato de quinteto Dizzy Gillespie y Charlie Parker. El concierto coincide con el combate entre Rocky Marciano y Jersey Joe Walcott por el título mundial de los pesos pesados. Se venden apenas 700 de las 2.500 entradas. Los periódicos hablarán al día siguiente de fracaso: en el intermedio entre las actuaciones del trío y del quinteto, el público cruza la calle hasta el Brass Rail para beber y averiguar cómo marcha el combate. Aún el bebop no ha alcanzado la categoría de mito que ya tenían los boxeadores.

Afortunadamente, Mingus ha llevado un magnetófono que grabará el concierto para el nuevo sello que acaba de fundar junto a Max Roach: Debut. Esta es la razón por la que en la portada del disco no se ve la cara Charlie Parker, que tenía por entonces un contrato vigente con otro sello: Mercury. Tan sólo se ve su inconfundible saxo alto. Aparece acreditado como “Charlie Chan”, entrecomillado para despertar la curiosidad del aficionado menos observador. Para esos, apuntamos que la mujer de Charlie Parker se llamaba Chan.

El quinteto. Cinco elementos, las cinco patas de un raro animal, perseguido por unos y adorado por otros, que se llamó bebop: Dizzy, en opinión de algunos, el verdadero y único padre del bop junto a Charlie Parker; a la batería, Max Roach, siempre revolucionario, bopper indiscutible; al bajo, un Mingus en la cresta de la ola; y, al piano, Bud Powell, que acababa de demostrar lo que nadie creía: que el bebop podía trasladarse al ordenado lenguaje del piano. Todo ellos estrellas ascendentes, compositores, líderes de sus bandas, genios en definitiva.

Y es bien sabido que los frutos de la mente de los genios no nacen precisamente de la disciplina y la concentración. Cuenta la leyenda que Charlie Parker y Dizzy Gillespie hicieron una tregua en sus malas relaciones para este concierto, pero Bird no puso todo de su parte: tocó con un saxo de plástico prestado porque había llegado a Toronto sin el suyo, que seguramente había empeñado en New York para pagarse una dosis. Powell, por su parte, recién salido de una institución mental, tocó bebido. Todo prometía desastre. El disco, sin embargo, es un clásico por sus interpretaciones. El único que resultó perjudicado fue Mingus, que vio a la postre cómo la “calidad” del magnetófono apenas había registrado el sonido de su bajo. Posteriormente, volvió a tocar y regrabar toda su parte antes de editar el disco.

El repertorio es, más o menos, la Biblia-del-Bop-Según-Dizzy, e incluye sus temas Salt peanuts y A night in Tunisia, además del standard Perdido (donde Dizzy está inmenso, lleno de swing, explosivo), All the things you are (el único tema en un tempo medio, un tempo que hace que el grupo se desencaje: da la impresión de que el bajo no va con la batería, sino cada uno por su lado), Wee (lo mejor de Bird en este disco) y Hot house de Tadd Dameron.

El concierto se editó en disco dos años después, cuando Bird ya había muerto.


Hubo un tiempo en que yo sólo escuchaba bebop. Es más: en aquella época para mí el jazz “era” el bebop. Ninguna otra cosa. No entendía el jazz sin la improvisación, la velocidad y las acrobacias imposibles de los mejores boppers. Afortunadamente, uno se serena con la edad, pero cada vez que oigo a estos cinco músicos tocar juntos y a ese nivel, formando el mítico Quintet’, pienso que con este disco se puede explicar qué es y qué nos gusta del bebop.

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La foto de la fachada del Massey Hall está sacada de la Wikipedia. El resto es de la época y no he podido averiguar la fuente.