Como todos los años por estas fechas, aprovecho para felicitaros la Navidad, desear que el año que viene sea mejor para todos y tomarme unos días de descanso (lejos del ordenador pero no del jazz). Habitualmente, os recomiendo un disco navideño con suficiente swing como para soportar las comilonas navideñas y las visitas inesperadas o incómodas, pero este año no me ha llegado ninguna novedad que valga la pena (perdonad la sinceridad) y tiramos de clásico, como siempre, con esta recopilación que incluye algunos grandes como Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Lionel Hampton, Eartha Kitt, Mahalia Jackson, Billie Holiday...
El músico, el arreglista, el productor, el mago...
Puede que, como dice la publicidad, nadie haya tenido una carrera como la de Quincy Jones, y de ello se ocupa este documental original de Netflix. La excusa argumental es la apretada agenda de este músico octogenario, incluidos los preparativos, durante casi tres años, de un concierto en el African American Museum Smithsonian para su inauguración. Su hija Rashida Jones filma y dirige este documental junto con Alan Hicks, quien ya dirigió un documental sobre otro grande del jazz, Clark Terry (Keep on Keepin' On) en 2014, uno de los grandes amigos de Q, como le llaman sus allegados.
El documental hace un repaso a sus orígenes pobres en el Chicago de los años 30, con la explosión de los gangs, en una época en la que, dice, "los negros no existían en los libros de texto", razón por la cual no tenía referencias y no sabía qué quería ser en la vida hasta que descubrió un viejo piano vertical, lo tocó unos segundos y supo que había encontrado su vocación. Cuenta que aprendió percusión, trombón, tuba, trompa... hasta que se decidió por la trompeta porque no tenía dinero para un instrumento más caro. Entonces, conoció a músicos de jazz, "negros dignos y orgullosos" y descubrió que eso era lo que quería ser.
Solía juntarme entre bambalinas con Count Basie y con Clark Terry. Sé que los molestaba muchísimo pero tuvieron la amabilidad de decirme: "Bueno, así es como se hace."
Nieto de una esclava liberada y de un emigrante galés, hijo de un jugador de béisbol, Quincy Jones comenzó a tocar la trompeta con 14 años en bandas de soul en Seattle para luego ingresar en la big band de Lionel Hampton, tocaba con algún grupo y luego iba a tocar toda la noche bebop... A los 18 entra en la banda de Lionel Hampton y descubre el mundo, las giras, el racismo, el extranjero... Dinah Washington le pidió que escribiera su próximo disco y luego lo llamó Frank Sinatra para que le hiciera unos arreglos, y así despegó su carrera como arreglista y compositor con Louis Armstrong, Count Basie, Dizzy... Fue productor en París antes de convertirse en director de big band con ese sentido del ritmo y los metales tan grandilocuente que se hizo tan popular y que también le hizo un hueco en el soul y en otras músicas negras que explotaron en los 60 y los 70.
El documental está aderezado con la música compuesta o producida por Quincy Jones y con apariciones de músicos como Miles Davis, Ella Fitzgerald, Al Jarreau, Herbie Hancock, Chick Corea, Richard Bona, Carlos Santana, Stevie Wonder, Frank Sinatra, Bono... monstruos del rock y del jazz que forman parte importante de esta historia.
Q, aficionado a los horóscopos, es un piscis que ha vivido (y sigue viviendo) de la creatividad. Les dejo con uno de los temas más recordados de su larga discografía, "Soul Bossa Nova", de su álbum Big Band Bossa Nova (Mercury, 1962) en una actuación reciente en el 50º edición del Festival de Montreux (2017).
Hoy tenemos el placer de presentar una nueva sección dentro de Jazz, ese ruido, un podcast en el que podrán escuchar el nuevo programa de Luis Escalante:
Damas, Damitas
y Algún Vagabundo
Cada episodio será una aventura que explorará el extenso universo del jazz vocal, centrado, en especial, en las voces femeninas... pero con algún crooner de por medio.
Para el blog es un honor y para los aficionados una oportunidad de conocer (o recordar) grandes temas, grandes intérpretes y muchas curiosidades... Cada semana aparecerá un nuevo episodio en la pestaña Podcast. Que ustedes lo disfruten.
Ahí va el primer episodio:
En esta entrega podrán escuchar:
01 - Autumn in New York - Billie Holiday
02 - Getting some fun out of life - Madeleine Peyroux
03 - It's alright with me - Frank Sinatra
04 - Alexander's Ragtime Band - Bessie Smith
05 - Louisiana fairy tale - Terry Blaine
06 - We're gonna make it - B.B.King & Irma Thomas
07 - You go to my head - Cassandra Wilson
08 - It don't mean a thing if it ain't got that swing - Ivie Anderson & Duke Ellington Orchestra
09 - Surrey with the fringe on top - Jacqui Naylor
10 - The long and winding road - Ray Charles & Count Basie Orch.
11 - Nostalgia in Times Square - Charles Mingus Big Band
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Luis Escalante es un gran divulgador del jazz. Creador del longevo programa de radio La odisea de la música afroamericana, es autor también de dos libros de investigación sobre los orígenes y el desarrollo del jazz, así como de las músicas que le dieron origen y las que nacieron a partir de él.
Según explicaba durante el concierto Antonio Fernández (guitarra, kazoo, tabla de lavar y otros artilugios de percusión) en aquellos tiempos en que el jazz no era ni una etiqueta intelectual ni la banda sonora de un strip-tease, una jug band era una banda de aficionados, dotados únicamente de su instinto natural para la música, sin partituras de por medio, que usaban como instrumentos objetos de la vida diaria como, por ejemplo, jarras de cristal (jugs).
La Piccolissima Jug Band usa estos elementos en algunos de los temas (kazoos, tabla de lavar, dedales, bocinas...) pero utiliza con más inteligencia el espíritu de estas jug bands para construir una música divertida, bailable, (casi) auténtica, que sorprende a cada tema, ya sea haciendo una versión inclinada hacia el swing (swing & roll lo llaman) de "Blue Suede Shoes" como recuperando joyas de los años anteriores al swing.
El pasado viernes 4 de noviembre, la Piccolissima Jug Band inauguró en Huelva el ciclo de Jazz en la Cuarta
que organiza la Fundación Cajasol en colaboración con Música
Fundamental y la Obra Social de La Caixa. El aforo (unas 135 plazas)
estaba desbordado. El público se mostró cálido y receptivo al
heterogéneo repertorio, dispuesto a cantar y a bailar a pesar del
pequeño espacio y de estar sentado. La banda dejó clara su experiencia en
las tablas, entretuvo y, lo que es más importante, dio una lección de
cultura musical.
Foto: web Fundación Cajasol
Los músicos sobre el escenario eran Patricio Caparrós al contrabajo, Antonio Fernández a la guitarra, banjo y en los instrumentos como la tabla (estos dos primeros también tocan en la Potato Head Jazz Band), Antonio Álvarez a las guitarras y voz (increíblemente versátil, ya sea cantando swing o blues) y Jaime Párrizas en la batería.
Desde el pequeño (mínimo, diría yo) escenario de la cuarta planta del edificio de Cajasol, con un público atento y la sala llena a rebosar, la banda repasó todo lo que de divertido tiene la música sincopada, desde
la recuperación de una interesante canción perdida en el tiempo titulada
"Swing Calé", que habla de los tópicos de Granada (la banda es de
Granada) pero afirma que los turistas pasan de ellos para escuchar a los
gitanos hacer swing, hasta alguna revisión de Ray Charles, un
gran "C'est si bon", vertiginosos homenajes al swing italiano ("Mambo
Italiano" o la "Piccolissima Serenata" de Carosone), un "L-O-V-E" más swingueante que el de Sinatra, un "Down by the Riverside" (Louis Armstrong) que hizo cantar al público...
El concierto terminó con un par de gloriosos bises, que culminaron la noche de manera espectacular (qué buena "On The Sunny Side Of The Street", también de Armstrong), con el público en pie, bailando y acompañando con las palmas (algunos no muy al compás), con la banda haciendo gala del virtuosismo que el swing manouche exige pero dando la sensación de hacerlo por simple diversión porque, como reza el título de su nuevo disco, ellos vienen a pasarlo bien.
I. La mano izquierda es el tambor, la mano derecha es el soñador (The left hand is the drummer while the right hand is the dreamer).
(Famoso dicho de la era del ragtime )
II.
Gene Saymour describe así a Charlie Parker en Jazz, The Great American Art: Gordo como Armstrong, creativo como Ellington, virtuoso como Tatum, lírico como Young y, finalmente, auto-destructivo como Holiday. Asimismo, recoge la famosa declaración de cómo Bird sintió la llegada del bop: Me estaba aburriendo con los cambios estereotipados que se usaban en aquella época y no dejaba de pensar que debía haber algo más. Lo podía oír a veces pero no podía tocarlo. Bien, esa noche estaba trabajando en "Cherokee" y me encontré con que, usando los intervalos más altos de cada acorde como línea melódica y dándoles la vuelta con los cambios oportunos, podría tocar la cosa que estaba escuchando.
III.
Dick Hyman sobre Charlie Parker:
Toqué con él poco después en Birdland una noche que el pianista Bud Powell se retrasó. Cuando tocaba con Bird, comprendía a dónde iba armónicamente pero sus melodías resultaban sorprendentes.
[Sinatra tenía] amores absolutos y odios absolutos. Mitch Miller, el clarinetista, era uno de esos odios absolutos [...] No le odiaba por clarinetista sino por lo que le hizo siendo productor. [...] Miller quiso cambiar su estilo para relanzar su carrera, porque en aquella época, te hablo de finales de los 40, su carrera estaba en el momento más bajo. Miller fue el hombre que puso violines en aquel disco de Charlie Parker, que le sentaban como a un Cristo dos pistolas. Una orquesta de cuerda entera le metió. Vendió más discos, pero no era él. Parecía Parker tocando en una habitación donde se hubieran dejado la radio puesta. Con Sinatra fue peor, porque ni siquiera vendió más discos. Mitch Miller le obligó a grabar una canción de la que Sinatra se avergonzó siempre: se llamaba "Mama will bark" (“Mamá ladrará”), que tiene cojones el título.
(Perico Vidal, de una entrevista
concedida a Marcos Ordóñez en El País)
V. El jazz es como el vino. Cuando es nuevo, es solo para expertos;
pero cuando envejece, todo el mundo lo quiere.
(Steve Lacy)
_____________ * Fotografía: James P. Johnson (1894-1955). Considerado como el máximo exponente del ragtime, desarrolló e hizo avanzar este estilo, influyendo en pianistas posteriores como Willie "The Lion" Smith y Fats Waller. Compuso el llamado himno de la Era del Jazz: "The Charleston" (1923). Hay grabaciones e información sobre este músico en Internet Archive.
Puede que esta película de Otto Preminger no sea una película de jazz en el sentido general del término, pero lo es en su tema (la droga que impide a un músico controlar su instrumento), en su banda sonora (con ese tema inolvidable compuesto por Elmer Bernstein) y en las cortas apariciones (Shorty Rogers, Shelly Manne) que aportan credibilidad al drama, un drama que nunca antes se había tratado en Hollywood, ya que el Código Hays prohibía expresamente la mención de las drogas en la pantalla para no atraer la atención del público hacia el problema. Corría el año 55. La escena de Frankie atándose la corbata al brazo para pincharse supuso una valentía cinematográfica que desafiaba todas las convenciones del American way of life.
Caten la banda sonora:
Aunque la drogadicción no es una enfermedad que afecte exclusivamente a músicos de jazz, sí se propagó en una época en la que esta música estaba de moda, proliferando los artistas y exponiéndose a la tentación. El mal no es el riesgo de sobredosis sino, como ocurre en la película, el riesgo de perder el control de uno mismo, del instrumento y de la capacidad creativa. Esto ha afectado a muchos artistas que podrían haber producido mucho más de no haber caído en la adicción y, aunque el protagonista de El hombre del brazo de oro no muera de sobredosis (perdonen el inofensivo spoiler), son muchos los jazzmen que han muerto demasiado pronto por culpa de los excesos: Charlie Parker (deteriorado por las drogas), Chet Baker (probablemente en un ajuste de cuentas), Hank Williams y Dinah Washington (ambos por sobredosis de alcohol más anfetaminas), Art Pepper (un día ya su cuerpo no soportó ni siquiera una dosis "normal"), Sarah Vaughn (cáncer de pulmón porque ¿el tabaco no es una droga?), Hot Lips Page (alcohol), Fats Navarro (tuberculosis agravada por las drogas), Elis Regina (sobredosis)... La paradoja en todas estas muertes prematuras es Lee Morgan, que acababa de dejar las drogas cuando su novia lo acribilló a tiros a causa de los celos.
La película está llena de anécodtas y paradojas. El protagonista, Frank Sinatra, flamante ganador del Oscar como secundario en De aquí a la eternidad, aceptó el papel tras haber leído ¡la primera página del guión! Esto relanzó su carrera como cantante, algo deteriorada por el estado de sus cuerdas vocales, con un contrato para Capitol. También elevó la ira de Marlon Brando, que quería el papel y que se quejó de lo rápido que Sinatra había firmado el contrato. A la postre, el papel consiguió una nominación al Oscar, esta vez como protagonista. La cinta también consiguió otras dos: a la dirección artística (blanco y negro) y a la banda sonora.
Preminger, que unos años más tarde filmaría Anatomía de un asesinato con el jazz como elemento tangencial pero importante en el resultado final, tenía claro la música que pretendía incluir en el film: el jazz, a pesar de que sólo aparecen músicos en un par de escenas (en el bar y en el ensayo). Con esta idea, contrató a Elmer Bernstein para conseguir un ambiente jazzístico durante toda la acción que transcurre fuera de la casa de Frankie. Los callejones de Chicago, sus antros y las escenas más dramáticas en las que el personaje sucumbre a la adicción, se mueven al ritmo de un jazz orquestal, compuesto por Bernstein, potente y poderoso, que parece empujar la acción como una marea arrolladora, el destino.
Y no puedo dejar de anotarlo. Qué acierto el nombre del hombre del brazo de oro, Frankie Machine, tan rítmicamente sonoro. Machine. No había escuchado nada tan acertado desde el de Paul Motian, que suena a motion (movimiento, tempo). Una tontería, ¿no?
Los títulos de crédito son, naturalmente, de Saul Bass, la música del siempre eficaz Elmer Bernstein, orquestada por Fred Steiner y con gloriosos arreglos jazzísticos de Shorty Rogers. Que ustedes la disfruten: