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MINGUS PERDIDO Y REENCONTRADO

CHARLES MINGUS, The Lost Album from Ronnie Scott's
(Resonance Records, 2022)

Siempre es excitante que lleguen noticias como esta, la de la publicación de una grabación perdida (quizás olvidada en algún archivo) de alguien de la talla de Mingus. Con una cuidada edición en triple vinilo y triple CD, y con un libreto que incluye entrevistas y curiosidades. La encargada de esta edición es Resonance Records, una discográfica sin ánimo de lucro de la que ya hemos hablado en otras ocasiones a propósito de Bill Evans y Roy Hargrove, por ejemplo, y que está haciendo una labor inestimable para recuperar grabaciones perdidas u olvidadas de grandes del jazz, un trabajo a cargo de Zev Feldman, co-presidente de la discográfica, una especie de detective del jazz, como lo llaman por allí, a cuyas investigaciones y a cuyo tesón debemos la recuperación de estas joyas.

Foto: Jean-Pierre Leloir

La grabación que incluye el álbum es un concierto (en dos pases)  en el Ronnie Scott's de Londres que nunca ha sido publicada. El sexteto, formado por el saxofonista alto Charles McPherson, el tenor Bobby Jones, el trompetista Jon Faddis, el pianista John Foster y el baterista Roy Brooks suena potente a la manera en que Mingus derrochaba energía en esa época, caos ordenado pero caos mingusiano siempre, y que aquí nos regala temazos como una versión de 35 minutos de "Fables of Faubus", ese temazo icónico e imprescindible para entenderle, con energías que fluyen como en una montaña rusa, Mingus gritando a los músicos, como solía hacer, o una reinterpretación del clásico "When The Saints Go Marchin' On", al estilo Mingus, por supuesto. 

Grabado los días 14 y 15 de agosto de 1972 para ser publicado por Columbia, se desechó al abandonar Mingus esta discográfica. Saldrá a la venta en un triple LP de 180 gramos en formato audiophile el próximo 23 de abril (y en CD y descarga el 29). Resulta un disco muy recomendable para completar la discografía de Mingus (con la esperanza que aparezcan más grabaciones), profundizar en su filosofía musical o, simplemente, un placer para los que no pudimos escucharlo en directo en vida. Porque Mingus sigue de moda, especialmente ahora que se va a cumplir el centenario de su nacimiento y proliferan los homenajes, como el que va a hacer el NEC (Conservatorio de Nueva Inglaterra) con varios conciertos, algunos de ellos retransmitidos en streaming

John Foster, Charles Mingus y Charles McPherson.
Foto: Christian Rose (1972)
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MÚSICA CELESTIAL

PETE MALINVERNI TRIO, Heaven (Saranac Records, 2017)

Detrás de cada disco hay una historia, y todas las historias nos emocionan, pero la historia que hay detrás del álbum de Pete Malinverni es ciertamente triste. Tras la muerte de su esposa en 2012 y después de un susto que también estuvo a punto de acabar con él, este pianista de Niagara Falls, Nueva York, se propuso vivir hasta grabar un disco que llevaría en sus acordes un mensaje espiritual: el Cielo está aquí, en la tierra.

Heaven, grabado el 12 de septiembre de 2016 en Systems Two Studios de Brooklyn, contiene diez temas que exponen y celebran la fragilidad de la vida y la fuerza de los sentimientos. Con un trío clásico y eficaz formado por Ben Allison al bajo y Akira Tana en la batería, y con un jazz vibrante y colorido, Malinverni hace un recorrido sentimental y espiritual por temas tradicionales y standards cargados de significado. 

Pulsen play si quieren escucharlo:

Como introducción al disco, suena "Heaven", compuesta por Duke Ellington dentro de su Second Sacred Concert. Es una versión dinámica, donde la sección rítmica funciona con mucho swing, dándole un nuevo significado jazzístico a la canción. Amén de los solos, con este tema ya podemos decir que conocemos el estilo de Malinverni, inquieto, constantemente creativo, muy colorido, lleno de imaginación y erudición y, al mismo tiempo, honesto y carente de superficialidades fáciles. De Ellington luego podemos escuchar también "Come Sunday", donde interviene Jon Faddis a la trompeta con una sordina que, en algún momento, suena ciertamente davisiana. Pero antes encontramos muchos más mensajes en el disco. "Psalm 23", con su elocuente título, es el único tema compuesto por el pianista, un himno con aires de blues muy en la línea sacra de Ellington. 

Su biografía dice que ha compuesto suites para coros gospel y ensemble de jazz y que, antes, fue músico en la iglesia de la calle Devoe, en Brooklyn, durante dieciocho años. Allí debió conocer de primera mano los secretos del gospel afroamericano y los himnos tradicionales que se cantan en las iglesias baptistas.  

Hay varios temas tradicionales en el álbum, todos relacionados con el cielo, el agua y el río como metáfora del paso a otra vida. "Down in the River to Pray", por ejemplo, es un espiritual que se canta en las iglesias, cuyo origen se atribuye a los indios apalaches y que se hizo popular en el cine en la película O Brother! (Joel Coen, 2000). Aquí suena muy blues e intensa, muy cerca del soul jazz. Karrin Allyson pone la voz a la lacónica canción "Shenandoah", vocablo también procedente de los indios norteamericanos y cuyo significado varía según el intérprete, desde "hijo de las estrellas" hasta "el río que discurre entre las montañas", voz que el piano de Malinverni acompaña con una dulzura enorme. Otras canciones tradicionales versionadas aquí son "A City Called Heaven" (con un gran protagonismo del contrabajo y un ejemplo muy lúcido de lo que es un trío de jazz de piano) y "Wade in the Water" (donde hay un interesante trabajo del piano, con un uso de la síncopa y del silencio que me ha recordado en algún momento a Monk). Steve Wilson pone un jugoso solo de saxo en este tema. 

Las baladas y los temas más enérgicos se alternan pero siempre con una sombra de seriedad detrás, como si todos fueran himnos y no simples canciones. Destacaremos dos. Uno es "Eili, Eili", un momento lírico inspirado en un poema escrito por Hannah Senesh, la mártir judía que murió intentando liberar a los judíos húngaros, y que aquí en un canto triste e instrumental; el otro, una versión tenue y soul de "People, Get Ready" de Curtis Mayfield. Un disco, en definitiva, como una montaña rusa que se mueve despacio, lleno de cambios de ritmo, también de matices, y con un pianista que nos duele no haber descubierto antes.

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* Web oficial: www.petemalinverni.com

** Foto: Sally Green.

MONTREUX '77

Dizzy Gillespie Jam

Puede que si hiciera una gráfica de watios con los discos de Dizzy éste marcaría uno de los picos más elevados, valores estadísticos que, traducidos al lenguaje común, vienen a significar que es uno de sus discos que más me han hecho vibrar, no en vano reúne una jam como un grupo de gerrilla: Jon Faddis como segunda trompeta, Milt Jackson al vibráfono, Monty Alexander al piano, Ray Brown al bajo y Jimie Smith (no confundir con el teclista) a la batería. En resumen, una fiesta apoteósica que resume los logros estilísticos de un músico que seguía pisando fuerte tras treinta años de carrera.

Publicados por primera vez en 1989 por Original Jazz Classics, estos 46 escasos pero potentes minutos producidos por Norman Granz y grabados el 14 de julio de 1977 en el Casino de Montreux dentro de la programación del festival más importante de Europa son suficientes para comprender la carrera de Dizzy hasta entonces. Hay trazas de bebop mezcladas con mainstream, hardbop y ese color africano y folklórico que gustaba a Dizzy. Se puede leer parte de su biografía musical tema a tema, comenzando por "Girl of My Dreams", en el que la base rítmica Brown/Smith actúa de contenedor para que la balada no se convierta en una explosión de energía marca Dizzy (aunque éste se deja llevar por recuerdos bop en algunos momentos) hasta el pirotécnico final, con una versión de 10 minutos de "The Champ" en la que todos los músicos se salen. 

Lo único achacable al disco es el poco peso que aporta la presencia del que sería gran líder, compositor y educador Jon Faddis. Considerado discípulo y gran continuador del estilo de Dizzy, en el 77 Faddis era sólo un aprendiz de 24 años (aunque Dizzy, con 25 compuso "A Night in Tunisia" y un par de años después tenía como discípulo a Miles Davis) y es de suponer que no se atrevería a brillar por encima de su maestro en el escenario. Resulta paradójico que Dizzy llevara consigo una segunda trompeta en lugar de un saxo, pero era su estilo y también su forma de enseñar. Ambos conversan correctamente de tú a tú en la balada "Girl of My Dreams", comparten protagonismo de una manera muy equilibrada en "Get Happy" y en el medley que sigue, y discuten (siempre Faddis por debajo) en "The Champ" sin que generen más motivos de celebración que la energía del líder.

Elocuente foto de Tom Marcello en la que se puede ver a Jon Faddis y a Dizzy Gillespie en el Village Gate (1977)
Tengo amigos con los que siempre discuto sobre si jazz en disco o jazz en vivo. Yo defiendo el directo, el arte naciendo en el momento de la ejecución; mi amigo, los discos como la cura de los que estamos lejos de la fuente. Es evidente que el jazz en vivo, a pelo, de cerca y en directo, es la experiencia más completa que puede vivir un aficionado. En el jazz, sin embargo, esta distinción pierde sentido en muchas ocasiones porque son muchos los discos que, por buscar frescura o por ahorrar en gastos, se graban en clubs, en teatros o en estudio con todos los instrumentos a la vez, como si fuera en vivo, manteniendo ese espíritu y esa naturalidad que se oye en directo. En estos casos, sólo las repeticiones y las múltiples tomas pueden arruinar esa sensación... El tema no es ése. El tema es que si tuviera que recomendar un disco de jazz en vivo siempre recomendaría el Montreux '77 de Dizzy Gillespie.

Un ejemplo: