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QUÉ DÚO

FRED HERSCH & esperanza spalding, 
Alive at the Village Vanguard (Palmetto, 2023)

Fue a principios de 2008, cuando Myspace era lo más y Youtube daba sus primeros pasos, cuando escribí una breve (demasiado breve) nota en este blog alucinado por el primer álbum de esperanza spalding. La titulé La gran esperanza femenina. Desde entonces, se ha consolidado como una de las instrumentistas, cantantes y compositoras más personales del jazz moderno. Cambiando de estilo a placer, dominando dos instrumentos tan complejos y a menudo infravalorados como son el contrabajo y la voz, spalding es un nombre imprescindible y, si ya la habíamos disfrutado como cantante, nos quedaba oírla en un repertorio de standards y, por supuesto, no se nos ocurre mejor forma que acompañada únicamente por un pianista y, si ese pianista es nuestro pianista favorito de las últimas décadas, Fred Hersch, y el escenario es el espacio íntimo de un club (el Village Vanguard, la otra casa de Hersch, hogar también de grabaciones imprescindibles a lo largo de las décadas), ¿qué más se puede pedir?

Sería absurdo imaginar que Hersch se limitara a acompañar al piano a esperanza spalding. La creatividad vive en los dedos de Hersch. Lo hemos escuchado en todos sus discos, especialmente a trío o a piano solo, y aquí se convierte en un motor impresionante, lleno de color y recursos, con solos aplaudidos, que envuelven a la voz con todo su ingeniería. 


La musicalidad en la voz de esperanza spalding, con tu tímbrica y su descaro para improvisar y hacer reír al público, es puro oficio y no desmerece frente a las divas clásicas, transportándonos a aquellos buenos tiempos en que el jazz era más social y apasionante que intelectual. Y spalding juega constantemente con su voz y disfruta y hace disfrutar al público. Tanto si hace scat , como en "Loro" (Egberto Gismonti), o convierte un tema tan melódico como "But Not For Me" en un ejercicio de malabarismo vocal, todas sus intervenciones son un disfrute.

El disco, que saldrá a la venta esta semana, fue grabado entre el 19 y el 21 de octubre de 2018 en el famoso Village Vanguard sin partituras ni arreglos escritos de antemano, dos figuras muy diferentes del jazz actual que solo habían coincidido en los escenarios en pocas ocasiones y que aquí enfrentan sus diferentes formas de enfocar las canciones y que encajan de una manera gozosa en un evento único, dinámico y vivo, que agradecemos que esté grabado y disponible para escuchar.


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* Web de Palmetto Records: www.palmetto-records.com/artists

* Otras reseñas de Fred Hersch en este enlace.



ANTHEM

Homenajes y otros motivos para hacer buen jazz

Hacer un disco-homenaje o un disco basado en un desastre que ha conmocionado a la sociedad, como por ejemplo el huracán Katrina, suena oportunista. Esto no es discutible. Lo discutible es la motivación. La de Christian Scott es emocional, sin duda alguna, a la manera en que lo han hecho también Terence Blanchard con este mismo tema: A tale of God's will (A requiem for Katrina) (Blue Note, 2007) y Allen Toussaint con The bright Mississippi (Nonesuch, 2009). Hacer un buen disco es lo que importa, en definitiva, y creo que Christian Scott casi lo ha conseguido con su Anthem (Concord, 2007).

Digo casi porque, en mi constante búsqueda de trompetistas actuales, prácticamente sólo encuentro hijos putativos de Miles. Esto, que puede ser una virtud más que un defecto, produce resultados extraños, como el tipo de fusión jazz-rock-electrónica que abunda en el disco de que hoy hablamos. Miles fue un innovador, un descubridor, un visionario, pero cuánto daño ha hecho a los que no se deciden a aceptar el canon jazzístico y se permiten "innovar" cuando están faltos de ideas.

Falto de ideas no está precisamente Christian Scott. Su trompeta (a veces corneta, a veces fiscorno) escapa a esta crítica a los músicos sin inspiración. El (a menudo) sonido minimalista de Scott nos devuelve la inspiración de Miles con un toque nuevo. Es un músico que siempre quiere ir más allá de lo que está en el panorama. Su disco, conceptual y por tanto justificable, se mueve dramáticamente en torno a la narración del desastre con estos dotes y esta forma de entender el jazz.

Comienza con un tema elocuentemente titulado "Litany Against Fear", repetitivo como una oración (una letanía) y donde la fusión se hace presente. El siguiente tema es "Void" y se mueve lentamente apurando los silencios como parte de la composición. Es el vacío que precede a la tempestad. Unas notas de piano, dramáticas, dan paso a "Anthem (Antediluvian Adaptation)", que nos quiere mostrar Nueva Orleans antes del desastre, con toques que auguran que algo inevitable va a ocurrir. Desde ahí hasta su versión "Anthem (Post Diluvian Adaptation)" ocurre todo. Fusión, toques de rock, emoción contenida, ritmos rotos, melodías conmovedoras. ¿Es nuestra conciencia de conocer de antemano los hechos o es la música que nos inspira?

Puede que Anthem no se convierta en uno de mis discos preferidos (prefiero su Live in Newport) pero es de esas grabaciones que no dejan indiferente. Aunque conceptual, está lleno de matices y estilos, un puzzle que incluye temas como "Re:" donde el ritmo nos remite al hip hop, ámbito donde Christian Scott colaboró con Mos Def y Jill Scott, o la deliciosa balada "Katrina's Eyes", un relato instrumental, reconfortante, en el que el trompetista dice haber querido expresar lo que se siente al ser mirado por una hija. En medio de un desastre no es poco consuelo. Como escritor, valoro la intención del músico al intentar expresar algo tan difícil de decir. Él esperó dos años para grabar este disco. Nueva Orleans sigue esperando que muchos de sus barrios sean reconstruidos. El drama, por tanto, sigue ahí.

El personal del disco:
Christian Scott: corneta, trompeta, fiscorno, piano y trombón
Aaron Parks: piano, synth bass, Fender Rhodes y sintetizador
Louis Fouche: saxo alto
Walter Smith III: saxo tenor
Matt Stevens: guitarra
Esperanza Spalding: bajo
Luques Curtis: bajo
Marcus Gilmore: batería

ESPERANZA SPALDING

The great female hope

Estaba escuchando por enésima vez el disco de Esperanza Spalding, que se ha convertido en una especie de obsesión que sobrepasa ya lo meramente sonoro, cuando decidí que no era capaz de escribir nada sobre ella.

Apenas la acabo de descubrir y me entero por su página en Myspace de que saca álbum nuevo en mayo de este año; pero, por Dios, ¿cuánto queda para mayo? Nada...

Recé, aún imbuido por el ambiente espiritual de la Semana Santa, de las torrijas, del incienso, por poder verla en directo. ¿Habrá gira? Con los músicos de jazz nunca se sabe. Los sitios pequeños no tienen la publicidad de los festivales. Miro en Myspace y veo que está tocando por Italia, con un pequeño intermedio en Barcelona el 29 para gloria y disfrute de quienes estén cerca y puedan acercase al Jamboree.

Entonces, encontré los videos. Qué invento Myspace y qué invento Youtube, con todos esos videos a un solo click, y allí estaba yo, viendo a Esperanza Spalding en vivo. Y me transporté. Fue en ese momento cuando me vino a la mente una escena de una película, High fidelity (Stephen Frears), basada en la novela de Nick Hornby. En una escena, los protagonistas asisten al concierto de una música (léase: una cantante) interpretada por Lisa Bonet, que además de genial es muy atractiva.

El diálogo es, más o menos, así:

BARRY: Quiero salir con una música.

ROB: Yo quiero vivir con una música. Compondría conmigo, le daría consejos y, a lo mejor, incluiría nuestras bromitas íntimas en la contraportada.

BARRY: O una foto mía en el interior.

DICK: O en un segundo plano... donde sea.

Foto © ESTHER CIDONCHA,
gentilmente cedida a este humilde aficionado.