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SWING EN EL ALMA

ENRIC PEIDRO SWINGTET, Keep That Swing in your Soul
(Snibor, 2018)

El tenor Enric Peidro sigue afirmándose como uno de los baluartes del jazz mainstream en España. Con una evolución de su sexteto (al que llama swingtet), nos trae ahora una colección de standards de esos que te hacen amar el jazz, y lo vamos a escuchar por partida doble, con su Swingtet en el álbum Keep That Swing In Your Soul (2018) y en quinteto, compartiendo liderazgo con Dan Barrett en el disco And The Angels Swing (2019).

Ya lo comentamos en su anterior trabajo, ajeno a la moda y proyectando su filosofía no en la ruptura sino en la personalidad de sus fraseos y de sus arreglos, el jazz mainstream de Enric Peidro tiene un sonido tan perfecto, tan armónico, tan fácil de escuchar, que puede herir sensibilidades entre los modernos y modernizantes. Como otros conservadores de ese jazz clásico que nunca dejaremos de escuchar (léase Scott Hamilton, por ejemplo), Peidro se mueve con comodidad por el American songbook, aunque esta vez se trate de standards contundentes pero no muy conocidos firmados por VIPs como Illinois Jacquet, y otros que no son tenores, como Benny Carter, ni músicos de jazz, como Johnny Mandel. Pero lo que más encontramos son temas compuestos por trombonistas, como Dicky Wells y Trummy Young, aunque esto último no es de extrañar dado el (afortunado) protagonismo del trombón (Pedro Ortuño) en este disco.


Este remodelado Swingtet, con Paul Evans a la trompeta, Pedro Ortuño al trombón, Richard Busiakiewicz al piano, Andrés Lizón al contrabajo y Simone Zaniol a la batería, y con arreglos de Peidro en casi todos los temas (también de Dan Barrett y Diego Barberá), que dejan espacio para el lucimiento de todos los músicos, el sexteto funciona como una pequeña big band en sus planteamientos (legato potente, ritmo continuo, juegos de llamada/respuesta entre solista y banda...), haciendo de la escucha una experiencia estimulante y muy, muy entretenida. Lo cierto es que hoy en día un sexteto puede considerarse (casi) una orquesta. Y así funciona, lleno de swing, armonías en los vientos y solos que se suceden gozosamente y a todo ritmo. En medio, co-protagonizando generosamente, el líder, Enric Peidro, un saxo tenor de los clásicos, con un fraseo limpio, que se expresa como un swing contenido y medido o, como diría el Duke, in a mellow tone, más afilado en algún blues como "The Blues I Like to Hear" (qué titulo tan fantástico) o cuando hace un homenaje a Coleman Hawkins en "Thru For The Night".

Por destacar, destacaría "Flying Home", que es uno de mis standards favoritos de siempre de Benny Goodman. Fue compuesto por el clarinetista y Lionel Hampton pero podría jurar que Peidro tiene como referencia ineludible la versión que grabó Lionel Hampton con su orquesta, en la que se puede escuchar un solo de saxo tenor a cargo de un jovencísimo Illinois Jacquet. Con la diferencia de años, la grabación de Peidro, sin superar la frescura del original, añade más fuerza gracias a los arreglos del sexteto y a un sonido brillante que con los medios de 1942 era impensable... En resumen, así es la Historia del Jazz, un continuo ir y venir de sonidos personales y únicos que van haciendo resucitar el espíritu del jazz una y otra vez. Y para eso nada mejor que un buen grupo con las ideas claras como el Swingtet de Enric Peidro.

Este es uno de los bonus tracks del álbum, una versión de "How Can You Lose" de Benny Carter grabada en Denia con David Herrington a la trompeta y Paco Soler al trombón.




The Dan Barrett-Enric Peidro Quintet, And The Angels Swing
(Snibor, 2018)

La segunda grabación que nos llega del prolífico Enric Peidro es And The Angels Swing,. Si en el anterior disco el trío tenor-trompeta-trombón tenía protagonismo, en este Peidro comparte liderazgo con el trombonista Dan Barrett (Benny Goodman, Buck Clayton, Woody Herman). Nueve temas dura el fascinante diálogo entre estos dos músicos cargados de experiencia, un diálogo que versa sobre temas clásicos (Ellington, Donaldson, Getz...) con una fluidez hipnotizante favorecida por el lenguaje cool de ambos músicos y por la electrizante sección rítmica presidida por el piano británico Richard Busiakiewicz, habitual de Peidro, con Lluis Llario al contrabajo y con nada más y nada menos que Carlos 'Sir Charles' González en la batería.

Tras todo lo reseñado más arriba acerca de Keep The Swing In Your Soul, sobra hablar sobre las motivaciones de este otro disco. La diferencia entre este tándem y el combo anterior es, a mi parecer, la libertad que tienen ambos líderes para expresarse. Hay menos solos de los sidemen y más diálogo de tú a tú, fluido y afable por la cercanía de ambos lenguajes pero, aún así, lleno de momentos coloridos, de citas y de complicidad. Mainstream, buenas ideas, fraseos elegantes y seductores... todo ello en una dialéctica de la que se podría deducir que ambos músicos llevan toda la vida tocando juntos...


Repasando el panorama actual, resulta paradójico que el Mediterráneo, desde Murcia hasta Valencia, genere más músicos mainstream o, por decirlo de alguna manera, anclados a la tradición, que el resto de la Península, donde el jazz moderno, las vanguardias y el free (que dejó de ser vanguardia hace mucho) es más habitual. Dicho esto, es fantástico que dos músicos tan tradicionales como Dan Barrett (Pasadena, 1955) y Enric Peidro (natural de Alcoy) se unan en un estudio para dejarnos este regalo que suena a swing pero tocado con una frescura tal que parece actual. 

Les dejo con un vídeo en directo grabado en un bar de hotel (¿qué hay más clásico?) con un sonido directo aceptable y el mismo quinteto del disco. Es el tema que cierra el álbum, "Sultry Serenade". Que ustedes lo disfruten.


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* Web oficial de Enric Peidro: www.enricpeidro.com

* Web oficial de Dan Barrett: www.danbarrettmusic.com

EL JAZZ SEGÚN ESTHER CIDONCHA

When Lights Are Low

Hace unas semanas, estábamos escuchando un tema de la orquesta de Woody Herman ("Half Past Jumpin' Time"). En aquella grabación sonaban juntos tres gloriosos tenores: Al Cohn, Zoot Sims y Stan Gets, además de otros nombres memorables como Red Rodney, Shorty Rogers, Serge Chaloff, el propio Woody Herman... y un pensamiento se nos quedó rondando la cabeza durante toda la tarde: ¿dónde encontraríamos ahora tantos auténticos músicos de jazz juntos? ¡Ni en un festival! Sobre todo porque últimamente los festivales de jazz apenas traen músicos de jazz... La respuesta llegó en forma de libro: When Ligths Are Low. Editado por La Fábrica, sus 180 fotografías son la síntesis en papel de la extensa obra de nuestra fotógrafa de jazz española favorita: Esther Cidoncha.

Pero, antes de hablar, pongamos un poco de música para entrar en materia.



Suenan BENNY CARTER  AND HIS SWING QUARTET, 
"When Lights Are Low" (grabado en Londres en 1936) 
con la voz de Elisabeth Welch 

Quizás los que conozcan (conocemos) a Esther a través de su blog o de sus exposiciones estemos acostumbrados a las cotas de su fotografía, a su capacidad para transmitir la humanidad de los semidioses que son los músicos de jazz, a constatar que el blanco y negro puede tener tantos matices como una buena improvisación, pero lo que más nos ha sorprendido de su libro When Lights Are Low es la calidad de la edición, cuidadísima, a cargo de La Fábrica y de la propia Esther, algo inesperado en un país donde los libros de fotografía (en especial, sobre jazz) llegan siempre de fuera. El papel es fabuloso, el tamaño adecuado (se agradece que no se hayan incluido fotografías a doble página, algo siempre molesto por el corte central) y los textos que acompañan los distintos capítulos no sólo emocionarán a los amantes del jazz sino que han sido escritos por firmas relevantes. Destacaremos subjetivamente (porque nos han tocado en nuestro corazón jazzístico), las palabras del jazzero confeso Antonio Muñoz Molina cuando dice que "El buen fotógrafo de jazz es el que retrata la condición entre profetas y jornaleros cumplidores de los músicos, entre visionarios y marginales..." mientras que José María Díaz-Maroto alaba "la magnitud de Esther, situada -siempre- en el lugar perfecto, pero invisible, en un escenario inusual y con la imposibilidad de manejar la luz y adecuarla a sus necesidades." Añade que "Ante este difícil panorama, resuelve impecablemente generando la realidad de una atmósfera irrepetible" y así es. Momentos que Esther captura con pericia y sin dudar, momentos irrepetibles de la Historia del Jazz, algo que alabábamos de William P. Gottlieb, que tenía la "obligación" de hacer la foto perfecta porque se pagaba él mismo los negativos...



Chema García Martínez, por su parte, recuerda en su texto la máxima de Cartier-Bresson, que recuerda que "la vida ocurre sólo una vez, para siempre", algo así como el jazz, efímero como una nota, en instantes como fotografías. Esther sabe captar eso y hacer humanos a los músicos, humanos con capacidades de dioses, y los hace entendibles para nosotros, los mortales. O esta reflexión de Wadada Leo Smith sobre la importancia de fotografiar en blanco y negro, que merece ser enmarcada: 
Cuando hay color, la gente se parece a nosotros, no hay diferencia entre la foto y la realidad. Pero el blanco y negro establece una diferencia real, porque te obliga a pensar en qué consiste la imagen, en qué es real y qué no lo es. Sin esa reflexión no hay arte.
Suponemos que ha sido una labor tremenda elegir 180 fotografías de entre un trabajo de 25 años; sin embargo, podemos afirmar que las que están incluidas hacen justicia a su técnica y a su personalidad. Pero, ¿cómo se llega a tener ese ojo crítico, estético y por el que todos querríamos mirar? Le hemos preguntado a la propia Esther.


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Entrevista a Esther Cidoncha

Jazz, ese ruido: Empecemos por el principio. ¿Cómo empezaste en la fotografía y qué te llevó al jazz?

Esther Cidoncha: Me inicié en la música del jazz, pasada mi adolescencia, en casa de un amigo que tenía discos de Art Blakey, Charlie Parker, Thelonious Monk, Miles Davis, Coleman Hawkins, Duke Ellington o Charlie Mingus entre otros. En seguida me gustó esa música a veces extraña, difícil, abstracta, compleja, pero también evocadora, sugestiva, vitalista, individualista, creativa, por momentos introspectiva o explosiva, interpretada por músicos que necesitan expresar lo que no pueden exteriorizar con palabras, creando un lenguaje original singular, inalienable e intransferible.
     Años más tarde, y siendo bailarina profesional de Danza Contemporánea en Barcelona, me compré una cámara japonesa, una pequeña Yashica de un solo objetivo de 50 mm. Hacía fotos en las giras que realizamos por Europa. Me atraía fotografiar los vestuarios, los pequeños hoteles, a mis propias compañeras bailarinas en momentos de relax. 
     La estética y la gráfica en torno al jazz me llamó poderosamente la atención. Revisando mis primeros negativos, empecé a realizar fotografías de jazz en 1989 en Valencia, con el mítico grupo legendario Modern Jazz Quartet, uno de los combos que más han influido en la historia del jazz moderno. Mi estímulo por la fotografía de jazz fue inmediato. Compraba los carretes en blanco y negro y los revelaba en casa, en un pequeño laboratorio preparado con todos los materiales disponibles. Siempre era un nuevo asombro descubrir las imágenes realizadas durante el concierto o la prueba de sonido. 


J,ER: ¿Qué tiene la imagen de jazz que no tiene otro tipo de música?

EC: Hay una más que evidente afinidad entre fotografía, fundamentalmente en blanco y negro, y el sonido del jazz. Esta vinculación proviene de ciertas similitudes entre estos dos géneros artísticos. Ambos son espontáneos, captan emociones, experiencias en un breve instante. A mi entender, la fotografía de ensayos o de un concierto no necesita colorido, el blanco y negro por sí solo se basta. Así mismo el jazz lo veo de este modo, sobrio, sin aderezos, puro, austero, evocador, sugestivo. Porque habla de verdad, de emociones vitales. La creación y la improvisación ocurre en cada instante de manera continua. La fotografía capta ese instante. Y otros muchas situaciones, como son el ambiente que se vive en un club de jazz y el momento de concentración de un músico antes de salir al escenario.
     El jazz utiliza un lenguaje muy complejo para hablarte de emociones, de esencia, de verdad. Basta para ello escuchar a John Coltrane, a Thelonious Monk, Lester Young o a Archie Shepp y comprender y percibir que pese a su complejidad y abstracción el jazz llega directamente a nuestras emociones de un modo directo, como un rayo que te atraviesa y parte por la mitad. El jazz es individualista, original, verdadero, honesto.


J,ER: Cuando un fotógrafo enfoca, ¿busca o encuentra?

EC: Busca y encuentra. Primero debe buscar para después poder encontrar. El jazz hace que sea fácil encontrar. Es una fuente de inspiración continua. Todo alrededor del jazz es de una belleza plástica única. A la cámara le gusta la atmósfera que envuelve y seduce un club de jazz. El objetivo juega con la iluminación y con sus diferentes focos de intensidad y contraste; saca partido a la variedad de instrumentos, tamaños, formas, materiales. O la sobriedad de un escenario desnudo, o lo contrario, un club de jazz con ambiente, gente atmósfera jazzística; micrófonos, partituras. La forma de vestir de algunos músicos, que puede ser extravagante, atractiva, refinada. Sus gestos, una sonrisa hacia la cámara, una mirada concreta hacia un punto; un silencio donde la introspección se hace escucha. Estar atento a todos los gestos que realiza el músico cuando toca o está en calma. Tener intuición es importante y decisivo.


J,ER: ¿Tienes algún referente en el mundo de la fotografía que te haya inspirado o al que te gustaría parecerte?

EC: Sin duda estoy influenciada no sólo por los grandes fotógrafos de jazz sino también por los grandes de la fotografía como Henri Cartier-Bresson, Man Ray, Ansel Adams, André Kertész, Andreas Feininger, Robert Doisneau, Walker Evans, Harry Callahan, Lee Friedlander, Diane Arbus, Bill Brandt, Man Ray o Paul Strand, Alexander Rodchenko o László Moholy Nagy.
     Me  fascinaron las imágenes del clásico fotógrafo de jazz Herman Leonard que en 1948 se instaló en Nueva York y abrió su estudio en el Greenwich Village. Siendo un enamorado de este estilo musical, retrató en esta ciudad, en plena época dorada del jazz, años 40 y 50, a los grandes músicos que desarrollaron este género desde Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Art Tatum, Bud Powell, Art Blakey, Dexter Gordon o Lester Young, por nombrar unos pocos. Sus fotos relatan muy bien la esencia del jazz. Su blanco y negro elegante, los contraluces que reflejan también el ambiente del humo de los cigarrillos, el espíritu bohemio, sus composiciones perfectas. Conocí a los grandes del jazz a través de su mirada.

J,ER: Cuéntanos cómo ha sido la experiencia de lanzar el libro.

EC: Muy emocionante y a la vez muy compleja. Porque es mi primer libro. La editorial que decide publicar tu libro debe creer en ti. Y pensar que el libro se va a vender. Saber que hay un mercado, gente interesada en comprar el libro. Saber qué aporta el libro al mercado de la edición. Un año de mucho trabajo. El libro recopila mis inicios en la fotografía del jazz hasta la actualidad, 25 años resumidos en 180 fotografías. Había que tomar muchas decisiones. Espero publicar más libros, tengo muchas fotografías y músicos que mostrar, realmente es un homenaje a ellos , a los músicos de jazz.

J,ER: Pregunta obligada. ¿A qué músico te hubiera gustado fotografiar si estuviera vivo?

EC: A muchos. Pero sólo voy a nombrar a uno para no dispersarme. Al saxofonista alto Art Pepper. Desde que era joven sentí fascinación por él. Pero como te digo, me hubiera gustado fotografiar a muchos. Yo diría que a todos los grandes.


J,ER: Por último, te pedimos algo que suponemos difícil. Elige una fotografía del libro.

EC: Sí, es difícil la pregunta porque me gustan todas. ja ja ja ja ja ja. Pero como me pides que elija una me decido hoy por la fotografía de Benny Carter realizada en el Festival Jazz aux Remparts, en Bayona en 1994. Justo la estoy mirando ahora mismo y me llama la atención su mirada a un punto exterior lejano y a la vez mira como hacia dentro quizá a un recuerdo o a una emoción interior. Sus manos grandes con el anillo en un dedo sujetando suavemente el saxo, con delicadeza. La vestimenta, el traje chaqueta. El calcetín blanco y el zapato que asoma. La forma que tiene de estar erguido sobre la silla. Es una fotografía increíblemente digna que ennoblece al grandísimo Benny Carter. Justo es el compositor del tema cuyo título he elegido para mi libro: When Lights Are Low.


J,ER: Gracias, Esther Cidoncha por dedicarnos tu tiempo y tus palabras. Te deseamos mucha suerte con tu fantástico libro y esperamos que tu carrera siga dando tan buenos frutos.
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El libro se puede encontrar en librerías y, para más detalles, pueden visitar su blog: http://ecidonchafotosdejazz.blogspot.com



LA IMPROVISACIÓN EN EL CINE

Cassavettes entre las sombras

No es de extrañar que el cine, que se desarrolló de manera paralela al jazz, tomase de este último, en algún momento, esa capacidad para la libertad de expresión que es la improvisación. Al igual que Cortázar en la literatura, algunos cineastas probaron a reflejar en la pantalla el concepto de improvisación como arma con diferentes resultados. El primero que dio el paso de manera notable fue Cassavettes. Como profesor de actores en el Bariety Arts Studio, Cassavettes creía tener las armas para mover los hilos de una película y su primera incursión como director (Shadows, 1959), rodada en 16mm, se basó precisamente en la improvisación. Fue un ataque frontal al mundo cerrado de Hollywood: la vida, como todos sabemos, no sigue nunca fielmente un guión. Buscando este realismo, Cassavettes usó dos elementos catalizadores, que fueron la improvisación actoral y el free jazz, elemento que le sirvió para corroborar rítmicamente el sentido casual de las vidas de los personajes.

El jazz sigue este patrón a menudo, marcando unas líneas (melódicas o armónicas) principales y dando libertad a los intérpretes (en este caso actores). La música es precisamente el principal reclamo que ha atraído siempre a los aficionados del jazz a Shadows: la participación de Charles Mingus, quien, al igual que Miles Davis en Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958), improvisó la banda sonora de la película de Cassavettes al bajo, construyendo una interpretación electrizante, aunque sin llegar a sus mejores explosiones en directo (porque, en el fondo, se trata de música en directo) ni alcanzar ese status superior de rabia convertida en expresión musical que define buena parte de las composiciones (comprometidas o no) de Mingus. Sus temas para esta película reflejan muy bien, en todo caso, las vidas desorientadas de los personajes, sus titubeos y sus dudas, algo en lo que, indefectiblemente, influye la improvisación que estaban obligados a llevar a cabo los actores. Pero no toda la banda sonora pertenece a Mingus. Habitualmente se obvia la presencia del saxofonista Shafi Hadi, quien, al igual que Mngus, ilustró con sus improvisaciones las dudas vitales de los protagonistas.


Cassavetes repitió experimento en su segunda película como director, Too Late Blues (1961), protagonizada por Bobby Darin y una turbadora Stella Stevens. Al igual que la primera, esta cinta está poblada de personajes desorientados que buscan su lugar en el mundo, en esta ocasión son músicos de jazz, razón por la cual no se desenvuelven mal improvisando... Pero Too Late Blues está llena de paradojas. La pareja protagonista es lo más flojo, interpretativamente hablando, de la película. La chica (Stella Stevens) está tan ensimismada en sus complejos que la interiorización de sus problemas apenas se refleja en la pantalla. El protagonista es nada menos que Bobby Darin, un cantante ya de por sí poco dado al drama, que pasa por el metraje con unas pocas frases buenas y tratando de fingir (sin éxito) desencanto con su cara de ángel.

En Too Late Blues la improvisación en los diálogos es menos palpable (quizás porque los personajes están menos "perdidos" que en Shadows) y el jazz constituye otra de las paradojas de la cinta. Aquí no hay free sino un hardbop suave, a veces mainstream o con aires de blues que apenas sobrepasa la frontera de la comercialidad más acorde con la época. La música es de David Raskin y los músicos que se escuchan (que no son los que se ven) son: Milt Bernhart (trombón), Benny Carter (saxo), Shelly Manne (batería), Red Mitchell (bajo), Uan Rasey (trompeta), Tommy Tedesco (guitarra) y Jimmy Rowles doblando al piano a Bobby Darin, todos músicos blancos y (otro detalle) aparecen en la primera escena tocando en un colegio (u orfanato) para negros (!) porque, liderados por el protagonista, Ghost (Bobby Darin), huyen del éxito y sólo les interesa la música. Tocan de manera benéfica, e incluso en los parques, sin público, como una alegoría de lo que constituye tratar de ser músico sin rendirse a las exigencias de la mercadotecnia.

-No hacemos más que festivales, en San Diego, en San Francisco....tocamos jazz para sordomudos, para ancianitos, para los ciegos... ¿Cuándo triunfaremos? Es lo único que quiero.

-Nunca, Charlie. Si te refieres a ser famoso.

Sólo el personaje del agente, que encarna aquí al lado oscuro de la historia, tiene cierto peso y, nos atreveríamos a decir, es el que menos improvisa de todos. Too Late Blues no es Shadows y el tema es menos profundo que los prejuicios raciales de su primera película, pero sirvió para confirmar que la improvisación podía ser algo más que un experimento, una forma diferente de hacer cine. Luego lo intentó con Faces (1968) pero... no somos tan adictos al free y vamos a dejarlo aquí.