OH PEOPLE, Part Time Elegance (April Records, 2025)
* Más info: https://ohpeople.bandcamp.com/album/part-time-elegance
OH PEOPLE, Part Time Elegance (April Records, 2025)
* Más info: https://ohpeople.bandcamp.com/album/part-time-elegance
CLARK TERRY, WAYNE SHORTER, MONK...
Recopilamos en este artículo (sin interés comparativo) tres álbumes monográficos editados recientemente. Cada uno de ellos se mira en un jazzman clásico para enfocar su repertorio con una personalidad nueva. Son un saxofonista que reimagina a Monk, un guitarrista que lleva a su terreno temas de Wayne Shorter y un saxofonista barítono que versiona a Clark Terry con toda una big band detrás. Cosas del jazz.
En definitiva, un disco recomendable, tanto para fans de Monk como para seguidores de sonidos más modernos, en especial porque demuestra que la modernidad de este pianista fallecido hace 40 años sigue vigente.
* Más info: www.christophgrab.com
ERAN HAR EVEN, Shorter Days (World Citizen Music, 2024)
Hace tiempo tuve una discusión (por llamarlo de alguna manera interesante) con un músico local sobre los discos de jazz y los discos en directo en particular. Según su postura, no tiene sentido grabar discos de jazz porque el jazz es una música del momento, irrepetible, y cualquier sonido grabado es tan efímero que mañana se tocará de otra manera. ¿Por qué perpetuar una interpretación en concreto?, exponía. Yo, que soy mitómano y adoro las anécdotas, le respondí que debían grabarlas todas, como en esas reediciones históricas en las que aparecen diez tomas del mismo tema... Es cierto que en el jazz no tienen sentido los discos mezclados o grabados con cada músico en un estudio distinto. La interpretación caliente, con todos los músicos tocando al mismo tiempo, es el hecho natural. ¿Por qué entonces un disco en directo? Si en un estudio se puede conseguir esa frescura de los músicos tocando juntos (con las prisas del productor, que cuenta las horas de alquiler), improvisándose, escuchándose y mirándose, y sumemos el calor del público, la presión de las miradas de cientos (o una docena) de exigentes aficionados, y tendremos un jazz más vivo y cálido que el del estudio. ¿Por qué no perpetuar ese momento para los que no estuvimos ahí?![]() |
| 184 páginas Rústica con solapas 15x21cm ISBN: 978-84-9126-360-9 |
But beautiful fue compuesta en 1947 por Jimmy Van Heusen con letra de Johnny Burke para la película Road to Rio de Norman Z. McLeod. Luego lo cantó Billie Holiday y Freddie Hubbard lo incluyó en su Open Sesame. Pero, además de un estándar, But beautiful es también el título de un libro que todos los aficionados al jazz conocen y aman.
Geoff Dyer admite que quiso hacer un ensayo cuando comenzó su libro de ficción Pero hermoso (Jonathan Cape Ltd., Londres; en España, editado por Amaranto). Porque, aunque no es ficción todo lo que escribe (los buenos aficionados reconocerán episodios reales de todos conocidos), lo que aquí nos trae son reflexiones e historias ficcionadas, lo que él llama "crítica imaginativa", narraciones que ocurren o saltan entre las anotaciones de un viaje de Duke Ellington en coche, esos viajes de un bolo a otro, durmiendo en el coche y componiendo sobre el primer trozo de papel que encontraba. Y de esto es de lo que se trata, de componer. Duke fue el gran compositor de la Historia Negra del siglo XX (recordemos su Black, brown and beige) y, siempre atento a cazar la inspiración cuando se presenta, anota en este relato cada recuerdo que la somnolencia del viaje le trae de otros músicos. Es (habría sido, de ser real) una gran suite de la Historia del Jazz, la gran obra de Duke en homenaje a los músicos atormentados que protagonizan las historias que el libro cuenta entre pausa y pausa del viaje de Duke y que, se suponen, son recuerdos que acuden a él...
de los músicos sino de fotografías de jazz, ese género que es un arte autónomo en sí y que ilustra, la mayor parte de las veces, más que una declaración, como ésta de Bud Powell: "encogiendo los hombros al seguir el ritmo, los ojos cerrados, una vena palpitando en la sien, sudor a raudales sobre el teclado, los labios estirados sobre los dientes, la mano derecha farfullando y bailando como agua en una roca".
Hoy quiero poner vuestra atención en esta foto. Se trata de una instantánea tomada por Jim Marshall en el backstage del Festival de Monterey de 1963. Jim Marshall es un fotógrafo/periodista que ha dedicado gran parte de su trabajo a fotografiar a grandes personajes de la música, desde el jazz hasta el rock de los 60, desde Monterey hasta Woodstock, desde Miles hasta Dylan.

Cierto que en el Newport de Jazz On A Summer’s Day aquel 4 de julio de 1958 xno parecía hacer mucho calor (el público lleva chaquetas, no todas de verano) o no debía hacer calor (en el pase de día, las sillas del público están colocadas al sol). Esto me remite al aspecto que más me fascina de este documental/musical: el público. Los espectadores del festival (jóvenes blancos bien vestidos, intelectuales con gafas, elegantes negros, parejas mayores, domingueros con ropa de playa) son los extras más perfectos que he visto jamás en la pantalla. No sólo se mueven o actúan como
si lo que hacen estuviera en un guión sino que son los personajes más originales e inesperados que te puedes encontrar. Cada vez que la cámara encuadra a algún sector del público o a algún espectador en concreto constituye una sorpresa. Tipos y arquetipos del final de aquellos inocentes ’50, que la cámara de Bert Stern captura con afán de un biólogo dado a las rarezas de la Madre Natura.