ASCENSOR PARA EL CADALSO

Las singulares aventuras de Miles en París
Cuando un disco se convierte en leyenda, todo lo que se escribe sobre él suena a mito y se pierde toda perspectiva artística y crítica. Con la grabación que Miles Davis hizo para la banda sonora de Ascenseur pour l´échafaud de Louis Malle ocurre algo así. Todo el mundo conoce la historia de cómo Miles y sus músicos ”improvisaron” la banda sonora completa durante una única sesión que duró ocho horas, algo parecido a lo que haría dos años después con Kind of blue.

LA HISTORIA. En 1957 Miles Davis había llegado a Francia para una serie de conciertos, contratado por Marcel Romano, el promotor del Club Saint-Germain. Como aún se sigue haciendo, Miles buscó músicos locales para formar un combo de cara a estos conciertos. Kenny Clarke, que por aquel entonces vivía en París, era el baterista preferido por todos los americanos que llegaban allí a tocar. En aquella época, Clarke acompañaba al cuarteto de René Urtreger, y Miles contrató al combo completo.

René Urtreger, que admitió tener un póster de Miles Davis en su habitación, cuenta que Miles apareció en el club de Montparnasse mientras estaba en el escenario tocando con su cuarteto. El joven pianista francés, impresionado, apenas pudo continuar. Fueron presentados y un rato después ya estaban juntos en el escenario, tocando.

MILES DAVIS Y PARÍS. Unos años antes, en 1949, París le había desvelado a Miles Davis la estrella que era. Nada más cruzar el Atlántico descubrió que en Europa, en París, no era un músico negro (léanlo en el sentido peyorativo) sino una estrella llegada de otro universo. Intelectuales como Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir le abrieron los brazos, Boris Vian le mostró los garitos y la mala vida, y Juliette Gréco, la mujer de Vian, se enamoró de él. Y fue gracias a ella que Miles conoció a Louis Malle.

El director francés apenas había co-dirigido una película antes, un documental nada más y nada menos que con Jacques Cousteau. Su opera prima como director, Ascensor para el cadalso (Lift to the scafold en Gran Bretaña, Elevator to the gallows en USA, dicho sea para facilitar la búsqueda de la peli o del disco), es la adaptación de una novela de Noël Calef sobre una pareja de amantes que decide salir de la clandestinidad de su relación asesinando al marido de ella, jefe de él. Casi acabado el rodaje, un joven Jean-Paul Rappenau (director entre otras cosas del Cyrano de Bergerac de 1990, aficionado al jazz y amigo de Malle) le propuso contratar a Miles Davis, que estaba esos días en París.

Enamorando a Jeanne Moureau
Enamorando a Juliette Grecó

LA GRABACIÓN. Louis Malle proyectó a Miles Davis la película sin banda sonora y éste, dándose la coincidencia de que la mayoría de los conciertos habían sido suspendidos, se comprometió con la condición de tener un piano y un proyector en su habitación del hotel. Dos semanas después, con unas partituras esbozadas bajo el brazo, se reunió con los músicos del cuarteto de René Urtreger (R.U. al piano, Barney Wilen al saxo tenor, Pierre Michelot al contrabajo y el baterista Kenny Clarke), en el estudio Poste Parisien, un edificio lúgubre y oscuro muy acorde con el ambiente de la película. Era la noche del 4 al 5 de diciembre de 1957. Las escenas que precisaban de banda sonora habían sido montadas en continuo para ser visionadas las veces que fueran necesarias, y los músicos comenzaron a improvisar sobre la partitura con el alma puesta en la pantalla. Según un texto de Boris Vian, que estuvo presente en la sesión, la mismísima Jeanne Moreau había preparado un minibar para atender a los músicos durante la grabación. ¿Se puede pedir mejor inspiración?
“La grabación se realizó en el estudio Poste Parisien en una atmósfera muy relajada. Allí estaba Jeanne Moreau, la protagonista de la película, que de manera encantadora atendía a los músicos y técnicos en un bar improvisado en el estudio. También estaban presentes los productores y técnicos y Louis Malle, en tirantes, que intentaba sacarle de Miles Davis todo lo que deseaba añadirle a la imagen. Los músicos, totalmente relajados, veían pasar en la pantalla las principales escenas de la película, y situados así en el ambiente, se lanzaban a improvisar a medida que transcurría la proyección. es de señalar, en la toma Dîner au motel, la extraña sonoridad de la trompeta de Miles. En un momento determinado, un trozo de fragmento de piel se despegó de su labio para ir a colocarse en la boquilla. De Igual manera que los pintores deben a veces al azar la calidad plástica de sus tonos, Miles aceptó con agrado este nuevo elemento " inaudito" en el sentido literal de la palabra, jamás escuchado. No hay duda de que el oyente, incluso privado de las imágenes, será sensible al clima hechizante y trágico creado por el gran músico negro, sostenido admirablemente por sus compañeros de equipo" (Boris Vian, 1957).
La pena de esta historia es que el quinteto sólo existió para esta grabación y para los dos conciertos para los que habían sido contratados, uno en el Olympia y otro en Amsterdam.

LA PELÍCULA. El resultado es impactante. Lejos de los estereotipos del cine negro americano (del que es evidente que bebe) el cine noir francés es más humano, menos superficial, y la narración suele ser más emocional. Importan más las pasiones y las debilidades humanas, emociones que resalta la lacónica trompeta de Miles de una forma espeluznante: ese lado oscuro del espíritu humano, la urgencia de una pasión ilegal, la traición (Julien pretende matar a su jefe, aunque él es su mano derecha) y en especial en esa escena tan celebrada en la que Florence (interpretada por Jeanne Moreau) deambula por los barrios bajos (ah, esos barrios en blanco y negro) preguntando a viejos conocidos por el amante que la ha dejado plantada, mientras la trompeta de Miles va dejando notas de una inquietante incertidumbre en el aire...

No alcanzo a imaginar cómo sería visionar Ascensor para el cadalso con otra banda sonora. La sordina de Miles está llena de matices en blanco y negro: perdición, incertidumbre, ansiedad, desesperación, pasión... La mezcla es perfecta, la banda sonora aglutina y da la consistencia definitiva a la película.

No soy muy partidario de oír las bandas sonoras al margen de las películas, pero ahora que tengo el CD no puedo dejarlo. Creo que no sólo es una de las mejores bandas sonoras de jazz sino que es la más emocionante que he oído jamás. Vean la siguiente escena y díganme. Sólo una trompeta así puede hablar por una mujer así, y viceversa.




2 comentarios:

Nicolás Peña dijo...

Me acuerdo de esta entrada, la disfrute mucho e hice un programa con relación al año que Miles grabó esta obra(http://www.laquintadisminuida.com/?p=1026). A propósito de París, el pasado jueves 19 hice un programa dedicado a la ciudad luz que lo subiré en algunos días. Saludos Félix.

Selofisido dijo...

Sin duda que Miles David es uno de los jazzistas más talentosos que han existido. Su música consigue estremecer hasta aquellas fibras de nuestra piel que normalmente están en la cara opuesta a las intromisiones.