THE BEATLES REVISITED

BOREAS, In My Life (Tiny Moon, 2017)

Recibimos con alegría la noticia de que la compañía discográfica Tiny Moon Records, creada por el guitarrista Valentín Caamaño (de la que hablábamos la semana pasada) tiene continuación. Se trata de una formación liderada también por un guitarrista (Álvaro Vieito), con un pianista enorme como Xan Campos y, completando la sección rítmica, Luis Salto al contrabajo y Jesús Pazos a la batería. El nombre del cuarteto es Boreas.

Bóreas es un viento del norte que nos trae influencias pop de más allá del Canal de la Mancha; las de The Beatles, en concreto, porque In My Life es eso, otro homenaje a los Cuatro de Liverpool. Pero este con la sensibilidad jazzística y colorida de sus músicos. Evitando estéticas pop, los cuatro músicos interpretan estos clásicos desde la raíz misma del jazz, esa que fluye de la improvisación y el ritmo sincopado. 

Álvaro Vieito
Grabado en FJR Studios y producido por Álvaro Vieito y Luis Salto, el álbum comienza con una de  mis menos favoritas canciones de Lennon y McCartney, "Eleanor Rigby". Desde el arranque, se percibe una filosofía del ritmo que nada tiene que ver con el original. Vieito, en especial, despliega los compases sacando lo máximo de cada melodía. Formado en Galicia y Nueva York, entre otros lugares, y residente en Sevilla, es un músico fresco que muestra un ansia de improvisación que parece interminable y posee un toque de melancolía en la elección de los acordes. Desde que lanzara en 2010 su álbum de debut Introducing (Azos Jazz, 2010) producido por Abe Rábade, se ha movido inquieto, como todo buen músico de jazz, en diversas formaciones, desde su cuarteto y quinteto hasta otras como S.E.M. Big Band, Xerpo, Hira-Joshi, Javier Ortí o Un paraguas japonés de Lola Botello

Foto de Álex García
El piano es otro de los protagonistas de In My Life. Sería muy difícil elegir un solo de Xan Campos en este disco. Quizás en el chispeante "Can't Buy My Love" (versión muy lejana al rock and roll que fue), donde comienza su solo con un aire latino para después convertirse en puro vértigo, sea el tema donde Campos brilla más, pero es sólo una percepción: en todo el disco la sección rítmica convence, pero no hay duda de que lo hace de una manera especial cuando el piano aporta esa alegría percutiva como contraste al tono de la guitarra, más cercano a la voz en las armonías de sus acordes. 





Algunos temas son destacables pero, en general, el disco es bastante homogéneo tanto en calidad como en estética. Dos temas (quizás por motivos sentimentales pero también por el enfoque jazzístico) merecen, a mi parecer, destacarse. El primero es "Michelle", que pasa de ser una balada a sonar con un enfoque de jazz progresivo o jazz-rock con los acordes de la guitarra eléctrica. El reconstruido "Come Together" tiene unos excelentes momentos de blues en las cuerdas pero gana tanto en la improvisación de Vieito que uno termina olvidándose del original. 


El disco, paradójicamente, no termina con una composición de Lennon y McCartney sino con una de Meredith Wilson, aunque hay que decir que el tema aparecía en el segundo álbum de los Fab Four, With The Beatles de 1963. "Till There Was You" es un temazo para terminar el álbum. A pesar de tener una melodía repetitiva y muy blanda, casi pop (el tema venía de Broadway, del musical The Music Man de 1957), resulta un eficaz vehículo para hacer volar a la sección rítmica y para escuchar a modo de conclusión la capacidad de improvisación de la guitarra y (de un modo más breve pero igualmente placentero) el piano.

VALENTÍN CAAMAÑO SINGS

The Blind Wrestler (TinyMoon Records, 2017)

A Valentín Caamaño le seguimos desde que apareció con su magnífico The Joy (2014) para demostrar que se puede hacer bop a la guitarra y con brillantez en el siglo XXI. Le siguió Green With Envy (2017), un interesante trabajo sobre Grant Green, donde la investigación y la inspiración personal se daban la mano con maestría. La lucha por un jazz puro e inspirado continúa con The Blind Wrestler.

La experiencia le lleva en su tercer trabajo a incluir temas originales e, incluso, a cantar. Lo hace con su trío de siempre: Alfonso Calvo al contrabajo y LAR Legido a la batería. El saxo tenor Xosé Miguélez aparece en dos temas como invitado.

Publicado por su propia compañía discográfica, The Blind Wrestler es una colección de temas escritos desde las seis cuerdas, con un sonido cuidado y con mucho swing, espacio tanto para los punteos y las improvisaciones como para el conjunto y los solos del trío, con algún blues (igualmente rítmico) y con una sola versión ("How Deep Is The Ocean" de Irving Berlin). 

El disco empieza a saco con un tema en el que el saxo de Xosé Miguélez, invitado especial, es el protagonista, tanto en el arranque, con un estribillo muy hardbop, como en el primer solo, al que sigue, claro, un solo de guitarra de Caamaño muy suelto e inspirado, el estilo bop vibrante pero controlado que nos ofrecía ya en sus discos anteriores. La sección rítmica es notable, como si Calvo y Legido no se dedicaran a otra cosa más que a tocar juntos. Probablemente, sea la sección rítmica más eléctrica que he escuchado en los últimos años. Y todo ello sin fuegos artificiales ni trucos fáciles; simplemente, cumpliendo su cometido.
Foto: Rafa Pasadas
Cabría destacar dos baladas. En primer lugar, la estremecedora "Again never" (en gallego estas palabras suenan a eterna reivindicación: "nunca mais"), con Miguélez tremendo al tenor y Legido dándole réplica de manera contundente. La otra balada es "Tiny Moon", donde el estilo de crooner apagado de Caamaño recuerda (salvando las distancias) a esa manera aparentemente apática de cantar de Chet Baker, con media voz, entonando lo justo, lacónico, como si estuviera en otro lugar, en otro momento, cantando en el recuerdo. "Tiny Moon" tiene una letra triste, que hace un maravilloso contraste con el ritmo a tempo medio, y unos solos en la misma línea. El título del tema sirve para dar nombre también a la compañía discográfica que el guitarrista acaba de crear. Buena noticia si esto le supone mayor libertad creativa.

Probablemente las canciones eclipsen como noticia sus nuevos temas instrumentales y quizás donde menos brille el disco sea en esas intervenciones como cantante, muy personales y sentidas pero muy por debajo de su pericia como guitarrista. Aun así, sus composiciones cantadas resumen buena parte de la tradición vocal del jazz, con letras llenas de sentimientos, amargas como una buena síncopa. El segundo tema del álbum ("Turn of the Screw") es una muestra. 


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* Web oficial: www.valentincaamano.com

ENTREGA ESPECIAL

THE LEVIN BROTHERS, Special Delivery (2017)


Creo que es una manera genial de comenzar el año presentarles un discazo de jazz inspirado en el cool, un disco lleno de swing y de improvisaciones a toda máquina. Special Delivery es el segundo disco que graban juntos The Levin Brothers (Pete y Tony). El combo del álbum está formado por Erik Lawrence (saxo y flauta) y Jeff "Siege" Siegel (batería), además de Tony Levin al contrabajo y chelo y Pete Levin, que toca órgano y piano.


Después de décadas de colaborar con otros músicos y de tocar en solitario, Tony y Pete Levin grabaron su primer álbum juntos en 2014. En sus instrumentos, la experiencia de haber tocado y grabado con gente como Buddy Rich, Steps Ahead, Gary Burton, Herbie Mann... El resultado de todo esto es un álbum que suena a cool jazz, que nos retrotrae a esa época dorada de los '50s, cuando el jazz tenía clase y algunos, que miraban a la West Coast, hacían estas maravillas con sonidos elegantes, comerciales pero seductores, expresándose con una pulsión calmada, huyendo de los vertiginosos ritmos del bebop. Y, aunque los hermanos Levin aceleren de tanto en tanto llevados por la melodía ("Fire Drill"), el combo habla de jazz con serenidad y mucha clase.

Special Delivery es su segundo disco juntos, como decía, y contiene temas extraídos de la grabación de tres conciertos durante la gira del año pasado presentando su anterior álbum. En concreto, se grabó en Rochester (Nueva York), Natick (Massachusetts) y Schenady (Nueva York).


El disco comienza con un tema lleno de ritmo titulado "Gimme Some Scratch", para continuar con una swgingueante melodía sincopada de las que se quedan en la cabeza ("Special Delivery"). Ahí Pete Levin nos engancha con uno de esos irresistibles solos de órgano. "Ostropolya" es un tema clásico, para amantes del mainstream, pegadizo y con mucho swing, como casi todos los temas de The Levin Brothers, con un melódico solo de saxo de Erik Lawrence. En el siguiente tema, el sentido del ritmo y la veloz digitación de Tony Levin convierten "Fire Drill" en una carrera contrarreloj. 

Y hasta ahí las composiciones originales. El disco continúa con la balada "Scarborough Fair", en la que Lawrence con la flauta expande un aire místico al principio y muy jazzy conforme avanza el tema, mucho más allá del original de Simon & Gartfunkel. El delicado (y a la vez apasionado) solo de Pete al piano engrandecen un tema que podría haber sonado fantástico en su interpretación más fácil y que en las manos de estos artistas alcanza un nivel espiritual. El siguiente tema que suena es una balada compuesta por Erik Lawrence, muy protagonista durante todo el álbum. "Weight of Action" es una de esas baladas donde el saxo parece contener el paso del tiempo dotando al tema de una solidez pétrea, como una balada de Dexter Gordon. Incluso el lacónico solo de Tony Levin al contrabajo suena duro y categóricamente triste. El resto de los temas son homenajes a Ennio Morricone ("Theme From Cinema Paradiso"), Astor Piazzola ("Milonga del Angel")... 

Pero el tema indiscutible del álbum es "Pete's Blues". Tiene un arranque bestial en el órgano, con una intro falsa que rompe en puro ritmo, con un diálogo muy interesante entre saxo y órgano, para convertirse en un solo enorme a las teclas que despliega muchos recursos pero, sobre todo, un gran uso de la mano izquierda y del vibrato. El solo de saxo resulta demasiado moderno para el disco pero el ritmo lo estaba pidiendo... Se convierte en pura velocidad. El final, en un toma y daca con la batería, sube la temperatura y contagia al órgano para, de nuevo al unísono, redondear un tema que es una bomba. La coda la pone Pete al piano, con una balada compuesta por el batería Jeff "Siege" Siegel y que aparecía en su álbum King of Xhosa.

Para amantes del jazz sin fisuras.


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* Web oficial: www.thelevinbrothers.com

FELIX NAVIDAD

Un año más, felicidad y jazz para todos

Necesito unos días de descanso y van a tardar un poco en llegar. Ha sido un año en el que la música (y no sólo el jazz) ha llenado más horas que ninguna otra cosa. A punto de estrenar El Médico de Noah Gordon, el musical, que tiene poco que ver con el jazz pero mucho con el amor a la música y a las buenas historias (mis dos pasiones no terrenales) quiero enviarles a todos mis mejores deseos para esta Navidad, la disfruten como la disfruten, y que su Rey Mago preferido les traiga una buena cantidad de jazz o de felicidad, que viene a ser... algo parecido. 




En otros lados dicen eso de "Ho, ho, ho". Yo les dejo un "villancico" original, una versión con mucho swing del clásico "El tamborilero", con Miles Griffith, Ximo Tébar, Jim Ridl, Darryl Hall y Donald Edwards, (el verdadero drummer boy del vídeo). Que ustedes lo disfruten. No olviden regalar jazz por Navidad y... que tengan un feliz 2018. Nos leemos el año que viene.





http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

LA BELLEZA DEL SILENCIO

Bugge Wesseltoft, Everybody Loves Angels (ACT, 2017)


Este otoño parece más primavera que nunca. Entre el calor, que en Andalucía aún se negaba a marcharse a principios de noviembre, y los discos que nos llegan, como el álbum de Pablo Báez grabado en escenarios naturales o el de Matrioska con su nu jazz inspirado en la playa, nos cuesta aceptar la realidad (winter is coming) porque la naturaleza está más cerca que nunca. Hoy volvemos a mirar al escenario natural escuchando extasiados el nuevo álbum conceptual de Bugge Wesseltoft, mientras ante nuestros ojos el campo brilla frío al sol que anuncia el solsticio y sus verdes y ocres nos observan en silencio.

El silencio, tan importante en la narrativa sonora del noruego Wesseltoft, preside la catedral de Lofoten donde se grabó el álbum a piano solo entre el 26 y 27 de febrero de 2017. En su particular acústica flota la música como los ángeles en el imaginario popular, con el toque de un pianista delicado que conoce el peso de las teclas. Everybody Loves Angels sigue la estela de un álbum muy anterior en el tiempo (1997) que se llamó It's snowing on my piano en el que Wesseltoft recreaba canciones "invernales" y de espíritu navideño con esa calma del invierno en el lejano Norte en la que uno escucha la música con el respeto con el que escucharía el verdadero silencio.


Fotografía de Asle Karstad
El noruego Bugge Wesseltoft es pianista y compositor, creó su propia discográfica (Jazzland Recordings) en 1997 y podemos verle, por ejemplo, en el documental de 2010 Icons Among Us: Jazz in Present Tense junto con Ravi Coltrane, Bill Frisell, Roy Hargrove, Medeski, Scofield, Martin & Wood..., una película sobre qué es y qué no es jazz, sobre el jazz presente y su visión desde América y Europa. Ejecuta un jazz ecléctico, nada condescendiente, que aún las tradiciones europeas y las americanas más avanzadas, heredero del jazz progresivo de los 70, de sus influencias en los músicos desetiquetados de este nuevo siglo y de los sonidos electrónicos. Para comprobarlo, vean su concierto en JazzBaltica 2015 o su colaboración con Laurent Garnier y comparen con la elocuente serenidad de este nuevo disco. Porque, a piano solo Wesseltoft se muestra personal e introvertido, sin efectismos ni ruidos, con la calma del invierno, con un don para emocionar rítmicamente sin hacer swing, al estilo de los músicos del Norte de Europa.

Su nuevo disco comienza con un tema tradicional llamado " Es sungen drei Engel" (algo así como "El sol es un ángel") donde nos presenta un jazz moderno, inspirado, calmo pero con una fuerza espiritual que hipnotiza.


Si en It's snowing on my piano la inspiración venía de temas navideños, una de las influencias más notables en este nuevo trabajo es la de grupos de rock de los 60-70 inspirados en el folk (ese folk-rock que soñaba con la Era de Acuario y conectaba espiritualmente con la Madre Naturaleza). En Everybody Loves Angels encontramos ensoñadoras versiones de Simon & Gartfunkel o Bob Dylan, pero también de Hendrix, The Beatles o The Rolling Stones ("Angie", esa maravillosa balada de rendición, de paz tras las lágrimas, que en su concepción original ya era lenta, lacónica, como una foto fija) junto con composiciones originales que conforman un conjunto homogéneo. 

Imagen del vídeo promocional

El concepto melódico y armónico de Wesseltoft, y su uso de la mano izquierda, hacen que el esuchante se olvide al momento de que estamos ante un disco de piano solo. Su digitación engancha por su fluidez dentro de la serenidad del álbum, tan alejado de su anterior y ecléctico New Conception of Jazz (Jazzland Recodings, 2016). El regreso del pianista a la soledad de las 88 teclas, al concepto acústico del jazz moderno, europeo, lindante con la Third Stream como y con la música tradicional y sincera es motivo de celebración. 

Ahí les dejo esta recomendación como regalo de Navidad.


ACORDES Y DESACUERDOS (XXIV)

Pájaros en la cabeza

En el libreto del disco de Ximo Tébar Anís del Gnomo (Elígeme Discos, 1990), Víctor Claudín escribe que en el mercado hay "un jazz de museo, viejo, o demasiado nuevo". No hay en el jazz, como música basada en la pasión y el sentimiento (tanto como en la técnica y la exploración) un término medio. Uno de los músicos que más polarización provocó en su momento (y sigue provocando) fue Charlie 'Bird' Parker. Echemos un ojo a algunas opiniones y comentarios sobre el saxofonista de Kansas City (Missouri).


Siguiendo con nuestra serie de Acuerdos y desacuerdos...


I.
En la biografía de Miles DavisIan Carr defiende al trompetista contra las acusaciones que vertió en su día un Wynton Marsalis de 21 años que ya apuntaba maneras de purista. Al parecer, en una entrevista a Jazz Times en 1983 (el año de Star People), Marsalis había dicho esto:
"Miles nunca fue mi ídolo. Me ofende lo que él hace porque es una decepción para toda la escena en general." Y añade: "Creo que Bird se revolvería en su tumba si supiera lo que está ocurriendo".

Ian Carr defiende la postura ecléctica de Miles en estos principios de los 80 así:
"Parece que estos mentores le inculcaron [a Marsalis] la extraña idea de ortodoxia en el jazz, que sostiene que hay una cosa única llamada "jazz verdadero" y que todos los músicos deberían tocar ese estilo. Sin embargo, al igual que todas las grandes artes, el jazz posee (y debe poseer) un pluralismo incorregible."

II.
Opinión de Dizzy acerca del sentimiento de blues en el jazz:
"Por curioso que pueda parecer, yo jamás me consideré como un auténtico intérprete de blues. Charlie Parker era un maestro del blues. Ya sé que el blues representa nuestra cultura musical, la de mi raza, pero yo no soy un verdadero bluesman. Lo que no aguanto es oír a un músico blanco decir: "Yo soy un bluesman" porque si yo, que crecí empapándome de ello no puedo ser uno... entonces."

III.
Nuestro eterno inspirador (también inspirado por el jazz) Julio Cortázar habla en una entrevista a Omar Prego Gadea en el libro "Los cuentos: un juego mágico (La fascinación de las palabras, Alfaguara, 1997) sobre cómo surgió la idea de utilizar a Charlie Parker como inspiración para su personaje Johnny de "El perseguidor":

¿Por qué fue Charlie Parker? Primero porque yo acababa de descubrirlo como músico, había ido comprando sus discos, lo escuchaba con un infinito amor, pero nunca lo conocí personalmente. Me perseguía la idea de ese cuento y al principio con la típica deformación profesional, me dije: "Bueno, el personaje tendría que ser un escritor, un escritor es un tipo problemático". Pero no me decidía porque me parecía aburrido, me parecía un poco tópico tomar un escritor. [...] Tenía que ser un individuo que respondiera a características muy especiales. Es decir, todo eso que sale de "El perseguidor": un individuo que al mismo tiempo tiene una capacidad intuitiva enorme y que es muy ignorante, primario. [...] Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya -creo que era de Charles Delonnay- en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. 

Max Kaminsky, Lester Young, Hot Lips Page, Charlie Parker y Lennie Tristano
(Club Birdland, NYC, 1949)
IV.
Woody Allen sobre las películas de jazz
“De todas las películas sobre Jazz que he visto, y probablemente las haya visto todas, Bird me parece la más digna.” 

V.
Sergio Ariza Lázaro en Diario Crítico termina su artículo La leyenda negra del jazz: Charlie Parker de este modo:
Siempre me ha gustado pensar que lo que aparece en la película que Clint Eastwood le dedicó es verdad, que hubo una despedida con Dizzy en la que Bird le preguntó como lo conseguía, como podía vivir su vida, disfrutar, tener una mujer, etcétera y Dizzy le dijo tampoco importa tanto, yo viviré una larga vida, pero la gente te recordará a ti.


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Y yo creo que Bird sigue ahí, tocando, en los textos de Cortázar, en los discos de vinilo con ruidos de mi discoteca y en ese lado oscuro e inquieto que agita nuestros espíritus.

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* Las fotos de Charlie Parker, Tommy Potter, Miles Davis y Max Roach es de William P. Gottlieb. De las otras no conozco el autor.
  




UNA NOCHE CON...

DELFEAYO MARSALIS, Kalamazoo (Troubadour Jass, 2017)

Otra vez el trombón, ese viento metal que llama la atención de los niños por su tamaño y que normalmente no está entre los solistas, relegado a las big bands a pesar de que es ideal para ejecutar glissandos y que, en las manos adecuadas (es el caso), puede sonar tan potente como sutil, como un payaso que, justo después de provocar risas, es capaz de emocionarnos. Y otra vez Delfeayo Marsalis, que nunca defrauda, con un cuarteto que incluye al gran patriarca, Ellis Marsalis.


El álbum, grabado en abril de 2015 durante la gira de The Last Southern Gentleman en el  Dalton Center Recital Hall de la Western Michigan University, en Kalamazoo, es el primer disco grabado en concierto de Delfeayo Marsalis y contiene un puñado de clásicos que el trombonista tamiza con su particular sentido del blues, empezando por una versión soberbia de "Tin Roof Blues" en la que Marsalis demuestra que incluso en el trombón se puede frasear con rapidez. Creo que es un inicio fantástico para un concierto, desde abajo, un blues lento. El solo de piano de Marsalis padre sigue al de trombón, en la misma línea, haciendo brillar la tristeza del tempo. De fondo, Ralph Peterson elástico pero contenido, acompañando en la justa medida. Termina el solo con unas síncopas tan clásicas que después sólo puede seguir un crescendo que rompe definitivamente en el solo de bajo (Reginald Veal). Si uno empieza un concierto ahí, el segundo tema es siempre como un estallido, como un nuevo comienzo. El tema que rompe es "Autumn Leaves", un estándar infalible. La sección rítmica destaca por encima de todo, con un juego polirrítmico contagioso.

Padre e hijo 

El concierto continúa con "My Funny Valentine", que se convierte en una competición entre el piano, como solista, el trombón y la sección rítmica, una competición por hacer más delicada la pieza, que suena redonda y pasa como un instante. Sorprende justo después el sentido del humor (justicado) al traer aquí el blues que servía de sintonía a Barrio Sésamo, esa serie que marcó tantas infancias. "Sesame Street Theme" suena a blues callejero de Nueva Orleáns, a banda, y nos muestra el sentido del blues en los dedos de Ellis Marsalis, sincopado y veloz cuando es necesario, expresivo y auténtico. Toda una lección de cómo se toca jazz.

Siguen, por no parecer exhaustivo, el tema "If I Were a Bell" (que siempre me devuelve mis primeros recuerdos de Miles Davis), la balada "Secret Love Affair" y una versión de "It Don't Mean a Thing (If It Ain't Got That Swing") elegante y rítmicamente adictiva. Justo después, Delfeayo invita al escenario a dos estudiantes de la universidad (el vocalista Christian O'Neill Diaz y el baterista Madison George) para improvisar juntos un blues clásico ("Blue Kalamazoo"). Tras este momento especial en el que los Marsalis parecen derramar positividad para incentivar a los estudiantes, el concierto termina de una manera nostálgica con una mágica y onírica versión de "Do You Know What It Means To Miss New Orleans" a dúo piano/trombón, donde el padre da una lección de lo que es el piano en el jazz y el hijo nos sorprende con una sordina wah-wah que aporta una melancolía a su solo que arranca los aplausos del público.


Casi todos standards de sobra conocidos pero llevados con una personalidad abrumadora, con esos fraseos sentidos o vertiginosos de Delfeayo Marsalis, con un sentimiento que suena a Nueva Orleáns y una elegancia estilística encomiable que los hace parecer nuevos, esa magia del jazz.

En el fondo, Kalamazoo (An Evening With...) es sólo un momento en el tiempo, capturado en audio digital pero, al menos, podemos hacernos la ilusión de haber escuchado a Delfeayo Marsalis en concierto y la experiencia es... bestial.

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* Web oficial: www.dmarsalis.com