ARRIESGADO ECLECTICISMO

Beekman Vol. 02 (Ropeadope Records, 2016)

Hace un año, nos sorprendió el primer disco de Beekman, un combo formado en Nueva York con músicos de varias nacionalidades. Andaban presentando Beekman Vol. 1 (editado en Chile por Discos Pendiente) un repertorio original y ecléctico donde la experimentación y la interacción entre sus miembros era continua, un festival interminable de sonidos e ideas que  fluía con una naturalidad sorprendente. Ahora nos acaba de llegar Beekman Vol. 02, publicado por la discográfica neoyorquina Ropeadope Records, la misma que ha publicado a Christian Scott, Grant Green Jr. o Christian McBride.

Nacido en 2012 en Brooklyn, el cuarteto está formado por el saxofonista Kyle Nasser (que obtuvo muy buenas críticas con su disco de debut como líder, Restive Soul), el experimentado pianista gallego Yago Vázquez (que forma parte tambien del trío Stream y que debutó en 2011 como líder con Chorale), más dos chilenos: el bajista Pablo Menares (ha tocado con Arturo O’Farrill, Randy Brecker, Greg Osby, Melissa Aldana, Claudia Acuña...) y Rodrigo Recabarren (miembro de varias formaciones en activo y sideman de Chris Potter, Kenny Barron, Melissa Aldana, entre otros).

Como en casi todos los discos de jazz, el equilibrio entre las distintas personalidades de los músicos y el trabajo en equipo es fundamental. Aquí, esta mezcla aporta una rica diversidad que se traduce en un jazz muy difícil de etiquetar, donde el oyente puede (debe) dejarse sorprender por unas partituras cambiantes, que evolucionan a lo largo de los temas sin contemplación, mostrándonos desde experimentos y acrobacias rítmicas acometidas con pulso firme y templado hasta momentos líricos e íntimos (recomendable "En otro lugar", con un Nasser clásico y sólido). Beekman es un sistema de fuerzas en el que se da un equilibrio tenso, principalmente entre los instrumentos armónicos, creando un tira y afloja entre la ruda matemática del saxo (Nasser maneja con rebeldía el tenor y el soprano) y la expresividad sincopada del piano (a veces, Rhodes) de Vázquez. Sorprende el peso de la sección rítmica y la diversidad colorista que logran en algunos temas.

Beekman
Beekman Vol. 02 es un disco exigente, que obliga al oyente a prestar un extra de atención y a mostrar cierta cultura musical, un disco no apto para principiantes ni neófitos, atractivo desde el punto de vista de lo inusual, aunque gustará también a los fanáticos del jazz mainstream. Sus temas, eclécticos y heterogéneos, son fruto del talento compositor de sus distintos miembros (por separado) y conforman un álbum ambicioso y cambiante, con momentos de gran inspiración, momentos de serenidad y momentos de gran tensión, como los últimos (y viscerales) minutos de "Moved by Clouds". 

Sin embargo, queda patente que esta filosofía inquieta es también aplicable también a los tempi lentos, donde el cuarteto sigue manifestando su jazz inconformista con igual éxito, como en "Something Unsettled" o en la bellísima coda del álbum que es "Farewell", que es como un bálsamo lenitivo tras las píldoras de energía que han ido cayendo durante la escucha. Beekman vuelven a sorprender.

El tema del vídeo es "Veredict's Out". Ojo al intro, que en el álbum aparece como un tema separado. Como dicen en la página web de Ropeadope Records, "One must hear to understand".

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* Web oficial: http://beekmanmusic.com 


 

ACORDES Y DESACUERDOS (XXI)

I COULD WRITE A BOOK

Acordes en la ficción literaria. En ocasiones el jazz aparece en la ficción (sea cine, literatura o teatro) y, a veces, con la única intención de crear un escenario con la ayuda de una banda sonora que ya existe en nuestra mente. No negaré que me gusta el recurso. En ocasiones, es sólo un combo sonando al fondo de la escena mientras los protagonistas complican su vida con diálogos rebuscados; otras veces, es un filósofo intentando la difícil tarea de explicar el jazz; otras... Simplemente, se agradece que la música que eleva la escena al nivel de Cine sea el jazz y no los repetitivos recursos de Hans Zimmer. Que ustedes lo discutan.



I.
Encontramos este texto en el relato "El mejor perfume de una mujer" de Alicia Giménez Bartlett:
Un tipo a su lado decía en ese momento: "La vida es como el jazz". Comprendió que la noche está llena de filósofos. [...] ¿Se había impresionado la chica con la frase? [...] La vida es como el jazz, decía, mira, oye, como el jazz. Pero no pasó de ahí. Llevaba un kilo de razón aquel tipo tan ocurrente de la pelirroja. Como el jazz: brillante a ráfagas, ritmada o dispersa según la ocasión, reiterativa, discordante, monótona pero renovada, música desdramatizada, con momentos culminantes, solos nítidos, mucho ruido de fondo, improvisaciones, baladas tristes y saxos dolientes, pianísimos mágicos y finales brutales, inesperados. 

II.
Michael Ondaatje reconstruye la turbulenta (y poco datada biográficamente) vida de Buddy Bolden en Coming Through Slaughter (El blues de Buddy Bolden en España) y lo hace en breves capítulos que son como instantáneas desordenadas, narrando con tanta poesía que juega con el lector a Verdad o Mentira. ¿Ficción? Quizás lo más conmovedor de Buddy Bolden sea esa ausencia de datos constatados sobre su vida, eso de que todo en él es leyenda.
El hombre A disparó sobre el hombre B, y el pianista, Ferdinand le Menthe, se apartó justo a tiempo y se esfumó antes de que se oyera el primer grito. Al advertir lo ocurrido, Bolden se puso a tocar algo más rápido para distraer al público, y casi lo había conseguido cuando llegó la policía. El rag del tigre. (pág. 52)



III.
En la novela corta Fútbol... Jazz-Band publicada por López de Haro en 1924, el autor contrapone el jazz a las costumbres españolas como un elemento extraño y desestabilizador que se ha puesto de moda. La escena catalizadora transcurre durante una cena en una grill-room (sic) en Sevilla cuando los protagonistas salen a bailar. Se puede leer cómo se entendía el jazz en España en los años 20 desde ciertos sectores de la sociedad biempensante:
Los jazz-band metían ruido, un ruido cafre, caníbal, ritmado brutalmente. Había entre ellos uno sentado ante un bombo en el que se insertaban unas tabletas, unos platillos, unos hierros, unas cajas, un klaxon, un pandero de húngaros, unos cascabeles, una cuerna de caza, unos calderos de cobre, unos cencerros... El tío aquel, mediante palillos, mazos y pedales, hacía sonar su terogénea batería furiosamente. Otro, con una flauta de pistón, modulaba una cosa entre silbido y aullido; y por si era poco, el individuo del violín andaba entre la gente lanzando graznidos y haciendo piruetas mientras manejaba el arco como un serrucho.

IV.
El gran Nat Hentoff no es sólo uno de los más reputados críticos de jazz. Fuera del jazz, es un periodista de fuertes convicciones y un activista por los derechos civiles. Entre medias, también es un autor de novela negra. En su libro Blues para Charlie Darwin (1982) describe así el ambiente en un club de jazz: 
Green había esperado encontrar el habitual swing suave del piano y el contrabajo acompañando a la cantante delgada de ojos abstraídos y voz ronca cuya entonación, íntima, a Green siempre se la ponía dura, a pesar de saber lo que era la chica; o tal vez, ¿por qué no?, precisamente por saber lo que era. Sin embargo, esa noche Green oyó, a media manzana de distancia del local de Connie, los acentos duros, ásperos y clamorosos de un saxo tenor. Éste lanzaba arpegios ascendentes y descendentes no del todo en armonía con los acordes del acompañamiento, y para cuando Green estuvo ya junto a la puerta, el saxo comenzó a destrozar la melodía de tal modo que el detectiva ya no supo qué melodía estaba interpretando.

V.
Sigamos con la misma novela y con un desacuerdo. Hace unos días hablábamos de la ventaja de la ficción como método para contar la realidad. No sabemos si Hentoff usa aquí los personajes para expresar sus propias opiniones o es, simple y llanamente, ficción. Juzguen ustedes:
-Sam -preguntó Green-. ¿Tommy Flannagan sigue tocando en Bradley's?
-Sólo dos noches más -dijo McKibbon encendiendo su pipa-. Y tienen un bajo fenomenal, se llama George Mraz, es checo, ¿te imaginas?
-Al que echo de menos es a Scott LaFaro. ¿Le habías oído tocar?
-Tenía una buena técnica, pero le faltaba alma -dijo McKibbon rascándose la nariz-. En cambio, ese Mraz tiene las dos cosas.

¿Acorde o desacuerdo?


Un libro de jazz

SIETE PAISAJES AUTOBIOGRÁFICOS

KIN GARCÍA TRÍO, Xingra Coma a Area (2016)

Desde que conocimos al contrabajista Kin García en el memorable O lobo morde a man (Audia, 2005) nos dimos cuenta de que estábamos ante un jazzman inquieto y original. Su predilección por el trío, con todo el riesgo y el placer que conlleva, le ha permitido evolucionar y crecer como compositor, sublimando su concepto del jazz hasta dar con este Xingra Coma a Area, que es un producto mestizo, donde el jazz sobrevuela unas composiciones delicadas, especulativas e íntimas, más cerca de la música clásica o de raíz que del swing.

El contrabajo sigue siendo uno de mis instrumetnos favoritos. Su sonoridad y su poder a la hora de sostener la estructura rítmica del grupo le dan una personalidad especial. Es difícil tocarlo con la serenidad de evitar los efectismos y convertirlo casi en un instrumento lírico. Dueño del ritmo, el contrabajo de Kin García es capaz de detener el tiempo con una madurez impresionante. Tiene momentos en que casi olvidamos que estamos ante un disco de jazz, pero el sentimiento reaparece por momentos. Su sonoridad es bellísima, como los temas, cuyas historias personales son como paisajes de una memoria ajena que, sin embargo, nos contagia sensaciones y sentimientos.


Queda patente que como compositor (y músico) Kin García da más importancia a la introspección y a las sensaciones que al canon, lo que produce un sonido sublime en el que se entrecruzan muchas influencias.

Con el pianista Jacobo de Miguel como protagonista armónico en las composiciones y el sostén del baterista Noli Torres, Kin García desarrolla con exquisitez lo que llama en su web European Jazz Concept, una amalgama de sonidos apenas sugeridos, entre los que podemos intuir una cierta adoración por la estética del trío de Bill Evans (en la época de Marc Johnson) y también por los pianistas que le han sucedido en esa búsqueda, así como por ese camino apartado (aunque paralelo) de muchos músicos gallegos influidos por la world music, el folk autóctono y otras musas ajenas a la música negra.

Un ejemplo:


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* Web de Kin García: kingarcia.wordpress.com


http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

JAZZOLONTIA 2016

Jazz, cine, entrada libre... y libros

Como todos los años, llega el Festival de Jazz Internacional de Gibraleón JazzOlontia, esta vez en su edición número 11, casi nada, teniendo en cuenta que es un proyecto movido por una asociación que promueve el jazz con nada menos que entada libre en sus conciertos. Como viene siendo tradicional (esta es la parte que más me emociona de la presente edición) en el acto literario del último día estaré presentando mi libro de relatos Noche de jazz, que tan buena acogida ha tenido en otros festivales. Será el día 11 de septiembre a partir de las 20 horas.




La agenda de conciertos de este año está muy bien escogida y reúne a 4 combos en 2 días, con músicos que ofrecerán una visión moderna del jazz a la vez que fuertemente influenciada por la tradición, como es el caso de Daniel Cano (de quien ya hablamos en el blog a propósito de su disco Don't Touch The Blue), por su visión moderna y clásica al tiempo del hardbop, que tocará el 9 de septiembre con su quinteto.


Esa misma noche subirá también al escenario el jovencísimo cuarteto del saxofonista alto portugués Ricardo Toscano, descendiente musical de Ornette Coleman.



El día 10 podremos comparar la estética a caballo entre el jazz rock y el jazz suave de Amable Rodríguez Trío, que presentará su primer disco: Rapalcuarto, con el souljazz y el funk de los madrileños Watch Out, que presentan su Funkstitution.



El domingo 11 a las 20 horas presentaré mi libro Noche de jazz, en lo que intentaré que sea algo más parecido a una charla sobre jazz que a una presentación seria, formal y monologada.

Después, el festival se cerrará con una sesión de cine-forum en la que se proyectará un largomentraje sobre la vida de James Brown.





El lugar, un antiguo convento reconvertido en centro cultural en Gibraleón (Huelva). Ver localización en este enlace. Nos vemos allí.



UN LIBRO DE JAZZ

"Noche de jazz", relatos sobre el swingueante latir de la vida

Comenzamos promocionando el libro Noche de jazz en el Festival de Jazz de Mazagón en abril para después pasar por librerías y ferias del libro. Agradecemos el calor recibido y anunciamos que la siguiente presentación será en el Festival JazzOlontia el 11 de septiembre). Quedan pendientes de agenda eventos en Málaga, Sevilla y Madrid, que se anunciarán a tiempo. Gracias por preguntar e insistir.

Mientras, continúan llegando las reseñas y los comentarios de lectores y aficionados a la música de Nueva Orleáns. ¿Qué decir? Gracias. ¿Aún no conocen el libro? Atrévanse a "leer" jazz.


La habitación del jazz (lahabitaciondeljazz.blogspot.com.es)





Apolo y Baco (www.apoloybaco.com)

Impronta de jazz
(http://impronta-de-jazz.blogspot.com)
Escritores.org (www.escritores.org)


Entrevistas en radio destacadas:


Reseñas:



El libro, como no puede ser de otra manera, se puede conseguir desde estos enlaces (libre de gastos de envío (oferta sólo para España: consultar otros destinos).



188 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9

ESPAÑA: 15€ (gastos de envío gratis)




AMÉRICA: 15€ (+7,95€ DE gastos de envío)








También disponible en:



BORN TO BE BLUE

De cuando Chet Baker aprendió a llorar... de verdad

Chet hizo del canto lacónico de su trompeta y de su voz un himno. Supo utilizar sus limitaciones técnicas en beneficio propio. Esto le obligaba a jugar con el tempo lento, con notas largas y dispersas, a cantar canciones bellas y lastimeras, elementos que lo convirtieron en baluarte del West Coast, al tiempo que le proporcionaron un aura de misticismo. Esto, unido a su look juvenil (le llamaron el James Dean del jazz) le otorgó una imagen de romántico perdedor que lo aupó a la fama, incluso entre aquellos (especialmente mujeres) a quienes no interesaba el jazz. Tuvo que esforzarse poco (técnica y personalmente) para alcanzar esta fama y sólo cuando las cosas se le torcieron tuvo que darlo todo, esfuerzo y sufrimiento, para volver.
Todo se le dio tan fácil en la música. Creo que ese fue uno de los problemas. (Dick Bock, fundador de Pacific Jazz Records, interpretado en la película por Callun Rennie)
Born To Be Blue (Rober Budreau, 2015) narra este episodio de la vida de Chet Baker, cuando a causa de una deuda por drogas, unos matones de San Francisco le parten la mandíbula y los dientes delanteros. Esto, para un trompetista, significa perder la capacidad para soplar. Con prótesis o sin ellas, todos sus años de aprendizaje se perdieron con aquella brutal paliza. Esta película habla de autodestrucción y de sordidez, pero también de volver a empezar.


Algo a advertir es que no suena la música de Chet en la película. Como buena ficción, todo está reconstruido: Ethan Hawke canta (parafraseando el título) y el canadiense Kevin Turcotte (sideman de Don Byron, Tito Puente, Dave Holland...) pone sonido a la trompeta de Chet/Ethan mientras que el piano y los arreglos jazzísticos de la banda sonora corren a cargo de David Braid. El resultado es aceptable y el espíritu de Chet parece sobrevolar la cinta con su laconismo y su sentimiento. Parte de esa reconstrucción es también Jane Azuka, personaje ficticio interpretado por una convincente Carmen Ejogo y que no es sino un epítome, una síntesis de las mujeres que estuvieron con Chet, que le amaron, que le cuidaron, que lo intentaron... Es aquí quizás donde más se nota la libertad que se ha tomado el guionista y director para hacer la película: Chet estaba casado con Carol Baker en aquel año (al no poder tocar, tuvo que pedir una asistencia social de 320 dólares al mes más 130 en cupones para alimentos) y a quien más se parece el personaje de Jane es a Ruth Young, amante inició su relación con Chet en 1973.


Pero Ethan Hawke como Chet también es un invento. La melancolía de sus ojos juega a su favor, nos encanta ese gesto tan Chet de pasarle dos dedos por los labios después de tocar y el papel no exigía más que algo de tristeza y saber llorar. La documentada fotografía pone lo demás: encuadres de las actuaciones en Birdland (Chet Baker and his trumpet, siempre me ha gustado la ingenuidad de estos eslóganes), la reconstrucción en cine de fotografías de William Claxton y, mucho más reales, los escenarios de San Francisco, los estudios de Pacific Jazz...

Kevin Hanchard
es Dizzy en el film
La película comienza con el debut de Chet Baker en Birdland en 1954, con la presencia de Miles Davis y Dizzy Gillespie. [Ojo: lo que sigue podría considerarse spoiler] La historia de Chet es la historia de su musa en la película, su lucha contra la adicción (que le hace feliz y le permite encontrar las notas) y contra la prótesis, se centra en "Summertime", uno de sus himnos y aquí su caballo de batalla. Sólo cuando domina "Summertime" consigue, gracias a la ayuda de Dizzy Gillespie, volver a Birdland a actuar, a recuperar su carrera. El climax es, por supuesto, "My Funny Valentine". Esto ocurrió realmente en 1973. De su posterior exilio en Europa sólo se sugieren pistas en la película, aunque todos sabemos que Europa no fue un paraíso para Chet a pesar de que dejó muchas y muy buenas grabaciones allí, además de esa eterna y clásica discusión acerca de si uno prefiere el sonido de Chet con dientes o sin ellos.

Entretenida ficción, en resumen de la vida de Chet, con demasiadas dosis de ficción. Si prefieren un documental, vean el de Weber (les impresionará por su crudeza) y si quien profundizar en la vida real de Chet lean a James Gavin. Esto es sólo cine... con jazz.

MÁS BOP, POR FAVOR

SEBASTIÁN CHAMES, Pick Up The Phone (Youkali, 2015)
Hacía tiempo que necesitaba un disco así, con un sonido hardbop limpio y un ritmo persuasivo que me devolviera la fe en que se sigue haciendo buen jazz. Sebastián Chames, pianista argentino que se formó en clásica en España y en jazz en Nueva York (con maestros como Fred Hersch, Barry Harris, Rodney Kendrick...), nos propone en su tercer álbum un jazz imaginativo, contagioso, muy neoyorquino, moderno pero fuertemente anclado en la tradición.
Chames es un líder de mente sana y comparte protagonismo con los instrumentos de viento, por lo que un oyente despistado podría no darse cuenta de que estamos ante el disco de un pianista sino en el de un quinteto; eso sí, un quinteto muy bien ajustado y donde todos sus elementos, especialemente en las homofonías propias del hardbop, funcionan como piezas de precisa relojería. Quizás el disco contenga momentos en que tanta eficacia y tanta compenetración transmita una sensación más mecánica que emocional, pero no deja de ser un efecto del virtuosismo de los músicos y de su homogeneidad.

Cuenta en el quinteto con Jeremy Pelt (colorido, elocuente, cinco veces trompetista del año en Downbeat), el tenor Greg Hardy (muy buen sideman, atemporal), y una efectiva sección rítmica que da solidez a los temas: el contrabajista Gerarld Cannon y el baterista Willie Jones III (Cedar Walton Quintet).

Con músicos con este sentido del ritmo, el álbum fluye por sí solo a través de ocho composiciones originales de Chames y un estándar, partituras que buscan nuevos caminos a través del hardbop. Por destacar alguna, el tema 1 ("Pianist At The Park"), que abandera el disco y que contiene unos buenos solos (piano y trompeta, con una gran intervención de Jeremy Pelt) y una deliciosa y sutil coda que avisa: éste no es un disco de estridencias ni fuegos artificiales sino una propuesta elegante y honrada; "Nice Bop", de inspiración monkiana y un desarrollo interesante y gozoso de escuchar, o el tema que cierra el álbum (la canción sueca "Dear Old Stockholm", que Miles y Coltrane convirtieron en un estándar de jazz) tocado aquí a formato de trío y donde por fin podemos notar la solidez y personalidad de este pianista argentino cuando tiene que llevar todo el peso del tema. Siempre he dicho que el trío de piano es la formación ideal de jazz (como el quinteto lo es del hardbop).



** Foto 1: Bogui Jazz ( @boguijazzoficial )
*** Foto 2: Esther Cidoncha, 2015.
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