UN JAZZ ORGÁNICO

ALBERT CARRIQUE, Aortae (Underpool, 2019)

Hay en el jazz contemporáneo una estimulante tendencia a mezclar géneros y estéticas. Esto, que a veces despista a los aficionados, forma parte de la esencia liberal del jazz.  En su recién publicado disco Aortae, el saxofonista Albert Carrique nos propone un repertorio basado en el hardbop, pero en una versión más orgánica, con normas más relajadas, del hardbop en un contexto contemporáneo donde cabe desde el chorus más festivo hasta la improvisación y el free jazz.

El catalán Albert Carrique procede del Taller de Músics y de la ESMuC. Llega hasta este disco como líder tras pasar por muchos y muy diferentes proyectos, algunos potentes y originales como el homenaje The Django Orchestra o interesantes campos de exploración como Eos Quartet o sonidos más complejos como la Punch Big Band, ejemplo este último quizás algo estereotipado si lo comparamos con la necesidad de dar pasos adelante que suponen las 8 composiciones de este Aortae

El álbum comienza con un chorus fácil de tararear y el acompañamiento del scat. Es un engaño. Cuando llega el solo de piano (Toni Saigi), intenso, rompedor, y el saxo de Carrique expresa su personalidad, vemos que estamos ante algo distinto. Aquí es difícil separar al compositor del músico, pero explorando lo compuesto, encontramos otros temas del mismo corte: post-bop muy libre, con unos buenos coros de los vientos, temas juguetones, muy al estilo de Mingus, como "Horus" (ver vídeo más abajo) o "Head Out". "Palo Alto", por ejemplo, contiene un ritmo hipnótico, también muy mingusiano, que va deformándose, deshaciéndose en disonancias hasta convertirse en free para, finalmente, terminar (como un buen tema de hardbop) en el chorus inicial. 

Temas más lentos hay pocos. "Aortae" es una balada inteligentemente deconstruida, con un saxo especulativo en el que Carrique mantiene la tensión de una manera portentosa, encontrando un contrapunto muy moderno en el piano y en la delicada voz de Núria Balaguer, quien suena en algunos temas como un instrumento más, especialmente cuando hace scat, ya que cuando canta letras ("Lluna Blanca"), nos sustrae un poco del universo del jazz arrastrándonos a un escenario más localista, más poético, más folk, pero menos jazzístico. La sensación es que las composiciones usan la voz (cuando la usan) como parte del sexteto como si, en lugar de ser un quinteto con cantante, fuera un sexteto clásico de hardbop con tres vientos: saxo, trompeta ¡y voz! Y el resultado es muy bueno. 


Quizás pueda resultar un tanto desconcertante la alternancia de unos temas más "fáciles de escuchar" (solo en apariencia) de otros más libres donde predomina lo atonal, la libertad, pero el conjunto resulta un interesante ejercicio de expresión y un buen primer álbum como líder, si bien es cierto que, a pesar de su juventud, Albert Carrique es un músico con una dilatada trayectoria como acompañante y como educador, y aquí demuestra una visión original como compositor, con guiños a la tradición (qué bueno "Quuer Blues"), sin complejos pero también sin amarres. 


Los músicos del sexteto son: Albert Carrique (saxo alto y soprano), Òscar Latorre (trompeta, fliscorno), Núria Balaguer (voz), Toni Saigi (piano), Martín Leiton (contrabajo) y Roger Gutiérrez (batería). 


Por cierto, el diseño de la portada (de Laura Carrique y Pepon Meneses) es una aorta de ratón vista en el microscopio.

DISONANCIAS

CUARTETO FUERTE (Titanical Records, 2019)

Grabado en Sevilla por músicos radicados en Sevilla, este proyecto nace empujado por el bajista Juan Miguel Martín (Nat 'n Jazz Quartet, Malheur), con sus composiciones y con otros tres músicos de nivel y sólida experiencia en el jazz moderno: el guitarrista Álvaro Vieito (Boreas, Vieito-Delgado Dúo), el clarinetista Gustavo Domínguez (Proyecto Ocnos) y uno de mis bateristas favoritos, Nacho Megina. Jazz moderno, free jazz con influencias del cine y del rock, es una propuesta original que desborda cualquier expectativa... desde su carnívora portada hasta el último tema.

Todo ello arreglado para un original cuarteto liderado por ¡guitarra y clarinete bajo!, dos solistas cuya tímbrica se mezcla con el sonido del bajo eléctrico con resultados inesperados, experimentos que nos remiten, inexorablemente, a aquellos tiempos en que el jazz se libró por fin de los estereotipos y decidió ser cualquier cosa, como definió Miles Davis su tema de 45 minutos en el concierto de la Isla de Wight. Porque a pesar de su modernidad, de su sonido original (se pueden percibir influencias pero todo suena a algo nuevo), hay cierto sabor a aventura en los temas de Cuarteto Fuerte, ese sabor de los pioneros, el que percibíamos con la evolución de Max Roach hacia lo salvaje, o de Art Blakey, Sun Ra, Wayne Shorter, un regusto al jazz de los 70 con el sonido de unos estudios de 2019. 

Domínguez, Martín, Megina y Vieito
Imposible reseñar cada influencia que se puede escuchar en este disco. Desde pasajes de rock ("Sofocos" o la intro de "Hola, ¿qué tal estás?") mezclados con la libertad creativa, armonías de instrumentos reales que recuerdan a la música electrónica ("Spectrum"), y el lenguaje del clarinete bajo, que pensamos que podría sonar de conservatorio pero que, en cambio, aporta un toque estimulante (o introspectivo, como en "El trabajo"), incluso innovador, aportando su timbre en un paseo entre mundos, cercano a las travesuras de John Zorn.

Zorn es una de las influencias manifiestas del bajista y compositor, pero debo admitir que este cuarteto va mucho más allá del ansia rupturista de Zorn. Cuarteto Fuerte parece tener más una voluntad de construir que de destruir, una voluntad basada en lo atonal y las disonancias, es cierto, pero sus temas tienen sentido. ¿Free con sentido? Hay estructura, tema, coda... y cierta épica en algunos solos, lo que demuestra la intención de gustar, no de disgustar. Y ahí es donde creo que se diferencian de Zorn, a quien espero no nombrar más en este blog.

Tanta influencia (vertebrada hacia lo personal) convierte el disco de Cuarteto Fuerte en una especie de disco homenaje, una declaración de filias por parte del Juan Miguel Martín compositor, un disco de cultura musical.


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* Más info: https://www.facebook.com/CuartetoFuerte/


DELICADO HERBIE HANCOCK ACÚSTICO

HERBIE HANCOCK, Speak Like a Child (Blue Note, 1968)

Mientras la aguja del giradiscos desgrana tema tras tema, sigo redescubriendo uno de los mejores álbumes de Herbie Hancock, Speak Like a Child (Blue Note, 1968), ese disco enorme, redondo, que ha quedado para la Historia del Jazz como un delicado eslabón entre su glorioso Maiden Voyage (1965) y el reivindicativo The Prisoner (1969), donde ya introducía el piano eléctrico como arma de innovación, ambos con Blue Note Records.

¿Por qué hablar hoy de una "novedad" de 1968? Porque he vuelto a escuchar este disco después de muchos años en vinilo. Yo lo tenía en cassette y ahora, editado en la colección de Planeta DeAgostini con lo mejor de lo mejor de Blue Note, puedo percibir ese placer de escucharlo en vinilo, de apreciarlo con su carpeta original doble, vinilo de 180 gramos, las notas... es una delicia.


Cuando grabó Speak Like a Child, Hancock ya formaba parte de el segundo gran quinteto de Miles Davis (el que el trompetista había formado con Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams), incluso había pasado del piano acústico al Fender Rhodes por exigencias de Miles (se cuenta la anécdota en el documental Miles Electric: A Different Kind of Blue) pero aquí reúne un sexteto acústico, una formación (casi típica) del hardbop donde cambia saxofones por flautas para jugar con texturas inéditas, una formación que nos permite escuchar a un pianista (y, sobre todo, a un compositor y arreglista) más allá del hardbop comercial, un artista joven con una sensibilidad extrema, capaz de ser lírico sin abandonar el ritmo en ningún momento, arriesgando sin utilizar pólvora.

Speak Like a Child y Miles in The Sky fueron lanzados casi a la par y, aunque el álbum de Hancock contenía tres temas originalmente escritos para Miles: "The Sorcerer", que dio título a un álbum, "Riot", que apareción en Nefertiti ese mismo año, y "Speak Like a Child", que Miles nunca llegó a tocar, aquí aparecen arreglados con una estética diferente, con una instrumentación claramente distinta pero, sobre todo, marcando una diferencia absoluta en el uso del color y las texturas, más interesado en las armonías que en los acordes, como se explica en las notas del disco (en declaraciones recogidas por Nat Hentoff). Hay otros tres temas en el disco, uno firmado por Ron Carter ("First Trip") y dos nuevos temas de Hancock cuyos títulos hablan también de la niñez, convirtiendo (quizás) el repertorio en un álbum conceptual. Hablo de "Goodbye to Childhood" y "Toys".



La formación a la que me he referido es una sección de viento donde están Thad Jones (fliscorno), Jerry Dodgion (flauta) y Peter Phillips (trombón bajo), mientras que, en la sección rítmica, podemos escuchar a Ron Carter en el contrabajo y a Mickey Rouker en la batería. Además, el disco tiene, como era de esperar, al perfeccionista Rudy van Gelder como ingeniero de sonido (las sesiones se grabaron en su estudio de Englewood Cliffs, en New Jersey, el 6 y el 9 de marzo de 1968) y la firma de Nat Hentoff en las notas del disco. 

Hace unas semanas hablamos de esta colección de vinilos de Planeta DeAgostini que está en los kioskos (y por suscripción) y que resulta un gustazo no solo para el oído sino para el tacto y la vista, con las carpetas originales, tal como se vendieron en su década, y un cuidado vinilo de 180 gramos, una garantía de sonido y durabilidad que solo los que hemos sentido y cuidado de nuestros vinilos (cuando eran el formato más vendido) podemos apreciar.

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* Más info: http://bit.ly/2YQmt9a


EL FANTASMA DE MILES DAVIS

MILES DAVIS, Rubberband (Rhino, 2019)

Este mes el mundo del jazz se ha visto sorprendido por la noticia de que Rhino, a través de Warner Records, lanzaba al mercado un álbum inédito de Miles Davis. Los que escuchamos a Miles sabemos (o imaginamos, pero con cierta lógica) que debe haber mucho, mucho material de Miles grabado y desechado a lo largo de su carrera. Sin embargo, no deja de ser una grata noticia, especialmente en un mercado como es el de las discográficas, cada vez más temeroso a publicar. Porque la historia del lanzamiento de este "flamante" Rubberband viene de largo...

La historia comienza en 1985, cuando Miles, tras abandonar Columbia Records, donde había grabado durante 30 años, para pasarse a Warner, graba unas sesiones en los estudios Me Ray de Los Ángeles con los productores Randy Hall y Zane Giles, para luego abandonar este trabajo y archivar las cintas. ¿Por qué Miles comenzó su carrera con Warner dejando estos temas abandonados para irse a Nueva York a grabar con Tommy Lipuma y Marcus Miller, con nuevos temas y, prácticamente, el mismo enfoque?

El EP de 2018
El tema "Rubberband", que da título a este álbum póstumo, apareció en la antología Perfect Way (Warner, 2010), como rarity, un tema desechado que suponía una curiosidad. En 2011, Warner France lanzó otra antología de 5 discos que incluía dos temas de estas sesiones ("Rubberband" y "See I See"). Pasarían años hasta que en 2017, los productores Randy Hall, Zane Giles y Vince Wilburn Jr. recuperaran las cintas de 1985 y remezclaran el tema "Rubberband" en distntas versiones que aparecieron en 2018 en un EP con cinco versiones.

En la línea de los misterios y caprichos habituales de Miles Davis, el príncipe de las tinieblas aficionado a la controversia, este álbum recién terminado por los productores originales, complacerá a los amantes de Tutu, porque tiene un sonido muy similar (trátese como un experimento), con destellos funky, efectos electrónicos ("Maze"), intervenciones de cantantes soul (aquí Ledidi, Medina Johnson y Lala Hathaway) y ese sonido limpio, económico, de la sordina de Miles en sus discos postreros que tantos adeptos y detractores ganó. "So Emotional", por ejemplo, podría ser calificada como una balada vocal con un trompetista invitado. Así de tacaño era Miles con la trompeta en los 80 (y también en directo).


Como curiosidades o experimentos de ese Miles que siempre buscaba un camino nuevo, encontramos toques tropicales, como la percusión de "Paradise" y mucho rhythm and blues y soul al estilo de aquellos 80, acercándose a temas vocales de Prince y Chaka Khan, con quienes había querido trabajar Miles y cuya colaboración se frustró por temas de fechas y contratos (aunque hay curiosidades grabadas, como hablamos en su día, cuando Prince falleció). "Give It Up" es un tema funk muy, muy Prince. Pero quizás el mayor interés (si no el único) de Rubberband sea lo que significa (o debió significar en su momento): el eslabón perdido entre el funk experimental de You're Under Arrest (Columbia, 1985) y el Miles definitivamente electrónico de Tutu (Warner, 1986), el eslabón que explica la última vuelta de tuerca de Miles antes de desaparecer.

Los que amamos la música de Miles, hemos sobrevivido a su pérdida en 1991 alimentándonos a base de nostalgia, reediciones y recopilaciones, pero también de grabaciones no autorizadas de conciertos, programas de televisión, material que, muchas veces, supera en calidad e interés a este fenómeno llamado "álbum perdido"; dicho lo cual, este "nuevo" álbum firmado por el fantasma de Miles Davis no deja de ser una buena noticia, especialmente sabiendo que el primer día de venta ya era número 1 en Amazon...

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* Más info: https://rhino.lnk.to/Rubberband19

MIENTRAS, EN UN CLUB DE NUEVA YORK...

STRANAHAN · ZALESKI · ROSATO, Live at Jazz Standard 
(Capri Records, 2019)

No se me ocurre mejor lugar para grabar un disco en directo que Nueva York. El ambiente es cálido y los clubs pequeños (en su mayoría), lo que produce un cálido interplay entre los espectadores y los músicos. Además, el público suele ser entendido y, en su mayoría, crítico, lo que redunda en un mayor esfuerzo por parte de los músicos. El trío de piano formado por el batería Colin Stranahan, el pianista Glenn Zaleski y Rick Rosato al bajo (se presentan en el disco en este orden), ha elegido el Jazz Standard de Nueva York para grabar su tercer álbum juntos. El nombre del trío, Stranahan / Zaleski / Rosato ya indica claramente un protagonismo compartido. Escuchándolos, se deduce lo mismo: es un organismo vivo que funciona con todas sus partes en una muy buena sincronía.

Pero de los tres, cabría destacar la sofisticación rítmica (y, sobre todo, armónica) del pianista Glenn Zaleski, una joven promesa destacada de la escena neoyorquina que ha tocado en los combos de Ravi Coltrane, Lage Lund, Ari Hoenig... Claro que, si hablamos de ritmo (y estando frente a tres instrumentos de ritmo), habría que destacar el estimulante despliegue de recursos del baterista Colin Stranahan, un músico que lleva grabando desde los 17 años (dicen que fue un niño prodigio) y que ha tocado junto a estrellas como Kurt RosenwinkelFred HerschHerbie Hancock, Wayne Shorter... Si el oyente es capaz de sustraerse al sonido del trío y se concentra únicamente en el trabajo de la batería, escuchará a un músico extraordinario que no solo mantiene el groove todo el tiempo, que no solo permite una cohesión fácil del trío sino que tiene la capacidad de sorprender. Por su parte, el contrabajista Rick Rosato es uno de esos músicos jóvenes que hace de puente entre el jazz clásico y el moderno, un "fabricante de ritmos" que enlaza un sonido tradicional, fácil para el aficionado pero con una personalidad que apunta a lo nuevo.

De izquierda a derecha:
Rick Rosato, Colin Stranahan y Glenn Zaleski
(Foto de Christopher Drukker) 
Entre los tres, ofrecen un concierto de 6 temas entretenido, fácil de escuchar pero que se hace más interesante cuantas más veces se escucha, por lo que es una ventaja tenerlo en disco y no en directo (nunca pensé que escribiría algo así). 

El disco fue grabado en directo en el club Jazz Standard de Nueva York en dos sesiones, los días 7 y 8 de agosto de 2018. Sobre los temas, podríamos decir que es un setlist para descubrir al trío, con cinco composiciones originales (cuatro son de Zaleski y una de Rosato), lo que nos permite apreciar hacia dónde miran estas tres rising stars musicalmente. El tema restante es el standard de Jerome Kern "All The Things You Are". Para no describir tema a tema, podríamos destacar el poderoso riff de contrabajo con el que comienza el álbum, un bajo que se templa para engranar el trío con unos acordes de piano y ritmo, mucho ritmo en todas sus facetas, tanto exploradoras ("Sullivan Place") como baladas. Esta es la manera en que está construido el álbum y el trío, como una poderosa máquina rítmica sin líder


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* Más info: https://www.caprirecords.com

* Web de Zaleski: www.glennzaleski.com

INSTINTO E INTUICIÓN MUSICAL

MARK WINGFIELD & GARY HUSBAND, 
Tor & Vale (Moonjune Records, 2019)

Según el libreto del disco, Mark Wingfield toca aquí la guitarra y los paisajes sonoros (soundscape, se lee). El término no deja lugar a dudas acerca de la intención atmosférica de las composiciones, con la recreación de ambientes musicalmente originales. El pianista Gary Husband aporta la otra mitad de esta sesión de grabación plagada de un impresionismo sonoro que poco tiene que ver con el jazz pero sí con la libertad creativa, una libertad creativa que queda aquí plasmada en temas extensos que el dúo presenta en un doble LP vía Moonjune Records.

Muy lejos de proyectos tan interesantes de Gary Husband como sus dos volúmenes de Dirty and Beautiful (Abstract Logix, 2010 y 2012) y en una línea muy diferente a la de los discos más recientes de Gary Husband, especialmente de la fuerza de Tales From The Dreaming City (Moonjune Records, 2018), guitarrista y pianista se reúnen aquí tocando a dúo y sin percusiones, lo que hace que este Tor & Vale resulte mucho más impresionista, etéreo, intimista si se quiere... y difícil de entender. Para aquellos a quienes gusten los paisajes abstractos, encontrarán en estos temas armonías y melodías en apariencia aleatorias, pero capaces de sugerir sensaciones.


Grabado en España, en los estudios Casa Murada de Banyeres del Penedés y mezclado en Inglaterra en Heron Island Studio, el álbum está lleno de sonidos y referencias a todo tipo de estéticas musicales. Todas las composiciones son de Mark Wingfield con tres excepciones que son improvisaciones en el estudio con resultados (quizás) más interesantes que el resto del álbum por su expresividad en ciertos pasajes y por los cambios y el color de ciertos momentos. Los temas son "Shape of Light", "Silver Sky" (con compases realmente delicados) y el que da título al álbum, "Tor & Vale". En esta sesión de improvisación se entiende mejor el interplay entre los dos músicos, su capacidad para eso que nos gusta tanto del jazz: crear en el momento. 

A este respecto, podemos leer comentarios de Mark Wingfield: "Comenzamos la sesión con las piezas compuestas y las cosas salieron tan bien que, cuando llegamos a las piezas improvisadas, sentimos que no había necesidad de discutir cómo abordarlas". Y las que siguen son palabras de Gary Husband acerca de la improvisación: "Realmente tengo el hábito exasperante de escuchar la instrucción inicial o algún tipo de plan, solo para ignorarla por completo y dejar que el instinto y la intuición se hagan cargo"


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* Web de Gary Husband: www.garyhusband.com

* Web de Mark Wingfield:
 El álbum: markwingfield-moonjune.bandcamp.com/album/tor-vale-hd

JAZZ EN GLORIOSO VINILO

Planeta DeAgostini, Lo mejor de Blue Note en vinilo (2019)

En esta época de sabia nostalgia que vivimos (quizás porque lo actual deja mucho que desear), nada tan fantástico como leer la noticia de que Planeta DeAgostini anuncia una colección de discos de jazz, pero no una cualquiera sino una colección con lo mejor de Blue Note en vinilos de 180 gramos (los que amamos los vinilos sabemos lo que significa 180g), con sus diseños originales (portada, contraportada, etiquetas...), un lujo que ya he tenido el placer de probar y que me devuelve el sabor del primer disco de jazz que compré (otro día contaré cuál fue), sensación que volví a tener cuando reemplacé mi tocadiscos (había muerto diez años antes y lo había enterrado en la buhardilla) por un giradiscos Sony con salida USB que permite lo mismo escuchar los vinilos por los altavoces que conectarlos al PC para grabar música o escucharla en el ordenador (el mío está conectado a unos enormes bafles Pioneer heredados de un equipo que poseí en los 90, aunque haber hay muchos más modelos en el mercado, incluyendo uno en maletín que algunos amigos más mayores que yo tenían en los años 80 (heredados de los 70)

Sean o no de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, estarán de acuerdo conmigo en que nada es igual desde que el vinilo dejó su reinado a los nuevos formatos. Nada como ese placer de poner la aguja sobre el disco, con ese ronroneo previo al primer tema, el sonido peculiar (y nunca igualado) del vinilo... y, sobre todo, ese gustazo de tener en las manos una portada de 12 pulgadas, con su foto en gran formato, su diseño... artes que estandarizaron de alguna manera los genios de Blue Note Reid Miles con sus revolucionarios diseños y Francis Wolff con sus fotografías para las portadas (de ambos hablamos cuando apareció el documental sobre Blue Note).

Interior del fascículo de presentación
Respecto a los fascículos, los que he tenido la oportunidad de ver están llenos de las fotografías de Francis Wolff, quien no solo fundó la discográfica sino que con sus fotos, como todo aficionado al jazz sabe, revolucionó las portadas y conttribuyó a crear ese arte único que es la Fotografía de Jazz. Sus fotos, además, documentan buena parte de la Historia del Jazz al inmortalizar las sesiones de grabación en las que los artistas de Blue Note crearon estos 80 años de buenos discos que ahora se pueden recuperar en glorioso vinilo. De esto hay mucho en los fascículos de la colección de Planeta.


Sobre la colección, he estado viendo que contiene joyas como el Speak No Evil de Wayne ShorterOur Man In Paris, la joya del exiliado Dexter GordonSpeak Like A Child de Herbie Hancock, Genius of Modern Music vol.1, que muestra los inicios del genio  Thelonius Monk o el provocador Let Freedom Ring de Jackie McLean... comenzando por el imprescindible Blue Train de John Coltrane... Vamos, lo mejor de lo mejor de Blue Note, lo esencial. Casi nada.


Así es la taza de la colección
Además, como soy un adicto a las tazas decoradas (tengo Beatles, Star Wars, Astérix...), me he enterado que existe la taza con el logo de Blue Note que ofrecen por suscribirse (hay que usar el código PROMOJAZZ al hacer el pedido en este enlace) y me ha parecido muy oportuno que, entre los regalos de la colección, incluyan algo tan imprescindible (y olvidado) como es un cepillo electrostático para tener los vinilos como el primer día. Qué recuerdos.


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* Toda la info aquí: www.planetadeagostini.es/coleccionismo/jazz-blue-note

NEW ADVENTURES OF KILLER B3

AKIKO / HAMILTON / DECHTER, Equal Time (Capri, 2019)

Hay dos instrumentos que aportan una especial vitalidad al swing. Uno de ellos es el vibráfono; el otro, el órgano. El Hammond B3, llamado a veces Killer B3 y también La Bestia (The Beast), además, tiene ese vibrato que da una emoción única a los solos, añadiendo intensidad en alto grado. Pero para tocar el Hammond hay que tener todo eso (vitalidad, emoción, destreza para sus dos teclados y todos sus pedales) y la organista Akiko Tsuruga lo tiene. Si además, la escuchamos en el trío clásico de órgano, con un guitarrista comprometido con el ritmo como Graham Dechter y una máquina rítmica como es Jeff Hamilton, tenemos jazz al mejor nivel y, por supuesto, el placer está asegurado.

Es un trío compacto. Creo que con esto lo podríamos decir todo, pero un álbum para disfrutar tema a tema, moviendo los pies sin querer y disfrutando de cada momento. ¿Qué pueden esperar de Equal Time? Improvisación y ritmo. El trío de órgano es una formación que no necesita contrabajo y que tiene en la mano izquierda del teclista todo el poder para arrastrar a la banda y elevar el groove. En las manos de Akiko hay temas que fluyen como si llevaran años tocándolos juntos.


Por ejemplo, la versión del "Moment's Notice" de Coltrane suena más compleja si cabe que la original, con ese toque de blues que tiene el Hammond B3, con un empuje enorme pero tan fresca como hace 62 años, cuando apareció, quizás gracias a la velocidad de Hamilton en los platos y la manera en que Dechter lleva la melodía en la guitarra cuando le toca. Podría ser un buen tema para definir el álbum completo.

Pero hay otros temas que justificarían también un listado de elogios importante. Nos paramos a escuchar, por ejemplo, "Osaka Samba", una composición donde la japonesa (natural de Osaka) recurre a influencias ¡brasileñas! con solvencia, con un Hamilton fantástico en las escobillas, un temazo con un ritmo festivo que también tiene la versión de "I Remember You", con una Akiko claramente influenciada por el que fue su maestro, Dr. Lonnie Smith.

En general y aunque el ritmo mande en todo momento, hay un liderazgo evidente del Hammond en todo el disco (desde el blues inicial "Mag's Groove", compuesto por Akiko) y, en consecuencia, de toda la experiencia previa de la organista con Dr. Lonnie Smith y con Lou Donaldson, por citar dos grandes en la carrera de la japonesa. Ritmo, ritmo, ritmo. Sin embargo, deteniendo el tempo (los tiempos lentos también son ritmo), escuchamos la balada "Lion's Gate", donde Dechter modela la melodía con sensibilidad alternándose en una poética conversación con el órgano llena de delicadeza y notas puestas en su sitio exacto, algún retazo de blues y mucha, mucha emoción. El trémolo del Hammond es aquí estremecedor.

El final del álbum es una frenética versión del estándar de Steve Allen "This Could Be the Start of Something Big", donde el trío arma a toda velocidad melodía y ritmo, con solos que se suceden sin intervalo y dejan la sensación de que los músicos llevan más tiempo tocando juntos del que realmente llevan.

Les dejo esta versión en vivo (ligeramente más acelerada que la del disco) de "Moment's Notice". Que ustedes lo disfruten.


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* Web: https://caprirecords.com

BALLADS WITH STRINGS (AND JAZZ TRIO)

PETER ELDRIDGE & KENNY WERNER, Somewhere 
(Rosebud Music, 2019)

Podría sonar antiguo si sugerimos el término jazz a la luz de las velas, pero esa es la primera sensación que fluye de este disco cuando empieza a sonar. Hubo en cierta época olvidada una moda de poner a los crooners delante de grandes orquestas de cuerda en lugar de las, hasta entonces, habituales big bands. Incluso Charlie Parker, desesperado por ingresar dinero para pagarse los vicios, tocó versiones con orquesta de cuerda en las sesiones que dieron lugar a Charlie Parker With Strings, un trabajo denostado en su tiempo y amado ahora. Así es el trabajo que presentan conjuntamente Peter Eldridge y Kenny Werner. A esta orquesta de cuerda se añade un trío de jazz aunque, de igual manera, puede que este dulce maridaje entre swing y cuerdas resulte indigesto para los más radicales vigilantes del jazz moderno pero es, ciertamente, una delicia.

Peter Eldridge
Peter Eldridge es la voz en este proyecto. Un barítono, para ser más concretos. Ganador de un Grammy con las New York Voices, es un reconocido cantautor de jazz con ocho álbumes publicados,  además de pianista y arreglista, y miembro fundador de la orquesta de voces MOSS.

Seis de los once temas del álbum están escritos por Eldridge, música o letra y música, incluyendo una letra para el tema de Ivan Lins "Minds of Their Own". Un repertorio muy elegido donde funde su propia personalidad con la de compositores como Lins, Stephen SondheimJohnny Mandel, porque aunque casi todos los temas son originales (algunos también son de Werner), Eldridge intenta traernos al siglo XXI el romanticismo de aquellas canciones sobrecargadas de violines que sonaban en la radio en las décadas anteriores al jazz moderno. Para ello busca no una sensibilidad moderna sino un sonido intemporal. Quizás lo haya conseguido.

Un proyecto que se presenta como un sueño largamente acariciado tanto por Eldrigde como por Kenny Werner. 

Escuchemos "Autumn In Three", que incluye un solo de piano a cargo de Werner. La orquesta, de 20 músicos, está dirigida por Eugene Friesen.



Aquí escuchamos los arreglos de Kenny Werner, el otro nombre de la portada. De Werner hemos hablado antes en el blog a propósito de proyectos más alejados del jazz tradicional, pero aquí nos ofrece unos arreglos suntuosos, fluidos, utilizando en la orquesta ese swing contenido que fluye sobre una etérea partitura de violines y encuentra su eco siempre en un acompañamiento muy libre del piano.

Kenny Werner
En la heterogénea carrera del neoyorquino Kenny Werner aparecen nombres como Joe Lovano y Toots Thielemans. Conocido por sus métodos de Maestría sin esfuerzo, populares en Internet, muestra en este disco una capacidad enorme para evocar atmósferas de otros tiempos y, al mismo tiempo, sorprender. Sus intervenciones en los solos de piano justificarían un párrafo más largo, pero solo vamos a recomendar escuchar el tema citado más arriba ("Autumn In Three" está compuesto por Werner con letra de Eldridge) y también el que se titula "I'm So Glad You're Mine", con letra de Donnie Demers, donde el piano hace la intro y está presente en todo el tema de una manera delicada mientras la orquesta estira y afloja la tensión continuamente.

El título del disco viene del musical West Side Story, del cual aparece aquí un tema ("Somewhere") en una especie de medley en el que se funde en un solo corte con "A Time For Love" de Johnny Mandel. Como curiosidad, George Garzone participa en un tema escrito por Werner con letra de Douglas Worth que es un homenaje a John Coltrane ("Ballad For Trane") y donde tiene la difícil tarea de tocar el saxo tenor sin imitar al maestro.

Un álbum para escuchar sin prisas. Publicado por Rosebud Music. 

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* Web de Peter Eldridge: petereldridge.com

* Web de Kenny Werner: kennywerner.com

UN JAZZ ESTIMULANTE Y EVOCADOR

LORENZO AZCONA, Soplo de vida (2017)

Traemos al blog este álbum de Lorenzo Azcona de 2017 en pleno verano para poner banda sonora a la euforia del horizonte en la playa, del tiempo libre y de los festivales de jazz, cualidades del verano que encajan a la perfección en las melodías festivas y (en apariencia) sencillas que compone este multiinstrumentista que lleva años llenando los escenarios con su sonido, ya sea como acompañante en grupos de rock o como músico de jazz (África Tama, África Kuntak, Al-Mansur, Urubú, Batá-Kum-Tum...). Digamos aquí que Soplo de vida es su tercer álbum como líder, tras Bajo la piel (2003) y 1+1=4, su álbum de debut en 1996, calificado por ABC como el mejor disco de jazz de aquel año.

Podríamos decir que Azcona toca en este álbum casi todo (saxo barítono, tenor y soprano, flauta, clarinete bajo, cello, percusión y teclados) pero, mérito aparte, está su grupo (Rubén Rebolleda al piano, Peter Oteo al bajo y Jonatan Temprano en la batería), y hay que sumar una enorme lista de colaboraciones: Nacho Muñoz (fliscorno y trompeta), Carlos Hipólito (trombón), Alexis Fernández (piano y teclados), Fidel Cordero (melódica y teclados), Josete Ordóñez Antonio Toledo (guitarra), Alberto Torres (violín), Luis Pérez Escribano (contrabajo), Carlos Beceiro (bajo), Sebastián Rubio Sergio Urquía (percusión), Toni Vázquez (platos) y Benjamín Prado (voz).

Rubén Rebolleda, Peter Oteo,Lorenzo Azcona, Jonatan Temprano y Sebastian Rubio Caballero
(foto de Fernando Bodalo Morales)
Es difícil calificar a un multiinstrumentista y sus capacidades, que evidentemente deben ser muchas y versátiles, de modo que nos centraremos en la manera que toda esta experiencia encaja en sus composiciones. 

Lorenzo Azcona profundiza en el sentido más festivo de la palabra jazz, utilizando a su favor en las composiciones los elementos del funk, el jazz latino ("Paciencia") y esos ritmos caribeños ("D'Abuty", "El capricho de un minuto") que recuerdan a Sonny Rollins y que aquí, transportados a menudo a las notas altas del soprano contagian una especie de euforia bailable. El eclecticismo es la nota predominante. Nada está circunscrito a un solo estilo. Hay efusiones de second line, de desfile callejero, en "El influjo del 31", con un solo de Azcona frenético y un bajo eléctrico absolutamente funky, esencias de Nueva Orleáns que contrastan con temas más poéticos donde encontramos esas raíces flamencas derivadas de la música árabe ("Tiempo sanador"), primero a través de la guitarra (Josete Ordóñez) y luego en el violín de Alberto Torres, que nos transporta más allá del Mediterráneo... Azcona en clarinete bajo y saxo soprano (incluso chelo y percusión) complementa estas influencias en un tono poético.

Hay mucho ritmo e intensidad, con pocos momentos para la reflexión, como la balada a tempo medio "Paciencia", de aires latinos en la que el saxo recita la melodía sin prisas, entre arreglos de viento y percusión, y una melódica (Fidel Cordero) que da un toque absolutamente nostálgico al tema. El saxo de Azcona, sin salirse de la estética smooth, modela una intensidad contenida y evocadora. 

Mención aparte merece la versión del tema de Triana que Azcona incluye en este disco. "En el lago" comienza con una intro de piano que da paso a un saxo que sugiere aires andaluces con toda la emoción de la versión original. Azcona va acumulando esta tensión en los fraseos del soprano hasta derivar en un final intenso en el que el rock se fusiona con la improvisación.

El álbum termina con el juguetón "El capricho de un minuto", donde Azcona toca todos los instrumentos excepto la guitarra, y que es eso, un minuto de virtuosismo y placer por tocar. Como si dijéramos jazz.


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* Foto: Fernando Bódalo Morales (via Facebook de Lorenzo Azcona)