ESPACIO PARA LA IMPROVISACIÓN

JASON PALMER,  Rhyme and Reason (Giant Step Arts, 2019)

Descubrimos a Jason Palmer cuando publicó su primer álbum con el sello barcelonés Ayva (su título era Songbook) y fue un placer reencontrarnos con él como actor cuando interpretó aquella declaración sin palabras, trompeta en mano, al final de la película Guy and Madeline On a Park Bench, opera prima de Damien Chazelle (sí, el que luego dirigiría Whiplash y La La Land). Desde entonces, ha grabado más de una docena de discos en apenas una década. Ahora presenta un nuevo álbum titulado Rhyme and Reason que acaba de aparecer en un fabuloso formato doble y que nos muestra un músico que evoluciona, pero siguiendo una línea consecuente con su despegue: bop intenso y de sonido crudo, primitivo pero tan trasgresor que hace que el bop vuelva a parecer vanguardia.

El álbum, grabado en vivo en the Jazz Gallery (Nueva York) los días 7 y 8 de junio de 2018 es una colección de temas escritos para el lenguaje de la trompeta moderna. Con el prisma del bebop como punto de partida, las composiciones están plagadas de ritmos complejos ("Rhyme and Reason"), de espiritualidad ("Sadhana", "Waltz for Diana"), influencias (de Kurt Rosenwinkle y Bill Evans, por ejemplo, en "Waltz for Diana") y, sobre todo, de espacio para que los músicos puedan expresarse, músicos que componen un cuarteto sin piano, un cuarteto liderado por el trompetista y donde aparecen Mark Turner al saxo tenor, Matt Brewer al bajo y Kendrick Scott en la batería.


Escuchemos el primer tema del álbum. Si alguna vez se han preguntado cómo surge la inspiración para escribir un tema, sirva este ejemplo que, como Palmer explica en el libreto, surgió de la rítmica 4554 de la canción "Aya" de August Greene (donde aparece Robert Glasper) y de la estructura de acordes del tema de Herbie Hancock "Tell Me a Bedtime Story". Por cierto, el título viene de Herbie y de Glasper. 


Después de lanzar varios discos como líder en el sello Steeplechase, Palmer lanza este disco en Giant Step Arts, que es algo más que un sello discográfico: una organización sin ánimo de lucro que pretende apoyar a artistas emergentes lanzando sus discos. No los venden sino que los entregan a los músicos para promoción y organizan eventos de presentación que documenta el fundador del sello, el fotógrafo Jimmy Katz. De este modo, los artistas tienen pleno control sobre su música, si presiones de ningún tipo.

Esto se nota en este álbum donde Jason Palmer compone e interpreta temas sin corsé ni medida, ese tipo de temas largos donde los músicos pueden improvisar y desarrollar sus ideas sin marcaje. Rhyme and Reason tiene (ilustrando esta idea) sólo 8 temas, pero está editado como disco doble porque sólo uno de los temas baja de los 10 minutos, pasando 3 de ellos de los 16 minutos de duración. Esto permite intros originales (de trompeta casi siempre, pero también de contrabajo, como en "Mark's Place"), progresiones muy libres y acumular un caudal de ideas importante.  Vamos, esas cosas que hacen grande al jazz.

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* Web oficial: www.jasonpalmermusic.com

* Fotos de Jimmy Katz.

EL BAJISTA DE PERSONALIDADES MÚLTIPLES

MOPPA ELLIOTT, Jazz Band / Rock Band / Dance Band 
(Hot Cup Records, 2019)

El bajista y fundador de Mostly Other People Do the Killing, Moppa Elliott, no deja de sorprendernos. Incluso si están acostumbrados a la fluctuante diversidad en la discografía del cuarteto, este nuevo lanzamiento de Elliott en forma de triple álbum en dos CD's supone todo un desafío para el oído. Después de su última locura, un álbum de improvisación para contrabajo solo titulado Still, Up In The Air (Hot Cup, 2016), ahora presenta Jazz Band / Rock Band / Dance Band, tres álbumes construidos sobre tres formaciones distintas y con filosofías diferentes que significan un reto musical y personal y que vuelve a mostrarnos el eclecticismo y la polivalencia de Moppa Elliott como contrabajista, como compositor y como arreglista. 

Tres álbumes en un doble CD. ¿Por dónde empezar? Lo único que tienen en común las tres grabaciones son las composiciones de Elliott, incluso las 3 formaciones sólo tienen en común al bajista. Su lanzamiento en un solo álbum y la coincidencia temporal (en el espacio de un año y medio) de las grabaciones (realizadas entre marzo de 2017 y mayo y julio 2018) muestran no una evolución sino un interés concreto en explorar distintas estéticas, algo que algunos músicos desarrollan con el tiempo y la controversia (Miles, por ejemplo) y otros, como el también bajista Christian McBride, se atreven en un solo álbum (aquel celebrado triple CD llamado Live at Tonic), ejemplos de músicos multidireccionales (o quizás con personalidades múltiples).

Con su habilidad para los arreglos y una capacidad inusual para enfocar los temas desde puntos de vista muy originales, Elliott es capaz de presentarnos swing o rock and roll con una óptica distinta, desplazada, como si utilizara algún tipo de pensamiento lateral para entender lo que otros han tocado y explotado como clichés. Lejos de lo usual, ahí está Moppa Elliott.

Para ello, convoca a tres formaciones distintas: un quinteto etiquetado como jazz band llamado Advancing on a Wild Pitch (formado por Moppa Elliott, Sam Kulik, Charles Evans, Danny Fox y Christian Coleman), que elabora un jazz swingueante y, a la primera escucha, arcaico; pero, bajo una escucha más profunda, responde a puntos de vista muy originales, tanto rítmica como armónicamente. Por otro lado, está la rock band, llamada Unspeakable Garbage (Moppa Elliott, Jon Irabagon, Nick Millevoi, Ron Stabinsky y Dan Monaghan), que toma elementos clásicos del rock'n'roll para establecer espacios de improvisación, especialmente rítmicos; y, por último, podemos escuchar en el último disco una dance band bajo el nombre de Acceleration Due to Gravity (George Burton, Mike Pride, Nate Wooley, Dave Taylor, Matt Nelson, Bryan Murray, Dr. Kyle Saulnier, Ava Mendoza y, por supuesto, Elliott) que hace un jazz ecléctico, moderno y pariente de la atonalidad que contiene elementos de los dos anteriores pero con mucha más libertad improvisadora, tímbrica y transgresora. Mucho más interesante que los otros dos.  

Como suele ser habitual en otros trabajos de MOPDtK, las composiciones de Elliott llevan como título topónimos del estado de Pensilvania, de manera que podemos decir, a modo de pensamiento reconfortante, que en medio de tanta innovación algo en el Universo Moppa sigue inalterable. 


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* Moppa Elliott: moppaelliott.com

* Hot Cup Records: hotcuprecords.com

MONK, MINGUS Y EL SILENCIO EN MOZART

TONI SAIGI, La Prinsire de la Sal (Underpool, 2018)

Podríamos decir que Toni Saigi es un brillante pianista bop, pero nos quedaríamos cortos. Las composiciones y la ejecución de Saigi son una especie de conjuro que nos devuelve a los mejores tiempos del jazz, que fueron los 50 y los 60. Esto es una opinión personal pero es menos subjetivo afirmar que hay una clara influencia monkiana en su forma de atacar las notas del piano, y que con su cuarteto, armonizado muy al estilo Mingus, convierten este álbum en una experiencia singular.

Sin duda, una carta de presentación para un primer disco como líder. La Prinsire de la Sal fue grabado en los estudios UnderPool el 17 de diciembre del 17 y publicado en 2018. En el disco, Saigi junto a su cuarteto Tronik, formado por músicos jóvenes y sólidos de la escena barcelonesa: Jaume Ferrer al saxo, Marc Cuevas al contrabajo y Carlos Falanga como batería, habituales del sello Underpool y que aquí funcionan muy bien en conjunto.

A pesar del titular, Saigi está lejos de versionar a Monk pero sus fraseos sobre las teclas ahondan en ese estilo de ritmo roto y recompuesto que hizo inmortal al pianista de Carolina del Norte. El jazz debe sonar espontáneo, como música nacida del sentimiento que es, pero sin duda hay algo cerebral en esta manera de dominar el ritmo y sus cambios, y de expresar con los silencios, haciendo buena esa frase de Mozart que dice que la música se encuentra en los silencios entre las notas, teoría que impulsó Monk con su swing único.


Como buen jazzista, Saigi busca en la tradición y ofrece su propia visión del bop tardío y menos furioso de principios de los 60, algo que aplaudo. Ofrece también guiños (Bud, Tete) que no sabemos si están en la composición o es algo que contagia a sus músicos (hay guiños a Golson y a Rollins en algún solo de Jaume Ferrer, por poner algún ejemplo, incluso a altos como Bird). El tema final ("Holland Inn Hotel"), una balada tremenda en su brevedad y su presentación (piano solo) es, más que un guiño, casi un dejá vu en el que parece que va a entrar Billie Holiday para hacer su clásico "Lover Man".


En las baladas ("Magalí", "La Prinsire de la Sal"). comparte protagonismo con el saxo, que lleva casi todo el tiempo la melodía y a quien ofrece unas respuestas aparentemente parcas pero tremendamente expresivas. Una delicia. En los temas más atrevidos, como "Dieletif", experimenta con el ritmo y con la banda como si todos (incluido el saxo) fueran exclusivamente instrumentos de ritmo. Algo parecido pero menos atonal es "L'Anell que no tinc", duro, con un sonido muy crudo que recuerda otras épocas donde los discos de jazz no sonaban a asépticos compact discs. Aquí, mientras la sección rítmica fluye en su propia salsa, el piano crea una tensión sólo rota por el solo de saxo, templado pero muy bien llevado, con unas réplicas del piano muy personales que también acompañan al solo de contrabajo (qué sólido y mainstream suena Marc Cuevas cuando, sin embargo, como líder, busca experimentaciones más alejadas del jazz convencional) para terminar el tema con un chorus muy articulado y cantable, al unísono, casi hardbop 

En resumen, un disco ambientado en la tradición pero con toques muy originales y con un pianista al frente lleno de erudición y, al mismo tiempo, de ganas de abrir nuevos caminos. Toni Saigi tiene lo que tiene que tener un músico de jazz: su propia voz. Supongo que es pronto para afirmarlo juzgando por un solo álbum, pero confío en poderlo escuchar en un futuro próximo con nuevas grabaciones. Y que se parezcan a ésta.

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* Web: www.underpool.org/laprinsiredelasal

UN CÍRCULO DE ENERGÍA

Arévalo Jazz Fusion Quintet, El círculo del Pájaro (2018)

Nueve años ha tardado el baterista uruguayo afincado en Galicia Carlos Arévalo en presentarnos un nuevo álbum como líder desde aquella enorme formación que era la Urugalega All Stars Band, una suerte de enorme jam session donde el jazz gallego se reunió en torno a la batería de Arévalo. Ahora recoge en este El círculo del Pájaro (ese es su apodo) seis temas intensos donde la percusión pero, sobre todo, la energía es la protagonista. 

Con una formación de viejos conocidos de la escena jazzística gallega (Leo Giannetto a la guitarra, Pablo Castaño al saxo alto, Ale Casquero en los teclados y Diego Pérez al bajo), Arévalo despliega una serie de composiciones que fusionan soul jazz, jazz rock, rock sinfónico, funky, armonías hindúes y algún guiño al folk gallego.



A diferencia de otras músicas y "músicas", la mayoría de los discos de jazz se graban "en directo", es decir, con todos los músicos tocando al mismo tiempo en el mismo espacio. Lo que suele ocurrir con menos frecuencia es que se haga con público presente. La grabación de El Círculo del Pájaro, realizada en los estudios Casa de Tolos con una treintena de personas en el público, es algo poco usual pero la presencia del público parece dotar de una energía distinta a la grabación, donde el soul es intenso y la sinergia del directo empuja a los músicos. Esta dificultad añadida quizás sea lo que da título de la introducción ("Overtura de Tolos-Toma 777"), un tema que comienza conteniendo la energía con una intro muy de rock sinfónico y que estalla con un estribillo muy soul, hardbop fusionado con la energía del jazz rock. 

Con la inteligente idea de dotar al público de auriculares para que reciban todas las pistas de la grabación, curiosamente (se aprecia en el vídeo, que está disponible en la plataforma Tolemias TV) los músicos también están dispuestos en círculo, algo que da nombre al álbum pero que también sirve para una mejor interplay. La comunicación es esencial en el jazz. Como decía Marsalis en uno de sus libros, el jazz es un arte que obliga a escuchar al otro. 


Detrás de su impresionante batería Eagle Joe Bass de color verde, Carlos Arévalo es un baterista todoterreno que ha tocado con grupos de jazz (Noroeste, Leo Giannetto's Jazz Project) y de rock (Cucharada, Karma, Laser) a lo largo de su dilatada carrera. Tiene una energía contagiosa cuando domina el ritmo, arrastra e incluso cuando contiene el tempo con maestría. Es un placer escuchar cómo maneja los platos con las baquetas con la misma delicadeza que si fueran escobillas. Su sentido del funk es ciertamente contagioso, pero también resulta muy interesante en blues poderosos como "Blues to Cool" (un tema que alterna conceptos modernos de jazz y la tradición del blues) o experimentos de fusión con músicas del mundo como "Takitithá", donde realiza una potentísima intro valiéndose de percusión hindú que, acompañada de la voz, resulta un concepto puramente jazzístico. El tema, funky y juguetón, incorpora armonías folklóricas de acento gallego en una fusión apoteósica con un Carlos Arévalo camaleónico y en la cresta de la ola. 

Mención aparte merecen los solos del álbum. El mejor tema del disco es, sin duda, "Caminantes", un tema con un groove tremendo donde los solos se suceden en un crescendo fabuloso, comenzando por el de Leo Giannetto, realmente intenso. Le sigue un solo frenético de Diego Pérez al bajo, una intervención llena de soul de Ale Casquero al órgano y un potente y último solo del polivalente Pablo Castaño.

Un disco intenso, sin post-producción, afirman, para disfrutar en directo, aunque sea vía streaming.



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* Foto: Chema Ríos.

CAÍDA LIBRE

Julián Sánchez, Luz Prado, Juan Masana, Javier del Barco,
One Two Free Fall (Underpool, 2017)

Creo que fue Robert McKee quien escribió que el arte consiste en poner orden en el caos. O quizás fuera Sartre... Escuchando el álbum que hoy nos ocupa, con su singular dialéctica entre los músicos, con sus armonías y melodías que se deshacen y se reordenan de manera alternativa y (en apariencia) aleatoria pero siempre excitante, llego a la conclusión de que quizás exista realmente una narrativa (no sólo musical) donde el orden no es necesario o donde ciertamente es posible hacer del desorden un arte.

El álbum, One Two Free Fall, es el proyecto de cuatro músicos que se acercan al free jazz como todoterrenos. Lideran el trompetista granadino Julián Sánchez (Parkerland Nonet, Pedro Cortejosa Septeto) y la violinista Luz Prado, cuyas improvisaciones desvelan experiencia, energía y una expresividad enormes. Completan el cuarteto el contrabajista Juan Masana y el versátil Javier del Barco. Avant-garde, música contemporánea, free..., estéticas que se entrelazan y, en ocasiones, colisionan en este disco. 

Desde el comienzo, con un tema lleno de efectismos cambiantes, sorpresas y mucho sentido del humor, el cuarteto demuestra que mira más allá de lo posible y de lo explorado. Parece no haber guión ni un ritmo determinado. Se titula "I Don't Know Why But I Like It" y hace honor al título. Engancha. "Marmeládov" se mueve a través de un seductor tempo en el que juegan contrabajo, toms y charles, con Sánchez sobrevolando el tema principal con un toque cool, con o sin sordina, muy intenso e inspirado, hasta que el tema cae en el abismo del desorden y el caos y recordamos que estamos escuchando free jazz. En ese momento, Prado asume el poder con una furia que, finalmente, se va transformando en lirismo roto.


"Poco a poco" entra swingueante con un riff de contrabajo que hipnotiza. Trompeta y violín se unen buscando una atonalidad cercana al soul jazz pero más próxima a una estética mingusiana que a la comercialidad del hardbop. Sigue "Lonely", un tema lento donde Sánchez utiliza la corneta, un corte que mantiene una tensión fantástica durante casi 9 minutos y que da paso a "A Pique D", un groove enérgico, donde la sección rítmica se lanza mientras Sánchez ejerce de bopper con una modernidad tan libre que descoloca. Es un tema lleno de cambios de ritmo y de registro, y no se queda ahí. Está compuesto por Julián Sánchez, como todos los temas excepto el que sigue, titulado aquí "Loves" y que, en realidad, está basado en dos composiciones anteriores: "Love in the Garden" de Zbigniew Seifert (violinista de Tomasz Stanko en los 70) y "Love in Outer Space" de Sun Ra. En esta pieza hay elementos de música concreta, como timbres y otros objetos. Las percusiones (donde también contribuye Sánchez) y el juego bajo-batería convierten este tema de sonoridades improvisadas en una especie de danza surrealista. El álbum termina con "Requiem", liderado por la lacónica melodía del violín. Solos inesperados y un final acorde dan sentido al tema y ponen, como si dijéramos, orden en el caos.



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* Webs :

Luz Prado: www.luzprado.com

Julián Sánchez: juliansanchezmusic.com

* Foto: Dani Álvarez (de la web de Julián Sánchez)

VALENTINE

TRES HISTORIAS DE AMOR ALREDEDOR DEL JAZZ

Foto: Chuck Stewart
"Mi madre, Alice McCloud en esa época, estaba tocando con un vibrafonista llamado Terry Gibbs, y estaban haciendo un programa doble con el cuarteto de John Coltrane en el Birdland original de la calle 52, en Nueva York", explica Ravi Coltrane en el documental Chasing Trane (John Scheinfeld, 2016). Su hermanastra Michelle añade en el mismo documental: "Se vieron el uno al otro, y hubo un poco de... ya sabes. Hay una mujer joven aquí y ¡oh! es una pianista. John se quedó a escuchar un poco de su interpretación, y la admiró." Ravi sigue contando la historia desde el punto de vista de Alice: "Algo en ese saxo tenor cautivó su oído y, en algún momento entre los descansos de la banda, mi padre comenzó a perseguir a mi madre por todo el club con su saxo, así que le dio una serenata por todo el club".

La historia de cómo Coltrane y Alice se enamoraron nos viene al recuerdo para ilustrar un cuento en el que el Día de los Enamorados es algo más que "My Funny Valentine"... aunque al final terminemos escuchando por enésima vez la canción porque vale su apelativo de la Canción del Siglo XX. 

Las historias de jazz están llenas de paradojas, drogas, rabia, racismo, superación... y también amor. Historias más escabrosas que la de Coltrane nos muestran a un Lee Morgan asesinado a disparos por una mujer celosa, 19 de febrero de 1972. El lugar, el en el Slug Club de Nueva York. Entre pase y pase, Morgan discute con una novia a la que acaba de dejar. Al final de la noche, Morgan toca el último tema. La mujer vuelve a entrar en el club y camina con paso firme hacia el escenario, donde Morgan está tocando la trompeta, algo que hacía cada noche desde que grabó su primer disco con 18 años. La mujer se acerca al escenario y, sin pensárselo, dispara su 32 hasta que el trompetista cae muerto sobre las tablas.

Billie Holiday and Lester Young: 
A Musical Romance (1937-1941) 
(Columbia Records, 2002)
En una ocasión hicimos una (triste) lista de los hombres a los que amó Billie Holiday, una mujer pasional que nunca fue amada. Quizás el único hombre que la quiso de verdad fue Lester Young,  quizás la persona que mejor comprendió a Billie, y su más íntima y duradera relación. Se conocen durante una jam session con la orquesta de Fletcher Henderson y Young se queda a vivir en casa de la madre de Billie. Allí se conocen y surgen sus apodos. Lester la llama Lady Day y ella le pone el sobrenombre de Prez, alegando que es el Presidente del Saxo. Más tarde, en el tiempo libre que le deja la orquesta, Young acompaña a Billie en sus actuaciones, descubriendo que su tenor es la voz perfecta para acompañar a la cantante. Una de esas historias sin final. Porque Billi y Prez nunca llegaron a ser parejas.

Hay muchas más historias de amor en el jazz pero en esta música nacida de pasiones, los romances no son siempre pacíficos ni terminan bien. Por eso, mejor corramos un tupido velo y escuchemos algo de música. La melodía adecuada es...

Sí, Chet Baker interpretando "My Funny Valentine", un tema compuesto en 1937 por Rodgers & Hart para el musical Babes in Arms y que se ha convertido en un estándar de jazz por derecho propio (gracias a Chet, no a Sinatra). Que ustedes lo pasen bien este Día de los Enamorados (si es de los que guardan todo el amor para un solo día al año). 


My funny Valentine, sweet comic Valentine 
You make me smile with my heart
Your looks are laughable, unphotographable
Yet you're my favorite work of art 

Is your figure less than Greek? 
Is your mouth a little weak? 
When you open it to speak
Are you smart? 

But don't change a hair for me
Not if you care for me
Stay little Valentine, stay 
Each day is Valentine's Day

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* Hablamos de Chasing Trane hace unos meses:

* El (terrible) elenco de los hombres a los que amó Billie Holiday está en este artículo:

BOP MEDITERRÁNEO

GIULIANO PARISI, Blind Light (Temps Record, 2018)

Un primer tema rítmico, juguetón, nos recuerda que el piano es un instrumento de percusión. La melodía suena descarada y deliciosa al mismo tiempo, con un aire bop pero con tintes modernos, luminoso, mediterráneo. Solos de bajo a los que responde la batería. Ritmo sincopado. Jazz en estado puro. Así es el nuevo álbum del pianista Giuliano Parisi titulado Blind Light.



Giuliano Parisi, italiano afincado en Alicante, es músico desde los 7 años, edad a la que comenzó a estudiar en el Conservatorio “Licinio Refice” de Frosinone, licenciándose en piano de jazz. A partir de ahí, ha sido alumno de, entre otros, Barry Harris, Jerry Bergonzi, Gregory Hutchinson, Joe Magnarelli... Como educador, ha sido profesor de los conservatorios de Alicante y Salamanca. Ha tocado con músicos de la talla de David Harrington, Ramón Cardo, Valencia big band... En 2015, publicó su primer álbum, Introducing Myself, del que ya hablamos en su día, y en este 2018 ha publicado un álbum de inspiración latinoamericana con la cantante Carla Ysis y este Blind Light, del que nos ocupamos. En este disco está acompañado por Julio Fuster al contrabajo, Pepe Munuera a la batería y Carlos 'el Vikingo' Ronda en la percusión. El armonicista Enrique Pedrón 'Palmera' aparece en dos de los temas.


Desde que arranca el primer tema ("Coscorrón") se percibe la predilección por el ritmo, vitalista, desinhibido. Parisi muestra una digitación veloz pero elocuente, con un diálogo constante entre piano, bajo y percusión, juegos de llamada y respuesta, pausas efectistas, recursos bajo los que subyace una clara esencia bop. En esta línea se mueven casi todos los temas, entre los que encontramos ecos mediterráneos que suenan festivos e incluso cantabile ("Viatgem", "Absolution"), con una percusión latina que desafía las etiquetas y se convierte en protagonista por la manera en que dialoga con la melodía, con muy buen gusto y sin estridencias. En temas como "Turkish Vibes", con sus armonías de reminiscencia oriental, la influencia del Mediterráneo es más nítida.

En otra línea, resuenan baladas evocadoras como "Ask Me Softly", donde el piano desbroza la melodía sin prisas en delicioso contraste con la percusión latina, o "The End Of A Love Affair", donde el piano da la réplica a la harmónica (Enrique Pedrón 'Palmera') alcanzando un nivel poético estimable. En este tempo lento, el solo de piano en "The End Of A Love Affair" es tan apasionado que es casi una canción en sí mismo. "Song for Nico", en cambio, es una balada preciosista donde Parisi casi canta con las notas altas mientras su mano izquierda sostiene el ritmo con seguridad y una elegancia fabulosas. Cuando entra la percusión, lo hace de una manera tan sutil (¡esas escobillas!) que su participación pasa casi desapercibida. El solo de bajo está a la altura de la belleza del tema. Muy acertado. 

Difícil decidirse entre los temas rítmicos y las baladas en este disco. Quizás lo mejor sea el contraste. Blind Light es, en definitiva, una colección de temas apta para todos los públicos, puristas y profanos, amantes del latin o del bop.


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* Web oficial: giulianoparisicom.wordpress.com

* Foto: Antonio García (agsphotoart.es)