FREE JAZZ ENTRE AMIGOS

NO FAST FOOD, Settings For Three (Corner Store Jazz, 2018)

Dos semanas atrás hablamos de la formación de Phil Haynes Free Country, con su original revisión del rock y el jazz de los 60. Hoy volvemos a Haynes con No Fast Food, trío que completan Drew Gress al contrabajo y David Liebman en los vientos,  y que desarrolla un jazz libre, de estructuras cambiantes. La experiencia acumulada en sus discos anteriores produce un sonido orgánico y fluido.


Pero, al contrario que en sus disco anteriores, este Settings For Three no ha sido grabado en directo; a pesar de lo cual, hay una intensidad patente en los temas. Escuchen: 


Pulen play. En la intro, un Liebman muy especulativo en la flauta de madera da paso a un breve diálogo con el contrabajo, diálogo que se rompe cuando Haynes arremete con fuerza y con ese ritmo desestructurado que, de alguna manera, tiene sentido. Y el saxo. Un comienzo muy energético y eléctrico que es la línea fundamental de álbum, aunque el siguiente tema del setlist ("Joy") se caracterice más por su poesía atmosférica. Aquí Liebman muestra una cantidad fascinante de recursos. En general, los tres músicos lo hacen pero la capacidad de Liebman en la flauta o en el saxo para mostrar belleza, lírica o melódica, y al momento siguiente deshacerse en pasajes atonales, rotos, aparentemente sin sentido pero orgánicos, es fantástica. "String Theory" ofrece también una balada emotiva pero más nocturna y conmovedora.


"Blue Dop" tiene un groove de contrabajo de esos que hacen que se muevan los pies. Blues con fuerza y ritmo, un campo abierto para la libertad expresiva, como en "Whack Whap", que comienza de repente, sin intro, como si llegáramos tarde, a mitad del tema, un perfecto desorden donde cada músico se explaya a su manera, con humor, y con recursos y más recursos. Humor hay también en el título "Longer Shorter", homenaje al saxofonista con un contrafact de su tema "Pinocchio". El álbum termina con "Shramba", una vuelta de tuerca a la samba con un Haynes hiperactivo, reconstruyendo y reinventando (con la complicidad de Gress) el ritmo salvaje de la samba hacia algo cerebral y más complicado de lo que pueda parecer a la primera escucha. Por encima, un Liebman con toda la libertad del mundo para inventar.

No Fast Food son:
Phil Haynes, batería
David Liebman, saxo tenor & soprano, flauta de madera
Drew Gress, contrabajo

FANTASÍA NOSTÁLGICA PARA SAXO ALTO Y CUARTETO DE CUERDA

MIGUEL ZENÓN, Yo Soy La Tradición (Miel Music, 2018)

Lo cierto es que hemos escuchado recientemente tantos proyectos cercanos a la Tercera Vía (o partiendo de la música "culta" o con formaciones de "clásica") que ya casi no consiguen excitar nuestra curiosidad, pero también es cierto que Miguel Zenón es un músico que siempre sorprende. Único, inquieto, aventurero, ha traspasado tantas fronteras que no hay etiquetas para describirlo. En su nuevo trabajo, se acompaña de un cuarteto de cuerda.

Foto: Jimmy Katz
Inspirado en temas tradicionales portorriqueños, en este disco, grabado en Chicago en 2017 y que aparecerá en septiembre 2018, Zenón se toma unas vacaciones de su propio cuarteto para mostrarnos una faceta más emocional y familiar de su música. Acompañado, como hemos dicho, de un cuarteto de cuerda llamado Spektral Quartet (Clara Lyon y Maeve Feinberg en los violines, Doyle Armbrust a la viola y Russell Rolen en el violonchelo), el saxo alto de Zenón adquiere tonalidades y colores inesperados, a veces dramático, a veces enraizado en el folk y por momentos lírico hasta lo cinematográfico; todo ello para mostrarnos, con su prisma personal, cómo es la música (y el sentimiento) en su Puerto Rico natal.

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Como se puede escuchar, Zenón, ese caso atípico de músico latino, se adentra con valentía en formas musicales ajenas y sublima su propia esencia musical hasta un punto en que el jazz se pierde de vista. Las cuerdas confunden a la primera escucha, pero las melodías, composiciones de Zenón sobre temas populares, religiosos o bailables, absorben a su vez las armonías y la reinterpretación del músico de jazz, entendido aquí como una personalidad a través de la cual fluye toda la cuestión.

Incluso así, resulta, difícil reseñar este disco como jazz, quizás porque ese don que tanto apreciamos de Zenón (traducir los fraseos parkerianos a su propio lenguaje personal) se convierte aquí en un esfuerzo por transportar esta filosofía musical a las cuerdas, con la dificultad añadida de hacerlo sobre temas ya existentes y ajenos a la tradición jazzística. Yo Soy La Tradición es una colección de canciones portorriqueñas cargadas de nostalgia por las propias raíces, un experimento entendido desde el corazón en el que no solo experimenta con armonías y con instrumentos nuevos, sino que demuestra, como lleva demostrando desde Jíbaro (2005), el primer álbum que le escuché, hasta Típico (2017) o en su dilatado proyecto Caravana Cultural, que Nueva York no le ha alejado de las raíces. 


Un disco recomendable, tanto por lo musical como por la intención. Aunque alejado del canon jazzístico, se puede afirmar, con esa laxitud que define Nueva Orleáns y que flexibiliza el sentimiento de todo aficionado, que todo puede ser jazz si se lleva en el alma (y en el instrumento) y que todo se puede traducir al jazz, incluso la nostalgia. Y Zenón lo ha hecho en este disco.


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* Web oficial: www,miguelzenon.com

BIG BANG THEORY

SEDAJAZZ KIDS GROUP, Growing Up (Sedajazz, 2018)

Verano. Los días más largos, la disminución de las obligaciones y la influencia del buen tiempo (climático) en el organismo fomentan la creatividad. Es por eso que en este agosto de cálida laxitud me ha parecido oportuno traer hasta el blog el esfuerzo de unos jóvenes músicos y el de una escuela (Sedajazz) para poner adjetivo de futuro al jazz español: un nuevo álbum con los cachorros de la escuela y mucho, mucho swing.


Bajo la dirección del multiinstrumentista, arreglista y educador Francisco Blanco "Latino", Sedajazz presenta esta nueva hornada de músicos (muy) jóvenes, que no debe sorprender porque es una continuación de la que nos llegó en 2016 en el disco Sedajazz Kids Band, con otras tantas promesas armando buenos números de jazz.

Muchos de los chicos del disco dominan varios instrumentos (algo que a los no-músicos nos sorprende pero que es algo habitual en las escuelas de música y conservatorios) y cantan, lo que no deja de ser utilizar un instrumento más. Hay voces más infantiles, como las de Aurora Blanco y Maya Sambeat (sí, son apellidos jazzísticos) y otras más maduras como la de Amin El Manchoud, de 14 años, pero todas muestran ganas de hacerlo con alma. Y esto se siente. Hay que escucharlo.

Por ejemplo, en "Ain't What You Do (It's the Way That You Do It)" de Sy Oliver y James "Trummy" Young con arreglos de Jimmie Lunceford. Canta el baterista, Ximo Reillo de 6 años:



Como dice la canción: "No es como lo haces (sino la forma en que lo hagas)". El jazz es una senda diferente. No basta con aprender música sino que hay que sentirla antes y vivirla en el momento. Marta Ramón lo explica en las notas del disco: 
Se atrevieron a jugar con una música que los desafiaba más allá de cómo abrazar con las manos sus instrumentos. Se atrevieron a jugar con una música que les enseñaría a caminar de una forma distinta y a vivir el desconcierto de la libertad.
El álbum comienza con el instrumental "Undecided" de Charlie Shavers y, en general, todo es jazz clásico, del que hay obligatoriamente que beber, tanto los músicos como los aficionados, antes de forjar cada uno su propia personalidad. Me parece un acierto. Hacer que unas mentes tan jóvenes tocaran jazz moderno habría sido un error. De hecho funciona. Hay swing y pasajes muy bien tocados. Suele ocurrir que los tempi en las orquestas infantiles suelen ser más lentos. Por necesidad. Esto, para los cantantes, puede ser un castigo (la maravillosa Sofia Escobar me habló una vez de esto en Sevilla a propósito de una experiencia suya con una orquesta joven de Irlanda) pero no sé si son los arreglos o la batuta de Latino, o el swing que corre por las venas de los niños de Sedaví, que todos los temas rezuman ese aire que te hace mover los pies en el buen jazz.

Y, además, ¡improvisan! Bien, es cierto que no podemos esperar grandes improvisación ni voces muy personales en músicos jóvenes que van desde los 6 a los 17 años, aunque presumo que muchos de ellos llevan toda la vida aprendiendo, pero supongo que no es la improvisación el objetivo de este disco sino afirmar y motivar a esa cantera de Sedajazz que promete futuros buenos músicos. Que haya más generaciones. Porque esto es científico y no es sólo teoría: si existen los elementos necesarios, se produce un Big Bang y, a partir de ahí, todo fluye, un Universo propio (aquí, en forma de Big Band), con voces propias y energía para funcionar por sí mismo. Habría que remitirse a las raíces, pero lo cierto es que existe desde hace décadas una veta inagotable de músicos (sobre todo de jazz) que es el Mediterráneo (y la Comunidad Valenciana en particular y Sedaví como centro en importancia). 

En el Festival Internacional de Saxofón y Jazz Villa de Teror

Es probable que alguno de estos chicos acabe siendo una rising star o una personalidad longeva en el mundo del jazz, pero no es necesario que revolucionen el panorama jazzístico español para que tengan sentido los esfuerzos docentes de los profesionales de Sedajazz: bastará con que alguno de ellos crezca siendo un músico creativo, honrado con sus motivaciones o que dignifique eso que hace que el jazz sea una música única.

Los músicos:
Juanito Saus, saxo alto y voz en track 8 (16 años)
Roque García, saxo tenor (14 años)
Xavi Maldonado, clarinete, clarinete bajo (13 años)
Carlos Pérez, trompeta (17 años)
Alvaro Pérez, trombón (14 años)
Angela Blanco, flauta, saxo alto en track 9 y voz en 8. (14 años)
Aurora Blanco, saxo soprano y voz en track 3 y 7. (11 años)
Maya Sambeat, voz en tracks 2 y 6 (13 años)
Antonio Champín, batería (16 años)
Hugo Barrio, batería en tracks 2 y 3 (16 años)
Mika Giménez, piano, melódica y voz en track 8 (14 años)
Ximo Reillo, voz en track 9 y batería 4 y 7 (6 años)
Amin El Manchoud, piano en tracks 3, 4, 5, 9 y voz en 4 y 8 (16 años)
Nur El Manchoud, voz en track 2, trompeta y piano en 8 (12 años),
José Reillo, washboard
Francisco Blanco "Latino", contrabajo y dirección

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* Hay una vídeo fantástico del grupo en el siguiente enlace:
     https://www.facebook.com/terorsaxophoneacademy/videos/1282357495200167/

* Web oficial:
     www.sedajazz.es/sedajazz_records_produccion_discografica_item.php?id=81



COMO UNA PELÍCULA

PETER NELSON, Ash, Dust and the Chalkboard Cinema (Outside in Music, 2018)

Con una intro emotiva en la que escuchamos trombón, un misterioso vibráfono y la voz sin palabras de Alexa Barchini, comienza el nuevo álbum de Peter Nelson, un trombonista afincado en Nueva York que trata de contar una historia en sus composiciones, una trama de superación, como en las buenas películas. Y lo hace a trío, cuarteto y septeto en un disco que se escucha con facilidad y se entiende con emoción.


Gusta descubrir un instrumentista así, con ese fraseo muy rápido y ágil, complicado en un instrumento como el trombón, elocuente, con un gran sentido del swing moderno y un don natural para la expresividad sin estridencias. Peter Nelson muestra una tendencia orgánica a atemperar los ritmos y centrarse en un tono melancólico, muy en la línea mainstream actual. En algunos momentos, el combo suena armónicamente como una pequeña big band moderna. "Behind My Kind Eyes (Thank You) podría ser un buen ejemplo, aunque no el único en el álbum, para evidenciar el vínculo de la música de Nelson con la tradición del jazz de Nueva York, sin que por ello deje de parecer moderno, original. Este es, quizás, el tema más vital y estimulante del disco, en especial en sus solos.

Natural de Lansing (Michigan), Nelson reside en Brooklyn, donde ha compartido escenario con luminarias como Orrin Evans o el baterista Matt Wilson, Este no es su primer álbum como líder. Su disco anterior se puede escuchar en spotify y en su web, pero sirva como referencia que ha tocado y grabado con muchos músicos (Verve Pipe, Rodney Whitaker, The Captain Black Big Band, Jamie Cullum, The Hudson Horns, Marianne Solivan, Dan Pugach...). Sin embargo, la verdadera historia de este músico comienza cuando, viendo cumplido su sueño de compartir escenario con los grandes de los clubs neoyorquinos, empieza a sufrir distintas patologías que afectan a los músicos, como hiperventilación crónica, dificultad para respirar hondo, dolor en los brazos y lumbalgia. Incluso un acusado signo de Chvostek; herencia de malas posturas y hábitos heredados de sus maestros. Porque enseñar música no es sólo enseñar a tocar. Una educación postural, respiratoria y técnica le habrían evitado todos estos males. Tras pasar por médicos y fisioterapeutas, parece que su expresividad vuelve a estar en forma y lo demuesta grabando este disco basado en sus experiencias personales.

Ahí está su personal forma de componer, ese jazz fácil de escuchar pero intenso rítmicamente, con interludios dramáticos que tienen hacia lo atonal o muy cinematográficos, como "Cyclical Maze (Round and Round We Go)", un emotivo tema a tempo medio que termina con un diálogo lleno de matices que el trombón mantiene al final del tema con la trompeta (Josh Lawrence), el saxo alto (Haily Niswanger) y el uno de mis instrumentos favoritos, el clarinete bajo (Yuma Uesaka), que aquí convierten el cuarteto en septeto. Su expresividad es más patente en los tiempos lentos (siempre lo más complicados). En el precioso "Peace, a Moment (You're Enough)", Nelson lleva el peso de la melodía acompañado solo por el contrabajo (Raviv Markovitz), con el sutil y casi etéreo apoyo de la percusión (Itay Morchi)

Dentro de este trío-cuarteto-septeto multinacional y multicultural formado en Nueva York, merece una mención especial para la participación del pianista Willerm Delisfort, que suena brutal en "State of Fear (That Lonely Nightmare)" con un swing demoledor, y de la vibrafonista Nikara Warren, nieta de Kenny Barron.

Como si de una película se tratara, las composiciones, con un gran sentido dramático, van descomponiendo y regenerando su jazz con sus argumentos armónicos y rítmicos de una manera narrativa, que comunica emocionalmente con el oyente...


...hasta un final que no deberíamos desvelar para no hacer spoiler (los títulos de los temas actúan a modo de subtítulos, con elocuentes nombres que narran la evolución del estado de ánimo que acompaña a la enfermedad), pero como esto es una crítica y no es cine, hay que decir que, como toda patología, el setlist tiene episodios de crisis, tensos como una pesadilla, y el hecho de que el desenlace nos devuelva al principio del álbum no deja de ser uno de esos finales abiertos y con incógnita. Vuelve el trío del principio: trombón, vibráfono y voz sin palabras. El título (algo así como "el final es una oración desperdiciada") deja una sensación amarga.

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* Web oficial: www.peternelsonmusic.com

CONEXIÓN CUBANA

ALEJANDRO VARGAS CONSORT  con  CAMERATA EGERIA 
y ROSA CEDRÓN, Chané na Habana (aCentral Folque, 2017)
   
Para que se hagan una idea, el disco comienza con "A Foliada", etiquetado en el libreto como muiñeira-afro. A partir de aquí, pensarán que todo es posible. Y lo es. Latin jazz cantado en gallego. Casi nada. Pero nada es fortuito en este álbum. Cuando, en el siguiente tema (un bolero con aire gallego), la voz de Rosa Cedrón canta eso de "Pasa xa, Gaiteiro" y lo que suena es una trompeta con sordina, el resultado es genial y uno no tiene más remedio que preguntarse de dónde viene todo esto.

José Castro Chané (Santiago de Compostela, 1856-La Habana, 1917) fue un exponente del romanticismo musical gallego, recordado como creador de la canción gallega de concierto e impulsor del movimiento coral contemporáneo; en resumen, uno de los exponentes de la música popular gallega tal como ha llegado hasta nosotros.
En 2017, coincidiendo con el centenario de Chané, aCentral Folque (el Centro Galego de Música Popular de Compostela), dentro de su enorme labor de difusión, organizó un espectáculo musical en el que se rendía homenaje al músico, para lo cual se realizaron no sólo arreglos sino también una extensa labor de investigación en archivos locales y de Cuba y Norteamérica que dio como resultado el hallazgo de varias composiciones que se consideraban perdidas. El director musical del proyecto, el pianista cubano afincado en Galicia Alejandro Vargas, reunió un Consort con viejos conocidos de los que hemos hablado en alguna ocasión (Mayquel González a la trompeta, el contrabajista José Manuel Díaz y los percusionistas Javier Barral y LAR Legido), a los que se añadió la voz de Rosa Cedrón y las cuerdas de la Camerata Egeria, todo un plantel de músicos que vienen del jazz, del folk y de la música clásica para hacer de este disco un homenaje único.

Vargas y José Manuel Díaz han realizado para el proyecto unos arreglos que reúnen todas estas influencias musicales en perfecta simbiosis (nada desentona ni es discordante), ofreciendo así un repertorio que podría sonar natural en cualquier escenario jazzístico, salvo por el uso de la lengua gallega (una maravillosa sorpresa cómo suena con estos ritmos mestizos) y las cuerdas, que no las encontrarán en ningún club de jazz y que aquí suman un elemento dramático, nostálgico, que enlaza a la perfección tanto con los aires gallegos como con los cubanos. Pero es solo un elemento más. En todos los temas se percibe de una manera orgánica la interrelación entre todas estas músicas: los ritmos cubanos, el jazz latino y la canción gallega, heredera en las composiciones de Chané de la balada del Romanticismo, a la que devuelve su origen popular, pero también es inevitable notar que hay un gran ejercicio de adaptación y fusión en arreglos de los temas, tanto cuando se funden las canciones con el ritmo jazzístico (en sus diferentes sonidos) como en los temas que fluyen como una montaña rusa, cambiantes, vivos.


Escuchados de manera individual, es un placer conocer a este pianista cubano afincado en España. Sus arreglos son imaginativos y tiene algunos solos que ponen el acento en algunos temas con originalidad y fuerza, como en el chachachá "Cantiga", donde derrocha libertad y blues a partes iguales, o "Com'as Frores", con su contrapunto moderno e impresionista.


El trompetista Mayquel González, con su dominio de las armonías, de la sordina y la manera relajada en que improvisa, nos devuelve la fe en que se puede hacer un jazz cubano sin estridencias, con elegancia y maestría al mismo tiempo. Fantástico su solo conclusivo en "Un adiós a Mariquiña". De la sección rítmica ni hablamos: hay que escucharla. Tanto mestizaje confiere un desafío a cada tema y tanto Díaz como los percusionistas dominan la situación en cada momento. El contraste es la voz de la cantante Rosa Cedrón (Mike Oldfield, Luar na Lubre, La Barbería del Sur), folk y gallega 100%, una voz con sentimiento que podría hacer jazz y que aquí, sin embargo, sin perder la raíz, resulta un contrapunto excitante.

Y todo ello en una edición espectacular, en caja y con un cuidado libreto de más de 50 páginas con abundante material gráfico e información musicológica para quien quiera ir más allá de la simple y placentera escucha.


Alejandro Vargas Consort son:
Piano: Alejandro Vargas
Trompeta: Mayquel González
Contrabajo: José Manuel Díaz
Percusión: Javier Barral
Batería: Luis Alberto Legido
Voz: Rosa Cedrón

Camerata Egeria son:
Violines primeros: Ildikó Oltai, Irina Gruia, Michal Riczel
Violines segundos: Kiyoko Ohashi, Elina Viksne, Enrique Roca
Violas: Ioana Ciobotaru, Iriana Fernández
Cellos: Xusa Hervás, Bárbara Switalska
Contrabajo y dirección: Alfonso Morán
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* Web del proyecto: www.folque.com

* Web de Alejandro Vargas: https://alejandrovargas.info

* Fotografías de Alejandro Vargas © Rafa Pasadas: www.rafapasadas.com


¿Una buena lectura para el verano?


Relatos alrededor del jazz










Hay músicos que tienen la capacidad de dar vida a un sentimiento; otros, se dejan la vida en ello. De esa magia y de ese sacrificio tratan los relatos incluidos en Noche de jazz.




¿De qué va? Encontrarán en estas páginas relatos que apelan al espíritu, en especial a la manera en que las artes (y la música en particular) tienen influencia en nuestra vida, ya seas lector/oyente/espectador o un creador con sus glorias y sus miserias, relatos realistas, fantásticos, alguno erótico, otros de intriga e incluso algún relato de viajes (Nueva Orleáns, por supuesto) y algún texto que recrea un momento de la Historia del jazz. 







Los relatos

Solitude es la historia de una joven cantante que se cree Billie Holiday; Nostalgia en Times Square nos muestra a un músico caduco y hastiado de haber vivido a tope que, mientras se emborracha en un local cutre, hace inventario de sus experiencias musicales y, de paso, de la Historia del Jazz de las últimas cuatro décadas; Chet Baker canta cuenta cómo un periodista novato se enfrenta al juicio por drogas en el que se vio envuelto el músico en Italia en 1961, lo que le abre la mente al jazz y a una terrible pregunta: ¿Cómo puede un drogadicto como Chet ser capaz de lucir y crear la mayor de las bellezas?; Lo que significa añorar Nueva Orleáns es la historia de un joven alemán admirador de William Claxton que visita la ciudad después de ver por televisión TreméUna especie de tristeza nos muestra aMiles Davis del periodo electrónico, un genio en la cima, con sus dudas y la añoranza de aquel escalofrío de ser un principiante; Cuerpo y alma y Boogie de batería son relatos fantásticos en los que la magia se mezcla con el jazz para demostrar que la música puede elevarnos a un status superior de la existencia... Así hasta trece relatos en los que aparecen Dexter Gordon, Mingus, Monk, Sonny Rollins, Michel Legrand, Herbie Hancock y otros muchos en un complejo puzzle que trata de ilustrar los diversos matices del mundo del jazz: la música, la belleza, la búsqueda de la perfección, las drogas, el racismo y, por encima de todo, la pasión.


184 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9


ESPAÑA: 15€ (gastos de envío gratis)



AMÉRICA: 15€ (+7,95€ DE gastos de envío)



También disponible en eBook :




(*)  Para otros destinos postales,  contacte con info @ jazzeseruido.com

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BAJO LA ALARGADA SOMBRA DE ROLAND KIRK

CHIP WICKHAM, Shamal Wind (Lovemonk, 2018)

El Shamal (literalmente, viento del norte) es una corriente que barre las arenas desde Arabia hasta Irak, y en este orden geográfico se mueven las influencias que Chip Wickham aplica a un jazz soul que, por momentos, tiene claras influencias de Roland Kirk (también Wickham se mueve entre flautas y saxofones), de Herbie Mann, Eric Dolphy... y, en otros temas más funky, reminiscencias del recordado Edouard Labor de St. Germain. 


Después de experimentar en las fronteras del jazz flamenco y de otros proyectos más funk (y remezclados), el inglés Chip Wickham regresa con un proyecto donde mantiene su mirada puesta en la confluencia de culturas y su flauta en una excelente forma para improvisar y producir un soul jazz de primer nivel. Su nuevo álbum es Shamal Wind, un disco donde se acompaña de muchos y muy buenos músicos de la escena española, como Phil Wilkinson (en algunos momentos una locura al piano), el magnífico vibrafonista gallego Ton Risco (que pone a los temas toques clásicos con una naturalidad soberbia) y, en la percusión, el baterista Antonio Álvarez Pax y el polirrítmico David el Indio, (que maneja congas, bongos, campanas y otros inventos percusionables) para construir un disco de hardbop tangente con muchas influencias: latinas, orientales, disco..., muy en la línea de (por poner un ejemplo cercano) Patax.

En esta mezcla de estado espiritual sin fronteras y falta de prejuicios, el disco comienza con una evocadora intro de percusiones, notas orientales, una flauta que nos transporta a escenarios exóticos..., que nos lleva a un tema atmosférico ("Shamal Wind"), una balada cósmica que, aunque suena contemplativa, permite a Wickham explorar los límites de la expresividad en la flauta (y en el organismo, con esos esfuerzos donde se le escucha tomar aire obligado por la velocidad). El ritmo comienza con el tema 2, "Snake Eyes", con su arrebatador groove de contrabajo (David Salvador), y sigue con "Soho Strut", con un balsámico solo de Risco que permite entrar a a Wickham con fuerza, desdoblándose, respondiéndose a sí mismo como hubiera querido hacer Roland Kirk cuando soplaba varios instrumentos al mismo tiempo. Otro tipo de viento sopla en la trompeta de Matthew Halsall, muy Blanchard en la balada "The Mirage".

Aunque el disco, en general, puede parecer un tanto bailable y avanzado (léase funky y avant-garde, si el lector es muy de etiquetas) el resultado suena orgánico y casi espiritual, y, según las notas del álbum, fue grabado analógicamente en los estudios Brazil de Madrid.

Mi tema favorito es "Rebel No. 23", un tema fulminante para cerrar el disco, con un Wickham absolutamente funky en la flauta (incluso cuando se escucha la respiración) y un invitado, Gabri Casanova, que está increíble y rotundo en el piano, con una velocidad y una expresividad tremendas, y con ese peculiar sonido electrónico de las 64 teclas del Wurlitzer.

Nada mejor que un directo para juzgar. Que ustedes lo disfruten.


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