ENERGÍA = CONTRABAJO

KATIE THIROUX, Off Beat (Capri Records, 2017)

Esta joven artista (nacida en Los Angeles en 1988) presenta su segundo disco con muy buenas críticas a sus espaldas. En su web leemos un comentario de Quincy Jones que dice "This girl is IT!". No en vano, el compositor-director la ha contratado y actualmente Katie Thiroux es artista residente en el club de Quincy Jones en Dubai. También forma parte del Larry Fuller Trio. El álbum, con temas cantados y también instrumentales, muestra una bajista llena de energía, con un gran dominio de la velocidad y gusto por lo complicado y lo complejo (armónica y rítmicamente hablando).

Off Beat (el título ya muestra el sentido del humor que preside el repertorio) comienza con el tema que le da título, una composición de Leon Pober que sirve de declaración de intenciones: "I follow my own design, I walk no-one else's line, so everyone says that I'm off beat!" y, aunque el estilo de Thiroux tiene un punto original, se nota la presencia en muchos momentos de la figura de Ray Brown, influencia confesada. El tema es vocal y Thiroux nos gusta también cuando canta. 


Más de la mitad de los temas son vocales, con la propia Katie Thiroux cantando, pero no deja de ser bajista en ningún momento: el bajo es director en todos los temas, presentados como elementos rítmicos. Me gustaría reivindicar aquí la creciente presencia de mujeres como líderes en los combos de jazz (aunque el hecho de abordar el tema ya suponga una discriminación) porque cualquier pasaje de este disco bastaría para rebatir cualquier prejuicio hacia las mujeres del jazz no vocalistas. Quizás, como le pasó a Nat King Cole, cuya habilidad como pianista quedó eclipsada por su popularidad como cantante, el público menos atento escuche a la cantante y deje de percibir la solidez con la que Thiroux toca el contrabajo y sostiene con poder todos los temas. Canta, hace scat pero es, por encima de todo, una instrumentista: todo el álbum está dominado por el ritmo y cualquier intervención del contrabajo, no únicamente en los solos, es significativa, nunca un simple acompañamiento. Esto la convierte en una contrabajista muy interesante.


Sólo hay una composición propia en el disco ("Slow Dance With Me"), un tempo medio instrumental que el bajo lleva con autoridad. Es un gran momento del álbum, como más adelante el cover de Ray Brown "Ray's Idea", donde juega con humor con el ritmo y con la fluidez del clarinete de Ben Peplowski. En una entrevista, Thiroux aseguró que posee un par de zapatos italianos que habían pertenecido a Brown. Se los regaló Jeff Hamilton (baterista de, entre otros, Diana Krall), que produce el disco. En la escucha, no hay duda de que hay una influencia notable del estilo de Ray Brown en la forma de tocar de Katie Thiroux. Me ha gustado especialmente el último tema del álbum, donde Thiroux aborda una sorprendente versión de "Willow Weep For Me" a voz y contrabajo solo, un desafío en el que percibimos esa sombra de Brown en la manera en que dosifica el ritmo y, al mismo tiempo, lo acompaña golpeando el mástil como si fuera un instrumento de percusión. Un final emocionante.





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* Web oficial: www.katiethiroux.com




ENEBRAL SUNSET FEELING

Electrónica versus Jazz

Escuchando el nuevo disco de Matrioska, con los ojos cerrados y la mente divagando por la puesta de sol que anuncia la portada, me pregunto hasta qué punto el nu jazz (etiqueta tan aleatoria como todas), hasta qué punto, me planteo, la electrónica en el nu jazz anula el jazz o le confiere esa nueva dimensión que todas las demás fusiones (anteriores) han aportado a la música de Nueva Orleáns.



El trompetista Carlos Garrido y el guitarrista/DJ Víctor Bañuls presentan en su nuevo Enebral Sunset Feeling una colección de temas muy ambientales, con ritmos electrónicos, sincopados pero mecánicos, en los que sobresalen otras fusiones. La fundamental y la que más me gusta personalmente es el uso de la sordina, que recuerda siempre a Miles, quien llevó la Harmon al estatus de icono. Su uso en "Quisiera" es rabiosamente jazzístico, descaradamente Miles. El flamenco también está presente en algunos temas ("Ensueño", "Agua clara"), inspiración de raíz, ya que el grupo se ha formado en Huelva y el título (toca aquí la aclaración) del álbum hace alusión a una playa virgen llamada de los Enebrales, referencia que nos lleva de nuevo a la electrónica, ya que el estilo del grupo recuerda por momentos aquel invento del Café del Mar, que se puso de moda y donde cientos de personas se reunían cada tarde para ver un atardecer en la playa pagando un astronómico precio por una copa. Los atardeceres atlánticos del Paraje Natural de Los Enebrales (ver ubicación) nada tienen que envidiar a los citados, y la música de Matrioska, rítmica pero pausada, con momentos de divagación que van del Miles de Ascensor para el cadalso (Fontana, 1958) o el más tacaño de Dingo (Warner, 1991) hasta reminiscencias más modernas como el Saint Germain de Ludovic Navarre cuando interviene a la flauta Moisés Toscano ("Poniente", "Momento"...). Muy interesante también el blues atmosférico de la guitarra en "Agua clara" y su original diálogo con el flamenco.

El álbum termina con "Enebral", con sonidos de olas acariciando la orilla, con un Carlos Garrido brillante (y sin sordina), con una maravillosa melodía de balada milesiana y con un ritmo electrónico que le hace a uno preguntarse si Miles Davis, escuchados los últimos trabajos de su carrera, no se hubiera atrevido con el acid jazz si lo hubiera conocido.


En directo, Matrioska suena distinto (como todo el jazz) y suele cambiar de formación. La última vez que los he visto era un lugar más alejado de la playa, el Teatro Felipe Godínez de Moguer, durante la presentación de la expo itinerante de fotografías que celebra los 10 años del Festival Jazzolontia. En esta ocasión, la formación era: guitarra/DJ, dos trompetas y violonchelo, un line up tan original como placentero al oído, aun cuando la improvisación pareciera limitada por los ritmos pregrabados. 

En definitiva, sigo sin saber si la electrónica en el nu jazz anula o complementa el poder rítmico y armónico del jazz, o si estas fusiones (dub, ambient, flamenco...) pueden denominarse siquiera jazz, pero lo cierto es que el disco es hipnótico y en directo la mezcla gana.



De regalo, este temazo donde Matrioska samplea a Julio Cortázar con su "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj". Aquí se pueden notar claramente las influencias de la sordina Harmon de Miles Davis cuando toca Garrido:

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* Web: http://matrioska.club




VIENTO DE OTOÑO

SCOTT DUBOIS, Autumn Wind (ACT, 2017)

Portada de Stanley Whitney
Con la naturalidad del sucederse de las estaciones, después de su inspirado Winter Light (ACT, 2015), el guitarrista neoyorquino Scott DuBois presenta Autumn Wind, una colección de temas donde va más allá en su exploración de la lírica del jazz moderno. Por intentar definir lo indefinible, quienes se internen en este viaje otoñal encontrarán música para pensar o para soñar (según la personalidad del oyente), en un jazz reflexivo, que explora y hace de la especulación una estética personal.

En su sétimo disco y a diferencia del anterior (pero sin perder el carácter íntimo de su jazz meditativo) al cuarteto de DuBois (Gebhard Ullmann al saxo tenor y clarinete bajo, Thomas Morgan al bajo y Kresten Osgood en la batería) se suman dos pequeñas formaciones de cámara. Hay un cuarteto de cuerda: Eva León (violín I), Conway Kuo (violín II), William Frampton (viola) y Sarah Rommel (cello); y un cuarteto de viento madera: Erin Lesser (flauta), BJ Karpen (oboe), ​Elisabeth Stimpert (clarinete) y Michael Harley (fagot); formaciones que el guitarrista maneja con la sensibilidad de un director de clásica y que, sumadas al cuarteto de jazz (guitarra, saxo, bajo y batería) adquieren colores inauditos.

Foto: Arek Wyderka
Y en medio de todo este despliegue sonoro, encontramos un guitarrista muy personal, con una técnica llena de poesía y nada complaciente, siempre especulando con la belleza y con la complicidad del oyente, jazz experimental que, en algunos momentos, puede desorientar al escuchante, como una tormenta de otoño, para luego devolvernos la calidez del sol de octubre. Como la portada de Stanley Whitney, la guitarra de DuBois juega con el color y el ritmo de una manera prodigiosa pero íntima, sin superficialidades ni estruendos, como en un viaje interior donde todo es posible, desde el acorde más íntimo hasta el ritmo más disparatado.

Las composiciones de DuBois, amparadas en las distintas formaciones que suenan, va evolucionando a lo largo del disco, del mismo modo que los títulos, que van desde la luz cambiante de mediados de septiembre ("Mid-September Changing Light"), un tema introspectivo y especulativo, hasta la aurora boreal otoñal  ("Autum Aurora Borealis", con su intro casi electrónica que desemboca en un free jazz elocuente) pasando por octubre, noviembre y diciembre como si de un calendario emocional se tratase (brillante y poético "Late November Farm Fields"). 

En algunos momentos, el estilo cambia y las cuerdas evocan un solsticio cercano al folk, como en la explosión rítmica de "Early December Blue Sky And Chimney Smoke"; en otros, recuerda los conceptos de lo que hablamos escuchando el disco de Paul Jones, un jazz que utiliza elementos de la orquesta de música clásica pero que está más cerca del free jazz que de la Tercera Vía, entre Miles Davis y Schönberg, composiciones siempre tensando la cuerda entre lo lírico y lo rompedor, experimental por momentos, abstracto pero bello en definitiva.

Como Youtube nos indica que los vídeos de Autum Wind están bloqueados para España (supongo que por alguna cuestión de derechos), inserto un clip del disco anterior, Winter Light para que se hagan una idea del concepto. Que lo disfruten:


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* Web oficial: www.scottdubois.com

EL JAZZ CON EL SONIDO NATURAL DEL MUNDO

PABLO BÁEZ, El testigo (2017)

Pablo Báez es un contrabajista onubense, educador y compositor con ideas muy originales y una gran versatilidad como intérprete. Su primer disco como líder, El testigo, es lo que algunos llaman una declaración de intenciones, un jazz moderno, de tempo lento, reflexivo y ecléctico, que metaboliza el jazz europeo y un sutil toque flamenco en algo que (casi) podríamos llamar jazz flamenco experimental. Pero me quedaría corto.


Aunque ya había escuchado a Pablo Báez en otras formaciones, como líder resulta un contrabajista personal, muy expresivo, que usa el contrabajo como instrumento solista, liderando sin complejos todos los temas, haciendo "cantar" al instrumento, omnipresente. 

Un aspecto singular del disco y que forma parte de su concepto es que no se ha grabado en estudio. Los temas han sido registrados con técnica ambisónica en una curiosa diversidad de escenarios (un bosque de noche, el interior de un dolmen, una iglesia, una cárcel abandonada...) para captar distintas sonoridades que ayuden a la expresividad de los temas. En este sentido, Báez manifiesta estar más interesado en "la sonoridad natural de la instrumentación, así como su integración e interacción con el medio" que en lograr un sonido perfecto a lo Rudy van Gelder. Me remito a su concierto de presentación en el Gran Teatro de Huelva, donde, como conté en la reseña del mismo, ningún instrumento iba amplificado ni enchufado. Ni siquiera había micrófonos para los instrumentos acústicos.



El cuarteto del álbum lo forman Julián Sánchez (trompeta), Enrique Oliver (saxo tenor) y Juanma Nieto (batería), contando con la siempre iluminadora presencia de Jorge Pardo en "Jaleo". Tres de los temas suenan a contrabajo solo y fueron grabados en el interior del Dolmen de Soto ("Din Don"), en las Marismas del Polvorín, junto a la vía para trenes de mercancías peligrosas ("Sin andén") y en el puente que comunica Huelva con Corrales, donde se grabó "Puente concreto", título que intuyo puede remitir a la música concreta, teoría que explora el sonido de los objetos y su combinación con los producidos por instrumentos reales. El sonido del viento en el puente, algún coche lejano y el rumor de las olas de la ría imbuyen de poesía la delicada melodía del contrabajo en este "Puente concreto". Algo parecido se muestra con la máquina de escribir y los sonidos del bosque de noche de "Oda" o su introducción, "Animales del bosque".

Los experimentos y la originalidad de El testigo miran en muchos sentidos. "My Werba", que podría ser una balada de algún trompetista anterior a Miles, no es sino una versión sublimada y bellísima del pasodoble "Mi Huelva tiene una ría" de Domingo Manfredi. Pero hay que ser un oyente muy atento o muy de Huelva para percibir el origen de esta balada de jazz. "Tema inofensivo", por ejemplo, usa un esquema distorsionado de hardbop utilizando los vientos como elemento rompedor, hacia lo atonal, logrando un sonido sucio, muy Mingus, mientras el bajo dirige a la banda con un ritmo poderoso y enérgico. Más free es "Reo", tema grabado en una vieja cárcel que albergó presos entre 1930 y 2006 y que hoy permanece abandonada esperando un uso más útil que el de mantener vivo el horror que pudo albergar. Su ruina y su vacío poblado de recuerdos justifican el tema. También aquí se grabó "Xpain", un tema también mingusiano donde los ruidos y los gritos se mezclan con un post-bop que quiere sonar también a ruido. 

Más amables son los temas inspirados en el flamenco, algunos más sutiles y elegantes y sin olvidar el desafío rítmico y armónico del jazz (como "Testigo" o como "Jaleo", tema donde se puede escuchar a Jorge Pardo a la flauta y también un gran trabajo rítmico de Juanma Nieto a la batería y Javier Vega en el cajón flamenco) y otros más de raíz, menos jazzísticos (como "Flores blancas").

15 temas, todo un despliegue de inspiración para un primer disco como líder, un disco que es una declaración de intenciones, como escribí más arriba, que confío que tenga continuación y la acogida que se merece.


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Blog de Pablo Báez: https://pablobaezillesca.com


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RITMO Y SENTIMIENTO

COLECTIVO ILIÓN, Homenaje a las "Sinsombrero"

María Teresa León
Otra vez hablando de poesía y jazz. En este caso, después de asistir a un interesante concierto a cargo de un colectivo músico-literario que homenajea a las mujeres olvidadas del 27, las que se autoproclamaron las "Sinsombrero". La definición surgió una tarde en Puerta del Sol de Madrid en plena Dictadura de Primo de Rivera. Las pintoras Margarita Manso y Maruja Mallo, que paseaban acompañadas por Dalí y Lorca, contraviniendo las normas estéticas y sociales de entonces, decidieron prescindir del sombrero porque oprimía sus ideas, un gesto rebelde para la época que les supuso (en palabras de Maruja Mallo) un rechazo social que llegó a la agresión.


Las hoy llamadas Sinsombrero son más que dos pintoras de la época. Intelectuales nacidas entre 1898 y 1908, han sido (casi) todas olvidadas por la Historia y las antologías (por diversos motivos, no sólo sexismo), a pesar de demostrar en su época que eran brillantes y originales. Recuperadas hoy en documentales y antologías, merece la pena citar sus nombres: las pintoras Maruja MalloRosario de VelascoMarga Gil Roësset (también escultora y poeta), Margarita Manso y Ángeles Santos; la filósofa María Zambrano y las escritoras y poetas María Teresa LeónJosefina de la TorreRosa ChacelErnestina de Champourcín y Concha Méndez

Ángeles Santos, Tertulia (1929. Museo Reina Sofía

El repertorio del Colectivo Ilión para este homenaje consiste en nueve standards de todas las épocas que se alternan con el recitado de poemas de las Sinsombrero. Los temas tienen en común con los versos un tratamiento apasionado de los sentimientos, tiempos lentos, baladas casi todas, que dan otra dimensión a los poemas. Escuchar "Deedle's Blues" de Diane Schuur después de Belleza de Nueva York de Rosa Chacel no deja indiferente a cualquiera... Disfrutar de En silencio... (Ernestina de Champourcin) y que a continuación suene "Speak Low" es una experiencia. Pero el mejor momento es cuando Mónica Vergel, con esa voz llena de alma que tiene, recita Destino... de Josefina de la Torre mientras el contrabajo suena, solo, recordando a Mingus de una manera estremecedora. 

Canciones con voz femenina ("Summertime", "My Favourite Things") o que hablan de la soledad y los sentimientos ("Alone Together", "Autumn Leaves") complementan los poemas con mucho respeto y sentido. El Colectivo lo conforman Virginia Ruiz (cantante), dos músicos solventes que son Rafa López (guitarra), Antonio López (contrabajo), y Mónica Vergel (recitado). A la salida, pregunté al contrabajista Antonio López por la elección de las canciones, ya que sólo algún tema de los primeros 30 se acercaba a la Generación del 27. Me respondió que primero había leído todos los poemas, y había decidido a partir de la intuición: un tema que le venía a la mente por la temática, por el mensaje, por el ritmo... Al fin y al cabo, poesía y jazz comparten muchos parámetros en cuanto a la inspiración y la forma. La poesía es ritmo y el jazz es sentimiento.


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* Sobre el tema hay un documental interesante en RTVE a la carta: www.rtve.es/lassinsombrero/es

** También hay una web: www.lassinsombrero.com


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EL BOSQUE COMO METÁFORA DEL JAZZ

FRED HERSCH, Open Book (Palmetto Records, 2017)

En las notas del nuevo disco en solitario de Fred Hersch hay una interesante metáfora que describe el jazz como un caos razonable comparándolo con el crecimiento vivo e inexorable de un bosque que crece a partir de un solo árbol (una nota, una armonía, una melodía, por ejemplo) para expandirse al azar (en apariencia) conforme las semillas se distribuyen alrededor merced a fuerzas imprevisibles como el viento, la lluvia, los desniveles del terreno... Esta metáfora del bosque para describir el jazz como libertad creativa equipara el caos a la belleza de la oportunidad y la supervivencia, y nos recuerda que el jazz es una música natural que crece con la evolución (léase fusión).

Open Book es un disco instrumental en solitario. Hasta el momento (y salvo contadas excepciones como la del saxofonista Marcel·lí Bayer), sólo nos vienen a la mente discos de jazz en solitario de pianistas. Un disco de piano en solitario es siempre algo tan arriesgado como excitante de escuchar y estudiar, pero Hersch se expresa con libertad (metáforas botánicas aparte) y se encuentra cómodo en este formato que ya dejó plasmado en Fred Hersch alone at The Vanguard (2011) o en su In Amsterdam: Live at the Bimhuis (2005), que me recuerda por momentos al Keith Jarret de The Köln Concert, aunque Hersch tiene ese don de la tradición que recuerda siempre que empezó mirando al bop (llamémoslo neo bop o bop moderno o como se le antoje al último crítico de moda) sin dejar de investigar, de explorar, de soñar.


Aunque sus composiciones forman una parte muy importante de sus grabaciones, Fred Hersch es uno de esos músicos más recordados por sus solos, por lo que es incluso recomendable escucharlo en este formato en solitario, recordando la soledad aventurera de aquellos pianistas de los primeros clubs de jazz de Nueva Orleáns, exploradores de una música aún por nacer. Hersch es así, inspirado, personal y ecléctico, aunque suena a Jarret en algún enfoque, a  Liszt, a Chopin, a impresionismo, a romanticismo incluso, a música clásica en definitiva ("Plainsong") sin perder el elemento bop ("Eronel") que hace brillar su personalidad y su capacidad emotiva.

Hersch es uno de esos grandes pianistas de las últimas décadas que, por no ser ni negro ni europeo, queda siempre en los últimos estantes de las tiendas, como un premio solo para los oyentes exquisitos que se molestan en investigar (también investigar) más allá de los escaparates y las modas. 




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* Foto: Jim Wilke.

REPÚBLICA CROMÁTICA

El jazz de Manolo Valls Quartet

Experimentar a partir de la tradición. Esta parece ser la consigna del primer álbum como líder del saxo tenor Manolo Valls, un músico, docente y compositor valenciano con una carrera tan dilatada que abruma. Escuchado sin atención, República Cromática (Sedajazz Records, 2017) puede parecer un disco mainstream, incluso un disco fácil, pero una escucha atenta desvela en las composiciones de Valls trazas de Mingus, de Monk, sutiles referencias al blues y al free jazz, a Charles Lloyd, y algún aire coltraniano. Como en el caso de los medicamentos o de los alergenos en los productos de alimentación, esto está debidamente advertido en la etiqueta. 

Formado en el Casino Musical de Godella y tras pasar por infinidad de formaciones de jazz, Valls es profesor de saxofón, iniciación al jazz, lenguaje musical y música de cámara en el Conservatorio Profesional “Pintor Pinazo” y director de la Big Band Casino Musical. Su cuarteto, formado en 2016, reúne a Iván Cebrián (guitarra), Oscar Cuchillo (contrabajo) y Rubén Díaz (batería); una formación que recuerda al cuarteto de Sonny Rollins, con esa versatilidad y frescura que da la guitarra al cuarteto sin piano. 

Foto: Antonio Sambeat

Manolo Valls es uno de esos tenores de fraseo inspirado. Uno no sabe si está improvisando o ha escrito la partitura con ese nivel de complejidad. Tiene frescura a pesar de dedicarse a la enseñanza (ya sabemos que tanto la rutina como un exceso de teoría debilita la inspiración) y muy buen gusto al elegir las influencias con las que dar color a su música. Del disco cabría destacar no un tema sino la homogeneidad resultante a pesar de la variedad de influencias.

Foto: Juan Ferrer
El disco comienza con "Nerjita", animado, hardbop feliz y dinámico, repartiendo protagonismo entre el saxo y la guitarra de Iván Cebrián, un diálogo de solistas clásico que aquí funciona muy bien, aunque queda patente que el peso de los temas lo lleva el tenor, versátil y con mucho que decir: las frases del saxo en "Inside This World", por ejemplo, son tan cantabile que casi parece pop. Con un arranque de blues coltraniano, "Blues for Esteban" cumple las expectativas fluyendo como un tema de la época hardbop de Coltrane. Si hubiera que elegir uno de los solos de Iván Cebrián a la guitarra sería el de este tema, fluido, natural, complicándose a medida que crece; excelente. "Crisis" entra con un bajo rebelde, muy Mingus, pero es un bebop al estilo de Bird, menos sofisticado, menos loco, pero donde Valls va desgranando recursos de una manera incansable. La canción tradicional sueca "Viejo Estocolmo" fue convertida en estándar de jazz por Stan Getz en 1959 como "Dear Old Stockholm" y, como en el caso de Getz, aquí vuelve a sonar a bossa. Volviendo a Coltrane, éste lo grabó en 1963 y aparece como bonus track en las reediciones de Impressions (Impulse!, 1987, por ejemplo). Valls frasea "Viejo Estocolmo" como hacía Dexter, con fuerza y delicadeza al mismo tiempo. Misterioso y adictivo el solo de Oscar Cuchillo al contrabajo.

En definitiva, Manolo Valls hace un jazz cerebral, complejo pero fácil para el oyente, y lo que es más importante: con muchos recursos interesantes pero siempre anclados en la tradición. 

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* Web oficial: www.manolovalls.com