UN SEPTETO ATEMPORAL

ALFONSO CALVO SEPTET, Monday Mood 
(Tiny Moon Records, 2019) 
En la misma línea de su anterior See Ahead (Free Code, 2016), el contrabajista y compositor gallego Alfonso Calvo nos trae una nueva colección de temas originales con un sonido calmado, limpio, muy cool y placentero de escuchar, seis enormes composiciones con las que Calvo sorprende y, al mismo tiempo, consigue que suenen familiares al oído del aficionado.




Su septeto está formado por Pablo Castanho (saxo alto y soprano), Diego Alonso (tenor), Xabier "GdJazz" Pereiro (trompeta y fliscorno), Luis Miranda (trombón), Iago Mourinho (piano) y Miguel Cabana (batería) y cuenta también con invitados como Ton Risco (vibráfono y melódica), Pablo Pascual (clarinete bajo) y Paola Kianda (pandeiro), todo un despliegue para sacar partido a unos arreglos que complacerán tanto a los oídos modernos como a los más apegados a la tradición, donde Calvo encuentra referencias claras para hacer un jazz sin prisas, deleitándose en las dinámicas y, sobre todo, en el sonido de los metales y maderas. 

En algunos temas donde el septeto se amplia (con Risco, Pascual y compañía) aumenta la "paleta" de colores del combo y Calvo consigue nuevas atmósferas, más brillantes ("Mary-Go-Round", por ejemplo), sin buscar la espectacularidad: no hay vibratos gratuitos ni grandes unísonos ni abuso de la sección rítmica, por ejemplo, pero sí un uso constante del ritmo como elemento fundamental y, lo que es mejor, mucho espacio para los solistas



Sin ánimo de comparar, hay momentos que nos recuerdan a dos referencias personales: por un lado, los arreglos de Calvo me traen a la mente las aportaciones de Gil Evans al jazz de Miles Davis, por sus arreglos brillantes, que buscan una pureza dentro de la complejidad de empastar la diferente tímbrica de todos los instrumentos; por otro lado, y por citar otra referencia que nos viene a los oídos, la manera de sacar partido a los arreglos de Maynard Ferguson con su big band, sin la espectacularidad explosiva del trompetista pero con un resultado igual de excitante.

Monday Mood es el segundo disco como líder de Alfonso Calvo, quien, sin embargo, ha participado en un buen número de formaciones (No Name Quartet, Marcos Pin, Aló Django, Valentín Caamaño Trío, Marcos Teira Trío...), combos en los que siempre hay músicos en común, algo que propicia un interplay orgánico, natural, con esa complicidad de los directos que funciona tan bien y que hace este disco muy recomendable. Lo mejor: dentro de unos años, hagan una escucha a ciegas (antes lo llamaban "blindfold tests") y nadie sabrá decirles a qué época pertenece este álbum. Y esta atemporalidad le augura una larga vida. 



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* Web oficial: www.alfonsocalvo.com

UN TRIBUTO A DIZZY

JOHN BAILEY, Can You Imagine? (Freedom Road, 2019)

En 1964, Dizzy Gillespie se presentó como candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Lo que empezó con una broma de su departamento de marketing, que hizo unas chapas en las que se leía Dizzy For President, continuó con una campaña real a la presidencia y terminó en un concierto memorable en el Festival de Jazz de Monterrey. Hay un disco que recoge aquel concierto y que se llama, precisamente Dizzy For President (Knits Classics, 2004, reeditado). En este disco podemos escuchar la canción "Salt Peanuts" rebautizada como "Vote Dizzy" con una letra que decía así: 

Your politics ought to be a groovier thing.
Vote Dizzy! Vote Dizzy!

So get a good president who’s willing to swing.

Vote Dizzy! Vote Dizzy!

El trompetista John Bailey, "hijo" musical de Dizzy, lleva en su coche la matrícula DIZ4PREZ. Si esto no les sirve de pista, escuchen su nuevo disco, un homenaje en toda regla a aquella campaña medio en serio medio en broma de Dizzy para presidente. El álbum se llama Can You Imagine? (Freedom Road Records, 2019) y reúne en este álbum una serie de temas inspirados por ella, desde temas originales como "The Blues House" (sí, Dizzy quería rebautizar la Casa Blanca con este nombre), un blues que termina con un brillante juego de llamada y respuesta; "Peebles in the Pocket" o una suite titulada "President Gillespie Suite" que juega con los eslóganes de aquel momento y es, a la vez, homenaje a lo que podría haber sido ("The Humanitarian Candidate") y una broma por lo que en otros ámbitos fue ("President Gillespie's Birthday Song"). Esta suite está llena de nostalgia, notas tristes y también un sinfín de guiños musicales a Dizzy, tanto en el uso de esos acordes que le hacían distinguible como en citas explícitas y muy reconocibles de sus temas más conocidos. 

Foto: Matt Dine
En lo estrictamente jazzístico, hay que reconocer que John Bailey es un trompetista desconocido en nuestro país pero que merece la pena conocer y escuchar con atención. Tiene esa desfachatez de Dizzy al improvisar, explosiva y, a la vez, limpia, natural. Su sentido del ritmo está patente en todo el proyecto, con un swing incansable que está lleno de bebop, latin, soul..., más elocuente incluso cuando toca el fliscorno. Con una gran experiencia como músico y docente a sus espaldas, este trompetista de Nueva York formó parte de la banda de Buddy Rich cuando aún estaba estudiando, y ha trabajado y grabado con artistas como James Moody, Kenny Burrell, Dr. Lonnie Smith... hasta en 75 álbumes de jazz, entre los que se cuentan dos discos ganadores del Grammy: The Offense of the Drum (2014) y Cuba - The Conversation Continues (2015), dos discos de Arturo O'Farrill. La influencia latina está patente en dos temas de este disco ("Valsa Rancho" de Chico Buarque y "Ballad For Oro, Incienso y Mirra" de Chico O'Farrill), una afinidad electiva heredada, claramente, de Diz.


Su sexteto está formado por Stacy Dillard (saxos soprano y tenor), Stafford Hunter (trombón), Edsel Gomez (piano), Mike Karn (contrabajo) y Victor Lewis (percusión), a los que se suman, en algunos temas, Janet Axelrod  (flauta) y Earl McIntyre (trombón bajo y tuba). Entre todos construyen un disco de bebop, cubop y músicas cercanas con elegancia y un sonido limpio y bien trabajado que redunda en un disco recomendable para descubrir a un veterano trompetista desconocido en España, un disco en el que hay muy buen jazz y una buena cantidad de homenaje sonoro a Dizzy pero, sobre todo, intelectual, a su forma de pensar, de enfocar el mundo y, por supuesto, el jazz; un homenaje que nos hace pensar en lo imposible (¿un trompetista presidente?), pensar que podríamos estar gobernados por gente más humana, más digna y con más sentido del humor. En todo caso, ¿se imaginan que Dizzy Gillespie hubiera ocupado la Casa Blanca en 1965? Can you imagine?


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* Web oficial: www.johnbailey.com

JAZZ SENSORIAL

ÁLVARO VIEITO, Devayu (Tiny Moon Records, 2019)

Devayu es el nuevo trabajo del guitarrista Álvaro Vieito, una sesión de estudio para la que se han compuesto y grabado ocho temas con una inspiración curiosa: en palabras de Vieito, "evocan olores, gamas de colores y sensaciones difíciles de expresar con palabras pero quizás no tanto con música". Este juego de evocación, que apela a nuestra memoria sensorial, a nuestros déjà vu, comienza con el juego de palabras del título.

Este anagrama enlaza con la esencia jazzística, que cambia de posición ciertos valores tradicionales para crear esta música metamórfica e interminable que nos gusta. Álvaro Vieito lo hace con un cuarteto formado por Javier Ortí al saxo tenor (ya hemos hablado en otras ocasiones de este saxofonista y su relación los guitarristas), el contrabajista Javier Delgado y uno de nuestros bateristas preferidos, Nacho Megina. Entre todos, despliegan un jazz moderno lleno de referencias a la tradición (hardbop, cool...) y a la vanguardia (Third Stream, fusión), con temas principalmente exentos de tensión, desarrollados con calma para disfrutar oyéndolos y (supongo) tocándolos.

Foto: Asejazz

Formado en Santiago de Compostela y Nueva York, Álvaro Vieito tiene una amplia carrera en distintas formaciones y como sideman (con Javier Delgado, Arturo Serra, Javier Ortí, Cuarteto Fuerte...) y también como docente (Asejazz, INJEX, Estudio Escola de Música de Santiago de Compostela). Debutó como líder con Introducing (Asos Jazz, 2010) y nos sorprendió en 2017 con Boreas, un cuarteto en el que hacía una interesante revisión de los temas de The Beatles. 

Con un estilo personal y contemporáneo, lleno de múltiples referencias externas al jazz (rock, pop) o cercanas (Third Stream), Vieito compone melodías fáciles de seguir, single lines interesantes y progresiones armónicas bien desarrolladas que dotan de emoción a los temas. Como líder, comparte protagonismo con el saxo de tú a tú en un interplay muy natural. Esto convierte el álbum no solo en un proyecto innovador y personal sino en una experiencia musicalmente apasionante.



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JAZZ PARTY, PARTY JAZZ

DELFEAYO MARSALIS & UPTOWN JAZZ ORCHESTRA,
Jazz Party (Troubadour Jass Records, 2020)

El séptimo disco de Delfeayo Marsalis como líder llega, como los anteriores Make America Great Again! (2016) y el álbum en vivo Kalamazoo (2017), de la mano de la Uptown Jazz Orchestra. Con el eclecticismo propio de Nueva Orleáns y su intrínseca mescolanza sonora, nos trae una serie de temas originales, escritos en su mayoría por Marsalis para esta enorme orquesta. Con un sonido ambicioso (vean, por ejemplo, que suenan 4 trombones, 4 saxos, 5 trompetas...), con mucho color, dinámicas cambiantes y esa preocupación de Marsalis por el sonido puro del contrabajo, consigue que nos sintamos dentro de una gran fiesta al más puro estilo de la ciudad. 

En las notas del disco, el propio Marsalis, a través de dos anécdotas, relaciona el jazz tradicional con la felicidad. Supone, dice, que es porque el hot jazz se toca en modo mayor y los músicos lo interpretan con mayor carga de optimismo. Modo mayor contra jazz moderno. Lo que para otros es neo-tradicionalismo o, simplemente, revival, para la UJO es tradición, raíz, una música que late tras cada puerta y tras cada esquina, porque es música que suena a calle, a second line, a funeral y a celebración. Me gusta lo acertado del título, que tiene mucho que ver con lo escrito por Marsalis: suena a música feliz. Y es un gran homenaje a la idiosincrasia de Nueva Orleáns.

El disco comienza con una fusión de funk, gospel y rhythm & blues muy sureña con la semifinalista de The Voice (en España, La Voz) Tonya Boyd-Cannon, que pone un toque lírico en el tema. Sigue un clásico de The Dirty Dozen Brass Band ("Blackbird Special") es puro ritmo, energía propulsada por la enorme sección de vientos y percusiones de la UJO, una partitura que serviría por sí sola para definir el ritmo de Nawlins. El sonido criollo de la ciudad aparece en "7th Ward Boogaloo". El sugestivo tema "Raid on the Mingus House Party" está inspirado en la televisión y las crecientes tensiones que dominan la opinión pública americana. Esto, mezclado con la idea de ¿Cuál es el número máximo de ideas melódicas que se pueden tocar a la vez de manera coherente? consigue una especie de caos controlado que serviría para ilustrar todas esas corrientes éticas y las tensiones existentes entre ellas. Por cierto, la respuesta es diez. 


Mboya K. Marsalis, hermano menor de Delfeayo, padece un trastorno del espectro autista. El trombonista se ha inspirado en él para construir esta fantasía en forma de blues, un blues que, apoyado en una big band tiene un sonido potentísimo. En el rap "So New Orleans", son otros sonidos de la ciudad los que escuchamos. Con un toque funk muy neoorleano y haciendo un juego de palabras, "Dr. Hardgroove" rinde homenaje a la vida y al sonido del difunto Roy Hargrove, uno de los Young Lions que Marsalis producía en los 80. Sigue otra versión, "Let Your Mind Be Free" de los Soul Rebel Brass Band, más funk autóctono con toques de desfile callejero, una delicia que tiene su continuación en "Caribbean Second Line" (donde aparecen sonidos caribeños). Pero antes suena "Irish Whiskey Blues", que mezcla la inspiración de canciones irlandesas con un contrafact de "Chambers of Tain" de Kenny Kirkland. El disco termina con un instrumental de "Mboya's Midnight Cocktail", donde la fuerza del blues orquestado se hace más patente.

Un disco, en resumen, con un sonido potente, atemporal, con la esencia de Nueva Orleáns en cada músico y en cada arreglo, y con algo que me ha gustado (y que está reapareciendo en muchos discos últimamente): está reseñado al lado de cada título quién o quiénes hacen los solos. Cuando tienes un solo trompetista parece obvio citarlo pero, cuando tienes tantos músicos en la misma cuerda, se agradece. Un punto más a favor de este disco que ilustra y disfruta de la rica cultura musical de la que llama The Big Easy. Por eso, voy a terminar esta reseña con una frase del propio Marsalis en las notas del disco: "La esperanza de vida de cualquier innovación es directamente proporcional a su relación con la tradición."

Escúchenlo y disfruten.

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* Delfeayo Marsalis: www.dmarsalis.com

* Uptown Jazz Orchestra: www.facebook.com/uptownjazzorchestra



FELIZ NAVIDAZZ

UN AÑO MÁS (Y VAN 12), FELIZ NAVIDAD A TODOS

Puede que, para algunos, las navidades sean épocas tristes que les hacen recordar tiempos mejores. Nostalgias aparte, ¡que nos quiten lo vivido! Los que ya no están nos dejaron lo mejor que tenemos, al menos en mi caso, y toca disfrutar de los que están. La Navidad es, también, una época para dar. Regalar es una de las cosas que más endorfinas produce. Ver la felicidad (o la sorpresa) en la cara del otro no tiene precio. y si lo que regalamos es un disco de jazz, bueno, ¿qué les voy a decir? Que regalen, que regalen, y no solo discos, también entradas, momentos, swing...

Para celebrar estos momentos y no salirnos de la filosofía de este blog, suelo recomendarles cada año un disco de jazz relacionado con la Navidad, pero este año será un concierto. Para poner banda sonora a esos momentos que las fiestas les dejen libres, vean y escuchen este concierto de la Jazz at Lincoln Center Orchestra dirigida por Wynton Marsalis que no tiene nada que envidiar al de Viena en Año Nuevo (que, por cierto, tampoco me lo pierdo).

Grabado en 2015, incluye swingueantes standards clásicos de Navidad como "Jingle Bells" (con los arreglos de Count Basie), el ineludible "White Christmas", "Sleigh Ride"... con toda la potencia de la big band y, en algunos temas, vocalistas como Denzal Sinclaire (ganador del National Jazz Award) y la vocalista de bebop Audrey Shakir, y solos, muchos solos que el realizador ha tenido la coherencia de nombrar con subtítulos, lo que es de agradecer.

Que ustedes lo disfruten. ¡Feliz Navidad!





                                

SIMBIOSIS

JAVIER ORTÍ & MIKKEL PLOUG QUARTET, Laguna llena 
(Rizoma Records, 2019)

El álbum Laguna llena es la materialización de un proyecto musical con el que dos músicos de la talla del saxofonista Javier Ortí y el guitarrista Mikkel Ploug venían girando por salas bastante tiempo. Aunque son músicos con lenguajes bien diferentes, consiguen fusionarse en un sonido moderno, tan complejo que suena sencillo, cercano, quizás por el uso de tiempos medios y lentos donde la expresividad es más arriesgada pero, al mismo tiempo, más colorida; una estética la de este grupo que supone una revisión crítica del sonido del cuarteto clásico de saxo y guitarra que merece la pena escuchar.

Músicos, compositores y educadores, ambos desarrollan carreras paralelas (y juntos) con una óptica moderna y especulativa. Ortí, integrante de la Andalucía Big Band, entre otras formaciones (Monk Experience, Actual Proof, Fried Neoronium), tiene dos discos como líder (Intrology y Enki), donde parece que encuentra una relación armónica perfecta con los guitarristas (ha colaborado también con Miguel Martins, Carlos Bermudo, Alvaro Vieito...) y viene del reciente proyecto  de C.O.M. Trio (con Trevor Coleman y Nacho Megina). Ploug, por su parte, tiene una extensa carrera con discos a dúo, trío, cuarteto (con Mark Turner), sus experimentos con música de cámara (Equilibrum) y un arriesgado disco en solitario (Alleviation). 

Juntos, el onubense y el danés despliegan un abanico de sonidos que van desde referencias al hardbop hasta la world music ("African Song" es el ejemplo más evidente, con reminiscencias de Sonny Rollins) y a la Third Stream, todo ello con una estética uniforme y coherente, creando atmósferas donde explorar e improvisar. Elegantes y altamente expresivos en sus fraseos, Ortí y Ploug parecen contar historias a dos voces, ya sea en temas más efervescentes ("Fish or Net", donde Ploug recuerda en ciertos momentos a esa fluidez improvisadora de Bill Frisell) y que exigen velocidad y virtuosismo, como en composiciones meditativas como "A Reverbs Goodbye", donde, cuando cantan al unísono saxo y guitarra, se produce una especie de catarsis, una explosión contenida de lírica jazzística. Una simbiosis compleja pero que aquí funciona de una manera orgánica y natural.

El álbum se grabó en los estudios Mikima Records, en Palomares (Sevilla) en un solo día (11 de Marzo de 2019) y, quizás por esto, expresa esa frescura de los grupos muy rodados, con un interplay natural y un sonido muy cálido. Contiene nueve temas que se mueven (casi todos) a poca velocidad, algo que entraña riesgo pero también favorece la expresividad y nos permite comprobar la personalidad de los músicos nota a nota. (la intro de "Rossette" . 


El cuarteto incluye también una sección rítmica de enorme nivel y muy personal. Al sonido sólido y vibrante de Joan Masana al contrabajo hay que sumar la versatilidad de Martin Andersen en la batería, uno de esos músicos que hacen directos para recordar. Dos españoles y dos daneses que se entienden y se expresan, cada uno en su propio lenguaje musical, con un resultado excitante, más aún en directo.



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* Javier Ortí: javierortimusic.com

* Mikkel Ploug: www.mikkelploug.com

* Foto cuarteto: Gracia Gata Montero (vía Facebook).

* Foto Mikkel Ploug: Cecilie Vincentz.

ACORDES Y DESACUERDOS (XXVIII)

JAZZ DE LIBRO

En esta sección ya veterana (esta es la vigésimo octava entrega) que llamo Acuerdos y desacuerdos, me gusta recopilar pensamientos, opiniones y fragmentos de libros o películas o entrevistas en los que el jazz es adorado, vilipendiado o, simplemente, utilizado. Pero son más interesantes, de eso no hay duda, aquellos fragmentos en que los personajes (ya sean ficticios o reales) opinan que el jazz es algo dañino o inútil. También aquellos en que el jazz se mezcla con los sentimientos y se vuelve algo vivo. Van ahí unos cuantos fragmentos:


I. 
Ignatius J. Reilly, el reaccionario (y delirante) protagonista de La conjura de los necios (obra única y postrera de John Kennedy Toole) vive en Nueva Orleáns y tenía, por supuesto, que apostillar su "propia" opinión sobre el jazz:

Yo, en mi inocencia, sospeché que la raíz de la apatía que había observado entre los obreros era aquel jazz indecoroso que emitían los altavoces estridentes de las paredes. La psique bombardeada por esos ritmos no puede aguantar mucho tiempo, y se descompone y atrofia.




II.
Pero, si hay alguien capaz de irritar más al lector que Ignatius, ése es Boris Vian con su irreverente Escupiré sobre vuestra tumba (J'irai cracher sur vos tombes) de 1946. En una escena en la que Lee charla con Lou sin que ella sepa que él tiene parte de sangre negra, él defiende el origen negro del jazz, mientras que Lou defiende que las buenas orquestas son de blancos:

—No lo creo. Todas las grandes orquestas son de blancos.
—Claro, los blancos están en mejor posición para explotar los descubrimientos de los negros.
—No creo que tengas razón. Todos los grandes compositores son blancos.
—Duke Ellington, por ejemplo.
—No, Gershwin, Kern y todos esos.
—Todos europeos emigrados —le aseguré—. Son los peores explotadores. No creo que en todo Gershwin se pueda encontrar un solo pasaje original, que no haya sido copiado, plagiado o reproducido. Te desafío a que encuentres uno solo en toda la Rhapsody in Blue...
—Eres extraño —respondió—. Detesto a los negros.



III.
El jazz está presente, de una manera inexorable (¿orgánica?) en cualquier relato de Ami Baraka. En el relato "The Screamers", incluido en su libro Tales, publicado en 1967 aún bajo su nombre de nacimiento (Leroi Jones), aparece este fragmento, que nos recuerda que Baraka/Jones, influenciado desde pequeño por el jazz, quería ser como Miles Davis. 
Adelantó un pie y agitó una mano. La otra colgaba descuidadamente de su trompeta. Y sus turbantes se agitaron entre aquellas sombras. El de Lynn más apretado, más ordenado y brillante, de hermoso amarillo incrustado en piedra verde. También verdes aquellos pedruscos brillantes que bailaban en sus meñiques. A-boomp, bahba bahba, A-boomp, bahba bahba, A-boomp, bahba bahba, A-boomp, bahba bahba, los turbantes se mecían tras él. Y sonrió, antes de levantar la trompeta, a Deen o a Becky, que estaba borracha, y nosotros buscamos en la oscuridad a las chicas.


IV.
En el comic Hate Jazz, de Jorge González & Horacio Altuna, hay una descripción ciertamente dura de un combo de jazz tocando en un club. Todos hemos asistido alguna vez a un concierto en el que ha habido músicos así:
En el Dolphins comenzó a sonar "What's News"... Cuando fue su turno, el solo de Chester fue imaginativo y muy sensual, como siempre. Hacía tiempo que iba gente al Dolphins a escucharlo solamente a él... Peor eso él no lo sabía. Cuando tocba desaparecía del mundo... y quedaban sólo él y su alma. Cecil, en cambio, era superficial y, cuando hacía un solo bueno, no era de él... porque no tenía demasiado que decir sobre sí mismo, o no quería. Entonces, plagiaba. McCoy Tyner. 
Luego hay una descripción que nos introduce en la parte humana: una mujer, quizás un triángulo.
Miles Davis decía que lo más fuerte que había experimentado (con la ropa puesta) fue cuando escuchó por primera vez a Gillespie y Parker, en St. Louis. A los hermanos Gayle, que completaban el cuarteto, lo más fuerte que les había pasado era haber conocido a Velma. Y si, musicalmente, sonaban conjuntados, como un metrónomo, sus almas estaban en disonancia, competían... por Velma. Y ella lo sabía. A lo mejor por eso también, la atmósfera de la música que hacía el cuarteto era densa, excitante y dramática. 


V.
En el cuento The Blues I'm Playing de Langston Hughes, la joven pianista Oceola y su vieja mecenas tienen objetivos distintos, objetivos que chocan cuando ella se enamora y su mecenas le aconseja que no se case o será como echar a perder su carrera musical. En ese momento, las manos de Oceola dejan caer sobre el piano de cola unas notas de blues:
Y sus dedos comenzaron a deambular lentamente arriba y abajo del teclado, flotando sobre la suave y perezosa síncopa de un blues negro, un blues que se hundía y se transformaba en un jazz juguetón, y luego en un ritmo palpitante que sacudió los lirios de las vasijas persas de la sala de música de Mrs. Ellsworth. Más fuerte que la voz de la mujer blanca que gritaba que Oceola estaba desertando de la belleza, desertado de su verdadero yo, desertando de su esperanza en la vida, la marea de salvaje síncopa llenó la casa, y luego se hundió en el lento y cantarín blues con el que había comenzado. [...] Qué triste y alegre es. Triste y feliz, riendo y llorando... Qué blanco como usted y qué negro como yo... Como un hombre... Y como una mujer... Cálido como la boca de Pete... Así es el blues... que estoy tocando.




EL SOSTÉN DE LA MEMORIA

KEVIN SUN, The Sustain of Memory (Endectomorph, 2019)

Al saxofonista Kevin Sun le conocimos como integrante de una formación avant-gard llamada Earprint, donde, en sus propias palabras, buscaba "escribir música difícil". Aquí viene como líder, presentando  un doble álbum publicado por el sello puntero Endectomorph Music que contiene tres suites. En ellas, los músicos se alternan en distintas formaciones: The Middle of Tensions en cuarteto, Circle, Line a trío y The Rigors of Love en quinteto; tres suites que nos muestran a un compositor inquieto y sin prejuicios que juega a deconstruir ritmos y a buscar la expresión en melodías complicadas, sin que ello le prive de encontrar cierta perfección y belleza en la atonalidad, esa rara belleza de lo inusual que tiene el jazz moderno.

Estas tres suites, grabadas Brooklyn y Mount Vernon, cuentan con un puñado de músicos jóvenes y con capacidad de improvisación radicados en Nueva York: Adam O'Farrill (trompeta), Dana Saul (piano), los bajistas Walter Stinson y Simón Willson, y los bateristas Matt Honor y Dayeon Seok, además del propio Kevin Sun, que hace las veces de compositor y que (junto al piano en dos de las suites) co-lidera el proyecto tocando el clarinete y el saxo tenor.

De esa belleza inusual de la que hablábamos encontramos un buen ejemplo en la quietud del tema con que concluye la primera suite ("The Middle of Tensions VI"), donde, sobre una base rítmica que detiene el tiempo, piano y saxofón apenas desgranan una melodía que solo podemos intuir. Dentro de la complejidad de la suite, la versatilidad armónica de Dana Saul aporta color y diversidad a los distintos temas de la suite. Una revisión del cuarteto clásico de saxo y piano que merece la pena una escucha.

A trío (Sun, Stinson y Honor) la suite Circle, Line busca sus mensajes en piezas más breves, en ritmos sincopados, repeticiones y momentos de swing desestructurado. Para mí, la suite más recomendable de las tres que componen este trabajo. 

La última, a quinteto, es quizás más compleja armónicamente, con momentos más cercanos al mainstream y otros muy especulativos y ciertamente originales. Quizás la más fácil de escuchar (en ciertos pasajes). Sin embargo, a lo largo de sus tres extensos movimientos (suman 48 minutos), podemos escuchar al grupo explorando las posibilidades tímbricas de sus instrumentos desde una óptica ellingtoniana en la que buscan la vanguardia y la originalidad desde su sonoridad natural, sin más artificios que los necesarios para establecer las fronteras que el compositor quiere imponer. "The Rigors of Love II" tiene ciertas reminiscencias mingusianas pero heredadas, a su vez, de Duke.  


Puede que no quede nada de la negritud de Nueva Orleáns en el jazz que hace Kevin Sun, pero domina ese factor tan importante como es la improvisación y el inconformismo, buscando más allá de las fronteras del jazz su propio sonido inventando, jugando... Sobre jugar, aparece en la carpeta del disco un texto muy interesante de Andrew Katzenstein, que cita a la inglesa Penelope Fitzgerald a propósito del juego y la niñez:

La ambición de todos los niños es que sus juegos se tomen en serio.

Si esto es un juego (y el jazz debe serlo para que sea excitante), hay que tomarlo en serio, del mismo modo que en todos los juegos hay que conocer sus reglas pero, si algo tienen de especial los niños, es que son capaces de inventar, de crear sus propios juegos y sus propias reglas, y Kevin Sun las reinventa en cada tema. Esto es lo que hace al jazz interesante. Y, pieza a pieza, fragmento a fragmento, estas tres suites conforman un mosaico minimalista que merece la pena ser paladeado poco a poco pero, en conjunto, suman un total abrumador.

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* Más info: www.thekevinsun.com

* En Bandcamp: https://thekevinsun.bandcamp.com/album/the-sustain-of-memory

EL ARTE DE LO SUTIL

MANOLO PEREIRA, Equilibrio (Blue Asteroid Records, 2019)

En su primer disco como líder, titulado Equilibrio, el guitarrista Manolo Pereira presenta un trabajo donde juega con todas las posibilidades del trío de guitarra, y lo hace a través de nueve composiciones propias que van desde momentos de swing inspirados en la tradición hasta el jazz más contemplativo, logrando un delicado equilibrio entre lo rítmico y lo lírico.


Nacido en Sevilla, Manolo Pereira creció en grupos de rock para descubrir el jazz, que lo llevó al Conservatorio de Sevilla y al Taller de Músicos de Madrid. Ha sido alumno de Fran Mazuelos, John Scofield, Kurt Rosenwinkel, Julian Lage y Al Di Meola, entre otros, y ha participado en formaciones como Tente o NinJazz Quartet.

Foto: Manuel Couceiro/Pablo Benavent (source: facebook)

En la manera de componer y tocar de Manolo Pereira vemos a uno de esos músicos que, a pesar de beber de la Historia del Jazz, busca su propio sonido, buscando en los distintos recursos de la guitarra la expresividad adecuada a cada tema, consiguiendo un disco heterogéneo pero de sonido reconocible.

Lo acompañan otros dos músicos sevillanos, el bajista Fran Real (Jazz de Marras) y el baterista José Gómez (One Pac & Fellows), un trío que logra esa comunión ideal entre los músicos que es mucho más complicada en formaciones de mayor tamaño. Hay un interplay fluido y preciso entre estos músicos que les permite desarrollar un jazz fresco y de sonido limpio, un sonido quizás más complejo que el de otros tríos de jazz en las dinámicas y en el tratamiento melódico de los temas, pero jazz al fin y al cabo, con esa filosofía de los músicos europeos que buscan la lírica como vanguardia.


Los temas de Manolo Pereira van desde el swing ("Habitaciones"), practicado con frescura y economía de notas (se puede hacer jazz sin derrochar corcheas), con momentos que recuerdan al Metheny contemplativo y otros al John Scofield más rítmico; baladas ("Algo/Nada Especial", "In Alcanzable"); toques funk ("Paseos"), o temas más heterogéneos que, sin abandonar la estética del álbum, citan o muestran influencias de otros estilos (como la bossa en "Hipocampo"). El último tema del álbum es "Bioquimia", un tema que parece romper los esquemas con un tratamiento rítmico obsesivo (casi de electrónica) y la voz de Birane Wane pero no es más que una balada desesperada con un tratamiento original que enlaza con las otras baladas del álbum a su manera.

En resumen, Equilibrio es un buen disco, con un sonido personal y todo un abanico de propuestas que nos permite conocer a Manolo Pereira como guitarrista y como compositor.


Y aquí, a modo de ejemplo, un fragmento de "Habitaciones" con sonido en directo desde el espacio íntimo del Jazz Naima de Sevilla.



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MÚSICA PARA EL OLVIDO

MARCOS PIN, Óstraka (2019)

Al guitarrista Marcos Pin le va lo complicado. Como líder, compositor o arreglista, lleva años sorprendiéndonos con sus grabaciones para tenteto (o decateto, es decir combo de jazz con 10 músicos) como Barbanza (2012), discos con solo dos instrumentos como en los volúmenes de su serie Duology (2013 y 2015) o un combo formado por ¡cuatro guitarristas! (Triangle and Square de 2018)... y ahora, vuelve envuelto en una formación aun más insólita en Óstraka, una suite para guitarra de jazz, contrabajo y cuarteto de cuerda compuesta y arreglada por Malcolm Stilton (1).

Nuevamente, nos encontramos con esa simbiosis mágica que genera la relación entre jazz y poesía, porque Óstraka está inspirada en un poemario del mismo nombre publicado este año por Luis Valle, humanista, escritor y artista plástico lugués que ha publicado cerca de treinta libros y que, con este poemario, indaga en la esencia del olvido. El título, que significa ostra, remite al ostracismo, castigo que se imponía en la antigua Grecia y que consistía en el destierro. El castigo se llamaba así porque el nombre del desterrado se grababa en una ostra de cerámica. 

En lo temático, Óstraka busca ese aire nostálgico y doloroso del que hablan los poemas, ese olvido involuntario (o no). Lo encuentra en pasajes líricos o tensos, en notas largas conseguidas con el arco, en el tempo que se detiene, en algunos pasajes, de una manera inesperada. En lo formal, el lenguaje fragmentado y rítmico de la poesía es traducible al jazz, como hemos visto en otras ocasiones. Toda poesía se busca a sí misma, el poeta se exige un ritmo y una estructura que dé significado a cada uno de los versos, a cada una de las palabras. Esta es la misma esencia del jazz, la búsqueda continua, la investigación en cada nota, y en las cuerdas Marcos, como Luis, indaga en cada pasaje del álbum de una manera precisa, quizás intuitiva, pero precisa. Investigación y hallazgo. Poesía en los dos casos.

El resultado es, más que sorprendente, embriagador. El juego del jazz, cuando hablan guitarra o contrabajo con la respuesta del cuarteto de cuerda resulta original y excitante, un contraste poco habitual, un bellísimo experimento a caballo entre el jazz contemporáneo más sofisticado y un acercamiento peculiar a la Third Stream, una obra sólida que se compone de momentos, un ejercicio complicado donde se conjugan dos lenguajes tan distintos como la cuerda con arco y la síncopa del jazz, estableciendo una conversación inaudita entre cuerdas pulsadas y frotadas.


El discurso más habitual es el de la guitarra solista, con melodías en tempi lentos, cargados de nostalgia, con el acompañamiento del cuarteto de cuerda, pero, en ocasiones, los papeles se invierten y el violín (Nicolay Velikov) despliega un swing insólito ("Ceo de Beduíno") o se convierte en protagonista ("So Escoito A Choiva"). Del Marcos Pin más swingueante y bop está "Mendigo de Luz", un tema uptempo con hipnóticos cambios de ritmo, solo de contrabajo incluido. Y el contrabajo (Juan Cañada) es precisamente protagonista en el tema que cierra la suite ("O Letreiro de Limiar"), desde la introducción hasta la melodía, que arrastra de una manera mágica acompañado por las cuerdas, que establecen en algunos momentos un diálogo de pizzicato que es una delicia. 

Los músicos del álbum son: Marcos Pin, guitarra; Juan Cañada, contrabajo; Nikolay Velikov, violín; Kiyoko Ohashi, violín; Timur Sadykov, viola; Carme Tubío, cello. La portada, con esos personajes casi narrativos, es una fotografía de Rafa Pasadas y está diseñada por Rocío Alén.




(1) Como en su anterior Triangle and Square, Marcos Pin usa el seudónimo de Malcolm Stilton como compositor.

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* Web: www.marcospin.com

* Luis Valle, Óstrakahttps://www.amazon.es/%C3%93straka-Dombate-Poes%C3%ADa-Lu%C3%ADs-Valle/dp/8491513086

* Web de Rafa Pasadas: www.rafapasadas.com