MÚSICA PARA EL OLVIDO

MARCOS PIN, Óstraka (2019)

Al guitarrista Marcos Pin le va lo complicado. Como líder, compositor o arreglista, lleva años sorprendiéndonos con sus grabaciones para tenteto (o decateto, es decir combo de jazz con 10 músicos) como Barbanza (2012), discos con solo dos instrumentos como en los volúmenes de su serie Duology (2013 y 2015) o un combo formado por ¡cuatro guitarristas! (Triangle and Square de 2018)... y ahora, vuelve envuelto en una formación aun más insólita en Óstraka, una suite para guitarra de jazz, contrabajo y cuarteto de cuerda compuesta y arreglada por Malcolm Stilton (1).

Nuevamente, nos encontramos con esa simbiosis mágica que genera la relación entre jazz y poesía, porque Óstraka está inspirada en un poemario del mismo nombre publicado este año por Luis Valle, humanista, escritor y artista plástico lugués que ha publicado cerca de treinta libros y que, con este poemario, indaga en la esencia del olvido. El título, que significa ostra, remite al ostracismo, castigo que se imponía en la antigua Grecia y que consistía en el destierro. El castigo se llamaba así porque el nombre del desterrado se grababa en una ostra de cerámica. 

En lo temático, Óstraka busca ese aire nostálgico y doloroso del que hablan los poemas, ese olvido involuntario (o no). Lo encuentra en pasajes líricos o tensos, en notas largas conseguidas con el arco, en el tempo que se detiene, en algunos pasajes, de una manera inesperada. En lo formal, el lenguaje fragmentado y rítmico de la poesía es traducible al jazz, como hemos visto en otras ocasiones. Toda poesía se busca a sí misma, el poeta se exige un ritmo y una estructura que dé significado a cada uno de los versos, a cada una de las palabras. Esta es la misma esencia del jazz, la búsqueda continua, la investigación en cada nota, y en las cuerdas Marcos, como Luis, indaga en cada pasaje del álbum de una manera precisa, quizás intuitiva, pero precisa. Investigación y hallazgo. Poesía en los dos casos.

El resultado es, más que sorprendente, embriagador. El juego del jazz, cuando hablan guitarra o contrabajo con la respuesta del cuarteto de cuerda resulta original y excitante, un contraste poco habitual, un bellísimo experimento a caballo entre el jazz contemporáneo más sofisticado y un acercamiento peculiar a la Third Stream, una obra sólida que se compone de momentos, un ejercicio complicado donde se conjugan dos lenguajes tan distintos como la cuerda con arco y la síncopa del jazz, estableciendo una conversación inaudita entre cuerdas pulsadas y frotadas.


El discurso más habitual es el de la guitarra solista, con melodías en tempi lentos, cargados de nostalgia, con el acompañamiento del cuarteto de cuerda, pero, en ocasiones, los papeles se invierten y el violín (Nicolay Velikov) despliega un swing insólito ("Ceo de Beduíno") o se convierte en protagonista ("So Escoito A Choiva"). Del Marcos Pin más swingueante y bop está "Mendigo de Luz", un tema uptempo con hipnóticos cambios de ritmo, solo de contrabajo incluido. Y el contrabajo (Juan Cañada) es precisamente protagonista en el tema que cierra la suite ("O Letreiro de Limiar"), desde la introducción hasta la melodía, que arrastra de una manera mágica acompañado por las cuerdas, que establecen en algunos momentos un diálogo de pizzicato que es una delicia. 

Los músicos del álbum son: Marcos Pin, guitarra; Juan Cañada, contrabajo; Nikolay Velikov, violín; Kiyoko Ohashi, violín; Timur Sadykov, viola; Carme Tubío, cello. La portada, con esos personajes casi narrativos, es una fotografía de Rafa Pasadas y está diseñada por Rocío Alén.




(1) Como en su anterior Triangle and Square, Marcos Pin usa el seudónimo de Malcolm Stilton como compositor.

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* Web: www.marcospin.com

* Luis Valle, Óstrakahttps://www.amazon.es/%C3%93straka-Dombate-Poes%C3%ADa-Lu%C3%ADs-Valle/dp/8491513086

* Web de Rafa Pasadas: www.rafapasadas.com

JAZZ EN LA ACERA

MADRID HOT JAZZ BAND, Some Like It HOT!! 

Madrid siempre ha sido una ciudad de contrastes y de sorpresas. Por eso, tras leer hace meses las dificultades y trabas municipales impuestas a la música en la calle (algo que no sabemos si el nuevo ayuntamiento cambiará), es toda una sorpresa encontrarse en plena acera a unos músicos soberbios haciendo auténtico hot jazz. El momento engancha, tienes que pararte. Algunos niños y alguna señora bailan. Los arreglos son fluidos y excitantes. Dejar una moneda sería una injusticia. Hay que comprar el CD y llevarse este trozo de magia callejera a casa.

Domingo pasado. Noviembre. Primera vez en una eternidad que visitaba el rastro. Sueño y ganas de que llegue la noche para ir al Festival de Jazz de Madrid (esta noche tocaba Eliane Elias). El cielo, plomizo, llenaba de urgencia cada curiosidad en cada puesto, en cada tienda, y, al final de todo (si comienzan, que es lo mejor, de abajo a arriba, subiendo Ribera de Curtidores para terminar con unas tapas en La Latina)... Pues eso, al final del todo, cuando ya era el momento de salir de la marabunta, un cuarteto en la acera. Banjo, saxo tenor, clarinete y contrabajo. Un cartel: Madrid Hot Jazz Band y una caja con ejemplares de su disco. Tentación.

El ritmo del banjo es contagioso y tiene ese sabor al jazz disfrutable, anterior a la intelectualización y a las vanguardias, el clarinete le da una fluidez deliciosa... En el disco se puede escuchar el acompañamiento de la tuba, instrumento que hacía las veces de sección rítmica al principio de la Historia del Jazz, cuando las bandas eran callejeras y no había llegado el contrabajo al jazz. Aquí, hay un contrabajista con un buen sentido del ritmo y ganas de improvisar. 


Puedo contar que me sentía feliz llevando el ritmo con el pie mientras estos músicos desplegaban puro arte a cambio de unas monedas, intentando vender un disco autoproducido que, por cierto, tiene un sonido magnífico, pero sí puedo dejarles unos enlaces y recomendarles el disco, donde, además hay una cantante y la colaboración de David Herrington en la trompeta en tres temas. 

Los músicos del disco son: Daniele Grammauta (saxo tenor y soprano), Marcos Prieto (clarinete), Daniel Cabrera (banjo), Miguel Bestard (tuba), Kike Gil (washboard) y Errukine Olaziregi (voz en "Rosetta" y "Ain't Misbehaving" de Fats Waller).

Espero que la próxima vez que les vea sea en un escenario y con menos frío, aunque no puedo decir que el lugar y el momento no tuvieran un encanto irrepetible. Pásense por el rastro por si les ven. Y, por supuesto, llévense el CD a casa.

Nada como un buen solo
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* Hay mucha más información sobre ellos (incluyendo vídeos) en


GRANDES ÉXITOS

JAVIER ELORRIETA, Avec le temps (Felder, 2019)


En la frontera entre Francia y Nueva Orleáns hay un estilo concreto que se alimenta de la chanson francesa y la convierte en swing, una relación que comenzó con Michel Legrand, que explotó cuando Louis Armstrong grabó su inolvidable versión de "C'est Si Bon" y que, parece, no pasa de moda. El director de cine, cantante y compositor Javier Elorrieta acaba de publicar su sexto disco en un recopilatorio donde repasa sus diez años sobre los escenarios. Su música camina en esa tradición jazzística de versionar canción francesa y lo hace con un resultado elegante y atemporal.

Javier Elorrieta, educado en el Liceo Francés, se confiesa afrancesado y de ahí su pasión por los clásicos de la chanson. Su voz tiene la serenidad, la sobriedad y la melancolía de cantautores como Léo FerréEdith PiafCharles AznavourFrancis LayJoe DassinJacques Brel... De ellos reúne en Avec le temps (Grandes éxitos) lo mejor de sus cinco discos anteriores, versiones que incluyen, además, standards como "Cést si bon" o una delicada y lacónica versión de "Les feuilles mortes" ("Autumn Leaves"), standards implantados en el repertorio del jazz con tanta fuerza que algunos discutirían si nacieron en Francia o en América.

En Avec les temps, Elorrieta se acompaña de su banda habitual (el pianista Domingo J. Sánchez, el contrabajista Richie Ferrer y el batería Antonio Calero), un colchón rítmico perfecto sobre el que flotan algunos solos del saxo de Juan Muro y Elorrieta con su voz de otros tiempos. Un cuarteto de sidemen que, sin arriesgar demasiado, complacerá a los amantes del jazz con su swing, con momentos de solos encadenados (""Une belle histoire") y con citas que suenan a blues o a bossa, quizás con muchos lugares comunes pero no superfluos porque, al fin y al cabo, son los recursos que hacen que la chanson suene a jazz.

Los dos últimos temas del álbum son un adelanto de lo que dice será su próximo trabajo, jazz a partir de piezas clásicas. Las dos que aparecen aquí son "Romance anónimo" y el "Adagio" de Albinoni. Enlazan de una manera honesta con sus trabajos anteriores en dos aspectos: el uso del francés en las letras (aunque ya no se trate de chansons) y los arreglos rítmicos y armónicos del cuarteto, con solos muy bien llevados al jazz y, en el caso del "Adagio", al blues.



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EL MEJOR MUSICAL DE BROADWAY

RAI PAZ QUARTET plays Gipsy (Fresh Sound Records, 2019)


Dicen los expertos que Gipsy, con partitura de Jule Styne, letras de Stephen Sondheim y libreto de Arthur Laurents, es el mejor musical de Broadway de la historia. El cuarteto del guitarrista barcelonés Rai Paz explora de una manera muy personal las peculiaridades de la partitura de Styne, y lo hace, como no puede ser de otra manera, adaptando los cánones de Broadway al lenguaje del jazz.


Rai Paz es un joven guitarrista de Barcelona formado en el Taller de Músics. Ya lo citamos hace unos años formando parte de un ensemble con jóvenes músicos catalanes que prometía una Nueva Generación. Digamos, por no extendernos, que se ha formado con músicos de la talla de Antonio Mesa, Mark Turner, Bruce Barth... y, por supuesto, guitarristas como Jaume Llombart. Anteriormente, ha liderado Rai Paz & The Jazz Holligans (proyecto dedicado a la música de Sean Levitt) y ha participado en diferentes formaciones como La Posada jazz Collective, Maspollaz, Joana Gomila Folk Souvenir, The Swingbirds, D.O. New Ensemble Next Generation y con la Big Band del Liceo como arreglista.

Este año publica un álbum con su cuarteto que es, como decíamos, una versión personal del musical Gipsy. Mientras que otros exploran el American Songbook para versionar standards, Rai Paz ha tomado la senda arriesgada de versionar todo un musical. Esto da una homogeneidad muy seria al álbum al tratarse de un solo compositor como es Jule Styne, autor de clásicos inolvidables como "Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!" (uno de mis villancicos preferidos) y "I Fall In Love Too Easily", ambos temas escritos con el letrista Sammy Cahn, y la inolvidable "Diamonds Are a Girl's Best Friend", interpretada por Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias. Además, como nos comentaba el propio músico, estos temas están menos presentes en el repertorio de jazz al ser un musical de finales de los 50 (la mayoría de los standards procedentes de Broadway datan de los musicales de los años 30) y esto aporta más originalidad al proyecto, que también respeta el orden dramático de los temas. 

"Por último, decidí respetar el orden de aparición de los temas en el musical para no traicionar su discurso "dramático", su evolución estilística, y conservar su unidad a través de los "leitmotivs" que aparecen en sus melodías, introducciones e interludios", comenta Paz.

Lo cierto es que el resultado es sorprendente. La intención monotemática del álbum nos permite también descubrir los recursos y la personalidad de un joven guitarrista frente a un repertorio limitado, todo un desafío para un solo arreglista y para una formación tan corta como un cuarteto. 

Pero el combo formado por Rai Paz a la guitarra, Toni Saigi al piano, Pau Sala al contrabajo y Andreu Pitarch a la batería (con la intervención de una pasional Mayte Alguacil en "Rose's Turn", el tema final) se mueve tan bien entre estilos que convierten cada blues y cada balada y cada momento dramático del musical en buen jazz del que apetece escuchar una y otra vez. Una prueba podría ser "You'll Never Get Away From Me", donde encontramos solos muy bien desarrollados, primero por Paz, luego por Saigi, acompañado por el walking bass de Sala, que tiene su solo a continuación con un swing económico y casi lírico. 

En general, siempre me ha parecido que los cuartetos en los que se combina el liderazgo de guitarra y piano dan tanta fluidez al jazz que siempre parecen sonar en directo. Solo hay que escuchar las grabaciones de Wes Montgomery con Tommy Flanagan o Hank Jones en Riverside... o este álbum de Rai Paz. Es cierto que en estas formaciones, el guitarrista lo tiene más difícil porque todo el blues de la partitura recae (gloriosamente) sobre el piano (Saigi) y, a cambio, la guitarra tiene que desplegar todos sus recursos para reinterpretar, casi siempre, la parte de los cantantes, y esto requiere esfuerzo. Por suerte, Paz es un guitarrista de recursos y ofrece líneas llenas de color que gustarán a los aficionados al jazz.

En general, Rai Paz ha conseguido un álbum para recordar, no solo por lo original de la propuesta sino por la solvencia con que sus arreglos y todos los músicos la llevan a cabo, y sirve para descubrir a un guitarrista versátil que no imita, que no se centra en el swing o en el blues, y que tiene un sonido limpio y versátil. 



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* Web oficial: raipaz.com

* Fresh Sound New Talent: https://www.freshsoundrecords.com/rai-paz-albums/46711-plays-gypsy-by-jule-styne-stephen-sondheim-digipack.html

* Más sobre el musical Gipsy en IBDB: Gipsy.

HISTORIAS CORTAS

JAVIER ALCÁNTARA SHORT STORIES BAND, 
Ikigai (Youkali Music, 2019)

El guitarrista y compositor Javier Alcántara se ha ganado un lugar destacado en la escena del jazz crossover made in Spain. Tres años después de su celebrado Resilience, vuelve con una colección de temas que se funden unos con otros como en una suite, una obra compacta y conceptual con una intención clara: emocionar a través de la belleza. Especialista en temas de musicoterapia, la música de Javier Alcántara está llena de melodías vitalistas y estimulantes, de vida, de historias.
“La palabra japonesa Ikigai se compone de dos vocablos: iki (⽣生き), que se refiere a la vida, y kai (甲斐), «la realización de lo que uno espera y desea». Gai procede de la palabra kai “concha”, objetos marinos que en ese entonces eran profundamente valiosos. De allí se derivó ikigai como una palabra que significa valor en la vida. Ikigai es lo que nos permite desear que llegue el futuro, incluso si nos sentimos mal en el presente. Nos permite afrontar el futuro, sea el que sea e incluso partiendo desde un presente duro y demoledor. Las personas con las que tengo la suerte de trabajar día a día con la Musicoterapia, me dan una y mil razones por las que vivir, me enseñan que la suma de las pequeñas alegrías cotidianas resulta en una vida más plena…ell@s y sus historias de vida son mi IKIGAI.” (Javier Alcántara)
A caballo entre un smooth jazz y la fusión con el rock, sus composiciones resultarán demasiado poéticas para los amantes del jazz moderno pero lo cierto es que conectan con el oyente a través de sus largos discursos melódicos y de su original uso de la voz como instrumento sin palabras. 
Con títulos como "Mission", "Compassion", "Passion", "Communion", "Love"... el comprometido, animalista, hiperactivo, Javier Alcántara intenta que toda esta humanidad de sus acciones vitales muestre su lado amable y estimulante en sus composiciones, que suenan como canciones sin palabras, sustituidas por la "voz" de la armónica (Gonçalo Sousa) y por la voz de João David Almeida, que canta sin palabras. Esto aporta un color distintivo a la música de este guitarrista/compositor, consolidando un estilo personal con el que es el tercer disco con su Short Stories Band, formada por Pablo Romero (piano),  André Ferreira (contrabajo), André Mota, (batería) y los citados Gonçalo Sousa (armónica) y João David Almeida (scat) y Pedro Cortejosa (saxo tenor) como invitado especial.


Equilibrio, momentos de sobriedad y grandiosidad, melodías que apetece tararear... No esperen solos espectaculares, pero hay solos, bien integrados en los temas como si estuvieran escritos. Tampoco es un disco para lucimiento del guitarrista como líder. Como compositor, Alcántara lo pone todo sobre el papel para construir un sonido colectivo, de solos participativos donde permite destacar al piano o al saxo invitado casi más que sus propios solos. Todo en el disco funciona con esta suavidad y esta fluidez inéditas en el jazz, al que se acerca y aleja por momentos sin perder la inspiración ni la intención, que, como hemos dicho, es contar historias sobre la vida.


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FRED HERSCH EN SEIS PUNTOS DE VISTA

THE FRED HERSCH TRIO, 10 Years / 6 Discs (Palmetto, 2019)

Este mes, el pianista Fred Hersch está de gira por España. Incluso sin leer su intimista autobiografía titulada Good Things Happen Slowly, A Life In and Out of Jazz, es fácil entender que Hersch es un ejemplo de músico luchador y un innovador incansable. Con sus problemas de salud a cuestas, que le mantienen con un tratamiento de por vida y que le llevaron a un coma que inspiró su suite para 11 músicos llamada My Coma Dreams, sigue publicando sin parar discos que siempre van más allá. En Jazz, ese ruido hemos reseñado sus últimas grabaciones, tanto con su longevo trío con John Hébert y Eric McPherson, (nombrado Jazz Group of the Year en la edición 67ª de la Annual DownBeat International Critics Poll) como en sus fascinantes aventuras en ese género tan complicado como es el piano solo

Foto: John Abbott
El lanzamiento de esta caja con 6 CD's no solo conmemora una década de gloriosas grabaciones del trío en Palmetto Records sino que sirve para consolidar y rendir homenaje a la imagen de esa formación ideal que es el trío de piano, un formato que con Hersch, Hébert y McPherson alcanza un nivel enorme, ese tipo de jazz que nos gusta, en el que los músicos se comprometen (especialmente en las grabaciones en estudio, donde es mucho más difícil "entrar en calor") y surgen momentos delicados, excitantes o espectaculares alimentados por ese interplay que solo es posible en las pequeñas formaciones.

En el libreto, Hersch define así a sus músicos: 
John tiene uno de los mejores sonidos de bajo del jazz actual. Suena profundo y a madera, aunque súper flexible. Es un improvisador sin miedo. [...] Eric está buscando siempre una manera sin clichés de interpretar toda clase de sentimiento rítmico, y puede tocar con una intensidad emocionante sin ser abrumador. Está lleno de recursos y es creativo en la elección de las herramientas que usa para cada pieza. Realmente piensa como un percusionista.
La caja contiene las grabaciones del trío a lo largo de una década, comenzando por el potente Whirl de 2010 e incluyendo discos grabados en directo como el doble Alive at the Vanguard (2012), Sunday Night at the Vanguard (2016) o mi preferido, Live in Europe (2018), en los que se percibe un trío tan cómodo en vivo como en la serenidad del estudio. Un box set que se hace enorme a medida que el oyente disfruta de los recursos estilísticos y tonales del trío, especialmente la forma en que Hersch mira siempre al futuro a la vez que profundiza en la tradición más gozosa del jazz, una tarea complicada en la que se aventuran algunos pianistas y de la que Hersch es la máxima expresión en el piano de jazz actual.

Las fechas de su gira otoñal por España son las siguientes:

*Málaga, 29 de Octubre. Museo Picasso.
https://www.museopicassomalaga.org/en/cultural-programme/fred-hersch-trio-jazz-2019-eng.

*Sevilla, 30 de Octubre. Teatro Central.
https://www.juntadeandalucia.es/cultura/teatros/teatro-central/evento/fred-hersch-trio.

*Puerto Real (Cádiz), 31 de Octubre. Campus Puerto Real.
https://extension.uca.es/evento/el-trio-del-pianista-fred-hersch-visita-campus-jazz-puerto-real/.

Que ustedes lo disfruten.


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* Web oficial: fredhersch.com

* Más reseñas sobre Fred Hersch en el blog pulsando aquí.

DE LA TRADICIÓN A LA VANGUARDIA

MIGUEL ZENÓN, Sonero (Miel Records, 2019)

A finales de los 50 fueron muchos los músicos de jazz americanos que comenzaron a buscar inspiración en sus raíces más lejanas (África). Lo hicieron desde pianistas como Randy Weston hasta percusionistas como Max Roach o Art Blakey ("Obirin African"). Y, aunque se podría asegurar que este interés venía desde Duke Ellington (desde su "Black and Tan Fantasy"), su importancia dentro de la Historia del Jazz está ligada a la lucha por los derechos civiles. En España costó un poco más que los músicos de jazz perdieran sus complejos y miraran hacia dentro, hacia el flamenco y hacia las raíces árabes de esta música. La reinvención de las músicas populares según las reglas del jazz forma parte de su esencia. Todo artista auténtico encuentra su inspiración primera en su propio pasado. El saxofonista Miguel Zenón lleva años investigando alrededor de la música de su Puerto Rico natal, pero no solo del folklore sino también de toda la tradición musical popular del último siglo. En su nuevo trabajo, Sonero, se centra en Ismael Rivera, cuya música, como toda la de Puerto Rico, tiene también raíces africanas. 

Miguel Zenón es uno de los saxofonistas altos más personales del panorama actual. Aclamado habitualmente por la crítica, Zenón ha publicado una docena de discos como líder, además de tocar en infinidad de grabaciones y conciertos con músicos como Fred Hersch, Danilo Pérez, The Village Vanguard Orchestra, Jerry Gonzalez & The Fort Apache Band, Ray Barreto, Charlie Haden, The Mingus Big Band... Pero, volviendo a Puerto Rico, el saxofonista mantiene un proyecto llamado Caravana Cultural que lleva el jazz a las zonas más apartadas de su país para ofrecerles la posibilidad inédita de conocer y sentir el jazz. También organiza jam sessions en la zona de San Juan con el propósito de fomentar la estabilidad de la escena jazzística local. 

Miguel Zenón
Si en su trabajo anterior, Yo soy la tradición (2018), se alejaba de alguna manera del jazz trabajando con un cuarteto de cuerda para investigar (e improvisar) sobre las músicas tradicionales y religiosas de su país, en este flamante Sonero realiza una revisión del canciones de Ismael Rivera, conocido como Maelo, un cantante portorriqueño popular desde los años 50 hasta su muerte en los años 80, un cantante que inspiró a Zenón cuando era niño, quizás porque Ismael Rivera fue un auténtico sonero, concepto que implica no solo cantar e interpretar sino la capacidad para improvisar, jugar con el ritmo y 'no perder la clave'.

Ismael Rivera 'Maelo'
Aunque Maelo fue un cantante de salsa, el jazz que presenta Zenón en su disco es una vuelta de tuerca al concepto. Saltando a un lado y a otro de las fronteras del llamado latin jazz, el saxofonista revisa, reescribe y revive los temas de Maelo con su habitual sensibilidad para los arreglos, convirtiendo estas canciones en sólidos temas de jazz en los que sigue presente el mensaje original de las letras pero en los que la improvisación y la síncopa aportan una nueva dimensión, más profunda, quizás más espiritual, de la obra del Sonero Mayor de Puerto Rico, temas que allí son standards y que, para la mayoría de nosotros, son desconocidos, por lo que tenemos la posibilidad de descubrirlos en una forma especialmente excitante, a través del jazz progresivo y personal de Zenón, que aprovecha las peculiaridades rítmicas de las canciones para sumarles la sofisticación armónica de sus arreglos, siempre originales y arriesgados, con su habitual rebeldía hacia lo concreto y lo predecible. El disco contiene constantes momentos de especulación, libertad y otros donde recrea los ritmos populares portorriqueños con audacia y esa libertad que caracteriza toda la carrera de Zenón, música arriesgada pero asequible. 

Naturalmente, con su  lo hace con su cuarteto habitual: el pianista Luis Perdomo, el bajista Hans Glawischnig y Henry Cole en la batería.



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* Web oficial: miguelzenon.com





UN JAZZ ORGÁNICO

ALBERT CARRIQUE, Aortae (Underpool, 2019)

Hay en el jazz contemporáneo una estimulante tendencia a mezclar géneros y estéticas. Esto, que a veces despista a los aficionados, forma parte de la esencia liberal del jazz.  En su recién publicado disco Aortae, el saxofonista Albert Carrique nos propone un repertorio basado en el hardbop, pero en una versión más orgánica, con normas más relajadas, del hardbop en un contexto contemporáneo donde cabe desde el chorus más festivo hasta la improvisación y el free jazz.

El catalán Albert Carrique procede del Taller de Músics y de la ESMuC. Llega hasta este disco como líder tras pasar por muchos y muy diferentes proyectos, algunos potentes y originales como el homenaje The Django Orchestra o interesantes campos de exploración como Eos Quartet o sonidos más complejos como la Punch Big Band, ejemplo este último quizás algo estereotipado si lo comparamos con la necesidad de dar pasos adelante que suponen las 8 composiciones de este Aortae

El álbum comienza con un chorus fácil de tararear y el acompañamiento del scat. Es un engaño. Cuando llega el solo de piano (Toni Saigi), intenso, rompedor, y el saxo de Carrique expresa su personalidad, vemos que estamos ante algo distinto. Aquí es difícil separar al compositor del músico, pero explorando lo compuesto, encontramos otros temas del mismo corte: post-bop muy libre, con unos buenos coros de los vientos, temas juguetones, muy al estilo de Mingus, como "Horus" (ver vídeo más abajo) o "Head Out". "Palo Alto", por ejemplo, contiene un ritmo hipnótico, también muy mingusiano, que va deformándose, deshaciéndose en disonancias hasta convertirse en free para, finalmente, terminar (como un buen tema de hardbop) en el chorus inicial. 

Temas más lentos hay pocos. "Aortae" es una balada inteligentemente deconstruida, con un saxo especulativo en el que Carrique mantiene la tensión de una manera portentosa, encontrando un contrapunto muy moderno en el piano y en la delicada voz de Núria Balaguer, quien suena en algunos temas como un instrumento más, especialmente cuando hace scat, ya que cuando canta letras ("Lluna Blanca"), nos sustrae un poco del universo del jazz arrastrándonos a un escenario más localista, más poético, más folk, pero menos jazzístico. La sensación es que las composiciones usan la voz (cuando la usan) como parte del sexteto como si, en lugar de ser un quinteto con cantante, fuera un sexteto clásico de hardbop con tres vientos: saxo, trompeta ¡y voz! Y el resultado es muy bueno. 


Quizás pueda resultar un tanto desconcertante la alternancia de unos temas más "fáciles de escuchar" (solo en apariencia) de otros más libres donde predomina lo atonal, la libertad, pero el conjunto resulta un interesante ejercicio de expresión y un buen primer álbum como líder, si bien es cierto que, a pesar de su juventud, Albert Carrique es un músico con una dilatada trayectoria como acompañante y como educador, y aquí demuestra una visión original como compositor, con guiños a la tradición (qué bueno "Quuer Blues"), sin complejos pero también sin amarres. 


Los músicos del sexteto son: Albert Carrique (saxo alto y soprano), Òscar Latorre (trompeta, fliscorno), Núria Balaguer (voz), Toni Saigi (piano), Martín Leiton (contrabajo) y Roger Gutiérrez (batería). 


Por cierto, el diseño de la portada (de Laura Carrique y Pepon Meneses) es una aorta de ratón vista en el microscopio.

DISONANCIAS

CUARTETO FUERTE (Titanical Records, 2019)

Grabado en Sevilla por músicos radicados en Sevilla, este proyecto nace empujado por el bajista Juan Miguel Martín (Nat 'n Jazz Quartet, Malheur), con sus composiciones y con otros tres músicos de nivel y sólida experiencia en el jazz moderno: el guitarrista Álvaro Vieito (Boreas, Vieito-Delgado Dúo), el clarinetista Gustavo Domínguez (Proyecto Ocnos) y uno de mis bateristas favoritos, Nacho Megina. Jazz moderno, free jazz con influencias del cine y del rock, es una propuesta original que desborda cualquier expectativa... desde su carnívora portada hasta el último tema.

Todo ello arreglado para un original cuarteto liderado por ¡guitarra y clarinete bajo!, dos solistas cuya tímbrica se mezcla con el sonido del bajo eléctrico con resultados inesperados, experimentos que nos remiten, inexorablemente, a aquellos tiempos en que el jazz se libró por fin de los estereotipos y decidió ser cualquier cosa, como definió Miles Davis su tema de 45 minutos en el concierto de la Isla de Wight. Porque a pesar de su modernidad, de su sonido original (se pueden percibir influencias pero todo suena a algo nuevo), hay cierto sabor a aventura en los temas de Cuarteto Fuerte, ese sabor de los pioneros, el que percibíamos con la evolución de Max Roach hacia lo salvaje, o de Art Blakey, Sun Ra, Wayne Shorter, un regusto al jazz de los 70 con el sonido de unos estudios de 2019. 

Domínguez, Martín, Megina y Vieito
Imposible reseñar cada influencia que se puede escuchar en este disco. Desde pasajes de rock ("Sofocos" o la intro de "Hola, ¿qué tal estás?") mezclados con la libertad creativa, armonías de instrumentos reales que recuerdan a la música electrónica ("Spectrum"), y el lenguaje del clarinete bajo, que pensamos que podría sonar de conservatorio pero que, en cambio, aporta un toque estimulante (o introspectivo, como en "El trabajo"), incluso innovador, aportando su timbre en un paseo entre mundos, cercano a las travesuras de John Zorn.

Zorn es una de las influencias manifiestas del bajista y compositor, pero debo admitir que este cuarteto va mucho más allá del ansia rupturista de Zorn. Cuarteto Fuerte parece tener más una voluntad de construir que de destruir, una voluntad basada en lo atonal y las disonancias, es cierto, pero sus temas tienen sentido. ¿Free con sentido? Hay estructura, tema, coda... y cierta épica en algunos solos, lo que demuestra la intención de gustar, no de disgustar. Y ahí es donde creo que se diferencian de Zorn, a quien espero no nombrar más en este blog.

Tanta influencia (vertebrada hacia lo personal) convierte el disco de Cuarteto Fuerte en una especie de disco homenaje, una declaración de filias por parte del Juan Miguel Martín compositor, un disco de cultura musical.


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* Más info: https://www.facebook.com/CuartetoFuerte/


DELICADO HERBIE HANCOCK ACÚSTICO

HERBIE HANCOCK, Speak Like a Child (Blue Note, 1968)

Mientras la aguja del giradiscos desgrana tema tras tema, sigo redescubriendo uno de los mejores álbumes de Herbie Hancock, Speak Like a Child (Blue Note, 1968), ese disco enorme, redondo, que ha quedado para la Historia del Jazz como un delicado eslabón entre su glorioso Maiden Voyage (1965) y el reivindicativo The Prisoner (1969), donde ya introducía el piano eléctrico como arma de innovación, ambos con Blue Note Records.

¿Por qué hablar hoy de una "novedad" de 1968? Porque he vuelto a escuchar este disco después de muchos años en vinilo. Yo lo tenía en cassette y ahora, editado en la colección de Planeta DeAgostini con lo mejor de lo mejor de Blue Note, puedo percibir ese placer de escucharlo en vinilo, de apreciarlo con su carpeta original doble, vinilo de 180 gramos, las notas... es una delicia.


Cuando grabó Speak Like a Child, Hancock ya formaba parte de el segundo gran quinteto de Miles Davis (el que el trompetista había formado con Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams), incluso había pasado del piano acústico al Fender Rhodes por exigencias de Miles (se cuenta la anécdota en el documental Miles Electric: A Different Kind of Blue) pero aquí reúne un sexteto acústico, una formación (casi típica) del hardbop donde cambia saxofones por flautas para jugar con texturas inéditas, una formación que nos permite escuchar a un pianista (y, sobre todo, a un compositor y arreglista) más allá del hardbop comercial, un artista joven con una sensibilidad extrema, capaz de ser lírico sin abandonar el ritmo en ningún momento, arriesgando sin utilizar pólvora.

Speak Like a Child y Miles in The Sky fueron lanzados casi a la par y, aunque el álbum de Hancock contenía tres temas originalmente escritos para Miles: "The Sorcerer", que dio título a un álbum, "Riot", que apareción en Nefertiti ese mismo año, y "Speak Like a Child", que Miles nunca llegó a tocar, aquí aparecen arreglados con una estética diferente, con una instrumentación claramente distinta pero, sobre todo, marcando una diferencia absoluta en el uso del color y las texturas, más interesado en las armonías que en los acordes, como se explica en las notas del disco (en declaraciones recogidas por Nat Hentoff). Hay otros tres temas en el disco, uno firmado por Ron Carter ("First Trip") y dos nuevos temas de Hancock cuyos títulos hablan también de la niñez, convirtiendo (quizás) el repertorio en un álbum conceptual. Hablo de "Goodbye to Childhood" y "Toys".



La formación a la que me he referido es una sección de viento donde están Thad Jones (fliscorno), Jerry Dodgion (flauta) y Peter Phillips (trombón bajo), mientras que, en la sección rítmica, podemos escuchar a Ron Carter en el contrabajo y a Mickey Rouker en la batería. Además, el disco tiene, como era de esperar, al perfeccionista Rudy van Gelder como ingeniero de sonido (las sesiones se grabaron en su estudio de Englewood Cliffs, en New Jersey, el 6 y el 9 de marzo de 1968) y la firma de Nat Hentoff en las notas del disco. 

Hace unas semanas hablamos de esta colección de vinilos de Planeta DeAgostini que está en los kioskos (y por suscripción) y que resulta un gustazo no solo para el oído sino para el tacto y la vista, con las carpetas originales, tal como se vendieron en su década, y un cuidado vinilo de 180 gramos, una garantía de sonido y durabilidad que solo los que hemos sentido y cuidado de nuestros vinilos (cuando eran el formato más vendido) podemos apreciar.

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