MEZCLADO, NO AGITADO

BRUNA SONORA, Tarareando (2018)

¿World jazz? ¿Fusión folk? ¿Klezmer? ¿Música de cine? Cuando comienza a sonar el disco de Bruna Sonora, comienza a sonar todo esto y más. Tarareando es uno de los discos más originales e interesantes que nos han llegado en mucho tiempo, un álbum transgresor, pero no en lo atonal ni en lo ruidoso sino en la mezcla, ese ingrediente esencial del que nació el jazz y del que se ha alimentado a lo largo de más de un siglo.

El título del álbum hace un juego de palabras con el tema "La Tarara", casi un leitmotiv en el álbum. Además, temas que pertenecen a la tradición y que sobreviven en la memoria al paso del tiempo: "El Vito", "El burro de la tía Vinagre"...

No todas las fusiones que nos llegan de jazz made in Spain iban a ser flamencas. Las composiciones (todas de Javier Bruna) se mueven por muchas influencias, desde esencias turcas o bereberes (percusiones como udu o bendir, o la voz de Karim Kerchit) hasta los instrumentos más olvidados del folklore español (mortero con dedales). Confieso que muchas influencias se me escapan porque se mueven en terreno desconocido para mí, pero es indudable que el resultado es creativo y apabullantemente extenso en detalles, tan erudito y debe haber tanta investigación detrás que el lector podrá pensar que es aburrido pero, en realidad, es más entretenido y excitante en cada compás.

Javier Bruna (saxo tenor)
y Víctor Bruna (flauta travesera)
Hay un gran protagonismo de los solistas pero lo más llamativo es la composición, un gran trabajo de arreglos e instrumentación, con temas construidos como si de música clásica se tratara, en la estructura, pero con un tratamiento de las armonías y de la libertad que es la esencia del jazz. En algunos temas, la orquestación recuerda a Ellington, pero el conjunto es más Gershwin... con la diferencia de que el viejo George introdujo el blues y el jazz en la música clásica y Bruna utiliza el jazz y sus principios para revivir unos temas tradicionales (folk, si se prefiere) de distintas culturas, eternos, convirtiéndolos en piezas vivas, jazzísticas, una especie de rapsodia entre la Tercera Vía y el jazz étnico, con temas cambiantes donde cada minuto es un punto extra. Por poner un ejemplo, "Danza Sonora" comienza con un piano muy lírico, jazz moderno, impresionista, que crece como una banda sonora cinematográfica (no olvidemos el otro proyecto de Bruna, Cinesaxcope) para evolucionar al cabo de 3 minutos como una bossa cantada, con unos deliciosos arreglos de viento que nos recuerdan los primeros pasos de Stan Getz introduciendo la música brasileña entre los puristas del jazz... 


Este tipo de estructuras cambiantes y llenas de sorpresas están en todo el disco, todo un derroche de creatividad al que hay que sumar un segundo CD en el pack con 9 temas. El disco, titulado Miniaturas, sublima de una manera delicada e íntima el concepto del otro CD, mostrando en temas muy breves la misma filosofía musical pero en pequeño formato (dúos, tríos, cuartetos, cappella...).

En resumen, un disco altamente recomendable para cualquier amante de la música y, en especial, de las fusiones, un álbum que podría muy bien definirse con la frase eterna de James Bond, "shaken, not stirred".


La banda:

Javier Bruna, saxo tenor y composición
Víctor Bruna, flauta travesera
Carlos Blázquez, clarinete
Estrella Serrano, saxo alto
Jorge Rois, saxo barítono
Antonio Garcia, trompeta y fliscorno
Luis Zenner, trombón y bombardino
Bea Montero, piano y voz
Karim Kerchit, mandol, bendir y voz
Gerardo Ramos, contrabajo
Matías López, percusión
Cochán Martínez, batería
Vera Garrido, marimba y lira en "Zorongo Gitano" y "El Burro"
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* Página oficial: brunasonora.com

EL ESPÍRITU DE COLTRANE SIGUE VIVO

Chasing Trane (John Scheinfeld, 2016)

Con unas metafóricas imágenes estelares creadas por ordenador, la batería de Rashied Ali y un conato de "Mars" (del álbum Interstellar (Impulse!, 1974) comienza una especie de medley, un breve intento de contagiarnos la nostalgia necesaria para ver este documental sobre John Coltrane. La aparición de este documento no es una revelación ni aporta excesivos nuevos datos sobre la música o la vida de este enorme saxofonista, pero nos recuerda que conviene revisitar a ciertos tótems de vez en cuando para no olvidar que el jazz es un camino y Coltrane una señal de tráfico imprescindible. Por si estas razones no fueran suficientes, aficionados y coleccionistas están de enhorabuena porque acaba de anunciarse la publicación de un disco inédito de Coltrane... 50 años después de su muerte.


Siempre he sostenido que la sombra de Trane ha aportado tanto al jazz como le ha perjudicado. Son muchos los saxofonistas (y no saxofonistas) que han malentendido el mensaje teórico de su música, del que sólo se les quedó grabada la extensión de sus improvisaciones, no el argumento que las motivaba. Me he encontrado en conciertos con tantos músicos que pensaban que hacer solos de 20 minutos era emular a Trane cuando, en realidad, improvisaban con una incoherencia que uno podía preguntarse si realmente habían estudiado música... Pero no hay que ser tan negativo porque, pensando en positivo, el jazz que escuchamos hoy día no sería el mismo sin la revolución coltraniana.


El documental, dirigido y escrito por John Scheinfeld, profundiza en esta revolución. Como todo buen documental, lo hace con abundancia de imágenes, entrevistas y opiniones, de familiares y músicos (Jimmy Heath, Benny Golson, Sonny Rollins, SantanaKamashi Washington...), como es natural, pero también de escritores, críticos y de saxofonistas (sí) como el ex-presidente Bill Clinton. Y también las del propio Coltrane (en la voz de Denzel Washington). 

Comienza por 1957, cuando el quinteto de Miles Davis representaba lo más nuevo, explorando la influencia de Miles en el un joven Trane recién casado con Naima, que ya tenía una hija, un Coltrane que intentaba ser padre en un mundillo, el del jazz, donde se suponía que las drogas eran el camino hacia la perfección. A pesar del alcohol y las drogas inyectadas, siempre fue muy espiritual, desde niño, ya que era nieto de dos pastores. El documental explora también esta faceta, imprescindible para entender sus motivaciones al componer. Como dice Sonny Rollins en el video, "Coltrane era celestial".


Ese era John Coltrane, el hombre que rezaba con el saxo, el músico que escribió esa oración enorme que es A Love Supreme. En este aspecto, recomiendo también (por interesante y por peculiar) el documental titulado Saint John Coltrane, en el que Alan Yentob, tomando como excusa el 40º aniversario de la edición del disco, explora la relación entre música y religión y su impacto en ciertas comunidades americanas, donde se considera a Trane como un santo, aunque como curiosa-curiosa y más enfática, la historia de La iglesia de John Coltrane, disponible en Youtube. Otra de las facetas imprescindibles para entender su música es la coincidencia de su discografía con el momento en que la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos se convierte en algo real.


Parece que Coltrane no fue un niño prodigio. Tardó en encontrar su camino. El documental recorre sus primeras formaciones (acompañó a  todo tipo de grupos, ganándose la vida y aprendiendo). Pero no fue Dizzy, su primer jefe en una formación con intenciones  quien tuvo más influencia en el desarrollo de su estilo personal, sino Miles. Quizás, más importante que un mentor, fue su capacidad de sacrificio, "espartana", según la descripción de Benny Golson... Pero, en mi opinión, el momento en que descubrió su verdadero camino fue cuando comenzó a componer, es decir, en la época de Giant Steps (Atlantic, 1960), estando aún en el quinteto de Miles.

Como muchos de los mejores músicos de jazz, Coltrane murió joven, a los 40, en 1967, lo que podríamos definir como la cima de su carrera si no fuera porque, en nuestro interior, sabemos que, de haber continuado con nosotros, habrían existido muchas más cimas.

Por último, me gustaría reseñar que el juego de palabras que sugiere el título (suena en inglés como "persiguiendo el tren") queda justificado en la última parte del documental, cuando conocemos a un japonés que lleva cuarenta años coleccionando discos y memorabilia de Coltrane. Dice que, cada año, emplea unos meses de su vida recorriendo el mundo, buscando recuerdos y comprándolos, "persiguiendo a Trane". En el fondo, todo aficionado serio (y también todo músico serio) persigue eso, la sombra de un creador infinito que, cosas del destino, muere joven y es, cincuenta años después de su muerte, más popular que nunca. Hay que ver este documental para entender por qué el espíritu de Coltrane sigue (y debe seguir) vivo en estos días de jazz convulso. 


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* Sitio oficial: www.coltranefilm.com

Para los coleccionistas (y para los coleccionistas perezosos) también se ha editado un CD que supone una recopilación de temas claves de Coltrane.

UN TROMPETISTA ENTRE AMIGOS

VORO GARCÍA, Roommates (Jazz Activist, 2016)

"Begues Blues" es el tema con el que comienza en álbum Roommates del valenciano Voro García y Begues también es el topónimo llobregatense de uno de los lugares donde los músicos del disco han sido compañeros de habitación ("room mates"). El otro es Boston. Y esa estética norteamericana, urbana, que ya se aprecia en la portada del álbum, fluye en cada uno de sus temas de una manera elegante y contagiosa.


Voro García publicó Roommates en 2016, después de su celebrado homenaje a Woody Shaw junto a Toni Belenguer (Reality Shaw, editado por Sedajazz en 2015), pero fue grabado mucho antes, en 2011, en Barcelona, con un quinteto de esos que uno pediría que durara siempre: Leo Genovese al piano, Enrique Oliver en el saxo tenor, Dee Jay Foster al contrabajo y Jorge Rossy a la batería, músicos amigos y radicados en España pero con muchos festivales internacionales a sus espaldas, un combo que va más allá de la compenetración y de la comunicación orgánica propia de los grupos de jazz, un jazz que fluye aquí con fuerza y personalidad, con un repertorio de temas originales compuestos por todos los miembros del grupo de manera individual.

El álbum se abre con un hardbop de estética moderna compuesto por Voro García, autor también de otros temas más introspectivos como la balada "Habitació d'Aigua" (donde se muestra tan expresivo como lacónico) o más heterodoxos como la bossa "Borero". Otro tema de inspiración latina ("Kalipso", compuesto por Jorge Rossy) nos trae recuerdos de Sonny Rollins en las intervenciones del tándem García/Oliver y, sobre todo, en los solos del tenor. 

El disco es homogéneo en su estilo pero no en estilos. En "Adelphi's Nest", compuesto por Oliver, acompañado de una manera sutil y muy cinematográfica por el piano de Genovese, García hace poesía en sus fraseos ofreciendo un contrapunto al lánguido solo de Oliver. Melancólico (no confundir con Chet en absoluto) también en "Habitació d'Aigua", melancólico y elocuente, muy diferente del groove de "Merken" (Genovese) o del bop de "Los superfluos". 

Voro García demuestra en Roommates que sigue siendo ese trompetista serio, envolvente, con momentos brillantes y el don de la improvisación que nos gusta. Se manifiesta adepto a Woody Shaw pero ofrece momentos que recuerdan a Freddie Hubbard y a Fats Navarro, eso sí, en un tono personal y más sosegado. 


Como muestra, les dejo con el tema que abre el disco, "Begues Blues", una grabación en vivo en el Jimmy Glass con algunos cambios en la formación, entre los que destaca la presencia de Perico Sambeat en el alto y la adición de otro trompetista, Jim Rotondi. Que lo disfruten.

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* Fotos de la web: vorogarciajazz.com

JAZZ QUE HACE SONREÍR

MIKES JONES & PENN JILLETTE, 
The Show Before The Show (Capri Records, 2018)

Hay veces que escuchas a un músico tocar y no puedes evitar exclamar: "¡Ese tío tiene swing!". En el caso del disco que tengo entre manos, los dos tíos tienen un swing espectacular. Nada como la sensación de sentir que se te mueven los pies y eso ocurre cuando uno escucha al dúo de Mike Jones (que parece tener más de dos manos) al piano y Penn Jillette al contrabajo, empujando a Jones con su swing.
Mikes Jones es el director musical del show que los ilusionistas barra humoristas Penn, verborreico y divertido, y el silencioso Teller, que tiene un nombre artístico cargado de genial ironía y que aparece al fondo en la portada del álbum. Penn & Teller, famosos por sus apariciones en la televisión americana y su paso por Broadway, tienen un show en Las Vegas y, antes del show, como reza el título del álbum, Mike Jones y el propio Penn ofrecen un concierto de jazz a dúo. Por suerte para los que no hemos estado en Las Vegas (y los que no soñamos con ir) es este excitante álbum que acaba de publicar Capri Records.


El repertorio, como no podía ser de otra manera, son un puñado de standards tocados con desenfado y una técnica alegre y fresca que recuerda el ritmo charlatán de Penn, sobre todo en la vertiginosa (y, sin embargo, limpia) ejecución del piano. 

Mikes Jones en Broadway
(foto de Kris Jarrett)
Grabado en vivo en el Penn & Teller Theater del Rio All-Suite Hotel & Casino de Las Vegas, es un repaso por el Cancionero Americano, como en el resto de los discos de Mike Jones, que no son pocos, ya que acumula cuatro décadas de profesión. Lo sorprendente, para los que conocemos a Penn como ilusionista, es su capacidad para acompañar de manera solvente el swing (qué gran versión de "On the Sunny Side of the Street") de su pianista, porque en los dedos de Mike Jones se acumulan la experiencia (qué tremenda "Manha de Carnaval") y una buena cantidad de energía ("Exactly Like You", "Box Viewing Blues"). En su web se compara con Usain Bolt, y no es para menos, pero también hay que recalcar que tiene una gran calidad improvisando que desarrolla en esa escala de velocidad, con elegancia y, al mismo tiempo, delicadeza ("Tangerine" es un gran ejemplo). Sería fácil improvisar jazz haciendo humor pero en esta ocasión, el show nos hace sonreír por su calidad.

Jones y Teller (Foto: Michael Jackson)

En resumen, jazz edificante y apto para modernos y nostálgicos, jazz que hace que se te muevan los pies y que se te ponga esa sonrisa que podría decir: "Esos tíos tienen swing!" pero que, en realidad, dice: "Hace tiempo que no escuchaba un jazz así.". Les dejo un vídeo para que lo disfruten.

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* Web de Mike Jones: jonesjazz.com

** Web de Penn & Teller: www.pennandteller.com/wordpress/

ACORDES Y DESACUERDOS (XXV)

Paradojas racistas en la Historia del Jazz

El jazz en los Estados Unidos fue y sigue siendo una de las víctimas de la segregación racial, junto a la que ha crecido a lo largo de las décadas, pero el jazz nació de la tradición de los negros y de su mezcla forzada con otros esclavos y otras culturas. Ahora, el jazz más "intelectual" es europeo y "moderno". Blanco. Todo es una contradicción pero una contradicción que se aferra a la esencia misma del jazz: tradición + improvisación, cultura + modernismo, negro + blanco...
Elocuente fotografía de Elliot Erwitt

Oigamos, como siempre, opiniones en otras voces:

I.
En el principio fueron las spiritual songs... Uno de los himnos más populares de América, según explica Luis Escalante en su libro Y se hace música al andar con swing es "Amazing Grace", un himno religioso escrito por el capitán de un navío negrero que, finalmente, se musicó con la melodía de un espiritual negro ("Loving Lambs"). Lo que, irónica y cruelmente, se podría llamar fusión.


II.
La anécdota que cuenta Clint Eastwood en la estremecedora Bird (1988) sobre Red Rodney es cierta. El trompetista, que formó parte del quinteto entre 1949 y 1951, no sólo tenía problemas por ser blanco en un grupo de jazz de negros sino que, en las giras por el Sur de los Estados Unidos, le abucheaban y llegó a darse el caso de que le prohibieran pernoctar en el mismo hotel que el resto de la banda. Charlie Parker encontró la solución: en los carteles lo anunciaban como "Albino Red", sugiriendo la idea de que, en realidad, Rodney no era un pelirrojo de Philadelphia sino un negro albino.

Bird con Red Rodney (en el espejo, Dizzy Gillespie)

III.
Uno de los emblemas del jazz tradicional, Louis Armstrong, alabado por muchos como emblema del triunfante negro y denostado por otros que lo acusan de ser un Tío Tom del jazz, escribió una carta a Max Jones que sirve de prólogo para su libro Louis (The Louis Armstrong Story 100-1971). En esta carta reconocía la dificultad de ser negro incluso en el negocio del jazz. Según cuenta Satchmo, cuando se marchaba de Nueva Orleáns en 1932 para buscar oportunidades en Chicago, como hicieron muchos músicos cambiando el rumbo del jazz, "el negro más duro del lugar (su nombre era Slippers) me dio una charla de amigo (a su manera) [...] Vino a mí y me dijo: "Cuando vayas al Norte, Dipper, asegúrate de encontrar a un hombre blanco que ponga la mano en tu hombro y diga "Este es mi negro"". Esas fueron sus palabras exactas." 


IV.
Ya en otra entrega de esta serie de Acordes y desacuerdos, hablando de literatura, vimos cómo en España, en los años 20, se consideraba al jazz (en todas sus manifestaciones: fox trot, one step...) como una moda basada en una música chirriante de negros que saltaban sobre la batería. Pero incluso para los beatniks, que abrazaron el jazz como arma contracultural, no dejaba de ser algo negro, ancestral, africano.
El bop es el lenguaje del África inevitable de América, ir (going) suena como gong, África es el nombre del latido de los motores, a un lado — el súbito chirrido desinhibido que grita sordo en todo momento en la trompeta de Dizzy Gillespie — haz lo que quieras — apartando la melodía en otro puente improvisado con una marca como de garras, ¿por qué ser sutil y falso?
Jack Kerouac, The Beginning of Bop
 (Escapade Magazine, abril 1959)

V.
Miles Davis era más optimista sobre el futuro, pensando que el trato de estrella que Columbia Records le daba serviría para allanar el camino a futuros músicos negros:
Lo único que tengo que hacer en Columbia es producir y ellos intentan venderme como lo harían con un ídolo blanco con melena rubia. Eso significa que el próximo negro que aparezca recibirá el mismo tratamiento.
(Miles Davis en Newsweek, 23 de marzo de 1979,
citado por Ian Car en su biografía de Miles)
Les dejo con este breve pero interesante documento sobre el momento en que Miles se convirtió en estrella interracial firmando con la gran Columbia Records.





UN TRIO IDEAL

FRED HERSCH Trio, Live in Europe (Palmetto Records, 2018)

Escuchando los primeros compases del nuevo disco de Fred Hersch, me viene a la mente la duda de a cuántos pianistas habrá influido Monk... El tema es "We See" y lo sorprendente no es la influencia sino la manera en que Hersch es capaz de tocar a Monk sin imitar a Monk. El álbum se llama Live in Europe y es un documento más de la manera en que el pianista sigue investigando y creciendo con cada obra.



Lo cierto es que escuchar a Fred Hersch es un ejercicio estimulante. Hay tantas influencias, tanta erudición, tanta experiencia en cada fraseo de su teclado que siempre se necesita una escucha más. En su último disco a piano solo, Open Book (Palmetto Records, 2017), ya encontramos a un Hersch en la edad de la experiencia, con una capacidad para sublimar el jazz hasta convertirlo en algo etéreo, impreciso y, sin embargo, elocuente; en algo que hay que respirar y sentir, no entender.

Live in Europe es, según las notas del álbum, es un disco encontrado por casualidad ("found object", lo llama el propio Hersch), ya que, afirma, se grabó en un directo sin que él lo supiera. Ocurrió en Bruselas el 24 de noviembre de 2017, en Flagey Studio 4, un lugar construido en los años 30 que, antes, fue sede del Instituto de la Radio Nacional. El trío, compuesto por el baterista Eric McPherson y el contrabajista John Hébert, "estaba en una forma excelente, la acústica era perfecta, el piano era espectacular y la grabación fue de primera clase".

Contiene temas descriptivos, como "Scuttlers", un tema de ritmo roto y aparentemente aleatorio que intenta recrear el movimiento lateral de los cangrejos. El resultado es un jazz más polirrítmico que arrítmico, experimental e intrigante, pero en el que se aprecia la versatilidad de sus dedos, su velocidad y su capacidad para transmitir. En otro de los temas, titulado "Snape Maltings", hay un diálogo bellísimo entre piano y contrabajo, con la batería funcionando como un alter ego del piano. Aquí Hersch esboza unas armonías de aire mediterráneo que, en realidad, están inspiradas en el nombre de un pueblecito inglés. En "Newklypso", utiliza el apodo de Sonny Rollins (Newk) para hacer un juego de palabras y homenajear a quien llama su héroe favorito del jazz con un calipso muy al estilo de Rollins, jugando con los acordes y con la melodía, con citas y ese juego de síncopas que enlaza la música caribeña y el jazz tradicional. "The Big Easy", uno de los nombres de Nueva Orleáns, es un blues dedicado al novelista, ensayista y guionista de HBO (en la imprescindible Tremé), con un Hersch que dosifica acordes de la misma manera que arranca lamentos de las teclas. Cambios de tono aquí y allá pero siempre el bop rezumando y ese lirismo que aflora en todos sus discos. 

Por destacar, destacaría la apasionada balada "Bristol Fog (for John Taylor)", donde cada nota suena sentida y donde Hébert tiene un solo de esos en los que el contrabajo parece cantar. También, el solo de McPherson en "Black Nile" (Wayne Shorter) porque tiene sentido y siempre he odiado los solos de batería que no lo tienen, algo que no se permitiría ningún otro instrumentista. Aquí sirve de potente introducción a un tema con mucho swing y lo hace de una manera natural. Y, por supuesto, destacaría la coda. El disco comienza con Monk y termina con Monk porque el bis del concierto es una versión a piano solo del inmortal "Blue Monk" tocada con una personalidad y una teatralidad abrumadoras. 

HERENCIA Y ESENCIA

MARÍA TORO, A contraluz (Jazz Activist, 2017)

Flamenco de raíz, narrado con una alternancia que parece natural entre ritmos de jazz o paseando por los distintos palos, una energía y una capacidad improvisadora que arrastra y un gran sentido del ritmo. Estas son algunas de las características que definen el trabajo de la flautista María Toro, un álbum grabado en Nueva York con una fusión de músicos y música que aúna los conceptos del jazz moderno con la alegría tímbrica del flamenco.

Acompañada de Jean-Michel Pilc al piano, Yelsy Heredia o Ben Street al contrabjo, Justin Brown e Israel Varela en la batería, Andreas Arnold a la guitarra flamenca y bouzouki, y Auxi Fernández a las palmas, el disco presenta siete composiciones originales escritas desde el sentir flamenco y que se desarrollan en la improvisación (la jazzística y la flamenca).


Compuestos a lo largo del tiempo, mientras alternaba giras con estancias en Río de Janeiro o Nueva York, los temas destilan influencias tan variadas que la etiqueta flamenco se vuelve tan mestiza como la misma esencia del jazz. En Río conoció a músicos como Toninho Horta, Guinga o Hermeto Pascoal; en Nueva York, tocó junto a Richard Bona o Jack DeJohnette, entre otros, que no es poco.

Sin olvidar (ni poder obviar) la influencia del "otro" flautista del jazz flamenco, Jorge Pardo (esa esencia áraba-andaluza de "A Contraluz", el tema que da título al álbum), encontramos sonidos de aquí y allá, mezclados con libertad y naturalidad, aires latinos ("Babel", "Te miré"), alguna herencia del rock progresivo, que, a su vez, lo heredó del folk ("Por el reloj") o puro flamenco ("Gitano") 

Hace mucho que se viene hablando una y otra vez de "nuevos aires en el flamenco", una expresión que casi comienza a carecer de sentido. El flamenco, como el jazz, es una música viva, sobran las comparaciones. De hecho, desde que en los años 80, en plena Movida Madrileña, Nuevos Medios comenzó a editar discos que llamó "nuevos flamencos", la música de raíz ha tenido más impacto entre los modernos que entre los puristas, y lo cierto es que no son pocas las casas de jazz que publican flamenco, jazz flamenco o alguna fusión relacionada, como es el caso de Karonte, Youkali, Legacy... o, en el caso de María Toro, Jazz Activist, que ha hecho posible que vea la luz esta grabación realizada en Nueva York en 2013, lo cual es de agradecer porque María Toro es de esas instrumentistas que escuchas y lamentas no haber descubierto antes.

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* Web: www.mariatoro.net