domingo 8 de noviembre de 2009

ACORDES Y DESACUERDOS (IV)

Miles y Trane en el punto de mira


Mucho se ha hablado y se podría seguir hablando de la relación musical y humana de dos luminarias como Miles Davis y John Coltrane. No voy a hacerlo yo, que soy un simple aficionado.

Vamos a dejarlo en manos de profesionales. Aquí os dejo una nueva entrega de Acordes y desacuerdos.



I.
Teo Macero sobre Coltrane: “Sonreía como un niño cuando Miles tocaba algo que le gustaba.”

II.
Cannonball Adderly sobre Miles: “Estoy seguro de una cosa: uno no puede repetirse noche tras noche si toca con Miles Davis. Miles y Coltrane crean todo el tiempo y el desafío es tremendo [...] El grupo de Miles es lo que debería ser: es un laboratorio. Todas las noches tocamos música novedosa y emocionante. He aprendido muchísimo a su lado.”

III.
McCoy Tyner sobre Coltrane: “Fue un auténtico mensajero. La evidencia de que Dios todavía le habla al hombre.”

IV.
J.J. Thompson sobre Miles: “He grabado con Miles y sé cómo actúa. En la mayoría de los casos entra en el estudio ¡y con una toma alcanza! Pifias o no, no hay segundas o terceras tomas. Ésa es su filosofía en cuanto a la grabación.”

V.
Jeff Rosen sobre Miles, del libreto del álbum Ballads de Miles Davis: “La mayoría de los músicos presentan una imagen. Pones sus discos y siempre sabes lo que esperas. Luego está Miles.”



lunes 2 de noviembre de 2009

JAZZ EN SEVILLA

Teatro Central, Noviembre 2009

Bill Frisell 858 Quartet, Bobo Stenson Trio, Joe Lovano Nonet, Miguel Zenón Quartet, jam sessions.....

domingo 1 de noviembre de 2009

ALFIE

No paro de tararear


Nunca han sido los saxofonistas mi facción preferida del jazz y siempre he creído que Coltrane tenía parte de culpa. En los años 50 y en los 60, antes de que comenzaran a editarse los discos de Trane como líder, su forma de tocar fue evolucionando, sus solos se hicieron tan interminables como su imaginación y su instinto (musical) le permitían. Este don deslumbrante creó, como todas las genialidades, una legión de "hijos" que no siempre heredaron las dotes del padre. Así, cada vez que oigo a un saxo salirse de madre en la improvisación, dejar de lado las escalas y los modos y enrolarse en un tocar-y-tocar sin sentido como en una especie de masturbación mental que sólo encontrará su fin cuando el músico (no el tema, ni el público) esté saciado, pienso en la máxima de Miles ("Si la música no hace que se muevan tus pies, no es jazz") y me grito a mí mismo: ¡Cuánto daño ha hecho Coltrane!

Pero quizás el gran Coltrane no tenga toda la culpa. Lo que él hacía no es algo fácil de aprender ni de enseñar.

Lo cierto es que durante mucho tiempo oía a Coltrane y odiaba al resto de los saxofonistas. El primero que me redimió de este odio fue Sonny Rollins. La forma de tocar de Sonny es limpia y brillante, y desarrolla las melodías con el pulso justo para que la síncopa y el swing brillen donde tienen que brillar, frasea los chorus, sopla con una potencia inigualable, lo que no le "obliga" a improvisar porque sí, no, él tiene un plan y sabe a dónde va. Las diferencias entre Sonny y Coltrane (y no digamos sus "hijos") se aprecian perfectamente cuando Trane toca Like Sonny, el tema que compuso como homenaje a su colega, imitando su forma de tocar y componer:


No recuerdo si fue Saxophone colossus el disco que me devolvió esta fe, pero al que siempre vuelvo es a Alfie (Impulse, 1966), que, pienso, contiene los mejores solos que ha grabado nunca Sonny Rollins.

El corte que da título al álbum, Alfie, es un tema que describe perfectamente todo lo que he dicho más arriba sobre Sonny. Comienza como le gusta comenzar a Sonny, con el saxo dibujando el estrillo para que luego se unan el resto de los músicos, que aquí son dos trombones, otro saxo tenor, un barítono y un alto, además de la sección de ritmo. Después le toca el turno a la guitarra (qué grande Kenny Burrell) en un solo atmosférico y al piano, al que Roger Kellaway arranca notas insistentes, creando la tensión suficiente para que vuelva a sonar el tema, pero es Sonny el que reaparece con un solo distinto. El ambiente rezuma una tensión sostenida, con un ritmo contenido, hasta que finalmente se suceden estribillo tras estribillo hasta que el tema se hace adictivo. Puede que sea tan pegadizo que parezca comercial, pero a mí me deja siempre la sensación de que necesito escucharlo otra vez. En el disco hay otros temas, como el sensual On impulse, pero es escuchar Alfie y no puedo dejar de tararearlo. Aquí os lo dejo, a ver si os contagia:



Sonny Rollins estaba tocando en el Ronnie Scott's de Londres en 1965, cuando el director Lewis Gilbert contactó con él para pedirle que colaborase en la banda sonora de Alfie (1966). De esta época son las interesantes London sessions que se grabaron sin su consentimiento (quizás por esto el sonido sea tan malo) y que luego han salido a la luz. Según cuenta la leyenda, Sonny le pidió a Ronnie Scott permiso para quedarse en el club después de la actuación. Cuando salió, al amanecer, llevaba bajo el brazo la partitura de Alfie. Más tarde, el 26 de enero del 66, se grabarían los temas en el estudio de Rudy van Gelder en Nueva Jersey, con arreglos de Oliver Nelson. Todos los temas fueron compuestos por Sonny Rollins. El personal de la sesión fue el que sigue:

Sonny Rollins (saxo tenor)
J.J. Johnson (trombón)
Jimmy Cleveland (trombón)
Phil Woods (saxo alto)
Robert Ashton (saxo tenor)
Danny Bank (saxo barítono)
Roger Kellaway (piano)
Kenny Burrell (guitarra)
Walter Booker (bajo)
Frankie Dunlop (batería)
Oliver Nelson (arreglos, dirección)

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El de la foto es Sonny Rollins tocando en el Ronnie Scott's de Londres en 1965. Desconozco el autor de la foto.

sábado 24 de octubre de 2009

PECOS BECK & TITO POYATOS BAND

No todo estaba dicho sobre The Beatles


He vuelto a ver en directo a Tito Poyatos y su banda con Pecos Beck en el micrófono, esta vez en el Teatro Cinema de Corrales. Confieso que soy adicto a algunas cosas. Una de ellas son las versiones. El jazz está lleno de versiones y lo maravilloso es que casi todas aportan algo nuevo... aunque sea malo. En este caso, el juicio es positivo.

El granadino Tito Poyatos lleva tiempo demostrando que puede hacer caer en el tamiz del jazz todo tipo de música, desde Blood Sweat & Tears hasta la música cubana, pasando por The Beatles. En este caso, debo decir que todo lo que es capaz de aportar esta banda en una hora y algo de concierto no cabría en una entrada ni en diez de este blog. La sola mezcla de músicos (granadinos, cubanos, panameños, franceses...) sobre el escenario y las influencias que traen consigo alimentan una música ya de por sí genial, pero si le sumamos el inefable Pecos Beck esto se convierte en una orgía sonora. Con su look post-hippy y su inglés de madrugada, Pecos Beck pone voz a los temas de Lennon y McCartney en una onda Frank Sinatra que podríamos achacar a uno de los viajes ‘astrales’ de John Lennon. Le sale una voz a ratos bluesy (¿no es este el vocalista de la Blues Band de Granada) y a ratos a un Louis Armstrong que no encaja con su alocada imagen. Sin embargo, el resultado no choca, excita la imaginación, y nos arrastra con el peculiar sonido del piano de Tito Poyatos al río del jazz, de donde nos sacan a ratos los sones cubanos del trompetista Erik Sánchez, más brillante si cabe al fliscorno. En el grupo aparecen también Agustín Sánchez (Big Band de Granada) al saxo tenor (inspiradísimo en Eleanor Rigby) y mucho mejor al soprano (qué solo el de Here, there and everywhere), y el potente batería habanero Ramón González "El León".

Guiños al funky, al rock, al country e incluso a canciones infantiles redondean un puzzle donde la improvisación lo justifica todo. Y ahí es donde la banda gana más, no sólo de convertir Maxwell’s Silver Hammer o Ticket to ride en temas jazzísticos sino en cuanto que a los músicos se les permite improvisar con tanta libertad que en ocasiones el resto los deja solos en el escenario. Así, el percusionista puede dar todo lo que una batería puede entregarle, desde el swing hasta el free, o pueden los músicos permitirse el lujo de irse del escenario mientras Pecos Beck hace su solo de armónica, porque saben que durará varios minutos y pasará como una montaña rusa por tantos lugares que casi los he olvidado. El que más me gustó la primera vez que vi a este grupo fue el panameño Camilo Edwards al bajo eléctrico, anoche ausente y sustituido por otro bajista habanero. Aquella vez, el solo de Edwards en Come together, el tema de The Beatles que versionó Michael Jackson, derivó hacia la improvisación libre hasta encontrar el punto de partida para un homenaje que incluyó variaciones sobre temas como Human nature o Smooth criminal.

El de anoche volvió a ser un concierto completo, pleno de influencias y matices, que quedaría en una simple anécdota (otra tanda de versiones de The Beatles) si no fuera por la originalidad de los arreglos y por la maestría de los músicos.

Los podéis escuchar en Myspace: www.myspace.com/titopoyatosband.

Damas y caballeros, Tito Poyatos Band, impredecibles:

Tito Poyatos, piano

Erik Sánchez, trompeta, fliscorno

Agustín Sánchez, saxo tenor

Camilo Edwards, bajo eléctrico

Ramón González "el León", batería

Pecos Beck, voz, armónica

Foto-montaje de Jota.

viernes 16 de octubre de 2009

ATHANASOPOULOS/PIN JAZZ QUARTET

La serenidad hecha jazz

Seguimos (re)descubriendo el buen jazz nacional. Si hace unos días hablábamos de fusión al reseñar el disco de Organic Collective, ahora hablaremos de hard bop. Tengo en mis manos dos discos del guitarrista que aparecía en Organic Collective, el lucense Marcos Pin. El primero está firmado/titulado Pin.Cirera.Legido.Martínez (Free Code Jazz Records, 2007) ya que, aparte del mencionado guitarrista, aparecen los músicos Albert Cirera al saxo, L.A.R. Legido a la batería y Xacobe Martínez Antelo al contrabajo, y es una maravilla de colección, con temas que van del hard al post-bop compuestos por los mismos músicos e interpretados con una maestría indudable.

El segundo disco es Knock before (2009), firmado como Athanasopoulos/Pin Jazz Quartet, de donde se deduce ya desde la portada que el guitarrista comparte protagonismo con el saxofonista griego Thanos Athanasopoulos, un tándem impredecible en el que ambos instrumentos/músicos se complementan con una naturalidad fabulosa. Nos vamos a centrar este disco, por eso de la novedad, porque lleva fecha de este año y porque ofrece aspectos más interesantes.

El primero de ellos es que el sonido de este combo (Paco Charlín y L.A.R. Legido completan la formación) es más compacto y lúcido. El segundo, la perspectiva de los temas, compuestos cuatro por Athanasopoulos y cuatro por Marcos Pin. En los temas de ambos se ve la intención de hacer un hard bop brillante y sin complejos, demostrando que se pueden componer temas con una estructura y una melodía propias de los años 50 (Coffeology, por poner un ejemplo) y al mismo tiempo hacer que suenen nuevos y actuales. Otro aspecto fundamental es la serenidad que se respira en las interpretaciones. Tanto en las baladas como en los tiempos medios, podemos oír buenas dosis de improvisación sin que el instrumento se vea obligado a “levantar la voz” para ello, algo muy difícil en un músico de jazz que quiere darlo todo en una grabación. Para eso hace falta tener las ideas claras.

El resultado es un disco atmosférico, de los que dan más con cada nueva escucha, de los que demuestran que el lirismo no está reñido con la improvisación, donde los matices se acumulan, ya que, mientras Marcos Pin repasa, versátil, todas las influencias que ha tenido la guitarra de jazz (y de blues) en las últimas décadas, el tenor del músico griego rinde homenaje al baladista-entre-baladistas Dexter Gordon con un dominio absoluto de su instrumento. Porque una cosa es tocar y otra tocar una balada. Para muestra, hay que escucharlo. De los cuatro temas compuestos por Athanasopoulos, tres son baladas y el último un blues (The lost car keys walk) con un tiempo medio increíblemente subyugante, de esos temas que hay que volver a escuchar nada más terminan...

Me gusta especialmente la portada, que recuerda a los diseños de Saul Bass para los carteles de Anatomy of a murder (qué gran banda sonora de Duke Ellington) o El hombre del brazo de oro (otra película con el jazz como excusa, con un Frank Sinatra dramático).

Pero el disco tiene otros alicientes, como alguna incursión de Athanasopoulos en el soprano (Miss de Pater part 2) o el último regalo, un tema extra que cierra el álbum y que es cuantitativa y estilísticamente una sorpresa, una versión alocada y fugaz (1:23) de Salt peanuts. Digo sorpresa cuantitativa porque el tema no aparece acreditado en la carátula y estilística porque rompe con el lirismo que abunda en todos los temas del álbum y salta a otra dimensión, la del bebop reconvertido en jazz-rock, soul-rock o rhythm & blues... Lo que ustedes prefieran. Hay un poco de todo en este pequeño “desliz”, en el que la guitarra suena a rock y el saxo salvaje de Athanasopoulos nos retrotrae a no sé qué tema de los Blues Brothers...

Buen disco. Hard bop con un sonido actual. De los que se escuchan una y otra vez.

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Enlaces:

Marcos Pin: http://www.marcospin.es/

Thanos Athanasopoulos: www.myspace.com/thanosathanasopoulos