LIVE AT TONIC

Chistian McBride caminando al filo

Después de hablar del sensacional regreso de Christian McBride al hardbop, no es fácil explicar por qué este otro disco me gusta. Es como hablar de otro músico y, sin embargo, es siempre el mism bajista/compositor/líder inspirado. ¿Es posible recomendar un músico que salta de esta manera entre estilos?



Christian McBride ha tocado con Russell Malone, Diana Krall, Joe Henderson, Joe Lovano, Pat Metheny... y ha dado muestras de su gran versatilidad tanto al bajo acústico como eléctrico, con el arco o sin él. Su discografía es ecléctica y va desde experimentos de fusión hasta su vuelta al hardbop en Kind of brown, un álbum que no decepciona a nadie. Live at tonic es un triple CD que resume toda su experiencia como sideman y todos sus esfuerzos de composición hasta Vertical vision (Warner Brothers, 2003), del que se incluyen temas muy potentes como Technicolor nightmare, inspirado en Weather Report, y Boogie Woogie Waltz, directamente heredado de la formación de Joe Zawinul.
Los 3 CD’s son el resumen de dos noches en el club Tonic de Nueva York (10 y 11 de enero de 2006), con algunos de los músicos que tocaron en su último trabajo y un buen número de invitados que muestran la amalgama que se puede alcanzar en un disco de funk y fusión: en el primer CD aparecen sus músicos habituales (Ron Blake en todos los saxos posibles, Geoffrey Keezer muy discreto en los teclados y Terreon Gully potente en la batería). En los otros dos discos, correspondientes a los segundos sets de ambas noches, sólo hay jams, con la excepción de dos temas: Bitches brew (Davis) y Give it up or turn it loose (James Brown). El ejército de músicos: Charlie Hunter y Eric Krasno (guitarras), Jason Moran (piano), Rashawn Ross (trompeta), Jenny Scheinman (violín), DJ Logic (mesas de mezclas) y Scratch (caja de ritmos). Con tanto músico, corremos el riesgo de olvidamos del que no contribuye en un momento determinado y en los temas más largos (See jam, hear jam, feel jam) sólo el baterista Terreon Gully consigue mantener el pulso para que no acabe todo en el caos.
Buscando un juicio crítico, lo más importante de estas jams, aparte de su apabullante abundancia (tres horas y media de música) es que devuelven al jazz su valor de espontaneidad: los dos últimos discos son, con las excepciones de los temas de Miles Davis y James Brown, improvisaciones que aparecen acreditadas como si las hubieran compuesto todos los músicos al tiempo, ya que ¿no es la improvisación una composición sobre el escenario?
Que los discos 2 y 3 contengan los segundos sets de cada noche íntegros tiene lo bueno del directo y lo malo de escuchar directos en los discos: la respuesta del oyente no es la misma en el ambiente del club que en el sofá. Esto es especialmente arriesgado en temas que duren 30 minutos... pero se agradece.