Amelia Bernet

Formada en el Real Conservatorio de Música de Madrid y en los escenarios de clubs americanos, franceses y holandeses, Amelia Bernet es, por encima de todo, una artista dueña de una voz con la hondura desgarrada de una Billie Holiday sin el peso de las drogas: con un timbre cercano, es menos visceral y más musical, su scat nace de la técnica, su improvisación es inagotable. Domina la voz como el más complicado y versátil de los instrumentos, con una expresividad que se transmite a todo su cuerpo, aúna cuerpo e instrumento en un todo: es una artista del gesto. Supongo que es un don.

Desgraciadamente, sólo he podido encontrar de ella un álbum como líder: I remember you (Satchmo Jazz Records, 2000), un disco que tuvo la amabilidad de regalarme este verano después de una actuación, probablemente por todos los halagos que dediqué a su voz (o porque era ya demasiado tarde y el club estaba a punto de cerrar). Son once standards que grabó en compañía de Albert Bover, Javier Colina y Carlos González.

A los profanos les sonará (y a los aficionados al jazz puede que les escandalice) por su participación como profesora de canto en el programa de televisión Operación Triunfo (si mis fuentes ajenas al jazz no me engañan), pero, aparte de su faceta como profesora de canto, que creo lleva a cabo en Madrid y en numerosos seminarios, es una cantante hecha en los escenarios con su cuarteto o como sidewoman.

Más abajo os dejo unas fotos de esa noche. El escenario: el Berlín Jazz Café, cerca de Callao, en Madrid. Sus acompañantes son el trío de Santiago de la Muela, con Jordi Gaspar al contrabajo y Carlos 'sir Charles' González a la batería. Tuvimos la suerte de oír los dos pases. Más intenso el segundo, creciendo de tono, con interpretaciones fabulosas de My secret love y del Love for sale de Cole Porter, sin desmerecer un fabuloso Angel eyes del primer pase.

Todas las fotos son de mi impagable amigo Manolo Sosa.



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Jazz animado


Racalmuto llegó, tocó y triunfó. Puede sonar a frase hecha, pero el espectáculo de anoche en el Claustro del Convento de Santa Clara (lugar poco habitual para un concierto de jazz pero igualmente sorprendente) fue tan refrescante que todas las frases se quedan cortas.

El repertorio (Raymond Scott, John Kirby y algunas composiciones de Miguel Malla, que él mismo presentó como obras maestras) confirmó con creces lo que ya había oído en el disco, que el jazz fue una vez una música divertida, inesperada pero matemática como un reloj, con instrumentos (seis, en este caso) que encajan a la perfección como una maquinaria exacta, algo fabuloso en este tipo de composiciones rítmicas, resbaladizas y llenas de trucos, sin improvisación, sin solos porque sí.

Si a esto le añadimos el humor de Miguel Malla, el escenario al aire libre y el lujo de estar escuchando música en directo, puedo añadir sin duda que el espectáculo de acompañar en vivo dibujos animados con música en directo fue todo un regalo. Como un inesperado viaje en el tiempo. Una docena de proyecciones mudas que iban desde Buster Keaton intentando sobrevivir con su habitual pericia a un huracán hasta la sensual Betty Boop, pasando por Porky Pig y Aelita (un corto considerado como la primera película de ciencia ficción rusa) sirvieron de excusa para que el público se divirtiera no sólo con la música.

Aquí os dejo unas fotos muy malas que hice con una cámara compacta y muy poca luz. Son muy pobres excusas, pero quedan como recuerdo de una noche fabulosa. A los que no estuvisteis, os animo a verlos en directo, sobre todo por saber qué es capaz de hacer David Herrington con una sordina debajo del agua.


La banda, impresionante.


Poniendo más ritmo, si cabe, a las desdichas de Buster Keaton.


La Central Eléctrica, ritmo frenético.

Atendiendo a las andanzas de Porky Pig.