HATE JAZZ

Historias de la noche (a todo color)

La noche. La Nueva York previa al 11-S. El odio. Así comienza Hate jazz, el cómic de Jorge González y Horacio Altuna que demuestra gráficamente que del peor odio puede surgir el mejor jazz, algo que los mal pagados músicos de los años 40, que tocaban en clubs de lujo donde sólo podían entrar los blancos, sabían muy bien.

Gran formato, espectaculares y heterodoxos dibujos que van desde el más simple bosquejo a lápiz hasta el colorismo más efectista, referencias y más referencias a músicos y standards, un guión amargo y lleno de cicatrices, las palabras justas, el mensaje exacto y varias historias entrelazadas dan vida a Hate jazz...

La de Clarence T comienza cuando, empujado por el mono, irrumpe en el club Dolphins para pedir los atrasos necesarios para chutarse y termina de forma fatal. En el Dolphins toca un cuarteto formado por Nat y Emmet Gayle, dos hermanos enamorados de la misma mujer; por Cecil, un pianista ambicioso pero mediocre, que quiere triunfar plagiando descaradamente solos de McCoy Tyner, Hank Jones... y, por último, está Chester, al saxo, un músico privilegiado que tiene el don de evadirse mientras toca. Su historia es la más compleja y la más dramática. Chester libera su asco existencial oyendo a Sonny Rollins en el taxi que conduce y tocando por las noches en el Dolphins. Una serie de casualidades y unos pijos snobs enredan una trama (que podría haber escrito Paul Auster) cuando le pagan para que toque jazz mientras tienen una sesión de sexo y drogas. Chester acepta, pero se evade, desvaneciéndose en su propia música, cada vez más abstracta y pura, construyendo maravillas a partir de It’s easy to remember, Too young to go steady, All or nothing at all... y de los compases de su propio odio. Dos asesinatos ponen punto y final a este clímax.

Porque todas las historias de este volumen tienen un final trágico, como la ciudad, esa Nueva York que acabará abatida por el terrorismo islámico, y demuestran, como lo hacen los personajes con su música, que hay mucha buena música nacida del peor odio. 

Hate jazz es la segunda colaboración, tras Hard story, de Jorge González con Horacio Altuna, ese dibujante argentino autor de Ficcionario, ese dibujante que trabajó para la edición argentina de Playboy, uno de los pocos cuyas mujeres hacen sombra a las de Milo Manara, el primer extranjero galardonado con el Gran Premio en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona (2004)... y que aquí ejerce sólo de guionista para los dibujos de Jorge González ya que, como dijo en una entrevista en el blog Comic Peru, tiene "más ideas que tiempo para dibujarlas". Así pues, un dibujante que ejerce de guionista para otro dibujante. Eso se llama confianza. 

Hate jazz es un descubrimiento que encontré hace tiempo en Lenoir.es (sí, esa tienda que sólo tiene libros sobre música) y que me resistía a comprar porque hace tiempo que sólo encuentro cómics estereotipados y superficiales. Esta historia, sin embargo, confieso que me sigue rondando la cabeza pidiéndome una relectura que, de momento, guardo para otro momento más sosegado, quizás una tarde de lluvia, en ese momento en que comienza a hacerse de noche y apetece algo amargo para beber. Pero, para eso, habrá que esperar al otoño.

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Las imágenes son del cómic. Hay más imágenes y algunos bocetos en b/n y color en la página de Jorge González: www.jorge-g.com


2 comentarios:

Verbo... dijo...

me pones a pensar que los blancos siempre han gustado de cosas que hacen los negros, por ejemplo el mismo jazz, el boxeo, algunos bailes, y por cierto, algunos blancos son amantes de mujeres negras,

tambien recuerdo a Julio Cortázar de raza europea-argentina, escribió sobre el boxeo, los negros y el jazz.

Saludos ♥

M.

FranFelt dijo...

La raza afro està ligada al arte, a mi forma de ver, de manera visceral, conforma parte de su codigo genètico.
A diferencia nuestra, el arte es màs intelectual y emocional; de alli que grandes bailarines, musicos, incluso deportistas sean tan ùnicos y excepcionales.
Tratarè de ponerme con un ejemplar de Hate jazz, si lo logro tratarè de comentarlo.