BUENA VISTA SOCIAL CLUB

El milagro de Wim Wenders

Mientras el mundo cae a los pies de la historia de Chico y Rita, de su música y de sus hipnotizantes dibujos, hemos vuelto a ver Buena Vista Social Club, la película que podríamos considerar "de referencia" a la hora de hablar de cine y música cubana, una cinta atípica pero también un milagro del cine moderno. ¿Por qué? Yo lo entiendo así. En una década en que los valores del cine se miden por cantidad de efectos digitales, vender (y hacer amar) un documental a tantos espectadores obstinados en lo comercial es un milagro; que el tema del documental sea la música es algo insólito. El milagro de Wenders, fruto de la comunión de documento y música, prendió una llama que luego avivó Trueba en su Calle 54 y en otras producciones que han desembocado en la aclamada Chico y Rita.

La historia de esta película comienza cuando Ry Cooder visita La Habana  en 1996 buscando referencias africanas en la música de Cuba. Aunque no consiguió llevar a buen fin su investigación, el contacto con los músicos cubanos (Compay Segundo, Eliades Ochoa, Ibrahim Ferrer) dio como resultado un disco titulado Buena Vista Social Club, que tomó el nombre de un salón de baile habanero desaparecido. El álbum ganó un Grammy y devolvió la música cubana a muchos aficionados que habían perdido el contacto. Dispuesto a producir un segundo álbum, Ry Cooder volvió a La Habana acompañado de su hijo Joachim y de Wim Wenders, un cineasta propenso a hermanar música y cine (en 1970 debutó con Summer in the City, un homenaje a The Kinks; más tarde incluyó a U2 en sus proyectos) y que previamente había colaborado con Cooder en Paris, Texas (1984).


El resultado es un documental que repasa el ambiente musical de La Habana, con el decadente escenario de sus bellísimas calles, y el impacto que tiene en el extranjero el álbum producido por Ry Cooder. Viviendo esta tardía fama internacional, podemos ver y oír a estos músicos en Amsterdam y en un glorioso concierto en el Carnegie Hall de Nueva York.
Porque los protagonistas de la cinta son los músicos (aunque en ocasiones tienen que compartir estrellato con los fantásticos escenarios). Eliades Ochoa (ex-Cuarteto Patria, Quinteto Oriente) y Compay Segundo (ex-Conjunto Matamoros) tocan guitarras diseñadas por ellos mismos para adaptarlas a su forma de tocar. Joachim Cooder toca la batería. También aparecen el pianista Rubén González, la cantante Omara Portuondo,  Cachaíto al contrabajo, Amadito Valdés, Guajiro Mirabal a la trompeta... e Ibrahim Ferrer, que, en palabras de Ry Cooder, "llegó de la calle, como un Nat 'King' Cole cubano": había abandonado la música y lustraba zapatos en La Habana en aquellos años, una anécdota que ha inspirado al personaje del músico retirado de Chico y Rita. ¿Otro punto en común entre ambas películas? ¿Es que nadie ha notado el parecido físico entre Wenders y Mariscal?


La película, recomendable para los aficionados a la música cubana y para los profanos, debería verse /oírse aunque sólo fuera por los escenarios, por esa otra "música" del acento cubano de los protagonistas o por la remarcable y seductora fotografía de (Jörg Widner, Robby Müller y Lisa Rinzler). Les dejo aquí un fragmento:

3 comentarios:

kuto dijo...

En esta si que estamos de acuerdo. Gran película; Gran documental; Gran música.
Muy recomendable.

Hector Aguilera S. dijo...

Soy un gran admirador de este conjunto musical. Tengo varios álbumes de "Buena Vista Social Club". Me ha guctado mucho este post.
Saludos,

Manu Grooveman dijo...

Pues yo he visto Chico & Rita y no ésta (ya me vale). Desde aquí aprovecho para felicitarte por el blog, por su caracter divulgativo que lo hace muy interesante. Ya lo tengo entre mis favoritos!

Un abrazo