COMO UNA PELÍCULA

PETER NELSON, Ash, Dust and the Chalkboard Cinema (Outside in Music, 2018)

Con una intro emotiva en la que escuchamos trombón, un misterioso vibráfono y la voz sin palabras de Alexa Barchini, comienza el nuevo álbum de Peter Nelson, un trombonista afincado en Nueva York que trata de contar una historia en sus composiciones, una trama de superación, como en las buenas películas. Y lo hace a trío, cuarteto y septeto en un disco que se escucha con facilidad y se entiende con emoción.


Gusta descubrir un instrumentista así, con ese fraseo muy rápido y ágil, complicado en un instrumento como el trombón, elocuente, con un gran sentido del swing moderno y un don natural para la expresividad sin estridencias. Peter Nelson muestra una tendencia orgánica a atemperar los ritmos y centrarse en un tono melancólico, muy en la línea mainstream actual. En algunos momentos, el combo suena armónicamente como una pequeña big band moderna. "Behind My Kind Eyes (Thank You) podría ser un buen ejemplo, aunque no el único en el álbum, para evidenciar el vínculo de la música de Nelson con la tradición del jazz de Nueva York, sin que por ello deje de parecer moderno, original. Este es, quizás, el tema más vital y estimulante del disco, en especial en sus solos.

Natural de Lansing (Michigan), Nelson reside en Brooklyn, donde ha compartido escenario con luminarias como Orrin Evans o el baterista Matt Wilson, Este no es su primer álbum como líder. Su disco anterior se puede escuchar en spotify y en su web, pero sirva como referencia que ha tocado y grabado con muchos músicos (Verve Pipe, Rodney Whitaker, The Captain Black Big Band, Jamie Cullum, The Hudson Horns, Marianne Solivan, Dan Pugach...). Sin embargo, la verdadera historia de este músico comienza cuando, viendo cumplido su sueño de compartir escenario con los grandes de los clubs neoyorquinos, empieza a sufrir distintas patologías que afectan a los músicos, como hiperventilación crónica, dificultad para respirar hondo, dolor en los brazos y lumbalgia. Incluso un acusado signo de Chvostek; herencia de malas posturas y hábitos heredados de sus maestros. Porque enseñar música no es sólo enseñar a tocar. Una educación postural, respiratoria y técnica le habrían evitado todos estos males. Tras pasar por médicos y fisioterapeutas, parece que su expresividad vuelve a estar en forma y lo demuesta grabando este disco basado en sus experiencias personales.

Ahí está su personal forma de componer, ese jazz fácil de escuchar pero intenso rítmicamente, con interludios dramáticos que tienen hacia lo atonal o muy cinematográficos, como "Cyclical Maze (Round and Round We Go)", un emotivo tema a tempo medio que termina con un diálogo lleno de matices que el trombón mantiene al final del tema con la trompeta (Josh Lawrence), el saxo alto (Haily Niswanger) y el uno de mis instrumentos favoritos, el clarinete bajo (Yuma Uesaka), que aquí convierten el cuarteto en septeto. Su expresividad es más patente en los tiempos lentos (siempre lo más complicados). En el precioso "Peace, a Moment (You're Enough)", Nelson lleva el peso de la melodía acompañado solo por el contrabajo (Raviv Markovitz), con el sutil y casi etéreo apoyo de la percusión (Itay Morchi)

Dentro de este trío-cuarteto-septeto multinacional y multicultural formado en Nueva York, merece una mención especial para la participación del pianista Willerm Delisfort, que suena brutal en "State of Fear (That Lonely Nightmare)" con un swing demoledor, y de la vibrafonista Nikara Warren, nieta de Kenny Barron.

Como si de una película se tratara, las composiciones, con un gran sentido dramático, van descomponiendo y regenerando su jazz con sus argumentos armónicos y rítmicos de una manera narrativa, que comunica emocionalmente con el oyente...


...hasta un final que no deberíamos desvelar para no hacer spoiler (los títulos de los temas actúan a modo de subtítulos, con elocuentes nombres que narran la evolución del estado de ánimo que acompaña a la enfermedad), pero como esto es una crítica y no es cine, hay que decir que, como toda patología, el setlist tiene episodios de crisis, tensos como una pesadilla, y el hecho de que el desenlace nos devuelva al principio del álbum no deja de ser uno de esos finales abiertos y con incógnita. Vuelve el trío del principio: trombón, vibráfono y voz sin palabras. El título (algo así como "el final es una oración desperdiciada") deja una sensación amarga.

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* Web oficial: www.peternelsonmusic.com

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