POTENCIA CONTROLADA

Espectacular debut del joven cuarteto Earprint

Earprint es un cuarteto sin piano ni guitarra, algo poco habitual. Formado por los americanos Kevin Sun (saxo) y Tree Palmedo (trompeta) con el bajista chileno Simón Willson y el baterista israelí Dor Herskovits, el cuarteto lanzan estos días su primer trabajo, titulado como el grupo, Earprint, y editado por la discográfica Endectomorph Music, ubicada en Brooklyn.




Al escuchar el álbum, lo primero que sorprende es el comienzo, impresionista y monkiano, deconstruyendo la melodía de una manera muy inteligente, más grato cuando uno se da cuenta de que está ante un cuarteto muy joven, hecho que quizás justifica lo arriesgado de su propuesta musical, agresiva, contundente, donde sobresale el ansia de riesgo y donde brilla un jazz forzado hasta las últimas consecuencias. "Quería montar algo donde realmente pudiera trabajar en escribir música difícil" ("I wanted to put something together where I could really work on writing difficult music,"), manifiesta Kevin Sun, quien, por cierto, fue discípulo de Miguel Zenón. No hay complacencia.

Earprint es otro disco incómodo que termina siendo un placer para los oídos. Lo mejor: la conjunción espiritual entre los dos instrumentos de viento y la contundencia y el protagonismo que tiene Dor Herskovits en la percusión (un ejemplo fantástico podría ser "The Golden Girder Strikes Again", pero la fuerza de Herskovits está en todo el álbum), algo complejo y demasiado feroz para algunos oídos (estoy seguro) pero que provoca placer, el placer de volver a sentir que el jazz puede transmitir energía.

Cuarteto sin piano. Parecen preguntarse: ¿Para qué un piano?

El álbum contiene temas agresivos como "Happy", cuyos momentos atonales y sus cambios de ritmo dan sentido al concepto del álbum. Según Herskovits, está inspirado en las teorías de Ornette Coleman, pero a mí me recuerda en algunos momentos al Mingus de "A Foggy Day". Otras composiciones, como "School Days", inspirado por el rítmico colorido de una pintura de Allan Rohan Crite, ofrecen una sonoridad rítmica distinta, por momentos festiva, que recuerda (vagamente) sonidos rockeros o caribeños, como si se hubieran traído el concepto de calypso de Sonny Rollins a la batería moderna de jazz. "Anthem" es eso, un peculiar e intenso himno. "The Holy Quiet" está inspirado en los sucesos de Charleston (Carolina del Sur) y está lleno de experimentaciones tímbricas y rítmicas que se completan con el uso de ruidos y efectos; este tema contrasta con el dinamismo de "Colonel", inspirado por los movimientos de un Yorkshire Terrier. "Six Nine" es quizás el tema más completo y complejo del disco, un ejercicio de maestría y temperamento, donde furia y paz, calidez y dureza, se alternan en una composición sorprendente. 

En resumen, 11 temas originales y un cuarteto que asume los riesgos del jazz sin miedo. Recomendable para mentes abiertas.

"Malinger" es quizás uno de los momentos de (falsa) paz en el disco:

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