RONALD BAKER

Un león sobre el escenario

Ronald Baker (Baltimore, 1968) es un cachorro, así lo llaman en la web. Quizás porque no tiene el empaque físico de un Rollins ni el descarado desinterés de un Miles hacia el público, o porque no tiene más que 45, hecho que acentúa con una barba de canas incipiente; pero sube al escenario, sonríe y engancha con el público. Entonces, sopla su dorado instrumento y uno entiende que es un león adulto o alguna especie de animal fantástico que ha devorado a Miles, a Chet, a John Faddis, y se ha adueñado de su magia.


Sideman de Donald Byrd, J.J. Johnson y John Faddis, líder en seis discos... Ronald Baker reside en París como los mejores músicos exiliados de las mejores épocas del jazz. Llegó al escenario de la Universidad Internacional de Andalucía en La Rábida acompañado por el versátil Gerard Nieto al piano, el preciso Ignasi González al contrabajo y por un baterista francés que no conocíamos y que hizo las delicias del público con sus solos, Jean-Pierre Derouard. Comenzó cantando un delicioso "Straighten Up And Fly Right" y los que no lo habían escuchado antes comprendieron que no era un trompetista más. La trompeta de por sí ya exige un esfuerzo físico considerable. Cantar y solear con el instrumentos exige, además, sentido común.

Pocos instrumentales traía en el repertorio (valió la pena escuchar "Without A Song") pero los músicos nos dejaron tantos solos que no se notó. Por cierto, cuando hace scat recuerda sin ningún género de duda a Al Jarreau. En cuanto a las canciones, "One Note Samba" "It's Only A Paper Moon", "Tangerine" y la oportunidad de escuchar en directo "Take The 'A' Train". Rebuscando en la memoria quizás tengamos que concluir que nunca habíamos escuchado esta canción en directo. ¿Será posible? Naturalmente, Gerard Nieto tuvo un papel protagonista en el tema, con mucho swing y un colorido tan cercano a Duke que emocionaba. Pero el protagonismo del tema lo cedió Baker al público, al que pidió que acompañara con onomatopeyas la canción del tren, consiguiendo así ganarse (casi al final del concierto) a un público que, en algunos sectores, se mostraba bastante frío. Se notó la profesionalidad y la experiencia del jazzman. Y para terminar un blues de Dizzy...aplausos, público en pie, más aplausos, y el cuarteto tuvo que volver para hacer un reprise del mismo blues con más improvisación y energía que la primera vez.

Una noche inolvidable.

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