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FELICIDAD Y OPTIMISMO

DELFEAYO MARSALIS UPTOWN JAZZ ORCHESTRA, 
Crescent City Jewels (Troubador Jazz, 2024)

En una tierra como España donde cada ciudad tiene un carnaval y cada carnaval su propia idiosincrasia, no podemos escapar a la ironía, la música y la locura que rodean esta fiesta. Andamos en tiempos de carnavales, la gente de Cádiz lo vive de una manera y los de Nueva Orleáns lo viven de otra. A los que nos gusta el jazz, Nueva Orleáns nos enseñó que allí caben todas las músicas, y que esta, cuando sale a la calle, explota siempre como una fiesta. De todas nuestras formaciones favoritas de NOLA, quizás la Uptown Jazz Orchestra de Delfeayo Marsalis sea la imagen más potente, inspiradora y divertida de todas. ¡Todo lo que hace suena a Mardi Gras! 

"Lo que la comunidad jazzística necesita ahora mismo son bandas que puedan traer felicidad y optimismo" (Delfeayo Marsalis) 

Su disco más reciente, publicado a finales de agosto, resuena ahora en los auriculares cuando se acerca el carnaval. Su título es Crescent City Jewels y en él tiene invitados de lujo como el saxofonista (y hermano mayor) Branford Marsalis, el trompetista Kermit Ruffins (de quien hace tiempo que no hablamos),  el llamado “Piano Prince of New Orleans” Davell Crawford, el baterista Herlin Riley y el trombonista Maurice “Miracle Meaux” Trosclair.

Nos dejamos llevar por la dulce y pícara cadencia de la música de Nueva Orleáns y encontramos joyas (como sugiere el título) como "Ooh Poo Pah Doo" (imposible no bailar), la seductora "Basie Moods" con sus solos tremendos y esa orquesta detrás sonando a tope, "Inner Urge", el imprescindible "Basin Street Blues" (escrito por Spencer Williams en 1928, con la sombra eterna de la trompeta de Louis Armstrong, que aquí suena excitante, moderno y elegante) 
y momentos deliciosos como una versión del bolero "El último café", con solo de soprano de Brandford Marsalis, o "Sleepin' Bee" en la voz de la vocalista de la orquesta, Tonya Boyd-Cannon (también espectacular en el canto de iglesia "Valley of Prayers" y en la swingueante "Exactly Like You" o en la emocionante versión de "Round Midnight". Forzosamente escueto pero ¡con 16 temas!, el repertorio es un catálogo de piezas musicales de los últimos 300 años (según Marsalis) que la ciudad del Mississippi ha dado al mundo, un gozoso repaso a la diversidad musical de Nueva Orleáns. No tan desenfrenado como otros discos de Delfeayo, pero con unos arreglos y unos intérpretes impecables resulta, como siempre, muy recomendable.

Esta versión de "Valley of Prayers" es más potente en el nuevo disco:


*Más info: www.dmarsalis.com

FELIZ NAVIDAZZ

...UN AÑO MÁS

Bueno, pues eso, llegan las navidades y un descanso que nos tenemos bien merecido. Yo, como la mayoría, voy a tomarme esos ratos para coger el tren A y ver a los que están lejos, para estar en body and soul más tiempo con los que están cerca, para retomar un par de libros que estrené pero no leí... y para entrar en el nuevo año con mucho swing porque now's the time. Escribid la carta a los Reyes Magos (o a Santa si sois más impacientes). 

Ahí van mis deseos: Que la Nochebuena nos coja Comin' home para ver a nuestras familias, a nuestra funny Valentine o a vuestro lover man, que 2024 sea un año enorme y feliz como un concierto, que halléis en casa el calor de un pequeño club, que contemos los amigos por big bands, que las improvisaciones nos salgan bien, que los días avancen a ritmo de swing, que los fines de semana fluyan in a silent way, que los meses nos llenen de sorpresas y bonus tracks, y que 2024 sea un año edición especial. ¿Demasiado deseos?

Para que el año nuevo no nos pille moanin', un poco de música. Nadie representa mejor a Nueva Orleáns que Kermit Ruffins (qué sorpresa cuando lo vimos aparecer en Tremé). El tema que sigue es de su álbum Have A Crazy Cool Christmas (Basin Street Records, 2009), que, para mí, vuelve a estar de moda cada Navidad. Pues eso, let's get lost, feliz navidad y mejor 2024. Nos vemos en enero.


BLUES, BOOGIE WOOGIE & JAZZ PIANO

PAUL SAN MARTIN, A French Session 
(Gaztelupeko Hotsak, 2019)

El piano es tan fundamental para entender el blues como la guitarra de Robert Johnson. El piano fue el instrumento que derivó rítmicamente hacia el rhythm & blues y este, a su vez, al rock'n'roll. Décadas después, con las fronteras estilísticas tan difusas, nos encontramos con uno de esos músicos capaces de revivir el pasado y darle el valor que sigue teniendo. Paul San Martin recupera clásicos como "New Early in the Morning" y "Bumble Boogie" en un quinto disco (el tercero como líder), una grabación realizada en directo en los estudios Big Spoon del contrabajista Abdell B. Bop, que lo acompaña en esta sesión, y publicada en 2019 por Gaztelupeko Hotsak. El trabajo se titula A French Session y en él aparece conformando el trío el baterista Romain Gratalon y, como invitados en varios temas, el saxo tenor de Sylvain Tejerizo y la guitarra de Chris Ruest.

Fuente: web de Paul San Martin

Paul San Martin es titulado superior en Piano Jazz y uno de esos músicos que comenzó como pianista clásico de pequeño y descubrió la iluminación de las músicas negras (blues, r'n'b...). Claramente hijo musical de Dr. John y del Professor Longhair, entre otros, este donostiarra (San Sebastián, 1979) lleva más de veinte años pisando escenarios como líder o colaborando con luminarias como Mingo Balaguer, Lluís Coloma, Billy Boy Arnold... y revitalizando estilos que no están de moda pero que el aficionado al blues o al jazz celebran escuchar. 

El lado francés en el que se mira Paul San Martin en este álbum tiene dos perspectivas: de un lado, los músicos franceses con los que toca, y de otro, ese espiritu francés de Nueva Orleáns que la diferencia del resto de ciudades de Estados Unidos. En Nueva Orleáns, el blues puede sonar zydeco o cajun, adquirir connotaciones festivas como en "Tipitina" (Longhair) o ritmos callejeros ("Hey Pocky A-Way") y el piano de San Martin absorbe y destila todas estas influencias con el espíritu de un hijo adoptivo de Louisiana. 

Temas como el glorioso "Too Many Dirty Dishes", ejemplo de canción en la que la miseria y la tristeza dan forma a un blues, o "Bumble Boogie", versión en forma de boogie woogie de "El vuelo del moscardón" de Rimsky-Korsakov, hacen de A French Session un disco vitalista, divertido y fácil de escuchar que esconde la profundidad de un estudio concienzudo del estilo y de la tradición, el encanto de una joya restaurada.


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* Web: www.paulsanmartin.com

¡CARNAVAL!

DELFEAYO MARSALIS UPTOWN JAZZ ORCHESTRA,
Uptown on Mardi Gras Day (Troubadour Jass Records, 2023)

Publica de nuevo Delfeayo Marsalis para recordarnos lo mejor del carnaval de Nueva Orleáns, con sus ritmos callejeros y su sentido del jazz como celebración. Uptown on Mardi Grass Day es precisamente eso, un retrato del corazón de la que llaman Big Easy en el gran día del carnaval, el Mardi Gras. A diferencia de sus discos anteriores Jazz Party y Kalamazoo, en este álbum hay temas más sosegados, menos ritmo callejero y más sofisticación en los arreglos, que suenan más funk pero netamente locales. La Uptown Jazz Orchestra, como siempre, es un caleidoscopio de músicos (hasta 30 instrumentistas y vocalistas participan en el álbum) que aporta un color espectacular. 

Foto: Eric Waters
El disco comienza con "Carnival Time", tema estrella de Al Johnson (no confundir con el de The Jazz Singer) en el que escuchamos la voz de Andrew Bahan y unos arreglos de viento que nos devuelven a esa época pre-bop donde el jazz de baile estaba a punto de eclosionar en otros estilos más bailables como el rock'n'roll. Maravillosa también la intervención de Glen David Andrews en "They All Ask'd for You", un cantante con un timbre tan cercano al de Louis Armstrong que pone los pelos de punta. Como comentaba más arriba, los ritmos son más sofisticados y elegantes, menos callejeros, por decirlo de alguna manera, y suenan sinuosos y seductores ("Midnight at the Zulu Ball", escrito por Marsalis y con un gran solo de Khari Allen Lee al alto y otro del trombonista) y nostálgicos en otros momentos ("All On A Mardi Gras Day"), todo un recorrido emocional.

Tras mucha música, profusión de arreglos y guiños. nostalgia de los clásicos ("Big Chief", "Street Parade"), la fiesta se desmadra por fin en "So New Orleans!" y termina con un mambo titulado "Mardi Gras Mambo (For the Jass Cats") con un brutal Marvin 'Smitty' Smith en la percusión, solos de Delfeayo, su hermano Brandford Marsalis al soprano (vertiginoso, erudito, fabuloso) y una coda con cierto regusto a nostalgia que remata Jason Stewart al contrabajo.

En resumen, un disco con arreglos fabulosos que deja un rato de diversión y unas ganas de ir a Nueva Orleáns en el carnaval (es esta semana) aunque, como suelen decir allí, "no hay sitio para mear en el Mardi Gras".



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* Web: www.dmarsalis.com

FIESTA EN LA CALLE

THE CHOCO'S HOT SEVEN, Spanish Tinge 
(Blue Asteroid, 2023)

The Choco's Hot Seven recrean esa manera festiva de disfrutar del jazz que se aleja de complejos para hacer prevalecer el placer de la música, lo que no excluye la necesidad de cierto virtuosismo para defender estos ritmos incansables. La banda acaba de sacar su primer álbum en Blue Asteroid Records con el título de Spanish Tinge. (que viene a significar "tinte español", algo que nos devuelve a la Nueva Orleáns que vio el nacimiento del jazz hace más de cien años y donde, entre otras influencias musicales, prevalecían los ritmos que venían del Caribe y que, a su vez, eran herederos de los ritmos africanos y de las tradiciones de los colonos españoles. Como Luis Escalante Ozalla nos comentaba en una entrevista a raíz de su libro Nueva Orleáns 1717-1917, sexo, raza y jass:

Los esclavos que llegaron a Nueva Orleans no procedían de África sino del Caribe, y muchas de sus islas estaban bajo dominio español por lo que estos trabajadores forzosos ya venían con una música influenciada por la española, de ahí que Jelly Roll Morton expresase que el verdadero jazz debería de poseer algo de “spanish tinge” (tinte español).

Y esa es la esencia de The Choco's Hot Seven, un jazz desde la raíz, el que se podía escuchar en aquel momento glorioso de surgimiento, sin posteriores intelectualizaciones ni fusiones forzadas. Los temas no son breves pero se nos hacen fugaces, con la necesidad de escucharlos de nuevo, y se suben a la cabeza desde el primer acorde. El uso de los mismos instrumentos que se usaban en aquella época convoca el espíritu de aquellos fundadores del jazz y garantiza un sonido crudo y auténtico: tuba (Daniel Abad), banjo (Mario Pousada), tabla de lavar (Álvaro Blas), corneta (Nacho Botonero), trombón (Israel Lino), clarinete (Ernesto Naranjo) y claqué (Samuel Rigal). 



En cuanto al repertorio, pocas sorpresas y muchos temas imprescindibles. El banjo nos da la bienvenida a este disco con una canción que es toda una declaración de intenciones: "Old Fashioned Love" (el cantante invitado es nada menos que Marcos Padilla, de O Sister!) y todo a partir de aquí nos sonará viejo, viejo con el lustre de lo verdaderamente valioso y que vale la pena preservar, temazos que han sobrevivido a todo un siglo a las modas pasajeras, como "St. Louis Blues" (que escribió WC Handy y a la que dio su forma inmortal Louis Armstrong), aquí con unos solos fabulosos a la corneta (con un toque español) y al trombón; "Makin' Runs", atribuida a Buddy Bolden; o esa pieza imprescindible que es "It Don't Mean a Thing" con sus sucesivos solos, siempre al límite, y su juego de llamada/respuesta entre la tabla de lavar y el claqué. El final es una gloriosa versión de "On The Sunny Side of Street" que comienza con un tempo lento, perezoso, que sugiere ese calor de Louisiana, y que conduce a un final lírico, inspirador, a un final estimulante.

Aquí les dejo un medley, pero lo mejor, sin duda, es escucharlos en directo, ya sea en concierto callejero o en los formatos que ofrecen de concierto dramatizado o concierto didáctico. No se los pierdan.




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UNA CHICA EN NUEVA ORLEANS

ITZIAR YAGÜE, Girl Like Me (Electric Bulegoa, 2022)

Nos adentramos en estilos fronterizos como el blues, el swamp jazz y el r&b para escuchar el segundo álbum de Itziar Yagûe, una cantante y compositora que debutó en 2020 con Delicious y que es una habitual de los escenarios madrileños en distintas formaciones (una de ellas en homenaje a Bessie Smith: Itzi canta a Bessie), desde donde recorre desde siempre y ahora con este disco, la Babel estilística que suena en Nueva Orleáns  En Girl Like Me lo hace a través de seis canciones escritas por ella y por su productor, el guitarrista texano Greg Izor.

Foto: Alejandro Sanz Fraile / A Kind Of Light - fotografía de Jazz
(Fuente: Facebook)
Desde "Right Now", el tema que abre el disco, percibimos ese cruce de estilos que es el rhythm & blues, que hace parientes al piano hot (Paul San Martin) y a la guitarra de blues (César Crespo). "The Big Band", otro de los temas escritos por Izor es un swing, muy bailable, donde además del clarinete, escuchamos al órgano acompañando con una frescura inesperada. El blues al más puro estilo de Nueva Orleáns suena en "All The Things We Do", donde el piano arrastra el tema con fuerza y personalidad mientras la cantante hace dúo con Greg Izor en una canción sobre relaciones clandestinas. El soul suena en "How To Let You Know", un tema de melodía dulce y letra amarga. Escrita por Yagüe, es el ejemplo de que, aparte de la versatilidad y el color de su voz (las cuestiones que hacen valioso escucharla) es una cantante de letras. Desde el mensaje de reafirmación de "Right Now" hasta la canción que cierra el disco, la conmovedora balada "A Life Without Love", entendemos la afirmación de Yagüe: 

Solo puedo cantar una canción si me reconozco de alguna forma en ella, si me descubre algo sobre mí, si me identifico con su historia o con el mensaje que transmite.

Girl Like Me es un disco cálido y con muchas referencias a las que prestar atención, con una cantante que estamos seguros de que debe merecer la pena escuchar en directo Este jueves 2 de febrero se presenta en el Café de Berlín de Madrid


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* Más info: www.itziaryague.com

LENTO Y CÁLIDO VERANO EN NEW ORLEANS

PETE'S BAND, Sailing the seas (2022)

Siempre es agradable que lleguen nuevos discos de dixieland, porque es un estilo fresco, divertido y estimulante que nos recuerda por qué nos enamoramos del jazz. Hoy estamos escuchando Sailing the seas, un álbum firmado por Pete's Band, grabado por partes (en los estudios privados de los músicos y en la Escola de Música Pausa durante el confinamiento y en diversas fechas de 2021 y 2022) y que nos trae clásicos del dixie y algunos temas nuevos, todos interpretados con seductoras cadencias lentas, de medio tiempo, como si el calor el verano de New Orleans, subtropical, húmedo y largo, hubiera imbuido a estos músicos catalanes su espíritu calmado y cálido.

Los músicos de Pete's Band son Joan Aragón, banjo y voz; Josemi Moraleda, contrabajo y voz; Cesc Montmany, saxo alto y voz; y Juan Molina, trompeta y voz. Suenan bien y a lo largo del disco se nota la compenetración y la seguridad con que atacan los temas, y el sonido feliz que consiguen, recordándonos aquella frase que daba título a un álbum de Enric Peidro, "la felicidad es una cosa llamada jazz".

Lo siguiente que toca decir es que el sonido del disco, ecualizado quizás para la sordina y el banjo, recuerda tanto a los viejos discos de dixie grabado en los años 20 que parece auténtico. Este factor estimula la imaginación, tanto como algunos temas del disco que, aunque son nuevos (escritos por los músicos de Pete's Band), rebozan esa frescura del dixie original. Es el caso de "Demons in my Dreams", escrita por Joan Aragón, festiva, muy en la línea de "On The Sunny Side of the Street" (McHugh), también presente en este disco. Sin embargo, otros dos temas de Aragón, las melancólicas "Nits Fredes" y "Xiulant Cançons d'Amor", tienen un aire en la melodía que se acerca por momentos al pop; por suerte, la base sigue siendo jazzy. "Blues For Kids" (escrito por Juan Molina), es un excitante tema que mezcla el ritmo del banjo con un chorus de vientos que suena hadbop y solos de trompeta de aire tradicional y callejero, un tema fabuloso. Hay también un tema del contrabajista Josemi Moraleda ("China Dream"), que fusiona melodías de street bands con armonías orientales de manera eficaz.

De una manera lógica, el disco termina con un tema callejero y breve que deja ganas de más ("Bourbon Street Parade", de Paul Barbarin).

"Just a Closer Walk with Thee" es un tema tradicional en el que el laissez faire de Louisiana se funde con la fiesta que hemos visto en sus calles. En este tema aparecen, además de la banda, Anna Luna (voz), Pep Poblet (clarinete) y Nil Boya (batería).




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* Más info: petesband.net

HOT JAZZ CALLEJERO

BARBA DIXIE BAND, Original Jazz (2016)

Seguimos persiguiendo y constatando la delicia de encontrar jazz por las calles de Madrid. ¿Han quedado atrás aquellas prohibiciones y aquellas restricciones impuestas por anteriores ayuntamientos? No. Pero lo cierto es que no hay mañana que pasee por el rastro y no tenga que dejarme arrastrar por la dirección que marcan unos compases de hot jazz. Hace unos domingos me encontré con la Barba Dixie Band, tocando bajo el gélido sol de enero en la calle Embajadores.

A los que no somos músicos nos cuesta entender que los instrumentos (especialmente los de madera y metal) no suenan siempre igual. Las condiciones de frío o calor influyen en el timbre por una simple cuestión de física: la expansión o contracción debido a la temperatura. Por eso, se agradece encontrarlos haciendo el esfuerzo en medio de la calle, alegrando a los transeúntes y vendiendo sus CD's, especialmente cuando se les puede ver también en clubs como Clamores, con más comodidad.


Me hice con su disco (soy un fetichista de lo tangible... Lo digital se me escapa de las manos aún) para poder revivir en la soledad de mi estudio lo que en la calle helada sonaba tan hot. El sonido del álbum, un disco con 8 standards, suena tan cálido y tan vital como el directo. Sí, pensarán, el disco debe estar grabado en directo, como se deben grabar los discos de jazz en estudio, pero el sonido es tan "auténtico" que conmueve. 

Con temas clásicos como "New Orleans" o "Charleston" y el melancólico final de "Do You Know What It Means to Miss New Orleans", el álbum fue grabado en La Casa Naranja en noviembre de 2016 y es una estupenda carta de presentación para un combo como éste. En el disco aparecen Mario Siles (banjo y voz), Anxo Martínez (corneta), Yazu (trombón), Stefano Giordani (contrabajo, sustituido aquel domingo de rastro por la tuba de Víctor Correa, de quien hablamos hace unas semanas a propósito de In Lak ' Ech, Hala Ken), y Andres Freites (tabla de lavar).

Es un combo que funciona con la complicidad de una fiesta entre amigos, sonidos clásicos hasta la raíz que flotan con la vitalidad de lo nuevo y la calidez de la música sin complejos, música con intención lúdica pero con una base seria y bien construida. La tuba ofrece, quizás, una sensación rítmica más tradicional que el bajo, pero la diferencia no es discutible; la washboard nos lleva a otros tiempos donde lo sencillo sonaba grande; y la corneta, bueno, la corneta es Nueva Orleáns...

De propina, este "Corrine, Corrina" que no está en el disco.

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* Info: http://www.producciones1920.com/?fw-portfolio=barba-dixie

JAZZ PARTY, PARTY JAZZ

DELFEAYO MARSALIS & UPTOWN JAZZ ORCHESTRA,
Jazz Party (Troubadour Jass Records, 2020)

El séptimo disco de Delfeayo Marsalis como líder llega, como los anteriores Make America Great Again! (2016) y el álbum en vivo Kalamazoo (2017), de la mano de la Uptown Jazz Orchestra. Con el eclecticismo propio de Nueva Orleáns y su intrínseca mescolanza sonora, nos trae una serie de temas originales, escritos en su mayoría por Marsalis para esta enorme orquesta. Con un sonido ambicioso (vean, por ejemplo, que suenan 4 trombones, 4 saxos, 5 trompetas...), con mucho color, dinámicas cambiantes y esa preocupación de Marsalis por el sonido puro del contrabajo, consigue que nos sintamos dentro de una gran fiesta al más puro estilo de la ciudad. 

En las notas del disco, el propio Marsalis, a través de dos anécdotas, relaciona el jazz tradicional con la felicidad. Supone, dice, que es porque el hot jazz se toca en modo mayor y los músicos lo interpretan con mayor carga de optimismo. Modo mayor contra jazz moderno. Lo que para otros es neo-tradicionalismo o, simplemente, revival, para la UJO es tradición, raíz, una música que late tras cada puerta y tras cada esquina, porque es música que suena a calle, a second line, a funeral y a celebración. Me gusta lo acertado del título, que tiene mucho que ver con lo escrito por Marsalis: suena a música feliz. Y es un gran homenaje a la idiosincrasia de Nueva Orleáns.

El disco comienza con una fusión de funk, gospel y rhythm & blues muy sureña con la semifinalista de The Voice (en España, La Voz) Tonya Boyd-Cannon, que pone un toque lírico en el tema. Sigue un clásico de The Dirty Dozen Brass Band ("Blackbird Special") es puro ritmo, energía propulsada por la enorme sección de vientos y percusiones de la UJO, una partitura que serviría por sí sola para definir el ritmo de Nawlins. El sonido criollo de la ciudad aparece en "7th Ward Boogaloo". El sugestivo tema "Raid on the Mingus House Party" está inspirado en la televisión y las crecientes tensiones que dominan la opinión pública americana. Esto, mezclado con la idea de ¿Cuál es el número máximo de ideas melódicas que se pueden tocar a la vez de manera coherente? consigue una especie de caos controlado que serviría para ilustrar todas esas corrientes éticas y las tensiones existentes entre ellas. Por cierto, la respuesta es diez. 


Mboya K. Marsalis, hermano menor de Delfeayo, padece un trastorno del espectro autista. El trombonista se ha inspirado en él para construir esta fantasía en forma de blues, un blues que, apoyado en una big band tiene un sonido potentísimo. En el rap "So New Orleans", son otros sonidos de la ciudad los que escuchamos. Con un toque funk muy neoorleano y haciendo un juego de palabras, "Dr. Hardgroove" rinde homenaje a la vida y al sonido del difunto Roy Hargrove, uno de los Young Lions que Marsalis producía en los 80. Sigue otra versión, "Let Your Mind Be Free" de los Soul Rebel Brass Band, más funk autóctono con toques de desfile callejero, una delicia que tiene su continuación en "Caribbean Second Line" (donde aparecen sonidos caribeños). Pero antes suena "Irish Whiskey Blues", que mezcla la inspiración de canciones irlandesas con un contrafact de "Chambers of Tain" de Kenny Kirkland. El disco termina con un instrumental de "Mboya's Midnight Cocktail", donde la fuerza del blues orquestado se hace más patente.

Un disco, en resumen, con un sonido potente, atemporal, con la esencia de Nueva Orleáns en cada músico y en cada arreglo, y con algo que me ha gustado (y que está reapareciendo en muchos discos últimamente): está reseñado al lado de cada título quién o quiénes hacen los solos. Cuando tienes un solo trompetista parece obvio citarlo pero, cuando tienes tantos músicos en la misma cuerda, se agradece. Un punto más a favor de este disco que ilustra y disfruta de la rica cultura musical de la que llama The Big Easy. Por eso, voy a terminar esta reseña con una frase del propio Marsalis en las notas del disco: "La esperanza de vida de cualquier innovación es directamente proporcional a su relación con la tradición."

Escúchenlo y disfruten.

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* Delfeayo Marsalis: www.dmarsalis.com

* Uptown Jazz Orchestra: www.facebook.com/uptownjazzorchestra



FELIZ NAVIDAZZ

UN AÑO MÁS (Y VAN 12), FELIZ NAVIDAD A TODOS

Puede que, para algunos, las navidades sean épocas tristes que les hacen recordar tiempos mejores. Nostalgias aparte, ¡que nos quiten lo vivido! Los que ya no están nos dejaron lo mejor que tenemos, al menos en mi caso, y toca disfrutar de los que están. La Navidad es, también, una época para dar. Regalar es una de las cosas que más endorfinas produce. Ver la felicidad (o la sorpresa) en la cara del otro no tiene precio. y si lo que regalamos es un disco de jazz, bueno, ¿qué les voy a decir? Que regalen, que regalen, y no solo discos, también entradas, momentos, swing...

Para celebrar estos momentos y no salirnos de la filosofía de este blog, suelo recomendarles cada año un disco de jazz relacionado con la Navidad, pero este año será un concierto. Para poner banda sonora a esos momentos que las fiestas les dejen libres, vean y escuchen este concierto de la Jazz at Lincoln Center Orchestra dirigida por Wynton Marsalis que no tiene nada que envidiar al de Viena en Año Nuevo (que, por cierto, tampoco me lo pierdo).

Grabado en 2015, incluye swingueantes standards clásicos de Navidad como "Jingle Bells" (con los arreglos de Count Basie), el ineludible "White Christmas", "Sleigh Ride"... con toda la potencia de la big band y, en algunos temas, vocalistas como Denzal Sinclaire (ganador del National Jazz Award) y la vocalista de bebop Audrey Shakir, y solos, muchos solos que el realizador ha tenido la coherencia de nombrar con subtítulos, lo que es de agradecer.

Que ustedes lo disfruten. ¡Feliz Navidad!





                                

CON LA ATORMENTADA CADENCIA DEL BLUES



La seductora y joven Epihany (Lisa Bonet) enciende una vieja radio en una destartalada pensión de Nueva Orleáns. Llueve en el exterior y también en el interior. Hay goteras por toda la habitación pero, como si de una mansión de lujo en una noche de verano se tratara, la chica invita al detective privado Harry Angel (Mickey Rourke) a bailar. En la radio suena un single de Lavern Baker de 1953, "Soul on Fire", título elocuente si uno ve la película por segunda vez. El detective la coge en brazos para bailar, tierno pero escabroso gesto pues la chica tiene 17 años (entre otros detalles que no deberíamos desvelar para no hacer spoiler y que desaconsejarían el erótico baile) para después enredar sus cuerpos con urgencia. Las goteras golpean el cabecero de la cama siguiendo el ritmo de la canción con la atormentada cadencia del blues hasta que la banda sonora de Trevor Jones borra todo rastro de la canción avisándonos de que la escena no va a acabar bien. La chica no era buena idea.
  

Cine de verano: El corazón del ángel (Alan Parker, 1987)
  
"Soul on Fire" es uno de los aciertos de esta película dirigida por Alan Parker en la que un puñado de blues y temas populares de los 50 amenizan una tímida banda sonora de Trevor Jones donde sólo brilla (de una manera también tímida) el saxo de Courtney Pyne, que no suena demasiado jazzy...

Pero el tema de la película es "Girl of My Dreams", recurrente en algún fraseo de Pyne o cuando lo tararea el protagonista o en un tenebroso piano que desafina la melodía para advertirnos... En realidad, "Girl of My Dreams", cantada por Kenny Sargent para Glenn Gray & Casa Loma Orchestra, es sólo uno de los temas clásicos que suenan en El corazón del ángel, junto a otros de Dr. John, John Lee Hooker, Bessie Smith... canciones que, sobre la inquietante y soberbia fotografía de Michael Seresin, hacen de esta historia una insólita joya del cine negro con tintes esotéricos. Ideal para una noche de verano insomne.


SEXO, RAZA Y JASS

Una historia de Nueva Orleáns (1717-1917) 
+ Entrevista a Luis Escalante Ozalla

Voy acabando de leer el nuevo libro de Luis Escalante Ozalla titulado Nueva Orleans (1717-1917): Sexo, Raza y Jass y estoy fascinado por la constatación de que son muchas más de las que conocía las razones históricas, sociales, geográficas y culturales que dieron en parir el jazz en un sitio tan peculiar (¿No es la fusión la raíz primera y última del jazz?) como es Nueva Orleáns. Escalante lo cuenta en este libro con profundidad enciclopédica (y algún rasgo prosístico e inesperado de humor).

Ya en 2012, publicó Y se hace camino al andar... con swing, un ensayo que recorría de manera pormenorizada la Historia del Jazz, desde los orígenes hasta el free jazz, y que, convertido en podcast, se puede escuchar a través de Tomajazz cada semana (en este enlace). De la misma manera, en este nuevo volumen, expone los orígenes históricos de Nueva Orleáns en la época que va desde los primeros bailes en Congo Square hasta el cierre del barrio rojo (Storyville) y la aparición de la palabra jazz, de la que los músicos de la época renegaban asiéndose a la moda que más vendía, el ragtime.
Existen dos clases de música. Está la clásica y el ragtime. Cuando yo te digo ragtime tú sabes a lo que me estoy refiriendo, la palabra encierra algo verdadero. Proviene de los Negros Espirituales, de su ritmo. Pero Jazz-Jazz no significa una maldita cosa: un subidón, un polvo, un baile. Nosotros lo deletreábamos J-a-s-s y le dábamos el significado de echar un polvo. Pero cuando tú dices ragtime estamos hablando de música.” (Sidney Bechet en Treat It Gentle. An Autobiography)
Anita Gonzales y Jelly Roll Morton
ca. 1920
El libro es prolijo en anécdotas y datos históricos de esta era pre-jazz, y avanza por temáticas contándonos curiosidades como que el famoso French Quarter (tal como lo conocemos hoy) es producto de la reconstrucción (con estilo español) realizada por el gobernador Esteban Miró tras el incendio de 1788 o cuándo y por qué aparece el término Dixie ("Capítulo 6. La Guerra de Secesión, Dixie y The Second Line") o cómo llegaron las primeras prostitutas a Nueva Orleáns ("Capítulo 3. Primeras Chicas, Los Acadianos y Napoleón"), cuando los colonos requirieron muchachas en edad de casarse y Francia envió a 80 reclusas del reformatorio de La Salpêtrière. Descubierto el origen de las chicas y repudiadas por los colonos casaderos, sólo les quedó el recurso de dedicarse a la prostitución para sobrevivir. La Historia cuenta que luego llegaron numerosas chicas más (las llamadas filles à la cassette o casket girls por la forma de sus maletas) y que todos los neoorleanos descienden, sin lugar a dudas, de alguna de ellas.Tras 17 exhaustivos capítulos, llenos de erudición, hay una emotiva coda de Guille Viglione en la que compara el jazz con el gumbo y añade, para los más curiosos, una receta para preparar esta sopa que es un universo en sí misma, como Nueva Orleáns.

A continuación, reproducimos una entrevista con el autor para conocer más a fondo la obra. El libro está disponible en Amazon en este enlace.

Entrevista


 Jazz, ese ruido: El libro está ubicado en una época muy determinada de Nueva Orleáns. ¿Por qué precisamente 1717-1917?

Luis Escalante Ozalla: 1717 fue el año oficial de la fundación de Nueva Orleans por Monsieur Le Moyne de Bienville. 1917 fue el año de la clausura del barrio de las luces rojas más famoso que haya existido en Norteamérica y que estuvo ubicado en Nueva Orleans. Se le conoció con el nombre de Storyville o El Distrito y permaneció en activo durante veinte años. La historia de este inmenso prostíbulo y de sus gentes tiene un significado peso específico en mi libro. También en el año 1917 se produjo la definitiva diáspora de los músicos más importantes de la ciudad y, a partir de esa fecha, Nueva Orleans dejó de ser el laboratorio donde se experimentaba con esa música que hoy conocemos como jazz, pasándole el testigo a ciudades como Chicago o Nueva York.

J,ER: De todos los personajes históricos que aparecen en Sexo, raza y jass, ¿cuál consideras que es el personaje o la pieza imprescindible para el nacimiento del jazz en América?

LEO: Existieron músicos como Buddy Bolden o Freddie Keppard de los cuales se ha escrito mucho, pero si escarbas cual arqueólogo te das cuenta que existe bastante de leyenda y con opiniones contrapuestas, por lo que prefiero hablar de lo que denominas “las piezas imprescindibles”.
    Empezaré con el “cakewalk”, con esos bailes que los esclavos realizaban en las plantaciones, vestidos con sus mejores galas, tratando de ridiculizar los ostentosos modos de sus amos. Para lograrlo sincoparon sus danzas: gavotas, contradanzas, valses, mazurcas, reels, etc., lo que les permitió realizar todo tipo de improvisados pasos acrobáticos y divertidos. Hay que resaltar que los esclavos no modificaban las melodías europeas, solamente las sincopaban. La escala diatónica europea seguía estando presente.
Al finalizar la Guerra Civil Norteamericana en 1865 los esclavos consiguieron su ansiada libertad y el “cakewalk” salió de las plantaciones inundando con sus síncopas allí por donde pasaba. Su popularidad fue tan evidente que se puso de moda sincopar cualquier melodía y a esa música resultante se la denominó “ragtime”. La escala diatónica europea seguía estando presente.
     A unos doscientos kilómetros al norte de Nueva Orleans se encuentra una zona que llega hasta Memphis y que se denomina el Delta del Misisispi (nada que ver con el accidente geográfico). Allí nació el blues y junto a él la escala de blues que fue un mestizaje de las escalas típicas africanas con la escala diatónica europea. Esa escala de blues contiene las “blue notes” que son tres (tercera menor, quinta bemol y séptima menor) y difieren de la escala europea.
     Volviendo a Nueva Orleans y a principio del siglo XX los músicos negros (no los creoles) empezaron a interpretar “ragtime” pero usando la escala de blues, utilizando las “blue notes” y esto es un paso muy importante para llegar al jazz.
     También me gustaría incidir en que los esclavos que llegaron a Nueva Orleans no procedían de África sino del Caribe, y muchas de sus islas estaban bajo dominio español por lo que estos trabajadores forzosos ya venían con una música influenciada por la española, de ahí que Jelly Roll Morton expresase que el verdadero jazz debería de poseer algo de “spanish tinge” (tinte español).
En el Jazz de Nueva Orleans los músicos tocaban todos para todos hasta que Louis Armstrong, hacia 1925 y ya en Chicago, “inventó” el “solo” y los músicos empezaron a tocar para el solista dejando, de esta forma, expedito el camino para todo el jazz que vendrá después de él.
     Podríamos sintetizar “las piezas imprescindibles” con esta fórmula: “ragtime” + “blue notes” + “solo” = jazz clásico. Aunque el último componente no se produjo en Nueva Orleans.

J,ER: ¿Hubiera sido posible el jazz sin todas las coincidencias históricas que expones en tu libro?

LEO: Nueva Orleans no tiene nada que ver con el nacimiento del blues ya que esta música floreció sobre todo en el Delta, aunque no se conozca exactamente cuándo sucedió. El “cakewalk” no fue un baile exclusivo de las plantaciones de Louisiana, también estuvo presente en las colonias británicas. La unión del “ragtime” con el blues, sí se tiene constancia que ocurrió en Nueva Orleans. ¿Se dio esa circunstancia en otras partes de América? Pudiera ser que sí, aunque no exista documentación al respecto. Lo que podríamos aventurar con bastante certeza es que si el jazz no hubiese germinado en Nueva Orleans su desarrollo hubiese sido más tardío, aunque creo que al final habría resurgido. ¿Y un Louis Armstrong?
     En Louisiana (cuando el territorio era un tercio de lo que hoy son los EE.UU) y en particular en Nueva Orleans se dieron unas condiciones, en cuanto a la esclavitud se refiere, que son únicas en Norteamérica. Esta colonia estuvo indistintamente en manos de los franceses y de los españoles hasta el año 1803. El código que dictaba las disposiciones que regulaban el trato de los esclavos favoreció el intercambio musical entre Europa y África, si lo comparamos con el que rigió en las colonias británicas, que fue mucho más agresivo y violento. Al convertirse Louisiana, ese mismo año, en parte de los EE.UU. esas reglas esclavistas no cambiaron substancialmente hasta la abolición de la esclavitud, y pocos años más tarde las calles de Nueva Orleans se llenaron de esas notas sincopadas que dieron lugar al jazz.


J,ER: De esa música que creció en Nueva Orleáns, ¿qué piensas que queda en el jazz que se hace hoy en España?

LEO: Primeramente debo comentar que soy un estudioso (valga la expresión) del jazz desde su creación hasta los años setenta del siglo pasado. Para estar al día de todo el jazz que se ha interpretado desde esa fecha hasta la actualidad creo que necesitaría dos vidas y presumo que eso no va a pasar.
     Es evidente que cuando más libre sea la improvisación en el jazz más se aleja este del que se tocaba en Nueva Orleans a principios del siglo XX. Sin embargo lo importante y maravilloso, según mi punto de vista, reside en que el jazz fue una música original de los EE.UU. y desde hace ya bastantes años se ha convertido en una música universal. Además hoy en día puedes escuchar prácticamente en cualquier país todos los estilos que han ido evolucionando en la historia del jazz, desde el de Nueva Orleans hasta el Free Jazz o el de más rabiosa actualidad. Existe indiscutiblemente una diferencia entre países y esta consiste en la fusión que el mundo del jazz realiza con las músicas folclóricas de los diferentes territorios. En España tenemos sobre todo al flamenco que nos diferencia del resto, ya que su fusión crea unas estéticas musicales propias.
     Si se me permite hacer un poco de abogado del diablo voy a referirme a una entrevista que realizó la revista Down Beat al músico Artie Shaw en noviembre de 2001. En ella le preguntaron qué significaba para él el jazz y respondió: “Primero de todo, la palabra ‘jazz’ ya no significa nada, ni significará. Si estamos hablando acerca de Bessie Smith y de la música de los años veinte, de acuerdo, nosotros podemos llamarla jazz. Pero ahora nos estamos refiriendo a lo que es la música informal Americana. No es una música de concierto, no tiene nada que ver con la música Europea, es Americana”.

J,ER: ¿Dónde nace el amor por el jazz de Luis Escalante?

LEO: Posiblemente me enamoré del jazz gracias al Festival de Jazz de San Sebastián y estamos hablando de 1966 cuando íbamos cuatro gatos. También ayudó a que me embrujara el haber nacido y vivido en Irún, ya que podía sintonizar perfectamente las radios francesas en FM que emitían diariamente unos programas de jazz estupendos. A esto le podemos añadir que a pocos minutos de mi casa existían en Francia unas magníficas tiendas dedicadas a vender música de jazz. Creo recordar que por aquellos años existía una en San Sebastián que dedicaba parte de su catálogo discográfico a este estilo musical.
     Como dice un amigo mío: “El Jazz es una música sin retorno, si te engancha ya nunca podrás escaparte”. Ahora que he terminado mi segundo libro, creo que voy a sumergirme en el jazz vocal desde sus inicios hasta el presente. Quizás escriba un libro al respecto o grabe un podcast. Me sigue teniendo enganchado.


J,ER: Agradecemos a Luis Escalante Ozalla la amabilidad y la erudición que nos ha mostrado durante la entrevista y recomendamos la lectura de su libro como imprescindible.


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* Para adquirir el libro en Amazon:  https://www.amazon.es/Nueva-Orleans-1717-1917-Sexo-Raza-ebook/dp/B01MYBZHYQ

* Podcast La odisea de la música afroamericana: www.tomajazz.com/web/?cat=13297

* Fotografía cedida amablemente por Luis Escalante Ozalla.

UN PASO ADELANTE, HERMANAS

O SISTER!, Stompin' in Joy (Discóbolo, 2016)

La carrera del grupo sevillano O Sister! está cimentada sobre la calidad y la emoción. Su amor por la música de Nueva Orléans y su afán por investigar en las raíces, en las canciones originales y en la perfección vocal hace de este grupo un referente. Fruto de la experiencia y la investigación surgen las seis canciones escritas por miembros del grupo para su nuevo disco, siguiendo los esquemas de los Roaring Twenties y de los Flirty Thirties.

Stompin' in Joy, su cuarto disco (tercero de larga duración) supone así un paso adelante. Los nuevos temas están tan trabajados que resulta difícil para el oyente diferenciarlos de los clásicos que aparecen en el álbum, lo que demuestra que la faceta compositiva del sexteto está a la altura de lo interpretativo.


Las letras, respetando los cánones de esas décadas (brillante "The Dances I Owe You"), son asépticas y convincentes, con mensajes divertidos sobre las dificultades de la paternidad ("The Baby Rag") o los conflictos de comunicación antes del primer café de la mañana ("Please, Don't Talk To Me Before My Morning Coffee"). Su tema "I Fell In Love with New Orleans" es un canto apasionado a la ciudad del Mississippi, The Big Easy. Habría que destacar que el espíritu en todos estos temas es optimista y brillante. Incluso en el alegato feminista "Keep Your Head Up, Sister!" el mensaje es positivo. Parece que, en su visita a Nueva Orleans, caminaron por el lado soleado de la calle.
Stay away from me before my 
morning coffee,
it's the most important rule.
I can't have a conversation with you,
I'm dozy, woozy, clumsy, still asleep!
(Oh, honey...) 
En cuanto a la música, los arreglos, tanto vocales como instrumentales (y en este álbum los vientos), siguen estando a una altura notable. El disco incluye, además, una nómina brillante de músicos invitados en la grabación, incluidos coros, claqué (Samuel Rigal), cuarteto de cuerda (en "Moonglow") y una pequeña brass band (Juli Aymí al clarinete y saxo alto; Julien Silvand, trompeta, y Josep Tutusaus, trombón). A estos no sé si llamarlos artistas invitados o no, pero están ahí: Amalia Comino, Daniela Huertas y Abril Cabra son los bebés que ponen voz a "The Baby Rag" (Matías Comino), uno de los temas originales del álbum, con una letra muy divertida que recuerda las de Fats Waller.

En resumen, el trabajo más completo y complejo de O Sister!



Y así es como suena en vivo su "Nowzah! (I Don't Accept Your Rules)":

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* Web oficial: osister.es
** Fotografía: Juan Luis Morilla.

http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

TAMAL HOT BAND

El divertido ritmo del pantano

La palabra es hot. Hot jazz heredado del amor por Nueva Orleáns y por sus bandas callejeras; hot en el sentido salvaje, rabioso y divertido del asunto. La banda sevillana Tamal Hot Band recupera estas sonoridades en un álbum que suena natural, con alguna balada y algún momento que suena bop pero, en líneas generales, un revival sincero y honesto magnifícamente instrumentado.


Parece que la idea del álbum surgió en la misma NOLA, cuando dos de los miembros del grupo (Matías Comino y Pablo Cabra) visitaban la ciudad con O Sister! (de cuyo nuevo disco hablaremos pronto). Se trajeron el ambiente de las calles, de los bares y de las bandas y crearon Tamal Hot Band junto a Nacho Botonero (clarinete, corneta y bombardino), Matheus Prado (contrabajo) y Antonio Albanés (saxo tenor), personal que contó también con invitados en ciertos temas: el saxo soprano Bernardo Parrilla y las voces de Paula Padilla y Marcos Padilla (“Basin Street Blues”) y Cinthya C. Lucas (“New Orleans”). 
Fotografía de Guille García
El disco comienza con "Phoenix Bird Blues", compuesto, como casi todos los temas, por el guitarrista Matías Comino. Tras el festivo comienzo, con metales y maderas muy en la línea de las brass bands de Nueva Orleáns, hay un solo muy de raíz, a cargo de Nacho Botonero a la corneta, al que sigue el solo de saxo (Antonio Albanés), otro de guitarra (Comino)  y una explosión de ritmo y vientos que nos traslada (en espíritu) a la mismísima orilla del Mississippi. El tema que sigue es "Soleil Swing", con un sonido algo más europeo, más manouche pero igualmente festivo. Ya lo habíamos escuchado a otra formación de Comino (Très Bien!). Aquí las cuerdas son las protagonistas. "Basin Street Blues" es un clásico y sobran las explicaciones. Paula y Marcos Padilla cantan sentidamente y los vientos aportan un aire mezcla de blues y cabaret que es, en definitiva, una de las fusiones que dieron origen al jazz. Cantado a tempo medio, tiene un final explosivo, con exhibición de batería y banjo y una banda que parece arrancada de los Roaring Twenties.

El disco está lleno de temas marcadamente hot que funcionan como una gran brass band con sólo cinco miembros y un instrumentista invitado. Hay dos excepciones, la balada "Nano" y el tema "La Gran Ciudad", con elegantes toques bebop. La coda del álbum es el pegadizo "New Orleans", un tema explosivo, con un ritmo trepidante y solos que se suceden con naturalidad contagiosa. Recomendable para nostálgicos y para los que aún no crean que el jazz es una música divertida y bailable. 

Les dejo con un vídeo resumen con fragmentos de la presentación del disco en CICUS (Sevilla).


MAKE AMERICA GREAT AGAIN!

Delfeayo Marsalis se interpone entre los candidatos

En medio de la campaña presidencial más barroca de la Historia de los Estados Unidos, el trombonista Delfeayo Marsalis sorprende con un álbum titulado Make America Great Again! (Troubadour Jazz Records, 2016), apropiándose de un eslogan que utilizó por primera vez Ronald Reagan en su campaña del 80 y que el impresentable Trump afirma haber inventado (en 2012 lo registró como marca). Marsalis pone el foco en la ironía, a ritmo de desfile de Nueva Orleáns, con ritmos optimistas y una poderosa Uptown Jazz Orchestra, en un disco que hace reír y hace pensar. 

Es el séptimo álbum como líder de Delfeayo Marsalis y no el primero que sorprende por su título (anteriores fueron Pontius Pilate's Decision y The Last Southern Gentlemen, por ejemplo). Ahora, su uso irónico del lema Make America Great Again!, despoja a la frase del tono patriótico y xenófobo que ha ido adquiriendo a través de los años,  y cabalga sobre una idea de América que, en las canciones originales del disco (escritas por Marsalis), discurre sobre la teoría de que la mejor época de su país ("Living Free and Running Wild") fue cuando Colón no había llegado, el agua era limpia, los búfalos corrían libres... Aunque tampoco había jazz.
The Uptown Jazz Orchestra (de izquierda a derecha): (sentados) Meghan Swartz, Delfeayo Marsalis, Roger Lewis, Roderick Paulin, Khari Allen Lee, Jeronne Ansari, Gregory Agid; (de pie) Jasen Weaver, Dr. Brice Miller, John Gray, Scott Frock, Terrance “Hollywood” Taplin, Jeffery “Juilliard” Miller, Charles Williams.
En lo que nos interesa, el jazz, el disco suena a Nueva Orleáns 100%, a brass band, a desfile ("Put Your Right Foot Forward"), a celebración de la comunidad, a optimismo y a diversión, que es la manera con la que los habitantes de la ciudad se enfrentan a los desastres, sean naturales o políticos (para una mejor comprensión véase Tremé, la ficción televisiva que explica cómo la música y el espíritu de un lugar marcan su comportamiento). Lo más espectacular es la cohesión entre los músicos de la orquesta, especialmente en improvisaciones colectivas como el tema que da título al álbum. En palabras de Marsalis, lo más importante era mostrar "that joy and exuberance that people equate with the city", sin olvidar los orígenes africanos de su música, algo que, afirma, le recordaban constantemente Elvin Jones o Max Roach o Art Blakey o Clark Terry cuando tocaba con ellos, aquí presente en el contagioso funk de "Back to Africa" o la lastimera "Dream on Robben", dedicada a Nelson Mandela.

Y, al frente de este colectivo incansable y en algún momento agotador para el oyente, Marsalis, sin buscar un excesivo protagonismo, con un trombón que casi canta (Marsalis afirma que es un instrumento que, como el cello, se acerca mucho a la expresividad de la voz humana), con un sonido bellísimo en temas como "Skylark", donde se puede comprobar que el trombón no es sólo un instrumento de acompañamiento y ritmo si se le trata con sensibilidad.

El álbum comienza provocando, interprentado su himno nacional ("The Star Spangled Banner") para demostrar que pertenece a todos, no a quienes se adueñan de los eslóganes más excluyentes, para después apuntar a la música americana que ama, con estándares como "All of Me" o "Slylark", o clásicos de bandas de Nueva Orleáns como la Rebirth Brass Band ("Put Your Right Foot Forward") y la Dirty Dozen Brass Band ("Snowball"), o la influencia de la música de iglesia con Kyle Roussel al piano en un "All of Me" inspirado en Count Basie. En medio, ritmo, sarcasmo, grandes momentos en los vientos, y la prueba de que el humor es una poderosa arma contra la decepción. No recordaba (jazzísticamente hablando) un sarcasmo político tan bien instrumentado desde las "Fables of Faubus" de Mingus.

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* Web oficial: www.delfeayomarsalis.com
** Foto de la Uptown Jazz Orchestra: Racquel J. Ezell
*** Foto de Delfeayo Marsalis: Zack Smith (www.zacksmith.com)




Noche de jazz, libro a la venta en este enlace.