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EVOCACIONES NORTEÑAS (Y MÁS)

HUTSUN + JEL TRÍO, Artze (Errabal Jazz, 2022)

Cuando creíamos haber escuchado todas las fusiones posibles del jazz, nos llega este magnífico trabajo titulado Artze y firmado por cinco músicos, dos formaciones muy diferentes unidas para un proyecto único; por un lado, un trío de jazz formado por músicos de trayectorias muy diversas que han coincidido en el jazz: el acordeonista Javier López Jaso, el contrabajista Marcelo Escrich (ambos protagonizaban aquel trabajo tan singular llamado Aporia) y el baterista Juanma Urriza (Fran Serrano Quintet, Ennio Pinillos); por el otro lado, algo más sorprendente que un trío de acordeón: un dúo de músicos de txalaparta, ese instrumento de percusión típico de Navarra y el País Vasco que posee el sonido evocador de la madera de los paisajes del norte y del tan desconocido folklore vasconavarro. El grupo, formado en 2011 por Mikel Urrutia Anai Gambra, se llama Hutsun Txalaparta. 


La heterogénea mezcla de estos cinco músicos consigue una fusión inédita en el jazz y en el panorama musical general, y suma un punto más a favor de Errabal Jazz, que estos años ha publicado trabajos de fusión tan interesantes y sorprendentes como Aldapeko Basque Latin Jazz, que mezclaba folklore vasco con músicas latinas, o Gaur, que enlazaba directamente canciones en euskera con ritmos jazzísticos.

Con una tímbrica cercana a la marimba, muy melódica y con la peculiaridad de que lo tocan dos intérpretes a la vez, la txalaparta es un instrumento cuya naturaleza vive de la improvisación y de la escucha activa de ambos músicos. Así, nos encontramos con temas muy desarrollados, donde los polirritmos arrastran los temas a improvisaciones efervescentes en las que todo se fusiona de una forma fluida y con una naturalidad sorprendente.


Rizando el rizo y puestos a buscar la fusión de las fusiones, el jazz y la txalaparta se encuentran con el tango. Con un acordeonista en la banda, el tango parece algo inevitable.Hay ráfagas de nostalgia porteña que aparecen y desaparecen como guiños, aunque se hace más que evidente en "Libertango", homenaje que alcanza en este disco una intensidad brutal con la colaboración de vibráfono y txalaparta. Además de esta versión de Piazzola, se incluye otra de Roy Hargrove ("Strasbourg St. Denis"), pero el resto de los temas son originales, compuestos por López Jaso, Escrich o Hutsun. 

Artze supone una nueva mirada al jazz y a sus posibilidades, y un goce para el aficionado que guste de los experimentos que dan como resultado músicas sensibles, bien construidas y, al mismo tiempo, placenteras de escuchar.


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http://www.hotsak.com/shop/artze


MAGIA

FÉLIX ROSSY QUINTET, Elena Mágica (Underpool, 2022)

Siempre es una buena noticia que llegue un nuevo disco de Félix Rossy, un trompetista que se prodiga poco pero que siempre presenta propuestas interesantes. Dos años después de su Looking at the Surroundings de 2020, donde nos sorprendía con el sonido rudo y directo de su quinteto en siete temas grabados en vivo, acaba de publicar Elena Mágica, un álbum lleno de nuevas ideas. Como es habitual en él, casi todo el repertorio son composiciones propias (excepto un tema de Roy Hargrove y otro de Enrique Oliver, que aparece como invitado especial en este álbum), composiciones en las que expresa su intención de encontrar un jazz sin ataduras donde el brillo no sea lo esencial sino la expresividad de su inconfundible trompeta.

Heredero de la tradición, las influencias que se perciben en el disco están tamizadas por la personalidad joven y efervescente de este joven músico nacido en Barcelona en 1994, que comenzó con 13 años, haciendo una breve intervención en un disco (Wicca, Fresh Sound New Talent, 2007) de su padre, el súper solicitado Jorge Rossy, que debutó como líder a los 17 años en un prometedor Introducing... Félix Rossy (2011) y que se ha consolidado formándose en Barcelona y Nueva York y, como debe ser, pisando los escenarios.

En este nuevo quinteto, donde solo queda del anterior el trombonista Tomeu Garcias, Rossy propone un repertorio cargado de blues y de referencias clásicas, con su propia versión del quinteto de hardbop donde el dúo de viento es trompeta y trombón y donde solo aparece el saxo (Enrique Oliver) en algunos temas. El quinteto (por momentos sexteto) se completa con Toni Saigi al piano, Joan Garcias al bajo, Andreu Pitarch en la batería y la voz de Carmen Lancho en uno de los temas.

Con estructuras hardbop, mucho blues ("Surprises", "Guru") y un sonido nada complaciente, las composiciones y los arreglos buscan en cada tema ese momento inesperado, que sorprende. Incluso en las baladas ("Rouge", "Purple Mirrors") hay algo rompedor dentro los ritmos aparentemente lentos y contemplativos, una búsqueda que convierte cada tema en especulación y que excita constantemente la curiosidad del oyente.

En medio de todas cualidades, Félix Rossy como compositor en la sombra, dejando espacio a los solistas para conseguir ese ambiente de improvisación continua, de interplay orgánico, y, sobresaliendo, esa manera en que Rossy ataca las notas, expresivo, elocuente. Ya no es solo un hijo musical de Chet Baker sino un músico adulto y con voz propia.


Como regalo, este vídeo del quinteto de Félix Rossy (solo cambia el batería, que aquí es Enric Fuster) grabado en el Bar Rvbicon en marzo de 2022 (el álbum se grabó tres meses antes en los estudios Underpool). Se aprecia la sinergia del quinteto/sexteto y la energía/sensibilidad de la trompeta de Félix Rossy.


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* Más info: www.underpool.org

UNA GEMA ATEMPORAL

ROY HARGROVE with MULGREW MILLER, In Harmony 
(Resonance Records, 2021)
Jazz en estado puro. Así se podría definir este álbum que recoge momentos en directo de dos figuras tan enormes como son los desaparecidos Roy Hargrove y Mulgrew Miller. El doble álbum reúne grabaciones de 2006 y 2007 en las que podemos admirar cómo combinan sus personalidades en el arriesgado formato de dúo, con un interplay fluido y natural, compartiendo en directo el sentimiento de blues y la maestría a la hora de improvisar.

Resonance Records publica esta joya en su línea de recuperar registros sonoros dignos del gran público, como comentamos cuando escuchamos el disco de Bill Evans que lanzaron el año pasado. 

El doble álbum contiene grabaciones registradas en el Merkin Hall de Nueva York (15 de enero de 2006) y en el Lafayette College de Easton, Pennsylvania (9 de Noviembre de 2007), un documento histórico que significa la primera edición póstuma de Roy Hargrove, desaparecido a los 49 años en 2018. La edición, todo un lujo, incluye un libreto con fotos raras y curiosas, un interesante texto a cargo de Ted Panken, así como entrevistas y extensas opiniones de figuras como Sonny Rollins, Christian McBride, Common, Ron Carter, Chris Botti, Robert Glasper...

El discazo (doble LP y también CD) comienza con una versión de "What Is This Thing Called Love" que ya muestra el sonido extemporáneo que caracteriza a estos dos maestros y que tanto gusta a puristas y a modernos. El sonido es brillante y bien producido. Tema a tema, nos devuelven a la tradición, esa tradición que ha ido evolucionando a lo largo de las décadas y que  algunos músicos (solo algunos músicos) consiguen que siga latiendo con su sentido del blues y su maestría en la improvisación

Esto el verdadero aficionado lo nota. Es nuevo, pero es tradición. Miller tiene esa herencia de Oscar Peterson y un lado más moderno (más arriesgado) que suena a McCoy Tyner, estilos que en sus manos se convierten en algo muy personal, como la elegancia, no exenta de mensaje, que despliega como acompañante en "This Is Always" o la manera en que mantiene el equilibrio del protagonismo con Hargrove, en duelos de alternancia ("I Remember Clifford") o de pulso ("Just In Time"), y ambos ponen sobre la mesa, sin prisas y sin estruendo, todo su virtuosismo, todo lo que saben de lirismo, improvisaciones... Y todas estas dosis de creatividad con un interplay fantástico entre dos musicazos de generaciones distintas que demuestran por qué el jazz es comunicación.

Para ser sinceros, el álbum contiene tanto jazz en sus 103 minutos que abruma. Después de varias escuchas, no sé si prefiero las baladas, intensas, llenas de creatividad, o los temas más bebop, como la parte en que versionan a Monk ("Ruby My Dear", "Monk's Dream") o a Dizzy ("Con alma"), donde el virtuosismo de ambos mira hacia atrás y lo hace con solvencia. 

Resumiendo, es un álbum para escuchar una y otra vez. Jazz dentro de la tradición con dos figuras que han influenciado a varias generaciones de músicos y oyentes y que, tristemente, desaparecieron de manera prematura. Una gema. Y no solo para coleccionistas.


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* Más info en la web de Resonance Records: resonancerecords.org

* Fotos: Wouter Hogendorp y Alan Nahigian, extraídas del booklet del disco.

JAZZ PARTY, PARTY JAZZ

DELFEAYO MARSALIS & UPTOWN JAZZ ORCHESTRA,
Jazz Party (Troubadour Jass Records, 2020)

El séptimo disco de Delfeayo Marsalis como líder llega, como los anteriores Make America Great Again! (2016) y el álbum en vivo Kalamazoo (2017), de la mano de la Uptown Jazz Orchestra. Con el eclecticismo propio de Nueva Orleáns y su intrínseca mescolanza sonora, nos trae una serie de temas originales, escritos en su mayoría por Marsalis para esta enorme orquesta. Con un sonido ambicioso (vean, por ejemplo, que suenan 4 trombones, 4 saxos, 5 trompetas...), con mucho color, dinámicas cambiantes y esa preocupación de Marsalis por el sonido puro del contrabajo, consigue que nos sintamos dentro de una gran fiesta al más puro estilo de la ciudad. 

En las notas del disco, el propio Marsalis, a través de dos anécdotas, relaciona el jazz tradicional con la felicidad. Supone, dice, que es porque el hot jazz se toca en modo mayor y los músicos lo interpretan con mayor carga de optimismo. Modo mayor contra jazz moderno. Lo que para otros es neo-tradicionalismo o, simplemente, revival, para la UJO es tradición, raíz, una música que late tras cada puerta y tras cada esquina, porque es música que suena a calle, a second line, a funeral y a celebración. Me gusta lo acertado del título, que tiene mucho que ver con lo escrito por Marsalis: suena a música feliz. Y es un gran homenaje a la idiosincrasia de Nueva Orleáns.

El disco comienza con una fusión de funk, gospel y rhythm & blues muy sureña con la semifinalista de The Voice (en España, La Voz) Tonya Boyd-Cannon, que pone un toque lírico en el tema. Sigue un clásico de The Dirty Dozen Brass Band ("Blackbird Special") es puro ritmo, energía propulsada por la enorme sección de vientos y percusiones de la UJO, una partitura que serviría por sí sola para definir el ritmo de Nawlins. El sonido criollo de la ciudad aparece en "7th Ward Boogaloo". El sugestivo tema "Raid on the Mingus House Party" está inspirado en la televisión y las crecientes tensiones que dominan la opinión pública americana. Esto, mezclado con la idea de ¿Cuál es el número máximo de ideas melódicas que se pueden tocar a la vez de manera coherente? consigue una especie de caos controlado que serviría para ilustrar todas esas corrientes éticas y las tensiones existentes entre ellas. Por cierto, la respuesta es diez. 


Mboya K. Marsalis, hermano menor de Delfeayo, padece un trastorno del espectro autista. El trombonista se ha inspirado en él para construir esta fantasía en forma de blues, un blues que, apoyado en una big band tiene un sonido potentísimo. En el rap "So New Orleans", son otros sonidos de la ciudad los que escuchamos. Con un toque funk muy neoorleano y haciendo un juego de palabras, "Dr. Hardgroove" rinde homenaje a la vida y al sonido del difunto Roy Hargrove, uno de los Young Lions que Marsalis producía en los 80. Sigue otra versión, "Let Your Mind Be Free" de los Soul Rebel Brass Band, más funk autóctono con toques de desfile callejero, una delicia que tiene su continuación en "Caribbean Second Line" (donde aparecen sonidos caribeños). Pero antes suena "Irish Whiskey Blues", que mezcla la inspiración de canciones irlandesas con un contrafact de "Chambers of Tain" de Kenny Kirkland. El disco termina con un instrumental de "Mboya's Midnight Cocktail", donde la fuerza del blues orquestado se hace más patente.

Un disco, en resumen, con un sonido potente, atemporal, con la esencia de Nueva Orleáns en cada músico y en cada arreglo, y con algo que me ha gustado (y que está reapareciendo en muchos discos últimamente): está reseñado al lado de cada título quién o quiénes hacen los solos. Cuando tienes un solo trompetista parece obvio citarlo pero, cuando tienes tantos músicos en la misma cuerda, se agradece. Un punto más a favor de este disco que ilustra y disfruta de la rica cultura musical de la que llama The Big Easy. Por eso, voy a terminar esta reseña con una frase del propio Marsalis en las notas del disco: "La esperanza de vida de cualquier innovación es directamente proporcional a su relación con la tradición."

Escúchenlo y disfruten.

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* Delfeayo Marsalis: www.dmarsalis.com

* Uptown Jazz Orchestra: www.facebook.com/uptownjazzorchestra



BUENAS SENSACIONES

Christian McBride con big band


Christian McBride es uno de los bajistas más brillantes y demandados del panorama jazzístico actual. También es un espíritu inquieto. Nunca presenta dos trabajos seguidos en la misma línea. Si en el pasado alternó el jazz eléctrico (Vertical Vision, 2003) con maravillosos trabajos acústicos (Kind of Brown, 2009) también es capaz de arriesgarse grabando un álbum (Conversations with Christian, que ahora se reedita), donde se atreve con formatos tan arriesgados como el dúo (piano/bajo, guitarra/bajo, violín/bajo) con invitados de lujo, en sus palabras, "trece de sus acompañantes y amigos musicales más cercanos": los pianistas Hank Jones, George Duke, Eddie Palmieri y Chick Corea; los cantantes Sting, Angélique Kidjo y Dee Dee Bridgewater; la violinista Regina Carter; el trompetista Roy Hargrove; el guitarrista Russell Malone; el tenor Ron Blake; y la actriz Gina Gershon, que coprotagoniza con McBride un divertido tema. Queda un disco dispar pero digno, en el que se pueden escuchar valientes versiones casi desnudas de blues, bebop, latin jazz, free, música africana..., buenos ejemplos de aquello que llamábamos jazz conversacional y que supera el adjetivo de anecdótico para alcanzar el de experimental. Un buen trabajo, aunque no soporte demasiadas escuchas.

Pero nos vamos a centrar en su grabación más reciente, en la que recupera standards y arregla composiciones propias para 18 músicos. Se trata de The Good Feeling (Mack Avenue, 2011), un reto para un bajista, el de liderar una big band de 17 músicos y una vocalista, y todo un reto para un músico de hoy en un panorama donde sólo unos pocos pueden salir del combo-para-club-pequeño y montar una gran banda para la que, valoremos el mérito, hay que hacer arreglos musicales para un buen número de instrumentos.

También es un sueño largamente acariciado en el que McBride llevaba años trabajando. Lo acompañan su compañero de Straight Ahead, Steve Wilson (saxo alto, flauta), el sólido multisaxofonista Ron Blake, el trompetista Nicholas Payton, cambiante pero siempre satisfactorio, y una vocalista que no conocía y que me recuerda a Sarah Vaughn, Melissa Walker. McBride tiene un don para elegir acompañantes. El álbum demuestra que composiciones clásicas y modernas pueden adaptarse de igual manera al esquema de una orquesta de jazz. Pero lo mejor del disco es su sonido, fresco y complejo como toda la música de big band, con sus estructuras para encajar a todos los músicos y sus huecos para la improvisación y los solos. Si me dicen que el álbum está grabado en directo lo creo. Así suena.

En cuanto a los temas, hay seis composiciones de CMB, aunque algunas ya aparecían en discos anteriores, y cinco standards. El disco abre con "Shake 'n Blake", escrito para lucimiento de Ron Blake, que tiene aquí un solo electrizante. En "Broadway" y "I Should Care" el ambiente es el de otra época, el de las grandes orquestas, amables y simples, sin vanguardias, una delicia. Hay temas como "Brother Mister" que deben su fluidez a haber sufrido menos metamorfosis desde su concepción hasta los arreglos de este disco que, por ejemplo, la expresiva "Science Fiction". El final es un intento de apoteosis llamado "In A Hurry", que justifica el título con un ritmo in crescendo y que puede ser el mejor ejemplo para describir este disco. Aquí metales y maderas encuentran un vehículo perfecto para su lucimiento.

Después, sólo quedan ganas de pinchar el disco de nuevo.

En estos videos se puede navegar por esta aventura. En el primero, después de una presentación de un minuto, se puede oír a la big band tocar durante dos en el Festival de Jazz de Detroit (no tiene mucha calidad de sonido pero se oye el trabajo) seguido de una larga entrevista. El segundo es un pequeño making of.





La big band: Christian McBride: bajo; Steve Wilson: saxo alto, flauta; Todd Bashore: saxo alto, flauta; Ron Blake: saxos tenor, soprano, flauta; Todd Williams: saxo tenor, flauta; Loren Schoenberg: saxo tenor; Carl Maraghi: saxo barítono, clarinete bajo; Frank Greene: trompeta; Freddie Hendrix: trompeta; Nicholas Payton: trompeta; Nabate Isles: trompeta; Steve Davis: trombón; Michael Dease: trombón; James Burton: trombón; Douglas Purviance: trombón bajo; Xavier Davis: piano; Ulysses Owens, Jr.: batería; Melissa Walker: voz.

EASTWOOD AFTER HOURS

Actor, director, aficionado, pianista... genio

Nadie duda de la importancia del jazz en las películas de Clint Eastwood como director, ni de la influencia que él, con su pasión por la música, provoca en los músicos de jazz. Las relaciones entre los personajes, los paisajes del Oeste o los garitos que le sirven de escenario, no "sonarían" del mismo modo sin el jazz. La particular visión de Clint Eastwood de los vanos intentos de Charlie Parker por mantenerse en pie o del complicado (e invisible) universo de Thelonius Monk forman parte de la Biblia del jazz, del diccionario que explica cómo y por qué el jazz actual ha llegado a ser como es. Como agradecimiento, un amplio muestrario de músicos del momento se reunió el 17 de octubre de 1996 en el Carnegie Hall de Nueva York para grabar un concierto con el que celebrar esta pasión mutua o, como dice George Wein, presentador del evento, "la forma tan acertada que tiene de incluir el jazz en sus escenas".

Editado en DVD aunque no muy fácil de conseguir, incluye temas que han aparecido en sus películas. Como homenaje, es fabuloso: reúne un elenco impresionante de músicos para la ocasión. Barry Harris y Kenny Barron interpretan a cuatro manos "Misty" (Errol Garner), tema que era el protagonista y el catalizador de la primera película de Eastwood como director. Claude Williams hace una versión fabulosa de "San Antonio Rose", de El aventurero de medianoche (Honkytonk man, 1982), en la que aparecía junto a su hijo Kyle, que ha compuesto varias de sus bandas sonoras y que en este concierto participa con su cuarteto versionando "This time the dream's on me" de la película Bird, en la que, por supuesto, el protagonista es el saxo (Doug Webb).

Entre los sidemen de la sección rítmica que "aguantan" todo el concierto, están Christian McBride al bajo y Kenny Washington a la batería. Me ha gustado mucho también la Jazz Band del Carnegie Hall con Kevin Mahogany, con Charles McPherson, con Joshua Redman o con un soberbio James Rivers al soprano haciendo el tema de En la cuerda floja (Thightrope, 1984), intercalando imágenes sugestivas e intrigantes de la película con toques de blues que van in crescendo con la ayuda de la big band...

Thelonius Monk jr. (también conocido como T. S. Monk) aparece en las versiones de "Straight no chaser" (que da nombre al documental), "Round midnight" y "I see your face before" (Los puentes de Madison), aunque, para espectáculo, James Carter y Joshua Redman en los saxos han hecho, unos minutos antes, una tremenda versión que mezcla "Straight no chaser" y "Now's the time" en un dúo a todo tren, inacabable, potente a más no poder y con un final espectacular, orgásmico:


Algunos temas más adelante, Redman tiene otro momento mágico, cuando entona "Lester leaps in" y se le unen todos los saxos que han participado en el concierto (James Rivers, James Moody, Charles McPherson, James Carter y Flip Philips, más Roy Hargrove al fiscorno), cada uno aportando su lado Prez. Podría decir que éste es mi momento preferido del concierto, pero, finalmente, es el propio Eastwood quien aparece en el escenario, para dar las gracias y para interpretar al piano un blues con sus iniciales, "After hours/C.E. blues", acompañado por Jay McShann, James Moody, Roy Hargrove y la Carnegie Hall Jazz Band, y no lo hace mal, justo lo que nos gustaría hacer a todos los aficionados y el lugar en el que nos gustaría estar, en el escenario del Carnegie, rodeados de Músicos con mayúsculas, pero Eastwood... él sí que es el Gran Aficionado.

Sé que, a veces, me dejo llevar por la pasión, pero creo que coincidirán conmigo en que éste es uno de esos conciertos a los que a todos nos hubiera gustado asistir.