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ME, MYSELF AND I

Una hora de tranquilidad... ¡por favor!
¿Quién no ha comprado un disco y ha sentido la necesidad de escucharlo sin esperas, de llegar a casa y ponerlo ya, de parar el mundo y disfrutar de la joya que acabamos de encontrar? Una novedad, una edición rara, única, un álbum que significó algo en algún momento de nuestra vida o que no pudimos comprar en su momento... Este tipo de urgencia suele chocar con el mecanismo habitual del mundo, ruidoso e inoportuno, y siempre surge algún tipo de incidente que nos impide la tan ansiada escucha. Este es el caso de Michel, el personaje protagonista del film francés No molestar (Une hore de tranquillité, Patrice Leconte, 2014).


Un tranquilo sábado, el estirado dentista Michel Leproux (Christian Clavier) encuentra en un mercadillo una primera edición del álbum (ficticio) Me, Myself and I de su músico de jazz favorito (también ficticio) y decide posponer su única cita del día para conseguir una hora de tranquilidad durante la que piensa disfrutar de su adquisición. Esta es la idea que gobierna la película, que no cuenta otra cosa más que las desventuras de Michel mientras intenta (infructuosamente) disfrutar de su recién comprado disco. No vamos a desvelar estas dificultades por no hacer spoiler, aunque ya el trailer desvela muchas pistas sobre el argumento; sólo diremos que, tras cerrar las ventanas para aislarse del sonido de la calle y poner en marcha su equipo de música (que tiene, por cierto, un impresionante giradiscos), irrumpe su mujer en escena: 
MICHEL (tarareando): Me. Me. Me. Me. Me. Me, Myself and I...
NATHALIE: Michel... Parece que estás de buen humor.
MICHEL: Sí, estoy de buen humor. Mira lo que he encontrado.
NATHALIE (apática): ¿Qué es?
MICHEL: Neil Youart.
NATHALIE: ¿Quién?
MICHEL: Neil Youart. Tocó con los más grandes pero toda su esencia estaba ya en su primer álbum en solitario: Me, Myself and I.
NATHALIE: ¿Y quieres escucharlo ahora?
MICHEL: ¡Claro! Hace años que espero este momento. Te vas a reír pero, cuando empecé mi colección, me dije: el día que puedas escuchar Me, Myself and I de Neil Youart cómodamente sentado en tu salón, ese día, mi pequeño Michel, serás un hombre feliz.
NATHALIE: ¿Puedo hablar contigo antes de lo pongas?

Y ahí comienzan los problemas...


Como toda comedia de situación, resulta un tanto exagerada y superficial, y conforme avanza el argumento vemos que el objeto de deseo (el disco) va perdiendo protagonismo para luego volver con fuerza en el epílogo.

El guión es de Florian Zeller, basado en su obra de teatro Une heure de tranquillité, que es una versión de Otherwise Engaged de Simon Gray (donde el tema es escuchar Parsifal). La banda sonora, aunque no es precisamente jazz, contiene muchos guiños a Henry Mancini, aquel mago que mezclaba ritmos latinos y jazz con un toque personal. Aquí también se oyen percusiones y metales jugando a conversar y el resultado es muy placentero (y alguna marimba o vibráfono que bien podría ser Pro-tools...) aunque no podamos hablar de jazz. El responsable es Éric Neveux, un compositor con casi 100 bandas sonoras a su nombre. Amén de su música, se pueden escuchar algunos temas como "Way Down Yonder In New Orleans", cantada por Jimmie Noone.




Pero lo más interesante es el tema principal: el disco. El LP que encuentra Michel en el mercadillo (Me, Myself and I) es un álbum ficticio, así como su autor (Neil Youart) y los músicos que lo acompañan: John Delbott, Salomon Pickett y Wilson Burke (véase el juego de palabras a partir de Wilson Pickett y Solomon Burke). Lo explica así el propio Florian Zeller: 
"El título y el autor son una invención, por supuesto. Lo que me hizo reír fue la brecha entre la importancia que esto tiene para él, y el hecho de que no le interesa a nadie. ¿Neil Youart? La idea de adorar un nombre poco probable, su entonación demasiado cursi, me gustó mucho ..."
Ficticio o no, el título del álbum viene a definir el argumento de la película, ya que no es sólo el protagonista (Me) quien busca estar a solas (by myself) sino que todos los personajes ponen de una manera egoísta sus problemas por encima de los de los demás, y es bastante probable que el autor se inspirase (aunque sólo de oídas) en el título de la canción "Me, Myself and I (Are All In Love With You)" de 1937, compuesta por Irving Gordon con letras de Allan Roberts y Alvin Kaufman, que grabaron también Lester Young, Tony Bennet y Billie Holiday, quien la convirtió en uno de sus himnos; aunque, con toda seguridad, la inspiración de Zeller surgiese al escuchar la versión que hizo Benny Goodman, ya que el músico ficticio Neil Youart toca el clarinete como Goodman.Claro que sólo se inspiró en el título.


DICK HYMAN

El músico detrás de Woody 

Para los aficionados que no vivimos en los USA la faceta más visible de Dick Hyman (Nueva York, 1927) es su participación como músico, compositor o consultor en la banda sonora de las películas de Woody Allen. Sus arreglos y su piano aparecen en Melinda y Melinda, Poderosa Afrodita, Todos dicen I love you, Zelig, Balas sobre Broadway... En Días de radio colaboró en la supervisión y elección de los temas musicales que reconstruían aquella cara de la infancia de Allen. Pero es en Acordes y desacuerdos (1999) donde escuchamos un trabajo más interesante, donde Hyman escribió temas inspirados en la música de Django Reinhardt para ambientar la historia de un guitarrista de jazz obsesionado con el belga. El resultado, un puñado de temas que parecen sacados de los primeros discos de Django es excitante al mismo tiempo que riguroso.

[Allen] Me dio un confortable margen de libertad después de establecer algunas reglas básicas. Esas normas podían incluir discutir el tipo de música que quería para una escena en particular o, si yo traía una canción o tema, tenía que tocarlo antes al piano para él. Cuando ya estaba sobre el papel, sin embargo, todo quedaba a mi cargo."

Dick Hyman fue alumno de Teddy Wilson, pianista de Benny Goodman, tras participar en un concurso de radio en el cual el premio eran doce lecciones gratis con él. Luego fue el mismo Wilson quien recomendó a Hyman como pianista para la orquesta de Goodman. De ahí a tocar con Lester Young, Zoot Zims, Charlie Parker... Pero de este pianista, organista, compositor, director y arreglista conocido por su pasión por la cara más clásica (léase original, tradicional) del jazz destacaríamos su versatilidad. Es capaz de tocar como Jelly Roll Morton (vean el video más abajo) o como Art Tatum, no en vano es uno de los más aclamados eruditos del piano. Incluso se ha permitido en ocasiones coquetear con el órgano eléctrico con The Electric Eclectics of Dick Hyman, pecado en el que caen tarde o temprano todos los puristas (Bill Evans, incluido).

Ahí van dos versiones de "Fingerbuster" (a.k.a. "Finger Breaker"), tema que sonaba en aquella gloriosa escena de La leyenda del pianista en el océano:




Hyman es autor de numerosos álbumes con composiciones propias pero también de estudios en los que aborda diferentes estilos con rigor y criterio. El más celebrado es Century of jazz piano (2009), una recopilación de 5 CD's en los que Hyman interpreta y hace un repaso de (prácticamente) todos los estilos de piano jazz desde sus inicios hasta nuestros días. ¿Qué otro pianista podría tocar con solvencia al estilo de Art Tatum, de Lennie Tristano, Monk y McCoy Tyner sin despeinarse? La respuesta: un calvo, Dick Hyman. Y no sólo porque es capaz de recrear estos estilos tan personales con mente matemática sino porque es capaz de incorporar improvisacones y variaciones que los enriquecen y hacen más patentes sus peculiaridades. Esta colección, que nació como un apoyo para estudiantes de piano en CD-R, está editada por Arbors y viene acompañada de un DVD con improvisaciones y lecciones, imprescindible para estudiantes y futuros pianistas.

Resumiendo, la discografía de Hyman es tan extensa que parece que durmiera en los estudios (la frase no es mía, es de Marc Myers en una entrevista para Jazzwax que se puede leer aquí. Si uno osa adentrarse en sus discos, encontrará una enciclopedia sonora y estilística del piano de jazz de los últimos 100 años. Y, mientras tanto, Hyman sigue tocando, colaborando con Allen y rondando los festivales con sus Dick Hyman's All Stars.

 



* Web oficial: www.dickhyman.com

PROFANOS Y EXTRATERRESTRES

ACORDES Y DESACUERDOS (XIII)


Según la Wikipedia, el dixieland es la versión blanca del jazz de Nueva Orleans. Esta especie de discriminación, que no se basa inicialmente en cuestiones estilísticas, adquiere según quien la use tonos despectivos. La pregunta sigue ahí después de un siglo, ¿pueden los blancos hacer jazz? La invención de las vanguardias, del jazz moderno, del jazz electrónico y de ciertos experimentos europeos hacen pensar a este escribe que, en muchas ocasiones, lo que se vende como "jazz" no es más que una etiqueta vacía.

No, no se trata de un juicio genérico. Hay en las tiendas de discos, en el apartado donde siempre busco, más de un profano y más de un extraterrestre. Pero habría que marcar los ejemplos con lupa. Hay muchos tipos de jazz. Creo que los he probado todos. Sin embargo, hay algo que no perdono y es la falta de swing. Otro de los síntomas que padecen los sucedáneos de jazz blanco es la ausencia de síncopa, el exceso melódico, la falta de emoción que esto conlleva... sin añadir la enorme lista de músicos europeos que desconocen la quinta disminuida.

Encontrados los errores, diré en descarga de los músicos que hay mucho "infliltrado blanco" que ha sabido captar el sonido de Nueva Orleans (porque sí, para mí el jazz más auténtico es el hot) y esto es de celebrar. Para comenzar, el término dixieland nació de la Original Dixieland Jass Band, la banda blanca de Nick LaRocca, quien trataría de convencer años después a William Claxton de que "los blancos inventaron el jazz".
 
Otro ejemplo en contra: en Jazz at The Philarmonic tocaban músicos negros y músicos blancos. De Art Pepper, sin embargo, se reían sus propios músicos negros cuando les daba la espalda para hacer sus solos. Dave Liebman, por su parte, se sentía cohibido al ser el único blanco en la banda de Miles a comienzos de los 70. Cada uno en su estilo y en su época, Benny Goodman, Dave Brubeck, Gerry Mulligan y genios más actuales como Scott Hamilton, Joe Lovano o Tete Montoliu pueden codearse con sus colegas negros. ¿Dónde está entonces la polémica? Cada cual tendrá su opinión.

Saliéndome por la tangente, no me tiembla la voz al decir que la mayor parte de las músicas que se escuchan hoy en día parten de una raíz negra. Uno de mis músicos favoritos fuera del jazz es Sting, que camina habitualmente sobre una delgada línea entre estilos y que ha versionado una docena de standards, desde "My Funny Valentine" hasta "Someone to Watch Over Me". Estoy terminando de leer su biografía, titulada Broken music. En un capítulo, explica cómo fueron sus primeros contactos con el jazz, contactos que marcarían su forma de ver la música:
Escuchaba exhaustivamente a Dylan [...] También aprendí a apreciar el jazz a pelo. Entablé amistad con unos chicos del colegio mayores que yo que entendían lo serias que eran mis obsesiones musicales. Uno de ellos me dejó dos elepés de Thelonius Monk: Monk in Paris, live at The Olympia y Solo Monk. Al principio, me desconcertaron la complejidad angular de las melodías y la densidad de las armonías subyacentes, pero tenía el presentimiento de que había dado con algo importante. Seguí insistiendo [...] Volvía del colegio, ponía a Monk, empezaba a hacer los deberes y dejaba que la música me enseñara por ósmosis, mientras luchaba con alguna abstrusa prueba de geometría. Cuando escuché a Miles Davis y a John Coltrane, descubrí que aquellos músicos estaban explorando los confines de la comprensión humana como físicos en un laboratorio de sonido.
Y también cómo es su posterior relación con esta música:
No soy un músico de jazz -admite con humildad, a pesar de su curriculum-, pero me he aplicado a ese estilo lo suficiente como para entenderlo y desarrollar un lenguaje común con quienes se dedican a él.
Muchos que se llaman a sí mismos jazzmen quizás nunca consigan siquiera esto.


JAZZ FLAMENCO

Lionel Hampton con su Orquesta y su Quinteto


Los norteamericanos tienen tan pocos años de Historia que carecen de tradiciones ancestrales y las autóctonas se pueden contar con los dedos de una mano. Si hay algo que los los norteamericanos puedan considerar una auténtica cultura propia, ésa es el jazz. Aunque negro, aunque adoptado por los blancos, aunque surjan grupos en cualquier país desde Japón hasta Portugal, el jazz será considerado siempre como una música made in USA. Es por eso que, en tiempos de la Guerra Fría, Eisenhower decidió usar la bandera del jazz para vender una imagen amable y positiva de Estados Unidos antes la proliferación de dictaduras comunistas en la Europa del Este (Hungría y Checoslovaquia) y la intransigencia del régimen de la URSS.

Igualando en astucia la propaganda soviética, los americanos enviaron sólo músicos (no jazzwomen) para consolidar la imagen de fortaleza y masculinidad adquirida en la Segunda Guerra Mundial. Enviaron músicos negros a los países de África y judíos a la Union Soviética, como el caso de Benny Goodman (en la foto, en la Plaza Roja), que también interpretaba música clásica, uno de los pilares de la cultura rusa. Dave Brubeck estuvo en Varsovia, Dizzy en Zagreb, Miles en Belgrado... pero los viajes más relevantes los protagonizaron Duke Ellington, que se entrevistó en Dakar con el padre de la negritud, Leopoldo Sedar Senghor; Satchmo, que se fotografió jugando al futbolín con Kwame Nkrumah, padre del panafricanismo; y, al más alto nivel, Benny Goodman estrechó la mano de Nikita Khrushchev en una instantánea supuestamente improbable, ya que no existían relaciones diplomáticas entre Washington y Moscú.

Lionel Hampton se mostró a favor de este tipo de embajadas culturales porque acababa de volver de Estocolmo y Berlín en lo que calificó como "la gira más exitosa de un jazzman por Europa". Él fue el encargado de traer el jazz a España en 1956, el 14 y el 15 de marzo en el Teatro Carlos III. El éxito fue tan clamoroso que Hampton repitió ese mismo año en la Monumental de Barcelona (13 y 14 de julio) y en Madrid del 25 al 27, dos sesiones por noche. Aunque esta vez el motivo de la visita era comercial, el concierto de Barcelona fue presentado por el embajador americano. Pero lo más anecdótico fue que, en Madrid, el vibrafonista grabó un disco que es una rara avis en su discografía, un álbum titulado Jazz Flamenco (RCA Victor, reeditado por Fresh Sound). 

El disco, grabado en Madrid el 30 de junio de ese año en una sesión maratoniana, es una excitante mezcla de sonidos en los que las castañuelas (el único elemento flamenco incluido en el disco) tocadas por María Angélica, se convierten en un instrumento más de percusión al servicio del estilo de Lionel Hampton. No hay más concesiones al flamenco salvo algún percusionista que aparece sumergido en el desbordante swing de la orquesta y cuyo nombre no aparece en los créditos. No hay fusiones ni acercamientos a ningún palo del flamenco, nada que ver con lo que hoy en día se llama "jazz flamenco", y tampoco es una pieza imprescindible del vibrafonista (sí anecdótica) porque no es más que un repaso al Hampton de la época arropado por su big band, derrochando ritmos afrocubanos, bop y swing. Tres temas nuevos y revisiones de clásicos de Hampton con la inspiración de España detrás.

Ciertamente, para los oídos españoles, las castañuelas chirrían al rozarse con la música de jazz. Sólo en algunos temas ("Hot Club of Madrid Serenade", "The Bullfighter from Madrid") las castañuelas encajan en el ritmo de swing como un elemento más, exótico, pero perfectamente engranado, incluso sincopando, aunque en "Hamp's Jam Flamenco", las castañuelas acaben sonando cubanas (!) mientras acompañan un mambo (?).

Por otro lado, hay tres temas grabados en quinteto (Flamenco Five Quintet, lo llamó) y la curiosidad más interesante, la primera grabación de un joven pianista desconocido llamado Tete Montoliu en el tema "Tenderly". A él pertenece el tema durante la primera mitad del corte (Hampton no entra hasta pasados cinco minutos), donde muestra aún muy patentes las influencias de Art Tatum.

Tampoco Tete aparece acreditado en la edición original. Él y Hampton se habían conocido en Barcelona, donde el pianista tocaba en un pub, el 13 de marzo, antes del primer concierto (propagandístico) en Madrid. Después de la grabación del disco, Tete fue invitado a acompañar a la orquesta del vibrafonista durante el resto de su gira europea. Fue el principio de lo que hoy es una leyenda del jazz made in Spain. ¿No era de eso de lo que hablábamos?



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* No conozco al autor de la fotografía de Goodman en la Plaza Roja. 
** La ilustración que anuncia los conciertos en Madrid está extraída de la ponencia que se cita más abajo y pertenece a la edición del ABC de Madrid del 11 de marzo del 56.
*** Muy interesante esta ponencia de Iván Iglesias, de la Universidad de Valladolid: "El arma secreta de América: El jazz como propaganda estadounidense en la España de la Guerra Fría (1950-1960)". Se puede leer aquí: http://investigadoresfranquismo.com/pdf/comunicacions/mesa6/iglesias_6.pdf
**** La fotografía de Tete Montoliu es parte de la portada de un EP llamado Tete Montoliu y su conjunto tropical.

THE FIVE PENNIES

Gorgoritos y trompetas

Cuenta Scott Yanow en la introducción de su Jazz on Film que fue esta película la que lo inició, a la edad de 10 años, en su pasión por el jazz. Leído esto, busqué y visioné la película en busca de estas razones. Y no salí defraudado. Ya la simple aparición de Louis Armstrong y sus números musicales bastan para engancharlo a uno, pero los números protagonizados por Danny Kaye tampoco defraudan, sobre todo aquellos en que él y sus músicos en la pantalla "leen" las partituras sin instrumentos, tarareando y construyendo los temas con sus voces. Sube el tono cuando cantan juntos Armstrong y Kaye, en especial en "When The Saints", donde Danny Kaye canta con Satchmo imitándolo a cada verso. Como buen cómico, calca su timbre y las inflexiones de su voz en un ejercicio más que satisfactorio para los aficionados. Y además resulta divertido.


The Five Pennies está vagamente inspirada por la vida del cornetista Loring 'Red' Nichols. La figura del padre músico y la influencia de Bix Beiderbecke en su música están presentes en el film. La banda llamada The Five Pennies también existió, aunque en realidad fueron muchas formaciones con el mismo nombre. Y, tal como se cita en la película, participaron en esta banda músicos como Jimmy Dorsey,  Pee Wee Russell, Benny Goodman, Glenn Miller, Jack Teagarden, Eddie Lang, Gene Krupa... La enfermedad de la hija está basada en hechos reales. Nichols abandonó la música para cuidarla y la película concluye con su regreso a los escenarios. Sin embargo, yo hubiera terminado la película con la anécdota (auténtica, convertida en leyenda) de la muerte de Red Nichols, que ocurrió en Las Vegas de forma repentina. Sus músicos, cumpliendo con el contrato, actuaron aquella misma noche mientras en el centro del escenario, sobre una silla, la solitaria trompeta de Nichols recibía la luz del cañón y el aplauso de los espectadores. 

Pero suele ocurrir que, cuando se adapta al cine la vida de un músico, se tiende a la idealización. Este defecto tan propio de Hollywood deriva en The Five Pennies en algo muy distinto. Al protagonizarla Danny Kaye, la dramatización de la vida de Red Nichols se convierte en una comedia, en una sucesión de gags que, en lugar de ser contraproducente, encaja en lo que podríamos llamar el perfil de un entertainer: las gracias de Kaye no son anecdóticas sino que ilustran la capacidad de improvisación de un músico de una inventiva incansable, lo cual hace justicia a la imagen del verdadero Nichols, quien sólo en los años 20 llegó a aparecer en 4.000 grabaciones. El crítico Steve Legget, parodiando su adicción al trabajo, lo llamó "workaholic".

No quiero quedarme sin anotar que The Five Pennies es un juego de palabra: cinco peniques equivalen a un níquel, que suena como su apellido: Nichols. En algunos países de habla hispana la película se retituló como Las cinco monedas. En España, como casi siempre, subestimando la inteligencia de los espectadores (o con el fin de vender entradas a los aficionados a las comedias románticas) se llamó Tu mano en la mía (!) aprovechando un verso de una de las canciones de la película. Queda dicho para los que intenten encontrarla en DVD.

En la película, el propio Red Nichols toca la trompeta doblando al personaje de Danny Kaye y Shelly Manne interpreta al batería (naturalmente) Dave Tough. Pero para poner caras y hacer justicia a la historia por encima de Hollywood, les presto un video del verdadero Red Nichols:



VIBRATORY JAZZ SEEN

Lionel Hampton de ida y vuelta

Este DVD corresponde a un concierto de la Lionel Hampton Big Band en un parque (sin especificar en la carátula) de Disneyland en 1984, donde interpretan temas como Vibramatic, Sweet Georgia Brown y Flyin’ home con esa potente puesta en escena llena de humor y energía que caracteriza a Lionel Hampton, y termina con la Big Band saliendo del escenario y desfilando camino de los camerinos tocando When the saints go marchin’ in.

El concierto no es ni mucho menos la Disneylandia de los conciertos de Lionel Hampton, pero demuestra que el vibrafonista se mantuvo incombustible a lo largo de sus casi 70 años de carrera. Fue el primer músico que interpretó el vibráfono en el jazz. La leyenda dice que Louis Armstrong le pidió que se uniera a una sesión, que en el estudio había un vibráfono en un rincón y que Louis le preguntó si podía tocar algo allí. Hampton tocó Chinese chop suey y lo convenció de que podía hacerlo en el disco, donde grabó un tema que le habían enviado a Louis. El tema era Memories of you. Lionel Hampton es parte de la leyenda y está rodeado de muchas de ellas. Una dice que, aunque asegura haber nacido en 1908, no tenía partida de nacimiento y se había inventado la fecha.

Hampton pasó la adolescencia en el Chicago de los años 20, donde aseguraba haber visto en directo a maestros como King Oliver, Bessie Smith, Earl ‘Fatha’ Hines... pero estalló con todo su resplandor en la orquesta de Benny Goodman en 1936, donde también estaba en aquel momento otro mago de la percusión: Gene Krupa. En el 43 descubrió y lanzó a Dinah Washington. Pero lo más importante es que introdujo el vibráfono como instrumento en el jazz, ese piano de dos dedos en el que se embarcaba en solos interminables, con o sin su cigarro en la boca, de donde saltaba a la batería para demostrar que llevaba el ritmo, no el instrumento, en la sangre. Solía montar numeritos cuando no estaba en su solo, saltando de un lado a otro del escenario, provocando al público, buscando la algarabía, explorando el lado lúdico y gamberro del escenario, todo lo contrario que cuando tocaba: improvisando era serio, matemático, experimentador y elegante.

Para terminar de comparar los años 80 con tiempos mejores, el DVD incluye cinco temas grabados en directo (y en blanco y negro) por la Big Band de Lionel Hampton, probablemente en los años 50 en algún programa de televisión; la edición tampoco especifica la fecha o el lugar, pero los números son espectaculares...


Aquí os dejo un video. Corresponde al concierto en Disneyland y en él se puede apreciar el showman del que hablaba. Toca el vibráfono, el piano y la batería de forma espectacular:

Añado otro video que no tiene desperdicio:

NACE UNA CANCIÓN (A SONG IS BORN)

El jazz es para disfrutar

Cada vez que entro en el blog de mi amigo fmoreno y leo el título, Jazz para principiantes, me viene a la mente Nace una canción (A song is born, Howard Hawks, 1948), una película que yo recomiendo a todos los principiantes o no-aficionados al jazz. Puede ser una película superficial, contada en tono de broma, más ligera e insustancial que la primera versión (Bola de fuego, también dirigida por Howard Hawks e igualmente escrita por el inefable Billy Wilder), pero está llena de ejemplos sonoros y visuales para que cualquier profano entienda lo que algunos amamos del jazz.

La excusa (llamémosle trama): a mediados de los años 40, un grupo de estudiosos llevan diez años encerrados en una mansión escribiendo una enciclopedia de la música que va a contener, como hecho novedoso, discos que ilustren las teorías. En un punto crítico en el que están a punto de perder la subvención para su proyecto, aparecen dos limpiacristales negros que les piden ayuda para ganar un programa de radio. Cuando uno de los negros interpreta al piano su propia versión a ritmo de boogie-boogie de una fuga de Bach que uno de los catedráticos acaba de tocar al clarinete, otro profesor le pregunta: “¿Y hay otras formas de música popular además de ésta?” “Claro. Boogie-boogie, swing, jazz, jam, blues, doobie-dixie, rebop...”, responde el limpiacristales. A partir de ahí, los “expertos” se dan cuenta de lo que ha cambiado la música popular en diez años. Estamos hablando de los años 40 y ya habían surgido una docena de evoluciones y estilos del jazz, ¿cómo explicar hasta dónde puede llegar? El más joven de los catedráticos, el que está escribiendo el tomo de música popular, decide salir a la calle a investigar. La trama se complica con gángsters y una chica (condición sine qua non en Hollywood), pero lo más interesante es la presencia de músicos como Benny Goodman, Tommy Dorsey, Louis Armstrong, Lionel Hampton, Charlie Barnet... en la película.

Aparte del hecho anecdótico que supone la presencia de todos estos músicos “reales” en la pantalla, realmente interesante para cualquier aficionado, la película habla de esa constante evolución que lleva aparejado el jazz dentro de sus propios cánones y, como dije más arriba, la suelo recomendar a todo aquél que me dice que no entiende lo “moderno” del jazz.

Benny Goodman, Tommy Dorsey, Charlie Barnet, Louis Armstrong y Lionel Hampton
e
n la película

Puede que Danny Kaye no sea tan profundo como el Gary Cooper de la primera versión, pero es más divertido y me encanta cuando hace esas gilipolleces suyas y menea la cabeza compulsivamente al ritmo del saxo de Charlie Barnet o abre los ojos desorbitadamente al entrar en un club y sumergirse en la música que hacen Satchmo y Lionel Hampton a dúo. Qué clubs aquellos, abarratados, llenos de gente con ganas de bailar al ritmo de la música más salvaje que se ha creado, el público encima de los músicos.