XIMO TÉBAR BRAZILIAN JAZZ PROJECT, Começar de novo
* Más info: ximotebarjazz.wordpress.com
* Más info: ximotebarjazz.wordpress.com
TXEMA RIERA TRIO + 1, Allegoria (Underpool, 2020)
Después de su apasionante (e inquietante) trabajo de debut que fue Terror (Underpool, 2016), Txema Riera nos trae en Allegoria un jazz más moderno y sereno, con una visión pausada y, por momentos, bella ("Olivia") del mundo que le rodea, en el que parece inspirarse y que nos trae sonidos inusuales y eclécticos. No escuchamos el clásico vibrato del Hammond B3 hasta el tema 4 ("Petra"), donde el tempo se acelera por primera vez y el swing obliga. En este tema los solos suenan más clásicos (qué placer escuchar a este ritmo la guitarra de Dani Pérez), pero, en general, los temas buscan lo especulativo y la modernidad. Salvo los temas que abren y cierran el álbum ("La Mirada I" y "La Mirada II"), más introspectivos, todo el álbum tiene un aire progresivo, de fusión controlada, donde guitarra eléctrica y Hammond se funden y fluyen de una manera muy plástica, dejando el protagonismo por momentos al saxo tenor.
Con este álbum, el sello Underpool comienza una serie en vinilo y no se nos ocurre sonido más apropiado para sonar en vinilo que un trío de Hammond. Además, el lanzamiento de este vinilo ofrece un paralelismo muy nostálgico con el álbum de Silver Geishas que publicó el sello hace poco en cassette, un paralelismo que nos retrotrae a otras épocas donde el sonido en nuestros equipos caseros dependía del estado de las agujas o de los rodillos del cassette pero que, en el fondo, tenía algo más de transgresor que la limpieza del CD. El vinilo es el medio perfecto para disfrutar de esta Allegoria llena de temas especulativos, improvisaciones intensas y, sobre todo, el sonido personal de Txema Riera.
________________________
| Foto: Joe Crocetta |
En general y aunque el ritmo mande en todo momento, hay un liderazgo evidente del Hammond en todo el disco (desde el blues inicial "Mag's Groove", compuesto por Akiko) y, en consecuencia, de toda la experiencia previa de la organista con Dr. Lonnie Smith y con Lou Donaldson, por citar dos grandes en la carrera de la japonesa. Ritmo, ritmo, ritmo. Sin embargo, deteniendo el tempo (los tiempos lentos también son ritmo), escuchamos la balada "Lion's Gate", donde Dechter modela la melodía con sensibilidad alternándose en una poética conversación con el órgano llena de delicadeza y notas puestas en su sitio exacto, algún retazo de blues y mucha, mucha emoción. El trémolo del Hammond es aquí estremecedor.-George, realmente te necesito para una sesión de grabación.
-Lo siento, tío. ¡Imposible! Estoy en mi luna de miel.
-George, es con Fats Waller.
-Ah... Déjame mirar los horarios de trenes. ¿A qué hora empezamos?
Yo estaba tocando el órgano en uno de esos locales de cine mudo de Harlem, y estarían proyectando una escena de muerte en la pantalla, y como algo habitual, yo cogía una botella y comenzaba a tocar swing al ritmo de "Squeeze Me" o "Royal Garden Blues". Los propietarios solían pedir disculpas pero, mierda, ¡nadie podía pararme!
Cuando algún amigo o algún profano que no alcance tal distinción me pide que le sugiera un músico para introducirse en "esto del jazz" siempre me enfrento al mismo problema: el tamaño de las discografías. Prefiero recomendar un disco en particular. ¿Un músico? La mayoría, salvo los casos de vidas/carreras truncadas como las de Clifford Brown, Lee Morgan, Fats Navarro..., ha tenido una carrera tan dilatada que hay que escuchar sus discografías por periodos.
Entre los soundies podemos ver Ain't misbehavin, The joint is jumpin y el divertido Your feet's too big, además de un montaje de dibujos animados sobre este último tema, realizado en los 80 por Nancy Beiman, divertido pero que no consigue superar al video original con Fats y sus actores.
Cuando Laurens Hammond comercializó su primer órgano eléctrico en 1935 (el modelo Hammond A) ya hacía diez años que Fats Waller había usado el órgano de tubos para hacer jazz. Sin embargo, la intención original de Hammond no era la de crear un órgano para la música popular sino la de fabricar un instrumento que pudiera sustituir a los órganos de iglesia, grandes, caros de mantener y complicados de afinar. Tardaría 30 años en darse cuenta de que sus principales clientes eran bandas de rock’n’roll, rhythm & blues y jazz.Aunque en un principio se dejó de fabricar en 1955, la popularidad del Hammond B-3 lo ha hecho pervivir hasta nuestros días y lo ha convertido en el órgano más usado de todos los tiempos, sobreviviendo a la llegada de instrumentos electrónicos más sofisticados, que incluían chips de memoria con melodías y arpegios pregrabados. ¿El secreto? La excitante sonoridad del B-3 se debe al efecto vibrato, que lo hace inigualable, y a ese efecto chorus, capaz de sonar como un órgano de tubos. Ambas características dotan al instrumento de un sonido “propio” e identificable.
Si Fats Waller introdujo el órgano en el jazz, Jimmy Smith lo elevó al trono de los instrumentos solistas con su espectacular forma de tocar. No hay ejemplo más evidente para poner nombre al B-3 que Jimmy Smith, pero gracias a Dios (el Dios del Jazz es benévolo y pródigo) su carrera ha tenido continuación en nombres brillantes como Joey de Francesco, Lou Bennet, John Medeski... o, por citar músicos españoles, Mauri Sanchís y Albert Sanz. Mi último descubrimiento detrás de un Hammond es Rhoda Scott. La acabo de pillar con las manos en las teclas.
No conocía a esta teclista nacida en New Jersey en 1938, pero por opiniones de amigos me entero de que es la sucesora de otra Scott, Shirley. Rhoda Scott, Shirley Scott. Simple coincidencia de apellidos y de virtuosismos a las teclas de un Hammond. Rhoda, que es la que suena ahora mismo en mi equipo de música, es una jazzwoman que domina los recursos armónicos y rítmicos del B-3 con una delicadeza increíble. Consigue abusar del vibrato sin romper la fluidez rítmica de los temas, que funcionan como una locomotora en plena carrera, llenos de adrenalina pero sin estridencias.
Nos hemos conocido gracias a uno de los últimos discos que he añadido a mi colección:
Rhoda Scott + Kenny Clarke, de la colección Jazz in Paris de Gitanes, una grabación de 1977 que explica claramente el peso que un órgano puede tener en un combo de jazz: lo es todo, puede suplantar a casi todos los instrumentos y, como en este caso, sólo necesita la percusión para conformar un conjunto sonoro completo, cosa curiosa porque precisamente el Hammond B-3 es el único órgano de su familia que incluye acompañamiento de percusión, pero ¿quién renunciaría a tener a Kenny Clarke a la batería? Fue nominado entre los 5 mejores “baterías acompañando a un órgano” (Nominee in the category of the best “Organ drummer”, que dicen los americanos). La grabación incluye nada más y nada menos que nueve temas mano a mano, Scott y Clarke, órgano y batería, una combinación explosiva que alrededor de baladas impresionantes como It’s impossible y de fuegos artificiales del tamaño de Satin doll, y que es capaz de colorear de sonoridades nuevas a standards como On Green Dolphin Street o Now’s the time. Para enmarcar.