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LIVE AT SAN JAVIER 25th ANIVERSARY

XIMO TÉBAR & THE CHAMPS, The Jazz Guitar Trio, vol. 5
XIMO TÉBAR BRAZILIAN JAZZ PROJECT, Começar de novo 
(Omix Records, 2024) 
El valenciano Ximo Tébar es, sin duda, uno de los pioneros de la guitarra de jazz en España. Su nombre y su música sonaron en Jazz entre amigos y deberían sonar con otros legendarios de la escena ibérica como los de Kiko Aguado o Sean Levitt, por su virtuosismo y su longevidad Este año pasado amplió su veintena de discos como líder con dos álbumes grabados en directo en el Festival de San Javier, uno a trío con el organista Pat Bianchi y el baterista Byron "Wookie" Landham, lleno de blues, y otro con un formato más amplio que ha llamado Brazilian Jazz Project, con músicos como Josvi Muñoz (saxos y flautas), Will Martz (piano y teclados), Juan San Martín (bajo) y Fernando García (percusión), contando con el cantante y guitarrista Gradston Galliza como estrella invitada, y con las colaboraciones de los citados Pat Bianchi y Byron Landham. 

The Jazz Guitar Trío vol. 5 continúa con las exploraciones de Ximo en este formato de trío de órgano y guitarra, que ya probó con Joey de Francesco, entre otros. El virtuosismo de los tres músicos y los patrones rítmicos de este tipo de trío hacen que agradezcamos que esté grabado en directo, lleno de energía, con temazos con "Idris" (un clásico en el repertorio, aquí con un guiño a "Salt Peanuts") o momentos sublimes como ese toque de blues convertido en sutileza de "Willow Weep For Me".

Começar de novo, en cambio, es otro nivel, más polirrítmico y donde los virtuosismos se diluyen en la abundancia de músicos para dejarnos apreciar lo que es la fiesta del crossover jazz/Brasil, con cantantes, baladas, funk, ese groove indolente de la bossa sincopada... y un homenaje final a Paco de Lucía y a Chick Corea. Momentos álgidos donde conversan guitarra y voz ("Fascinio") bastarían para recomendar este álbum. 

* Más info: ximotebarjazz.wordpress.com

NARRATIVA BREVE

ORGANIZING, Short Stories (Errabal Jazz, 2021)

Que la guitarra de jazz se entiende mejor con el órgano Hammond que con cualquier instrumento lo sabe todo el mundo. Quizás por eso Organizing basa sus temas en el diálogo de estos dos instrumentos, pero no es un trío clásico de guitarra y órgano porque hay un elemento que marca la diferencia y lo lleva al siguiente nivel: el saxo. Escuchamos, pues, un cuarteto basado en el groove, con una sección rítmica formada por Raúl Sainz de Rozas a la guitarra, José Luis Canal en el órgano Hammond y un imparable Juan Luis Castaño a la batería, a los que se suma el saxofonista Alberto Arteta poniendo el componente melódico que marca la diferencia, como ocurría (salvando las distancias) en el cuarteto sin piano de Sonny Rollins.

Usando la narrativa musical de cada tema como si fuera una historia, el disco nos va contando a toda velocidad eso que ofrecen las historias cortas: relatos a pinceladas, emociones, recursos efectivos y, sobre todo, juegos que implican al oyente. Porque aquí los guiños y las influencias están por todos lados, en los temas originales (todos escritos por Raúl Sainz de Rozas, inspirados en seres queridos) y en los standards (inspiradores, como "Short Story" de Kenny Dorham y "Full House" y "Jingles" de Wes Montgomery). Quizás Wes Montgomery sa la influencia más notable del repertorio, incluyendo, claro está todas las referencias a su media naranja, Jimmy Smith


Y, como en un buen libro de relatos, las historias son cambiantes, únicas, y cada una necesita un lenguaje distinto para ser contada. Si en los temas de Montgomery el groove y la fiesta predominan sobre el resto de los elementos, en "Mic Mic (Al Coyote)", el R&B busca el humor en la complejidad y el ritmo ejecutado desde los instrumentos no netamente rítmicos (órgano y saxo), y con solos llenos de intensidad. En "Samba do Lidia" y en "Paisaje con lluvia" la narración fluye a través del saxo con una estética muy lejana, latina en un caso y atmosférica en el otro. En "Olga Decir", sin embargo, encontramos una lírica profunda, detenida, una balada donde el cuarteto toca con tal sutileza que parece que están todos escuchando lo que cuenta la guitarra hasta que, al final, se unen de una manera espectacular, especialmente el saxo, desdoblado, multiplicado, emocionante.  

Pero en el fondo, todo este planteamiento no es más que una excusa para desplegar todos los recursos y el virtuosismo de unos músicos a los que se les nota una sólida experiencia que no eclipsa sus ganas de ir más allá en cada tema.



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EL SONIDO DEL HAMMOND B3, EN VINILO

TXEMA RIERA TRIO + 1, Allegoria (Underpool, 2020)

El organista Txema Riera presenta en Allegoria una versión moderna del trío de guitarra y Hammond con un combo de lujo (Dani Pérez a la guitarra y Roger Gutiérrez a la batería), al que se suma el enorme Santi de la Rubia, dando el saxo tenor una nueva vuelta de tuerca al concepto, alejado del estándar Montomery-Smith y más cercano al jazz moderno. Un lujo.


 .

Después de su apasionante (e inquietante) trabajo de debut que fue Terror (Underpool, 2016), Txema Riera nos trae en Allegoria un jazz más moderno y sereno, con una visión pausada y, por momentos, bella ("Olivia") del mundo que le rodea, en el que parece inspirarse y que nos trae sonidos inusuales y eclécticos. No escuchamos el clásico vibrato del Hammond B3 hasta el tema 4 ("Petra"), donde el tempo se acelera por primera vez y el swing obliga. En este tema los solos suenan más clásicos (qué placer escuchar a este ritmo la guitarra de Dani Pérez), pero, en general, los temas buscan lo especulativo y la modernidad. Salvo los temas que abren y cierran el álbum ("La Mirada I" y "La Mirada II"), más introspectivos, todo el álbum tiene un aire progresivo, de fusión controlada, donde guitarra eléctrica y Hammond se funden y fluyen de una manera muy plástica, dejando el protagonismo por momentos al saxo tenor.


De los músicos, destacar los solos de Dani Pérez a la guitarra, especialmente el de "Everest", un hardbop con un tempo fabuloso, con un Riera brillante dando la réplica en el Hammond. Santi de la Rubia, inconmensurable como siempre, tiene el don de hacer fluir los temas con un aire entre clásico y moderno, pero siempre expresivo. Roger Gutiérrez va de todoterreno, aportando precisión donde la versatilidad de los temas exige. El disco ha sido producido y mezclado por Sergi Felipe en los estudios de Underpool y masterizado en Nueva York por Elvind Opsvik. Entre todos, consiguen un sonido limpio, delicado cuando suena contemplativo y dinámico cuando el ritmo lo pide.

Con este álbum, el sello Underpool comienza una serie en vinilo y no se nos ocurre sonido más apropiado para sonar en vinilo que un trío de Hammond. Además, el lanzamiento de este vinilo ofrece un paralelismo muy nostálgico con el álbum de Silver Geishas que publicó el sello hace poco en cassette, un paralelismo que nos retrotrae a otras épocas donde el sonido en nuestros equipos caseros dependía del estado de las agujas o de los rodillos del cassette pero que, en el fondo, tenía algo más de transgresor que la limpieza del CD. El vinilo es el medio perfecto para disfrutar de esta Allegoria llena de temas especulativos, improvisaciones intensas y, sobre todo, el sonido personal de Txema Riera.


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* Web: www.underpool.org/releases/allegoria-txema-riera

BLUES DEL SIGLO XXI

JEFF COSGROVE, JOHN MEDESKI, JEFF LEDERER,
History Gets Ahead of the Story (Grizzley Music, 2020)

Lo que comienza sonando como un blues flotando sobre un trío de guitarra y órgano, deriva en momentos atonales y free. El que avisa no es traidor. El disco protagonizado por el trío del batería Jeff Cosgrove, con el gran John Medeski (Medeski, Martin & Wood) al órgano y Jeff Lederer  (Matt Wilson Quartet) en los saxos y la flauta, es un potente experimento en el que el pasado suena a través del tamiz del siglo XXI con grandeza y, sobre todo, como buen blues, con sentimiento. La excusa, un homenaje a su compañero, el compositor William Parker.

Cabe destacar que es la primera grabación de la música de Parker sin que suene su bajo. Cosgrove ha arreglado y rediseñado el sonido de estas composiciones para un trío de órgano, saxo y batería. Pero Parker no es un compositor del siglo XXI. Su carrera se extiende a través de varias décadas desde que en 1973 formó The Music Ensemble, pasando por su proceso como músico experimental, su evolución, y sus últimas grabaciones, como Flower In a Stained-Glass Window (Centering Records, 2018), escrita en homenaje a Martin Luther King Jr. para 35 artistas entre músicos, actores y cantantes.





Foto: Joe Crocetta
Como se puede escuchar, el álbum es una versión más accesible de la música de William Parker, pero también una versión no exenta de riesgos. El sonido del blues en el órgano de Medeski va más allá de lo que le hemos escuchado antes y en los saxos de Lederer sigue viva esa rabia de Parker. Es difícil repetir o reproducir lo experimental, pero temas como "Wood Flute Song", sería otro buen ejemplo del disco, con esa percusión intensa, (aparentemente) errática, obsesiva, que Cosgrove revive tan bien aquí, patrones móviles de un avant-garde que va más allá del jazz y de la fusión, porque forma parte del espíritu y conecta directamente con el de los que escuchan. Intensidad, expresión y un virtuosismo cercano a una belleza convulsa son las señas de History Gets Ahead of the Story

Una puerta a la música de un compositor desconocido en España pero que también se puede escuchar como una obra autónoma. Pruébenla, si se atreven, sientan, disfruten y entiendan.

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* Web: jeffcosgrovemusic.com

NEW ADVENTURES OF KILLER B3

AKIKO / HAMILTON / DECHTER, Equal Time (Capri, 2019)

Hay dos instrumentos que aportan una especial vitalidad al swing. Uno de ellos es el vibráfono; el otro, el órgano. El Hammond B3, llamado a veces Killer B3 y también La Bestia (The Beast), además, tiene ese vibrato que da una emoción única a los solos, añadiendo intensidad en alto grado. Pero para tocar el Hammond hay que tener todo eso (vitalidad, emoción, destreza para sus dos teclados y todos sus pedales) y la organista Akiko Tsuruga lo tiene. Si además, la escuchamos en el trío clásico de órgano, con un guitarrista comprometido con el ritmo como Graham Dechter y una máquina rítmica como es Jeff Hamilton, tenemos jazz al mejor nivel y, por supuesto, el placer está asegurado.

Es un trío compacto. Creo que con esto lo podríamos decir todo, pero un álbum para disfrutar tema a tema, moviendo los pies sin querer y disfrutando de cada momento. ¿Qué pueden esperar de Equal Time? Improvisación y ritmo. El trío de órgano es una formación que no necesita contrabajo y que tiene en la mano izquierda del teclista todo el poder para arrastrar a la banda y elevar el groove. En las manos de Akiko hay temas que fluyen como si llevaran años tocándolos juntos.


Por ejemplo, la versión del "Moment's Notice" de Coltrane suena más compleja si cabe que la original, con ese toque de blues que tiene el Hammond B3, con un empuje enorme pero tan fresca como hace 62 años, cuando apareció, quizás gracias a la velocidad de Hamilton en los platos y la manera en que Dechter lleva la melodía en la guitarra cuando le toca. Podría ser un buen tema para definir el álbum completo.

Pero hay otros temas que justificarían también un listado de elogios importante. Nos paramos a escuchar, por ejemplo, "Osaka Samba", una composición donde la japonesa (natural de Osaka) recurre a influencias ¡brasileñas! con solvencia, con un Hamilton fantástico en las escobillas, un temazo con un ritmo festivo que también tiene la versión de "I Remember You", con una Akiko claramente influenciada por el que fue su maestro, Dr. Lonnie Smith.

En general y aunque el ritmo mande en todo momento, hay un liderazgo evidente del Hammond en todo el disco (desde el blues inicial "Mag's Groove", compuesto por Akiko) y, en consecuencia, de toda la experiencia previa de la organista con Dr. Lonnie Smith y con Lou Donaldson, por citar dos grandes en la carrera de la japonesa. Ritmo, ritmo, ritmo. Sin embargo, deteniendo el tempo (los tiempos lentos también son ritmo), escuchamos la balada "Lion's Gate", donde Dechter modela la melodía con sensibilidad alternándose en una poética conversación con el órgano llena de delicadeza y notas puestas en su sitio exacto, algún retazo de blues y mucha, mucha emoción. El trémolo del Hammond es aquí estremecedor.

El final del álbum es una frenética versión del estándar de Steve Allen "This Could Be the Start of Something Big", donde el trío arma a toda velocidad melodía y ritmo, con solos que se suceden sin intervalo y dejan la sensación de que los músicos llevan más tiempo tocando juntos del que realmente llevan.

Les dejo esta versión en vivo (ligeramente más acelerada que la del disco) de "Moment's Notice". Que ustedes lo disfruten.


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* Web: https://caprirecords.com

BUENAS VIBRACIONES

THE SOUL JAZZ BEAT vol. 2 (Sweet Records, 2016)


Continuando con el proyecto iniciado en el volumen 1, el trío formado por el guitarrista Telmo Fernández y el organista Phil Wilkinson (ahora con Caspar St. Charles en la batería) regresan cargados de buenas vibraciones y un contagioso sentido del soul jazz. Diez temazos que respiran funk con alma de jazz, diez temazos que nos devuelven el espíritu del trío clásico de órgano de la época del hardbop.


Lo cierto es que ha sido poner el disco en el coche esta mañana y el día ha cambiado de color. El trío destila energía positiva, un groove espectacular y contagioso, con ese acento oscuro y siempre espiritual del órgano, que es casi una voz humana y que Wilkinson interpreta de una manera electrizante, cantabile pero con mucho soul; con un Caspar St. Charles incansable en la batería, soportando el ritmo exigente con versatilidad y un sonido preciso; y la siempre poética intervención de la guitarra, el contraste ideal para el órgano, como un dúo de voces, alto y bajo, chico y  chica, con un Telmo Fernández muy funky pero colorido y expresivo; un esquema de trío ahora poco habitual pero que nos devuelve a una época fabulosa, la del hardbop, la del soul jazz, cuando guitarristas como Kenny Burrel, Grant Green, Wes Montgomery... tocaban con organistas como Jimmy Smith, Rhoda Scott, de quien ya hablamos una vez a propósito del Hammond B-3 o la mujer de Stanley Turrentine, Shirley Scott (que no tiene ningún parentesco con Rhoda).
 

Los temas del álbum han sido compuestos por Fernández ("Chicken Fingers", donde se guarda un solo fantástico, y "Pot Pie") y Wilkinson ("3 pesos" y el tema que cierra el álbum, "Vagabond Blues", donde el grupo alcanza su grado máximo de intensidad, en especial el órgano), temas a los que hay que añadir una serie de versiones que van desde Hugh Masakela, Roy Brooks... a Stevie Wonder ("Uptight", todo un subidón en el clímax del álbum). Una gozada de disco en el que, por último, habría que dejar constancia (para los coleccionistas y para los fetichistas) de que el diseño del álbum es una maravilla, con un grafismo retro muy logrado a cargo de Rafa Pasadas y Rocío Alen. Además, la etiqueta del CD imita los surcos de un vinilo de 5 pulgadas.

Video promo:



Así suena el tema que abre el disco:



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* Web de Sweet Records: www.sweetrecordslabel.com

** The Soul Jazz Beat en facebook: www.facebook.com/The-Soul-Jazz-BEAT-514576768602378/

*** Foto de Telmo Fernández por Rafa Pasadas: www.rafapasadas.com

**** Foto de Caspar St. Charles por Neil Cutler: www.neilcutler.com

***** Foto de Phil Wilkinson por Jordi Sunol.


Conoces el libro?


TELMO FERNANDEZ ORGAN TRIO

The Soul Jazz Beat vol. 1

* Telmo Fernández, guitarrista gallego con acento de blues, nos presenta el primer disco de su Organ Trío, en el que comparte groove con Phil Wilkinson (órgano) y José Luis Gómez (batería), un proyecto titulado, The Soul Jazz Beat Vol. 1 (Freecode, 2015) que incluye diez temazos capaces de devolvernos a esa época gloriosa de la explosión del jazz soul (versiones de Horace Silver, Lou Donaldson...) más alguna composición original. Para ponerse a bailar.

¿Le damos al play?


Las comparaciones son odiosas (dicen) pero hay que comentarlo: ante un trío con órgano y guitarra eléctrica uno espera, indefectiblemente, algún tipo de herencia del tándem Jimmy Smith/Wes Montgomery, pero no es el caso. En primer lugar, porque Telmo Fernández (al que conocimos haciendo dúo con Marcos Pin en Take A Second) es un guitarrista más bluesero que Montgomery, con un toque más agresivo, muy dentro de la tradición sureña y en la estética sonora del blues (más visceral), esa de los viejos guitarristas americanos del Delta (y también del rock serio). En segundo lugar, porque el órgano, en las manos del inglés Phil Wilkinson (Will Bernard, Ernesto Aurignac, Larry Correll) es un elemento de soul, muy negro, muy temperamental, absolutamente fuera del tiempo y de las modas por las que pasó Smith. La mezcla es una especie de fiesta negra con músicos blancos.


Decir soul jazz, por poner una etiqueta, es quedarse corto. En los 10 temas del disco hay reminiscencias de rhythm & blues, hardbop, soul, sonido Philadelphia, blues... y de músicos como Georgie Fame, Rhoda Scott, B.B. King e incluso algún recuerdo a aquellas sicodélicas e inspiradas colaboraciones de McLaughlin y Santana a principios de los 70 (cuando hacían "Afro Blue" y "A Love Supreme"). Inspiración, libertad y virtuosismo son las señas de identidad de este Telmo Fernández Organ Trío featuring Phil Wilkinson, un nombre enorme con el que Telmo Fernández rinde con elegancia parte del protagonismo al teclista. Porque otra de las etiquetas del disco es la elegancia. El órgano, por supuesto, es también un elemento del blues, pero su lament, como lo etiquetan los americanos, siempre mantiene un tono educado, un llanto sin estridencia que el vibrato ensalza en toda su belleza.

Entre los temas del álbum hay pocos standards, aunque sí temas de músicos conocidos, como Lou Donaldson ("Snake Bone"), Horace Silver ("Cool Eyes") o Freddie Roach (recordado aquí en su festivo " Brown Sugar"), además de tres temas originales, el funky "Tooty Booty", compuesto por Fernández y Wilkinson, uno del teclista, absolutamente pegadizo y muy en la línea de Donaldson, titulado "Blues for Someone", y un tema original de Telmo Fernández ("Lennis") que habrán escuchado si han pulsado en el reproductor de más arriba. 

Para gozar en toda su plenitud de las improvisaciones y del ambiente del álbum, aquí les dejamos un tema en directo, grabado en Jazz Filloa: "A Smooth One" (compuesto por  Benny Goodman).



Web oficial: www.reverbnation.com/telmofernandez

 

 

FATS WALLER CON OTROS OJOS (Y OÍDOS)

ACORDES Y DESACUERDOS (XII)


No nos cansamos de repetir que la sonrisa de Thomas 'Fats' Waller eclipsaba su genio. Pianista virtuoso (pocos saben que gustaba de interpretar a Bach en el órgano de iglesia), gran intérprete (sus improvisaciones eran fruto de concienzudos ensayos) y muy prolífico, Fats merece más de un desagravio. Nosotros nos hemos limitado a recoger opiniones, aquí y allá, para compensar el daño que su teatralidad infligió a su desbordante creatividad.



Las que siguen son anécdotas y testimonios extraídos del libro de Leonad Feather The Jazz Years. Todas tratan de Fats Waller. Prometo una selección acerca de Feather cuando termine la lectura. 

I. 
Leonard Feather: Yo había oído rumores de que Fats grababa con la ayuda de una botella de ginebra a cada lado del piano. El mito no tardó en desvanecerse: sus exigencias, constaté, eran una chica despampanante a un lado y una botella de brandy al otro. 

II.
En su primera visita a Nueva York en 1935, Leonard Feather encontró a Fats Waller ensayando en el estudio con un piano vertical verde. "En aquel tiempo, tanto las big bands como los pequeños combos eran considerados como música de swing; la improvisación era frecuente en todos los grupos", cuenta Feather. Waller tenía un pequeño combo y su música se oía desde fuera del estudio. Cuando llegó al final del arreglo, se detuvo y los saludó. Dijo que estaba trabajando en un nuevo solo. "Pronto me di cuenta", afirma Feather, "de que había mucha menos improvisación en su música de la que yo habia pensado.".

III.
Agosto de 1938. Londres. Fats Waller tiene una sesión de grabación en los EMI Studios (no se llamaron Abbey Road hasta la publicación del álbum de The Beatles) para el día 21. Debido a una normativa proteccionista, no ha podido traer a sus músicos americanos. Leonard Feather trata de reunir una jam band para la grabación. El nombre del trombonista George Chisholm parece imprescindible, pero está de luna de miel. A pesar de ello, lo telefonean. La conversación, según Feather fue más o así:

-George, realmente te necesito para una sesión de grabación.
-Lo siento, tío. ¡Imposible! Estoy en mi luna de miel.
-George, es con Fats Waller.
-Ah... Déjame mirar los horarios de trenes. ¿A qué hora empezamos?

IV.
Fats Waller, hijo de un pastor baptista, tocaba el órgano (de iglesia) y, cuando tuvo edad suficiente, se buscó la vida, entre otras formas, tocando el órgano en las salas de cine mudo. Lo cuenta así:

Yo estaba tocando el órgano en uno de esos locales de cine mudo de Harlem, y estarían proyectando una escena de muerte en la pantalla, y como algo habitual, yo cogía una botella y comenzaba a tocar swing al ritmo de "Squeeze Me" o "Royal Garden Blues". Los propietarios solían pedir disculpas pero, mierda, ¡nadie podía pararme!

Fats divertido, Fats bebedor, Fats músico, Fats siempre sabe a poco y siempre apetece volver a poner sus discos desde el comienzo. Por si se han quedado con ganas, aquí les dejo un video. Fats Waller fue, al fin y al cabo, uno de los primeros artistas en aprovechar las ventajas promocionales de los soundies, los primeros video-clips. En este, en particular, podrán escuchar "Ain't misbeheavin" seguida de las opiniones de Chick Corea acerca de las bondades de Fats como compositor y como pianista, y acerca de su influencia en pianistas posteriores como Art Tatum.


CUANDO EL JAZZ ERA DIVERTIDO

Una introducción a Fats Waller en imágenes

Cuando algún amigo o algún profano que no alcance tal distinción me pide que le sugiera un músico para introducirse en "esto del jazz" siempre me enfrento al mismo problema: el tamaño de las discografías. Prefiero recomendar un disco en particular. ¿Un músico? La mayoría, salvo los casos de vidas/carreras truncadas como las de Clifford Brown, Lee Morgan, Fats Navarro..., ha tenido una carrera tan dilatada que hay que escuchar sus discografías por periodos.

A todos los músicos de jazz se les puede empezar a amar a través de un buen disco, pero hay otros músicos a los que se les reconoce inmediatamente por uno o dos temas esenciales, milestones de su carrera que no han podido superar o que se les han pegado al zapato sin solución. Uno de ellos es Fats Waller, reconocible a distancia por su forma de cantar y por algunos temas que han pasado al repertorio popular de forma indeleble: Honeysuckle Rose, I ain't got nobody, Lulu's back to town, Your feet's too big, The joint is jumpin, Ain't Misbehavin'... con su orquesta Fats Waller & His Rhythm, que perpetuó con músicos como Benny Carter, Jack Teagarden...

A mi amigo le he regalado una recopilación llamada Fats Waller: The Centennial Collection. Fats es de los pocos músicos de los que puedo recomendar una recopilación. No me gustan los 'greatest hits' porque prefiero degustar los temas en su medio ambiente natural: los álbumes. Sin embargo, las canciones de Fats Waller (grabó más de 500 y siempre en singles) sí son susceptibles de ser recolectadas y coleccionadas. Este disco en particular tiene el añadido de un DVD en el que podemos ver sus videos promocionales, verdaderas joyas primitivas que nada tienen que envidiar a los video-clips que se hacen hoy en día. Estos llamados soundies lo tienen todo: argumento, coreografía y un buen montaje. Lo dicho, nada que envidiar.

Entre los soundies podemos ver Ain't misbehavin, The joint is jumpin y el divertido Your feet's too big, además de un montaje de dibujos animados sobre este último tema, realizado en los 80 por Nancy Beiman, divertido pero que no consigue superar al video original con Fats y sus actores.

Añado que no está nada mal la restauración de los temas, en los que casi no se notan las deficiencias de las grabaciones de los 30 y los 40 (Fats murió en el 43) y que se han incluido temas de piano en los que Fats no canta, un solo de órgano (el instrumento que Fats siempre reconoció que amaba por encima de su música comercial) llamado Beale Street Blues con la voz de Alberta Hunter, una discografía y un libreto breve pero muy interesante sobre el que en algún lugar han rebautizado como el Rey Bufón del Jazz.




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* La fotografía es del soundie de Ain't misbehavin (1941) incluido en el DVD.

** Más información sobre las apariciones de Fats Waller en el cine:

http://www.weirdwildrealm.com/f-fats-waller.html

*** Nancy Beiman Animation: http://www.beimanimation.com/

RHODA SCOTT + KENNY CLARKE

Los milagros del Hammond B-3

Cuando Laurens Hammond comercializó su primer órgano eléctrico en 1935 (el modelo Hammond A) ya hacía diez años que Fats Waller había usado el órgano de tubos para hacer jazz. Sin embargo, la intención original de Hammond no era la de crear un órgano para la música popular sino la de fabricar un instrumento que pudiera sustituir a los órganos de iglesia, grandes, caros de mantener y complicados de afinar. Tardaría 30 años en darse cuenta de que sus principales clientes eran bandas de rock’n’roll, rhythm & blues y jazz.

Aunque en un principio se dejó de fabricar en 1955, la popularidad del Hammond B-3 lo ha hecho pervivir hasta nuestros días y lo ha convertido en el órgano más usado de todos los tiempos, sobreviviendo a la llegada de instrumentos electrónicos más sofisticados, que incluían chips de memoria con melodías y arpegios pregrabados. ¿El secreto? La excitante sonoridad del B-3 se debe al efecto vibrato, que lo hace inigualable, y a ese efecto chorus, capaz de sonar como un órgano de tubos. Ambas características dotan al instrumento de un sonido “propio” e identificable.

Si Fats Waller introdujo el órgano en el jazz, Jimmy Smith lo elevó al trono de los instrumentos solistas con su espectacular forma de tocar. No hay ejemplo más evidente para poner nombre al B-3 que Jimmy Smith, pero gracias a Dios (el Dios del Jazz es benévolo y pródigo) su carrera ha tenido continuación en nombres brillantes como Joey de Francesco, Lou Bennet, John Medeski... o, por citar músicos españoles, Mauri Sanchís y Albert Sanz. Mi último descubrimiento detrás de un Hammond es Rhoda Scott. La acabo de pillar con las manos en las teclas.

No conocía a esta teclista nacida en New Jersey en 1938, pero por opiniones de amigos me entero de que es la sucesora de otra Scott, Shirley. Rhoda Scott, Shirley Scott. Simple coincidencia de apellidos y de virtuosismos a las teclas de un Hammond. Rhoda, que es la que suena ahora mismo en mi equipo de música, es una jazzwoman que domina los recursos armónicos y rítmicos del B-3 con una delicadeza increíble. Consigue abusar del vibrato sin romper la fluidez rítmica de los temas, que funcionan como una locomotora en plena carrera, llenos de adrenalina pero sin estridencias.

Nos hemos conocido gracias a uno de los últimos discos que he añadido a mi colección: Rhoda Scott + Kenny Clarke, de la colección Jazz in Paris de Gitanes, una grabación de 1977 que explica claramente el peso que un órgano puede tener en un combo de jazz: lo es todo, puede suplantar a casi todos los instrumentos y, como en este caso, sólo necesita la percusión para conformar un conjunto sonoro completo, cosa curiosa porque precisamente el Hammond B-3 es el único órgano de su familia que incluye acompañamiento de percusión, pero ¿quién renunciaría a tener a Kenny Clarke a la batería? Fue nominado entre los 5 mejores “baterías acompañando a un órgano” (Nominee in the category of the best “Organ drummer”, que dicen los americanos). La grabación incluye nada más y nada menos que nueve temas mano a mano, Scott y Clarke, órgano y batería, una combinación explosiva que alrededor de baladas impresionantes como It’s impossible y de fuegos artificiales del tamaño de Satin doll, y que es capaz de colorear de sonoridades nuevas a standards como On Green Dolphin Street o Now’s the time. Para enmarcar.