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DOS PERSPECTIVAS DE RASMUS SØRENSEN

RASMUS SØRENSEN, Traits (April Records, 2024)
RASMUS SØRENSEN with ALEXANDER CLAFFY 
& KENDRICK SCOTT, Balancing Act (April Records, 2024)

El joven pianista danés Rasmus Sørensen publicó en marzo dos álbumes distintos el mismo día, uno grabado en Dinamarca y otro en los Estados Unidos. En ambos se perciben su creatividad sin miedo, fruto de la juventud, y su inquietud por encontrar una voz propia. Nacido en una familia de músicos y criado en el medio rural en el norte de Dinamarca, se mudó a Suecia para estudiar un programa de jazz en la Skurups Folkhögskola con 19 años.

Haciéndose un hueco como pianista, compositor e improvisador, Rasmus Sørensen empezó a trabajar como profesional en Copenhague durante un año para después marcharse a Nueva York para estudiar becado en la Escuela de Música de Manhattan, donde ha tenido profesores como Stefon Harris, John Riley, Lenny White... y donde ha tocado en lugares tan prestigiosos como The Jazz Gallery, Smalls Jazz Club, Mezzrow, Cafe Bohemia, 55 Bar y Ornithology Jazz Club. No es poco.

Hablemos de Traits. Cronológicamente es el primero de los dos álbumes. Fue grabado en el FinlandStudio, de Aarhus (Dinamarca) los días 16 y 17 de agosto de 2021 con Rasmus Sørensen al piano, Jon Henriksson al contrabajo y Francesco Ciniglio en la batería. Lo primero que percibimos en la escucha es un pianista con un fraseo potente y personal, juegos armónicos y mucho color, tanto en su manera de esbozar melodías a medias para crear tensión como cuando el ritmo exige largos discursos y progresiones de acordes. Con ese aire meditativo de los pianistas escandinavos, el setlist suena inspirador en todos sus temas, especialmente en el juego de tensión que mantiene todo el tiempo en el diálogo con sus músicos, da lo mismo que sea una composición íntima o que sea un tema festivo y rítmico ("Octagon"). Una vez escuchado el disco, Traits deja la sensación de una ambiciosa obra de juventud, un disco de debut que cumple todas las espectativas.

Balancing Act marca diferencias sutiles pero importantes. Grabado en Nueva York en 2023 con músicos americanos (Alexander Claffy al contrabajo y Kendrick Scott en la batería), contiene menos composiciones (la mitad que Traits) e incluso se permite versionar temas ajenos. El colorido cambia y el ritmo también. Scott y Claffy apelan a la tradición y Sørensen se une con maestría. Aquí las frases del piano son más largas y elaboradas, hay menos introspección y un virtuosismo más patente, especialmente en el piano de cola. Es un disco más americano en todos los sentidos, y lo sorprendente es la habilidad de ese Sørensen intimista y escandinavo para ponerse a la altura de las circunstancias. Lo logra con pericia, adaptándose al swing de sus músicos (dos grandes descubrimientos para este que escribe) con una gran intuición, imprescindible porque el disco fue grabado en una sesión de cuatro horas, sin ensayos y sin que los tres músicos hubieran tocado anteriormente juntos.

En Balancing Act las composiciones de Sørensen destilan ese aire neoyorquino del que hablamos (mención especial para la deliciosa "Blissful Ignorance"), pero también hay versiones, como la inicial "Is That So?" de Duke Pearson con la que inaugura el disco a todo tren, "Everything I Love" (Porter/Glover) y una versión de Coltrane ("Mr. Day"), donde despliega toda una serie de recursos que dan como resultado un tema espectacular. 

Joven, visionario, con un lenguaje moderno pero accesible, Rasmus Sørensen es un pianista emergente a tener en cuenta. 

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* Web oficial: www.rasmussorensen.com

HAPPY BIRTHDAY, SONNY

El colosal 7 de septiembre

A las viejas glorias sólo se las suele recordar cuando fallecen. En ese momento, a todo el mundo le gustaba aquel músico o tenía en su casa discos (que hace años que no pone) del mismo. Esto debería estar prohibido. En Londres hay, incluso, una normativa que prohibe levantar momumentos a cualquier personalidad antes de que hayan pasado 20 años de su fallecimiento. Pero cuando alguna de esas "viejas glorias" lleva iluminando el mundo que nos ha tocado escuchar desde su primera actuación en 1947, merece la pena celebrar cada uno de sus cumpleaños. Sonny Rollins alcanza hoy la cifra de 93 veranos. Nosotros tuvimos la suerte de escucharlo en vivo en Sevilla cuando contaba ya con 77 y podemos decir que fue un encuentro realmente memorable.

No queremos hacer una reseña demasiado amplia porque el tecleo nos impide escuchar la música y hay ocasiones en que merece la pena dejarse hipnotizar. Sonny Rollins nació, para nosotros, en la gloriosa época del bebop, creció con el hardbop, hasta convertirse en la principal influencia (Trane aparte) de los saxofonistas tenores de las seis décadas posteriores. Comenzó trabajando con Bud Powell, Fats Navarro, Tad Dameron, Miles Davis... Una gran escuela. En 1962, tras un misterioso retiro voluntario, regresó con el gran The Bridge (Bluebird, 1962). 

Pero, ¿es realmente necesario hacer una semblanza de Sonny Rollins para apreciarlo?

Si tuviéramos que elegir un disco suyo para llevarnos a una isla desierta, un solo disco, seguramente haríamos trampas y comprimiríamos en mp3 algunos de sus álbumes para que cupieran en un solo disco, y con la misma seguridad podríamos afirmar que ese CD incluiría el glorioso Saxophone Colossus (Prestige, 1956), el magnífico Tenor Madness (que grabó el mismo año con Coltrane) y la deliciosa banda sonora de Alfie (Impulse, 1966), la cual, sin ser una obra maestra, tiene la capacidad de seducirnos y tenernos tarareando durante días.

Hoy es 7 de septiembre, es su cumpleaños y toca escuchar algún disco de Rollins por si, en alguna de sus improvisaciones, como a él le gusta hacer, introduce alguna frase de "Happy Birthday". Si no cae, al menos conformémonos con este contundente vídeo.




* Foto de John Abbott.

LO INMARCESIBLE

JAVIER LÓPEZ JASO, Zimelezin / Inmarcesible 
(Errabal Jazz, 2023)

Hay artistas que no se pueden separar de sus influencias como hay músicos que no se pueden apartar de la tradición de la que proceden. Es el caso del acordeonista Javier López Jaso. En su nuevo disco están patentes sus raíces musicales, tanto jazzísticas (de Piazzolla a Coltrane) como folkóricas. A lo largo de los 9 temas de esta grabación, López Jaso compone nuevas melodías, arregla temas conocidos y acerca a la estética del jazz melodías tradicionales vascas. Sus amigos en este viaje tan personal son Mikel Andueza (saxo), Marcelo Escrich (contrabajo) y Daniel Lizarraga (batería). A cuarteto y con una energía inesperada, el disco comienza con un plato fuerte: un Andueza intenso flota sobre un colchón de swing que combina de manera excitante con la nostálgica melodía que Mikel Laboa puso al poema "Txoria Txori", a la que responde el acordeón elevando el tema al nivel de sentimiento. Los extensos fraseos del saxo y las respuestas del acordeón son de lo mejor del álbum. 


Entre los temas originales de López Jaso, destacaría "Recuerdos de infancia", con sus solos y los de Andueza, y su delicado final; el tema que da título al álbum ("Inmarcesible"), con ese inicio de contrabajo, su preciosa y lírica melodía y la complicidad entre acordeón y guitarra (el invitado Luis Giménez); la inspiración folk en "Axuri Beltza" y Zortziko"; el homenaje a Richard Galliano en "Onaillag", no solo en el juego de palabras, y a Egberto Gismonti ("Frevo") con un insólito toque brasileño en el acordeón... Como un momento único en el disco, hay que remarcar el nivel que alcanza el mítico tango "El día que me quieras" de Gardel en las voces de Andueza y López Jaso durante casi cinco gozosos minutos.  Y, por supuesto, la versión de "Giant Steps", donde López Jaso entra a saco haciendo el papel de Coltrane, una forma espectacular de cerrar el disco.

El acordeón de Javier López Jaso es un referente en el panorama musical nacional (no solo jazzístico), gracias a sus múltiples proyectos (solo, a dúo con David Johnstone o Marcelo Escrich, trío, cuarteto...), con discos recientes como Aporia (Javier López Jaso & Marcelo Escrich Quartet) y Artze (HUTSUN + JEL Trío). de los que hemos hablado antes en este blog. Formado en el Conservatorio Superior de Música Pablo Sarasate de Pamplona, estudió posteriormente en el Conservatorio Paul Dukas de París, consiguiendo premios de fin de grado y, más tarde, premios dedicados al acordeón en España y Alemania. En solitario, ha dado conciertos en diferentes festivales y países, y ha sido solista en diversas orquestas (Vogtland Philarmonie, Orquesta Sinfónica de Navarra, Orquesta de Cámara Amalur, Camerana Cambrensis, Orquesta Sinfónica de La Rioja, Banda Municipal de Bilbao…). En el ámbito jazzístico, ha participado en todos los festivales importantes de nuestra geografía y ha tocado con personalidades tan diversas como Jorge Pardo, Catalín Bucataru o Mikel Gaztelurrutia. Pero lo interesante realmente es su versatilidad y la manera en que arranca arte y sentimiento a un instrumento que puedo llegar a sonar estereotipado en otras manos y que, en las de Javier López Jaso, derrocha lirismo y elocuencia. 

* web: www.javierjaso.com

TOCAR AL RITMO DEL MAR

EVA ALCAIDE QUINTET, Dive into the Sea 
(Errabal Jazz, 2022)

Nos gusta escuchar a instrumentistas como la guitarrista madrileña Eva Alcaide, precisa, con un discurso versátil y limpio, una instrumentista como muchos otros formados en conservatorios que, en un momento dado, ponen su virtuosismo a favor de la síncopa, del swing... y acaban presentando su trabajo de debut nada menos que en el Festival de Jazz de San Sebastián (ahora resumido más comercialmente como Jazzaldia).

Eva Alcaide se sumergió en el jazz en la Escuela de Música Creativa (Madrid), hizo el grado superior en Musikene (San Sebastián) y un máster en el Royal Conservatoire of Scotland (Glasgow), un recorrido vital (y musical) que puede sonar breve pero que implica mucho trabajo y una voluntad de perfeccionismo que se puede escuchar en sus temas.

Los temas de Dive into the Sea se mueven intencionadamente con esa cadencia de ida y vuelta que tienen las olas del mar, con estructuras musicales ondulantes y bien calculadas. Alcaide se expresa con un lenguaje sutil y, a menudo, meditativo. En la mayoría de los temas, comparte protagonismo con el pianista Jorge Fernández (No-Land Trio) con raras excepciones, como el curioso caso de "The Peacocks", uno de los dos temas del álbum no compuestos por Eva Alcaide, un tema escrito por un pianista (Jimmy Rowles) en el que la guitarra es protagonista absoluta. 

Foto: Hugo Alcaide (fuente: Facebook)

En otros momentos, es la voz de la duranguesa Irati Bilbao la que comparte protagonismo con Alcaide. Bilbao es una cantante que suena como un instrumento ("Fresh Start", por ejemplo), llena de ritmo y color, y que aporta ese toque clásico de los unísonos voz/guitarra, tan excitantes.

Artífices del sonido fluido y estimulante (dentro de los ritmos calmados de este disco) son también los miembros de la sección rítmica del cuarteto: el bajista Carlos Montulluno de esos bajistas que parecen cantar en sus solos, y el baterista Aitor Bravo (Triology, No-Land Trio, Jerónimo Martin). 

Cabría destacar, además de la solvencia de Alcaide como instrumentista y como compositora, su juventud, confirmada por el hecho de que este cuarteto se formó para su trabajo de final de máster y ha culminado en un disco muy sólido y grato de escuchar, con temas propios y dos standards entre los que escuchamos también "Naima" de Coltrane, pero eso es un asunto menor cuando lo que cuenta aquí es el lenguaje utilizado y la brillantez conseguida. 


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JAZZ EN GLORIOSO VINILO

Planeta DeAgostini, Lo mejor de Blue Note en vinilo (2019)

En esta época de sabia nostalgia que vivimos (quizás porque lo actual deja mucho que desear), nada tan fantástico como leer la noticia de que Planeta DeAgostini anuncia una colección de discos de jazz, pero no una cualquiera sino una colección con lo mejor de Blue Note en vinilos de 180 gramos (los que amamos los vinilos sabemos lo que significa 180g), con sus diseños originales (portada, contraportada, etiquetas...), un lujo que ya he tenido el placer de probar y que me devuelve el sabor del primer disco de jazz que compré (otro día contaré cuál fue), sensación que volví a tener cuando reemplacé mi tocadiscos (había muerto diez años antes y lo había enterrado en la buhardilla) por un giradiscos Sony con salida USB que permite lo mismo escuchar los vinilos por los altavoces que conectarlos al PC para grabar música o escucharla en el ordenador (el mío está conectado a unos enormes bafles Pioneer heredados de un equipo que poseí en los 90, aunque haber hay muchos más modelos en el mercado, incluyendo uno en maletín que algunos amigos más mayores que yo tenían en los años 80 (heredados de los 70)

Sean o no de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, estarán de acuerdo conmigo en que nada es igual desde que el vinilo dejó su reinado a los nuevos formatos. Nada como ese placer de poner la aguja sobre el disco, con ese ronroneo previo al primer tema, el sonido peculiar (y nunca igualado) del vinilo... y, sobre todo, ese gustazo de tener en las manos una portada de 12 pulgadas, con su foto en gran formato, su diseño... artes que estandarizaron de alguna manera los genios de Blue Note Reid Miles con sus revolucionarios diseños y Francis Wolff con sus fotografías para las portadas (de ambos hablamos cuando apareció el documental sobre Blue Note).

Interior del fascículo de presentación
Respecto a los fascículos, los que he tenido la oportunidad de ver están llenos de las fotografías de Francis Wolff, quien no solo fundó la discográfica sino que con sus fotos, como todo aficionado al jazz sabe, revolucionó las portadas y conttribuyó a crear ese arte único que es la Fotografía de Jazz. Sus fotos, además, documentan buena parte de la Historia del Jazz al inmortalizar las sesiones de grabación en las que los artistas de Blue Note crearon estos 80 años de buenos discos que ahora se pueden recuperar en glorioso vinilo. De esto hay mucho en los fascículos de la colección de Planeta.


Sobre la colección, he estado viendo que contiene joyas como el Speak No Evil de Wayne ShorterOur Man In Paris, la joya del exiliado Dexter GordonSpeak Like A Child de Herbie Hancock, Genius of Modern Music vol.1, que muestra los inicios del genio  Thelonius Monk o el provocador Let Freedom Ring de Jackie McLean... comenzando por el imprescindible Blue Train de John Coltrane... Vamos, lo mejor de lo mejor de Blue Note, lo esencial. Casi nada.


Así es la taza de la colección
Además, como soy un adicto a las tazas decoradas (tengo Beatles, Star Wars, Astérix...), me he enterado que existe la taza con el logo de Blue Note que ofrecen por suscribirse (hay que usar el código PROMOJAZZ al hacer el pedido en este enlace) y me ha parecido muy oportuno que, entre los regalos de la colección, incluyan algo tan imprescindible (y olvidado) como es un cepillo electrostático para tener los vinilos como el primer día. Qué recuerdos.


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* Toda la info aquí: www.planetadeagostini.es/coleccionismo/jazz-blue-note

VALENTINE

TRES HISTORIAS DE AMOR ALREDEDOR DEL JAZZ

Foto: Chuck Stewart
"Mi madre, Alice McCloud en esa época, estaba tocando con un vibrafonista llamado Terry Gibbs, y estaban haciendo un programa doble con el cuarteto de John Coltrane en el Birdland original de la calle 52, en Nueva York", explica Ravi Coltrane en el documental Chasing Trane (John Scheinfeld, 2016). Su hermanastra Michelle añade en el mismo documental: "Se vieron el uno al otro, y hubo un poco de... ya sabes. Hay una mujer joven aquí y ¡oh! es una pianista. John se quedó a escuchar un poco de su interpretación, y la admiró." Ravi sigue contando la historia desde el punto de vista de Alice: "Algo en ese saxo tenor cautivó su oído y, en algún momento entre los descansos de la banda, mi padre comenzó a perseguir a mi madre por todo el club con su saxo, así que le dio una serenata por todo el club".

La historia de cómo Coltrane y Alice se enamoraron nos viene al recuerdo para ilustrar un cuento en el que el Día de los Enamorados es algo más que "My Funny Valentine"... aunque al final terminemos escuchando por enésima vez la canción porque vale su apelativo de la Canción del Siglo XX. 

Las historias de jazz están llenas de paradojas, drogas, rabia, racismo, superación... y también amor. Historias más escabrosas que la de Coltrane nos muestran a un Lee Morgan asesinado a disparos por una mujer celosa, 19 de febrero de 1972. El lugar, el en el Slug Club de Nueva York. Entre pase y pase, Morgan discute con una novia a la que acaba de dejar. Al final de la noche, Morgan toca el último tema. La mujer vuelve a entrar en el club y camina con paso firme hacia el escenario, donde Morgan está tocando la trompeta, algo que hacía cada noche desde que grabó su primer disco con 18 años. La mujer se acerca al escenario y, sin pensárselo, dispara su 32 hasta que el trompetista cae muerto sobre las tablas.

Billie Holiday and Lester Young: 
A Musical Romance (1937-1941) 
(Columbia Records, 2002)
En una ocasión hicimos una (triste) lista de los hombres a los que amó Billie Holiday, una mujer pasional que nunca fue amada. Quizás el único hombre que la quiso de verdad fue Lester Young,  quizás la persona que mejor comprendió a Billie, y su más íntima y duradera relación. Se conocen durante una jam session con la orquesta de Fletcher Henderson y Young se queda a vivir en casa de la madre de Billie. Allí se conocen y surgen sus apodos. Lester la llama Lady Day y ella le pone el sobrenombre de Prez, alegando que es el Presidente del Saxo. Más tarde, en el tiempo libre que le deja la orquesta, Young acompaña a Billie en sus actuaciones, descubriendo que su tenor es la voz perfecta para acompañar a la cantante. Una de esas historias sin final. Porque Billi y Prez nunca llegaron a ser parejas.

Hay muchas más historias de amor en el jazz pero en esta música nacida de pasiones, los romances no son siempre pacíficos ni terminan bien. Por eso, mejor corramos un tupido velo y escuchemos algo de música. La melodía adecuada es...

Sí, Chet Baker interpretando "My Funny Valentine", un tema compuesto en 1937 por Rodgers & Hart para el musical Babes in Arms y que se ha convertido en un estándar de jazz por derecho propio (gracias a Chet, no a Sinatra). Que ustedes lo pasen bien este Día de los Enamorados (si es de los que guardan todo el amor para un solo día al año). 


My funny Valentine, sweet comic Valentine 
You make me smile with my heart
Your looks are laughable, unphotographable
Yet you're my favorite work of art 

Is your figure less than Greek? 
Is your mouth a little weak? 
When you open it to speak
Are you smart? 

But don't change a hair for me
Not if you care for me
Stay little Valentine, stay 
Each day is Valentine's Day

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* Hablamos de Chasing Trane hace unos meses:

* El (terrible) elenco de los hombres a los que amó Billie Holiday está en este artículo:

DESTELLOS

KEITH OXMAN, Glimpses (Capri Records, 2018)

"Keith Oxman ha aprendido a trabajar con un pie en el presente y otro en el futuro, al tiempo que se inclina fuertemente hacia el futuro", dice Benny Golson. Esta contundente frase del gran tenor de Filadelpia encabeza la nota de prensa que anuncia el nuevo disco de Keith Oxman, un saxofonista que aporta calidad y frescura a un tema que algunos modernos consideran conflictivo: mirar al pasado. Claro que Oxman, como bien dice Golson, no se queda ahí sino que bebe de la tradición para mirar al futuro.

Con este inconformismo musical y la calidez de su manera de frasear, Oxman practica un hardbop elegante, especulativo pero cálido con su cuarteto (Jeff Jenkins al piano, Ken Walker al bajo y Tood Reid a la batería), a los que se une el incombustible David Liebman en los saxos tenor y soprano. Admirador y estudioso, Keith Oxman admite haber repasado, escuchado y transcrito solos de Parker y Coltrane a lo largo de cuatro décadas. De alguna manera (y a otro nivel) hay mucho de Coltrane en las composiciones que Oxman ha grabado en este disco, pero esta inspiración coltraniana no es algo tan banal como unas versiones o unas transcripciones. Tiene que ver más con la inspiración y la personalidad (léase armonías, técnica, fraseo...) y para ello ha contado con una colaboración de lujo en el álbum, la de David Liebman, quien, después de más de 200 discos como líder, últimamente parece hiperactivo y omnipresente, apareciendo en muchas grabaciones que nos llegan. Liebman conoció a Coltrane y fue el punto de partida para dedicarse al jazz. Posteriormente, grabó homenajes personales a Trane como Homage To John Coltrane (Owl Records, 1987), Joy: The Music Of John Coltrane (Import, 2014), o con compañeros de lujo como Joe Lovano: Compassion: The Music Of John Coltrane (Resonance, 2017) o como Wayne Shorter en A Tribute To John Coltrane (Columbia, 1987). 


En el disco que nos ocupa, resulta brillante la conjunción de estos dos tenores (Liebman toca también el soprano en algunos temas), un tándem que no surge por casualidad. Ambos beben de Coltrane y de una época (no olvidemos que Liebman tocó con Miles, con Elvin Jones...), por lo que, como el título sugiere, hay destellos de mucha Historia del Jazz en algunos pasajes. Lo atestiguan los solos de "Trane's Pal", una composición de Oxman que alterna un chorus muy hardbop con solos inspirados y elegantes, que recuerdan a la primera época, la más bop, de Coltrane, aunque mi tema favorito es el pegadizo "Shai", también compuesto por Oxman, que lleva esta filosofía al máximo, con un estribillo adictivo, cercano al soul jazz o al funk si prefieren la definición, con una sucesión de solos afinados a la altura de un jazz que sólo parecía posible en la Costa Oeste en una época lejana y que hoy resulta inspiradora.  

Glimpses es un buen disco. Dejará satisfechos a los aficionados al jazz, aunque Coltrane es Coltrane y los reflejos son sólo eso, reflejos.



RENEGAR DEL JAZZ (EL JAZZ HA MUERTO)

ACORDES Y DESACUERDOS (XXVI)

Una noche en un teatro tuve la oportunidad de charlar con uno de esos músicos a los que se les llena la boca cuando pronuncian la palabra J-A-Z-Z, de los que escupen cuando hablan con vehemencia, de esos a los que el entusiasmo musical les hincha la vena del cuello, de los que creen que todos (todos) son enemigos del jazz (conspiracy theories). Pero cuando, en la misma conversación, era yo el que pronunciaba la palabra jazz, que antes parecía maravillosa, de repente sonó maldita y él, ofuscado, negó: "Yo no hago jazz. El jazz es una etiqueta (remarcando con asco la palabra "etiqueta"), si acaso música moderna improvisada".

No es el único al que le he escuchado renegar bien de las raíces negras del jazz o bien de los esquemas de décadas pasadas. El jazz es una música cambiante, de eso no hay duda, donde cabe todo, salvo beber de él y negarlo después. Recopilemos a continuación algunas frases que han quedado para la Historia.

Negación #1
Empezaremos con el siempre polémico (y contradictorio) Nicholas Payton, cuando afirmó que el jazz ha muerto dijo:
No puedo hablar por los demás, pero yo no toco jazz.


Negación #2
El propio Coltrane (véase el apasionado documental Chasing Trane), afirmó:
Yo no toco jazz, interpreto a John Coltrane.


Negación #3:
En una entrevista a El País durante una estancia en España, el multiinstrumentista Yusef Lateef renegó del jazz de la siguiente manera:
Yo no toco jazz, toco música autofisiopsíquica, que es la que brota del ser espiritual, físico y emocional. La palabra jazz es ambigua y carece de significado real.


Negación #4
Todos recordamos la frase inmortal de Nina Simone (y su carácter) cuando dijo:
Yo no hago jazz o soul... lo que yo toco es música clásica negra.


Negación #5
El también airado y bélico Miles Davis, tan cambiante y camaleónico, él que tantas veces defendió que sus fusiones y experimentos eran, por encima de todo, jazz, dijo una vez:
¡Yo no hago jazz, hago música social!


Negación #6 (y no menos contradictoria)
Incluso este que firma, al que se le siguen poniendo los vellos de punta con un buen solo, llegó a escribir hace 10 años en este mismo blog esta afirmación:
No me gusta el jazz.


EL ESPÍRITU DE COLTRANE SIGUE VIVO

Chasing Trane (John Scheinfeld, 2016)

Con unas metafóricas imágenes estelares creadas por ordenador, la batería de Rashied Ali y un conato de "Mars" (del álbum Interstellar (Impulse!, 1974) comienza una especie de medley, un breve intento de contagiarnos la nostalgia necesaria para ver este documental sobre John Coltrane. La aparición de este documento no es una revelación ni aporta excesivos nuevos datos sobre la música o la vida de este enorme saxofonista, pero nos recuerda que conviene revisitar a ciertos tótems de vez en cuando para no olvidar que el jazz es un camino y Coltrane una señal de tráfico imprescindible. Por si estas razones no fueran suficientes, aficionados y coleccionistas están de enhorabuena porque acaba de anunciarse la publicación de un disco inédito de Coltrane... 50 años después de su muerte.


Siempre he sostenido que la sombra de Trane ha aportado tanto al jazz como le ha perjudicado. Son muchos los saxofonistas (y no saxofonistas) que han malentendido el mensaje teórico de su música, del que sólo se les quedó grabada la extensión de sus improvisaciones, no el argumento que las motivaba. Me he encontrado en conciertos con tantos músicos que pensaban que hacer solos de 20 minutos era emular a Trane cuando, en realidad, improvisaban con una incoherencia que uno podía preguntarse si realmente habían estudiado música... Pero no hay que ser tan negativo porque, pensando en positivo, el jazz que escuchamos hoy día no sería el mismo sin la revolución coltraniana.


El documental, dirigido y escrito por John Scheinfeld, profundiza en esta revolución. Como todo buen documental, lo hace con abundancia de imágenes, entrevistas y opiniones, de familiares y músicos (Jimmy Heath, Benny Golson, Sonny Rollins, SantanaKamashi Washington...), como es natural, pero también de escritores, críticos y de saxofonistas (sí) como el ex-presidente Bill Clinton. Y también las del propio Coltrane (en la voz de Denzel Washington). 

Comienza por 1957, cuando el quinteto de Miles Davis representaba lo más nuevo, explorando la influencia de Miles en el un joven Trane recién casado con Naima, que ya tenía una hija, un Coltrane que intentaba ser padre en un mundillo, el del jazz, donde se suponía que las drogas eran el camino hacia la perfección. A pesar del alcohol y las drogas inyectadas, siempre fue muy espiritual, desde niño, ya que era nieto de dos pastores. El documental explora también esta faceta, imprescindible para entender sus motivaciones al componer. Como dice Sonny Rollins en el video, "Coltrane era celestial".


Ese era John Coltrane, el hombre que rezaba con el saxo, el músico que escribió esa oración enorme que es A Love Supreme. En este aspecto, recomiendo también (por interesante y por peculiar) el documental titulado Saint John Coltrane, en el que Alan Yentob, tomando como excusa el 40º aniversario de la edición del disco, explora la relación entre música y religión y su impacto en ciertas comunidades americanas, donde se considera a Trane como un santo, aunque como curiosa-curiosa y más enfática, la historia de La iglesia de John Coltrane, disponible en Youtube. Otra de las facetas imprescindibles para entender su música es la coincidencia de su discografía con el momento en que la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos se convierte en algo real.


Parece que Coltrane no fue un niño prodigio. Tardó en encontrar su camino. El documental recorre sus primeras formaciones (acompañó a  todo tipo de grupos, ganándose la vida y aprendiendo). Pero no fue Dizzy, su primer jefe en una formación con intenciones  quien tuvo más influencia en el desarrollo de su estilo personal, sino Miles. Quizás, más importante que un mentor, fue su capacidad de sacrificio, "espartana", según la descripción de Benny Golson... Pero, en mi opinión, el momento en que descubrió su verdadero camino fue cuando comenzó a componer, es decir, en la época de Giant Steps (Atlantic, 1960), estando aún en el quinteto de Miles.

Como muchos de los mejores músicos de jazz, Coltrane murió joven, a los 40, en 1967, lo que podríamos definir como la cima de su carrera si no fuera porque, en nuestro interior, sabemos que, de haber continuado con nosotros, habrían existido muchas más cimas.

Por último, me gustaría reseñar que el juego de palabras que sugiere el título (suena en inglés como "persiguiendo el tren") queda justificado en la última parte del documental, cuando conocemos a un japonés que lleva cuarenta años coleccionando discos y memorabilia de Coltrane. Dice que, cada año, emplea unos meses de su vida recorriendo el mundo, buscando recuerdos y comprándolos, "persiguiendo a Trane". En el fondo, todo aficionado serio (y también todo músico serio) persigue eso, la sombra de un creador infinito que, cosas del destino, muere joven y es, cincuenta años después de su muerte, más popular que nunca. Hay que ver este documental para entender por qué el espíritu de Coltrane sigue (y debe seguir) vivo en estos días de jazz convulso. 


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* Sitio oficial: www.coltranefilm.com

Para los coleccionistas (y para los coleccionistas perezosos) también se ha editado un CD que supone una recopilación de temas claves de Coltrane.

REPÚBLICA CROMÁTICA

El jazz de Manolo Valls Quartet

Experimentar a partir de la tradición. Esta parece ser la consigna del primer álbum como líder del saxo tenor Manolo Valls, un músico, docente y compositor valenciano con una carrera tan dilatada que abruma. Escuchado sin atención, República Cromática (Sedajazz Records, 2017) puede parecer un disco mainstream, incluso un disco fácil, pero una escucha atenta desvela en las composiciones de Valls trazas de Mingus, de Monk, sutiles referencias al blues y al free jazz, a Charles Lloyd, y algún aire coltraniano. Como en el caso de los medicamentos o de los alergenos en los productos de alimentación, esto está debidamente advertido en la etiqueta. 

Formado en el Casino Musical de Godella y tras pasar por infinidad de formaciones de jazz, Valls es profesor de saxofón, iniciación al jazz, lenguaje musical y música de cámara en el Conservatorio Profesional “Pintor Pinazo” y director de la Big Band Casino Musical. Su cuarteto, formado en 2016, reúne a Iván Cebrián (guitarra), Oscar Cuchillo (contrabajo) y Rubén Díaz (batería); una formación que recuerda al cuarteto de Sonny Rollins, con esa versatilidad y frescura que da la guitarra al cuarteto sin piano. 

Foto: Antonio Sambeat

Manolo Valls es uno de esos tenores de fraseo inspirado. Uno no sabe si está improvisando o ha escrito la partitura con ese nivel de complejidad. Tiene frescura a pesar de dedicarse a la enseñanza (ya sabemos que tanto la rutina como un exceso de teoría debilita la inspiración) y muy buen gusto al elegir las influencias con las que dar color a su música. Del disco cabría destacar no un tema sino la homogeneidad resultante a pesar de la variedad de influencias.

Foto: Juan Ferrer
El disco comienza con "Nerjita", animado, hardbop feliz y dinámico, repartiendo protagonismo entre el saxo y la guitarra de Iván Cebrián, un diálogo de solistas clásico que aquí funciona muy bien, aunque queda patente que el peso de los temas lo lleva el tenor, versátil y con mucho que decir: las frases del saxo en "Inside This World", por ejemplo, son tan cantabile que casi parece pop. Con un arranque de blues coltraniano, "Blues for Esteban" cumple las expectativas fluyendo como un tema de la época hardbop de Coltrane. Si hubiera que elegir uno de los solos de Iván Cebrián a la guitarra sería el de este tema, fluido, natural, complicándose a medida que crece; excelente. "Crisis" entra con un bajo rebelde, muy Mingus, pero es un bebop al estilo de Bird, menos sofisticado, menos loco, pero donde Valls va desgranando recursos de una manera incansable. La canción tradicional sueca "Viejo Estocolmo" fue convertida en estándar de jazz por Stan Getz en 1959 como "Dear Old Stockholm" y, como en el caso de Getz, aquí vuelve a sonar a bossa. Volviendo a Coltrane, éste lo grabó en 1963 y aparece como bonus track en las reediciones de Impressions (Impulse!, 1987, por ejemplo). Valls frasea "Viejo Estocolmo" como hacía Dexter, con fuerza y delicadeza al mismo tiempo. Misterioso y adictivo el solo de Oscar Cuchillo al contrabajo.

En definitiva, Manolo Valls hace un jazz cerebral, complejo pero fácil para el oyente, y lo que es más importante: con muchos recursos interesantes pero siempre anclados en la tradición. 

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* Web oficial: www.manolovalls.com


ONWARD

CHAD LEFKOWITZ-BROWN, Onward (Sophomore, 2017)

Se puede versionar a Coltrane con o sin personalidad. Con un sonido personal y sin imitar, el tenor Chad Lefkowitz-Brown hace una dinámica y poderosa versión de "Giant Steps" en su álbum Onward, demostrando lo importante en el jazz no es el título sino el enfoque. Su cuarteto se completa con Steven Feifke al piano, Raviv Markovitz en el bajo y Jimmy Macbride a la batería, sumándose el ubicuo Randy Brecker en dos temas.

Sorprende a lo largo del álbum la madurez musical de Lefkowitz-Brown a sus 27 años, pero si uno lee su biografía se encuentra con una carrera dilatada y llena de premios y datos que justifican esa manera tan brillante de tocar, esa potencia controlada y esa energía en los fraseos que ahogarían a cualquier principiante. 


A modo de resumen, habría que dejar constancia de que el pequeño Chad, a los 11 años y bajo la tutela de su mentor George Reed (baterista de Red Allen y Marion McParland), comenzó a tocar por todo el estado de Nueva York, convirtiéndose oficialmente en niño prodigio. Se formó en el instituto creado por Dave Brubeck, asistiendo a las clases del pianista y llegando a formar parte del Brubeck Institute Jazz Quintet, pero, siguiendo el destino de muchos músicos de jazz, ha vivido de tocar para estrellas del pop (Taylor Swift) y del rock (Don Henley), lo que no le ha impedido ganar 15 premios Student Music Awards de la revista DownBeat en categorías como "Best Jazz Soloist" o "Best Original Song". Forma parte de la Afro Latin Jazz Orchestra de Arturo O'Farrill. Su primer álbum, Imagery Manifesto, fue nominado a “Debut Album of the Year” en 2013...

Volviendo al presente, Onward es un álbum fácil de escuchar, demasiado fácil, con un sonido brillante donde la complejidad y la improvisación arrastran al oyente con una fluidez casi mágica, teniendo en cuenta la feroz interpretación de algunos temas, como el que abre el disco ("Onward"),  la citada "Giant Steps", el elocuente "Impetuous", que es una bossa rítmica y apasionada. Incluso la versión de la dulce "Isn't She Lovely" de Stevie Wonder nos llega cargada de energía en estado puro... hasta llegar al clímax del álbum, "Blues for Randy", un arranque de soul jazz donde, con la connivencia de Randy Brecker a la trompeta y el increíble groove de Steven Feifke al piano, Lefkowitz-Brown muestra su lado más funky, como si le hubiera poseído el espíritu de Pee Wee Ellis o el de Maceo Parker. Pero, por encima de toda esa aparente ferocidad, está la interpretación compleja, panorámica y casi inagotable de un instrumentista y compositor al que ha sido un placer descubrir.

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* Web oficial: www.chadlefkowitz-brown.com


JAZZ PARA TRIO Y ORQUESTA

ALAN BROADBENT, Developing Story (Eden River, 2017)

A sus 70 años, el pianista, compositor y director de orquesta Alan Broadbent está más activo que nunca. Desde sus inicios en 1966, con una beca de Downbeat Magazine para estudiar en Berklee, pasando por su primera experiencia en la orquesta de Woody Herman como pianista y arreglista, hasta sus colaboraciones con cantantes como Diana Krall (Live in Paris), Abbey Lincoln (It's me) o Natalie Cole (con quien Broadbent ganó uno de sus dos Grammys), no ha dejado de crear. En los últimos años, ha aparecido en este blog en varias ocasiones (con orquesta, a piano...) y ahora nos llega con una obra para trío de piano y orquesta titulada Developing Story.


Como intérprete, Alan Broadbent atesora en sus dedos toda la experiencia del jazz de las últimas décadas, desde el bop hasta el mainstream actual, cualquiera que se entienda por actual. Pero es como compositor y como arreglista como nos interesa y como destaca en este nuevo álbum. Broadbent utiliza la orquesta como hacía Duke, como un gran instrumento en sus manos, aunque el poder de Broadent reside en la fuerza lírica más que en el ritmo.

Developing Story, como si fuera un LP, tiene dos caras. La primera, que lleva por título el del álbum, es una composición original para trío de jazz y orquesta, una seductora obra dividida en tres movimientos con un tema a cargo del piano solista que retoma luego la orquesta con toda su potencia y en diferentes variaciones. 

El trío con el productor Ralf Kemper
El primer movimiento entra forte para luego mostrarse meditativo, con aires de banda sonora de película clásica, una orquestación que traerá al oyente más de una vez esta sensación, haciéndole deducir que hay una historia detrás de la música, una historia sin palabras y esta elipsis dota de mayor poder a la música. En el segundo movimiento, es el piano a ritmo de vals, acompañado sólo por las cuerdas, en una improvisación deliciosa para, después, dejarnos brillantes y sugerentes pasajes de orquesta y pasar al tercer movimiento donde, por fin, los protagonistas (musicales) de la historia toman la palabra: el trío de jazz (con Harvie S en el bajo y Peter Erskine a la batería). Primero  el piano en un diálogo con la orquesta que rompe en una improvisación con mucho swing que termina con gran fuerza, explotando en un solo de batería que sirve de puente para que la orquesta vuelva a los temas recurrentes y, de ahí, hasta un gran finale cargado de emoción y de reminiscencias exóticas y épicas.  

La segunda "cara" del disco es una serie de standards que el pianista revisa con sensibilidad y originalidad, originalidad no sólo por el uso de la orquesta sinfónica sino porque no se limita a "vestir" de clásico a los temas sino que los "desnuda" y los vuelve a montar desde el principio, a partir de las armonías y melodías, para crear obras orquestales (casi) originales. 


El primer tema de la segunda parte es "If You Could See Me Now" de Tadd Dameron, aquí una balada que recuerda a la original pero con una exquisita orquestación que nos retrotrae a aquellas espectaculares bandas sonoras de las películas de los 50. "Naima" (Coltrane) comienza con una fanfarria que anuncia una balada a piano emotiva y fiel al original en sus progresiones armónicas. Algo parecido ocurre con "Blue in Green", donde la batería arrastra al piano en un desarrollo seductor que adopta una dimensión única, extrajazzística pero memorable, cuando se une la orquesta. Broadbent dedica estas variaciones a la memoria de Charlie Haden (de cuyo Quartet West era miembro original). Hay también dos temas originales: "Lady in the Lake" y "Children of Lima", donde el piano (y su sentido del swing) brillan tanto como la orquesta, pero el tema más inolvidable es la versión orquestal de "Milestones", llena de fuerza, ritmo y que suena tan actual como atemporal. 

Les dejo el vídeo de presentación. El disco está producido por Ralf Kemper (de quien hablamos cuando recuperó la figura de Litte Jimmy Scott), grabado en los estudios Abbey Road de Londres y en él participa la London Metropolitan Orchestra, dirigida, por supuesto, por el propio Alan Broadbent.


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* Web oficial: www.alanbroadbent.com




A LOVE SUPREME, The Complete Masters

Coltrane... ¿definitivo?

Aunque soy un poco mitómano y coleccionista, no me vuelven loco las ediciones "completas" ni, mucho menos, las "definitivas". Creo que cualquier edición que incluya más de dos tomas alternativas de un tema exige un esfuerzo extra al escuchante, una tarea de erudición y catalogación que debería estar reservada de manera exclusiva a investigadores y estudiosos. 



La edición que viene al caso es una recopilación de los masters de A Love Supreme, la obra suprema (perdonen la redundancia) de John Coltrane, una vuelta de tuerca a aquella edición Deluxe que se editó hace una década y que incluía un segundo disco con la obra sonando en directo en un concierto en el Festival de Jazz Mondial de Antibes (Francia) el 26 de julio de 1965.

Coltrane durante la grabación de A Love Supreme 
(foto de Chuck Stewart)

En la presente edición, el concierto aparece en el CD #3 mientras que en el #2 encontramos 11 tomas alternativas divididas en dos partes: la sesión en cuarteto del 9 de diciembre de 1964 (la que apareció en la edición original y, sí, definitiva) y la del 10, donde se intentó dar una nueva dimensión a los temas con la inclusión de los músicos Archie Shepp y Art Davis, una sesión que no llegó al vinilo pero que es la más interesante para el que escuche esta recopilación, porque encontrará las 6 tomas (consecutivas, del 1 al 6) de "Part I: Aknowledgement",  que se pueden escuchar en secuencia, como la banda sonora de una película, la de la creación de una obra maestra, con su inspiración in situ, sus cortes, sus diálogos... Al final, Shepp y Davis se quedaron fuera del disco, al igual que las grabaciones de esta sesión, pero quizás sólo por su inclusión valga la pena escuchar el disco.

Partitura manuscrita Coltrane (National Museum of American History)
A estas alturas, no sabemos si será definitivamente la edición definitiva. Debe haber más tomas (a juzgar por la numeración de las incluidas en el disco) pero merece la pena volver la vista atrás a este momento espiritual de Coltrane que dejó dibujadas en el universo del jazz nuevas líneas por las que se moverían los saxofonistas en las siguientes décadas, no siempre con buenos resultados (hay demasiados clones mal armados del saxofonista espiritual y libre que fue Trane), una suite en cuatro partes que respira la paz interior de un músico que sólo grabó 2 álbumes en 1964 (el otro fue Crescent), la calma antes de la tempestad. Fue una especie de testamento precoz con un claro mensaje religioso. En las notas del álbum, Coltrane lo explica así:
En el año 1967, experimenté, por la gracia de Dios, un despertar espiritual que me conduje a una vida más rica, más llena, más productiva. En ese momento, como gratitud, pedí humildemente que se me concedieran los medios y el privilegio de hacer a los demás felices a través de la música. Siento que esto se me ha concedido a través de Su gracia. ALABEMOS A DIOS.
En definitiva, una edición para acaparadores y para nostálgicos del Jazz con mayúsculas.


 

BOWIE Y EL JAZZ

David Bowie, Blackstar (Columbia, 2016)

Nunca pensamos que hablaríamos de Bowie en Jazz, ese ruido y, sin embargo, llevábamos meses esperando su insólito y (para él) tan ansiado proyecto de acercamiento al jazz. Amparado por su habitual e incombustible capacidad para componer y sorprender y acompañado por los músicos del cuarteto de Donny MacCaslin, Bowie ha grabado el que es su vigésimoqunto álbum. El destino ha querido que el disco llegue pocos días antes de su muerte, convirtiendo este Blackstar en un último sueño cumplido.

Dicen los fans que una vez, cuando tenía 14 años, Bowie manifestó que no sabía si de mayor quería ser una estrella del rock o John Coltrane. Debía correr 1961, el año que Coltrane grabó (por ejemplo) Impressions para Impulse! También se cuenta que Gerry Mulligan fue la causa de que Bowie se comprara un saxofón. Sin embargo, para los que no estábamos al tanto del proyecto, esta filia suya hacia el jazz fue una sorpresa cuando vimos el vídeo que, como adelanto, lanzó en noviembre, con imágenes de ambiente futurista y mensaje surrealista, pero lo que más nos gustó fue que el camaleónico Thin White Duke (ahora Black) ofrecía un rock con influencias jazzísticas.

Donny McCaslin
Los músicos que se pueden escuchar en Blackstar son el cuarteto del saxofonista Donny McCaslin (nominado en 2012 al Grammy de Best Instrumental Jazz Solo por el tema "Stadium Jazz."), esto es: Jason Lindner (teclados), Tim Lefebvre (bajo eléctrico) y Mark Giuliana (batería), a los que se suma el guitarrista Ben Monder. Avant jazz (para los amantes de las etiquetas) que camina de la mano del rock progresivo, que apunta más al rock-jazz que al jazz-rock, que comienza sonando a drum & bass y termina dejándonos en el subconsciente sonidos sinfónicos de la mejor época del cantante. Destaca sobre todo la sección rítmica (Lefebvre y Giuliana) por encima de lo que se podría esperar de los solistas de saxo o piano. Un crítico ha dicho que el disco "tiene forma de jazz e intensidad de rock". Sentimos disentir porque más bien se escuchan formas de rock con la intensidad que unos músicos de jazz modernos pueden aportarle. Los adictos a Bowie posiblemente no notarán un cambio significativo en su sonido, siempre cambiante.

Sobre el jazz, el productor (Tony Visconti) afirmó en una entrevista que tanto él como Bowie sentían una vieja fascinación por Stan Kenton y Gil Evans y sus respectivas maneras de dirigir la orquesta de jazz. Afirma que hablaban de jazz desde que se conocieron en los 60 y añade: "Siempre vimos el pop y el rock como algo que éramos capaces de hacer, pero siempre tuvimos a los dioses del jazz en un pedestal por encima de nosotros". A pesar de esto, sólo les conocemos un encuentro en la tercera fase con el jazz: cuando en 2014 produjo "Sue (Or in a Season of Crime)", que ahora aparece (re-grabado) en Blackstar pero que en 2014 sólo era un single adelanto de la recopilación de 3 CD's Nothing Has Changed. En este single, arropaba a Bowie la orquesta de Maria Schneider con Donny McCaslin como solista. Un año después, enfrascada en su nuevo álbum, Maria Schneider rehusó la invitación pero recomendó a Bowie el cuarteto de Caslin para poner el jazz en Blackstar.

Bowie con Maria Schneider
Es apreciable la diferencia de miras cuando es el jazz el que se acerca al rock y viceversa. Lo que Bowie ofrece en Blackstar, a pesar de nuestras expectativas, es rock tocado por músicos de jazz-rock. Son canciones con estructura de canciones de rock. Por fortuna, los músicos son interesantes y añaden un punto de improvisación, un algo de virtuosismo y un sabor a intelectualidad musical que es difícil encontrar en el rock (pero que forma parte de la misma idiosincrasia de Bowie). En el fondo, Bowie siempre tuvo ese don impredecible que hace del jazz lo que es. Bienvenida, Estrella Negra. Hasta siempre, Bowie.

La canción que queda como recuerdo:

Something happened on the day he died
Spirit rose a metre and stepped aside
Somebody else took his place, and bravely cried
I’m a blackstar, I’m a blackstar



Y aquí la colaboración con Maria Schneider y su orquesta en una versión anterior y no incluida en el disco:



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* Web de Donny McCaslin: www.donnymccaslin.com