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REBOTANDO CON DEXTER

DEXTER GORDON QUARTET, Bouncin' with Dex
(SteepleChase, 2023)

Sería justo decir que, cada cierto tiempo, uno tiene que volver a Dexter Gordon. Con su música, atemporal y poderosa como ninguna, parece que nunca de hubiera acabado la época de los grandes tenores. Dexter tenía ese don peculiar de tocar con fuerza y sensibilidad al mismo tiempo. El tenor es un instrumento que necesita que lo dominen. Precisa fuerza. Y él la tenía. Durante toda la época de su exilio europeo, la vida y la condición física de Dexter se fueron viniendo abajo, pero no su capacidad para tocar grandes cosas. En París o en Copenhague no solo escapó del racismo de Norteamérica sino que hizo amigos y grabó muy buenos discos, algunos en el sello danés SteepleChase, álbumes que quizás no tuvieron la repercusión de sus discos de Blue Note, pero que son igualmente intensos y brillantes. Por suerte, SteepleChase reedita este mes (en LP de 180 gramos) Bouncin' with Dex, grabado en septiembre de 1975 en Copenhague con compañeros tan espectaculares como Tete Montoliu al piano, Niels-Henning Ørsted Pedersen al contrabajo y Billy Higgins a la batería. 

Esta fotografía es de 11 años años (1964), cuando ya cimentaban
su complicidad Dex, Tete y NHØP. El batería es distinto (Alex Riel).

Aunque volvió en varias ocasiones a América en los 14 años que vivió en Europa, aquí descubrió una forma de hacer jazz más cómoda y libre. Con músicos como Tete y NHØP muestra una comunión perfecta, como se aprecia en otros discos como Cheese Cake, editado en 1979 y, en este, desde el inicial "Billie's Bounce", con esa elocuencia tan potente que despliega. Todo el cuarteto (anunciado aquí como Dexter Gordon Quartet, haciendo justicia los sidemen) explota con este tema de Charlie Parker. NHØP, en particular, tiene un solo vibrante que se hace fugaz y apetece volver a escuchar. "Easy Living" es de esas baladas que hacen reconocible a Dex, con su capacidad para equilibrar potencia y delicadeza. Tete está perfecto en su papel de acompañante, con fraseos sutiles, aparentemente secundarios, pero marcando la diferencia, para después tener un breve solo. Otro ejemplo bebop (Dexter se quedó en el bop para siempre) es "Benji's Bounce", con un Dexter jugando desde el principio a llamada y respuesta con Tete y un derroche del cuarteto a tope de energía durante 7 minutos. 

En la cara B del LP, "Catalonian Nights", un tema compuesto por Dexter Gordon donde destila ritmos latinos que, desde su visión americana, le debieron inspirar las noches catalanas junto a Tete, otra dimensión del tenor con mucho color en sus poderosos e interminables fraseos. La sección rítmica juega aquí un papel algo estereotipado pero efectivo. Para terminar, uno de mis temas favoritos, el estimulante "Four", de Eddie 'Cleanhead' Vinson (aunque Miles Davis se atribuyó su autoría), un temazo que siempre me levanta el ánimo y que aquí, en directo, en esa noche danesa de final del verano de 1975, ofrece 9 minutos de delicioso hardbop.




Un disco, en definitiva, que no es solo nostalgia, porque demuestra lo cómodo que se sentía Dexter Gordon en Europa, especialmente en Dinamarca, donde encajó perfectamente y donde dejó huella en la escena jazzística local. 

* Más info: nils.winther@steeplechase.dk

I'M A FOOL TO WANT YOU

Sobre mitos y monstruos

La balada comienza con una declaración. El piano interpreta y dibuja la melodía con exactitud. No se limita a dar una introducción. Marca una idea. Entonces, el tenor irrumpe con delicadeza pero con fuerza. Es un lamento. Las escobillas marcan un ritmo lacónico que parece abrazar al saxo. El piano compone un fondo de notas altas, preciosistas, recuerdos de aquello que fue, que pudo ser, que ya no es: ahora nos explicamos por qué se lamenta el saxo. "Soy un tonto por quererte" ("I'm a fool to want you", de Sinatra) está incluida en el álbum Ballads (Blue Note, 1991), una recopilación de standards de Dexter Gordon que permiten juzgar este potencial suyo en los temas lentos. El pianista es Barry Harris y el batería Billy Higgins.


Dexter Gordon fue un bopper singular. De sus comienzos con Lionel Hampton y con Fletcher Henderson absorbió el sentido de que no hay nada escrito que no se pueda superar; de la época de Bird y Dizzy heredó aquello que del bebop iba a sobrevivir a su locura, que iba a quedar en los años que siguieron; de su propia forma de tocar han sacado conclusiones la mayoría de los tenores que le han sucedido. Oscurecido por el brillo de otros tenores contemporáneos como Sonny Rollins y John Coltrane, Dexter era un tío enorme en todos los sentidos de la palabra. Las mujeres se sentían impresionadas por su altura, los hombres por la fuerza que sugería su presencia. A pesar de ello, era capaz de extraer de su saxo baladas potentes y dulces al mismo tiempo, sin caer en lo sensiblero. Y esto es mérito suficiente para escuchar este disco.

El saxo es uno de los instrumentos más representativos de jazz. De hecho, si le preguntan a un profano siempre señalará a este instrumento. Pero el saxo es un invento relativamente nuevo. Adolphe Sax lo creó en 1840. Los músicos profesionales de la época compararon su sonido con el de un "clarinete con neumonía doble". Alguien ha dicho hace poco que sonaba como un burro inspirado. No recuerdo quién fue. Quizás lo leí.

Adolphe Sax llegó a sufrir insultos cuando la gente del XIX oía por primera vez el sonido del saxo. Cualquiera que no sea músico y haya intentado hacerlo sonar sabrá de qué hablo. ¡Incluso se aseguró en alguna publicación médica de la época que el saxofón producía tisis! Sax se libró finalmente de las persecuciones y creó una buena cantidad de instrumentos, entre ellos, uno tan delicado, una maravilla técnica que aprecio tanto como es el fiscorno.

Siempre pienso en estas anécdotas cuando escucho "I'm a fool to want you". Me alcanza la sensibilidad del saxo tenor y no puedo evitar llegar a la conclusión de que, en este mundo de miserias y de atrocidades, Dexter Gordon es un mito y un monstruo, en el sentido artístico y sumo de la palabra.


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* Creo que ya he colgado esta foto antes. Es Dexter Gordon en 1948, quizás la foto que mejor lo describa. Y es de Herman Leonard, por supuesto.