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DE NUEVO, KEROUAC

De nuevo, jazz y literatura

Cuando están a punto de cumplirse 45 años de la muerte de Jack Kerouac, a quien dedicamos en su día un apasionado artículo, nos llegan noticias de un interesante proyecto jazzístico inspirado en el autor/profeta del movimiento beat. Jazz On The Road es su nombre. De nuevo, jazz y literatura se unen. La presentación del proyecto será el 30 de abril, coincidiendo con el Día Internacional del Jazz, en la libreria Ocho y medio de Madrid.

Jazz On The Road integra a músicos de jazz con un monólogo escrito por Manuel Praena en el que recuerda textos fundamentales de la cultura beat como Los Subterráneos y En el Camino de Kerouac, Aullido de Allen Ginsberg y El almuerzo desnudo de Burroughs. Música en directo y narración irán acompañadas de proyecciones en varias pantallas. Un concierto muy interesante para todos los que podáis estar en Madrid el próximo Día Internacional del Jazz.

Los músicos (The Bebop "Road" Band) serán el guitarrista y banjoista Marce Merino (The Missing Stompers), el saxofonista y clarinetista Alejandro Pérez (Naima, The Missing Stompers), el pianista Juan Sánchez (Big Band de la AIE), el trompetista David Herrington (The Missing Stompers, Mastretta), el contrabajista Richie Ferrer (Perico Sambeat, Pedro Iturralde, Larry Martin Band) y uno de nuestros bateristas favoritos: Carlos "sir Charles" González. Interpretarán clásicos del bebop, la música revolucionaria que inspiró el escenario de desenfreno y libertad que buscaba la Generación Beat, con alguna aproximación al country y a la música mejicana, fronteras del camino que Kerouac emprendió (huyendo o) buscándose a sí mismo.
  
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* Para ver el evento en facebook: pinche aquí.

** Jack Kerouac en Jazz, ese ruido: Kerouac vs Cortázar (leer más).




KEROUAC vs CORTÁZAR

Más allá del camino

Releer a Kerouac tiene distintos efectos en el lector depediendo de la edad en que uno vuelva a su mundo. Yo no recuerdo mi última presencia on the road pero una visita la semana pasada al mundo de Los subterráneos me ha desmontado el romanticismo juvenil por la transgresión y la búsqueda de lo imposible a través de la química y el jazz.

Siempre he sostenido que los beatniks abrieron los ojos cuando los adolescentes acomodados norteamericanos descubrieron el jazz. El reflejo negro de una libertad desconocida (corrían los postreros 40s) alimentado con las drogas, la conciencia de una sexualidad libre y la novedad de las religiones orientales, tan distintas en la forma y tan iguales en el fondo a aquellas en las que habían sido educados, hicieron posible una ruptura social y cultural que culminó en los 60 con la cultura hippie. Mientras tanto, lo único que pudieron hacer fue ir rompiendo platos de un lado a otro de los estados, experimentando, moviéndose en coche o en scooter, cayendo... Los documentos literarios de Kerouac sobre una juventud abierta a las drogas y a la libertad con rumbo desconocido acabaron rompiendo la imagen que los norteamericanos tenían de la feliz American way of life.

DIPLOMA BEATNIK: El portador tiene permitido: 1) dejarse barba, 2) ir descalzo, 3) tocar los bongos, 4) leer poesía dadá en voz alta, 5) recorrer el país en scooter, 6) intimidar a cualquier cabeza de huevo que le moleste en el bar.

La filosofía beat en Kerouac (que podría sonar hoy desfasada en esta sociedad actual en la que los niños nacen ya de vuelta de todo) está por debajo de su literatura, que ha sobrevivido en la de hijos putativos como Julio Cortázar, cuya prosa está inspirada también en el ritmo y en el azar heredado de la improvisación jazzística. Y es desde el punto de vista del jazz desde donde nos interesa más Kerouac. Su predilección por la improvisación, asumida en los años de surgimiento y vigencia del bebop, se plasma en una prosa espontánea, donde siempre se interpreta según el hilo del propio pensamiento, creación en el momento de la ejecución, para después volver al tema, siempre al chorus, una y otra vez el tema, con variaciones, cambiando de escala, introduciendo cambios, aportando recursos, pero regresando siempre. Imprescindible para entenderlo es leer este texto del propio Kerouac definiendo la base de su prosa titulado Essentials of Spontaneous Prose.

Álbum de Kerouac con Zoot Sims y Al Cohn (1958). Antes, había grabado Poetry for a beat generation con el pianista Steve Allen. Más tarde, apareció Reading by Jack Kerouac on the Beat Generation (1960).


Como Kerouac (como cualquier hipster de la época) el protagonista de Los subterráneos, Leo Percepied, se alimenta de drogas, jazz y lecturas, escribe pero no vive de ello, tiene cierta fama pero no le conduce a nada. El personaje femenino, la pasión de Percepied, al igual que La Maga de Cortázar, es la negra Mardou. Mardou es un elemento vivo y vivificante, que justifica y enciende la trama, que justifica el deambular al filo de La Nada, pero aquí, en comparación con Rayuela, la pasión es una pasión adormecida por la droga, distorsionada y casi ilegal. Ambas mujeres mantienen una cercanía distante con el otro. Ambas sueñan con escapar lejos pero están ancladas a una realidad sin sentido. Ambas son adoradas y despreciadas al mismo tiempo.


En los escenarios del San Francisco de 1953 donde se dejan caer Percepied y sus amigos suena jazz. Mardou personifica esta pasión en su voz y el jazz, a su vez, representa la búsqueda insatisfecha de la espiritualidad y la perfección, el deseo de unirse a una contracultura: los beatniks, esos pijos blancos "viajan" alienados por el jazz (recordemos la admiración de Ginsberg por Monk, de la que ya hablamos en cierta ocasión) y esto se traduce en escenarios, en referencias y en la forma de narrar. El obsesionado Kerouac ubica la narración en clubs de San Francisco a los que cambia de nombre. ¿Por qué? ¿Y por qué San Francisco? La historia fue escrita y ambientada originalmente en Nueva York, donde vivía el escritor, pero la editorial percibió el potencial comercial que tenía el movimiento beat en la Costa Oeste, en pleno auge, y le obligó a trasladar allí el escenario.

[...] y allá arriba en la tarima Bird Parker con sus ojos solemnes, porque había perdido su anterior popularidad, hacía muy poco de eso, y ahora regresaba a una especie de San Francisco muerto para el bop, aunque acababa de descubrir o le habían hablado del Red Drum, había sabido que los chicos de la grandiosa nueva generación se reunían y aullaban allí, de modo que allí estaba, sobre la tarima, examinándolos con la mirada mientras soplaba sus notas "locas" pero ahora-calculadas, los tambores resonantes, los agudos altísimos [...]
Jack Kerouac, Los subterráneos (1958),
traducción de J. Rodolfo Wilcock


Siempre es indigno comparar pero, tras empaparme de Cortázar, viajar de nuevo con Kerouac tiene sus pegas. Sus subterráneos carecen de la amargura existencial de los intelectuales parisinos del Club de la Serpiente y ahora, en la distancia, parecen mentes simples refugiadas en la fiesta, y su prosa (también en comparación) carece de la poesía que derrama Cortázar, su hijo putativo, en idénticos experimentos en su camino por las calles de París.


[...] Jelly Roll estaba en el piano marcando suavemente el compás con el zapato a falta de mejor percusión. Jelly Roll podía cantar Mamie's Blues hamacándose un poco, los ojos fijos en una moldura del cielo raso, o era una mosca que iba y venía en los ojos de Jelly Roll. Two-nineteen done took my baby away... La vida había sido eso, trenes que se iban llevándose y trayéndose a la gente mientras uno se quedaba en la esquina con los pies mojados, oyendo un piano mecánico y carcajadas manoseando las vitrinas amarillentas de la sala donde no siempre se tenía dinero para entrar.Two-nineteen done took my baby away... [...]

Julio Cortázar, Rayuela (1963)

Por resumir (y por tomar partido), añadiremos que, mientras que la improvisación prosística de Kerouac es disonante y errática al modo del free jazz, la de Cortázar es poética y memorable como un solo de Coltrane: a veces uno no sabe a dónde va, pero llega; después, se queda en tu mente para siempre.

Recomendamos la lectura y la re-lectura. También la de Cortázar. Porque ¿por qué elegir?