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FEROZ

FREDDIE HUBBARD, On Fire (Resonance Records, 2025)

Feroz y poderoso, anclado en la tradición pero camaleónico, el trompetista de Indianápolis Freddie Hubbard supo adaptarse al hardbop y al postbop sin renunciar a sus raíces. Su estilo es hijo de Clifford Brown y sobrino de Lee Morgan, pero tiene esa personalidad propia que ha trascendido las décadas. Resonance Records acaba de publicar una de sus cuidadas ediciones con los archivos recuperados de su concierto en un club del Bronx, el Blue Morocco, regentado por Sylvia Robinson, cofundadora de Sugar Hill Records, en 1967, en su mejor momento, cuando grababa para Atlantic.

Tres LP's (o 2 CD`s) recogen la música grabada por el ingeniero Bernard Drayton en aquel momento y ahora remasterizada por Matthew Lutthans con los masters para vinilo de Bernie Grundman. Los músicos que acompañan a FH son el saxofonista Bennie Maupin, el pianista Kenny Barron, el bajista Herbie Lewis y el baterista Freddie Waits

El álbum está llenos de sonidos que nos retrotraen al paso de Freddie Hubbard por los Jazz Messengers o por los grupos de Sonny Rollins, y su trompeta destila un hardbop con un punto de rabia, muy negro, que recupera recursos del hot jazz, algo que nunca abandonó en su estilo. Por aquel entonces se proclamaba el mejor trompetista del mundo. Habrá opiniones para todos los gustos, como las hubo en aquel momento, pero su energía, patente en esta grabación intenta demostrarlo. 

Fotografía de Tom Copi
Los temas son gran intensidad, incluso los de tempo medio, y casi todos duran más de 15 minutos, por lo que en cada cara del triple LP hay uno o dos temas a lo sumo. Esto (para los que amamos los vinilos) redunda en la calidad del surco. Desde "Crisis", que abre el concierto, con una sección rítmica estimulante, Hubbard llena el espacio sonoro de rabia, de referencias musicales, de giros inesperados, volviéndose ácido en las notas de blues de la meditativa "Echoes of Blue" (Bob Cunningham), uno de los pocos temas no compuestos por él que aparecen en el disco, post-bop e hipnótico. Habría que destacar "Bye Bye Blackbird", una joya de 23 minutos que nos devuelve a la época dorada del bop, de los improvisadores y del jazz honesto. "Summertime", por otro lado, retoma el discurso dramático de Miles Davis pero da una vuelta de tuerca al tema y lo hace más duro, más salvaje, más bop. El disco termina con "Breaking Point", el tema más corto del álbum (7 minutos), el más diferente (con aires tropicales) y el más festivo, con una exhibición de virtuosismo de todos los miembros del quinteto. 

En resumen, Freddie Hubbard en lo más alto de su carrera, con fraseos seguros y limpios, y una fuerza arrolladora sin recurrir a fuegos artificiales ni a ritmos vertiginosos, demostrando una solidez que le acompañaría en los siguientes años hasta grabar su disco más celebrado, First Light (CTI, 1971) y antes de que problemas con los labios le obligaran a retirarse en los años 90. 



* Más info: resonancerecords.org


STANDARDS, STANDARDS, STANDARDS...

NOAH HAIDU, Standards (Sunnyside Records, 2023)

Los no aficionados al jazz suelen preguntarme por qué se siguen grabando discos de standards en lugar de "música nueva". Es fácil explicarles que en el jazz siempre hay algo nuevo en cada estándar, en cada interpretación, en cada compás... Pero hay muchas más razones. La primera es que no podemos escapar a las influencias que nos hacen crecer. Otra importante es averiguar qué tiene un músico que decir sobre una melodía concreta. Siguiendo la estela de su anterior álbum (Slowly), donde homenajeaba a Keith Jarrett con temas originales, el pianista Noah Haidu revisa 9 clásicos y lo justifica remitiéndose al recuerdo del inigualable Standards, Vol. 1 (ECM, 1983), que grabaron Keith Jarrett, Gary Peacock y Jack DeJohnette, el primero de 21 álbumes del que se llamó Standards Trio. En el texto del disco, Haidu manifiesta:
"Quizás porque desarrollé un amor por su música gradualmente, con el tiempo he podido mantener una distancia respetuosa, disfrutando más como oyente que como pianista. Una vez que analizamos el arte, a menudo pierde la magia que poseía cuando nos encontrarnos con él la primera vez, pero me gustaría pensar que he aprendido algo esencial de su obra: sus interpretaciones de standards me proporcionaron inspiración, consuelo y felicidad, y espero que este álbum pueda hablarle a usted de esta manera. Ese es mi único objetivo con este proyecto, eso es todo lo que importa."
El repertorio de Noah Haidu está muy bien elegido, no tanto por su importancia dentro del recuerdo colectivo sino porque nos permite revivir melodías con la magia del trío de piano. Haidu usa en este disco un trío donde alternan dos contrabajistas (Buster Williams y Peter Washington), con Lewis Nash a la batería y un saxofonista invitado en algunos temas (Steve Wilson). Una formación perfecta donde Haidu absorbe todo el protagonismo con sus fraseos sincopados, sus progresiones de acordes, sus cambios de ritmo y su facilidad para expresar eso que esperamos todos los aficionados al jazz con mayúsculas. 


Foto: Chris Drukker

El álbum comienza con "Old Folks". Es lo que uno espera de un disco de jazz, ese aire que suena a negro pero también al lirismo de Jarret (sin ánimo de comparar). Después (sin ánimo de ser exahustivo), disfrutamos de la vertiginosa digitación de Haidu en "Just In Time" (y esa complicidad con la sección rítmica, especialmente en el juego de llamada y respuesta antes del chorus final). También hay un homenaje a Hoagy Carmichael a piano solo ("Skylark") pero, entre los clásicos más destacados del disco, vale la pena pararse a escuchar "Someday My Prince Will Come", un tema que ha evolucionado mucho desde que lo compuso Tchaikovski, lo robó Frank Churchill para Disney en 1939, lo convirtió en estándar Miles Davis en 1961 y Peter Washington hace aquí el solo de contrabajo con las sutiles respuestas de Haidu al piano... 

Todos son standards excepto los dos últimos temas: "Last Dance I" y "Last Dance II". Noah Haidu compuso y tituló así en homenaje al último concierto de Jarrett en el New Jersey Performing Arts Center, evento al que asistió (y cuya historia ya contamos aquí). Haidu recuerda que Jarrett bromeó con el público diciendo: “No intenten esto en casa.” Al recordar esa noche de 2014, Haidu afirma: "Creo que inconscientemente lo tomé como un desafío. No para seguir sus pasos, sino para construir sobre mi propia voz con el trío y estas canciones”. Y aquí está el resultado, clásicos reinterpretados con solvencia y una filosofía post-bop que hace que parezcan originales, ya que sus aportaciones y sus improvisaciones son fieles al espíritu del original, nueva vida para estos temas sin contradecir en modo alguno al compositor, todo con una elegancia soberbia, algo que a veces se echa mucho de menos en el panorama jazzístico actual. 




* Web del artista: www.noahhaidu.com


UN BUEN COMIENZO

EDDIE MEJÍA SEXTET, A Moment In Transition
(Fresh Sound New Talent, 2023)

Nos encanta conocer nuevos sonidos y nuevos músicos. El guitarrista que nos trae hoy aquí tiene las dos cosas: un nuevo nombre lanzado por el sello Fresh Sound New Talent y un sonido nuevo, muy personal, complejo pero fresco. Eddie Mejía es un mexicano de 26 años radicado en Barcelona, donde se ha formado en el Liceu. Si uno teclea en Google su nombre, lo primero que descubre es que fue finalista en 2021 en el Premio Extraordinario de Interpretación de Jazz y Música Moderna de la Fundació Conservatori del Liceu. No, no es mal comienzo. 

Su disco de debut es A Moment In Transition, donde reúne un sexteto muy interesante formado por el productor y saxofonista tenor Bill McHenry (Paul Motian, Andrew Cyrile), el saxofonista alto Edu Cabello, la fliscornista Milena Casado, el contrabajista Masa Kamaguchi, el baterista Ramón Prats y la vocalista Magda Garre, que también ha escrito la letra del tema que cierra el álbum ("Mud's Mood").

El lenguaje de Eddie Mejía tiene una patente influencia de guitarristas contemporáneos como Pat Metheny, pero también huellas menos obvias de Monk y de la generación que siguió a Mingus, transportadas a las seis cuerdas. Como compositor, sus temas exploran un post-bop meditativo y sin complejos, con elaborados diálogos entre la guitarra y el resto de los músicos ("Horses"), melodías que se rompen y se acercan al free, blues rotos, momentos de vertiginoso virtuosismo ("Dilemma"), interesantes arreglos en la sección de viento (saxos y fliscorno) armonizando disonancias que provocan un efecto excitante ("Migrations") y dan pie a solos rompedores que, sin embargo, llegan orgánicos al oyente...   

A Moment In Transition es un disco heterogéneo, el disco de debut de quien ha acumulado demasiadas ideas para meterlas en un solo disco, y eso es lo más interesante de Mejía como compositor, que cada tema cuenta una historia diferente y, consecuentemente, con un lenguaje distinto, algo que nos permite conocer facetas muy dispares del músico, confirmar su versatilidad y esperar lo inesperado.



MAGIA

FÉLIX ROSSY QUINTET, Elena Mágica (Underpool, 2022)

Siempre es una buena noticia que llegue un nuevo disco de Félix Rossy, un trompetista que se prodiga poco pero que siempre presenta propuestas interesantes. Dos años después de su Looking at the Surroundings de 2020, donde nos sorprendía con el sonido rudo y directo de su quinteto en siete temas grabados en vivo, acaba de publicar Elena Mágica, un álbum lleno de nuevas ideas. Como es habitual en él, casi todo el repertorio son composiciones propias (excepto un tema de Roy Hargrove y otro de Enrique Oliver, que aparece como invitado especial en este álbum), composiciones en las que expresa su intención de encontrar un jazz sin ataduras donde el brillo no sea lo esencial sino la expresividad de su inconfundible trompeta.

Heredero de la tradición, las influencias que se perciben en el disco están tamizadas por la personalidad joven y efervescente de este joven músico nacido en Barcelona en 1994, que comenzó con 13 años, haciendo una breve intervención en un disco (Wicca, Fresh Sound New Talent, 2007) de su padre, el súper solicitado Jorge Rossy, que debutó como líder a los 17 años en un prometedor Introducing... Félix Rossy (2011) y que se ha consolidado formándose en Barcelona y Nueva York y, como debe ser, pisando los escenarios.

En este nuevo quinteto, donde solo queda del anterior el trombonista Tomeu Garcias, Rossy propone un repertorio cargado de blues y de referencias clásicas, con su propia versión del quinteto de hardbop donde el dúo de viento es trompeta y trombón y donde solo aparece el saxo (Enrique Oliver) en algunos temas. El quinteto (por momentos sexteto) se completa con Toni Saigi al piano, Joan Garcias al bajo, Andreu Pitarch en la batería y la voz de Carmen Lancho en uno de los temas.

Con estructuras hardbop, mucho blues ("Surprises", "Guru") y un sonido nada complaciente, las composiciones y los arreglos buscan en cada tema ese momento inesperado, que sorprende. Incluso en las baladas ("Rouge", "Purple Mirrors") hay algo rompedor dentro los ritmos aparentemente lentos y contemplativos, una búsqueda que convierte cada tema en especulación y que excita constantemente la curiosidad del oyente.

En medio de todas cualidades, Félix Rossy como compositor en la sombra, dejando espacio a los solistas para conseguir ese ambiente de improvisación continua, de interplay orgánico, y, sobresaliendo, esa manera en que Rossy ataca las notas, expresivo, elocuente. Ya no es solo un hijo musical de Chet Baker sino un músico adulto y con voz propia.


Como regalo, este vídeo del quinteto de Félix Rossy (solo cambia el batería, que aquí es Enric Fuster) grabado en el Bar Rvbicon en marzo de 2022 (el álbum se grabó tres meses antes en los estudios Underpool). Se aprecia la sinergia del quinteto/sexteto y la energía/sensibilidad de la trompeta de Félix Rossy.


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* Más info: www.underpool.org

ALIENS

NEOBIONT, Neobiont (Loumi Records, 2022)

El nombre del grupo, Neobiont, significa literalmente "nueva vida", aunque se usa para definir a las especies invasoras, formas de vida de otros ámbitos que se instalan en otros ecosistemas. El jazz es, de por sí, un ecosistema que acepta y metaboliza todo lo nuevo que llega, y Neobiont es un grupo de músicos jóvenes con ideas nuevas que vienen a sorprender y, al mismo tiempo, aportar ese placer de descubrir nuevos sonidos dentro del jazz.

El propio nombre de la banda implica una cierta alienación. Los miembros del quinteto son Benedikt Jäckle (saxofones), Leandro Irarragorri (piano), Jakob Obleser (bajo), Jonas Esser  (batería) y Jonas Kaltenbach (batería). El hecho de contar con dos baterías proporciona unas sensaciones muy potentes en algunos temas como "Mar (live)", elaborando patrones rítmicos ciertamente complicados. Se trata de un personal muy joven que ha nacido en Alemania y Suiza pero que ha crecido musicalmente en Alemania, de ahí el nombre de Neobiont, que enlaza con el término inglés alien, que lo mismo sirve para designar a un extranjero que a un extraterrestre. La banda juega con este término en el primer tema del disco ("Alien Species I", y luego en "Alien Species II") de una manera muy curiosa: utilizando un motivo musical que creó John Williams para Star Wars


La estética musical de Neobiont es la de un jazz contemporáneo, con muchos elementos del siglo XXI que, sin embargo, enlazan con filosofías rebeldes como el bebop y el avant-garde de los años 60, lo que produce temas con esquemas atrevidos y armonías seductoramente inesperadas. Un ejemplo es la balada "Opuntia", que contiene elementos que van más allá de la típica balada, con aspectos rítmicos (a cargo del contrabajo) inquietantes y que plantean preguntas al oyente, acompañados por una línea de saxo de un misticismo hipnótico.

Además de destacar el sonido original y renovado de los conceptos de vanguardia y bop, que hemos comentado, me gustaría destacar el interplay en los músicos. Ignoro si llevan mucho o poco tiempo tocando juntos pero es evidente que la parte más interesante de los temas nace de la experimentación conjunta (aunque solo aparezcan tres de ellos como compositores en los créditos). También quiero destacar las voces de Benedikt Jäckle en los saxos (místico, expresivo y, por momentos, rompedor) y de Leandro Irarragorri en el piano de cola (con su lenguaje contenido pero elocuente), dos músicos que funcionan muy bien juntos y dicen mucho en cada intervención.



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POST-BOP 2.0

ANNA KOROLEVA, Antigravity (Jazzist, 2021)

En el jazz, todo va y viene. Abierta la caja de Pandora, en la escena actual conviven estéticas de distintas épocas en la voz de músicos que siempre buscan algo nuevo. La saxofonista rusa Anna Koroleva interpreta los temas que compone con un acento que suena en muchos momentos a Eric Dolphy. ¿Post-bop o modern free? Koroleva busca su propia voz en Antigravity, un disco muy alejado de su primer álbum (Ocean Inside), un experimento personal donde ejercía de pianista y fusionaba jazz moderno con folkore ruso. 

Anna Koroleva nació en Krasnodar (Rusia) en 1980 en una familia de músicos, Koroleva es vocalista, pianista y toca el saxo alto, donde se expresa con un fraseo original, sin concesiones, incansable, en discursos extensos, llenos de motivos y cromatismos, que apuntan modernidad y energía. Según su biografía, le regalaron un disco de Glenn Miller al cumplir cinco años, un regalo original (tomen nota los padres) que originó su interés por el jazz. Debutó con dieciocho años en el combo del pianista Evgeniy Serebrennikov y, como solista, con su propio cuarteto en el "Jazz at the Hermitage Garden" dos años después, precocidad que se traduce en varios discos para Evergreen Records y Artbeat pero que nunca han llegado a editarse en España. 

Chernakova, Baronin y Babayan

En Antigravity ha grabado acompañada por el pianista Anton Baronin (a quien han comparado con el Keith Jarrett del American Quartet por su forma de tocar no lineal), la contrabajista Daria Chernakova y el baterista Vartan Babayan. Con este combo de visión moderna y libre, Koroleva construye siete temas de concepción sofisticada y, al mismo tiempo, templada, que usa recursos del bop y también del jazz más europeo. Desde el primer tema ("Meet Today"), bop de estética moderna y fragmentaria, hasta la conclusión ("Moon Man"), donde utiliza de una manera muy dramática el piano para desarrollar una balada de melodía pausada y evocadora, notamos una versatilidad compositiva e interpretativa que hace del disco todo un viaje.



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ORNETTE COLEMAN REVISITED

MIGUEL ZENÓN, Law Years: The Music of Ornette Coleman 
(Miel Music, 2021)
Si por algo es fácil distinguir a Miguel Zenón es por búsqueda constante de la vanguardia, ya sea explorando lo inexplorado o revisitando clásicos para llevarlos a terrenos donde el riesgo es el horizonte más probable, como hizo con los cancioneros de Ismael Rivera, la música portorriqueña de su pasado en su Yo soy la tradición o la música cubana en su El arte del bolero, publicado también este año junto a Luis Perdomo. Con la vanguardia siempre por bandera y esa capacidad para mirar al pasado con ojos críticos, un homenaje a Ornette Coleman, uno de los padres de la vanguardia jazzística, parecía algo inevitable.

Con un cuarteto de músicos conocidos (Ariel Brínguez en el tenor, Demian Cabaud en el contrabajo y Jordi Rossy a la batería), Law Years fue grabado en directo en Basilea (Suiza) en el Birds Eye Jazz Club el 28 de mayo de 2019 y muestra esa energía que produce la cercanía del público y la excitación de lo irrepetible. También tiene ese sonido crudo, visceral, auténtico, que no se puede conseguir en un estudio aséptico y sin interferencias. 

Cabaud, Brínguez, Rossy y Zenón

Aunque con un sonido más actual, más sofisticado, todo el espíritu de Ornette está en este concierto: la velocidad, el riesgo, la atonalidad, esa sofisticación cambiante, creciente, inesperada, rompedora, especialmente en los ritmos, y esas melodías que daban sentido a todos los temas (qué maravilla "Dee Dee", "Law Years", "Giggin"...). No puede ser de otra forma: los cuatro músicos arrastran su influencia. 




El propio Zenón cuenta en las notas del disco que escuchaba a Ornette cuando era un adolescente y vivía aún en Puerto Rico, en una era previa a Internet, sin información de ningún tipo, y un amigo le prestó The Shape of Things to Come y el primer par de notas de "Lonely Woman" le dejó atónico, en estado de shock. En el libreto del disco, Zenón cuenta también que conoció a Ornette Coleman en persona, y que sus encuentros eran del tipo:
Zenón: “Sr. Coleman, estoy seguro de que no me recuerda. Mi nombre es Miguel y soy un saxofonista alto y uno de sus mayores fans."
Ornette: “Encantado de conocerte, Miguel. ¿Has pensado alguna vez qué pasaría si tocas La y Mi bemol al mismo tiempo?
Influenciados o inspirados, lo cierto es que estos cuatro músicos llegan aquí con una ventaja: la experiencia. Caminan con conocimiento el camino de baldosas amarillas que Ornette pisó por primera vez sesenta años antes, sin saber a dónde le llevaba. 

El riesgo, sin embargo, está presente en todo el concierto. Por ejemplo, aunque tanto Brínguez como Cabaud y Rossy habían tocado antes con Zenón, el cuarteto es inédito. Nunca habían tocado juntos los cuatro. Zenón cuenta que les envió una lista de sus temas favoritos, hicieron la prueba de sonido y de ahí directamente al concierto. El resultado está en el disco. Esa inesperada reunión portorriqueño-cubano-argentino-española favorece el espíritu de espontaneidad inherente a la figura de Ornette y la conexión de los músicos funciona. Todos, de alguna manera, han recibido de alguna manera su influencia y aportan sus personalidades para contribuir a que el espíritu de Ornette siga fluyendo hacia el futuro, redibujando entre los cuatro la forma de las cosas que están por venir. 

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ARTE ROBADO

JASON PALMER, The Concert: 12 Musings for Isabella 
(Giant Step Arts, 2020)

Según cuenta el trompetista Jason Palmer en el libreto de su último álbum, durante su estancia en el Conservatorio de Nueva Inglaterra en Boston, asistió a un concierto del Thelonious Monk Institute en el museo Isabella Stewart Gardner. De aquel concierto han pasado 20 años y guarda un recuerdo muy particular: una serie de cuadros de los que el museo solo mostraba sus marcos vacíos. Detrás de esto había una historia, la de un robo que era, además, un atentado contra el arte. Dos ladrones habían entrado en 1990 en el museo disfrazados de policías y habían sustraído 13 obras de arte de Degas, Vermeer, Rembrandt... Cuando surgió la oportunidad de grabar este disco, Palmer puso sobre el atril doce composiciones, doce reflexiones (como reza el título) inspiradas en esas obras, su belleza, sus historias... Así, Palmer "devuelve" las obras robadas al lugar donde deben estar, en la mente del espectador, donde sus melodías y sus armonías crean imágenes concretas y perdurables.

Jason Palmer sigue avanzando de una manera prolífica por la senda innovadora y personal que abrió en 2008 con Songbook, publicado por la española Ayva Music. De su penúltimo trabajo (Rhyme and Reason) hablamos aquí hace unos meses y aún seguimos escuchándolo. En este nuevo episodio de su discografía, nos presenta un concierto en doble CD con doce temas que ahondan en su propio estilo. Su bop del siglo XXI se sostiene en esta ocasión con sus composiciones y con un equipo impecable: Mart Turner (saxofón tenor), Joel Ross (vibráfono), Edward Perez (bajo) y Kendrick Scott (batería), un quinteto típico de hardbop, con trompeta y saxo, y con vibráfono en lugar de piano, un instrumento que aporta una base rítmica o melódica (según el momento) movediza, aportando un punto salvaje a esa manera de Palmer de reinterpretar el hardbop.

Foto: Jimmy Katz
The Concert: 12 Musings for Isabella se grabó en vivo, en el Hotel InterContinental Barclay de Nueva York en dos sesiones en mayo de 2019 y sale a la venta este 18 de marzo. Como en su disco anterior, los temas tienen una extensión considerable, entre 8 y 15 minutos cada uno, sobrepasando los 10 minutos 8 de ellos, temas enormes donde los solos fluyen sin prisas. Esta laxitud aparentemente anticomercial deja mucho, mucho espacio a los músicos para sus improvisaciones y añade un extra de libertad a su jazz.

En su blog, el mismo Palmer nos explica cómo traslada esa inspiración a la partitura. Nos explica, por ejemplo, como una de las obras robadas (un gu chino con forma de campana o trompeta) le llevó a crear una melodía que buscaba lo folklórico, lo rancio, en la escala pentatónica de la trompeta para darle un aire melódico chino. O como quiso plasmar el río en la pintura Paisaje con obelisco de Flinck con una introducción fluida y una coda con rubato. La simetría en el rostro de Rembrandt en uno de sus autorretratos, llevó a Palmer a "Miyako", un tema de Wayne Shorter simétricamente armónico, en el que se inspiró para escribir un contrafacto ("Self Portrait (Rembrandt)"). Tres jinetes de Degas le dio la idea para un ritmo de 6/4 con una melodía dividida en frases de 3 compases (uno por cada jinete). O como la pintura de Rembrandt Una mujer y un hombre de negro le sugirió una melodía solo con las notas de la teclas negras del piano. Curiosidades de la inspiración. Interesante lo escuchen como lo escuchen.

No es una banda sonora, no es música descriptiva, pero la desbordante imaginación de Jason Palmer como compositor y de todo el equipo a la hora de improvisar, ofrecen motivos musicales suficientemente elocuentes para entender (o imaginar) la historia detrás de cada pintura. Lo recomendable, por supuesto, es escuchar la música al tiempo que contemplan las otras obras de arte, las robadas.


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* Jason Palmer: www.jasonpalmermusic.com

* Más sobre las obras robadas aquí:
   https://www.wbur.org/lastseen/2018/09/15/program-for-an-artistic-soiree

* Giant Steps Arts: www.giantsteparts.org     
[Giant Steps Arts es una fundación creada por el fotógrafo Jimmy Katz y su mujer Dena, una organización sin ánimo de lucro destinada a promover el nuevo jazz. No venden discos, afirman al explicar su filosofía, sino que ofrecen a los músicos facilidades para grabar sin limitaciones ni de espacio ni de creatividad (los discos que hemos escuchado eran todos dobles) y facilitan al músico una buena cantidad de CD's para su promoción.]

UN JAZZ ORGÁNICO

ALBERT CARRIQUE, Aortae (Underpool, 2019)

Hay en el jazz contemporáneo una estimulante tendencia a mezclar géneros y estéticas. Esto, que a veces despista a los aficionados, forma parte de la esencia liberal del jazz.  En su recién publicado disco Aortae, el saxofonista Albert Carrique nos propone un repertorio basado en el hardbop, pero en una versión más orgánica, con normas más relajadas, del hardbop en un contexto contemporáneo donde cabe desde el chorus más festivo hasta la improvisación y el free jazz.

El catalán Albert Carrique procede del Taller de Músics y de la ESMuC. Llega hasta este disco como líder tras pasar por muchos y muy diferentes proyectos, algunos potentes y originales como el homenaje The Django Orchestra o interesantes campos de exploración como Eos Quartet o sonidos más complejos como la Punch Big Band, ejemplo este último quizás algo estereotipado si lo comparamos con la necesidad de dar pasos adelante que suponen las 8 composiciones de este Aortae

El álbum comienza con un chorus fácil de tararear y el acompañamiento del scat. Es un engaño. Cuando llega el solo de piano (Toni Saigi), intenso, rompedor, y el saxo de Carrique expresa su personalidad, vemos que estamos ante algo distinto. Aquí es difícil separar al compositor del músico, pero explorando lo compuesto, encontramos otros temas del mismo corte: post-bop muy libre, con unos buenos coros de los vientos, temas juguetones, muy al estilo de Mingus, como "Horus" (ver vídeo más abajo) o "Head Out". "Palo Alto", por ejemplo, contiene un ritmo hipnótico, también muy mingusiano, que va deformándose, deshaciéndose en disonancias hasta convertirse en free para, finalmente, terminar (como un buen tema de hardbop) en el chorus inicial. 

Temas más lentos hay pocos. "Aortae" es una balada inteligentemente deconstruida, con un saxo especulativo en el que Carrique mantiene la tensión de una manera portentosa, encontrando un contrapunto muy moderno en el piano y en la delicada voz de Núria Balaguer, quien suena en algunos temas como un instrumento más, especialmente cuando hace scat, ya que cuando canta letras ("Lluna Blanca"), nos sustrae un poco del universo del jazz arrastrándonos a un escenario más localista, más poético, más folk, pero menos jazzístico. La sensación es que las composiciones usan la voz (cuando la usan) como parte del sexteto como si, en lugar de ser un quinteto con cantante, fuera un sexteto clásico de hardbop con tres vientos: saxo, trompeta ¡y voz! Y el resultado es muy bueno. 


Quizás pueda resultar un tanto desconcertante la alternancia de unos temas más "fáciles de escuchar" (solo en apariencia) de otros más libres donde predomina lo atonal, la libertad, pero el conjunto resulta un interesante ejercicio de expresión y un buen primer álbum como líder, si bien es cierto que, a pesar de su juventud, Albert Carrique es un músico con una dilatada trayectoria como acompañante y como educador, y aquí demuestra una visión original como compositor, con guiños a la tradición (qué bueno "Quuer Blues"), sin complejos pero también sin amarres. 


Los músicos del sexteto son: Albert Carrique (saxo alto y soprano), Òscar Latorre (trompeta, fliscorno), Núria Balaguer (voz), Toni Saigi (piano), Martín Leiton (contrabajo) y Roger Gutiérrez (batería). 


Por cierto, el diseño de la portada (de Laura Carrique y Pepon Meneses) es una aorta de ratón vista en el microscopio.

RIESGO

XOSE MIGUÉLEZ, Ontology (Origin, 2019)

Riesgo es el título del capítulo que la serie Jazz de Ken Burns dedica al bebop y, aunque el bebop ha dejado de ser una novedad, el jazz sigue avanzando y siguen apareciendo buenos músicos capaces de arriesgar, de darlo todo por encontrar ese (eterno) nuevo camino que es la arriesgada esencia del jazz. En el disco del saxofonista Xose Miguélez sólo hay un tema que se podría clasificar como bebop, pero se aprecia su gusto por el riesgo en la manera en que busca la atonalidad y la manera de romper las normas, una estética tan difusa como la portada del álbum pero que ofrece buenos resultados a la escucha. El álbum se titula Ontology.

Comencemos diciendo que el disco ha sido publicado en Estados Unidos por Origin Records, y que fue premiado en mayo en los Premios Martín Códax en la categoría de Jazz y Músicas Improvisadas. Pero, para escuchar este disco, hay que empezar por el final: el último corte del disco, una balada gallega interpretada por la tía-abuela de Miguélez y recogida por la etno-musicóloga suiza Dorothé Schubart hace 40 años. Un juego de 4 notas de esta balada, por increíble que parezca, es la melodía en la que se basan los otros nueve temas del disco. Curiosamente, la idea no surgió de Miguélez sino de otro de los músicos del disco, el también tenor Matt Otto. El título del álbum, Ontology, está en relación con esa búsqueda metafísica de las relaciones entre el ser y el mundo y, por supuesto, con su pasado, búsqueda que tiene su continuación en el segundo tema, de título elocuente ("Chasing Myself")...

De este modo, la melodía tradicional heredada por Xose Miguélez, se convierte en un jazz moderno y vanguardista, de raíz clásica pero buscando lo nuevo, lo personal, el riesgo en la atonalidad y el inconformismo, esa continua lucha del jazz contra las normas. La antigua balada gallega suena a una mezcla de Dexter Gordon y los nuevos estilos de Nueva York ("Sweet Delia"), a bebop ("Missed Call"), a avant-garde que se transmuta en jazz fusión con el solo de guitarra de Storm Nilson ("Under The Big Tree") o, como en el caso de "Chasing Myself", a mainstream distorsionado, con ese contraste entre el toque clásico del vibráfono y el sonido electrónico del EWI, un diálogo que rompe contra un solo de saxo clásico y potente en el que se impone la personalidad de Miguélez.

En resumen, estéticas bien diferentes que sirven para apreciar la capacidad de Xose Miguélez para expresarse dentro del jazz con muchas voces y una sola personalidad. Como compositor, se nota que quiere expresar todas y cada una de sus inquietudes como músico y, como músico, se percibe una experiencia profunda y con capacidad para ir siempre más allá. 

Les dejo con el vídeo de "Sweet Delia", una balada clásica que, en los arreglos, arriesga buscando un sonido no tan limpio, no tan clásico. Noten que el estéreo de la grabación coloca a Miguélez y a su invitado, el tenor Matt Otto, separados, uno en cada canal del estéreo (o en cada auricular, si lo prefieren), pasándose la melodía con una delicadeza difícil de lograr en el tenor y jugando a contestarse aquí y allá; y noten también que la estética de las imágenes es muy noir (a pesar de ser en color), con esa melancolía de la música que arrastra un lejano sentimiento de blues y que es tan inherente a la noche. 


El álbum fue grabado en los estudios Roof Top Media de Kansas City, MO, entre los días 11 y 13 de agosto de 2018. Los músicos del disco son: Xose Miguélez (saxo tenor), Storm Nilson (guitarra), Ben Leifer (contrabajo y bajo eléctrico), John Kizilarmut (batería y, sorprendentemente, también cajón flamenco), Peter Schlamb (vibráfono) y Matt Otto (saxo tenor, EWI y productor). 


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* Web oficial: www.xosemiguelez.com

ESPACIO PARA LA IMPROVISACIÓN

JASON PALMER,  Rhyme and Reason (Giant Step Arts, 2019)

Descubrimos a Jason Palmer cuando publicó su primer álbum con el sello barcelonés Ayva (su título era Songbook) y fue un placer reencontrarnos con él como actor cuando interpretó aquella declaración sin palabras, trompeta en mano, al final de la película Guy and Madeline On a Park Bench, opera prima de Damien Chazelle (sí, el que luego dirigiría Whiplash y La La Land). Desde entonces, ha grabado más de una docena de discos en apenas una década. Ahora presenta un nuevo álbum titulado Rhyme and Reason que acaba de aparecer en un fabuloso formato doble y que nos muestra un músico que evoluciona, pero siguiendo una línea consecuente con su despegue: bop intenso y de sonido crudo, primitivo pero tan trasgresor que hace que el bop vuelva a parecer vanguardia.

El álbum, grabado en vivo en the Jazz Gallery (Nueva York) los días 7 y 8 de junio de 2018 es una colección de temas escritos para el lenguaje de la trompeta moderna. Con el prisma del bebop como punto de partida, las composiciones están plagadas de ritmos complejos ("Rhyme and Reason"), de espiritualidad ("Sadhana", "Waltz for Diana"), influencias (de Kurt Rosenwinkle y Bill Evans, por ejemplo, en "Waltz for Diana") y, sobre todo, de espacio para que los músicos puedan expresarse, músicos que componen un cuarteto sin piano, un cuarteto liderado por el trompetista y donde aparecen Mark Turner al saxo tenor, Matt Brewer al bajo y Kendrick Scott en la batería.


Escuchemos el primer tema del álbum. Si alguna vez se han preguntado cómo surge la inspiración para escribir un tema, sirva este ejemplo que, como Palmer explica en el libreto, surgió de la rítmica 4554 de la canción "Aya" de August Greene (donde aparece Robert Glasper) y de la estructura de acordes del tema de Herbie Hancock "Tell Me a Bedtime Story". Por cierto, el título viene de Herbie y de Glasper. 


Después de lanzar varios discos como líder en el sello Steeplechase, Palmer lanza este disco en Giant Step Arts, que es algo más que un sello discográfico: una organización sin ánimo de lucro que pretende apoyar a artistas emergentes lanzando sus discos. No los venden sino que los entregan a los músicos para promoción y organizan eventos de presentación que documenta el fundador del sello, el fotógrafo Jimmy Katz. De este modo, los artistas tienen pleno control sobre su música, si presiones de ningún tipo.

Esto se nota en este álbum donde Jason Palmer compone e interpreta temas sin corsé ni medida, ese tipo de temas largos donde los músicos pueden improvisar y desarrollar sus ideas sin marcaje. Rhyme and Reason tiene (ilustrando esta idea) sólo 8 temas, pero está editado como disco doble porque sólo uno de los temas baja de los 10 minutos, pasando 3 de ellos de los 16 minutos de duración. Esto permite intros originales (de trompeta casi siempre, pero también de contrabajo, como en "Mark's Place"), progresiones muy libres y acumular un caudal de ideas importante.  Vamos, esas cosas que hacen grande al jazz.

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* Web oficial: www.jasonpalmermusic.com

* Fotos de Jimmy Katz.

MONK, MINGUS Y EL SILENCIO EN MOZART

TONI SAIGI, La Prinsire de la Sal (Underpool, 2018)

Podríamos decir que Toni Saigi es un brillante pianista bop, pero nos quedaríamos cortos. Las composiciones y la ejecución de Saigi son una especie de conjuro que nos devuelve a los mejores tiempos del jazz, que fueron los 50 y los 60. Esto es una opinión personal pero es menos subjetivo afirmar que hay una clara influencia monkiana en su forma de atacar las notas del piano, y que con su cuarteto, armonizado muy al estilo Mingus, convierten este álbum en una experiencia singular.

Sin duda, una carta de presentación para un primer disco como líder. La Prinsire de la Sal fue grabado en los estudios UnderPool el 17 de diciembre del 17 y publicado en 2018. En el disco, Saigi junto a su cuarteto Tronik, formado por músicos jóvenes y sólidos de la escena barcelonesa: Jaume Ferrer al saxo, Marc Cuevas al contrabajo y Carlos Falanga como batería, habituales del sello Underpool y que aquí funcionan muy bien en conjunto.

A pesar del titular, Saigi está lejos de versionar a Monk pero sus fraseos sobre las teclas ahondan en ese estilo de ritmo roto y recompuesto que hizo inmortal al pianista de Carolina del Norte. El jazz debe sonar espontáneo, como música nacida del sentimiento que es, pero sin duda hay algo cerebral en esta manera de dominar el ritmo y sus cambios, y de expresar con los silencios, haciendo buena esa frase de Mozart que dice que la música se encuentra en los silencios entre las notas, teoría que impulsó Monk con su swing único.


Como buen jazzista, Saigi busca en la tradición y ofrece su propia visión del bop tardío y menos furioso de principios de los 60, algo que aplaudo. Ofrece también guiños (Bud, Tete) que no sabemos si están en la composición o es algo que contagia a sus músicos (hay guiños a Golson y a Rollins en algún solo de Jaume Ferrer, por poner algún ejemplo, incluso a altos como Bird). El tema final ("Holland Inn Hotel"), una balada tremenda en su brevedad y su presentación (piano solo) es, más que un guiño, casi un dejá vu en el que parece que va a entrar Billie Holiday para hacer su clásico "Lover Man".


En las baladas ("Magalí", "La Prinsire de la Sal"). comparte protagonismo con el saxo, que lleva casi todo el tiempo la melodía y a quien ofrece unas respuestas aparentemente parcas pero tremendamente expresivas. Una delicia. En los temas más atrevidos, como "Dieletif", experimenta con el ritmo y con la banda como si todos (incluido el saxo) fueran exclusivamente instrumentos de ritmo. Algo parecido pero menos atonal es "L'Anell que no tinc", duro, con un sonido muy crudo que recuerda otras épocas donde los discos de jazz no sonaban a asépticos compact discs. Aquí, mientras la sección rítmica fluye en su propia salsa, el piano crea una tensión sólo rota por el solo de saxo, templado pero muy bien llevado, con unas réplicas del piano muy personales que también acompañan al solo de contrabajo (qué sólido y mainstream suena Marc Cuevas cuando, sin embargo, como líder, busca experimentaciones más alejadas del jazz convencional) para terminar el tema con un chorus muy articulado y cantable, al unísono, casi hardbop 

En resumen, un disco ambientado en la tradición pero con toques muy originales y con un pianista al frente lleno de erudición y, al mismo tiempo, de ganas de abrir nuevos caminos. Toni Saigi tiene lo que tiene que tener un músico de jazz: su propia voz. Supongo que es pronto para afirmarlo juzgando por un solo álbum, pero confío en poderlo escuchar en un futuro próximo con nuevas grabaciones. Y que se parezcan a ésta.

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* Web: www.underpool.org/laprinsiredelasal

LA ESTÉTICA DE LO INUSUAL

MONODRAMA, Modern Post Mortem (2015)

Monodrama es un trío madrileño formado por David Sancho (piano eléctrico), Mauricio Gómez (saxo tenor) y Alberto Brenes (batería). El título de su álbum de presentación (Modern Post Mortem) es toda una declaración de intenciones: su música y sus composiciones van más allá del free o del jazz moderno; su jazz es post-moderno o, como lo define el título, post-mortem, post-erior a la muerte de las etiquetas en el jazz.

El expresionismo en la pintura nació con unas características definidas: desequilibrio y fuerza. Así, colores y formas servían para expresar sentimientos en contraposición al impresionismo, que reflejaba de manera original la realidad. Puede que alcanzáramos a definir de alguna manera la música de Monodrama como expresionista por su forma de indagar en los temas, que parece querer expresar más que reproducir, expresar algo nuevo, buscando pero sin deambular. En este sentido, percibimos una búsqueda de influencias, muchas, pero, sobre todo, una muy nítida de pianistas alemanes y suecos, algo que queda en cierto modo enmascarado por el uso electrónico que hace del piano David Sancho pero que queda patente en los patrones. Lo mismo ocurre con las frases del saxo, cuyo colorido Mauricio Gómez templa con tenacidad. La batería, ese elemento que siempre da cohesión y sostiene el combo, es otro mundo. Alberto Brenes derrocha aquí un repertorio que va de lo experimental al swing sin abandonar el concepto del grupo. 
 

Monodrama es una formación joven que lleva ya un par de años intentando abrirse camino en la escena jazzística madrileña y que, sin embargo, nos había pasado desapercibida, quizás porque el free y el postbop no son la punta de lanza en el jazz made in Spain, y menos las fusiones con la electrónica y lo experimental, a pesar de que la música de Monodrama, aunque intenta ser atonal y rebelde, suena suena resueltamente orgánica.

Quizás por eso Modern Post Mortem es un disco que admite muchas escuchas y a muchos niveles, desde el intento de swing con que comienza "Constelaciones" hasta el colorido laconismo de "Etcétera", el tema que cierra el disco. Y, aunque es difícil adherirlo a cualquier etiqueta, en su concepción hay ciertos rasgos de post-bop y de free, de música cinematográfica y de drama, de rock experimental y progresivo, especulativo, trazas de Sun Ra y de Return To Forever con una óptica más moderna, no empeñada en lo electrónico sino usando el piano eléctrico como un elemento jazzístico ya integrado en nuestra cultura auditiva y, como rasgo común con las fusiones y el rock, sus temas contienen momentos largos, de gran intensidad, especies de trances que parecen no llegar nunca a ningún lado y que, sin embargo, resultan hipnóticos. Y nos gustan.

Y ahora, déjense llevar al trance con el contagioso tema "Constelaciones":



Y aquí los tienen en directo en el Bogui con el tema "Normal":



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EL TREN DE LA LIBERTAD

Joaquín Chacón & Mariano Díaz, Skytrain (Errabal, 2013)

Skytrain es un ejemplo del jazz moderno, mestizo y realmente profesional que se hace en España. Músicos de experiencia contrastada, composiciones originales, múltiples referencias estilísticas, desde la fusión al post-bop..., un disco de esos que nos gustan, entretenido, con algo nuevo que contar en cada tema, en cada solo.


Se podía esperar todo de un disco que reúna tantos músicos renombrados como reúne este Skytrain (Errabal, 2013) que firman Mariano Díaz y Joaquín Chacón. Inspiración, un sonido compacto que da fe de lo bien que se entienden los músicos y libertad creativa al más alto nivel. El personal: Dave Liebman, Javier Colina, Perico Sambeat, Mario Rossy y Guillermo McGill. Casi nada. Aunque, en realidad, son dos quintetos diferentes los que podemos oír en este álbum. Junto a la guitarra y al piano, está permanentemente McGill en la percusión pero, mientras en algunos temas escuchamos a Liebman y Colina, en otros son Sambeat y Rossi los encargados de completar la el quinteto.


Siempre nos ha gustado Mariano Díaz, un pianista incansable y con un gusto por el clasicismo que nos complace. Quizás no sea de esos pianistas que reconoces al primer compás por su forma de tocar o componer, pero nunca defraduda. Su toque sutilmente funky ("Skytrain") nos gusta especialmente. Joaquín Chacón, por su parte, nos acerca más al jazz-rock, con influencias del John McLaughlin de la Mahavishnu. Y esta confrontación de tendencias la que establece el singular equilibrio del álbum.

Para darle más consistencia a toda esta alquimia, el álbum cuenta con dos saxofonistas de lujo. El primero es Dave Liebman (en la fantástica portada de Gotxi aparece como David), que ha trabajado con Miles Davis, Chick Corea y un millón de luminarias más. Liebman añade los ingredientes post-bop ("Energy Thieves") y free en los momentos adecuados. Recordemos que en la época más experimental de Miles (en Columbia en concreto) Liebman estuvo junto al trompetista de manera habitual. No es por casualidad que el otro saxofonista elegido sea Perico Sambeat, quien a su vez ha estado presente en el jazz más experimental hecho en España. Incansable experimentador, ha trabajado a lo largo de su carrera con otros aventureros de la teoría como Pat Metheny y Brad Mehldau.

Díaz y Chacón enfrentan a los dos saxofonistas por separado en "Yotsuya Station", un tema que podemos escuchar en el álbum en dos versiones, una con cada uno de los quintetos. Por no parecer chauvinistas ni todo lo contrario, vamos a reservarnos la opinión de cuál nos ha gustado más.

En el quinteto en el que aparece Dave Liebman podemos oír a Javier Colina, uno de los bajistas más serios de este país. Su trabajo aquí es impecable aunque no demasiado vistoso. Quizás se agradezca que en algunos discos los bajistas no se hagan los protagonistas. Junto a Sambeat, está Mario Rossy al bajo, también muy rítmico y preciso. Es fantástico constatar cómo en ambas sesiones del disco, en ambos quintetos, con dos músicos nuevos en cada formación, el grupo consigue mantener la misma línea estilística del disco. Por algo los líderes son los líderes. Las composiciones, porque merece la pena destacarlo, son originales (Díaz en mayor medida pero también Chacón) y funcionan muy bien.

En este video podemos ver a Díaz y Chacón en vivo en el Café Central de Madrid. McGill está a la batería pero el saxo lo lleva Dani Juárez (que lleva muy bien el tono del disco) y al bajo Víctor Merlo.


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EN UN MUNDO DE MAZAS

Jason Marsalis vs. Warren Wolf


El vibráfono es uno de los instrumentos más espectaculares y expresivos del jazz. Hoy vamos a hablar de dos músicos que dominan el instrumento con distinta creatividad. El primero de ellos es Jason Marsalis, que ha editado una colorida y variada colección de temas con el título de A World Of Mallets (Un mundo de mazas) bajo el sello Basin Street. El otro es Warren Wolf, habitual de las formaciones de Christian McBride. Su quinto álbum como líder se titula Wolfgang (Mack Avenue, 2013)

JASON MARSALIS, In A World of Mallets
Sí, pensé que Jason me ofrecería en su nuevo disco una oportunidad para reconciliarme con el clan Marsalis después del decepcionante álbum de su hermano Brandford, con quien tengo una extraña obsesión que me impulsa siempre hacia él pensando que, por fin, en algún disco, llegará a conectar conmigo. Pero no, Brandford y su experimento de desconcertante título (Four MFs Playing Tunes o, lo que es lo mismo, Cuatro hijos de... tocando melodías) restó un punto al ranking del apellido Marsalis. Ahora le toca a Jason, el pequeño de los cuatro, recuperarlo. En su nuevo álbum, titulado ilustrativamente In A World Of Mallets (Basin Street, 2013), Jason Marsalis dibuja con su Vibes Quartet un proyecto tan amplio e inexplicable que, después de la segunda escucha, sigue sin habernos convencido de qué puntuación ponerle. Comencemos por un poco de música:



Hay swing y espíritu de hardbop en ese "Blues Can Be Abstract, Too" pero no todo el disco es así. Hay temas con mucho blues, como "Ill Bill", cierto gusto por el impresionismo cuando imita el sonido de relojes o gramolas ("My Joy"). El disco se torna terriblemente aburrido cuando hace esto, mientras que en otros temas va más allá en su ansia de experimentación. ¿Qué tipo de experimentación?, aullarán en mi oído las almas más puristas. Jason se permite introducir fraseos y cánones de música clásica en algunos temas a modo de adorno (del mismo modo que hacía Sonny Rollins con sus melodías caribeñas). "Blues For 29 Percenter's" sería un buen ejemplo de ello. Pero en otros se acerca más a la música clásica que a la síncopa o a la improvisación. Supongo que este es el letimotiv del disco, una manera de aunar formación y vocación, de aplicar las disciplinas de la música canónica occidental (Jason Marsalis estudió percusión clásica en la Universidad de Loyola), pero en mi opinión, el resultado del disco es confuso. Podríamos ilustrarlo con los títulos de los temas. El que sirve de introducción se titula "Discipline Discovers A World of Mallets" y el último "Discipline Get Lost in a World of Mallets", y así parece que anda perdido el pequeño Marsalis... No obstante, sigue pareciéndonos un instrumentista dotado, polirrítmico y reseñable.

Además de Jason Marsalis, Austin Johnson al piano, Will Goble al bajo y David Potter en la batería completan el cuarteto.



WARREN WOLF, Wolfgang
Podríamos decir que el otro músico de hoy, el dinámico Warren Wolf, sufre también de excesiva exposición al clásico cuando en el último tema de su nuevo álbum (Wolfgang) nos ofrece unas variaciones sobre el Carnaval de Venecia de Saint-Saënts... Pero, después de escuchar su disco completo, después de disfrutar de su gusto por la improvisación y el ritmo, esta peculiar coda resulta sólo una anécdota curiosa.

Pero no seamos pesimistas: el disco nos ha gustado. Si no, no aparecería en nuestro blog (normas de la casa) pero sí es cierto que como compositor Wolf es menos brillante que como músico, razón por la cual, nos gusta en su disco pero nos hace temblar cuando trabaja junto a Christian McBride...

Como casi todos los vibrafonistas, acumula influencias de todo tipo de percusionistas, desde colegas de láminas o marimbas hasta bateristas (su cuarto álbum se tituló Warren 'Chano Pozo' Wolf) y esto se nota tema a tema, cuando el disco va tomando color y se convierte en un verdadero Mundo de Mazas, como intentaba Marsalis...



Wolf no sólo consigue en sus temas ese equilibrio entre fragilidad y ritmo que sería exigible a todo vibrafonista sino que construye, a la manera de Milt Jackson, caminos en los que la melodía se va desarrollando hasta terrenos inesperados, y lo hace con lógica. Toda una lección de maestría y experiencia impropia en un músico de treinta y pocos años. Incluso cuando se funde con el piano ("Wolfgang" o mejor en "Grand Central") tiene personalidad.

Son dos cuartetos distintos los que han grabado el álbum. Wolf reúne a tres músicos jóvenes (Aaron Goldberg al piano, Kris Funn al bajo y Billy Williams Jr a la batería) para unos temas ("Sunrise" o "Grand Central) mientras que utiliza otro trío con más experiencia (Benny Green al piano, Christian McBride al bajo y Lewis Nash a la batería) para los temas con más soul, acercándose al sonido post-bop de los discos del bajista. Con este trío, Wolf y su mentor McBride acometen un homenaje a sus ídolos Milt Jackson y Ray Brown (Brown fue profesor de McBride) reproduciendo la versión que Jackson y Brown hicieron en 1969 de "Frankie & Johnny". Darryl Tookes aparece como vocalista en "Setembro" de Ivan Lins. Dos grandes combos con un líder común, un vibrafonista del que nadie hablaba hace unos años y que se ha convertido en una figura imprescindible del instrumento.



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* Fotografía: Jason Marsalis on drums with the Dr. Michael White Band at Satchmo Summer Fest, New Orleans. Autor: Infrogmation (extraída de Wikipedia)

** Fotografía de Warren Wolf: Lena Adasheva.