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TOCAR AL RITMO DEL MAR

EVA ALCAIDE QUINTET, Dive into the Sea 
(Errabal Jazz, 2022)

Nos gusta escuchar a instrumentistas como la guitarrista madrileña Eva Alcaide, precisa, con un discurso versátil y limpio, una instrumentista como muchos otros formados en conservatorios que, en un momento dado, ponen su virtuosismo a favor de la síncopa, del swing... y acaban presentando su trabajo de debut nada menos que en el Festival de Jazz de San Sebastián (ahora resumido más comercialmente como Jazzaldia).

Eva Alcaide se sumergió en el jazz en la Escuela de Música Creativa (Madrid), hizo el grado superior en Musikene (San Sebastián) y un máster en el Royal Conservatoire of Scotland (Glasgow), un recorrido vital (y musical) que puede sonar breve pero que implica mucho trabajo y una voluntad de perfeccionismo que se puede escuchar en sus temas.

Los temas de Dive into the Sea se mueven intencionadamente con esa cadencia de ida y vuelta que tienen las olas del mar, con estructuras musicales ondulantes y bien calculadas. Alcaide se expresa con un lenguaje sutil y, a menudo, meditativo. En la mayoría de los temas, comparte protagonismo con el pianista Jorge Fernández (No-Land Trio) con raras excepciones, como el curioso caso de "The Peacocks", uno de los dos temas del álbum no compuestos por Eva Alcaide, un tema escrito por un pianista (Jimmy Rowles) en el que la guitarra es protagonista absoluta. 

Foto: Hugo Alcaide (fuente: Facebook)

En otros momentos, es la voz de la duranguesa Irati Bilbao la que comparte protagonismo con Alcaide. Bilbao es una cantante que suena como un instrumento ("Fresh Start", por ejemplo), llena de ritmo y color, y que aporta ese toque clásico de los unísonos voz/guitarra, tan excitantes.

Artífices del sonido fluido y estimulante (dentro de los ritmos calmados de este disco) son también los miembros de la sección rítmica del cuarteto: el bajista Carlos Montulluno de esos bajistas que parecen cantar en sus solos, y el baterista Aitor Bravo (Triology, No-Land Trio, Jerónimo Martin). 

Cabría destacar, además de la solvencia de Alcaide como instrumentista y como compositora, su juventud, confirmada por el hecho de que este cuarteto se formó para su trabajo de final de máster y ha culminado en un disco muy sólido y grato de escuchar, con temas propios y dos standards entre los que escuchamos también "Naima" de Coltrane, pero eso es un asunto menor cuando lo que cuenta aquí es el lenguaje utilizado y la brillantez conseguida. 


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OBITUARIO DEL 17 DE JULIO: BILLIE HOLIDAY

Billie sigue viva 

Murió un 17 de julio, como hoy, en 1959, en el Metropolitan Hospital de Harlem. Un mes y medio antes la habían encontrado desmayada en su casa y la habían ingresado en coma. Una enfermera encontró heroína en la mesilla, escondida en una caja de Kleenex, y la policía la detuvo allí mismo, esposándola a la cama. Finalmente, le dieron el alta y la dejaron en libertad bajo vigilancia dado su estado. El 10 de juliio empeoró, entró en coma y murió el 17. 

Su voz sigue sonando, recordándonos que la belleza sobrevive en las peores circunstancias, buscadas o no. En este vídeo, la vemos cantando el inmortal "My Man" (Yvain/Pollock) acompañada de Jimmy Rowles, una de las mejores versiones de este tema que podamos escuchar.

Sé feliz, Billie, allá donde estés. 

LA IMPROVISACIÓN EN EL CINE

Cassavettes entre las sombras

No es de extrañar que el cine, que se desarrolló de manera paralela al jazz, tomase de este último, en algún momento, esa capacidad para la libertad de expresión que es la improvisación. Al igual que Cortázar en la literatura, algunos cineastas probaron a reflejar en la pantalla el concepto de improvisación como arma con diferentes resultados. El primero que dio el paso de manera notable fue Cassavettes. Como profesor de actores en el Bariety Arts Studio, Cassavettes creía tener las armas para mover los hilos de una película y su primera incursión como director (Shadows, 1959), rodada en 16mm, se basó precisamente en la improvisación. Fue un ataque frontal al mundo cerrado de Hollywood: la vida, como todos sabemos, no sigue nunca fielmente un guión. Buscando este realismo, Cassavettes usó dos elementos catalizadores, que fueron la improvisación actoral y el free jazz, elemento que le sirvió para corroborar rítmicamente el sentido casual de las vidas de los personajes.

El jazz sigue este patrón a menudo, marcando unas líneas (melódicas o armónicas) principales y dando libertad a los intérpretes (en este caso actores). La música es precisamente el principal reclamo que ha atraído siempre a los aficionados del jazz a Shadows: la participación de Charles Mingus, quien, al igual que Miles Davis en Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958), improvisó la banda sonora de la película de Cassavettes al bajo, construyendo una interpretación electrizante, aunque sin llegar a sus mejores explosiones en directo (porque, en el fondo, se trata de música en directo) ni alcanzar ese status superior de rabia convertida en expresión musical que define buena parte de las composiciones (comprometidas o no) de Mingus. Sus temas para esta película reflejan muy bien, en todo caso, las vidas desorientadas de los personajes, sus titubeos y sus dudas, algo en lo que, indefectiblemente, influye la improvisación que estaban obligados a llevar a cabo los actores. Pero no toda la banda sonora pertenece a Mingus. Habitualmente se obvia la presencia del saxofonista Shafi Hadi, quien, al igual que Mngus, ilustró con sus improvisaciones las dudas vitales de los protagonistas.


Cassavetes repitió experimento en su segunda película como director, Too Late Blues (1961), protagonizada por Bobby Darin y una turbadora Stella Stevens. Al igual que la primera, esta cinta está poblada de personajes desorientados que buscan su lugar en el mundo, en esta ocasión son músicos de jazz, razón por la cual no se desenvuelven mal improvisando... Pero Too Late Blues está llena de paradojas. La pareja protagonista es lo más flojo, interpretativamente hablando, de la película. La chica (Stella Stevens) está tan ensimismada en sus complejos que la interiorización de sus problemas apenas se refleja en la pantalla. El protagonista es nada menos que Bobby Darin, un cantante ya de por sí poco dado al drama, que pasa por el metraje con unas pocas frases buenas y tratando de fingir (sin éxito) desencanto con su cara de ángel.

En Too Late Blues la improvisación en los diálogos es menos palpable (quizás porque los personajes están menos "perdidos" que en Shadows) y el jazz constituye otra de las paradojas de la cinta. Aquí no hay free sino un hardbop suave, a veces mainstream o con aires de blues que apenas sobrepasa la frontera de la comercialidad más acorde con la época. La música es de David Raskin y los músicos que se escuchan (que no son los que se ven) son: Milt Bernhart (trombón), Benny Carter (saxo), Shelly Manne (batería), Red Mitchell (bajo), Uan Rasey (trompeta), Tommy Tedesco (guitarra) y Jimmy Rowles doblando al piano a Bobby Darin, todos músicos blancos y (otro detalle) aparecen en la primera escena tocando en un colegio (u orfanato) para negros (!) porque, liderados por el protagonista, Ghost (Bobby Darin), huyen del éxito y sólo les interesa la música. Tocan de manera benéfica, e incluso en los parques, sin público, como una alegoría de lo que constituye tratar de ser músico sin rendirse a las exigencias de la mercadotecnia.

-No hacemos más que festivales, en San Diego, en San Francisco....tocamos jazz para sordomudos, para ancianitos, para los ciegos... ¿Cuándo triunfaremos? Es lo único que quiero.

-Nunca, Charlie. Si te refieres a ser famoso.

Sólo el personaje del agente, que encarna aquí al lado oscuro de la historia, tiene cierto peso y, nos atreveríamos a decir, es el que menos improvisa de todos. Too Late Blues no es Shadows y el tema es menos profundo que los prejuicios raciales de su primera película, pero sirvió para confirmar que la improvisación podía ser algo más que un experimento, una forma diferente de hacer cine. Luego lo intentó con Faces (1968) pero... no somos tan adictos al free y vamos a dejarlo aquí.