En la misma línea de su anterior See Ahead (Free Code, 2016), el contrabajista y compositor gallego Alfonso Calvo nos trae una nueva colección de temas originales con un sonido calmado, limpio, muy cool y placentero de escuchar, seis enormes composiciones con las que Calvo sorprende y, al mismo tiempo, consigue que suenen familiares al oído del aficionado.
Su septeto está formado por Pablo Castanho (saxo alto y soprano), Diego Alonso (tenor), Xabier "GdJazz" Pereiro (trompeta y fliscorno), Luis Miranda (trombón), Iago Mourinho(piano) y Miguel Cabana (batería) y cuenta también con invitados como Ton Risco(vibráfono y melódica), Pablo Pascual (clarinete bajo) y Paola Kianda (pandeiro), todo un despliegue para sacar partido a unos arreglos que complacerán tanto a los oídos modernos como a los más apegados a la tradición, donde Calvo encuentra referencias claras para hacer un jazz sin prisas, deleitándose en las dinámicas y, sobre todo, en el sonido de los metales y maderas.
En algunos temas donde el septeto se amplia (con Risco, Pascual y compañía) aumenta la "paleta" de colores del combo y Calvo consigue nuevas atmósferas, más brillantes ("Mary-Go-Round", por ejemplo), sin buscar la espectacularidad: no hay vibratos gratuitos ni grandes unísonos ni abuso de la sección rítmica, por ejemplo, pero sí un uso constante del ritmo como elemento fundamental y, lo que es mejor, mucho espacio para los solistas.
Sin ánimo de comparar, hay momentos que nos recuerdan a dos referencias personales: por un lado, los arreglos de Calvo me traen a la mente las aportaciones de Gil Evans al jazz de Miles Davis, por sus arreglos brillantes, que buscan una pureza dentro de la complejidad de empastar la diferente tímbrica de todos los instrumentos; por otro lado, y por citar otra referencia que nos viene a los oídos, la manera de sacar partido a los arreglos de Maynard Ferguson con su big band, sin la espectacularidad explosiva del trompetista pero con un resultado igual de excitante.
Monday Mood es el segundo disco como líder de Alfonso Calvo, quien, sin embargo, ha participado en un buen número de formaciones (No Name Quartet, Marcos Pin, Aló Django, Valentín Caamaño Trío, Marcos Teira Trío...), combos en los que siempre hay músicos en común, algo que propicia un interplay orgánico, natural, con esa complicidad de los directos que funciona tan bien y que hace este disco muy recomendable. Lo mejor: dentro de unos años, hagan una escucha a ciegas (antes lo llamaban "blindfold tests") y nadie sabrá decirles a qué época pertenece este álbum. Y esta atemporalidad le augura una larga vida.
PABLO CASTAÑO QUARTET, A-la-láa (aCentral Folque, 2018)
En su primer disco como líder tras más de 20 como sideman, el saxofonista gallego Pablo Castaño presenta una colección de temas originales inspirados en los cantos tradicionales del norte de Galicia, influencias que pueden pasar desapercibidas para los que no conocemos estas músicas ancestrales ni sus patrones rítmicos o armónicos porque consigue integrarlos completamente en el esquema jazzístico. Sólo los dos temas donde aparece la cantante Ugia Pedreira delatan al profano el origen conceptual de los temas. Influencias. Pablo Castaño ha escrito en A-la-láa un gran blues a la tierra gallega.
Dentro de la rica tradición musical de Galicia, el alalá es un canto montañés a cappella al que se supone un origen ancestral, quizás en el gregoriano. El alalá suele tener un estribillo onomatopéyico, del tipo "a-la-lá" o "a-la-lei", un canto libre que enlaza de manera paralela con la filosofía del jazz y más directamente con el sentimiento lastimero del blues. Ese punto en común con el jazz lo explica muy bien este artículo en el blog de los Asociación Amigos de la Gaita Gallega en Extremadura: "El alalá es arrítmico, por lo que, aunque han sido muchas las recopilaciones de alalás en los diversos cancioneros, lo cierto es que recogen la versión de esa persona en ese mismo momento".
Con este enfoque, Pablo Castaño construye una decena de temas que van desde el blues pasando por el hardbop, cool jazz, blues... hasta baladas intimistas.
Tanto las composiciones del guitarrista Marcos Pin, que ha escrito una suite en tres movimientos titulada Dia de Seitura especialmente para este disco, como las de Castaño han utilizado como base para sus composiciones en clave de jazz los documentos recopilados por folkloristas (el disco incluye información muy concreta sobre el tema), aunque también hay algún estándar; por ejemplo, "Shiny Stockings" de Frank Foster se mezcla con el "Alalá do Pindo", recogido por Casto Sampedro en 1892, para construir un contrafact delicioso, una balada desnuda (piano y saxo) y con mucho swing en la que el pianista Yago Vázquezestablece un diálogo lleno de buenas frases con el saxo de Castaño, mostrando ambos una gran riqueza expresiva. "Castaño in Brown" es un caso aparte, un tema para cuarteto inspirado en el bop cálido de Clifford Brown.
El cuarteto lo completan el contrabajista argentino Demian Cabaud y el baterista Iago Fernández.
Mención aparte en este maridaje merece la cantautora Ugía Pedreira, ahora directora del Centro Galego de Música Popular, cuya intervención pone el punto claramente folk en los temas "Alalá do vento" y "Alalá da estrela e da lúa". Su voz aporta una dimensión altamente emocional que enlaza, como decíamos más arriba, con la misma esencia del blues, dos músicas que pueden considerarse himnos de la tristeza, lamentos anclados a una dimensión racial, profunda.
Para los profanos, los temas del álbum de Pablo Castaño pasarán por temas originales de jazz; para los musicólogos, supone una maravillosa vuelta de tuerca al concepto mestizo del jazz y también a la música tradicional, un nuevo ejemplo de la siempre proactiva e interesante escena jazzística de Galicia, la Tierra de los Alalás (disculpen el título fácil de este artículo) que merece la pena escuchar.
Les dejo otro ejemplo para que juzguen por sí mismos. Que lo disfruten.
El gallego Marcos Pin, uno de los guitarristas más sólidos, creativos y proactivos del actual jazz español, abandona momentáneamente sus deliciosos experimentos de la serie Duology para volver al estilo que más me gusta: el hardbop. Lo hace con un disco conceptual, cuyo leitmotiv es ese sentimiento de ser artista, una afección espiritual que se mueve en otra dualidad: la del valor real contra la ignorancia social que rodea al Arte.
El concepto.
Con una contundente portada, el músico de jazz nos muestra la miseria de ser artista en los tiempos que corren, que si bien es cierto que en España las artes nunca han sido muy valoradas (ni por la sociedad ni por los gobernantes) en estos tiempos de "cultura" fácil, de adicciones como el Whatsapp y la fast food televisiva, Broken Artist es una declaración de intenciones. El álbum no habla del artista famélico sino de ser músico, de ser músico de jazz (que es algo diferente) y de luchar por seguir siéndolo a pesar de los malos promotores, de los dueños de los bares, de los horarios, de la pasta... Ese es el concepto del disco. Me lo contó el mismo Marcos en una
conversación bastante sincera en la que me habló de sus tribulaciones como músico de jazz, algo que dio lugar a un relato del que hablaremos después.
El diseño.
El disco viene en un formato que imita a los antiguos EP's de 7" (un CD normal de 12 cm en una carpeta de cartón en 17x17 cm) con un diseño que nos retrotrae a otra época, recordando a las traseras de los LP's de Blue Note. En el interior, un tríptico con fotos y un relato sobre un músico de jazz (roto) escrito por este que firma, un relato inédito, compuesto especialmente para el disco y que no encontrarán en Noche de jazz, otro elemento más que certifica que Broken Artist es un proyecto único, mimado largamente y muy cuidado.
El estilo.
Pero hablemos de la música. Broken Artist es un disco de hardbop, un estilo que le viene al dedillo a la guitarra (nunca mejor dicho) y a un guitarrista tan fresco y con tanto swing. Además, lo escuchamos en el formato de quinteto clásico, con un sonido brillante que llama a modernizar el concepto de hardbop, pero manteniendo el mismo espíritu, fiel a aquel movimiento que en los 50 hizo de las armonías complejas su bandera, que recuperó el sentimiento de blues y que nunca defrauda. Para superar esos efectos de fumador
pasivo, de músico explotado, de los que hablamos, Marcos renace de las cenizas como haría un
genio (artístico, se entiende) y contraataca con composiciones inspiradísimas y clásicas al mismo tiempo, y lo hace sin reparar en
gastos (intelectuales, se entiende),
con unos músicos de lujo y unas composiciones de arreglos fastuosos. ¡Que se jodan los
tacaños! Pero escuchemos un tema antes de continuar hablando.
Los temas.
Lo mejor de Broken Artist es que la música cuenta todas estas historias de denuncia en untono optimista y con un sonido natural, aparentemente fruto de la espontaneidad, algo
que me gusta tanto y que es especialmente apreciable en la forma en que
se suceden los solos (por ejemplo) en "Blind Hope" y, de manera más
nítida, en "Castanho's Reed". Los temas cantan (a ritmo de hardbop) ese espíritu
irreductible del músico como creador/trabajador que sobrevive más que por dinero por amor al jazz (esa "Blind Hope" que es lo único que alimenta al músico, según las notas del libreto).
1. Desde los primeros compases, queda claro que el saxo de Pablo Castanho comparte protagonismo con la guitarra y que, siendo el único instrumento de viento, asume con ésta los chorus. "Blind hope" es una buena muestra de ello. Su espectacularidad y el que todos los músicos tengan un solo recuerda a los discos de Blue Note, que siempre comienzan con un tema pegadizo e inolvidable.
2. El segundo corte, "Lullaby For My Two Boys" es una nana triste. Habla del músico que regresa a casa desde otro mundo (el de los escenarios) y nota que ha perdido un tiempo de la vida real en un sueño que no siempre compensa. Especialmente destacable, el piano de Yago Vázquez, con algún toque de blues memorable y un delicado y preciso diálogo constante con el saxo y con la guitarra, con un buen solo al que Marcos Pin corresponde con una emotiva intervención de la guitarra. En la coda, el piano nos lleva más allá, por la Tercera Vía, a un punto impresionante.
3. "I Love You Too" está basado en los cambios del estándar "I Love You" y es una locura de tema para mover los pies, con una guitarra enorme. Puro hardbop. Como los demás, es un tema-denuncia que habla de los falsos halagos y de los promotores que doran la píldora a los artistas para nunca contratarlos. Un clásico.
4. "Castanho's Reed" es un tempo medio muy intenso, con 9 minutos donde el blues amenaza a la partitura, con un saxo meditativo, cargado de recursos, y una buen ración de solos.
Pablo Castanho al saxo
5. "Carmen's Call" es, en palabras de Marcos, un tema divertido. Habla de promotores de jazz que no entienden de jazz, de gente que consigue beneficios de actividades que no aprecian... Es una denuncia del negocio (o más bien, de los negociantes) con un Pablo Castanho muy agresivo, potente y con una manera de acabar las frases que refleja cierta dosis de rabia por parte del Artista Roto. Igual fuerza y agresividad escuchamos en la sección rítmica (Alfonso Calvo al contrabajo y Andrés Rivas en la batería) y, en especial, en el piano. El solo de guitarra viene a encauzar toda esta rabia con un ritmo acelerado y virtuoso como para dejar callado al promotor más cicatero. Un tema muy free y guerrillero que sólo encuentra paz en el último compás.
6. "Vulpecula" es el tema que cierra el álbum, una balada muy lírica en la que el diálogo entre los instrumentos construye una belleza hipnótica que nos arrastra hasta el final del disco durante más de 7 intensos minutos. El título alude a la constelación del mismo nombre y nos hace levantar la vista al cielo para después mirar abajo a fin de comprobar si estamos flotando en el espacio o es la música... Un tema bellísimo.
Un título enigmático y una portada que parece sacada de un grabado medieval preceden a la escucha del nuevo trabajo del guitarrista Marcos Pin, de quien tanto hemos hablado anteriormente. Barbanza (Freecode, 2012) es su nuevo trabajo, un álbum con siete extensos temas en los que podremos encontrar hardbop sin complejos, un swing envidiable, composiciones y arreglos a la altura y unos músicos bien conjuntados, una obra de arte inusual por lo edificante de su escucha y por el número de músicos reunidos (diez), en una formación que Mingus llamó en su día tentet y cuya traducción podría ser decateto.
Pocas formaciones se pueden encontrar en el panorama ibérico que superen el quinteto (cuarteto podría considerarse el número más atrevido), de manera que, aunque 10 sea un número excesivo para combo y algo corto para big band, Marcos Pin ha encontrado en esta formación el equilibrio justo para ofrecer una admirable complejidad de texturas y de oportunidades para los solos que no defraudará a nadie. El grupo se llama Factor E-Reset.
Destacaremos entre los músicos el papel grupal que asume el líder/guitarrista, que asume sus solos como uno más sin guardarse un protagonismo que destruiría la sensación de conjunto. La guitarra, esa guitarra de jazz como parte de la sección rítmica, aporta una fluidez que siempre parece improvisada y esto aporta frescura a todo aquello con lo que se mezcle. Maravilloso, sutil, enorme, el solo en “Where Are They?”.
Aparte de la guitarra, destacar el aporte del vibráfono (Ton Risco) en alguno de los temas, con su sonoridad retro, y la sección de viento, que asume la personalidad de un combo de los 60, son sonoridades que van desde los acompañantes de Lee Morgan a los de Donald Byrd o Sonny Clark, pero con esa serenidad que escuchábamos en el cuarteto Pin / Athanasopoulos, hardbop del siglo XXI, por simplificar.
Porque los arreglos son los verdaderos protagonistas del álbum. Las composiciones son arriesgadas y nada autocomplacientes: se mueven sobre sí mismas cambiando de ritmo y de tono, pasando de trío a decateto sin despeinarse, pero lo más interesante es el enfoque, muy colorido, aprovechando los recursos de estos diez músicos para que suenen como una big band completa. Todas las composiciones son de Marcos Pin, todas originales salvo una versión de un tema propio y de otro de Coltrane, con las que se abre el disco.
El disco comienza por dos versiones. La primera es “Bagheera’s Dilemma”, un tema que ya hizo Pin con el cuarteto citado y que aquí muestra más solidez, más texturas. El sonido de la pequeña big band lo hace sonar (paradójicamente) más moderno. La segunda versión es del “Moment’s Notice” de Coltrane, en el que, sin ánimo de comparar, saxos y demás metales aportan sonoridades nuevas a la metafísica coltraniana.
De ahí hasta el final todo es bop, pero con esa serenidad discursiva que le gusta a Marcos Pin. Especialmente excitante es el tempo en “Noite de Sereas”, donde la rítmica sonoridad del vibráfono contrasta de manera excitante con lo que realmente estamos escuchando, que es, a fin de cuentas, una balada. Los saxos y las sordinas ponen la crema en este corte. Algunos temas como “Bico de Mar” tienen una expresividad más contenida, más enigmática, amén de un solo espléndido, tenso, del piano (Manolo Gutiérrez). El definitivo “Escarabote’s Blues” tienen también momentos compositivos muy libres, especialmente con el solo de piano, un interesante interludio que comienza de un modo impresionista y que después, efectista y discordante, adquiere un aire mágico que incluye fragmentos que recuerdan a esas maravillosas bandas sonoras que acompañan a las películas de cine mudo.
Grabado en Oporto y mezclado en Nueva York, Barbanza de Marcos Factor Pin E-Reset continúa demostrando que hay muy buenos músicos de jazz en Galicia y también que se puede trabajar a muy alto nivel esquivando complejos y modernidades innecesarios. Esta es la formación al completo: