Mostrando entradas con la etiqueta Adrián Iaies. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adrián Iaies. Mostrar todas las entradas

JAZZ ARGENTINO volumen III

'Encuentro' con el Mono Villegas

Y lo hemos titulado Jazz argentino volumen III porque ya hemos dedicado un artículo a Oscar Alemán y otro a Adrián Iaies, pilares indiscutibles de unas generaciones de jazzmen que a los no-argentinos se nos hacen tan exóticos como desconocidos.

Enrique “Mono” Villegas (1913-1986) dominaba a Mozart con siete años. Descubrió el jazz con nueve. Tocó Rhapsoy in blue en vivo con 19. Con 28 estrenó su Jazzeta, primer movimiento acompañado por lo mejor del jazz argentino de la época. En 1953 escribió la música para Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams. Aprendió a tocar música criolla y, aunque jamás abandonó el gusto por la música clásica, en la que se había formado, reconoció como sus maestros a Art Tatum, Fats Waller y Duke Ellington, gran error a posteriori en una época en la que el mundo se dejaba deslumbrar por el brillo innovador de Bill Evans y Thelonius Monk. En 1955 viajó a Nueva York para grabar con Columbia y tocar en pequeños clubs, donde frecuentó a Cole Porter, Count Basie, Nat “King” Cole y Coleman Hawkins. Allí grabó el fabuloso Very, very Villegas y de allí tuvo que irse cuando la compañía le retiró el contrato por negarse a hacer un disco homenaje a Ernesto Lecuona. El Mono quería hacer jazz con los grandes, no quería “disfrazarse” de hispano ni grabar un disco de música cubana (¡él era Argentino!). Pagó su coherencia volviendo a casa, donde no sólo adoptó sino que creó un canon para el jazz argentino mezclando músicas folklóricas con jazz. Esta segunda etapa argentina es la más brillante y original del pianista. Tuvo incluso las agallas de hacer jazz con los preludios de Chopin en su álbum Metamorfosis. Hablamos de los 60 y de los 70.

El único disco que tengo de este maestro es Encuentro (Random, 1968), una maravilla de grabación con siete temas que dejan patente su gusto por el jazz clásico (Waller, Ellington) pero en los que se nota ya la influencia que Bill Evans y, sobre todo, Monk habían dejado en él. Su forma de tocar es más sincopada, más desestructurada que en sus comienzos. Le acompañan los miembros de su trío estable: Alfredo Remus (contrabajo) y Eduardo Casalla (batería), además de dos músicos que venían de la orquesta de Duke Ellington: Paul Gonsalves (saxo tenor) y Willie Cook (trompeta). Es curiosa y (al mismo tiempo) excitante oír este insólito cóctel en el que, si no dispusiéramos del libreto, podríamos pensar que Monk había dado un golpe de estado y se había sentado al piano en la orquesta de Duke...

A pesar de ser un hombre de costumbres austeras y ordenadas, el Mono Villegas tenía fama de excéntrico por su carácter explosivo. Se atrevió a convertir Caminito en un blues. Era un auténtico ganso de riña, como dicen los argentinos. Fue amigo de Borges y de Macedonio Fernández. Se alimentaba de cafés con leche y mediaslunas. En una entrevista afirmó: «Yo dije siempre que había tres clases de pianistas: los que no tocan nada, que son los que más escucha el público, los que tocan mal y siguen tocando mal durante toda su vida sin ninguna variante y los que, como yo, tratan de tocar mejor cada día sin conseguirlo hasta un segundo antes de morirse.» Astor Piazzola le compuso un tango llamado Villeguita.


ADRIÁN IAIES

La sensibilidad de Evans, la travesura de Piazzola

Confieso que amo los folkores de forma ocasional. Escuchar fado en Lisboa o sevillanas un domingo de romería son ejercicios placenteros que, en cambio, en casa se me hacen intolerables. Aprecio el tango y la música celta y creo que tengo capacidad para valorar el flamenco cuando de muy tarde en tarde asisto a una actuación flamenca, pero nada me obliga a aceptar las fusiones de estas músicas con el jazz que amo.

El caso de Adrián Iaies es distinto. Pone sobre el teclado el tango con el espíritu y la técnica de un maestro del jazz, su forma de tocar jamás abandona la síncopa, en sus melodías siempre queda un hueco para la improvisación... No voy a discutir que sea un hijo putativo más de Piazzola, pero posee una sensibilidad que no había encontrado en este tipo de fusiones desde la primera vez que oí a la conmovedora Lila Horovitz.

Anda por ahí presentando su último álbum, Esa sonrisa es un santo remedio, para el que dice que ha creado un sello discográfico propio porque no sabe qué será de los discos en el futuro... Lo hace en forma de trío, con una mayoría de composiciones propias, acompañado por Pepi Taveira (batería) y Ezequiel Dutil (contrabajo), pero de este músico argentino formado en Berklee y director del Festival de Jazz de Buenos Aires sigo prefiriendo aquel emocionante trabajo suyo llamado ‘Round midnight y otros tangos (2002), que comienza con Nardis, el tema de Miles Davis que Bill Evans articuló como estándar de piano. Aquí suena absolutamente intimista y porteño con el acompañamiento de Pablo Mainetti al bandoneón. Iaies despliega un enorme abanico de sonoridades para ilustrar el tema. Es algo más que jazz, es puntillismo en la cuerda floja. Y el tema funciona.

Le siguen Valsecito para una rubia tremenda, dedicado a su hija, un tema en el que juegan al escondite el jazz y ese aire folk que los argentinos heredaron de los italianos... Round midnight, temas de Monk, de Michel Legrand, incluso Nefertiti de Wayne Shorter, componen el puzzle de méritos para hacer de éste su disco más emocionante (¿el mejor? no los tengo todos...) hasta culminar con un personal Astor changes en el que explora, estudia y canoniza los malabarismos sonoros de su maestro Piazzola.

Puede que para muchos el jazz argentino sea ese invento que no puede escapar a sus raíces, como ocurre tan a menudo con el jazz made in Spain, al que le cuesta tanto eludir la fusión con el flamenco, pero no hay duda de que Argentina ha dado muchos y muy brillantes músicos de jazz. Ya hablamos en su día de Oscar Alemán y hoy citamos a Adrián Iaies. Son ejemplos suficientes. Este último, en pleno dominio de su creatividad, lleva años asentando un pilar más, uno original, sincrético. No en vano, posee la sensibilidad de Bill Evans y el don para la travesura de Astor Piazzola.

______________

Para escuchar más a Adrián Iaies:

· www.adrianiaies.com.ar

· www.myspace.com/aiaies