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HISTORIAS Y JAZZ

MIGUEL GARCÍA URBANI, Calle 52, historias y jazz

Hoy, leyendo con música alrededor, se me ha ocurrido hablar de un libro muy especial, un libro que no es un libro sino un laberinto de historias que no son historias sino poemas que suenan en una voz de radio entre temas de un jazz que no es jazz sino sensación y sentimiento. El libro es Calle 52, historias y jazz, un título que a muchos aficionados les sonará porque fue, allá por la primera década del 2000, un blog, un podcast, un experimento que unía literatura, jazz y vida en textos y músicas. El culpable de todo ello era/es el argentino Miguel García Urbani, escritor altamente influenciado por artes tan lejanas y próximas al mismo tiempo como la poesía y la música. Su obra se ha inspirado constantemente en el tango (el libro de relatos Tangos y falsas promesas y el heterogéneo Plateados por la luna) y en el jazz principalmente. Su prosa tiene una sonoridad rítmica y musical que hasta ahora solo habíamos encontrado en algunos poetas y, por supuesto, en Julio Cortázar.


A lo largo de las más de 200 páginas del libro, audazmente ilustradas por Luis Scafati, se van sucediendo los textos (textos apasionados, porque García Urbani es un poeta) que exploran y homenajean las sensaciones que el jazz produce en el oyente. Algunos capítulos son más narrativos pero todos son poesía. Basta escuchar/leer alguno de sus textos para sentirlo en la piel, pero en la mayoría rinde tributo a toda esa enciclopedia de nombres que (nos) inspiran a los aficionados al jazz, desde músicos (Dexter Gordon, Bill Evans, Lennie Tristano... y muchos más) hasta escritores como, por ejemplo, Lezama Lima, Lorca o el inevitable Cortázar, al que llama El hombre que escucha bebop en diez acertadas y líricas definiciones de las que reproduciremos dos:

El hombre que escucha bebop sabe qué es el jazz si no se lo preguntan. Ignora los tratados, los postulados y jamás oyó hablar de los caballeros templarios.

El hombre que escucha bebop es las doce de la noche y la voz de una mujer. Es un contrabajo con pasos de gigante mojado.

Narrativas poéticas que envuelven al lector y que van acompañadas (como hacía en su podcast) de sugerencias discográficas, temas que escuchar al tiempo, antes o después de cada texto, especialmente ilustrativas cuando escribe sobre Jobim o sobre Chet... o, en el texto que sigue, sobre Jimmy Scott:

Él es el hombre abandonado y la mujer seducida, es el narrador y cada uno de los personajes de las canciones. Su voz suena como una extraña trompeta, con una aguda y cálida sordina. Tiene la textura de un tejido que puede servir a veces como mortaja y otras como lecho para el amor. 
(Jimmy Scott, el niño mimado por los dioses. (Fragmento)

En resumen, un libro para sentir el jazz y entender que otros lo sienten como nosotros, para regalar a poetas y también a haters (odiosa palabra de moda) del jazz, pero sobre todo para gozar leyendo y escuchando. 


___________________

* Web del autor: www.miguelgarciaurbani.com

* El libro: www.amazon.es/Calle-52-historias-y-jazz

EL JAZZ ES MALO (Y, PARA ALGUNOS, UNA LATA)

ACORDES Y DESACUERDOS (XXIII)


En 1912, un desconocido fotógrafo llamado Ernest J. Bellocq decidió cambiar los paisajes y la fotografía industrial, a los que se dedicaba profesionalmente, por objetivos más excitantes. Se internó en el barrio rojo de Storyville y, durante un tiempo, estuvo realizando retratos y posados de prostitutas de la ciudad, donde el "negocio" era legal. En 1958, ochenta y nueve de estas fotografías salieron a la luz, desvelando algunos de los rostros de aquellos locales donde el jazz creció y se consolidó porque los clientes querían música en vivo, además de alcohol... y otras diversiones. Desde entonces, el nombre del jazz (incluidas algunas teorías sobre su etimología) está ligado a los bajos fondos, el erotismo y el crimen.
 
Siempre fue pecado, El jazz era algo malo, socialmente e incluso ahora, visto desde otros ámbitos musicales o profesionales, malo de lo más malo. Perdió puestos en la lista según la década, dejando paso a la satanización del rock and roll, del punk, del pop..., pero por encima de estas músicas afectas a la moda y a la mercadotecnica, el jazz ha sobrevivido porque supone un desafío intelectual para el músico y para el oyente, y siempre estaremos ahí nosotros, los que no nos conformamos con lo que pongan por la radio o la tele, mentes inquietas que sienten cosquillas (mentales) con la buena literatura, el buen cine, la buena música...

Como solemos hacer en esta sección de Acordes y desacuerdos, reproducimos algunas frases y opiniones sacadas de contexto que pueden arrojar luz (o algún motivo para el debate).


I.
Amy Farrah Fowler (interpretada por Mayim Bialik) en The Big Bang Theory confiesa esto:
Yo no he hecho pellas en mi vida. Mi madre dice que así es como las chicas acaban siendo adictas a la marihuana y al jazz.





II.
A todos nos ha pasado esto de hablar y hablar apasionadamente sobre jazz sin darnos cuenta de que a la otra persona le importaba un comino. Tras la ocupación soviética en la República Checa, Julio Cortázar, García Márquez y Carlos Fuentes viajaron a Praga invitados a dar una charla. Una maniobra de la inteligencia checa para dar sensación de normalidad. Carlos Fuentes recuerda: 
Viajamos en un tren nocturno desde París hasta Praga, pero no dormimos porque toda la noche nos la pasamos en el salón con Julio Cortázar, que se dedicó a recordar la historia del jazz. Sabía muchísimo de jazz Cortázar y entonces, entre la Gare de Lyon y la estación de trenes de Praga, nos contó la Historia desde los orígenes del jazz, capítulo por capítulo, trompetista por trompetista, cantante tras cantante... Sabía absolutamente todo. Estábamos muy impresionados Gabo y yo. Sabíamos que sabía pero no que sabía tanto. Y este es el secreto de Cortázar: que siempre sabía mucho más que los demás, pero tenía el pudor de no demostrarlo. En esta ocasión, sí lo demostró, quizás porque era de noche, porque íbamos en tren, porque íbamos a Praga... Y ya, casi al entrar en la estación, digo: "¿Por qué no cambiamos de tema y hablamos de cine?". Pero ya no había tiempo.
Cortázar y Gabo

III.
En la misma conferencia, cuenta Carlos Fuentes, que pensaba que el jazz era una pesadez de conversación, se queda con las ganas de ir a un club:
Yo estaba muy contento hasta un momento en que siento que me traicionaron mis amigos. Quedé muy descontento con ellos. Gabo me dijo: "La ópera es fantástica en Praga. Yo me voy a una función de ópera" y Cortázar me dijo: "He descubierto un club de jazz y tú, Carlos, vas a ir a hablar con los sindicatos". [...] Gabo escuchando ópera, Cortázar en el jazz y yo hablando con los sindicatos. Que eran troskistas, además. 
Cortázar soñando con ser jazzman

IV.
Boris Vian se enfrentó a la sociedad francesa de su época, que prohibía el jazz como "algo peligroso" ironizando (a su estilo) en un artículo que publicó en 1949 en Jazz Hot titulado El jazz es peligroso: Fisioterapia del jazz
Tan lejos como uno quiera remontarse hasta la antigüedad, pueden encontrarse ejemplos de la acción esclerosante y necrosante del jazz sobre la célula viva y las macromoléculas del citoplasma [...] Los trabajos del doctor René Theillier, relativos a las lesiones provocadas por la repetida agresión de una causa cualquiera, dilucidan igualmente el peligro de cualquier música de ritmo regular; el jazz es el ejemplo más típico, y por ello sería necesario que los poderes públicos se decidieran por fin a aplicar el bisturí en esta llaga y a encontrar un remedio para las psicopatías cada vez más grandes que parecen apoderarse por completo de nuestros jóvenes contemporáneos. 
Miles Davis y Boris Vian en París en 1950

V.
Más grave es cuando hay persecución. Los nazis prohibieron muchas facetas artísticas pero una lo fue por provocativa y por racial: el jazz. Desgraciadamente, aunque el ejército americano contraatacó "psicológicamente" enviando discos de jazz a los soldados (los llamados V-Discs o Discos de la Victoria), este rechazo se producía también dentro de los Estados Unidos, donde algunas minorías blancas (y no tan minorías) ignoraban el jazz como música popular. Por poner un ejemplo, la obra Porgy & Bess del judío George Gershwin tardó ¡80 años! en ser aceptada como ópera, mientras que, dentro de la propia Alemania, hubo una especie de resistencia músico-cultural por parte de los Swingjugend, a quienes Thomas Carter dedicó su película Rebeldes del Swing (Swing Kids, 1993). Ahí va un resumen  (obtenido de la web Idejazz) de cómo Hitler pretendía que funcionara la cosa con la Entartete Musik ("música degenerada") que era el jazz:

1. Las piezas en ritmo de fox-trot (o swing), no podrán exceder el veinte por ciento del repertorio de las orquestas y bandas musicales para baile;
2. En este tipo de repertorio llamado jazz, debe darse preferencia a composiciones en escalas mayores y a letras que expresen la alegría de vivir, en lugar de las deprimentes letras judías;
3. En cuanto al tempo, debe darse preferencia a composiciones ligeras sobre las lentas (los llamados blues); de todos modos, el ritmo no debe exceder la categoría de "allegro", medido de acuerdo al sentido Ario de disciplina y moderación. De ninguna manera excesos de índole negroide en el tempo (el llamado jazz) o en las ejecuciones solistas (los llamados "breaks") serán tolerados.
4. Las llamadas composiciones jazzísticas podrán contener hasta un diez por ciento de síncopa; el resto debe consistir en un natural movimiento "legato" desprovisto de histéricas inversiones de ritmo características de la música de las razas bárbaras y promotoras de instintos oscuros extraños al pueblo alemán;
5. Queda estrictamente prohibido el uso de instrumentos extraños al espíritu del pueblo alemán, como así también el uso de sordinas que convierten el noble sonido de los instrumentos de viento y bronce en aullidos judíos;
6. También quedan prohibidos los solos de batería que excedan la mitad de un compás en tiempo de cuatro cuartos, excepto en los casos de estilizadas marchas militares;
7. Queda prohibido a los músicos realizar improvisaciones vocales.
 Ahí es nada.
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http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

PÁJAROS EN LA CABEZA

ACORDES Y DESACUERDOS (XXIV)

En el libreto del disco de Ximo Tébar Anís del Gnomo (Elígeme Discos, 1990), Víctor Claudín escribe que en el mercado hay "un jazz de museo, viejo, o demasiado nuevo". No hay en el jazz, como música basada en la pasión y el sentimiento (tanto como en la técnica y la exploración) un término medio. Uno de los músicos que más polarización provocó en su momento (y sigue provocando) fue Charlie 'Bird' Parker. Echemos un ojo a algunas opiniones y comentarios sobre el saxofonista de Kansas City (Missouri).


Siguiendo con nuestra serie de Acuerdos y desacuerdos...


I.
En la biografía de Miles DavisIan Carr defiende al trompetista contra las acusaciones que vertió en su día un Wynton Marsalis de 21 años que ya apuntaba maneras de purista. Al parecer, en una entrevista a Jazz Times en 1983 (el año de Star People), Marsalis había dicho esto:
"Miles nunca fue mi ídolo. Me ofende lo que él hace porque es una decepción para toda la escena en general." Y añade: "Creo que Bird se revolvería en su tumba si supiera lo que está ocurriendo".

Ian Carr defiende la postura ecléctica de Miles en estos principios de los 80 así:
"Parece que estos mentores le inculcaron [a Marsalis] la extraña idea de ortodoxia en el jazz, que sostiene que hay una cosa única llamada "jazz verdadero" y que todos los músicos deberían tocar ese estilo. Sin embargo, al igual que todas las grandes artes, el jazz posee (y debe poseer) un pluralismo incorregible."

II.
Opinión de Dizzy acerca del sentimiento de blues en el jazz:
"Por curioso que pueda parecer, yo jamás me consideré como un auténtico intérprete de blues. Charlie Parker era un maestro del blues. Ya sé que el blues representa nuestra cultura musical, la de mi raza, pero yo no soy un verdadero bluesman. Lo que no aguanto es oír a un músico blanco decir: "Yo soy un bluesman" porque si yo, que crecí empapándome de ello no puedo ser uno... entonces."

III.
Nuestro eterno inspirador (también inspirado por el jazz) Julio Cortázar habla en una entrevista a Omar Prego Gadea en el libro "Los cuentos: un juego mágico (La fascinación de las palabras, Alfaguara, 1997) sobre cómo surgió la idea de utilizar a Charlie Parker como inspiración para su personaje Johnny de "El perseguidor":

¿Por qué fue Charlie Parker? Primero porque yo acababa de descubrirlo como músico, había ido comprando sus discos, lo escuchaba con un infinito amor, pero nunca lo conocí personalmente. Me perseguía la idea de ese cuento y al principio con la típica deformación profesional, me dije: "Bueno, el personaje tendría que ser un escritor, un escritor es un tipo problemático". Pero no me decidía porque me parecía aburrido, me parecía un poco tópico tomar un escritor. [...] Tenía que ser un individuo que respondiera a características muy especiales. Es decir, todo eso que sale de "El perseguidor": un individuo que al mismo tiempo tiene una capacidad intuitiva enorme y que es muy ignorante, primario. [...] Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya -creo que era de Charles Delonnay- en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. 

Max Kaminsky, Lester Young, Hot Lips Page, Charlie Parker y Lennie Tristano
(Club Birdland, NYC, 1949)
IV.
Woody Allen sobre las películas de jazz
“De todas las películas sobre Jazz que he visto, y probablemente las haya visto todas, Bird me parece la más digna.” 

V.
Sergio Ariza Lázaro en Diario Crítico termina su artículo La leyenda negra del jazz: Charlie Parker de este modo:
Siempre me ha gustado pensar que lo que aparece en la película que Clint Eastwood le dedicó es verdad, que hubo una despedida con Dizzy en la que Bird le preguntó como lo conseguía, como podía vivir su vida, disfrutar, tener una mujer, etcétera y Dizzy le dijo tampoco importa tanto, yo viviré una larga vida, pero la gente te recordará a ti.


*

Y yo creo que Bird sigue ahí, tocando, en los textos de Cortázar, en los discos de vinilo con ruidos de mi discoteca y en ese lado oscuro e inquieto que agita nuestros espíritus.

___________
* Las fotos de Charlie Parker, Tommy Potter, Miles Davis y Max Roach es de William P. Gottlieb. De las otras no conozco el autor.
  




EL LIBRO DE LOS LIBROS (DE JAZZ)

La poesía del jazz

La historia comienza hace más de diez años, cuando tuve noción (con retraso) de que la revista Litoral había editado uno de sus fantásticos monográficos al jazz. Para entonces, el número (doble) 227-228 estaba agotado. Comenzó una búsqueda de esas que sólo son posibles por Internet, una búsqueda que ha durado más de diez años y en la que he recorrido librerías de nuevo y de viejo, habiendo encontrado sólo una oportunidad de comprar un ejemplar usado por 60€ (más del doble de su precio original) pero su propietario ya lo había vendido... Hoy puedo decir con satisfacción que he conseguido una copia facsímil en el lugar más inesperado y más lógico: el Ministerio de Cultura.

Pueden llamarme bibliófilo, bibliópata o bibliófago. Ya lo he escuchado antes, pero ha valido la pena la búsqueda y hoy puedo recomendarles que entren ustedes la web del Ministerio en su Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, donde encontrarán una versión (no muy bien) escaneada del volumen La poesía del jazz. No parece que sea por falta de interés pero hay páginas en blanco y (parece que) se ha hecho con un ejemplar aparentemente dañado. Sin embargo, resulta de gran utilidad al tratarse de una edición imposible de conseguir.

Bien, ¿a qué tanto interés? Este número de la revista Litoral es algo así como El Libro de los Libros sobre Jazz: en sus páginas hay fragmentos de tantas obras literarias (poéticas, narrativas, ensayísticas...) y también fotográficas y pictóricas que resulta imprescindible para cualquier aficionado al jazz, tanto es así que podríamos decir que su índice es como una lista de libros que todos deberíamos poseer o al menos leer si amamos el jazz.

Jean Dubuffet, Grand Jazz Band (New Orleans), 1944

Para no extenderme mucho, les diré que La poesía del jazz contiene fragmentos de textos de Sartre, Kerouac, Cortázar, Toni morrison, Juan Marsé, Gómez de la Serna, Felipe Benítez Reyes, Allen Ginsberg, Nat Hentoff... Sería interminable, ya que son 300 páginas... También incluye abundante material gráfico para ilustrar los textos, con fotografías y obras de arte de distintas épocas, una recopilación de carteles antiguos, un álbum fotográfico de Herminia Sirvent y un interesante artículo de Federico García Herraiz sobre el arte en las portadas de los discos de jazz.

Murmurando un aire sincopado,

tarareando suave aquí y allá,
oí tocar a un negro.
La otra noche abajo en la Avenida Lenox.
Junto a la triste y blanca palidez de una vieja luz de gas.
Se movía perezoso...
Se movía perezoso...
Mientras tocaba aquellos Cansados Blues.
Langston Hughes, "The Weary Blues"
(traducción de Charles Matz y Ana Jordá)

Pero no sólo de poemas vive el aficionado al jazz. Al lado de Lorca y Cesare Pavese podemos encontrar fragmentos del libro de Ross Russell sobre Bird, de Pero hermoso, de Como si tuviera alas, de las (casi) biografías de Ralph J. Gleason reunidas en Héroes del jazz... Una manera intensa y amena de repasar todos estos libros sobre jazz y de abrir boca para ir mañana a nuestra librería de siempre y volver loco al librero haciéndole encargos. Verán que pone una cara mezcla de sorpresa y satisfacción que es indescriptible, como el jazz... a pesar de todas las páginas que se escriben sobre el tema.

Resumiendo, la noticia es que lo he encontrado y quería compartirlo con ustedes.

El enlace a la página del Ministerio es éste: 



OTRA VEZ CORTÁZAR Y EL JAZZ

...siempre el jazz

Portada de El perseguidor,
su cuento más famoso
No es la primera vez que hablamos de la relación entre Cortázar y el jazz. Nos parecía fácil volver a escribir sobre el tema hasta que volvimos a encontrarnos con la inmensidad de la cuestión, de modo que, huyendo de argumentos fáciles como hablar de la presencia del jazz en sus textos o la manera en que su prosa se mueve al ritmo de la síncopa y la improvisación, hoy hemos decidido indagar en el Cortázar-individuo para recabar sus propias opiniones sobre la música negra. Hemos revisado entrevistas y ensayos en los que el argentino expresa su pasión por la música de Nueva Orleáns (vivió en París cuando nacía el hardbop pero siempre tuvo el corazón puesto en el hot jazz) de una manera patente y apasionada. Podríamos haberlo incluido en la serie Acordes y desacuerdos, pero Cortázar pertenece a un universo distinto.

Comenzaremos por una cita de José Luis Maire en El jazz en la obra de Cortázar, a modo de introducción:
Buscar el jazz en la obra de Cortázar es, además, dejarse acompañar por la historia de los soportes de grabación, por sus características sonoras singulares o, como en Rayuela, por la manera particular de escucha que cada uno de estos soportes promueve: los discos de 78 rpm y su raspeo o fricción, los discos de acetato y los vinilos con su presencia sonora y su mayor duración de grabación o las casetes con sus soplidos de cinta y su facilidad para regrabar y combinar audiciones.

En 1983, Antonio Trilla entrevistó a Cortázar en Madrid. Las preguntas giraban en torno al boxeo y al jazz, dos notas distintivas de por dónde se movía el espíritu del escritor. A la pregunta de cuándo comenzó a interesarle el jazz, Cortázar responde así:

No lo sé exactamente, pero creo que no tengo casi recuerdos sin jazz. Yo nací en 1914 así que, cuando era chico, asistí al nacimiento de la radio... no había discos de jazz todavía. En esa época se escuchaba en la radio, en Argentina, tangos, música clásica o música popular hasta que un día, -yo tendría diez años- escuché por primera vez un fox trot y fue mágico para mí. Dos o tres años después, descubrí a Jelly Roll Morton y más tarde, a Louis Armstrong y a Duke Ellington. Durante mucho tiempo ellos fueron mis músicos de jazz preferidos. 


En la misma entrevista, a la pregunta de si el jazz había influido en su obra, Cortázar responde así:

Sí, mucho. Me enseñó cierto swing que está en mi estilo e intento escribir mis cuentos, un poco como el músico de jazz enfrenta un take, con la misma espontaneidad de la improvisación.

Este texto aparece en La vuelta al día en ochenta mundos. El lector recibe en la última frase una invitación a escuchar a Parker que es como un disparo:

Una noche en que Lester llenaba de humo y lluvia la melodía de "Three Little Words", sentí más que nunca lo que hace a los grandes del jazz, esa invención que sigue siendo fiel al tema que combatey transforma e irisa. ¿Quién olvidará jamás la entrada imperial de Charlie Parker en "Lady, Be Good"?


Cortázar habló también de Charlie Parker en una entrevista realizada por Evelyn Picón Gardfield y publicada bajo el título de Cortázar por Cortázar:

En 1946, los primeros discos de bebop llegaron a Buenos Aires. Compré uno de Charlie Parker con "Lover Man" y "Ornithlogy", creo. No sabía nada de Parker. Compré el disco, y lo escuchaba y no entendía nada. Mi primera reacción fue negativa, pero volvía a escucharlo muchas veces y de repente "chuc"; fue el salto y mucho de lo que escuchaba antes con interés volvió a ser insignificante para mí. Luego vino el cool jazz.

Por supuesto, Cortázar no se queda en el cool. Esta es su opinión sobre el free jazz, estilo que tocaba su amigo Michel Portal.

En mi colección de discos no hay mucho free jazz. Creo que free jazz es como una corrida de toros. Hay momentos de una perfección absoluta y luego cacofonía. Mi amigo Michel Portal, quien toca este tipo de jazz de vez en cuando me dijo que tenía razón, que los músicos saben que dentro de un largo "take" de free jazz, cinco minutos son buenísimos y lo demás es relleno. 
En sus conferencias en la Universidad de Berkeley en 1980 (recogidas en el libro Clases de literatura (Alfagurara, edición de Carles Álvarez Garriga) Julio Cortázar habla del jazz en estos términos:

El jazz tuvo una gran influencia en mí porque sentí que contenía un elemento que no contiene la música que se toca a partir de una partitura, la música escrita: esa increíble libertad de la improvisación permanente. [...] El elemento de creación permanEnte en el jazz, ese fluir de la invención interminable tan hermoso, me pareció una especia de lección y de ejemplo para la escritura: dar también a la escritura esa libertad, esa invención de no quedarse en lo estereotipado ni repetir partiruras [...] También un músico de jazz tiene malos momentos y pasajes que son muy pesados, pero de golpe puede saltar nuevamente porque está trabajando en un clima de total y absoluta libertad.

*

Recomendamos de nuevo y lo seguiremos haciendo la lectura de todo Cortázar, en especial, el relato "El perseguidor", texto esencial, vanguardista aún, sobre un trasunto de Charlie Parker que toca más allá del momento, y, por supuesto, la anti-novela Rayuela, en especial los capítulos en los que los personajes se autoproclaman El Club de la Serpiente cuando se reúnen para escuchar jazz. También recomendamos el documental: Esto lo estoy tocando mañana, que explora la relación de Cortázar con todas sus músicas.

Para terminar, y porque la cosa no resulte sorda, ahí va un fragmento del maravilloso concierto en homenaje al autor argentino, un concierto organizado por la Fundación March ("El jazz de Julio Cortázar. En los 50 años de Rayuela") y que, en este fragmento, muestra el trío de uno de los pianistas más originales del panorama español, Moisés P. Sánchez. Los músicos que lo acompañan son "Toño" Miguel al contrabajo y Borja Barrueta en la batería. Aquí podemos verlos transportando al trío de piano el singular "Epistrophy", que Cortázar citaba en "La vuelta al piano de Thelonious Monk".




____________
* La entrevista de Antonio Trilla puede leerse aquí:
   http://www.geocities.ws/juliocortazar_arg/jazzbox.htm

**  El texto de José Luis Maire pertenece al homenaje a Cortázar y el jazz de la Fundación Juan March y puede leerse íntegramente en este interesante documento:
    http://recursos.march.es/web/bibliotecas/repositorio-cortazar/jazz/pdf/el-jazz-en-la-obra-de-cortazar.pdf

*** Más info sobre el documental Esto lo estoy tocando mañana en su página web:
    www.cortazarylamusica.com

KEROUAC vs CORTÁZAR

Más allá del camino

Releer a Kerouac tiene distintos efectos en el lector depediendo de la edad en que uno vuelva a su mundo. Yo no recuerdo mi última presencia on the road pero una visita la semana pasada al mundo de Los subterráneos me ha desmontado el romanticismo juvenil por la transgresión y la búsqueda de lo imposible a través de la química y el jazz.

Siempre he sostenido que los beatniks abrieron los ojos cuando los adolescentes acomodados norteamericanos descubrieron el jazz. El reflejo negro de una libertad desconocida (corrían los postreros 40s) alimentado con las drogas, la conciencia de una sexualidad libre y la novedad de las religiones orientales, tan distintas en la forma y tan iguales en el fondo a aquellas en las que habían sido educados, hicieron posible una ruptura social y cultural que culminó en los 60 con la cultura hippie. Mientras tanto, lo único que pudieron hacer fue ir rompiendo platos de un lado a otro de los estados, experimentando, moviéndose en coche o en scooter, cayendo... Los documentos literarios de Kerouac sobre una juventud abierta a las drogas y a la libertad con rumbo desconocido acabaron rompiendo la imagen que los norteamericanos tenían de la feliz American way of life.

DIPLOMA BEATNIK: El portador tiene permitido: 1) dejarse barba, 2) ir descalzo, 3) tocar los bongos, 4) leer poesía dadá en voz alta, 5) recorrer el país en scooter, 6) intimidar a cualquier cabeza de huevo que le moleste en el bar.

La filosofía beat en Kerouac (que podría sonar hoy desfasada en esta sociedad actual en la que los niños nacen ya de vuelta de todo) está por debajo de su literatura, que ha sobrevivido en la de hijos putativos como Julio Cortázar, cuya prosa está inspirada también en el ritmo y en el azar heredado de la improvisación jazzística. Y es desde el punto de vista del jazz desde donde nos interesa más Kerouac. Su predilección por la improvisación, asumida en los años de surgimiento y vigencia del bebop, se plasma en una prosa espontánea, donde siempre se interpreta según el hilo del propio pensamiento, creación en el momento de la ejecución, para después volver al tema, siempre al chorus, una y otra vez el tema, con variaciones, cambiando de escala, introduciendo cambios, aportando recursos, pero regresando siempre. Imprescindible para entenderlo es leer este texto del propio Kerouac definiendo la base de su prosa titulado Essentials of Spontaneous Prose.

Álbum de Kerouac con Zoot Sims y Al Cohn (1958). Antes, había grabado Poetry for a beat generation con el pianista Steve Allen. Más tarde, apareció Reading by Jack Kerouac on the Beat Generation (1960).


Como Kerouac (como cualquier hipster de la época) el protagonista de Los subterráneos, Leo Percepied, se alimenta de drogas, jazz y lecturas, escribe pero no vive de ello, tiene cierta fama pero no le conduce a nada. El personaje femenino, la pasión de Percepied, al igual que La Maga de Cortázar, es la negra Mardou. Mardou es un elemento vivo y vivificante, que justifica y enciende la trama, que justifica el deambular al filo de La Nada, pero aquí, en comparación con Rayuela, la pasión es una pasión adormecida por la droga, distorsionada y casi ilegal. Ambas mujeres mantienen una cercanía distante con el otro. Ambas sueñan con escapar lejos pero están ancladas a una realidad sin sentido. Ambas son adoradas y despreciadas al mismo tiempo.


En los escenarios del San Francisco de 1953 donde se dejan caer Percepied y sus amigos suena jazz. Mardou personifica esta pasión en su voz y el jazz, a su vez, representa la búsqueda insatisfecha de la espiritualidad y la perfección, el deseo de unirse a una contracultura: los beatniks, esos pijos blancos "viajan" alienados por el jazz (recordemos la admiración de Ginsberg por Monk, de la que ya hablamos en cierta ocasión) y esto se traduce en escenarios, en referencias y en la forma de narrar. El obsesionado Kerouac ubica la narración en clubs de San Francisco a los que cambia de nombre. ¿Por qué? ¿Y por qué San Francisco? La historia fue escrita y ambientada originalmente en Nueva York, donde vivía el escritor, pero la editorial percibió el potencial comercial que tenía el movimiento beat en la Costa Oeste, en pleno auge, y le obligó a trasladar allí el escenario.

[...] y allá arriba en la tarima Bird Parker con sus ojos solemnes, porque había perdido su anterior popularidad, hacía muy poco de eso, y ahora regresaba a una especie de San Francisco muerto para el bop, aunque acababa de descubrir o le habían hablado del Red Drum, había sabido que los chicos de la grandiosa nueva generación se reunían y aullaban allí, de modo que allí estaba, sobre la tarima, examinándolos con la mirada mientras soplaba sus notas "locas" pero ahora-calculadas, los tambores resonantes, los agudos altísimos [...]
Jack Kerouac, Los subterráneos (1958),
traducción de J. Rodolfo Wilcock


Siempre es indigno comparar pero, tras empaparme de Cortázar, viajar de nuevo con Kerouac tiene sus pegas. Sus subterráneos carecen de la amargura existencial de los intelectuales parisinos del Club de la Serpiente y ahora, en la distancia, parecen mentes simples refugiadas en la fiesta, y su prosa (también en comparación) carece de la poesía que derrama Cortázar, su hijo putativo, en idénticos experimentos en su camino por las calles de París.


[...] Jelly Roll estaba en el piano marcando suavemente el compás con el zapato a falta de mejor percusión. Jelly Roll podía cantar Mamie's Blues hamacándose un poco, los ojos fijos en una moldura del cielo raso, o era una mosca que iba y venía en los ojos de Jelly Roll. Two-nineteen done took my baby away... La vida había sido eso, trenes que se iban llevándose y trayéndose a la gente mientras uno se quedaba en la esquina con los pies mojados, oyendo un piano mecánico y carcajadas manoseando las vitrinas amarillentas de la sala donde no siempre se tenía dinero para entrar.Two-nineteen done took my baby away... [...]

Julio Cortázar, Rayuela (1963)

Por resumir (y por tomar partido), añadiremos que, mientras que la improvisación prosística de Kerouac es disonante y errática al modo del free jazz, la de Cortázar es poética y memorable como un solo de Coltrane: a veces uno no sabe a dónde va, pero llega; después, se queda en tu mente para siempre.

Recomendamos la lectura y la re-lectura. También la de Cortázar. Porque ¿por qué elegir?



MÚSICA PARA CRONOPIOS

Dejo aquí este cartel para todos los que estéis cerca de Sevilla el próximo lunes. A mí me será del todo imposible, por lo que espero que alguien tenga la crueldad de contármelo.

La Asociación Apoloybaco va a presentar en la Feria del Libro de Sevilla 2009 el libro de su tercer certamen literario. Al final del acto, pondrá el toque jazzístico el cuarteto de Manuel Calleja con un homenaje a Julio Cortázar y a Charlie Parker. Nada menos.

EL JAZZ ES... ¿QUÉ ES EL JAZZ?

ACORDES Y DESACUERDOS (III)

Llega mayo, el calor y Andalucía se llena de romerías, romeros y flamenqueos. El jazz me espera siempre al llegar a casa pero, en medio de las sevillanas, con una cerveza en la mano, ¿cómo le explico a mis amigos más floclóricos qué es el jazz?

I
“El verdadero jazz se encuentra en el Mississippi, brota de las manos del pianista de un bar de Storyville, o en medio de los hombres de una banda de músicos que tocan para acallar la violencia de un ajuste de cuentas en Chicago. El jazz es también la voz de un clarinete que exalta la vida, y es también una plegaria a Dios.” (Miguel Candegabe, Breve historia del jazz)

II
“El jazz es saludable para el alma humana” (Herbie Hancock)

III
“El jazz es el arte de la sorpresa” (de la página del Festival de Jazz de Vitoria)

IV
“El jazz es una visión del mundo, una forma innovadora de resistencia. Para mí, tocar jazz es luchar contra el orden mundial de Bush, Blair y Sharon, buscar la liberación incluso a sabiendas de que nunca la obtendré, atacar el nuevo colonialismo estadounidense, proclamar aquello en lo que creo, hacer campaña a favor de la liberación de mis hermanos palestinos e iraquíes. Tocar jazz es sugerir una realidad alternativa, reinventarme, estar listo para hacerlo hasta el amargo final.” (Gilad Atzmon)

V
“El jazz es la única música, junto con la de la India, que corresponde a la gran ambición del surrealismo en literatura” (Julio Cortázar)

VI
"El jazz es una música democrática, cada uno tiene su voz, pero al mismo tiempo su responsabilidad; no se puede hablar de cualquier cosa sin escuchar a los otros” (Werner Vana Gierig)

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(*) En la foto de más arriba, Carlos Barretto, Assaf Tsirkis & Gilad Atzmon según el fotógrafo JOAO HENRIQUES, tomada de la página de Tomajazz.

Histeria #1: Boris Vian a la trompeta

Lo han definido como ecléctico y canalla, bohemio y espectacular, imprevisible improvisador y con muchos más adjetivos que encajan con la definición que me gusta del jazz, pero Boris Vian fue un artista (poeta, novelista, músico) que supo venderse tan bien que es muy común confundir autor y personaje. En el ensayo que acabo de leer, Jean Clouzet recurre a términos médicos para definir la personalidad de Boris Vian. “La psiquiatría, al esquematizar en extremo, nos enseña tres tipos principales de estructuras caracteriológicas: las obsesivas, las esquizoides y las histéricas”, escribe, y sitúa al escritor, sin titubear, en la tercera de estas tipologías. Boris Vian fue un bohemio, pero no por histeria o por accidente: Boris Vian fue un actor de la bohemia, un fingidor con las aptitudes necesarias para llamar la atención allá donde fuera, y encontró en la noche de París y en el jazz el método para expresar su espíritu singular.

Dicen que tocaba la trompeta al límite de la pasión, algo que le habían prohibido desde la adolescencia porque arrastraba una insuficiencia crónica pulmonar.



Cuando veo esa foto de Cortázar, perdido en su París desordenado y lleno de eternos estudiantes anclados en la displicencia, agarrado a una vieja trompeta que jamás aprendió a tocar, no puedo evitar pensar que intentaba imitar inútilmente a Boris Vian, un escritor que, como él, hizo de la escritura un camino que se salía de lo marcado, que construyó una prosa llena de improvisaciones que se reinventaba continuamente a sí misma con un inacabable diccionario de palabras con nuevos sentidos (conductor de pimienta, rasca-menú de los trópicos) y nuevos nombres para cosas de lo más trivial (bailar es, por ejemplo, la producción de interferencias por parte de dos elementos animados con un movimiento oscilatorio rigurosamente sincrónico), prosa imprevisible pero no ilógica sino (prefiero esta definición) inhabitual, un don que lo define más como amante de la improvisación que sus diez años de crónicas en Jazz Hot.

Como músico, Boris Vian no pasó de cierta pose. La música fue un medio más para sus poemas, convertidos en canciones. Más abajo elegiré uno de mis favoritos para ilustrar este tema. Sus letras siguen sorprendiendo a pesar del paso del tiempo. La prueba es el disco de Andy Changó, nada jazzístico (las canciones de Vian no lo eran), en el que recrea, actualizando el lenguaje y los guiños, poemas/canciones como Complainte du progrès, Le déserteur, J'suis snob o Ah! si j'avais un franc cinquante.

Pero abrí este blog para hablar de jazz. Aunque, como músico, no destacó en absoluto, su pasión adolescente (dicen que como reacción a la prohibición de la música negra) se materializó a los 18 años con su primera banda de jazz. Más tarde, en la orquesta de su amigo el clarinetista Claude Abadie, con la que penetró en el barrio de Saint-Germain-des-Près, donde se rodeó de la intelectualidad nocturna del momento (Camus, Sartre...) en las cavas del Tabú y en el Club Saint Germain. Sin embargo, la cima de la modernidad estaba muy lejos de la del jazz. Jamás llegó a triunfar como trompetista y su única incursión “profesional” en el jazz fue a través de sus reseñas en la revista francesa Jazz Hot. Quizás provocador, quizás realista, solía referirse a sí mismo con el orgulloso título de músico amateur.

Boris Vian
VALS TONTO

He compuesto para ti
Un vals así
Que nadie cantará
He querido que haya
De comer y de beber
En mi vals y está aquí
El resultado

Un vals en forma de silla
Sin posar en el suelo
Un vals con forma de fresa
Que se come con los dedos
Un vals con escamas
Como un pececillo
Un vals para las aves
Y para los embutidos
Un vals en madera de las islas, un vals de hilo de hilo
Un vals para afilar los romos cuchillos
Un vals en piel de anchoa
Un vals en pasta de oca
Vayamos al bosque, cantemos
Un vals sólido y espeso
Para construir una mansión
Un vals para hacer un pozo
En cualquier estación

Ya me he dado cuenta
Que mi torcido vals
No te rendía homenaje
Y he hecho enseguida
Un bonito cuplé
Para celebrar mi vida
Y helo aquí

Un vals en forma de endivia
Como tus ojazos azules
Un vals de larga cola y furtiva
Para llorar los dos
Un vals en forma de cabra
Tumbémonos en el prado
Pronto, déjame tus labios
Sí, te los devolveré
Ven, te daré mi corazoncito
Bailemos el vals sin parar hasta el amanecer
Sobre el puente de un buque tú y yo valseamos
Un buque con corderos que va a Santiago
Un vals tierno y sutil
Igual que tú y yo
Oh, qué fácil es la vida
Cuando estoy en tus brazos...

EL PERSEGUIDOR, la película

 Cortázar en imágenes y sonido

¿Cuando un placer es un hobby y cuándo un vicio? Yo he podido resistir la tentación. Fue leer en Retales de jazz que existía una versión cinematográfica de El perseguidor de Cortázar y me he puesto a buscarla como loco. Como era de imaginar, encontrar en DVD una película argentina estrenada en 1965 es prácticamente imposible, pero gracias a un comentario de Olvido (¡mil gracias!) en el citado blog de Erradizo, me enganché a Clan Sudamérica y ya me he empapado de la película dos veces seguidas.







Se trata de un vídeo de muy mala calidad, incluso tiene cortes (posiblemente pasó de celuloide a un disco duro), pero cuando estás viendo algo que te interesa estas cosas no tienen importancia, es más, todo el ruido (en la fotografía y en el sonido) le dan un toque gastado, como de clásico, aunque sea nuevo para mí. Es como cuando te compras un libro de segunda mano, algo ajado por el uso, y sabes que ha vivido otras vidas y que tiene que ser bueno porque alguien lo ha leído muchas veces antes...

La cinta está dirigida por Osías Wilensky y escrita por Ulyses Petit en base al cuento de Cortázar y, como en el cuento, la acción aparece fragmentada, sincopada como a ritmo de jazz, fingiendo improvisación, como un collage de la personalidad del músico, aquí interpretado por Sergio Renán. La diferencia fundamental entre la cinta y el cuento es la misma que hay entre la Argentina de los 60 y el París cosmopolita que vivió Cortázar. Puede que esto sea lo peor. Lo mejor de la película (como en el cuento) es la relación entre Johnny (aquí Juan) y el crítico (Bruno), la forma narrativa ideal para comprender la personalidad del músico, sus problemas y su forma de tocar. Nunca soy demasiado partidario de las adaptaciones cinematográficas de libros, pero cuando se trata de jazz siempre es de agradecer que pongan música a las palabras, imágenes a las sesiones de grabación y a esos pequeños clubs (que siempre son el mejor lugar para oír jazz).

Aquí la música está compuesta por Rubén Barbieri, e interpretada por un incipiente Gato Barbieri que hace el saxo que el protagonista toca. Al que sí vemos en la pantalla es a Chico Novarro en la batería. Sólo aparece en la película un tema de Bird: "Wee", escrito por Denzil Best e interpretado por Charlie Parker. Se oye en la escena en que Johnny escucha este disco con la cabeza metida en el tocadiscos. Aparte del tema "Wee", no aparece la música de Charlie Parker en la película, ni siquiera esa dedicatoria del cuento (In memoriam Ch.P.), quizás porque no interesaba, porque en Argentina como en muchos otros lugares no era Bird tan popular ni tan conocido en los años 60. Cortázar alabó esta decisión de poner música original, de rodar una obra de arte independiente de su cuento, del mismo modo que él escribió una historia "distinta" pero basada en la historia de Bird. 

En La vuelta a Julio Cortázar en 80 preguntas, entrevista por Hugo Guerrero Marthineit, el escritor alaba la idea de poner música original a la película: "En esa película me gustó mucho la banda sonora. Entonces yo no sabía que el que tocaba era el Gato Barbieri, porque el Gato no tenía en aquel momento la justa fama que consiguió después. Yo sabía que había dos hermanos Barbieri, que uno había hecho los temas y el otro, los había tocado, pero no los conocía. Cuando vi la película, la música me impresionó, porque yo me estaba temiendo que se hiciese un simple pastiche de Charlie Parker. Puesto que el personaje, en alguna medida, encarnaba a Charlie Parker, los Barbieri tuvieron la extraordinaria habilidad y la honestidad de hacer una música muy original y que, al mismo tiempo, tenía un estilo. Era un homenaje, pero no un pastiche."
 
Hay un documento sonoro muy interesante (aunque breve) que recoge la opinión del propio Cortázar sobre la película:



La película, como dice uno de mis amigos americanos, es un must have, hay que tenerla. No negaré que a pesar de las imágenes y de la banda sonora, el cuento es más intenso, mucho más intenso, pero hay que verla.



JULIO CORTÁZAR Y EL JAZZ

O la improvisación en la literatura

Cortázar tuvo la suerte de vivir en el París de los 50 y de los 60, cuando la postguerra amenazaba con acabar con los genios del jazz y los músicos americanos encontraron un público más amplio y receptivo en Europa, llegando muchos de ellos (como Bud Powell o Kenny Clarke) a autoexiliarse en París. En aquella época, el jazz bullía en docenas de clubs de la orilla izquierda. Para ir cada noche a estos clubs a bailar o a escuchar a sus nuevos ídolos los jóvenes de entonces tenían que llegar sorteando los cubos de agua que los vecinos les arrojaban desde los balcones. El jazz, como el rock’n’roll, no gozaba de mucha consideración social fuera de los círculos de aficionados a la música.

Sin embargo, a pesar de escribir mientras vivía en París en esta época posterior al bop y en plena eclosión del free jazz, el personaje tipo de Cortázar (a menudo su alter ego, vividor y melómano) es un purista y suele escuchar a los maestros de los orígenes: Bix Beiderbecke, Louis Armstrong o Fats Waller son los discos que Oliveira y sus amigos outsiders de Rayuela, que se hacen llamar El Club de la Serpiente, pinchan cuando se reúnen para escuchar música.

El jazz aparece en muchas más páginas de Cortázar. Y no sólo porque escribió apasionados artículos sobre jazz, como La vuelta al piano de Thelonius Monk, a propósito de un concierto al que asistió en Ginebra en marzo del 66. La obra más celebrada por los amantes del jazz es el cuento El perseguidor, donde un saxofonista enganchado a las drogas (la viva imagen de Charlie Parker) vive persiguiendo una idea que nunca alcanza, afirmando que su vida va 15 minutos por delante de él, en una metáfora maravillosa de la forma de tocar de Bird, cuya concepción armónica le permitía improvisar unos solos realmente complejos y a gran velocidad, como si su saxo realmente fuera “15 minutos por delante de él”. La influencia es recíproca, porque El perseguidor ha dado nombre a alguna web de jazz e incluso a un sello discográfico. Este cuento no tiene mucho que ver con Bird de Clint Eastwood, pero si has visto la película o leído su biografía pueden comprender de qué va. Mi frase preferida de El perseguidor es cuando el músico, prácticamente acabado, dice que al saxo “se le ha roto el alma”.

En Libro de Manuel aparece este poema: “Yo ya no tengo tiempo ni me importan las modas, / mezclo Jelly Roll Morton con Gardel y Stockhausen, / loado sea el Cordero”.

Hay más, por supuesto. Todos recordamos como un tal Lucas (su más creíble autorretrato) manifiesta que a la hora de morir quiere oír dos cosas: el último quinteto de Mozart y el solo de piano de I ain’t got nobody en los dedos de Earl “Fatha” Hines...

Cortázar amaba el jazz porque “era una música que permitía todas las imaginaciones”. ¿Se puede trasladar esto a la literatura? La respuesta es sí y Rayuela es el mejor ejemplo de esto. No sólo está llena de imágenes y sonidos del jazz, sino que es en sí una impresionante jam session en solitario, un batido de free jazz plasmado en palabras, donde el argumento es sólo un pretexto para improvisar, para ir re-creando, cambiando de escala según viene al caso, insertando notas disonantes si le apetece. Es una novela que el mismo autor propone que se lea siguiendo el índice o desordenadamente. Saúl Yurkievich, gran estudioso y mejor amigo del escritor, considera a Cortázar “un maestro de la improvisación”. Habrá (ya ha habido) quien me diga que Rayuela es una novela laberíntica e ilegible, que no tiene sentido y que no te engancha. Yo siempre la defiendo porque veo en ella la poesía, la libertad del pensamiento errático y a veces desenfadado, y no ver esto es como no saber salirse del camino marcado o como perderse en un solo de piano.

Algo parecido ocurre con otra novela derivada de Rayuela. Se titula 62, modelo para armar y sigue la misma estructura libre, como otro ejemplo claro de improvisación literaria. Porque Julio Cortázar fue sobre todo un escritor libre que descubrió la improvisación como arma creativa, que buscó la libertad (“eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa”) como necesidad, que amó el jazz y que dejó escrito aquello de “swing, luego existo”.

A quien no quiera leer Rayuela le recomiendo dos cosas: la primera, un disco-libro titulado Jazzuela, de la escritora Pilar Peyrats Lasuén, que recoge los fragmentos de Rayuela que hablan de jazz y un CD que incluye los temas musicales a los que aluden, interpretados por Bix Beiderbecke, Coleman Hawkings, Bessie Smith, Jelly Roll Morton... hasta 21 cortes; la segunda, que dedique al menos diez minutos de gracia al autor paladeando el capítulo 17, en el que los amigos de Oliveira comienzan hablando de él y terminan elucubrando sobre arte y sobre música, discurriendo por todos los estilos del jazz desde Jelly Roll Morton hasta Thelonius Monk, en el más apasionado texto sobre el jazz que he leído nunca. Luego, ¿por qué no?, puede que se anime a leer, en orden o improvisando, el resto de los capítulos.


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