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EL LIBRO DE LOS LIBROS (DE JAZZ)

La poesía del jazz

La historia comienza hace más de diez años, cuando tuve noción (con retraso) de que la revista Litoral había editado uno de sus fantásticos monográficos al jazz. Para entonces, el número (doble) 227-228 estaba agotado. Comenzó una búsqueda de esas que sólo son posibles por Internet, una búsqueda que ha durado más de diez años y en la que he recorrido librerías de nuevo y de viejo, habiendo encontrado sólo una oportunidad de comprar un ejemplar usado por 60€ (más del doble de su precio original) pero su propietario ya lo había vendido... Hoy puedo decir con satisfacción que he conseguido una copia facsímil en el lugar más inesperado y más lógico: el Ministerio de Cultura.

Pueden llamarme bibliófilo, bibliópata o bibliófago. Ya lo he escuchado antes, pero ha valido la pena la búsqueda y hoy puedo recomendarles que entren ustedes la web del Ministerio en su Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, donde encontrarán una versión (no muy bien) escaneada del volumen La poesía del jazz. No parece que sea por falta de interés pero hay páginas en blanco y (parece que) se ha hecho con un ejemplar aparentemente dañado. Sin embargo, resulta de gran utilidad al tratarse de una edición imposible de conseguir.

Bien, ¿a qué tanto interés? Este número de la revista Litoral es algo así como El Libro de los Libros sobre Jazz: en sus páginas hay fragmentos de tantas obras literarias (poéticas, narrativas, ensayísticas...) y también fotográficas y pictóricas que resulta imprescindible para cualquier aficionado al jazz, tanto es así que podríamos decir que su índice es como una lista de libros que todos deberíamos poseer o al menos leer si amamos el jazz.

Jean Dubuffet, Grand Jazz Band (New Orleans), 1944

Para no extenderme mucho, les diré que La poesía del jazz contiene fragmentos de textos de Sartre, Kerouac, Cortázar, Toni morrison, Juan Marsé, Gómez de la Serna, Felipe Benítez Reyes, Allen Ginsberg, Nat Hentoff... Sería interminable, ya que son 300 páginas... También incluye abundante material gráfico para ilustrar los textos, con fotografías y obras de arte de distintas épocas, una recopilación de carteles antiguos, un álbum fotográfico de Herminia Sirvent y un interesante artículo de Federico García Herraiz sobre el arte en las portadas de los discos de jazz.

Murmurando un aire sincopado,

tarareando suave aquí y allá,
oí tocar a un negro.
La otra noche abajo en la Avenida Lenox.
Junto a la triste y blanca palidez de una vieja luz de gas.
Se movía perezoso...
Se movía perezoso...
Mientras tocaba aquellos Cansados Blues.
Langston Hughes, "The Weary Blues"
(traducción de Charles Matz y Ana Jordá)

Pero no sólo de poemas vive el aficionado al jazz. Al lado de Lorca y Cesare Pavese podemos encontrar fragmentos del libro de Ross Russell sobre Bird, de Pero hermoso, de Como si tuviera alas, de las (casi) biografías de Ralph J. Gleason reunidas en Héroes del jazz... Una manera intensa y amena de repasar todos estos libros sobre jazz y de abrir boca para ir mañana a nuestra librería de siempre y volver loco al librero haciéndole encargos. Verán que pone una cara mezcla de sorpresa y satisfacción que es indescriptible, como el jazz... a pesar de todas las páginas que se escriben sobre el tema.

Resumiendo, la noticia es que lo he encontrado y quería compartirlo con ustedes.

El enlace a la página del Ministerio es éste: 



Negro, duro, impredecible... pero hermoso

ACORDES Y DESACUERDOS (IX)


Concedamos un poco de ventaja. Empecemos por los desacuerdos...

1. Desacuerdo 
Un diálogo entre la chica pija y el protagonista de Escupiré sobre vuestra tumba (J'irai cracher sus vos tombes) de Boris Vian:

-Me halagas -dije yo-, [los negros] son los mejores músicos del mundo.
-¡No digas tonterías!
-Toda la música americana ha salido de ellos -afirmé.
-No lo creo. Todas las grandes orquestas son de blancos.
-Claro, los blancos están en mejor posición para explotar los descubrimientos de los negros.
-No creo que tengas razón. Todos los grandes compositores son blancos.
-Duke Ellington, por ejemplo.
-No, Gershwin, Kern y todos ésos.
-Todos europeos emigrados -le aseguré-. Son los peores explotadores. No creo que en todo Gershwin se pueda encontrar un solo pasaje original, que no haya sido copiado, plagiado o reproducido. Te desafío a que encuentres uno solo en toda la Rhapsody in blue...
-Eres extraño -respondió-. Detesto a los negros.

2. Acorde
Geoff Dyer en su libro de relatos Pero hermoso:

"En 1964, Martin Luther King pronunció el discurso de apertura del festival de jazz de Berlín, y su presencia allí sirvió para recordar que la lucha de los negros por los derechos civiles corre pareja con la lucha de los músicos de jazz porque su arte se les reconociera como tal. En su discurso, King subrayó el papel que había desempeñado la música al articular los sufrimientos, esperanzas y alegrías de la experiencia de los negros."


3. Desacuerdo  
Nick Hornby en 31 canciones

"Una tarde, una compañera de casa se trajo a un novio nuevo; era un tío mayor, un escritor que llevaba chambergo [...] le encantaba el jazz y no oía mi estilo de cosas: eso era "demasiado adolescente" [...] los artistas pop blancos están intentando hacer música para adultos. [...] Pero todo esto es nuevo en la música rock blanca [...] Yo seguiré usando la música negra para acallar a cualquiera que no crea que la música pop les sirve a los adultos. D'Angelo es joven, pero "Playa, playa", la primera canción de su álbum Voodoo, suena madura sin esfuerzo: sin prisas, rica en textura, espesa como la melaza. Y mientras personas como él sigan haciendo música que suene así, yo no necesitaré oír jazz todavía una temporada."

4. Acorde  
Otra cita de Pero hermoso (Un libro de jazz): 
"Mientras que, antes, la generación beat, los entendidos y los negros blancos de Mailer se movían hacia el jazz por instinto, en cuanto que era una música de rebeldía, ahora el jazz es cada vez más una cosa a la que la gente llega tras hartarse de la vulgaridad de la música pop."

GRITOS, EXPERIENCIAS Y MENSAJEROS DIVINOS

ACORDES Y DESACUERDOS (VIII)



I.
Marcus Miller acerca de sus primeras experiencias en el grupo de Miles Davis a principios de los 80: “La cinta giraba todo el tiempo, así que a veces no salía algo muy bueno, pero otras veces era algo serio.”

II.
Geoff Dyer en su libro Pero hermoso: "[Roland] Kirk era como Mingus: todo lo que tocaba llevaba en sí el grito, el llanto, que es el corazón palpitante de la música negra."


III.
Miles Davis en 1982, en una entrevista concedida a Leonard Feather: “Me gusta Journey, Me gusta The Who. [...] Pero escucho a Stockhausen y a Ravel. Y a los cantantes. Tú sabes que aprendí a frasear hace años escuchando a Sinatra.”

IV.
Boris VIan en el prefacio a La espuma de los días: "En realidad, sólo existen dos cosas importantes: el amor en todas sus formas, con mujeres hermosas, y la música de Nueva Orleans o de Duke Ellington."


V.
McCoy Tyner a propósito de Coltrane: "Fue un auténtico mensajero. La evidencia de que Dios todavía le habla al hombre."

John Coltrane Quintet, 24 Noviembre 1961 
Sudwestfunk TV Studio, Baden-Baden, Alemania:

John Coltrane, saxo tenor
Eric Dolphy, alto alto/flauta
McCoy Tyner, piano
Reggie Workman, bajo
Elvin Jones, batería

PERO HERMOSO

Un libro de jazz



But beautiful fue compuesta en 1947 por Jimmy Van Heusen con letra de Johnny Burke para la película Road to Rio de Norman Z. McLeod. Luego lo cantó Billie Holiday y Freddie Hubbard lo incluyó en su Open Sesame. Pero, además de un estándar, But beautiful es también el título de un libro que todos los aficionados al jazz conocen y aman.





Geoff Dyer admite que quiso hacer un ensayo cuando comenzó su libro de ficción Pero hermoso (Jonathan Cape Ltd., Londres; en España, editado por Amaranto). Porque, aunque no es ficción todo lo que escribe (los buenos aficionados reconocerán episodios reales de todos conocidos), lo que aquí nos trae son reflexiones e historias ficcionadas, lo que él llama "crítica imaginativa", narraciones que ocurren o saltan entre las anotaciones de un viaje de Duke Ellington en coche, esos viajes de un bolo a otro, durmiendo en el coche y componiendo sobre el primer trozo de papel que encontraba. Y de esto es de lo que se trata, de componer. Duke fue el gran compositor de la Historia Negra del siglo XX (recordemos su Black, brown and beige) y, siempre atento a cazar la inspiración cuando se presenta, anota en este relato cada recuerdo que la somnolencia del viaje le trae de otros músicos. Es (habría sido, de ser real) una gran suite de la Historia del Jazz, la gran obra de Duke en homenaje a los músicos atormentados que protagonizan las historias que el libro cuenta entre pausa y pausa del viaje de Duke y que, se suponen, son recuerdos que acuden a él...

El hilo conductor del viaje nos lleva, a la manera de los impresionistas, a distintos flashbacks en los que asistimos a tormentosos momentos como el juicio militar a Lester Young, el amor que le profesaba Billie Holiday ("Pres era el hombre más amable que había conocido, su música era como una estola alrededor de sus hombros desnudos, sin ningún peso"), que aparece fugazmente para invocar el espíritu que puebla sus canciones ("Ella había vivido mil años en las canciones que había cantado, canciones de mujeres golpeadas y de hombres a los que amaban") y recordarle que todos han pasado por la cárcel. Monk no es menos. Su capítulo es pura paranoia. Su comportamiento, su arresto y su forma de tocar ("Una parte del jazz es la ilusión de espontaneidad") conforman un puzzle difícil de montar pero que da una idea bastante exacta de lo que fue su búsqueda. La alta capacidad de Bud Powell para la música ("como si el piano llevara esperando cien años la oportunidad de saber lo que se siente al ser una trompeta o un saxofón en manos de un negro") y para la autodestrucción ilustran el siguiente capítulo con momentos agónicos, como los de un Ben Webster para quien el día sólo caminaba hacia la borrachera ("Emborracharse en aquellos tiempos no requería su participación activa, sencillamente era el estado hacia el que tendía el día"). En otros capítulos, los protagonistas son la búsqueda de la identidad musical de Mingus o la belleza de la música de Chet en contradicción con su decadencia física y moral ("temblaba tanto que prácticamente vibraba"). El último flashback corresponde a Art Pepper, una metáfora para expresar cómo el jazz ha crecido gracias y a pesar de los músicos.

Lo que hace grande esta lectura es que el autor convierte episodios simplemente biográficos o incluso estereotipados en emocionantes relatos que apelan a nuestros sentimientos, hayamos o no escuchado a estos músicos. Otro aspecto curioso y que puede parecer una paradoja, aunque no lo es, el que la mayor parte de la inspiración para este libro no la haya recibido Dyer directamente de la música ni de las biografías de los músicos sino de fotografías de jazz, ese género que es un arte autónomo en sí y que ilustra, la mayor parte de las veces, más que una declaración, como ésta de Bud Powell: "encogiendo los hombros al seguir el ritmo, los ojos cerrados, una vena palpitando en la sien, sudor a raudales sobre el teclado, los labios estirados sobre los dientes, la mano derecha farfullando y bailando como agua en una roca".

Por último, Dyer nos regala, a modo de epílogo, un ensayo exento de ficciones que pone un punto brillante al libro, si uno supera los capítulos anteriores y las agonías a las que nos ha sometido, especialmente si somos de ese tipo de aficionados que nos dejamos llevar por la belleza de la música, conscientemente inconscientes del sufrimiento y, a menudo, de los pecados que hay detrás de cada disco, de cada biografía del jazz. El ensayo, titulado "Epílogo: Tradición, influencia e innovación" es una búsqueda del sentido que tiene la importante y rápida evolución de este arte musical que cuenta apenas con un siglo de vida. Ningún arte ha evolucionado tanto desde su nacimiento. Es, a la vez, un examen profundo y sereno de estilos y protagonistas. No tiene desperdicio. Termina con una reflexión sobre la forma de entrar en el jazz de los recién llegados. Hay tantas puertas que uno puede acceder a través de cualquier estilo y avanzar o retroceder en la Historia del Jazz hasta encontrar la corriente que enlaza con su espíritu, aunque Dyer sugiere como ideal el orden cronológico. "Las ideas de avance y retroceso, escribe, el sentido del pasado y del presente [del jazz], de viejos y nuevos sueños, empiezan a confundirse en el amanecer crepuscular de un perpetuo mediodía".

Si hay alguien que no conozca este libro, creo que debe anotarlo en su Lista de Libros Imprescindibles. Ignoro si a fecha de hoy está descatalogado en España. Hace poco pregunté en una librería y lo tenían, así como en tiendas de la red (El Argonauta, por ejemplo) o en sitios de libros de ocasión (Iberlibro). También se puede encontrar en inglés y en bolsillo. Para ser más concreto, se debe encontrar.

Como ilustración, les dejo con el Trío de Bill Evans: Marc Johnson al bajo y Joe LaBarbera a la batería, en Iowa, 1979, intrepretando, por supuesto, But beautiful: