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UN INEVITABLE TRIBUTO A BESSIE SMITH

ITZIAR YAGÜE & PAUL SAN MARTIN, 
Sugar in my Bowl. A Tribute to Bessie Smith (2025)

Desde el primer compás se percibe que tanto las manos de Paul San Martin como la voz de Itziar Yagûe hablan el lenguaje del blues, con su melancolía, sus lamentos armónicos, tensión y ruptura... y esto viene de una química particular: la mezcla genética del amor al blues y la experiencia alimentada compartiendo escenario. Además, este álbum ha sido grabado a piano y voz, lo que resalta la emoción primitiva de estos temas.

Sugar in my Bowl es un tributo a una de las primeras damas del blues, Bessie Smith, quien tuvo una potente e influyente carrera que se truncó con su muerte a los 43 años. Entretanto, grabó 160 canciones, desbancó a Ma Rainey como Emperatriz del Blues y creó una leyenda que influyó a generaciones posteriores, desde Billie Holiday hasta Janis Joplin. Itziar y Paul, devotos de la Emperatriz, han grabado 8 temas de Bessie Smith en un homenaje peculiar, desnudo, donde destacan los solos de un piano que acompaña en cada compás y el dolor latente, desgarrado pero nunca fuera de tono, de la voz siempre joven de Itziar. 

Paul San Martin tiene un gusto especial por lo clásico, como pudimos escuchar en su A French Session de 2019. Su dominio de las escalas de las músicas negras (le hemos oído en estéticas que van del blues al boogie y al r'n'b. En este álbum se muestra mucho más serio, intimista a pesar del derroche de notas, consciente de que no habla solo sino acompañando y, cuando lo hace, se deja llevar (casi) emocionalmente en los solos con brillantez. Itziar Yagüe, que ya nos demostró en su anterior trabajo (Girl Like Me) que sabía jugar con las melodías, las síncopas y con el lado más lúdico del jazz, rebaja el tono para ponerse seria y hacer suyas estas letras demoledoras que caracterizan el blues y que son imagen inevitable en cualquier retrato de Bessie Smith.

Dura en "Reckless Blues" (con esos increíbles punteos en las notas altas de Paul), más cercana a Billie que a Bessie en "Tain't Nobody's Bizness If I Do", Itziar se deja llevar por la fuerza del piano en la especialmente conmovedora "Nobody Knows You When You Are Down and Out". Creo que después de escuchar un siglo de blues, resulta excitante degustar los temas con el solo acompañamiento del pianio, especialmente en la forma en que lo ataca Paul San Martin, y en una voz tan joven como la de Itziar Yagüe, lo que hace que los mensajes y las notas de blues toquen de una manera imprevista el corazón del oyente.

El concierto de presentación tendrá lugar el sábado 22 de marzo, dentro del ciclo Primavera Blues que organiza el Teatro Tribueñe en colaboración con la Sociedad de Blues de Madrid.




* Web de Itziar Yagüe: www.itziaryague.com

* Web de Paul San Martin: www.paulsanmartin.com

BLUES, BOOGIE WOOGIE & JAZZ PIANO

PAUL SAN MARTIN, A French Session 
(Gaztelupeko Hotsak, 2019)

El piano es tan fundamental para entender el blues como la guitarra de Robert Johnson. El piano fue el instrumento que derivó rítmicamente hacia el rhythm & blues y este, a su vez, al rock'n'roll. Décadas después, con las fronteras estilísticas tan difusas, nos encontramos con uno de esos músicos capaces de revivir el pasado y darle el valor que sigue teniendo. Paul San Martin recupera clásicos como "New Early in the Morning" y "Bumble Boogie" en un quinto disco (el tercero como líder), una grabación realizada en directo en los estudios Big Spoon del contrabajista Abdell B. Bop, que lo acompaña en esta sesión, y publicada en 2019 por Gaztelupeko Hotsak. El trabajo se titula A French Session y en él aparece conformando el trío el baterista Romain Gratalon y, como invitados en varios temas, el saxo tenor de Sylvain Tejerizo y la guitarra de Chris Ruest.

Fuente: web de Paul San Martin

Paul San Martin es titulado superior en Piano Jazz y uno de esos músicos que comenzó como pianista clásico de pequeño y descubrió la iluminación de las músicas negras (blues, r'n'b...). Claramente hijo musical de Dr. John y del Professor Longhair, entre otros, este donostiarra (San Sebastián, 1979) lleva más de veinte años pisando escenarios como líder o colaborando con luminarias como Mingo Balaguer, Lluís Coloma, Billy Boy Arnold... y revitalizando estilos que no están de moda pero que el aficionado al blues o al jazz celebran escuchar. 

El lado francés en el que se mira Paul San Martin en este álbum tiene dos perspectivas: de un lado, los músicos franceses con los que toca, y de otro, ese espiritu francés de Nueva Orleáns que la diferencia del resto de ciudades de Estados Unidos. En Nueva Orleáns, el blues puede sonar zydeco o cajun, adquirir connotaciones festivas como en "Tipitina" (Longhair) o ritmos callejeros ("Hey Pocky A-Way") y el piano de San Martin absorbe y destila todas estas influencias con el espíritu de un hijo adoptivo de Louisiana. 

Temas como el glorioso "Too Many Dirty Dishes", ejemplo de canción en la que la miseria y la tristeza dan forma a un blues, o "Bumble Boogie", versión en forma de boogie woogie de "El vuelo del moscardón" de Rimsky-Korsakov, hacen de A French Session un disco vitalista, divertido y fácil de escuchar que esconde la profundidad de un estudio concienzudo del estilo y de la tradición, el encanto de una joya restaurada.


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* Web: www.paulsanmartin.com

¿QUIÉN DECIDE SOBRE LA CREATIVIDAD?

LA MADRE DEL BLUES (George C. Wolfe, 2020)


El argumento de la película gira en torno a los egos a la hora de grabar un disco. Ma Rainey (una convincente Viola Davis) intenta mantener su criterio en el estudio de grabación mientras su manager intenta actualizarla utilizando los arreglos de un cornetista (Chadwick Boseman) cuyo ego se siente atacado cuando la cantante los rechaza. ¿Quién decide quién puede puede mostrar su creatividad y quién no? ¿Quién tiene autoridad moral para decir a un artista qué debe grabar? Puede sonar habitual en la música comercial pero no en un país tan libre como este donde habitan el blues y el jazz.




Ma Rainey fue llamada la Reina del Blues por ser una de las pioneras. Grandes como Bessie Smith siguieron su estela y triunfaron en el mercado emergente de los consumidores negros en Norteamérica. La película, original de Netflix, en su título original, toma el nombre de uno de los grandes éxitos de la cantante, "Ma Rainey's Black Bottom". En España, ha adoptado el título de La madre del blues, menos provocativo. 

Qué callado está todo esto. Nunca he soportado el silencio. Siempre hay que tener algo de música en la cabeza. Mantiene el equilibrio. La música rellena las cosas. Cuanta más música hay en el mundo, más lleno está. 

El blues (como el jazz primitivo) era una música de instinto, creada por los mismos que la interpretaban. Las actuaciones en los locales para negros y el surgimiento de las primeras estrellas del blues convirtieron algunas canciones en standards pero, como dice el personaje de Viola Davis en la película cuando habla de blues, "no se canta para estar mejor. Se canta porque es la forma de entender la vida."


En una manera tan personal de pensar la música, solo cabe la libertad, libertad de expresión y libertad de creación. La creatividad se convierte entonces en un acto reflejo, un sentimiento. Esta música visceral entronca con el argumento de la película, basada en la obra teatral del ganador del Pulitzer August Wilson y ambientada en el racismo de los años 30, con personajes que arrastran detrás un equipaje vital tormentoso. En cualquier música hecha con honestidad no importan solo las notas. El sentimiento se expresa a través de la ejecución, y de esto saben mucho tanto cantantes de blues como músicos de jazz:

-¿Dónde aprendiste a tocar el bajo? Le he oído cantar.
-Yo solo seguía a Toledo. Acariciaba las teclas con sus largos dedos. Yo solo seguía su ritmo.
-Eso es lo que hay que hacer, ¿no? Tocar música.

 La canciones de Ma Rainey que aparecen en la película han sido arregladas y producidas por Wynton Marsalis, quien, además, ha escrito la música incidental y el tema con el que el trompetista interpretado por Chadwick Boseman quiere triunfar ("Baby Let Me Have It All"), contando con un combo pequeño para los temas que tienen lugar en el estudio de grabación, una big band de 16 músicos (entre los que está nuestro favorito, Delfeayo Marsalis) y una sección de cuerda. La banda sonora, en global, tiene un fabuloso aire años 30, pulido y brillante al estilo Hollywood, como el vestuario y los decorados de la película, todo impecable.




BLUES DEL SIGLO XXI

JEFF COSGROVE, JOHN MEDESKI, JEFF LEDERER,
History Gets Ahead of the Story (Grizzley Music, 2020)

Lo que comienza sonando como un blues flotando sobre un trío de guitarra y órgano, deriva en momentos atonales y free. El que avisa no es traidor. El disco protagonizado por el trío del batería Jeff Cosgrove, con el gran John Medeski (Medeski, Martin & Wood) al órgano y Jeff Lederer  (Matt Wilson Quartet) en los saxos y la flauta, es un potente experimento en el que el pasado suena a través del tamiz del siglo XXI con grandeza y, sobre todo, como buen blues, con sentimiento. La excusa, un homenaje a su compañero, el compositor William Parker.

Cabe destacar que es la primera grabación de la música de Parker sin que suene su bajo. Cosgrove ha arreglado y rediseñado el sonido de estas composiciones para un trío de órgano, saxo y batería. Pero Parker no es un compositor del siglo XXI. Su carrera se extiende a través de varias décadas desde que en 1973 formó The Music Ensemble, pasando por su proceso como músico experimental, su evolución, y sus últimas grabaciones, como Flower In a Stained-Glass Window (Centering Records, 2018), escrita en homenaje a Martin Luther King Jr. para 35 artistas entre músicos, actores y cantantes.





Foto: Joe Crocetta
Como se puede escuchar, el álbum es una versión más accesible de la música de William Parker, pero también una versión no exenta de riesgos. El sonido del blues en el órgano de Medeski va más allá de lo que le hemos escuchado antes y en los saxos de Lederer sigue viva esa rabia de Parker. Es difícil repetir o reproducir lo experimental, pero temas como "Wood Flute Song", sería otro buen ejemplo del disco, con esa percusión intensa, (aparentemente) errática, obsesiva, que Cosgrove revive tan bien aquí, patrones móviles de un avant-garde que va más allá del jazz y de la fusión, porque forma parte del espíritu y conecta directamente con el de los que escuchan. Intensidad, expresión y un virtuosismo cercano a una belleza convulsa son las señas de History Gets Ahead of the Story

Una puerta a la música de un compositor desconocido en España pero que también se puede escuchar como una obra autónoma. Pruébenla, si se atreven, sientan, disfruten y entiendan.

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* Web: jeffcosgrovemusic.com

BLUES, POR FAVOR

BLUET, Look At Me (2019)

No solo de jazz vive el hombre, y a veces apetece un poco de blues, esa esencia amarga de la que se alimenta el jazz desde su raíz. No soy de aplicar etiquetas y el blues es un estilo (o sentimiento) que ha evolucionado durante el siglo XX como el mercado, en muchas direcciones. La música que nos ofrece el dúo Bluet es una fusión honesta entre el blues, el rock y el soul en el sentido más asequible de estos términos, blues para todos los públicos y con un sonido limpio y elegante.

Bluet (juego de palabras entre blues duet) es una formación de Castellón compuesta por Nuria Pallarés (voz) y Joaquín Pinilla (guitarra). Fogueados en los escenarios y en las versiones de jazz y blues en formato de dúo puro y duro, se percibe la esencia que estos sonidos negros han dejado en la voz de Nuria (que puede sonar muy sureña en "Niña  brava" y con toques de rock suave en "The Way", por poner ejemplos alejados entre sí) y en la guitarra de Joaquín (en cuyos dedos el blues gana más cuanto más lento es el tempo). Ambos, en conjunto, aportan una elegancia sobria y equilibrada al sonido de los standards que aparecen en el álbum. 

Pero aquí aparecen acompañados por una banda, buena elección porque en un disco es más difícil transmitir la energía del directo y el oyente en casa suele exigir otro tipo de sonido. Por eso, algunos temas han sido grabados en sesiones en directo en el estudio con la complicidad de una buena cantidad de músicos en distintas formaciones: Vicent Colonques en el Rhodes y el Hammond, José Galindo a la armónica, Simon Taylor al saxo, Héctor Tirado en guitarra eléctrica y acústica, José Luis Bertomeu 'Bertus' al contrabajo y bajo eléctrico, Diego Barberá al contrabajo (solo misterioso y breve en "Tell Me Why") y bajo eléctrico, Jesús Gimeno y Tico Porcar en la batería, y los coros de Bárbara Breva, Helena Pallarés, Laura Redon y Carlos Vidal. Con todo este potencial, el dúo consigue convertirse en una banda potente de rhythm & blues con momentos de soul contenido y rock urbano.

Foto: Paula Salas (Facebook)
Mención especial merece el tema que cierra (formalmente) el disco, una versión desgarrada de "Ain't No Sunshine (When She's Gone)" de Bill Whiters cuya energía hace honor a la letra, un tema que crece a partir del solo de Joaquín Pinilla y que alcanza (casi) las cuotas eléctricas de una Janis Joplin contenida (si fuera posible una Joplin en los tiempos que corren).  

Y he dicho que cierra formalmente el disco porque hay un tema extra oculto al final que es una versión del "Don't Cry Baby" que cantaba Bessie Smith y que aquí, con el acompañamiento de la guitarra, suena más en el estilo de Madeleine Peyroux pasado por la voz personal de Nuria Pallarés. Después de oír la banda al completo, es un buen final, respetando al final el formato original de dúo, es decir, recuperando de algún modo lo que es la esencia de Bluet.

Les dejo con una versión muy bluesy de "I Put A Spell On You" (Jay Hawkins).


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* En Facebook: https://www.facebook.com/bluetband/

PÁJAROS EN LA CABEZA

ACORDES Y DESACUERDOS (XXIV)

En el libreto del disco de Ximo Tébar Anís del Gnomo (Elígeme Discos, 1990), Víctor Claudín escribe que en el mercado hay "un jazz de museo, viejo, o demasiado nuevo". No hay en el jazz, como música basada en la pasión y el sentimiento (tanto como en la técnica y la exploración) un término medio. Uno de los músicos que más polarización provocó en su momento (y sigue provocando) fue Charlie 'Bird' Parker. Echemos un ojo a algunas opiniones y comentarios sobre el saxofonista de Kansas City (Missouri).


Siguiendo con nuestra serie de Acuerdos y desacuerdos...


I.
En la biografía de Miles DavisIan Carr defiende al trompetista contra las acusaciones que vertió en su día un Wynton Marsalis de 21 años que ya apuntaba maneras de purista. Al parecer, en una entrevista a Jazz Times en 1983 (el año de Star People), Marsalis había dicho esto:
"Miles nunca fue mi ídolo. Me ofende lo que él hace porque es una decepción para toda la escena en general." Y añade: "Creo que Bird se revolvería en su tumba si supiera lo que está ocurriendo".

Ian Carr defiende la postura ecléctica de Miles en estos principios de los 80 así:
"Parece que estos mentores le inculcaron [a Marsalis] la extraña idea de ortodoxia en el jazz, que sostiene que hay una cosa única llamada "jazz verdadero" y que todos los músicos deberían tocar ese estilo. Sin embargo, al igual que todas las grandes artes, el jazz posee (y debe poseer) un pluralismo incorregible."

II.
Opinión de Dizzy acerca del sentimiento de blues en el jazz:
"Por curioso que pueda parecer, yo jamás me consideré como un auténtico intérprete de blues. Charlie Parker era un maestro del blues. Ya sé que el blues representa nuestra cultura musical, la de mi raza, pero yo no soy un verdadero bluesman. Lo que no aguanto es oír a un músico blanco decir: "Yo soy un bluesman" porque si yo, que crecí empapándome de ello no puedo ser uno... entonces."

III.
Nuestro eterno inspirador (también inspirado por el jazz) Julio Cortázar habla en una entrevista a Omar Prego Gadea en el libro "Los cuentos: un juego mágico (La fascinación de las palabras, Alfaguara, 1997) sobre cómo surgió la idea de utilizar a Charlie Parker como inspiración para su personaje Johnny de "El perseguidor":

¿Por qué fue Charlie Parker? Primero porque yo acababa de descubrirlo como músico, había ido comprando sus discos, lo escuchaba con un infinito amor, pero nunca lo conocí personalmente. Me perseguía la idea de ese cuento y al principio con la típica deformación profesional, me dije: "Bueno, el personaje tendría que ser un escritor, un escritor es un tipo problemático". Pero no me decidía porque me parecía aburrido, me parecía un poco tópico tomar un escritor. [...] Tenía que ser un individuo que respondiera a características muy especiales. Es decir, todo eso que sale de "El perseguidor": un individuo que al mismo tiempo tiene una capacidad intuitiva enorme y que es muy ignorante, primario. [...] Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya -creo que era de Charles Delonnay- en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. 

Max Kaminsky, Lester Young, Hot Lips Page, Charlie Parker y Lennie Tristano
(Club Birdland, NYC, 1949)
IV.
Woody Allen sobre las películas de jazz
“De todas las películas sobre Jazz que he visto, y probablemente las haya visto todas, Bird me parece la más digna.” 

V.
Sergio Ariza Lázaro en Diario Crítico termina su artículo La leyenda negra del jazz: Charlie Parker de este modo:
Siempre me ha gustado pensar que lo que aparece en la película que Clint Eastwood le dedicó es verdad, que hubo una despedida con Dizzy en la que Bird le preguntó como lo conseguía, como podía vivir su vida, disfrutar, tener una mujer, etcétera y Dizzy le dijo tampoco importa tanto, yo viviré una larga vida, pero la gente te recordará a ti.


*

Y yo creo que Bird sigue ahí, tocando, en los textos de Cortázar, en los discos de vinilo con ruidos de mi discoteca y en ese lado oscuro e inquieto que agita nuestros espíritus.

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* Las fotos de Charlie Parker, Tommy Potter, Miles Davis y Max Roach es de William P. Gottlieb. De las otras no conozco el autor.
  




UNA NOCHE CON...

DELFEAYO MARSALIS, Kalamazoo (Troubadour Jass, 2017)

Otra vez el trombón, ese viento metal que llama la atención de los niños por su tamaño y que normalmente no está entre los solistas, relegado a las big bands a pesar de que es ideal para ejecutar glissandos y que, en las manos adecuadas (es el caso), puede sonar tan potente como sutil, como un payaso que, justo después de provocar risas, es capaz de emocionarnos. Y otra vez Delfeayo Marsalis, que nunca defrauda, con un cuarteto que incluye al gran patriarca, Ellis Marsalis.


El álbum, grabado en abril de 2015 durante la gira de The Last Southern Gentleman en el  Dalton Center Recital Hall de la Western Michigan University, en Kalamazoo, es el primer disco grabado en concierto de Delfeayo Marsalis y contiene un puñado de clásicos que el trombonista tamiza con su particular sentido del blues, empezando por una versión soberbia de "Tin Roof Blues" en la que Marsalis demuestra que incluso en el trombón se puede frasear con rapidez. Creo que es un inicio fantástico para un concierto, desde abajo, un blues lento. El solo de piano de Marsalis padre sigue al de trombón, en la misma línea, haciendo brillar la tristeza del tempo. De fondo, Ralph Peterson elástico pero contenido, acompañando en la justa medida. Termina el solo con unas síncopas tan clásicas que después sólo puede seguir un crescendo que rompe definitivamente en el solo de bajo (Reginald Veal). Si uno empieza un concierto ahí, el segundo tema es siempre como un estallido, como un nuevo comienzo. El tema que rompe es "Autumn Leaves", un estándar infalible. La sección rítmica destaca por encima de todo, con un juego polirrítmico contagioso.

Padre e hijo 

El concierto continúa con "My Funny Valentine", que se convierte en una competición entre el piano, como solista, el trombón y la sección rítmica, una competición por hacer más delicada la pieza, que suena redonda y pasa como un instante. Sorprende justo después el sentido del humor (justicado) al traer aquí el blues que servía de sintonía a Barrio Sésamo, esa serie que marcó tantas infancias. "Sesame Street Theme" suena a blues callejero de Nueva Orleáns, a banda, y nos muestra el sentido del blues en los dedos de Ellis Marsalis, sincopado y veloz cuando es necesario, expresivo y auténtico. Toda una lección de cómo se toca jazz.

Siguen, por no parecer exhaustivo, el tema "If I Were a Bell" (que siempre me devuelve mis primeros recuerdos de Miles Davis), la balada "Secret Love Affair" y una versión de "It Don't Mean a Thing (If It Ain't Got That Swing") elegante y rítmicamente adictiva. Justo después, Delfeayo invita al escenario a dos estudiantes de la universidad (el vocalista Christian O'Neill Diaz y el baterista Madison George) para improvisar juntos un blues clásico ("Blue Kalamazoo"). Tras este momento especial en el que los Marsalis parecen derramar positividad para incentivar a los estudiantes, el concierto termina de una manera nostálgica con una mágica y onírica versión de "Do You Know What It Means To Miss New Orleans" a dúo piano/trombón, donde el padre da una lección de lo que es el piano en el jazz y el hijo nos sorprende con una sordina wah-wah que aporta una melancolía a su solo que arranca los aplausos del público.


Casi todos standards de sobra conocidos pero llevados con una personalidad abrumadora, con esos fraseos sentidos o vertiginosos de Delfeayo Marsalis, con un sentimiento que suena a Nueva Orleáns y una elegancia estilística encomiable que los hace parecer nuevos, esa magia del jazz.

En el fondo, Kalamazoo (An Evening With...) es sólo un momento en el tiempo, capturado en audio digital pero, al menos, podemos hacernos la ilusión de haber escuchado a Delfeayo Marsalis en concierto y la experiencia es... bestial.

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* Web oficial: www.dmarsalis.com


CON LA ATORMENTADA CADENCIA DEL BLUES



La seductora y joven Epihany (Lisa Bonet) enciende una vieja radio en una destartalada pensión de Nueva Orleáns. Llueve en el exterior y también en el interior. Hay goteras por toda la habitación pero, como si de una mansión de lujo en una noche de verano se tratara, la chica invita al detective privado Harry Angel (Mickey Rourke) a bailar. En la radio suena un single de Lavern Baker de 1953, "Soul on Fire", título elocuente si uno ve la película por segunda vez. El detective la coge en brazos para bailar, tierno pero escabroso gesto pues la chica tiene 17 años (entre otros detalles que no deberíamos desvelar para no hacer spoiler y que desaconsejarían el erótico baile) para después enredar sus cuerpos con urgencia. Las goteras golpean el cabecero de la cama siguiendo el ritmo de la canción con la atormentada cadencia del blues hasta que la banda sonora de Trevor Jones borra todo rastro de la canción avisándonos de que la escena no va a acabar bien. La chica no era buena idea.
  

Cine de verano: El corazón del ángel (Alan Parker, 1987)
  
"Soul on Fire" es uno de los aciertos de esta película dirigida por Alan Parker en la que un puñado de blues y temas populares de los 50 amenizan una tímida banda sonora de Trevor Jones donde sólo brilla (de una manera también tímida) el saxo de Courtney Pyne, que no suena demasiado jazzy...

Pero el tema de la película es "Girl of My Dreams", recurrente en algún fraseo de Pyne o cuando lo tararea el protagonista o en un tenebroso piano que desafina la melodía para advertirnos... En realidad, "Girl of My Dreams", cantada por Kenny Sargent para Glenn Gray & Casa Loma Orchestra, es sólo uno de los temas clásicos que suenan en El corazón del ángel, junto a otros de Dr. John, John Lee Hooker, Bessie Smith... canciones que, sobre la inquietante y soberbia fotografía de Michael Seresin, hacen de esta historia una insólita joya del cine negro con tintes esotéricos. Ideal para una noche de verano insomne.


FEEL LIKE GOING HOME

El blues según Martin Scorsese

No sólo de jazz vive el hombre que firma estas líneas. Entre las numerosas manfiestaciones ruidosas que ambientan la banda sonora de mi vida está el blues, por poner un ejemplo. No se le dedican aquí más artículos porque esto es un blog de jazz y porque ya hay numerosos (y algunos muy buenos) blogs de aficionados al blues. Sin embargo, he comenzado a ver la serie documental The Blues de Martin Scorsese y me he quedado impresionado por la calidad tanto documental como cinematográfica del primer capítulo, titulado Feel Like Going Home, que firma el propio firma Scorsese, que ya dirigió otros filmes centrados en la música (The Last Waltz, Shine a Light).


El blues es la raíz. Todo lo demás son los frutos.
(Willie Dixon)


El guión de Feel Like Going Home es de Peter Guralnick y cuenta con el músico Corey Harris como conductor. Harris, a propósito de John Lee Hooker, comenta al comienzo del documental: "Qué sonido, que sensibilidad. Mi abuelo la llamaba música de pecadores; otros la denominaban música del diablo.[...] Escuchándola, llegas a sentir la sangre y el fango del Mississipi." Con este espíritu, Harris viaja a lo largo de este río, cuna del blues, entrevistando a músicos y entendidos, desvelando las raíces de esta música negra fundamental. Algunos músicos y sus testimonios recuerdan cómo era la vida en el campo en su juventud, anterior a la II Guerra Mundial, avalando la esencia de su música con el poder de un testimonio de miseria, incertidumbre y esa rara forma que adquirió la esclavitud en América cuando ya (legalmente) estaba abolida. Algunos de ellos fueron filmados interpretando blues expresamente para el documental: Keb' Mo', Taj Mahal, Willie King, Salif Keita... mientras que otros aparecen en imágenes de archivo igualmente valiosas (John Lee Hooker, Muddy Waters, Son House, Lead Belly...).



Valdría la pena hablar de blues aunque sólo fuera porque es una de las bases en las que se asienta el jazz, pero tiene tantos puntos en común que en muchos casos los límites se difuminan. La raíz esencial, el sentimiento negro, con todo el significado que esto puede tener, es un concepto más amplio de lo que parece. El sufrimiento es el ingrediente fundamental de esta música que, como cita el autor, nació en los húmedos campos de Norteamérica, en esquinas polvorientas y en los bares de carretera del Sur profundo. 
La palabra "blues" se ha usado durante siglos [en inglés, obviamente] como un sinónimo de melancolía o depresión. La música de blues, como escribe el crítico Albert Murray, es algo completamente distinto: "Con todas sus llamadas notas tristes y su sobrecarga de tristeza, la música de blues en su naturaleza y función no es otra cosa más que una forma de diversión". No importa cómo de sombrío sea el contenido de una canción de blues, si habla de dolor, pérdida, ansiedad, miedos, la canción es una afirmación de la vida, no un lamento. (1)
Tengo que visionar el resto de los episodios. Algunos de ellos están dirigidos por cineastas (Wim Wenders, Clint Eastwood, Mike Figgis). Tengo que verlos para profundizar en la raíz del jazz, porque el blues tiene un componente sentimental y de vivencia personal que se pierde en muchos estilos de jazz, porque también es, por encima de todo, música de narradores de historias, música documental.

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(1) La cita es del libro Jazz, The Great American Art de Gene Seymour. La referencia a Albert Murray corresponde a su libro Stomping The Blues. 

* En la web oficial de la serie podrán encontrar una interesante lección sobre el blues de 12 compases, otra de las músicas fundamentales del jazz:  www.pbs.org/theblues/classroom/essays12bar.html

MAURI SANCHIS TRIO

Crónicas del Festival Jazzolontia
Finalmente, conseguí ver en directo a Mauri Sanchis, después de que se me escapara en alguna ocasión y de que algunos asuntillos me impidieran ir a verlo al teatro de Cartaya al año siguiente.

Ocurrió en una cálida noche de septiembre, dentro del Jazzolontia, el festival de jazz de Gibraleón, que, todo hay que decirlo, mejora a marchas forzadas. Se nota que este colectivo cultural se mueve: el cartel era variado y de calidad, las entradas gratuitas y las actividades paralelas, aunque escasas, muy interesantes. Sin ir más lejos, antes de Mauri Sanchis se proyectó el documental Let’s get lost, de Bruce Webber, del que algún día tendré que escribir algo, superando la pesadumbre que me contagia siempre su visionado.

 

Mauri se subió al escenario detrás de un Hammond XK3 que era una maravilla, un aparato pequeño (supongo que fácil de transportar) con el sonido clásico y el look retro del B3, en madera torneada, una delicia de ver y escuchar. Le acompañaban el guitarrista Razl, muy entregado, aunque algunas veces usaba (y abusaba, en mi opinión) de pedales que desentonaban con el conjunto, y el baterista Blas Fernández, capaz de pasar del swing a la delicadeza de la balada y de ahí a la potencia del jazz-rock sin esfuerzo. Anunciaron un disco en formato de trío que, al parecer, está casi terminado.

Todo el setlist era original de Mauri Sanchis, salvo el final, una versión rabiosa y potente del "Baby knows" de Prince. Todos los temas fueron instrumentales, groove sin palabras, con mucho toque funky y mucha inspiración, ya sabéis, esos temas que uno reconoce del disco, que sabe cómo comienzan pero que en directo nunca imagina cómo van a acabar. Bueno, donde hay músicos con mucho que dar... Mauri toca como un negro y se juega las manos en todo momento. Sabe cómo sorprender sin histrionismos y cómo hacer que los temas crezcan y crezcan, y consigue que se desarrollen hacia arriba de una forma lógica, abrumadora.

Especialmente intenso fue comprobar cómo algunos temas del primer disco, Less is more (2003), que eran tempos medios, muy lounge, evolucionaban en directo convirtiéndose en potentes, intensas descargas de jazz-rock, ese tipo de explosiones que se dan en el soul y que nadie como el órgano Hammond es capaz de materializar.

Muestras de Mauri Sanchis en vivo en su página oficial:

BLUES CAN DO MORE THAN JUST SWING

Mingus a tope

En 1959 Mingus publicó tres álbumes: Mingus Dinasty, Mingus Ah Hum y Blues & Roots, del cual se ha escrito que Mingus lo ideó para responder a los críticos que lo acusaban de "no tener demasiado swing". Yo quiero responder a esos críticos ahora porque cada vez que escucho este album no puedo evitar recordar ese comentario.

Blues & Roots apareció después de Mingus Ah Hum, pero en realidad fue grabado antes, el 4 de febrero de ese mismo año en los estudios Atlantic de Nueva York. A estas alturas de su carrera, la banda de Mingus había crecido hasta convertirse en un noneto mayor de edad, capaz de desarrollar el jazz que pudiera pasar por la mente del sincrético Mingus. Para entender mejor la energía de estos temas señalaré dos bazas: la primera es que el noneto carece de trompetas (ese elemento salvaje) y tiene un line-up con dos trombones y cuatro saxos (dos altos, tenor y barítono), algo realmente inusual que lo convierte en una pequeña big band y cuyo resultado es un groove tremendo con momentos de una fuerza demoledora. La segunda baza es anotar que en este álbum aparece el original de Moanin'. Ahí es nada.

Pero es en E's Flat Ah's Flat Too donde toda esta fuerza surge como del fondo de la tierra, con una melodía pasmosa que no irrumpe sino que nace y crece (atención a los trombones) y en la que toda la filosofía del disco, esa mezcla de gospel, blues y jazz se funde para sonar como el jazz más auténtico, el más sincopado, el más salvaje. ¿Milagro? Para mí es el tema culmen del disco. Mingus pone tanta energía en el proyecto que incluso se le oye jalear a los músicos en algunos momentos de este tema. ¿Quién dijo que no le pone swing?

En el libreto del disco, Mingus explica que, para responder a los críticos sobre el tema swinguear o no swinguear, su productor, Nesuhi Ertegün, le sugirió que grabara un disco de blues. Mingus respondió que había estado haciendo swing desde pequeño, cuando daba palmas en las funciones de la iglesia, y que ahora había crecido y le apetecía hacer otras cosas. Sobre el blues, le deja esta frase lapidaria: "Los blues pueden hacer más que un simple swing", y añade que por eso aceptó.

Podéis oír E's Flat Ah's Flat Too pulsando el play de más abajo:



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* Foto: Charles Mingus por Tom Marcello. Bicentenial, Lower Manhattan, July 4th, 1976.

HONEYDRIPPER BLUES BAR

Cuentos de la era del blues

Creo que Honeydripper blues bar (John Sayles, 2007) es la mejor película de clubs que he visto. Lejos del superficial tratamiento de Stormy Monday, por ejemplo, donde el club era solamente una excusa para una trama de cine negro, Honeydripper refleja la competencia y la lucha por la supervivencia de un club en la América rural, negra y nocturna previa al rock and roll. Por entonces, el blues era una muestra rústica de lo que quedaba atrás y la electricidad un pecado.

Alabama, 1950, Tyrone “Pinetop” Purvis (Danny Glover) es propietario de un club de blues abocado a la ruina por la competencia con un bar rival donde el juego y la jukebox son los principales atractivos. Una cantante de blues en el escenario no es suficiente para competir y el club está abocado a la ruina. Pinetop decide dar un paso adelante sustituyendo a su vieja cantante, Bertha Mae, por un cantante de éxito en la radio, el rocanrolero y engominado Guitar Sam, a pesar de que a causa de una vieja historia Pinetop odia a los guitarristas.

El argumento es sencillo. La atmósfera, crepuscular. La crisis del club envuelve todos los aspectos de la vida de Pinetop: su matrimonio, sus relaciones con los pocos amigos que tiene, su sumisión al sheriff blanco...

¿Qué más añadir? La banda sonora, llena de blues del delta, rhythm’n’blues y sus formas previas al rock and roll es fabulosa. La América racista y rural está dibujada con trazos leves, sin pesadez y sin cursilería. Algunos diálogos son para enmarcar:

–¿Cuántos años tiene esa guitarra que tocas, viejo?
–Es la segunda que crearon. El diablo se quedó con la primera.

–¿Cómo se llama este pueblo?
(El revisor señala el cartel donde dice “Harmony”)
–Con un nombre como ése, parece ser un buen sitio para un músico.
–La única noche que estuve en la cárcel fue en un pueblo llamado Libertad.

–Si queremos obtener nuestros derechos en este país, debemos darlo todo.
–¿Negros disparándole a los amarillos para mantener a los blancos felices?
–Debemos superar este tipo de ideas.
–Supéralo, Shack: Luego vuelves y nos cuentas cómo es.


Y esta descripción de cómo el protagonista imagina que el piano entró a formar parte del blues:
–En los tiempos de la esclavitud, nos hacían trabajar en casa de los patrones. No siempre teníamos zapatos. Los pantalones no tenían agujeros. No recogíamos algodón.
–Negros domésticos.
–Sí, así los llamaban. Tenían todo tipo de instrumentos africanos: tambores, maracas, algo parecido a un banjo. Pero el piano...
–No traían pianos en esos barcos desde África.
–El piano estaba allí en el gran salón de los blancos, bien pulido. Yo imagino que el primero debió de pasar cerca de él unas quince, veinte veces al día. Lo miraba de reojo. Él estaba allí cuando tocaban los maestros con sus minués. (Pinetop toca un minué con la mano derecha) Él parado allí con una bandeja de comida para los blancos, simulando no tener ningún pensamiento dentro de la cabeza, pero mira sus dedos, mira las teclas... Ese chico, el primero, sabe cómo tocar todo tipo de instrumentos africanos. Podía tocar cualquier cosa si le dabas un tono y un tempo. Sí, tenía música en su cabeza y en su corazón. En cada parte de él, hay música. Un día, el amo no está y él solo en esa habitación con el piano.
–Ten cuidado.
–Y se acerca y se sienta en el banco y él extiende sus dedos sobre él del modo que había visto que tocaban los minués. Y piensa: “Señor, ayúdame. Podría hacer daño con esta cosa.”
–Me hubiera gustado estar ahí.

Si podéis, no os la perdáis en versión original.


Concierto: Mauri Sanchis Trio

Jazz, ese ruido se complace en presentar a Mauri Sanchís en concierto..... No se me podía escapar anunciaros este evento por si hay alguien cerca de Huelva la próxima semana (siempre que sea posible y tenga cerca un concierto procuraré avisar para que no me falléis).

Mauri Sanchís es un jamonero (de Hammond B3, se entiende) que proviene de la escena blues española. "Nacido" en un grupo de blues (Progressions), clásico pero valiente en la experimentación, con la elegancia de un Jimmy Smith y después de experiencias junto a Javier Vargas y su Blues Band o junto a Graham Foster y Night Train, viene de gira promocionando su segundo disco Good vibes!!, algo menos smooth que el primero, con mucho más groove, un disco en cuestión donde uno pasa de flipar con el blues al jazz o al funk en segundos.
En esta ocasión viene en formación de trío. El concierto será en el Claustro de San Francisco, en Moguer (Huelva) el 8 de agosto a las 22:30. La entrada es gratuita pero de aforo limitado: hay que conseguir las invitaciones en la taquilla del Teatro Felipe Godínez dos horas antes.
Informaremos puntualmente.