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UN GRAN DÍA EN MADRID

...y una gran fotografía para la Historia

Recordando la mítica fotografía de Art Kane titulada A Great Day In Harlem, de la que hablamos en una ocasión a propósito de su documental, la revista La noche en vivo, referente para quienes quieran oír música como se debe oír (en vivo) reunió, con la colaboración de las salas de jazz de Madrid, a 160 artistas de los que dan vida a los escenarios de la capital para una fotografía que era ya histórica antes de que se abriera el obturador.  

El encargado de inmortalizar el momento fue Juanlu Vela, noctámbulo cazador de imágenes que ha capturado lo mejor y más extenso del sonido de la noche madrileña con sus fotografías, un ojo que sabe captar esa esencia del momento, esa esencia que da valor al directo y a las sensaciones, los sentimientos, la música. En este caso, jazz y, con la filosofía de documentar el presente del jazz en Madrid, La noche en vivo reunió a 160 músicos que, si bien no son todos los que deberían, sí son todos los que están, muchos de ellos llegados de provincias o del extranjero, que han encontrado la inspiración para hacer jazz en Madrid. La fotografía, en todo caso, es no sólo histórica sino enciclopédica. 

Y, como en la fotografía de Kane, se eligieron unas escaleras, las del patio de Centro Conde Duque, y una fecha, el 25 de abril de 2019. En el centro, como no podía ser de otra forma, el gran Pedro Iturralde, precursor no sólo del jazz flamenco sino de tantos aspectos que podríamos decir que el jazz en España no sería el mismo sin él. No quiero destacar a nadie más porque todos son imprescindibles en la escena madrileña. Y si no me creen, vayan a escuchar música una noche al Bogui o a la Sala Barco o a Clamores, al Galileo Galilei, al Café Berlín, al Despertar, El Intruso, El Junco, Marula, el Moe... y disfruten de lo diverso y cosmopolita de los escenarios de jazz madrileños.

A la fotografía sólo le falta una cosa: la presencia del inolvidable trompetista Jerry González.


Para mayor detalle, usen los enlaces que hay más abajo. Estos son los nombres: 

Nirankar Khalsa - Irene Albar -José Manuel Torrego -Susana Ruiz - Fernando Sangüesa -María Dávila - Bobby Martinez -Josemi Garzón - Jorge Moreno - Natalia Dicenta - Celia Vergara - Alex Otheguy - Jayme Marques - Pablo Gutierrez Calvo - Leandro Cersosimo - Pedro Iturralde - María Toro - John O'Brien - Bob Sands - Natalia Alaminos - Roberto Rey - Pedro Ruy-Blas - Roberto Bazán - Andrés Almada “PATO"- Pedro Ojesto - Jorge Pardo - Josemi Carmona - Arturo Lledó - Marcos Collado - Rachel Malka - Arturo Ballesteros - Belén Gómez - Santi Vallejo - Pilar Gual - Idoris Duarte - Nantha Kumar - Almudena Heredero - Aurora Arteaga - Rubén López - Concha Hernández - Marina Ferrer - Thomas Schindowski - Javier Olmedo - Sergio Cabanillas - Christian González Arrieta - Ángel Viejo - Luis Martín - Carlos González "Sir Charles" - Germán Pérez - Montse Merino - Iván Sangüesa - Dick Angstadt - Víctor Merlo - Diego Gutiérrez - Juan Ruiz Cuevas - Juan Robles de la Puente - Javier Estrella - Juanma Cantos - Guillermo Bazzola - Natalia Calderón - Marga Torres - José Manuel Gómez "Gufi" - José Manuel Ruiz “Bandolero" - Blanca Bordas y Boceta - Pablo Sanz - Gabriel Peso - Curro Castillo - Gonzalo Peñalosa - Carlos Ibáñez - Jorge Grimaldos - Jacobo Rivero - Carlos Murillo - MiguelAngel Chastang - Domingo J. Sánchez ­- José Vera - Iñaki Arakistain - SacriDelfino - Mónica Benito - Omar Acosta - Javier Elorrieta - César Merino - Adrián Carrio - Jean-Philippe Guy - Nacho Fernández de Frutos - Luis Hernández - Patricia Villacañas - Desirée Durán - Jorge Cariglino - Jorge Reyes - Dani Niño - Fernando Berruezo - Ramón Gonzalez "El León” - Joaquín Chacón - Paco Rivas - Dani Domínguez - Yuvisney Aguilar - Jorge Fontecha - Lorenzo Azcona - Daniel Juárez - Babel Ruiz - Neil Clarke - Arnaldo Lescay - Ariel Bringuez - José Aguilar - Joserra Zamora - Ángela Cervantes - Yevhen Riechkalov - Lázaro Armenteros - Javier Moreno - Pedro Pablo Rodriguez - Jorge Castañeda - Giancarlo Spirito - Jose Manuel Villacañas - Miguel Ángel López Blázquez - Marie Martin - Sean Clapis - Chris Kase - Sibyl Gonzalez - Roberto Nieva - Luismi Baladrón - Celia Mayo ­- Melisa Fernández - Miguel Castro - Richard Krull - Luis Verde - Paul Stocker - Richie Ferrer - Lucía Rey - José San Martín - Juan Moreno - Alexis Andral - Herminio Marrero - Andrea Zapata Girau - Trinidad Jiménez -Baldo Martínez - Dany Noel - José Miguel López - Hector Oliviera - Georvis Pico - Ernesto Cortijo Ballesteros - Ere Serrano - NormanHogue - Javier Sánchez - Rafa Serrano - Sebastián Chames -  Jim Kashishian - Francisco López “Loque" - Roberto Pacheco - Antonio Domínguez - Mayka Edjole - Walter Geromet - Fernando Sobrino - Ale Fergar - Santi Cañada - Hernán Hock – Llum Ahimsa Brínguez - Juanma Barroso -Ander García - Alejandro Escalera - Dan Rochlis 

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* Mucha más información en lanocheenvivoesjazz.lanocheenvivo.com

* Web de Juanlu Vela: www.juanluvela.com

     
   

NUEVOS AIRES EN EL HARDBOP

Daniel Cano Quintet en vivo en el Gran Teatro de Huelva

No defraudó el tercer concierto del Circuito Andaluz de Asociaciones de Jazz en Huelva, promovido por la Federación Andaluza de Asociaciones de Jazz y organizado en Huelva por las asociaciones Tom@jazz de Bellavista, Müzzic y el Colectivo Cultural Olontia con el apoyo del Ayuntamiento de Huelva. En esta ocasión, subió al escenario el onubense (natural de Palos de la Frontera y afincado en Canterbury) Daniel Cano, que sorprendió con su quinteto y su enfoque moderno del hardbop, presentando los temas de su primer álbum como líder, Don't Touch the Blue (Blue Asteroid Records, 2015), del que ya hablamos aquí en su día y donde ha escrito todos los temas excepto el standard "Chelsea Bridge" de Billy Strayhorn.

Lo primero que sorprende al escuchar a Daniel Cano es el sonido. El quinteto, con una formación clásica de hardbop (trompeta, saxo, guitarra, bajo y batería), suena brillante y preciso, y en la trompeta de Daniel Cano resuenan ecos de Lee Morgan, de Donald Byrd y también de músicos no adscritos al hardbop, como Ornette Coleman; un eco de la tradición que, sin embargo, brilla original, nuevo, con un estilo personal en el que Cano está consolidando su voz.


Desde la explosión inicial, con el tema "¿Tú siempre tienes que ser el mismo?", se nota que el quinteto conecta con el público, un patio de butacas casi lleno que aplaude con timidez los primeros solos (en Huelva es realmente difícil conseguir que el público aplauda) pero, con el paso de los temas, el grupo va ganando la empatía del público y los músicos van cosechando aplausos cada vez más efusivos. El motivo es la música de Daniel Cano. Vale aquí la máxima de Miles Davis: "Si la música no hace que muevas los pies, entonces no es jazz". Y es que el trompetista ha creado unas composiciones cálidas y efervescentes, bien estructuradas, que conectan con los aficionados y que, al mismo tiempo, dejan espacio a los músicos para desarrollar sus improvisaciones.

Cuando suena el tema que da título al disco ("Don't Touch the Blue") el ambiente se pone trascendental, el grupo se queda en un trío, en un ambiente introspectivo, casi íntimo, y el público responde con su silencio y podemos ver a algunos espectadores balanceándose con esa cadencia triste y apasionada del blues. A partir de ahí, el concierto fluye con una perfecta conjunción entre público y músicos.


Acompañaban al trompetista en el escenario el saxofonista Pedro Cortejosa, que nos regaló unos fraseos muy bien dibujados sin tener que recurrir a estridencias, tanto en el tenor como en el saxo soprano; Carlos Bermudo a la guitarra, un sevillano con una gran experiencia y un estilo discreto y brillante; el también onubense Pablo Báez al contrabajo, con mucho swing, casi clásico y con unos solos sobrios pero acertados; y el batería Javier del Barco, que tuvo su oportunidad de demostrar en un solo todo lo que la batería puede dar.

En cada chorus y en cada solo, los músicos demostraron que el jazz sigue siendo una música abierta y viva. Al público le gustó y, al final, cuando algunos ya salían de la sala, la insistencia de los aplausos hizo que el grupo volviera al escenario a hacer un bis, un tema muy jazzístico acompañado de palmas flamencas ("Campo de las Malvinas") que fue, en la opinión de este que firma, no sólo un gran final sino los mejores diez minutos del concierto.


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* Las fotografías son de Juan Carlos Ordóñez (www.flickr.com/photos/jcof/)



** Más información sobre Daniel Cano en su web: www.danielcanoamaro.com

*** El texto de esta reseña se publicó originalmente en el diario Huelva Información.

NOCHE DE JAZZ

Con permiso, les presento mi nuevo libro

Muy bien, supongo que debería ser yo el primero en hablar de esto. No lo consideren inmodestia sino el placer enorme que supone para mí presentarles mi nuevo libro, un volumen de relatos en los que el jazz es leitmotiv, escenario o incluso el mismo protagonista. El título es Noche de jazz. En el fondo, este que firma ama el jazz por encima de todas las músicas, pero no es más que un escritor de ficciones.

Hay músicos que tienen la capacidad de dar vida a un sentimiento; otros, se dejan la vida en ello. De esa magia y de ese sacrificio tratan los relatos incluidos en Noche de jazz.


Para ser sincero, quería escribir ese libro que ando buscando siempre y que rara vez encuentro, un libro de ficción donde el jazz sea un personaje más, un motivo, el alma de la historia.

¿De qué va? Encontrarán en estas páginas relatos que apelan al espíritu, en especial a la manera en que las artes (y la música en particular) tienen influencia en nuestra vida, ya seas lector/oyente/espectador o un creador con sus glorias y sus miserias, relatos realistas, fantásticos, alguno erótico, otros de intriga e incluso algún relato de viajes (Nueva Orleáns, por supuesto) y algún texto que recrea un momento de la Historia del jazz. 






Los relatos
Solitude es la historia de una joven cantante que se cree Billie Holiday; Nostalgia en Times Square nos muestra a un músico caduco y hastiado de haber vivido a tope que, mientras se emborracha en un local cutre, hace inventario de sus experiencias musicales y, de paso, de la Historia del Jazz de las últimas cuatro décadas; Chet Baker canta cuenta cómo un periodista novato se enfrenta al juicio por drogas en el que se vio envuelto el músico en Italia en 1961, lo que le abre la mente al jazz y a una terrible pregunta: ¿Cómo puede un drogadicto como Chet ser capaz de lucir y crear la mayor de las bellezas?; Lo que significa añorar Nueva Orleáns es la historia de un joven alemán admirador de William Claxton que visita la ciudad después de ver por televisión Tremé; Una especie de tristeza nos muestra al Miles Davis del periodo electrónico, un genio en la cima, con sus dudas y la añoranza de aquel escalofrío de ser un principiante; Cuerpo y alma y Boogie de batería son relatos fantásticos en los que la magia se mezcla con el jazz para demostrar que la música puede elevarnos a un status superior de la existencia... Así hasta trece relatos en los que aparecen Dexter Gordon, Mingus, Monk, Sonny Rollins, Michel Legrand, Herbie Hancock y otros muchos en un complejo puzzle que trata de ilustrar los diversos matices del mundo del jazz: la música, la belleza, la búsqueda de la perfección, las drogas, el racismo y, por encima de todo, la pasión.



184 páginas
Rústica con solapas  
15x21cm
ISBN: 978-84-9126-360-9

También disponible en eBook :




(*)  Para otros destinos postales,  contacte con info @ jazzeseruido.com

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JAZZ BAJO LA LUNA AZUL

Eva Fernández Group en La Rábida

Acaba de anochecer y desde los jardines del Campus Santa María de la Rábida se puede ver una colorida perspectiva de la ría de Huelva y del Monumento a la Fe Descubridora (y también de los complejos químicoindustriales de la otra orilla). El escenario está preparado y el público impaciente. No hay sillas suficientes y muchos nos sentamos en algún rincón del césped esperando que, bajo la luna azul de julio, aparezca en el escenario Eva Fernández con su grupo, todo un lujo para una noche cualquiera de un verano cualquiera.





Cuando el grupo aparece lo primero que notamos es que no viene David Pastor. Su sustituto es el trombonista Vicent Pérez. En cuanto Pérez termina de desgranar su primer solo los aplausos anuncian dos cosas importantes: que hoy hay un público entendido, el tipo de público que aplaude los solos, y que no solo vamos a tener la oportunidad de escuchar un trombón solista sino que, además, es bueno. El primer tema es "Moose the Mooche" y algo de Bird respira en el saxo de esta chica de 21 años que intenta suavizar y hacer suyo el tema con una economía de recursos y una elegancia envidiables.


El siguiente tema es un standard del soul traído al terreno del jazz, algo que demostrará durante todo el concierto: que la inspiración viene de aquí o de allá pero siempre termina en el jazz. Eva Fernández canta sin artificios "Teach Me Tonight". Su voz no es de otro mundo pero tiene peso, emociona especialmente en los registros más bajos y el público (ruidoso en algunos sectores) calla para oírla cantar esta delicia de canción. Excita escuchar este silencio. El público aplaude cuando termina la estrofa... como si hubiera sido un solo. El concierto es un éxito en su segunda canción.

Después vienen joyitas como "Dream a Little Dream" y un "Mack The Knife" pasado por el tamiz de la samba con muy buen acierto en el que se suceden unos solos fantásticos: trombón, saxo (el mejor) y piano. "My Favourite Things" comienza con una extensa introducción del contrabajo (muy elocuente Miguel Ángel Cordero durante todo el concierto) y crece y crece hasta el solo de piano, que suena evansiano, un solo en el que José Luis Guart se deja llevar, derrochando influencias, hasta sobreactuar hundiendo la cabeza en las teclas en un homenaje excesivo pero brillante. 


Quizás no sea un concierto de descubrimientos ni momentos históricos pero tiene todo lo que uno espera en un concierto de jazz y la magia no parece decaer en ningún momento. Después de la lacónica "Ev'ry Time We Say Goodbye", suena una inquieta versión de "The Way You Look Tonight" con algún toque funky, un bis obligado (y también funky) con "Still Haven't Found What I'm Looking For" y otro final, festivo, con una versión rabiosa y energética de "Over The Rainbow". Un buen concierto para una buena noche de verano.

Eva Fernández Group:
Eva Fernández, voz y saxo alto
Vicent Pérez, trombón
José Luis Guart, piano 
Toni Pagés, batería
Miguel Ángel Cordero, contrabajo

* Las fotografías son de Julián Ro Di (pueden visitar su flickr en este enlace)

 





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https://www.edicionesenhuida.es/producto/la-muchacha-con-nubes-en-los-ojos/

EL JAZZ SEGÚN ESTHER CIDONCHA

When Lights Are Low

Hace unas semanas, estábamos escuchando un tema de la orquesta de Woody Herman ("Half Past Jumpin' Time"). En aquella grabación sonaban juntos tres gloriosos tenores: Al Cohn, Zoot Sims y Stan Gets, además de otros nombres memorables como Red Rodney, Shorty Rogers, Serge Chaloff, el propio Woody Herman... y un pensamiento se nos quedó rondando la cabeza durante toda la tarde: ¿dónde encontraríamos ahora tantos auténticos músicos de jazz juntos? ¡Ni en un festival! Sobre todo porque últimamente los festivales de jazz apenas traen músicos de jazz... La respuesta llegó en forma de libro: When Ligths Are Low. Editado por La Fábrica, sus 180 fotografías son la síntesis en papel de la extensa obra de nuestra fotógrafa de jazz española favorita: Esther Cidoncha.

Pero, antes de hablar, pongamos un poco de música para entrar en materia.



Suenan BENNY CARTER  AND HIS SWING QUARTET, 
"When Lights Are Low" (grabado en Londres en 1936) 
con la voz de Elisabeth Welch 

Quizás los que conozcan (conocemos) a Esther a través de su blog o de sus exposiciones estemos acostumbrados a las cotas de su fotografía, a su capacidad para transmitir la humanidad de los semidioses que son los músicos de jazz, a constatar que el blanco y negro puede tener tantos matices como una buena improvisación, pero lo que más nos ha sorprendido de su libro When Lights Are Low es la calidad de la edición, cuidadísima, a cargo de La Fábrica y de la propia Esther, algo inesperado en un país donde los libros de fotografía (en especial, sobre jazz) llegan siempre de fuera. El papel es fabuloso, el tamaño adecuado (se agradece que no se hayan incluido fotografías a doble página, algo siempre molesto por el corte central) y los textos que acompañan los distintos capítulos no sólo emocionarán a los amantes del jazz sino que han sido escritos por firmas relevantes. Destacaremos subjetivamente (porque nos han tocado en nuestro corazón jazzístico), las palabras del jazzero confeso Antonio Muñoz Molina cuando dice que "El buen fotógrafo de jazz es el que retrata la condición entre profetas y jornaleros cumplidores de los músicos, entre visionarios y marginales..." mientras que José María Díaz-Maroto alaba "la magnitud de Esther, situada -siempre- en el lugar perfecto, pero invisible, en un escenario inusual y con la imposibilidad de manejar la luz y adecuarla a sus necesidades." Añade que "Ante este difícil panorama, resuelve impecablemente generando la realidad de una atmósfera irrepetible" y así es. Momentos que Esther captura con pericia y sin dudar, momentos irrepetibles de la Historia del Jazz, algo que alabábamos de William P. Gottlieb, que tenía la "obligación" de hacer la foto perfecta porque se pagaba él mismo los negativos...



Chema García Martínez, por su parte, recuerda en su texto la máxima de Cartier-Bresson, que recuerda que "la vida ocurre sólo una vez, para siempre", algo así como el jazz, efímero como una nota, en instantes como fotografías. Esther sabe captar eso y hacer humanos a los músicos, humanos con capacidades de dioses, y los hace entendibles para nosotros, los mortales. O esta reflexión de Wadada Leo Smith sobre la importancia de fotografiar en blanco y negro, que merece ser enmarcada: 
Cuando hay color, la gente se parece a nosotros, no hay diferencia entre la foto y la realidad. Pero el blanco y negro establece una diferencia real, porque te obliga a pensar en qué consiste la imagen, en qué es real y qué no lo es. Sin esa reflexión no hay arte.
Suponemos que ha sido una labor tremenda elegir 180 fotografías de entre un trabajo de 25 años; sin embargo, podemos afirmar que las que están incluidas hacen justicia a su técnica y a su personalidad. Pero, ¿cómo se llega a tener ese ojo crítico, estético y por el que todos querríamos mirar? Le hemos preguntado a la propia Esther.


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Entrevista a Esther Cidoncha

Jazz, ese ruido: Empecemos por el principio. ¿Cómo empezaste en la fotografía y qué te llevó al jazz?

Esther Cidoncha: Me inicié en la música del jazz, pasada mi adolescencia, en casa de un amigo que tenía discos de Art Blakey, Charlie Parker, Thelonious Monk, Miles Davis, Coleman Hawkins, Duke Ellington o Charlie Mingus entre otros. En seguida me gustó esa música a veces extraña, difícil, abstracta, compleja, pero también evocadora, sugestiva, vitalista, individualista, creativa, por momentos introspectiva o explosiva, interpretada por músicos que necesitan expresar lo que no pueden exteriorizar con palabras, creando un lenguaje original singular, inalienable e intransferible.
     Años más tarde, y siendo bailarina profesional de Danza Contemporánea en Barcelona, me compré una cámara japonesa, una pequeña Yashica de un solo objetivo de 50 mm. Hacía fotos en las giras que realizamos por Europa. Me atraía fotografiar los vestuarios, los pequeños hoteles, a mis propias compañeras bailarinas en momentos de relax. 
     La estética y la gráfica en torno al jazz me llamó poderosamente la atención. Revisando mis primeros negativos, empecé a realizar fotografías de jazz en 1989 en Valencia, con el mítico grupo legendario Modern Jazz Quartet, uno de los combos que más han influido en la historia del jazz moderno. Mi estímulo por la fotografía de jazz fue inmediato. Compraba los carretes en blanco y negro y los revelaba en casa, en un pequeño laboratorio preparado con todos los materiales disponibles. Siempre era un nuevo asombro descubrir las imágenes realizadas durante el concierto o la prueba de sonido. 


J,ER: ¿Qué tiene la imagen de jazz que no tiene otro tipo de música?

EC: Hay una más que evidente afinidad entre fotografía, fundamentalmente en blanco y negro, y el sonido del jazz. Esta vinculación proviene de ciertas similitudes entre estos dos géneros artísticos. Ambos son espontáneos, captan emociones, experiencias en un breve instante. A mi entender, la fotografía de ensayos o de un concierto no necesita colorido, el blanco y negro por sí solo se basta. Así mismo el jazz lo veo de este modo, sobrio, sin aderezos, puro, austero, evocador, sugestivo. Porque habla de verdad, de emociones vitales. La creación y la improvisación ocurre en cada instante de manera continua. La fotografía capta ese instante. Y otros muchas situaciones, como son el ambiente que se vive en un club de jazz y el momento de concentración de un músico antes de salir al escenario.
     El jazz utiliza un lenguaje muy complejo para hablarte de emociones, de esencia, de verdad. Basta para ello escuchar a John Coltrane, a Thelonious Monk, Lester Young o a Archie Shepp y comprender y percibir que pese a su complejidad y abstracción el jazz llega directamente a nuestras emociones de un modo directo, como un rayo que te atraviesa y parte por la mitad. El jazz es individualista, original, verdadero, honesto.


J,ER: Cuando un fotógrafo enfoca, ¿busca o encuentra?

EC: Busca y encuentra. Primero debe buscar para después poder encontrar. El jazz hace que sea fácil encontrar. Es una fuente de inspiración continua. Todo alrededor del jazz es de una belleza plástica única. A la cámara le gusta la atmósfera que envuelve y seduce un club de jazz. El objetivo juega con la iluminación y con sus diferentes focos de intensidad y contraste; saca partido a la variedad de instrumentos, tamaños, formas, materiales. O la sobriedad de un escenario desnudo, o lo contrario, un club de jazz con ambiente, gente atmósfera jazzística; micrófonos, partituras. La forma de vestir de algunos músicos, que puede ser extravagante, atractiva, refinada. Sus gestos, una sonrisa hacia la cámara, una mirada concreta hacia un punto; un silencio donde la introspección se hace escucha. Estar atento a todos los gestos que realiza el músico cuando toca o está en calma. Tener intuición es importante y decisivo.


J,ER: ¿Tienes algún referente en el mundo de la fotografía que te haya inspirado o al que te gustaría parecerte?

EC: Sin duda estoy influenciada no sólo por los grandes fotógrafos de jazz sino también por los grandes de la fotografía como Henri Cartier-Bresson, Man Ray, Ansel Adams, André Kertész, Andreas Feininger, Robert Doisneau, Walker Evans, Harry Callahan, Lee Friedlander, Diane Arbus, Bill Brandt, Man Ray o Paul Strand, Alexander Rodchenko o László Moholy Nagy.
     Me  fascinaron las imágenes del clásico fotógrafo de jazz Herman Leonard que en 1948 se instaló en Nueva York y abrió su estudio en el Greenwich Village. Siendo un enamorado de este estilo musical, retrató en esta ciudad, en plena época dorada del jazz, años 40 y 50, a los grandes músicos que desarrollaron este género desde Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Art Tatum, Bud Powell, Art Blakey, Dexter Gordon o Lester Young, por nombrar unos pocos. Sus fotos relatan muy bien la esencia del jazz. Su blanco y negro elegante, los contraluces que reflejan también el ambiente del humo de los cigarrillos, el espíritu bohemio, sus composiciones perfectas. Conocí a los grandes del jazz a través de su mirada.

J,ER: Cuéntanos cómo ha sido la experiencia de lanzar el libro.

EC: Muy emocionante y a la vez muy compleja. Porque es mi primer libro. La editorial que decide publicar tu libro debe creer en ti. Y pensar que el libro se va a vender. Saber que hay un mercado, gente interesada en comprar el libro. Saber qué aporta el libro al mercado de la edición. Un año de mucho trabajo. El libro recopila mis inicios en la fotografía del jazz hasta la actualidad, 25 años resumidos en 180 fotografías. Había que tomar muchas decisiones. Espero publicar más libros, tengo muchas fotografías y músicos que mostrar, realmente es un homenaje a ellos , a los músicos de jazz.

J,ER: Pregunta obligada. ¿A qué músico te hubiera gustado fotografiar si estuviera vivo?

EC: A muchos. Pero sólo voy a nombrar a uno para no dispersarme. Al saxofonista alto Art Pepper. Desde que era joven sentí fascinación por él. Pero como te digo, me hubiera gustado fotografiar a muchos. Yo diría que a todos los grandes.


J,ER: Por último, te pedimos algo que suponemos difícil. Elige una fotografía del libro.

EC: Sí, es difícil la pregunta porque me gustan todas. ja ja ja ja ja ja. Pero como me pides que elija una me decido hoy por la fotografía de Benny Carter realizada en el Festival Jazz aux Remparts, en Bayona en 1994. Justo la estoy mirando ahora mismo y me llama la atención su mirada a un punto exterior lejano y a la vez mira como hacia dentro quizá a un recuerdo o a una emoción interior. Sus manos grandes con el anillo en un dedo sujetando suavemente el saxo, con delicadeza. La vestimenta, el traje chaqueta. El calcetín blanco y el zapato que asoma. La forma que tiene de estar erguido sobre la silla. Es una fotografía increíblemente digna que ennoblece al grandísimo Benny Carter. Justo es el compositor del tema cuyo título he elegido para mi libro: When Lights Are Low.


J,ER: Gracias, Esther Cidoncha por dedicarnos tu tiempo y tus palabras. Te deseamos mucha suerte con tu fantástico libro y esperamos que tu carrera siga dando tan buenos frutos.
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El libro se puede encontrar en librerías y, para más detalles, pueden visitar su bloghttp://ecidonchafotosdejazz.blogspot.com



BLUE NOTE RECORDS

El punto (necesario) de referencia

Blue Note es la casa del hard bop, de Lee Morgan, de Jimmy Smith, de Freddie Hubbard, de Thelonious Monk, es esa portada que nos viene a la mente cuando pensamos en jazz hecho en serio. Creada por dos inmigrantes alemanes, Francis Wolff y Alfred Lion, Blue Note es, por encima de todo, un pilar básico en la Historia del Jazz.

Tras el parón estival y a rastras de un comentario de mi amigo Loco acerca de la camiseta que lucía en aquel autorretrato innecesario (aunque veraniego), he  revisitado el documental Blue Note, A Story of Modern Jazz (dirigido por Julian Benedikt y Andreas Morell en 1997). Aunque sólo destacaría de su visionado los solos de Freddie Hubbard (como documental es algo desordenado y poco esclarecedor), al menos su metraje deja reflejada la base que dio al sello el nombre que aún hoy tiene: el de la calidad. Si buscáramos una definición de lo que Blue Note ha significado para el mundo del jazz elegiríamos un eslogan del tipo La calidad en el jazz tiene un nombre. Aunque suene a propaganda. Alfred Lion solía decir que producía los discos que quería escuchar. Y esto se nota.

Desde la primera grabación (Albert Ammons y Meade Lux Lewis) que realizó Alfred Lion en 1939 en un estudio alquilado, su estilo y su espíritu se han mantenido. Con la llegada de los vinilos de 10 y 12 pulgadas en los años 50, el "estilo Blue Note" acuñó su estándar posterior basado en tres premisas: portadas artísticas y llamativas, un primer tema para comenzar los álbumes destinado a la radio, y la calidad (en todos lo sentidos, no sólo el musical). Lion no sólo producía a artistas seleccionados sino que incluso les pagaba por los ensayos, algo inaudito en una época en la que los músicos sólo cobraban por grabar y después no recibían ni siquiera royalties por las ventas...

Pero Blue Note también ha evolucionado con los tiempos. Del jazz tradicional pasó al bebop en los 40. En los 50 entraron a formar parte del equipo un joven ingeniero de sonido de 29 años llamado Rudy van Gelder y el diseñador Reid Miles. Los 60 trajeron la oportunidad de romper moldes con el free jazz y las vanguardias. Alfred Lion se retiró en el 67. El sello cerró, fue vendido, absorbido una y otra vez, y hoy en día es uno de los baluartes del nu-jazz sin perder el interés por el mainstream y manteniendo (para fortuna de los aficionados) el negocio del siglo: el de las re-ediciones de clásicos del jazz. 

Se podría decir que se mantiene el espíritu con el que Lion desarrolló su carrera, con el mismo afán juvenil con el que descubrió el jazz en su Alemania natal. 

De Francis Wolff, quien se ocupó por encima de todo de las finanzas de Blue Note, hay que reseñar su originalidad como fotógrafo. Su estilo es contundente: instantáneas tomadas casi siempre en el estudio durante los ensayos, un solo punto de luz, casi siempre un fondo oscuro y rotundo, fotografías únicas y reconocibles. Muchas de sus fotos aparecen en las portadas que diseñó Reid Miles y que han marcado una época y un estilo inconfundible: el estilo Blue Note.



 

Todas estas portadas son diseños de Reid Miles sobre fotografías de Francis Wolff. El contenido es de sobra conocido.





Más portadas en este interesante artículo: http://retinart.net/artist-profiles/jazzy-blue-notes-reid-miles/




UN GRAN DÍA EN HARLEM

12 de agosto de 1958

El personaje de Tom Hanks en La Terminal (Steven Spielberg, 2004) justifica su presencia en Estados Unidos contando una historia de amor al jazz: su padre, viviendo en Hungría, vio la famosa fotografía de Art Kane Harlem 1958 en un periódico, y dedicó toda su vida a reunir fotografías firmadas de todos y cada uno de los músicos presentes en la foto. El hijo vuela con el propósito de concluir la colección de su padre a título póstumo, porque le falta una última fotografía, la de Benny Golson. El peregrino argumento del guión es que este músico (del que se dice que es amable y llano) es el único que no le ha enviado su autógrafo. Tonterías de Hollywood aparte, Golson aparece al final del film para subsanar este desvarío; incluso toca, brevemente, unas líneas de "Killer Joe".

¿Por qué Benny Golson? En la fecha de la película, era uno de los siete únicos supervivientes de la fotografía. Los otros seis eran Sonny Rollins, Hank Jones, Eddie Locke, Marian McPartland, Horace Silver y Johnny Griffin. Bien, estos eran los supervivientes, una pequeña muestra de la reunión de músicos más significativa del siglo XX. Es una pena que no se reunieran precisamente para tocar.

La historia. La revista Esquire pidió a Art Kane, un fotógrafo principiante neoyorquino, una fotografía para abrir un artículo sobre jazz. Kane decidió hacer una foto de grupo pero, algo inseguro, llamó a todos los músicos que pudo contactar para que estuvieran en la calle 126, cerca de la estación, a las 10 a.m. Para su sorpresa, 57 músicos (que a la postre resultarían capitales en la Historia del Jazz) aparecieron. El resultado es un documento único e irrepetible, con todas esas figuras delante de una casa cualquiera, amontonados, como si sobraran los genios.

Los baterías aparecen juntos en la mitad de la escalera.
El resultado es espontáneo e irregular. Hay músicos que posan, mientras que otros no parecen darse cuenta de que es el momento del disparo. A Lester Young la instantánea le pilla en un raro gesto inflando su labio inferior con la lengua. Monk aparece con sus gafas de sol, como Sonny Rollins. Dizzy Gillespie saca la lengua bromeando con Roy Eldridge, cuyo rostro aparece casi de espaldas... Cada rostro encierra una clave en la evolución del jazz moderno.

La fotografía refleja la grandeza de la época, ya que deja constancia del panorama de aquel año: junto a clásicos y consagrados como Willie 'The Lion' Smith, vemos a estrellas emergentes (Sonny Rollins). Las diferentes corrientes del jazz se reúnen. Art Blakey dijo: "Había grandes nombres del jazz, había un montón de innovadores en esta imagen, gente que comenzó cosas en el jazz...". Dizzy se había encumbrado como uno de los creadores del bebop. Cerca, Roy Eldridge, una de sus influencias. Krupa como revolucionario de la batería también está. Rollins, que innovó con su cuarteto sin piano; Hank Jones, Mingus...

Hoy día se venden posters de esta imagen por todo el mundo y hay un documental de 1994 sobre ella titulado A Great Day in Harlem. Dirigido por Jean Bach, contiene imágenes rodadas por Milt y Mona Hinton, así como clips de video de la época y más de una anécdota.

Ignoro si para los que leen esto es la fotografía más importante de la Historia del Jazz, como se ha escrito en algún sitio, pero para mí es la que más iconos reúne en un sólo disparo. Alfabéticamente, estos son los 57 músicos presentes (los enlacen envían directamente a www.harlem.org, una página dedicada a esta obra de arte histórica): Red Allen, Buster Bailey, Count Basie, Emmett Berry, Art Blakey, Scoville Browne, Lawrence Brown, Buck Clayton, Bill Crump, Vic Dickenson, Roy Eldridge, Art Farmer, Bud Freeman, Dizzy Gillespie, Tyree Glenn, Benny Golson, Sonny Greer, Johnny Griffin, Gigi Gryce, Coleman Hawkins, J.C. Heard, Jay C. Higginbotham, Milt Hinton, Chubby Jackson, Hilton Jefferson, Osie Johnson, Hank Jones, Jimmy Jones, Jo Jones, Taft Jordan, Max Kaminsky, Gene Krupa , Eddie Locke, Marian McPartland, Charles Mingus, Miff Mole, Thelonious Monk, Gerry Mulligan, Oscar Pettiford, Rudy Powell , Luckey Roberts, Sonny Rollins, Jimmy Rushing, Pee Wee Russell , Sahib Shihab, Horace Silver, Zutty Singleton, Stuff Smith, Rex Stewart, Maxine Sullivan, Joe Thomas, Wilbur Ware, Dicky Wells, George Wettling, Ernie Wilkins, Mary Lou Williams y Lester Young, así como algunos niños del vecindario a los que se le permitió estar ahí para añadir "sabor local" al documento:
 (click en la imagen para agrandar)
O, si lo prefieren ustedes, siguiendo el orden de izquierda a derecha y de las filas de atrás hasta las de delante:  Benny Golson, Art Farmer, Wilbur Ware, Hilton Jefferson, Art Blakey, Chubby Jackson, Johnny Griffin, Dicky Wells, Buck Clayton, Taft Jordan, Zutty Singleton, Red Allen, Sonny Greer, Jimmy Jones, Tyree Glenn, Miff Mole, J. C. Higginbotham, Charles Mingus, Jo Jones, Gene Krupa, Osie Johnson, Max Kaminsky, George Wettling, Bud Freeman, Pee Wee Russell, Buster Bailey, Scoville Browne, Bill Crump, Ernie Wilkins, Sahib Shihab, Sonny Rollins, Gigi Gryce, Hank Jones, Eddie Locke, Horace Silver, Luckey Roberts, Maxine Sullivan, Jimmy Rushing, Joe Thomas, Stuff Smith, Coleman Hawkins, Rudy Powell, Oscar Pettiford, Marian McPartland, Lawrence Brown, Marylou Williams, Emmet Berry, Theolonius Monk, Vic Dickinson, Milt Hinton, Lester Young, Rex Stewart, J. C. Heard, Gerry Mulligan, Roy Eldridge, Dizzy Gillespie, Count Basie.
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* Sobre la fotografía:  www.harlem.org
** Art Kane: www.artkane.com
*** La fotografía de los bateristas es de Milt Hinton, extraída de la misma página web.

JAZZLIFE

La fotografía es jazz para los ojos

Chet Baker toca la trompeta en la barandilla de un barco. Stan Getz lo hace bajo el claroscuro de una bombilla en la entrada de artistas del Cosmo Alley de Hollywood. Will Shade presume de su bajo casero de una sola cuerda. Durante un ensayo, Woody Herman cierra los ojos al tocar. Anita O'Day fuma, pensativa. Art Pepper sube la empinada cuesta de Fargo Street como una metáfora de las dificultades que supone luchar contra las drogas. Misas gospel, desfiles en Nueva Orleáns, sesiones de hardbop en los clubs de Chicago... En ocasiones, el salto de Hecho a Arte en un fotografía consiste sólo en saber encontrar el modelo adecuado, ensayar el encuadre perfecto y obtener la historia que, desde otro punto de vista o desde otro encuadre, jamás se contaría. El valor de William Claxton consiste en saber extraer esas historias de las imágenes y hacerlo respetando y/o descubriendo la esencia del personaje.

Recorrer Estados Unidos a bordo de un Chevrolet debe ser una aventura difícilmente igualable; hacerlo en 1960, cuando estaban en su etapa más creativa músicos como Ornette Coleman, Miles Davis, Dave Brubeck... debió ser una aventura irrepetible, histórica y musicalmente hablando. El fotógrafo William Claxton empleó en esta aventura tres meses de 1960 acompañado por el musicólogo alemán Joachim E. Berendt, de quien partió la idea, cubriendo todo el panorama desde Harlem hasta Hollywood, pasando por Louisiana, Kansas City, Chicago, San Francisco... y fotografiando clubs, ensayos, brass bands, aficionados, músicos profesionales y músicos callejeros... Al libro de Claxton sólo le falta la foto de Fats Domino siendo rescatado del Katrina en una barca.

Mi capítulo favorito del libro por cuestiones sentimentales es Nueva Orleáns. Sus personajes tienen el carisma primigenio que dio vida al jazz. Las imágenes tienen un folklorismo muy alejado de la sofisticación de los jazzmen de Nueva York o de la Costa Oeste. Paradójicamente, cuando se disponían a hacer escala en Nueva Orleans, recibieron este consejo en Nueva York: “Ni os molestéis en ir a Nueva Orleans,. El jazz en Nueva Orleans está muerto”. Es cierto que el jazz de principios de siglo desapareció una vez que los barrios “malos” como Storyville, que mantenían la mayor parte de los locales con música en directo, fueron cerrados por cuestiones morales (se adujeron otras razones de salud pública). La mayoría de los músicos se trasladaron a Kansas City, a Nueva York y a Chicago, dando paso a otros estilos que revolucionarían el concepto de jazz, como el Kansas City y el swing.  

Y lo que Claxton y Berendt encontraron en la ciudad del Mississippi fue una música más moderna y sofisticada de lo que esperaban. Quizás porque los mismos músicos orleanos pensaban que el jazz (el hot jazz) estaba muerto, explica el libro, estaban creando una música más evolucionada, más moderna. También se encontraron con reminiscencias de la inacabable guerra dialéctica sobre quién “inventó” el jazz, encarnada en Nick La Rocca (The Original Dixieland “Jass” Band) en una nueva versión: fueron los blancos los inventores (!).



El libro posee la calidad de la fotografía de Claxton en 552 gloriosas páginas, incluyendo algunas fotografías en color que no se habían incluido anteriormente y un prólogo del fotógrafo, que se suma a los incisivos aunque escasos textos de Berendt, y se ha convertido en un tesoro que, nada más abrirlo, devuelve la fe en un arte que alcanzó su punto culminante en aquellos años.

Creo coincidir con muchos aficionados en que este es El Libro de Fotografías de Jazz. Por excelencia. Es algo emocional, un objeto de culto tanto para los aficionados a la fotografía como al jazz, un libro al que siempre vuelvo cuando escucho un disco de jazz que no me convence. Este libro me redime de muchas cosas. Es Arte. En palabras de Claxton, la fotografía es jazz para los ojos.

Lo edita Taschen, por supuesto.

WILLIAM P. GOTTLIEB

La perfección en la paradoja

William P. Gottlieb, conocido como Mr. Jazz, se aficionó a la música cuando una pieza de carne en mal estado le provocó una triquinosis y le obligó a una tediosa convalecencia que mitigó con discos y revistas de jazz. A pesar de este desagradable comienzo, su relación con la música del siglo XX es una de las más productivas y celebradas en el mundo de la fotografía.



William P. Gottlieb no iba para fotógrafo. Entró a trabajar en el Washington Post por recomendación, sin aportar méritos, y acabó en la sección de Publicidad. Para ganar un poco más de dinero, sugirió al director la posibilidad de hacer una sección de jazz con fotografías. Tuvo que comprar su propia cámara, una Speed Graphic como la que usaban todos los periodistas de la época. Su camino hacia el jazz parece trazado a base de casualidades. De querer escribir pasó a hacer fotografías y, sin embargo, de alguna manera, a su manera, instauró el estándar de lo que hoy llamaríamos "una típica fotografía de jazz".

William P. Gottliebno era un perfeccionista. Al tener que pagarse las películas y las lámparas de flash de magnesio, que eran de un solo uso, ponía todo el cuidado del mundo en retratar el momento adecuado. Conocía a los músicos, sus tics y su forma de actuar, por lo que sólo tenía que poner un poco de paciencia para encontrar ese momento idóneo para hacer una fotografía, dos a lo sumo por noche. De este don para no desperdiciar negativos nacieron esas fotos ideales (pocas, pero ideales) que lo han hecho esencial.

William P. Gottlieb llegó a tener su propia columna de jazz, su propio programa de radio, y era conocido como organizador de concursos de baile (de swing, por supuesto) y de jam sessions a las que acudían los mejores músicos, ya que le tocó vivir la mejor época del jazz, la de los 40 y 50. Sin embargo, de la noche a la mañana lo dejó. Pasó de ser el referente en el mundo del jazz en blanco y negro a dedicarse a las películas educativas. Continuó con la fotografía, pero jamás volvió al jazz. Aún hoy no se conoce el motivo. Por fortuna, en 1995 la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos adquirió 1.600 negativos y diapositivas de Gottlieb, así como fotos enmarcadas y tiras de contacto con la ayuda del Fondo Ira & Leonore S. Gershwin. Aparecen en la web de la Biblioteca para la Memoria Americana, y desde este verano en Flickr. No se me ocurre mejor forma de recordarlo y de inspirar a los fotógrafos que queden por venir.

Todo alrededor de Gottlieb resulta paradójico y, sin embargo, no deja de ser perfecto, como si todo hubiera consistido en llegar por casualidad, hacer una sola foto y comprobar que era una obra maestra.














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Fotografías:
* Foto superior: Gottlieb con su Speed Graphic, julio 1997 (foto de Jim Higgins)

** La mejor foto de Billie Holiday la hizo Gottlieb en el Downbeat de Nueva York en febrero de 1947.

*** Django Reinhardt en el club Aquarium de Nueva York, noviembre de 1946

**** Espectacular instantánea de Sidney Bechet. Detrás están Freddie Moore, Lloyd Phillips, y Bob Wilber. Tomada en el Jimmy Ryan's Club, Nueva York, junio de 1947.