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EL HOMBRE DEL BRAZO DE ORO

Males (no endémicos) en el mundo del jazz

Puede que esta película de Otto Preminger no sea una película de jazz en el sentido general del término, pero lo es en su tema (la droga que impide a un músico controlar su instrumento), en su banda sonora (con ese tema inolvidable compuesto por Elmer Bernstein) y en las cortas apariciones (Shorty Rogers, Shelly Manne) que aportan credibilidad al drama, un drama que nunca antes se había tratado en Hollywood, ya que el Código Hays prohibía expresamente la mención de las drogas en la pantalla para no atraer la atención del público hacia el problema. Corría el año 55. La escena de Frankie atándose la corbata al brazo para pincharse supuso una valentía cinematográfica que desafiaba todas las convenciones del American way of life.


Caten la banda sonora:


Aunque la drogadicción no es una enfermedad que afecte exclusivamente a músicos de jazz, sí se propagó en una época en la que esta música estaba de moda, proliferando los artistas y exponiéndose a la tentación. El mal no es el riesgo de sobredosis sino, como ocurre en la película, el riesgo de perder el control de uno mismo, del instrumento y de la capacidad creativa. Esto ha afectado a muchos artistas que podrían haber producido mucho más de no haber caído en la adicción y, aunque el protagonista de El hombre del brazo de oro no muera de sobredosis (perdonen el inofensivo spoiler), son muchos los jazzmen que han muerto demasiado pronto por culpa de los excesos: Charlie Parker (deteriorado por las drogas), Chet Baker (probablemente en un ajuste de cuentas), Hank Williams y Dinah Washington (ambos por sobredosis de alcohol más anfetaminas), Art Pepper (un día ya su cuerpo no soportó ni siquiera una dosis "normal"), Sarah Vaughn (cáncer de pulmón porque ¿el tabaco no es una droga?), Hot Lips Page (alcohol), Fats Navarro (tuberculosis agravada por las drogas), Elis Regina (sobredosis)... La paradoja en todas estas muertes prematuras es Lee Morgan, que acababa de dejar las drogas cuando su novia lo acribilló a tiros a causa de los celos.


La película está llena de anécodtas y paradojas. El protagonista, Frank Sinatra, flamante ganador del Oscar como secundario en De aquí a la eternidad, aceptó el papel tras haber leído ¡la primera página del guión! Esto relanzó su carrera como cantante, algo deteriorada por el estado de sus cuerdas vocales, con un contrato para Capitol. También elevó la ira de Marlon Brando, que quería el papel y que se quejó de lo rápido que Sinatra había firmado el contrato. A la postre, el papel consiguió una nominación al Oscar, esta vez como protagonista. La cinta también consiguió otras dos: a la dirección artística (blanco y negro) y a la banda sonora.

Preminger, que unos años más tarde filmaría Anatomía de un asesinato con el jazz como elemento tangencial pero importante en el resultado final, tenía claro la música que pretendía incluir en el film: el jazz, a pesar de que sólo aparecen músicos en un par de escenas (en el bar y en el ensayo). Con esta idea, contrató a Elmer Bernstein para conseguir un ambiente jazzístico durante toda la acción que transcurre fuera de la casa de Frankie. Los callejones de Chicago, sus antros y las escenas más dramáticas en las que el personaje sucumbre a la adicción, se mueven al ritmo de un jazz orquestal, compuesto por Bernstein, potente y poderoso, que parece empujar la acción como una marea arrolladora, el destino.

Y no puedo dejar de anotarlo. Qué acierto el nombre del hombre del brazo de oro, Frankie Machine, tan rítmicamente sonoro. Machine. No había escuchado nada tan acertado desde el de Paul Motian, que suena a motion (movimiento, tempo). Una tontería, ¿no?

Los títulos de crédito son, naturalmente, de Saul Bass, la música del siempre eficaz Elmer Bernstein, orquestada por Fred Steiner y con gloriosos arreglos jazzísticos de Shorty Rogers. Que ustedes la disfruten: