NONO GARCIA

Bulerías around midnight

Aunque soy tan amante de las fusiones y los mestizajes como del lado más purista del jazz, hay pocos discos de jazz-flamenco, flamenco-jazz o jazz con flamenco que me lleguen tan adentro como para traerlos al blog. Hoy tengo dos en las manos que lo merecen, cada uno a su modo. Los músicos son el guitarrista Nono García y el trompetista Enriquito. Los dos tienen en común la influencia de músicos de jazz españoles que han asumido antes que ellos la simbiosis entre estas dos músicas de improvisación. Jorge Pardo, por poner un ejemplo, colabora en los discos de ambos.

Nono García lleva desde los años 80 alternando la compañía de músicos de jazz y de otras músicas. En Al filo de la medianoche (reeditado por Youkali en 2011), el mérito de este guitarrista de Barbate es el de atreverse con el punto de vista opuesto al habitual: en lugar de hacer flamenco e intentar acercarlo al jazz, toma standards de jazz y los lleva al terreno flamenco. Y lo hace con un respeto y una creatividad espeluznantes, contando para ello con la colaboración de magníficos músicos de ambos mundos. Desde el comienzo del disco (una versión del "Caravan" de Ellington con una estremecedora Eva Durán al cante y un glorioso Jerry González a la trompeta) el aficionado entiende que está ante algo diferente. Las versiones de "Windmills of Your Mind" ("El molino de mi amor") y de "Round Midnight" ("Al filo de la medianoche") certifican que es posible caminar por ese terreno móvil y fronterizo sin hundirse ni ofender a nadie, poniendo en valor las raíces mestizas del jazz. Que estén cantados en castellano (por Eva Durán y Carmen París) y que contengan sabrosos solos justifica esta afirmación.

Otros géneros habitualmente cercanos al jazz como la bossa y el blues están también presentes. Habría que destacar la presencia del cantante Gladston Galliza en dos temas, recordando magnífcamente a Vinicius de Moraes. En el último corte, nos transporta a las playas brasileñas de los 70 cuando, en realidad, se trata de una canción original de Nono García y dedicada a Conil de la Frontera: "Conil, belleza singular". Todo un lujo. Las curiosidades son los tanguillos de Cádiz ("Los duros antiguos") pasados por el tamiz del jazz para añadirle un puntito de swing y un algo de improvisación con un Chano Domínguez inspirado... Y una balada, la balada más inesperada, una versión instrumental de "Asturias, patria querida" (!) a ritmo lento que sorprende y embelesa con su languidez (muy acertado Bob Sands) tan cercana al Monk de "Round Midnight". Ahí es nada.

En cuanto a los músicos, son muchos y no caben aquí, pero anotaré que no he nombrado aún a Jorge Pardo, Javier Colina, Norman Hogue..., colaboraciones que son lazos, los que Nono García ha ido atando durante 30 años de carrera y que se reflejan en su forma de tocar, de componer y de reunir músicos.



El otro disco que ha caído en mis manos es Me quito el sombrero (Youkali, 2011) firmado por el trompetista Enriquito. Este sí que es un disco flamenco en toda regla. Los sonidos jazzísticos los pone el propio Enriquito con la trompeta en la misma medida que aporta su personal sensación del cante. Su forma de tocar y componer hereda los cánones de músicos como Jorge Pardo y Carles Benavent, renovadores de las corrientes flamencas latentes en las últimas décadas e impulsores de un tipo de jazz autóctono que algunos llaman jazz-flamenco y que, en sí, aún no tiene definición. A ambos honra Enriquito dejando patente su influencia en todos los temas e invitándoles a participar en este álbum (en "Me quito el sombrero" y en "Querido tribunal", respectivamente), grabado a caballo entre Cádiz y Madrid.

Una buena cantidad de músicos flamencos colaboran igualmente para dar empaque a un sonido rotundo que se mueve en la frágil frontera de la percepción musical del oyente: uno sabe que está oyendo flamenco pero intuye la intención de Enriquito al tomar la melodía con esa trompeta y dejar aquí o allá algunas blue notes, algún resto de bop guardado en la memoria, unas dosis de improvisación (ese don tan común también en el flamenco) y mucho sentimiento.

En el punto opuesto al proyeto de Nono García y, sin embargo, con la misma intención, Enriquito es capaz de sacar los colores de dos músicas bien distintas y hacer que funcione en todos los estilos. Bulerías, alegrías, boleros, tangos... y, desafiando a los puristas de ambos bandos, una trompeta (también toca el fiscorno) flamenca que suena como un cantaor y como un bopper al mismo tiempo.  Todo un atrevimiento para un álbum de debut.


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* Web oficial de Nono García: www.nonogarcia.com

** Myspace de Enriquito: www.myspace.com/enriquerodrigueztrompeta

*** Más info en Youkalimusic.com

EL ESLABÓN PERDIDO

CHARLES MINGUS, Pithecanthropus erectus (Atlantic, 1956)

Si tuviera que recomendar un disco de Mingus a algún aficionado que no hubiera escuchado su música antes (!) seguramente elegiría este disco, no porque cada uno de sus cuatro temas sea un clásico sino por la posición que ocupa dentro de su discografía (tras sus Jazz Experiments), ya que siempre es preferible el orden cronológico como el mejor método para conocer a un músico. Pero Pithecanthropus Erectus no es sólo su primera obra maestra, es el primer eslabón del sonido Mingus, el momento en que el músico primitivo se levanta del barro primigenio del jazz tradicional, surgiendo de la nada (es un decir, de su Workshop), del blues (ah, aquel comentario) y del gospel, de todos estos lugares al mismo tiempo, para cambiar a la postre el mundo del jazz.

Valgan estos juegos de palabras, ya que el propio músico, en las notas del disco, define el tema homónimo como un poema musical en el que se describe la aparición de la especie humana y su posterior caída debido a su afán por esclavizar a sus semejantes para crear un precario estado de bienestar. ¿Un álbum conceptual? Muchos lo definen así y Mingus adoraba este tipo de mensajes. Todo el álbum parece un mensaje, tanto en los temas compuestos por él como en "A Foggy Day (In San Francisco)" de Gerswhin, un mensaje de aviso con el que Mingus se anticipó al free jazz, esa filosofía no siempre sana, mucho antes que Ornette Coleman. Porque aquí, con total libertad, Mingus reúne elementos del bop en decadencia, de big band y de la música clásica del siglo XX para conseguir sorprender de nuevo. Volviendo al título, algunos entendidos opinan que hace referencia a la posición de Mingus en el grupo, de pie con su contrabajo (en inglés, upright bass, bajo erguido), musicus erectus, otra chulería más de un tipo de la sección rítmica que se atrevió a componer y a dirigir.



Todos los temas tienen en común una estructura móvil en la que, en cualquier momento, podía ordenar a los músicos que salieran del esquema, que improvisaran. Y esta libertad está llevada hasta el punto de que las improvisaciones se convierten en ruido, en desorden. Esto debió enojar a los puristas de la época, que aún no soñaban la pesadilla del free. Encontrarían disculpas en "A Foggy Day", donde los músicos dejan de tocar para emular con sus instrumentos los ruidos de la calle: bocinas, tranvías... Un truco teatral, en apariencia. Pero no tan justificable en "Pithecanthropus Erectus" a pesar de su conceptualidad.

Con el paso de los temas, el disco se va templando. Los cuatro cortes venían originalmene en un LP con dos caras de 17 minutos. La primera contiene lo ya reseñado y la segunda un producto más digerible por los tradicionalistas. En primer lugar, "Profile of Jackie", una balada que es, en el fondo, un solo de saxo de tres minutos. "Love Chant" es un tema tradicional en el que las disgresiones aparecen por sorpresa, algo para lo que uno tiene que contar con muy buenos músicos para no fastidiar la receta. El sentido del blues, que es el alma de la música de Mingus, lo ponen Jackie McLean al alto, J.R. Monterose al tenor y el pianista Mal Waldron. El batería es Willie Jones. Mingus pone su humor y su sentido del caos.

Conservado (en vinilo o en cd) para la eternidad, Mingus vive entre nosotros gracias a esta singularidad, como un fósil de una especie extinta y quizás inexistente, como el Pithecanthropus Erectus.



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* Fotografía de Andy Freeberg.

CONTRA LA LEY SOPA

El día que Internet se apagó

Son muchas las webs (wikipedia entre otras) que han apagado sus páginas hoy en señal de protesta contra la Ley SOPA de Barack Obama. Lamento que no tuviéramos las mismas agallas para protestar contra la señora Sinde. 

Como autor, siento que compartir es bueno y no tiene nada que ver con robar.

Los que te miran como criminales quizás tengan antecedentes... 

Este vídeo lo explica muy bien:

MÚSICA QUE CORRE POR LAS VENAS

Tremé, segunda temporada

La segunda e inesperada entrega de Tremé (inicialmente fue concebida como una única temporada) ha resultado un nuevo y gozoso recorrido por los lugares y personajes de esa Tierra Prometida de la Música que es Nueva Orleáns. En cuanto a los escenarios, aparecen más garitos en los que los músicos luchan por triunfar, más sesiones (en estudio y en ensayos) de las bandas y menos ruinas provocadas por el huracán. En cuanto a los personajes, son los mismos con las mismas decepciones y los mismos sueños: DJ Davis consigue montar un grupo y una casa discográfica; a la violinista, Annie, la persigue un éxito en el que ella no cree; el trompetista Delmond Lambreaux, a pesar de triunfar en Nueva York, sigue buscando su propio sonido, mientras Antoine Batiste descubre que ser líder de un grupo tiene más desventajas que beneficios... Los mismos personajes. Sin embargo, el guión los lleva un paso más allá, y nos ofrece una visión más amplia y, en ocasiones, más tenebrosa de sus personalidades. En la ciudad del Mississippi, continúa la difícil partida de la supervivencia, pero la reconstrucción es un trabajo demasiado lento para algunos personajes acostumbrados a marcar el ritmo.

En la serie, Christian Scott aparece junto a Rob Brown y la Algiers Brass Band interpretando "Joe Avery's Blues"
Mitos y desmitificaciones aparte, ésta es una serie para los aficionados a la música negra y al jazz en particular, no sólo por la cantidad sino porque la serie ofrece continuamente momentos en los que la música o los músicos (casi todos auténticos, gracias a la gran cantidad de cameos) alimentan tanto como el argumento. Ya en el primer episodio de la segunda temporada (¡en el primer episodio suenan nada menos que 20 temas diferentes!) podemos asistir a un tenso diálogo en el que el personaje de Delmond Lambreaux (Rob Brown, a quien conocimos con 16 años en Descubriendo a Forrester) defiende sus raíces. Como trompetista, triunfa en Nueva York haciendo un jazz moderno. Para los demás, se ha alejado del sonido de Nueva Orleáns y lo clasifican como “una síntesis desarraigada del jazz tradicional”, pero él siente que todo lo que toca proviene de su ciudad natal, haga el tipo de jazz que haga. Los demás no lo entienden. Delmond lo explica con una metáfora en la que los Saints de Nueva Orleáns se enfrentan a los Giants de Nueva York en Nueva York: 
"Hay algo muy elemental y espiritual en la música de Nueva Orleáns y en la cultura de Nueva Orleáns que hemos perdido en el jazz contemporáneo, ¿vale? Voy a hacer un disco de jazz moderno que represente al verdadero Nueva Orleáns. Quiero mandar un mensaje. Si Picasso es moderno, Louis Armstrong y Papa Celestin también son modernos."
Ofendido en lo más íntimo, Delmond comienza a buscar un sonido que identifique su verdadera identidad... hasta que, por casualidad, durante un desfile de carnaval, el sonido de una trompeta ("Killer Joe" de Quincy Jones) que sale de una radio se mezcla con los cantos de los indios que comanda su padre, el jefe Lambreaux... De este accidente surgirá una idea: un contundente y gozoso híbrido a medio camino entre el canto tradicional de los indios y el jazz de vanguardia, algo peligroso para mostrarlo a los puristas. Pero lo más difícil será encontrar la fórmula: medio combo neorleano y medio neoyorquino, y en los teclados alguien capaz de tirar de todos, Dr. John, a quien se unirá en el estudio Ron Carter al bajo, Donald Harrison jr. al saxo, Carl Allen a la batería... Las dificultades se solucionan llevando la sesión de grabación a orillas del Mississippi porque "Nueva Orleáns infecta a la música, la reconstitucionaliza. [...] La diferencia importa”.

El jefe Lambreaux (Clarke Peters) se permite darle instrucciones a Ron Carter, que se interpreta a sí mismo, durante una sesión
Esta patente simbiosis de tradición y nuevas ideas es la que define la naturaleza mestiza de la ciudad y la que impera en los argumentos: DJ Davis (el personaje interpretado por Steve Zahn e inspirado en un auténtico discjockey de radio) mezcla jazz, tradición, hiphop y política en sus canciones, monta un grupo, un sello discográfico y comienza a hacer bolos. A su lado, Annie (Lucia Micarelli) busca su identidad probando con algo tan complicado como la composición, mientras que Antoine Batiste tiene que descender a las bases para enseñar a niños de escuela al fracasar su intento de montar un grupo de soul y r'n'b, aunque quizás encuentre más satisfacciones en este nuevo desafío...

A Batiste, egocéntrico e imprevisible, la disciplina y la responsabilidad le repelen. Sin embargo, durante una clase, intentando explicar a unos alumnos de colegio qué es el jazz mientras oyen un disco de Louis Armstrong ("West End Blues"), comienza a sentir algo. 
“Este hombre toca con el corazón, ¿veis? No está leyendo las notas de un papel. Las escribe mientras toca y las siente en el momento de tocar. Eso es el jazz. Es improvisación. Es genialidad. Y nosotros lo inventamos. En Nueva Orleáns. Aquí mismo. Cerrad los ojos. Escuchad.” 
Los alumnos cierran los ojos y Baptiste tararea la melodía, la clase completa en silencio...

Antoine Batiste (Wendell Pierce) y su banda
La segunda temporada de Tremé acaba con unas escenas del Festival de Jazz y Tradición de 2007, fecha en la que está ambientada. Para ello, se volvieron a montar los conciertos de Lucinda Williams y The Iguanas, que estuvieron concretamente en esa edición del festival, como parte del realismo que David Simon quería dar a la serie. Igualmente, todos los músicos que han aparecido en ambas temporadas estuvieron realmente en Nueva Orleáns en esa época, tras el Katrina. Lo contrario hubiera sido anacrónico... Y es en ese N.O. Jazz & Heritage Festival de 2007 donde desembocan los caminos de varios de los personajes y donde explota toda esta diversidad racial y musical de la que hablamos, como una nueva metáfora de sus vidas, para demostrar que la música no es sólo la sangre que circula por las venas de la ciudad sino un sentimiento que une a los implicados como un extraño lazo familiar.

Como epílogo, DJ Davis vuelve a la radio y pincha un emotivo tema de Louis Armstrong, al que llama el Abuelo: "Wrap Your Troubles in Dreams" ("Envuelve tus problemas en sueños") que sirve para "envolver" un maravilloso montaje en el que vemos cómo se resuelven los enredos dramáticos de los protagonistas.

Habría mucho más que añadir, pero dejémoslo en una alabanza a Blake Leyh, que asesoró a David Simon y a sus guionistas en todo lo referente a la elección de los temas musicales, que aquí no son sólo una banda sonora de fondo... Que vuestros ojos y vuestros oídos la disfruten. Y no lo olvidéis: Leissez les bones temps rouler.



Esta es una de las mejores escenas, con Kermit Ruffins y sus Barbecue Swingers:



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* Web sobre la música de Tremé: www.musicoftreme.com
** Extras en la página de HBO: http://www.hbo.com/treme/inside/extras/video/season-1-musical-performances.html

FELIZ 2012

Comenzamos el año con Miles 

Como no podía ser de otra forma, recurrimos a nuestro genio fetiche, a nuestro gurú, Miles Davis para que nos dé la bienvenida con un documental a este nuevo año que, como todos los nuevos años, viene cargado de días y esperanzas. Feliz 2012. ¡Dale jazz!

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THE MILES DAVIS STORY

Investigando con globos sonda

The Miles Davis Story debería ser el gran documental sobre Miles, el documento definitivo para entender su música y su personalidad de una manera global, pero la figura de nuestro músico favorito es tan compleja, tan insólita y abarca tantas décadas (véase la tabla periódica del jazz) que sería una fantasía condensarla en dos horas de documental. Por si esto fuera poco, dedica mucho más metraje al periodo eléctrico que al resto de su producción discográfica cuando, en justicia, el periodo ocupa los mismos años que el comienzo de su carrera hasta 1967.


Es un gran acierto la forma en que se desarrolla el documental, alrededor de una entrevista con Miles en 1985, alrededor de la cual gira el resto de los documentos, colocando las respuestas en los lugares convenientes para favorecer la comprensión de su evolución y completando, al mismo tiempo, las opiniones de los músicos que aparecen en la pantalla, que no son pocos: del primer gran quinteto sólo aparece Jimmy Cobb, único superviviente; con el segundo quinteto (Shorter/Hancock/Carter/Williams) hay más suerte, también opiniones más jugosas; de los quintetos posteriores aparecen Keith Jarret, Chick Corea, Dave Holland... pero la nómina de músicos que han tocado, incluso despuntado, con Miles (algún crítico en los '70 llamó a esta diversidad The Miles' Stock Company Players) es tan larga que, aunque exhaustivo, el documental se ve abocado a una aceleración constante para no dejar nada en el tintero. Muchos de estos músicos comenzaron a despuntar en las formaciones de Miles, músicos cada vez más jóvenes, con los que Miles saciaba su compulsiva necesidad de renovarse, de parecer siempre moderno, jugándose su propia creatividad, en palabras de Ian Carr.

Resultan esclarecedoras algunas de estas opiniones, en especial, la forma en que (ahora vemos que) puede explicarse por qué  Miles dejaba todo el peso de los conciertos en sus músicos, tocando apenas los solos, o su supuesta "manía" de ignorar al público tocando de espaldas.

En cualquier caso, el documental es recomendable para todo fan (o no fan) de Miles Davis, tanto para comprobar cómo un chico negro de clase media se convirtió en la estrella del jazz más influyente durante cuatro décadas (y aún hoy puede considerársele influyente) o cómo un aprendiz de Juilliard se deshizo de la influencia de Dizzy para ser el primer trompetista que no sonaba a Louis Armstrong o cómo un buen músico puede ser mal marido y mal padre o cómo un personaje que vivía sólo para la música podía perder el norte cuando se trataba de mujeres o de drogas... A pesar de que los fragmentos musicales son demasiado breves, ilustran a la perfección cada época y cada bifurcación de la carrera del trompetista. Podrán ver también tantas intervenciones de críticos como de las mujeres de Miles y de sus hijos, aunque, como todos sabemos, lo que cuenta aquí es la música, no los hechos.

Por si no encuentran el DVD: