Si hay en España un clásico de la televisión en nochevieja ese es el show de Martes y Trece. Hace tiempo que el dúo humorístico se separó y ahora están de moda otros tipos de humor, menos inteligentes o más soeces o más politizados, pero los sketches de Martes y Trece siguen en nuestra memoria como instantáneas de otras tantas noches de fin de año que, en el recuerdo, lucen brillantes y divertidas y felices.
No se me ocurre mejor forma de dedicaros un saludo de despedida de 2010 (y mis mejores deseos para el 2011 que todos esperamos lleno de jazz y grandes cosas) que con la parodia que una de aquellas nocheviejas dedicaron al programa de TVE Jazz entre amigos. Sirva de homenaje a Cifu.
Un abrazo a todos.
_________________
* La imagen superior es de Pedro Uhart (www.pedro-huart.com) y su título es Jazzband.
Marcus Miller acerca de sus primeras experiencias en el grupo de Miles Davis a principios de los 80: “La cinta giraba todo el tiempo, así que a veces no salía algo muy bueno, pero otras veces era algo serio.”
II.
Geoff Dyer en su libro Pero hermoso: "[Roland] Kirk era como Mingus: todo lo que tocaba llevaba en sí el grito, el llanto, que es el corazón palpitante de la música negra."
III.
Miles Davis en 1982, en una entrevista concedida a Leonard Feather: “Me gusta Journey, Me gusta The Who. [...] Pero escucho a Stockhausen y a Ravel. Y a los cantantes. Tú sabes que aprendí a frasear hace años escuchando a Sinatra.”
IV.
Boris VIan en el prefacio a La espuma de los días: "En realidad, sólo existen dos cosas importantes: el amor en todas sus formas, con mujeres hermosas, y la música de Nueva Orleans o de Duke Ellington."
V.
McCoy Tyner a propósito de Coltrane: "Fue un auténtico mensajero. La evidencia de que Dios todavía le habla al hombre."
La guitarra transmite la sensación de ser un instrumento fácil de tocar. No tiene tantas llaves como el saxofón ni teclas como el piano; sin embargo, en la guitarra intervienen ambas manos y no toca cada una una nota sino que se complementan de manera que sólo si la izquierda lo hace posible, la derecha hará sonar correctamente las notas... Una película que retrata de manera fabulosa el aprendizaje de este instrumento es Swing (Tony Gatlif, 2002).
Swing narra la historia de un niño seducido por la música manouche. En un comienzo un tanto confuso, la película nos presenta a Max en un suburbio de Estrasburgo. Adivinamos que es un niño con dinero porque su discman atrae la atención de los demás. Su objetivo es conseguir una guitarra en la "tienda" de un anticuario gitano que trapichea con todo tipo de objetos. La consigue haciendo un trueque a cambio de su discman con una chica de quien se hace amigo pensando que es un chico. Otro romaní, interpretado por Tchavolo Schmitt, le enseña a tocar a cambio de su ayuda en temas de papeleo (no sabe leer) y la historia fluye en torno a esas clases de guitarra. El nombre de la chica, Swing, da idea de la importancia de la música en esta familia donde todos tocan algún instrumento.
Gitanos, cíngaros, judíos, árabes, conforman el rompecabezas de la película, así como sus fiestas y sus canciones, en las que se palpan casi diseccionadas todas esas influencias que se aglutinan en el jazz manouche y que vienen de la música klezmer, de la árabe, de la India, de Egipto, de Rumanía, del flamenco... El argelino-francés Tony Gatlif, que ya dedicó una película (Vengo, 2001) al flamenco y ha dirigido cuatro en torno al mundo de los gitanos, narra aquí un cuento triste, la paradoja de una sociedad con una gran riqueza cultural en la que nadie sabe leer y la de un niño rico, viajero, que está a punto de descubrir el poder de las cosas sencillas: la música, la familia, la naturaleza, la cerveza, el amor...
Historias de judíos deportados y de familias errantes ponen en valor la grandeza de una tradición que se convierte en una fiesta: la música. La mejor escena de la película es una muy breve en la que el médico, gitano y judío, en medio de una borrachera, hace música con los alambres de una cerca mientras un rottweiler le ladra al otro lado. Cuando lo deja, admite: "Cada vez que veo una valla me da dolor de vientre".
El jazz manouche es una música de ida y vuelta que ha aportado toda su riqueza cultural a la música de jazz y, en especial, a la guitarra, al tiempo que ha devuelto a sus creadores influencias afroamericanas de swing, soul, funk... que enriquecen la música que hacen ahora los gitanos europeos y los franceses en particular, de entre los que están surgiendo muchos y muy buenos músicos de jazz manouche como Tchavolo Schmitt, Mandino Reinhardt, que aparecen en la película, y muchos otros herederos musicales de Django que llevan su apellido artístico (Mike Reinhardt, Joseph Reinhardt, Babik Reinhard, hijo de Django, o su nieto, David Reinhardt).
La música de la película está compuesta por el director, Tony Gatlif. Los temas tradicionales llevan también sus arreglos. El elenco de músicos romaníes es impresionante, pero para expertos, ya que la mayoría son desconocidos fuera de Francia. Dejo un video de muestra, con una magnífica introducción a cargo del guitarrista Tchavolo Schmitt, un tema en el que se aprecian todas estas influencias sonoras de las que hablamos:
Más jazz made in Spain, aunque se trate de dos músicos argentinos que viven en Madrid y Barcelona, respectivamente, que hacen un jazz original, atrevido y sin fusiones de por medio. La música de Germán Kucich (piano) y Gustavo García (guitarra) en su disco Dúo (Youkali Music, 2010), reúne ingredientes tan improbables como simplicidad (es un dúo) y sofisticación (conceptual, compositiva e interpretativa), jazz valiente y moderno que encajaría en algún sello europeo como, por ejemplo, ECM.
EL disco comienza con un dúo en el que los dos instrumentos tocan a la vez, nota por nota al unísono, confundiéndose, creando una sonoridad inusual, como si de un nuevo instrumento de cuerda/percusión se tratara. Pero quizás no sea el virtuosismo lo único que ofrece este álbum.
El riesgo necesario para montar 11 temas con dos instrumentos se hace patente en cada corte, y sólo el delicado equilibrio que logra la conjunción rítmica de estos dos músicos consigue salvar los escollos uno a uno, porque los temas fluyen, se dejan arrastrar por la rítmica del piano y el contrapunto de la guitarra, y consiguen que, al escuchar, no echamos de menos ningún instrumento más.
Esta fluidez de la que hablamos se hace más patente y gozosa en “Moon and Sand” (Wilder / Palitz / Engvick), en temas clásicos como “Lotus Blossom” de Billy Strayhorn o en “My Funny Valentine”, aquí en una versión menos contenida y mucho más apasionada que la que estamos acostumbrados a escuchar, con más swing, mientras que en temas como “How Long Has This Been Going On” (Gershwin / Gershwin) Kucich y García juegan con la ventaja de que el piano y la guitarra son el dúo perfecto para interpretar el blues, y he de decir que este tema suena mucho mejor así, a ritmo de blues, aunque al final dejen una nota muy Gershwin a modo de coda.
Otros temas que destacan en el disco son “Harlequin” de Wayne Shorter en una versión muy interesante y mucho más bella melódicamente que la que grabó en su día Weather Report, “Eatalot” (original de Gustavo García) y un tema que desconocía de Paul McCartney (!) llamado “Arrow Through Me”, que pone en mayúsculas la calidad de los músicos, sobre todo en el ajustadísimo final del tema, preciso, casi de relojería. La versión de “Think Of One” en dúo piano/guitarra es mucho más impresionista y esquemática que la original, una destilación casi alquímica del espíritu de Monk cuyo resultado es realmente excitante.
Germán Kucich ha tocado con músicos de la talla de Pedro Iturralde, Miguel Ángel Chastang, James Moody, Perico Sambeat o Javier Colina.
Gustavo García ha tocado junto a Marcelo Castro, Mariano Díaz y Stewart Copeland. El disco fue grabado en los estudios Infinity de Madrid y producido por Thomas Schindowski.