MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

(Barcelona, 27/07/1939 - Bangkok, 18/10/2003)

Poned el tema musical para poder "oír" este poema de Vázquez Montalbán.




Jamboree


La muchacha era negra y cantaba
una experiencia agridulce, metálica
de micrófono, metálico el hielo usado
en la penumbra del vaso opaco
gin
y manos espontáneas abofeteándose
en la bromúrica África europea del sábado
Baudelaire
estaba detrás del frenesí de las caderas
cadenciosas de muchachas emancipadas
abiertas al sol nocturno del saxo
y nadie
intentaba decir a los de la Navy: yankee
go home, porque los yanquis –tal vez
exiliados de algún Harlem blanco– escalaban
el estrado en un salto de tragamillas
o de puntero de rugby en el partido cumbre
para recuperar el jazz y amable
en el piano de aquel pianista poeta
sabio como un soltero sin compromisos
lícitos
y batíamos palmas si la muchacha
negra nos cantaba Remember When, ya tarde,
hacia las tres de la mañana, cuando
en la plaza del exterior, con estatua,
vomitaba algún padre de familia
y
abajo
–en Jamboree– la triste risa negra de Gloria
nocturna como su piel y su voz de Ella
Fitzgerald tímida, nos hacía inteligentes
de libros y cubalibres, comprobando
que
tampoco había sido aquél el octavo,
el tan esperado octavo día de la semana.


Manuel Vázquez Montalbán,
del libro de poemas 
Una educación sentimental (El bardo, 1967)

PADRE & HIJO

A Spike Lee joint

La película comienza con un cartel que aboga por que Brooklyn se independice de los Estados Unidos, forme su propia república y redacte su propia constitución. Es el primer grito negro, reivindicativo, medio en broma, medio en serio, de la primera película de Spike Lee, Nola Darling (She’s gotta have it, 1986). La peli, sin embargo, no tiene carácter político ni nada por el estilo. Es una película sobre la vida sexual de una mujer, la que da título a la versión española, Nola Darling, una mujer que disfruta de tres relaciones al mismo tiempo. Tiene tres novios, uno que la hace reír, otro que le ofrece la perfección superficial (es elegante, sofisticado, tiene dinero y se preocupa por su cuerpo) y un tercero que conecta con su interior (le escribe poemas y comparte sus sentimientos).
Este lío sentimental contiene muchos clichés de los 80, unos positivos y otros más plastificados, como esa sofisticación impostada de aquellos postmodernos de mediados de los 80, algunos de los cuales Lee parece haber heredado de otro neoyorkino: Woody Allen; en especial, esa técnica de hacer que los personajes se autoanalicen, que pongan sus sentimientos sobre la mesa intentando demostrar esa filosofía postmoderna que propugna que hay que desmenuzar la vida sexual del individuo para entender su verdadera personalidad, cosa que hacen los propios personajes en escena una y otra vez. En este sentido, Nola Darling es una película (casi) de Woody Allen, en blanco y negro (correcta fotografía de Ernest Dickerson), esta vez, para ser concretos, en negro.

La productora de Spike Lee se llama 40 Acres and a Mule, y compagina sus películas con trabajos más ligeros como video-clips musicales, entre otros alguno de Miles Davis. Nola Darling es su primer largometraje como director y para crear la banda sonora, como ya había hecho en algunos cortometrajes, sea por nepotismo, por genialidad o por falta de presupuesto (se rodó en 12 días, con 175.000$ y recaudó 7 millones), Spike eligió a su padre, Bill Lee, para llenar de jazz esta película. Después participaría en otras bandas sonoras (Mo’ better blues, Do the right thing).
Y este es su acierto. La peli comienza como una película muda, con una sucesión de fotografías en blanco y negro (todo el metraje es en blanco y negro salvo una escena, otra excentricidad sólo permisible en la época en que se rodó). Suena una balada que recuerda las bandas sonoras de las películas de los 40, con un piano (Cedar Walton) que recrea la sonoridad de aquellos que acompañaban las películas mudas en los cines de barrio y una trompeta (Virgil Jones) de un laconismo que encaja a la perfección con la templanza con que Nola Darling vive su vida y que da paso a su primera aparición en la pantalla, fabulosa, en su cama rodeada de velas, promesa de la sexualidad alrededor de la que ronda la cinta, y su primera confesión dedicada a la cámara, otro truco heredado de Woody Allen, que, al mismo tiempo, es un desafío al espectador, al que se va hacer juez y parte de este juicio de valor en torno a la vida sexual y aparentemente desordenada que nos van a contar.
Como en las bandas sonoras que acompañaban a las películas mudas, la partitura debe reflejar de una forma descriptiva las incidencias del argumento. Hay cierta displicencia en las baladas que describen la falta de vehemencia con la que Nola vive su(s) vida(s); una casi total (y significativa) ausencia de música para describir a los personajes masculinos; un tema cantado en la línea de los musicales de Fred Astaire (sin abandonar la línea principal de la banda sonora) a cargo de Ronnie Dyson; y toques de jazz avant-garde, mezcla de ritmos rotos y asonancias, para los momentos en que se desestructura la vida de Nola... Jazz al servicio del argumento, que no es poco.
Aparte de ser padre de cineasta, de actores y de un fotógrafo, aparte de sus escarceos con las drogas y de sus bandas sonoras, Bill Lee es reconocido como un sideman de largo recorrido (ha trabajado, por ejemplo, con Clifford Jordan en The adventurer y en Glass bead games...), así como por ser el bajista de Bob Dylan, pero sobre todo por su trabajo como director musical de películas y de obras de teatro. En los temas de esta película, Bill Lee (bajo) aparece acompañado por Harold Vick (saxos soprano y alto), Virgil Jones (trompeta y fiscorno), Cedar Walton y Stanley Cowell (piano), Joe Chambers (percusiones) y Kenny Washington (batería).
Esta película es el comienzo y la explicación: Bill Lee es el secreto de cómo y a qué suenan las películas de Spike Lee.
Más info en la web Black classic movies.

Ésta es la única escena en color de la película:

SOBRE LA ESENCIA INDESCRIPTIBLE DEL JAZZ

ACORDES Y DESACUERDOS (VII)

I.

“Cuando no sabes lo que es, es jazz.”
(Pruitt Taylor Vince en Novecento, la leyenda del pianista en el océano, dirigida por Giuseppe Tornatore, 1998)

II.
Miles Davis a Coltrane: "No toques lo que está [escrito] ahí, toca lo que no está ahí."

III.
“Ser natural lo es todo. Donde hay un sentimiento de esfuerzo o trabajo... no hay nada natural y, consecuentemente, no hay swing.” (Stephane Mougin, Jazz-Tango-Dancing Magazine, 1933)

IV.
“De las mezclas no puede salir nada malo.” (Manolo Sosa, aficionado, fotógrafo y amigo)

V.
Monk a Coltrane: "Tío, deja de pensar y toca."

Clifford Brown

JAZZ & CINE DE VERANO

Escenarios y banda sonora para el señor Ripley
(¡¡¡¡¡Atención: lo que sigue es un spoiler y puede destripar el argumento a quienes no hayan visto la película!!!!!)

El Mediterráneo italiano es un lugar donde siempre es verano. El mar es de un azul zafiro. Dos amigos bromean en una barca. Se han conocido hace poco, demasiado poco tiempo, tan poco que aún no se conocen realmente. La escena termina con la muerte de uno de ellos. Vivir bien implica muchas veces morir mal. Uno de los dos, Dickie, es un rico heredero americano que vive la vida en el dolce far niente que puede permitirse gracias a los cheques de su padre. Con esta filosofía ha llegado hasta Amalfi, en la costa de una Italia que se quita el sombrero ante los americanos, su dinero y su música. Los clubs suenan a jazz. El joven heredero toca el saxo y sueña con tocar la batería. El más joven de ellos, Ripley, fue convencido por el padre-proveedor-de-cheques para convencer al hijo pródigo de que debe volver a América. Lo que no saben ni el padre ni el hijo es que Ripley es sólo un miserable superviviente sin más oficio ni beneficio que un insólito don que está descubriendo precisamente ahora: es capaz de imitar a cualquiera. Como un camaleón, adopta poses y nombres con la facilidad con la que se aprenden los idiomas. Es su talento. Hacerse amigo del heredero, conmover a su novia, fingirse antiguo condiscípulo; todo en él lo conduce a un camino en el que descubre el sabor del dinero, un mundo del que no querrá salir. 


El argumento proviene de una novela que Patricia Highsmith escribió tras su primer viaje a Italia, viaje que hizo gracias al dinero que obtuvo vendiendo al cine los derechos de Extraños en un tren. Gracias al hábil guión de Anthony Minghella, compartimos la pasión por vivir de Dickie, que se ve aumentada con la llegada del falso amigo, de quien se propone convertirse en tutor, en maestro, en cicerone espiritual. Así, Dickie le muestra a Ripley las ventajas de tener dinero y el placer de vivir en todas sus facetas: el alcohol, la playa, la vela, la despreocupación y la música que le apasiona: el jazz. En este sentido, la película gana en ritmo y en profundidad con respecto a la original (A pleno sol de René Clément, 1960). El escenario intemporal de la Italia mediterránea se transforma en la Italia de finales de los 50, con sus jóvenes deslumbrados por la moda y por la música americana. Entre ellos, Dickie es un héroe. Le permiten subir a sus escenarios y le invitan a sus fiestas. El mejor momento musical de la película ocurre en el escenario del club, donde Dickie y sus amigos italianos interpretan una canción de Renato Carosone que habla de la pasión de éstos por todo lo que viene de América: Tu vuo' fa' l'americano:


Ripley, conocedor de su pasión por el jazz (ya se lo había advertido el padre de Dickie al decirle que al chico sólo le gustaba el jazz, aunque para él "El jazz es sólo ruido, un ruido insolente", frase que nos inspiró el nombre de este blog), se introduce en el tema estudiando los discos de moda ("The champ" de Dizzy Gillespie, por ejemplo) en una especie de solitario blindfold test. Otros temas que aparecen en la película son "Nature Boy" tocado por Miles Davis, "Ko-ko" por Bird y Dizzy, "Moanin'", "Four" y "You Don't Know What Love Is" a cargo de Guy Barker y, de forma determinante, "My funny Valentine"


(Spoiler:) Desgraciadamente, la trama lo exige y la avaricia de Ripley termina enfrentándose a lo único que le impide ser Dickie: el propio Dickie. Y en una escena memorable, lo asesina en la barca y lo hace desaparecer. A partir de ese momento, haciendo uso de su talento, Ripley se convierte en el rico Dickie Greenleaf, se hace con su vida, con su nombre y con su dinero. El efecto secundario es terrible: al matar a Dickie, Ripley ha matado también el jazz, que desaparece de la película definitivamente.