LEÑA AL MONO, QUE ES DE GOMA

ACORDES Y DESACUERDOS (VI) 

Siguiendo la estela del post de la semana pasada, no queremos dejar este homenaje a Enrique 'Mono' Villegas sin permitirle expresarse. Estos son fragmentos de una entrevista que apareció en la revista argentina Pelo en 1978. Sus opiniones:



I.
El jazz es producto de la rebelión de los negros, nada más; si los árabes no le hubieran vendido negros a los norteamericanos el jazz no existiría.

II.
Todo blanco que lo quiere tocar bien tiene que imitar a un negro.

III.
Bernard Sahw decía: "Lo mejor de la música popular es que no es popular por mucho tiempo". El camino en el jazz se dio con Jerry Roll Morton, Fats Waller, Duke Ellington, Thelonius Monk, Charlie Parker y John Coltrane; pero ahora no sé desde qué perspectiva tocar el jazz.

IV.
Lo que pasa por el jazz-rock es el dinero, que crece compulsado por los gangsters del disco. Pero yo no escuché jazz-rock, escucho jazz o escucho rock.

V.
Los [músicos] de jazz de ahora se van al cante jondo, como Chick Corea, porque parece que no creen en el jazz.

VI.
El blues es la base de todo. Sin blues no hay jazz. Y Count Basie siempre ha tocado blues, salvo cuando hizo algunos comerciales, que hasta tocaba en forma de blues.

VII.
El jazz no ha sido, no es ni será nunca popular, pero es perenne y universal, y siempre se está modificando en todo el mundo (a través de la imitación de los negros, por supuesto) y el jazz interesa en el mundo entero porque es la creación.

Señoras y señores, el 'Mono' Villegas.

JAZZ ARGENTINO volumen III

'Encuentro' con el Mono Villegas

Y lo hemos titulado Jazz argentino volumen III porque ya hemos dedicado un artículo a Oscar Alemán y otro a Adrián Iaies, pilares indiscutibles de unas generaciones de jazzmen que a los no-argentinos se nos hacen tan exóticos como desconocidos.

Enrique “Mono” Villegas (1913-1986) dominaba a Mozart con siete años. Descubrió el jazz con nueve. Tocó Rhapsoy in blue en vivo con 19. Con 28 estrenó su Jazzeta, primer movimiento acompañado por lo mejor del jazz argentino de la época. En 1953 escribió la música para Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams. Aprendió a tocar música criolla y, aunque jamás abandonó el gusto por la música clásica, en la que se había formado, reconoció como sus maestros a Art Tatum, Fats Waller y Duke Ellington, gran error a posteriori en una época en la que el mundo se dejaba deslumbrar por el brillo innovador de Bill Evans y Thelonius Monk. En 1955 viajó a Nueva York para grabar con Columbia y tocar en pequeños clubs, donde frecuentó a Cole Porter, Count Basie, Nat “King” Cole y Coleman Hawkins. Allí grabó el fabuloso Very, very Villegas y de allí tuvo que irse cuando la compañía le retiró el contrato por negarse a hacer un disco homenaje a Ernesto Lecuona. El Mono quería hacer jazz con los grandes, no quería “disfrazarse” de hispano ni grabar un disco de música cubana (¡él era Argentino!). Pagó su coherencia volviendo a casa, donde no sólo adoptó sino que creó un canon para el jazz argentino mezclando músicas folklóricas con jazz. Esta segunda etapa argentina es la más brillante y original del pianista. Tuvo incluso las agallas de hacer jazz con los preludios de Chopin en su álbum Metamorfosis. Hablamos de los 60 y de los 70.

El único disco que tengo de este maestro es Encuentro (Random, 1968), una maravilla de grabación con siete temas que dejan patente su gusto por el jazz clásico (Waller, Ellington) pero en los que se nota ya la influencia que Bill Evans y, sobre todo, Monk habían dejado en él. Su forma de tocar es más sincopada, más desestructurada que en sus comienzos. Le acompañan los miembros de su trío estable: Alfredo Remus (contrabajo) y Eduardo Casalla (batería), además de dos músicos que venían de la orquesta de Duke Ellington: Paul Gonsalves (saxo tenor) y Willie Cook (trompeta). Es curiosa y (al mismo tiempo) excitante oír este insólito cóctel en el que, si no dispusiéramos del libreto, podríamos pensar que Monk había dado un golpe de estado y se había sentado al piano en la orquesta de Duke...

A pesar de ser un hombre de costumbres austeras y ordenadas, el Mono Villegas tenía fama de excéntrico por su carácter explosivo. Se atrevió a convertir Caminito en un blues. Era un auténtico ganso de riña, como dicen los argentinos. Fue amigo de Borges y de Macedonio Fernández. Se alimentaba de cafés con leche y mediaslunas. En una entrevista afirmó: «Yo dije siempre que había tres clases de pianistas: los que no tocan nada, que son los que más escucha el público, los que tocan mal y siguen tocando mal durante toda su vida sin ninguna variante y los que, como yo, tratan de tocar mejor cada día sin conseguirlo hasta un segundo antes de morirse.» Astor Piazzola le compuso un tango llamado Villeguita.


SAFFRON

Revisitando el jazz y el soul de los ‘70

Lo primero que sorprende de este disco es que un tipo blanco rodeado de músicos de jazz gallegos consiga recrear ese ambiente setentero mezcla de soul, funky y R’n’B con el que nos hicieron disfrutar gente como Marvin Gaye o el primer Stevie Wonder. Todo esto lo consigue Arturo Álvarez en su nuevo proyecto, Saffron (2009), y lo hace nada menos que con composiciones originales, la mayor parte de ellas escritas a dúo con alguno de los músicos, todas en inglés.

Porque Saffron es un disco vocal y hay que entenderlo en este sentido, pero para que los temas brillen Arturo Álvarez tenía que contar con músicos de alma negra y maestría instrumental: músicos de jazz. En este proyecto son: Kin García (contrabajo, también productor), Alberto Conde (piano y órgano), Cuchús Pimentel (guitarra) y Miguel Cabana (batería), músicos polivalentes que se afianzan en el panorama del jazz español. Además, nos ofrece la oportunidad de escuchar a Lucía Martínez tocando brevemente el vibráfono en uno de los temas For so long:

Sólo me queda añadir que, aunque Arturo Álvarez es un músico que ha repartido su vida entre Canadá y Galicia, éste no es un disco de ambos lados sino un disco que viene del otro lado del Atlántico, una colección de temas de música negra cantadas accidentalmente por un tipo blanco. Lo hace con maestría. Haciendo un juego de palabras con el título del proyecto, construye canciones con la poderosa delicadeza del azafrán, potencia que, desgraciadamente, no cuaja del todo: le falta un punto de fuerza que (estoy seguro) ganará con el directo. A este respecto, han anunciado que presentarán el disco el próximo viernes 16 en Vigo, en Xancara Jazz. A mí me pilla un poco lejos, pero, si tenéis oportunidad, seguro que no os amarga un pequeño viaje en el tiempo hasta aquella América en la que el soul jazz estaba de moda.

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Enlace: www.artusaffron.com

La foto es de: Javier Teniente

VIBRATORY JAZZ SEEN

Lionel Hampton de ida y vuelta

Este DVD corresponde a un concierto de la Lionel Hampton Big Band en un parque (sin especificar en la carátula) de Disneyland en 1984, donde interpretan temas como Vibramatic, Sweet Georgia Brown y Flyin’ home con esa potente puesta en escena llena de humor y energía que caracteriza a Lionel Hampton, y termina con la Big Band saliendo del escenario y desfilando camino de los camerinos tocando When the saints go marchin’ in.

El concierto no es ni mucho menos la Disneylandia de los conciertos de Lionel Hampton, pero demuestra que el vibrafonista se mantuvo incombustible a lo largo de sus casi 70 años de carrera. Fue el primer músico que interpretó el vibráfono en el jazz. La leyenda dice que Louis Armstrong le pidió que se uniera a una sesión, que en el estudio había un vibráfono en un rincón y que Louis le preguntó si podía tocar algo allí. Hampton tocó Chinese chop suey y lo convenció de que podía hacerlo en el disco, donde grabó un tema que le habían enviado a Louis. El tema era Memories of you. Lionel Hampton es parte de la leyenda y está rodeado de muchas de ellas. Una dice que, aunque asegura haber nacido en 1908, no tenía partida de nacimiento y se había inventado la fecha.

Hampton pasó la adolescencia en el Chicago de los años 20, donde aseguraba haber visto en directo a maestros como King Oliver, Bessie Smith, Earl ‘Fatha’ Hines... pero estalló con todo su resplandor en la orquesta de Benny Goodman en 1936, donde también estaba en aquel momento otro mago de la percusión: Gene Krupa. En el 43 descubrió y lanzó a Dinah Washington. Pero lo más importante es que introdujo el vibráfono como instrumento en el jazz, ese piano de dos dedos en el que se embarcaba en solos interminables, con o sin su cigarro en la boca, de donde saltaba a la batería para demostrar que llevaba el ritmo, no el instrumento, en la sangre. Solía montar numeritos cuando no estaba en su solo, saltando de un lado a otro del escenario, provocando al público, buscando la algarabía, explorando el lado lúdico y gamberro del escenario, todo lo contrario que cuando tocaba: improvisando era serio, matemático, experimentador y elegante.

Para terminar de comparar los años 80 con tiempos mejores, el DVD incluye cinco temas grabados en directo (y en blanco y negro) por la Big Band de Lionel Hampton, probablemente en los años 50 en algún programa de televisión; la edición tampoco especifica la fecha o el lugar, pero los números son espectaculares...


Aquí os dejo un video. Corresponde al concierto en Disneyland y en él se puede apreciar el showman del que hablaba. Toca el vibráfono, el piano y la batería de forma espectacular:

Añado otro video que no tiene desperdicio: