domingo 14 de junio de 2009

MILESTONE

1959 fue un gran año

Cuando hace unas semanas hablábamos de Mingus, recordábamos que en 1959 grabó tres álbumes: Mingus Dinasty, Mingus Ah Hum y Blues & Roots. 1959 fue un buen año para Mingus, pero también lo fue para los aficionados al jazz porque durante esos doce meses mágicos se grabaron (quizás) las mejores joyas de la Historia del Jazz.

Para empezar, no hay que obviar que en marzo y abril de ese año se grabó ese milagro de la improvisación que es Kind of blue, probablemente el mejor álbum de jazz que pueda uno tener en tu discoteca. Sumémosle también su Sketches of Spain y el Time out de Dave Brubek, ambos producidos por Teo Macero en una de las mejores etapas de su carrera. ¿Más? Jimmy Smith (On the sunny side), John Coltrane (Giant steps), Duke Ellington (Anatomía de un asesinato), Ornette Coleman (The shape of jazz to come), Bill Evans (Portrait in jazz), Modern Jazz Quartet (Pyramid), Lennie Tristano (Lennie Tristano), Chet Baker (Chet)...

Como se puede leer, una época en la que el bebop, el hard y los primeros avances del free jazz convivían en los clubs y en los discos para conformar un puzzle irrepetible. Miles improvisaba algo que se daría en llamar Jazz Modal e iniciaría una revolución propia en la que aportaría una nueva invención cada década (jazz eléctrico, jazz-rock...), mientras que Coltrane daba el primer paso de gigante hacia su particular ascensión al Olimpo de los genios inimitables con su personal percepción del jazz y de la improvisación. El Portrait in jazz de Bill Evans es, quizás, el disco más representativo de su forma de hacer jazz...

Leyendo una reseña en All about jazz, recordé que también fue un año malo: murieron Billie Holiday, Lester Young y Sidney Bechet, pero no hay duda de que 1959 es una fecha clave, quizas la más representativa de la Historia del Jazz. Los americanos tienen una palabra para estos hitos que señalan un punto importante en el camino: milestone.

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Foto: John and Alice Coltrane según Chuck Stewart.

domingo 7 de junio de 2009

INNERSOUND TRIO

Fusión a la máxima potencia


Escuchar jazz en un teatro no es lo mismo. No es lo mismo porque, cuando se apagan las luces, el público guarda silencio. Esto no ocurre en un club o en un bar. No es lo mismo porque el sonido siempre está demasiado fuerte para un lugar tan pequeño, tan fuerte que la batería siempre parece una batería de rock. Si a esto le sumamos una formación atípica de trío: batería, guitarra y teclados electrónicos, ocurren milagros extraños como que Monk suene eléctrico o que el setlist pase de Weather Report a Coltrane sin que nos demos cuenta.

El viernes pasado, en el Gran Teatro, se presentó oficialmente el trío de fusión Innersound, y digo oficialmente porque como no hay locales donde escuchar jazz en Huelva, tuvo que ser en un teatro. El trío, que venía arropado por amigos y aficionados, obtuvo un pequeño éxito y bastantes aplausos. Yo también aplaudí, y eso que no soy muy aficionado a la fusión (uno nunca sabe si está escuchando rock con algún roce tangencial con el jazz o jazz con estructura de rock) pero me dejé llevar: siempre le doy una oportunidad a la Música, pero el trío, que se declaraba heredero de Return to Forever y del Miles eléctrico, caminó al filo de la navaja, entre una amalgama de sonidos funk, jazz, electrónicos y abstractos, un interesante puzzle en el que separé tres piezas bien distintas: el guitarrista Rafa López, aunque parecía llevar el peso de la formación, improvisando con experiencia y una inspiración interminable, volaba siempre más cerca del funk y del rock que de la síncopa; el batería David Muñoz me recordó momentos potentísimos en el mismo escenario a cargo de otro David (Dave Weckl con la Electric Band de Chick Corea); por último, a cargo de los teclados electrónicos estaba Pablo Vázquez quien, si bien tuvo momentos muy jazzísticos y algún toque Hammond glorioso, destacó especialmente por el hecho de que es capaz de manejar dos teclados a la vez, interpretando a Jaco Pastorius con la mano izquierda y a Joe Zawinul con la derecha.

A destacar lo mejor de la noche: una versión tan potente y eléctrica de My favourite things que por momentos sonaba más a rock progresivo que a jazz.