Sonny please

Sonny Rollins llegó por fin a Sevilla y lo hizo en forma de sexteto espectacular e inolvidable.

Debo decir que lo primero que sorprende al verlo en persona es la torpeza con la que anda (son 77 las primaveras que lo han escuchado tocar). Entra en el escenario, lento y encorvado, y parece que va a tardar toda la noche en llegar al centro del mismo, pero no importa. Hay mil ochocientas personas, el aforo completo, no cabía un alfiler, aplaudiendo como si el concierto hubiera terminado, dos minutos de aplausos entregados. ¿Cómo será cuando termine el concierto?

Entonces Sonny mira a los músicos y se arranca con el saxo. Todo explota. Es impresionante la fluidez con que interpretan. De repente, parece que el mundo gira mejor, como si la música hubiera engrasado su eje. Es un monstruo. El vejete que habíamos visto llegar con dificultad al centro del escenario se ha convertido en un gigante. Parece aumentar de tamaño con el saxo en las manos. El tema es magnífico, intenso, cada instrumento tiene su solo, un solo extenso e intenso como los de Sonny, para terminar con un finale tremendo, todos los instrumentos al unísono ¡baaaaaaaam! más de medio minuto sin dejar de soplar, interminable, y yo no tengo pulmones para jugar al futbito.

Sonny presenta el segundo tema, Calentamiento global. Dice que compuso el tema hace diez años pero que la cosa sigue calentándose. El público ríe el chiste (yo también, gracias a la traducción simultánea de mi amigo Manolo, el perfecto guía para ir a Sevilla) y el sexteto se dispara, pero Sonny convierte el tema en una larguísima conversación entre el saxo y la batería, una frase, una respuesta, y así un millón de veces, tremendo, enorme.

Luego arremete con In a sentimental mood. Sonny comienza todos los temas. Es un líder total. Entra el saxo y los demás instrumentos lo siguen. Como antes, esta balada tiene un solo enorme de bajo, lacónico, terriblemente triste. El bajo se queda solo con la canción y el saxo va dejando algunas notas en el aire, esparcidas, cada cierto tiempo, como si su voz llegara desde otra dimensión, la versión más triste que he oído en mi vida. Parece que el bajo se va a quedar con el tema entero, pero Sonny manda: frasea el estribillo y viene ahora un solo de guitarra y luego un solo de trombón, los músicos son increíbles, tienen toda la paciencia del mundo para llevar adelante la melodía. ¡Han pasado 55 minutos y sólo han tocado tres temas!

Después viene uno de Gershwin (estoy seguro, lo tarareo, pero no consigo encontrar el título), en el que el ritmo va acelerando hasta hacerse vertiginoso, mareante, pero el combo demuestra que se puede subir más el tono, acelerar la velocidad, y son minutos en los que hay que agarrarse al asiento. La banda funciona como un Fórmula 1 en una recta. Es aceleración en estado puro, todos funcionando al compás, increíble. Si alguien fallara una nota el tema se rompería en mil pedazos. Aquí el batería, Jerome Jennings está aún más impresionante. Parece imposible que pueda acabar alguna vez.
Todo el concierto fue así. Dos horas completas, seis temas. El último un blues. En un momento determinado, Sonny se acerca al micrófono (oh, no, va a despedir el show) y ¡comienza a cantar! Son sólo dos estrofas del blues, pero tiene una voz ronca, canta sin aire, como un anciano con problemas de pulmón, es increíble porque luego sopla como un titán.

El público lo despide en pie. Los músicos se marchan muy pronto. No importa. Todo el mundo tiene hoy día preparado por lo menos un bis. Sonny bromea. Corre unos pasos riéndose de su propia torpeza. Al cabo de un minuto regresan. Nos quedaba por ver al Coloso y cuando el saxo entona las primeras notas de St. Thomas, el tema que abría su Saxophone colossus (Prestige, 1956) te das cuenta de que, como comentó Sebastián, has acudido a una cita con la Historia del Jazz, con mayúsculas. La pena es que no dejaran entrar cámaras al Teatro de la Maestranza, pero si la tecnología y el bluetooth lo permiten, pondré aquí alguna pobre foto de móvil como recuerdo de este Concierto.

Y, mientras, seguimos con las melodías en la cabeza, recordando los gritos y los aplausos, con ganas de pedir más. Otra, otra. Una más, Sonny, please.

4 comentarios:

Rafa dijo...

¿Qué son esos arañazos que siento en las entrañas? Ah, sí. La envidia, que me corroe...

Felicidades, gran crónica...

Sebastián dijo...

Emocionante crónica, Félix, excelentemente escrita, que me conforta "casi tanto" como si hubiese estado allí, lo que en cierto modo es también un privilegio para quienes te leemos. Gracias por la referencia, por el vínculo y por compartir finalmente con tanta intensidad tu inolvidable experiencia.

Un abrazo.

Graciela dijo...

ah que bien se la pasa uno en los conciertos, por cierto hoy voy a uno de tu paisano Alejandro Sanz, ya contaré la reseña en mi blog =)
y gracias por el comentario en el mio, nomás aclarando que todavia no tengo 40, digo, que tampoco tiene nada de malo, pero tengo 35 felices años =)

El Blog de Eduardo MInutella dijo...

Vaya suerte,
pero bueno, no me quejo: por aquí, por Buenos Aires, han pasado en los últimos tres meses Richard Bona, Enrico Rava, Stefano Bollani, Dave Liebman y Dave Holland. No está mal, ¿no? ¡Saludos, Félix!